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Isaac y la automatización de todo (hasta de tu ropa sucia)

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El martes 1° de julio de 2026, la startup estadounidense Weave Robotics puso en venta Isaac 1.

No es el primer robot doméstico del mundo. Tampoco es el más sofisticado. Pero sí es el más preciso en su promesa: un asistente doméstico autónomo, con dos brazos mecánicos, altura ajustable, chasis rodante y la capacidad de desplazarse por una casa, ordenar habitaciones y completar el ciclo completo de lavandería, de la ropa sucia al placard, sin que nadie lo toque.

Eso no existía hace dos años. Hoy se puede reservar con 250 dólares de depósito reembolsable.

NOMBRE

Isaac 1 · Weave Robotics

PRECIO

u$s 7.999 de contado · u$s 449/mes suscripción

DISPONIBILIDAD

Primavera 2026 · Solo California primero · EE.UU. en 2027

TAREAS PRINCIPALES

Doblar ropa · Ordenar habitaciones · Desplazamiento autónomo

ALTURA

Ajustable: 91 cm a 1,75 metros

ASISTENCIA HUMANA

Un operador remoto de Weave interviene cuando el robot no puede resolver una tarea solo

Ese último punto, el operador remoto, es el más revelador de todo el sistema. Isaac 1 no es completamente autónomo. Cuando encuentra una prenda difícil de doblar o un obstáculo que no reconoce, un humano en algún lugar del mundo se conecta por las cámaras del robot durante unos segundos, corrige la acción y sigue. El robot hace el 90% del trabajo. El humano resuelve el 10% que la IA todavía no puede.

Es una solución elegante. También es una confesión honesta sobre el estado real de la robótica doméstica en 2026.

La manipulación doméstica generalista sigue siendo el problema técnico más difícil de la robótica. Un robot puede caminar, cargar 50 kilos y mapear un espacio con precisión milimétrica. Pero doblar una remera de tela fina, separar ropa de colores en una canasta revuelta o identificar si un objeto en el piso es una medias o un cable, tareas que cualquier niño de cinco años resuelve en segundos,  siguen siendo desafíos que requieren cantidades enormes de datos de entrenamiento que solo existen en hogares reales, no en simulaciones. Cada hora de datos robóticos útiles cuesta entre 10 y 100 veces más que datos de software convencional. 

Esa limitación explica el modelo híbrido de Isaac. Y también explica por qué los competidores más ambiciosos: el Optimus de Tesla, el Atlas de Boston Dynamics y el Figure de Figure AI siguen siendo, en distintos grados, prototipos o productos industriales antes que asistentes domésticos reales. Morgan Stanley proyecta que para 2035 habrá 13 millones de robots humanoides conviviendo con humanos, y para 2050 la cifra podría llegar a mil millones. Pero entre el proyectar y el llegar hay exactamente el problema que los comunicados de prensa raramente mencionan: la brecha entre la demostración y el producto masivo sigue siendo enorme.

El mercado global de robots humanoides se valoró en 3.140 millones de dólares en 2025, con proyección de alcanzar 81.550 millones en 2035 — un crecimiento de 25 veces en una década. En CES 2026, Boston Dynamics presentó el Atlas como producto, no prototipo, capaz de levantar 50 kilos y operar bajo condiciones climáticas extremas. China acelera el ritmo: Unitree planea exportar 20.000 robots humanoides en 2026. El consenso del sector es que el verdadero salto depende menos de la mecánica y más de la IA que controla las máquinas, el mismo desafío que enfrenta Isaac en escala doméstica.

Ahora bien. El anuncio de Isaac 1 generó, como todos los anuncios de este tipo, una oleada de entusiasmo sobre cómo la tecnología “democratiza” el acceso al trabajo doméstico, libera tiempo, mejora la calidad de vida. Y hay algo de verdad en eso. También hay algo que esa narrativa sistemáticamente omite.

¿Al alcance de todos significa al alcance de quiénes? Porque 8.000 dólares es el salario mínimo de un trabajador argentino durante más de dos años. Y 449 dólares mensuales es más que el ingreso mensual de la mitad de la humanidad.

Cuando la industria tecnológica dice que algo es “accesible”, está usando esa palabra con una definición muy específica: accesible comparado con lo que costaba antes. En ese sentido, Isaac 1 es más barato que los robots de laboratorio de hace diez años. También es más barato que contratar servicio doméstico en San Francisco durante un año. Para el mercado al que apunta, familias de clase media-alta en California, el precio es razonable.

Para el resto del mundo, es otra cosa.

El problema no es que Isaac 1 sea caro. Es que la narrativa de la “democratización tecnológica” funciona como coartada ideológica: presenta como inclusivo algo que, en su fase de despliegue real, amplía la brecha entre quienes pueden acceder a las herramientas de productividad más avanzadas y quienes no.

Eso no es nuevo. Pasó con las computadoras personales. Con los smartphones. Con el acceso a internet. En todos los casos, la promesa de democratización tardó décadas en materializarse y cuando lo hizo, fue en versiones degradadas para los mercados periféricos. El iPhone llegó a Argentina, sí. A 900.000 pesos y con conectividad irregular en ciertos puntos del país. 

Hay un riesgo adicional que pocos análisis incluyen: la privacidad. Un robot doméstico útil necesita percepción continua del entorno del hogar cámaras, micrófonos, sensores de movimiento operando las 24 horas. En el modelo de Isaac, un operador humano puede ver en tiempo real lo que ocurre en el interior de una casa privada. Eso no es un detalle técnico: es una superficie de riesgo enorme para datos visuales, de audio y patrones de comportamiento cotidiano. ¿Quién accede a esos datos? ¿Bajo qué legislación se almacenan? ¿Qué pasa si la empresa quiebra o es adquirida? Ninguna de esas preguntas tiene respuesta pública todavía. 

Hay una dimensión adicional que la euforia tecnológica tampoco suele mencionar: si los robots domésticos se masifican en los países desarrollados, ¿qué pasa con las personas que hoy trabajan en tareas del hogar?

El trabajo doméstico remunerado (limpieza, cuidado, cocina, lavandería) emplea a cientos de millones de personas en todo el mundo, en su mayoría mujeres y migrantes en economías avanzadas. En América Latina, es una de las principales fuentes de empleo informal femenino. No es que esas personas vayan a ser reemplazadas mañana por Isaac 1. Pero el vector de presión es claro: los robots que cuidan hogares en California son la vanguardia de una tendencia que va a llegar,  más lenta, más barata, más imperfecta, al resto del mundo.

La pregunta que deberíamos hacernos no es “¿cuándo va a estar disponible Isaac en Argentina?”. Es “¿qué política laboral, qué red de protección social, qué sistema de reconversión están diseñando los Estados para cuando llegue?”

En Argentina, la discusión sobre IA y trabajo todavía no empezó en serio. 

Isaac 1 se puede reservar desde ayer con 250 dólares reembolsables. 

La política pública para lo que viene no tiene fecha de entrega.

Y esa, a diferencia del robot, es una omisión que sí nos debería preocupar a todos.

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China lidera la carrera por los robots humanoides y redefine el futuro del trabajo

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La robótica humanoide dejó de ser una promesa de ciencia ficción y comenzó a materializarse como un fenómeno industrial con impacto económico, laboral y geopolítico. China avanza con rapidez en el desarrollo de robots con inteligencia artificial avanzada y todo indica que el primer “compañero de trabajo” humanoide a escala global llegará desde ese país, apoyado en una cadena productiva integrada, costos competitivos y una estrategia tecnológica de largo plazo.

Durante décadas, los robots humanoides formaron parte del imaginario colectivo a través del cine. Películas como Yo, Robot mostraban máquinas compartiendo espacios laborales con personas, ejecutando tareas complejas y tomando decisiones. Ese futuro, que parecía lejano, hoy empieza a adquirir forma concreta en fábricas, laboratorios y centros de exhibición de China.

La revista Wired destacó recientemente el nivel de avance alcanzado por el país asiático en la carrera por los humanoides, robots portadores de inteligencia artificial avanzada que ya no se presentan como prototipos aislados, sino como parte de un ecosistema industrial en plena expansión.

Un espectáculo tecnológico que anticipa un cambio estructural

La escena se volvió visible en la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial, realizada en Shanghái. Allí, decenas de robots humanoides caminaron, bailaron, boxearon, cargaron cajas y recorrieron los stands ante miles de visitantes. Algunos se recostaban en los rincones mientras recargaban baterías; otros ejecutaban acrobacias con una coordinación que sorprendió incluso a especialistas.

Más allá del impacto visual, el mensaje de fondo es claro: China está construyendo la infraestructura tecnológica necesaria para liderar la próxima gran transformación industrial. No se trata solo de exhibiciones, sino de una demostración de capacidad productiva, integración tecnológica y velocidad de desarrollo.

Sin embargo, el estado actual de la tecnología todavía presenta limitaciones relevantes. Muchos humanoides dependen de operadores humanos que, mediante controles remotos, indican hacia dónde caminar, cuándo saludar o cómo ejecutar determinadas acciones. La autonomía plena sigue siendo un desafío pendiente.

Además, gran parte de los modelos carece de manos verdaderamente funcionales. En muchos casos, los brazos terminan en puños metálicos aptos para cargar cajas, pero no para manipular objetos delicados. Paradójicamente, para los robots actuales resulta más sencillo realizar una voltereta hacia atrás que levantar una moneda del suelo.

Aun así, el avance es sostenido y la dirección estratégica no ofrece dudas.

Proyecciones globales y la ventaja estructural de China

Las estimaciones a mediano y largo plazo anticipan un crecimiento explosivo del sector. Para 2035, los fabricantes podrían enviar al mercado más de 10 millones de robots humanoides por año. Hacia 2050, la cifra total podría alcanzar los 1.000 millones de unidades activas en todo el mundo.

Según estas proyecciones, casi un tercio de esos robots estaría en China, superando con amplitud a Estados Unidos y Europa. Este liderazgo no se explica únicamente por la innovación en software o diseño, sino por un entramado productivo difícil de replicar.

China cuenta con una cadena de suministro altamente integrada que permite fabricar sensores, motores, baterías, engranajes y computadoras dentro de un mismo ecosistema industrial. Esta estructura reduce costos, acorta tiempos de desarrollo y acelera los ciclos de iteración tecnológica.

El resultado es un diferencial competitivo contundente: robots cada vez más ágiles, más estables y considerablemente más baratos que sus equivalentes occidentales. La capacidad de fallar, corregir, rediseñar y volver a producir en cuestión de meses se convirtió en una ventaja estratégica clave.

Unitree y el salto hacia la adopción masiva

Dentro de este proceso, una de las compañías que encabezan la transformación es Unitree, con sede en Hangzhou. Mientras los humanoides desarrollados en Estados Unidos todavía enfrentan dificultades para ejecutar movimientos complejos, los modelos de Unitree pueden realizar patadas de kung-fu y acrobacias con notable precisión.

No obstante, el verdadero diferencial de la firma no está únicamente en la destreza física, sino en el precio. Sus robots cuestan apenas una fracción de lo que valen los modelos occidentales, lo que abre la puerta a una adopción mucho más rápida en fábricas, depósitos, obras de construcción y centros de investigación.

Este abaratamiento responde, una vez más, a la integración total de la cadena productiva y a ciclos de desarrollo extremadamente cortos, que permiten lanzar nuevas versiones en plazos reducidos y ajustar rápidamente los diseños en función del uso real.

El desafío cognitivo: del movimiento a la comprensión del mundo

Más allá del hardware, el verdadero salto tecnológico es cognitivo. El objetivo de fondo es desarrollar robots capaces de interpretar órdenes complejas, adaptarse a entornos desconocidos y actuar con autonomía.

En Beijing, la Academia de Inteligencia Artificial trabaja en el entrenamiento de modelos diseñados para traducir el lenguaje humano en acciones físicas. Decenas de operadores controlan brazos robóticos para enseñarles tareas cotidianas como preparar comida, servir bebidas, manipular objetos y ordenar espacios. Cada movimiento se transforma en datos que alimentan sistemas de aprendizaje automático.

El horizonte es ambicioso: lograr que un robot pueda ingresar a una habitación desconocida y ejecutar una tarea a partir de una simple instrucción verbal. Ese punto marcaría un quiebre histórico, comparable con el “momento ChatGPT” en el campo de la robótica.

Automatización, empleo y poder tecnológico

La expansión de los humanoides reconfigura el debate sobre el futuro del trabajo. En una primera etapa, estos robots se orientarán a tareas repetitivas, peligrosas o físicamente exigentes. Sin embargo, su avance sobre sectores como logística, comercio, hotelería y servicios personales aparece como un escenario cada vez más plausible.

En paralelo, la robótica humanoide se consolida como un vector de poder geopolítico. Cada avance tecnológico refuerza la posición estratégica de China en la disputa global por la innovación, la producción industrial y la supremacía tecnológica.

No se trata solo de máquinas, sino de influencia sobre los procesos productivos del futuro y de la capacidad de definir estándares, costos y ritmos de adopción a escala global.

Un futuro que ya comenzó

Aunque la presencia humana sigue siendo central incluso en los entornos más automatizados, la tendencia resulta inequívoca. Los humanoides aún tropiezan, fallan y dependen de supervisión, pero avanzan a una velocidad que ya no permite pensar este proceso como lejano.

La transición de lo experimental a lo cotidiano podría darse más rápido de lo esperado. Y cuando ese momento llegue, todo indica que el primer compañero de trabajo robot no hablará inglés, sino mandarín.

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Lory Máquinas y el salto tecnológico: formación internacional para competir desde Misiones

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Lory Máquinas apuesta a la formación global y proyecta desde Oberá una metalmecánica alineada al cambio tecnológico

Desde Oberá, una pyme misionera del sector metalmecánico decidió acelerar su inserción en el nuevo escenario productivo global a partir de una estrategia concreta: formación técnica internacional, adopción tecnológica y vínculos directos con centros de capacitación y ferias líderes del mundo. Así lo expusieron Jorge Lory, socio gerente de Lory Máquinas, y Héctor Boccanera, comunicador histórico del INTA Misiones, durante una entrevista en el programa Frontera Jesuita de Radio República, donde detallaron una experiencia reciente en Alemania que redefine el horizonte productivo de la empresa y plantea interrogantes clave para el futuro del agro y la industria regional.

El testimonio se inscribe en un contexto marcado por la incertidumbre del sector yerbatero y tealero, la presión sobre los márgenes y la necesidad de ganar productividad. Frente a ese escenario, Lory Máquinas eligió no replegarse: viajó al corazón de la innovación agrícola europea y volvió con un plan de capacitación para su equipo y una lectura estratégica sobre cómo competir en un mercado donde la tecnología ya cambió las reglas.

Alemania como espejo: tecnología, escala y educación aplicada

La experiencia incluyó una semana y media en Alemania, con eje en la feria Agritechnica, realizada en Hannover, y en el centro de capacitación DEULA, ubicado en la región de Nienburg, Baja Sajonia. Según relató Jorge Lory, la magnitud de Agritechnica obliga a tomar decisiones estratégicas: 40 hectáreas de exposición, 32 pabellones y cerca de 3.000 expositores conforman un evento que funciona como una ciudad dedicada exclusivamente a la innovación agroindustrial.

Sin embargo, el impacto más profundo no llegó solo desde la tecnología exhibida, sino desde el modelo de formación observado en DEULA. Allí, la capacitación técnica se desarrolla integrada al trabajo real: aulas contiguas a tornos, fresadoras y soldadoras; maquinaria operando sobre suelos preparados para simular barro y lluvia; y jóvenes que combinan estudio y práctica desde edades tempranas. “El docente, el pupitre y el tractor con la tierra al lado”, sintetizó Lory.

Boccanera aportó el marco institucional: en Alemania, la educación dual articula contratos, pasantías y formación técnica, con empresas que seleccionan a sus futuros operarios desde el proceso educativo. DEULA, explicó, ofrece cursos cortos y específicos —de dos días, cinco días o dos meses— en áreas como manejo de maquinaria, soldadura, inseminación artificial u operación segura de equipos, con participación de estudiantes locales y contingentes internacionales.

Automatización y costos: la tecnología que ya está en el mercado

El segundo eje del análisis fue el avance tecnológico. Ambos coincidieron en que el salto respecto de ediciones anteriores de Agritechnica fue evidente: inteligencia artificial, sensores, cámaras y automatización dejaron de ser prototipos para convertirse en soluciones comerciales. Un pabellón completo estuvo dedicado a nuevas tecnologías, startups agrícolas y laboratorios de innovación.

Entre los desarrollos observados, se destacaron los tractores autónomos, ya comercializados y adaptados también a escalas productivas pequeñas, especialmente en cultivos intensivos europeos. Lory mencionó equipos capaces de operar de día y de noche, con reducción de costos operativos y una amortización estimada en cuatro años. También describió implementos concretos, como juntadoras de piedras y máquinas con cámaras e inteligencia artificial para reconocer y remover malezas con precisión, tecnologías que responden a problemas productivos presentes también en la chacra misionera.

La discusión sobre el impacto laboral apareció de manera inevitable. Lory relató el caso de un productor alemán con 25 hectáreas de papa y rendimientos de 60.000 kilos por hectárea, completamente mecanizado y con un esquema de renovación de equipos cada ocho años. Boccanera planteó la dimensión social: la tecnología llegará de todos modos; la diferencia estará en cómo se gestione la transición. Una mala gestión genera exclusión; una planificación adecuada crea nuevas capacidades y empleos.

De la experiencia al plan: capacitación internacional para el equipo de Oberá

El punto de inflexión llegó con una propuesta concreta del propio DEULA: un programa de capacitación de diez semanas para trabajadores del taller de Lory Máquinas en Oberá, con alojamiento y formación a cargo del centro alemán. La empresa asumirá el traslado y el sostenimiento de los participantes.

Lory explicó que la firma cuenta con 17 o 18 trabajadores, muchos de ellos jóvenes egresados de escuelas técnicas y EFA. Al presentar la iniciativa internamente, la respuesta fue unánime. Como primer paso, el equipo ya comenzó clases de alemán, impulsadas por Silvia, esposa de Lory, quien domina el idioma tras haber vivido en Suiza.

La decisión marca un cambio cualitativo: una pyme metalmecánica misionera que estructura su propia estrategia de formación internacional para elevar estándares productivos y competir en un mercado globalizado.

Exportar desde Misiones: redes, oficio y continuidad tecnológica

La proyección internacional de Lory Máquinas no comenzó en Alemania. Durante el año, la empresa concretó una exportación a Charleston Tea Garden, en Carolina del Sur, Estados Unidos. La máquina llegó en septiembre y fue puesta en funcionamiento por el propio equipo de la firma, en un operativo que incluyó armado, ajustes y capacitación local durante siete días.

En ese proceso, Lory encontró en el secadero un equipo fabricado en Misiones, con placa de Gontec fechada en 2003, aún operativo y visible para los 60.000 visitantes anuales que recibe el establecimiento, donde la producción de té se integra a un circuito turístico. El contacto con Charleston se originó a través de redes sociales, seguido por una visita a Misiones y la concreción comercial.

La lectura estratégica es clara: la combinación de oficio, visibilidad digital y método permite que una empresa del interior argentino sea observada y elegida por actores internacionales.

Productividad, cultura y decisión estratégica

Para Lory y Boccanera, el desafío no pasa por replicar modelos europeos sin adaptación, sino por cambiar el enfoque cultural y organizativo, incorporando tecnología con criterio local, capacitación real y esquemas cooperativos que permitan a la pequeña escala acceder a innovación.

La experiencia de Lory Máquinas deja una señal concreta en el entramado productivo misionero: frente a un escenario de presión sobre costos y precios, la respuesta puede ser estratégica, formativa y de largo plazo. Desde Oberá, una pyme decidió anticiparse al cambio tecnológico y construir capacidades antes de que la ola sea inevitable.

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Automatización que sí rinde en 12 a 18 meses para el presupuesto público

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La digitalización dejó de ser promesa para convertirse en contabilidad dura. En municipios, ministerios y empresas estatales, proyectos pequeños pero bien escogidos permiten recuperar la inversión en uno o dos ejercicios fiscales. La clave está en atacar cuellos de botella visibles y medibles en tres frentes cotidianos: colas, licencias y compras.

Al diseñar mejoras, conviene observar prácticas de alto tráfico en el sector privado. Plataformas que gestionan picos de demanda, como Whalebet, optimizan turnos, verificación y pagos con algoritmos simples y tableros en tiempo real. Ese mismo enfoque, traducido a trámites públicos, agiliza filas, reduce tiempos ociosos y disminuye costos de atención. La experiencia del usuario mejora y los números cierran.

Dónde están las ganancias rápidas

Los casos con retorno acelerado comparten tres rasgos. Tienen alto volumen de transacciones, procesos repetibles y costos ocultos en esperas, retrabajos y errores manuales. Con un alcance acotado y métricas claras, el retorno aparece temprano y financia la siguiente iteración.

Casos con retorno en menos de 18 meses

  • turnero digital en hospitales y oficinas de documentación con recordatorios automáticos
  • licencias de conducir y habilitaciones comerciales con firma, pagos y retiro programado
  • expedientes electrónicos con plantillas, validaciones y notificaciones por etapas
  • compras recurrentes por catálogo con acuerdos marco y órdenes automáticas
  • conciliación de facturas con OCR y reglas que detectan diferencias de precio o cantidad

La matemática es sencilla. Menos minutos por trámite multiplicados por miles de gestiones al mes se convierten en horas liberadas. Menos ventanillas abiertas durante más tiempo significa energía y personal redirigido a casos complejos. Menos papel y menos traslados significan gastos operativos más bajos.

Cómo medir el retorno sin magia

El retorno en 12 a 18 meses depende de una línea base honesta. Antes de automatizar, se recomienda medir tiempo de punta a punta, tasa de ausentismo a turnos, reimpresiones, rechazos por errores y costo total por trámite. Luego, con una prueba piloto de ocho a doce semanas, se comparan métricas y se proyecta el ahorro anual.

Un modelo financiero prudente incluye licencias, integración, capacitación y soporte. También contempla el costo del cambio organizacional. Con ese nivel de detalle, la discusión deja de ser tecnológica y pasa a ser presupuestaria. Si el ahorro anual excede el 70 por ciento del costo total del proyecto, el retorno en 18 meses es alcanzable.

Compras públicas sin fricción

Automatizar no exige plataformas complejas. Muchas soluciones de fila virtual, formularios inteligentes y gestión de expedientes se ofrecen como servicio y cobran por uso. Para acelerar, conviene usar catálogos, estándares y pliegos tipo, con cláusulas de desempeño y salidas claras si no se cumplen metas.

Entre cada avance técnico se debe proteger la transparencia. Tableros abiertos que muestren tiempos de cola, cantidad de trámites resueltos y ahorros estimados construyen confianza. La ciudadanía valida con datos y sugiere mejoras. La administración gana legitimidad y margen para escalar.

Reglas para comprar bien y rápido

  • definir objetivos con métricas de servicio y costo por transacción
  • priorizar soluciones interoperables con APIs y estándares abiertos
  • exigir pilotos medibles y cláusulas de niveles de servicio
  • elegir modelos por uso para alinear incentivos y evitar sobredimensionar
  • planificar capacitación y soporte como parte del contrato

Estas reglas evitan sobrecostos y bloqueos. La interoperabilidad permite sumar módulos con el tiempo y evitar reescrituras. El pago por uso facilita ajustar capacidad en temporada alta de trámites y reducirla en meses valle.

Gestión del cambio que no cuesta de más

La mejor tecnología fracasa si la adopción no existe. Para que el retorno llegue, el equipo debe dominar el flujo digital y comunicarlo con claridad. Tutoriales cortos, asistentes en salas de espera y mensajes por WhatsApp reducen dudas. El diseño debe anticipar excepciones y ofrecer rutas alternativas para poblaciones sin conectividad o con baja alfabetización digital.

El efecto cultural también es positivo. Con menos tareas repetitivas, las personas se dedican a casos que requieren criterio. La satisfacción interna mejora, baja el ausentismo y suben los indicadores de servicio. Ese círculo virtuoso no se compra, se diseña.

Hoja de ruta en tres pasos

La aceleración se logra con foco. Primer paso, inventario de trámites según volumen y costo por operación. Segundo, piloto con metas simples en una oficina con liderazgo comprometido. Tercero, escala progresiva con métricas públicas y ajustes trimestrales. Cada ciclo financia el siguiente con los propios ahorros.

La digitalización rentable es una práctica, no un proyecto aislado. Cuando colas, licencias y compras se vuelven flujos predecibles, el presupuesto respira. En 12 a 18 meses la diferencia se ve en filas más cortas, balances más ordenados y una ciudadanía que siente que el tiempo vale. Esa es la victoria rápida que abre espacio para reformas más profundas.

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