Banco Central

La inflación lleva al Banco Central a una encrucijada

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La semana pasada causó un gran revuelo la información publicada por el Indec acerca de la inflación registrada en el mes de septiembre, cercana al 2% mensual (a nivel nacional). Como bien especifica el informe, este dato estuvo muy influenciado por fenómenos estacionales, ya que el item que capta este tipo de productos subió al 4% mensual. Las autoridades del Banco Central (BCRA) se encargaron de explicar este fenómeno y enfatizaron el hecho que la inflación núcleo se mantuviera en 1.6% mensual.

Más allá de la influencia de los fenómenos estacionales, en septiembre, el hecho relevante y preocupante es que la inflación núcleo, si bien está cayendo, lo hace a un ritmo bastante menor que el proyectado por las autoridades monetarias para cumplir con la meta inflacionaria de este año.

Esta lenta desaceleración de la inflación núcleo se ha traducido no solamente en la imposibilidad de alcanzar la meta de inflación que se auto impuso la autoridad monetaria para fines de este año (con un techo de 17%), sino también en un aumento de la inflación esperada por los agentes económicos, alejándose cada vez más de las metas inflacionarias de los próximos años.

En un régimen de Metas de Inflación (MI), como con el que actualmente opera la política monetaria en nuestro país, cuando la inflación y las expectativas inflacionarias comienzan a desviarse de la meta de inflación, la autoridad monetaria debe comenzar a aumentar la tasa de interés de forma tal de reducir el exceso de pesos que tiene la economía, que es lo que provoca que la inflación resulte mayor a la meta fijada.

Como puede observarse en el siguiente gráfico, esto es lo que ha venido haciendo el BCRA y pese a los temores de algunos analistas, esta política no ha afectado negativamente al proceso de recuperación de la actividad económica, ya que el GAP del PBI se vuelve positivo justo en los trimestres que comienza a subir la tasa de interés real.

¿Por qué la inflación no baja más rápido?

Más allá de los fenómenos coyunturales y estacionales, la inflación es un problema de exceso de pesos en la economía y por lo tanto, la emisión monetaria es siempre un factor crucial. La experiencia mundial es muy ejemplificativa en este aspecto.

El promedio de los países que pasaron de una inflación anual cercana al 30% anual a principios de los 90´s a solamente el 5% – 6% anual en la actualidad muestra que esto se logró con una sustancial reducción en la tasa de emisión monetaria, como puede observarse en los siguientes gráficos.

En nuestro país la emisión monetaria en el último año se ha mantenido en niveles muy elevados, cercanos al 28% anual. El factor clave para esta aceleración fue la acumulación de reservas internacionales, ya que la emisión para financiar al gobierno se desaceleró y la política de esterilización de pesos resultó más intensa durante el 2017. El objetivo de acumular reservas, anunciado a mediados de abril de este año por la autoridad monetaria, comenzó a llevarse a cabo y el BCRA aumentó en más de u$s 5.000 millones (11%) sus reservas internacionales entre los meses de mayo y octubre. La contrapartida de esta mayor compra de dólares fue una aceleración en la emisión monetaria que claramente terminó complicando el objetivo primordial del BCRA (alcanzar la meta inflacionaria) 

La encrucijada del BCRA

Bajo el actual régimen de metas de inflación, el instrumento básico de política económica del BCRA es la fijación de la tasa de interés de corto plazo. Con este único instrumento, el BCRA puede alcanzar solamente un objetivo como bien lo establece un clásico trabajo de política económica de Jan Tinbergen. De esta forma, el objetivo de acumular reservas terminó jugando en contra del principal objetivo en un régimen de MI que es precisamente acercar las expectativas inflacionarias y la propia tasa de inflación al nivel establecido como meta. Las alternativas de la autoridad monetaria para acelerar el proceso de convergencia hacia las metas propuestas no resultan sencillas.

En primer lugar, un sobre cumplimiento en las metas fiscales probablemente ayude al BCRA en su objetivo inflacionario por una doble vía, ya que por un lado desaceleraría la expansión de pesos necesaria para financiar al Tesoro y, por el otro, podría reducir la inflación esperada de mediano plazo. El problema es que las posibles mejoras en las cuentas fiscales resultan exógenas para la autoridad monetaria y, por lo tanto, nada puede hacer al respecto. Otra alternativa es dejar de lado el objetivo de acumulación de reservas.

Si bien esto vuelve más vulnerable al país ante un eventual endurecimiento de las condiciones externas, podría ayudar a reducir el ritmo de emisión monetaria y por lo tanto a desacelerar más rápido el ritmo inflacionario. Un problema adicional de esta alternativa es que, en las actuales condiciones, al dejar de comprar reservas podría generarse un descenso en el tipo de cambio lo cual encarecería aún más a la economía en términos de dólares2 y complicaría la competitividad de la economía derivada del tipo de cambio real.

La otra posibilidad es acentuar la suba de tasas, de forma tal de permitir una mayor absorción del excedente de pesos que tiene la economía. La actual dinámica de la inflación muestra que la tasa de interés real elegida por el BCRA es aún insuficiente para llevar al excedente de pesos a un nivel compatible con las metas inflacionarias.

El principal problema de subir más las tasas de interés a efectos de lograr una mayor esterilización del excedente de pesos es que haría crecer aún más la deuda remunerada del Banco Central, que ya se encuentra en niveles elevados. De esta forma, la encrucijada del BCRA se traduce en que, por un lado, las alternativas disponibles para acelerar el proceso de desinflación resultan bastante complicadas y/o exógenas. Por el otro lado, el “status quo” lleva a un deterioro en la credibilidad de la autoridad monetaria requisito fundamental de cualquier sistema de MI.

El resultado de las elecciones del 22 de octubre quizás pueda ayudar a que el gobierno acelere su programa fiscal y de esa forma contribuir positivamente con la tarea del BCRA de reducir la inflación. Pero la encrucijada de la autoridad monetaria seguramente continuará por largo tiempo. 

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Sturzenegger empieza a admitir que el mercado ya no cree en su plan anti-inflación: “Tenemos un gap de credibilidad”

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¿Se puede bajar la inflación en la Argentina únicamente combatiéndola con la tasa de interés del Banco Central? Es uno de los grandes debates del mundillo económico de la gestión Macri.

De un lado, los que dicen que si, se puede. Con el titular del Banco Central, Federico Sturzenegger a la cabeza. Del otro, la otra “mitad de la biblioteca”, con figuras como Martin Redrado (ex titular del Central) quien afirma que “querer parar la inflación únicamente subiendo la tasas es como querere parar a un auto agarrándolo por la antena”. Quienes sostienen esto afirman que sin un plan integral, que contemple bajar el déficit fiscal, no se puede pensar en reducir la dinámica de los precios en la Argentina.

Y en el medio, para zanjar la discusión, la realidad. Y la realidad indica que el BCRA con casi dos años de política monetaria “contractiva” y de tasas altas, proyectó para todo el 2017 una inflación de 17% cuando los precios ya alcanzaron casi el 24% (enero-septiembre) y aún quedan los últimos tres meses del año por correr.

Para reacomodarse un poco en este debate seguido -a veces- sólamente por el mundillo económico, Federico Sturzenegger salió ayer a realizar comentarios tras conocerse el dato de la inflación de septiembre, que fue de 1,9%. Más alto de lo que se esperaba y más alto de lo que el funcionario tenía proyectado hace meses.

En los planes de Sturzenegger, quien le aseguró al presidente Mauricio Macri que podía doblegar a la inflación con su política de subir las tasas de interés de las Lebac, no estaba contemplado hace un tiempo tener que lidiar a esta altura de su gestión con un índice de precios de este nivel. Al contrario, el año pasado el jefe del Central pensaba que el índice que difunde el Indec mes a mes, ya para esta época del 2018 iba a dar siempre por debajo del 1% mensual.

Ayer salió a ofrecer sus explicaciones, y en una declaración muy fuerte, aceptó que el BCRA perdió credibilidad. Hasta ahora, Sturzenegger defendía a capa y espada sus proyecciones, a pesar de que ya se veía venir que no se podían cumplir. Ahora empieza a admitir que algo falla. Que está equivocado.

¿La pregunta es, perdió credibilidad también ante el presidente Macri? Porque todo el mundo tomó nota que, ante el recrudecimiento del dato de inflación, la decisión del BCRA no fue la lógica, de subir un poco las tasas. Las elecciones están a pocos días y la impopularidad de esta acción lo hacen inviable, dicen algunos.

Pero hay más. Si Macri ve que el plan de Sturzenegger no funciona, no va a respaldar su política antipopular de subir el costo del dinero y encarecer, por ejemplo, el fondeo de pymes o créditos al consumo.

Qué dijo Sturzenegger

En una conferencia de prensa con la excusa de presentar el Informe Monetario (que habitualmente se distribuye por mail), Sturzenegger comentó que “tenemos un gap de credibilidad porque nuestra meta para el año que viene es 10% y el mercado está esperando 15,8%. Nuestra meta es 5% para 2019 y el mercado está esperando 11%… Así que quiere decir que tenemos que trabajar más y mejor para hacer esa convergencia de expectativas”.

Cuando Sturzenegger habla del mercado, se refiere al relevamiento que realiza el BCRA entre economistas, analistas, universidades, y que arroja un consenso de las estimaciones de inflación para los próximos tiempos. Se llama REM. Entre lo que el Central dice que va a ser la inflación y lo que cree el mercado, cada vez hay una brecha más importante.

“La credibilidad del BCRA surge de que actúa con consistencia para afrontar el problema que enfrenta”, dijo Sturzenegger, que ya no sabe cómo dar vuelta los argumentos para seguir insistiendo en que está por el camino correcto. Y acá hay que poner sus palabras en contexto.

Para un banquero central hablar de “credibilidad” y aceptar que hay un “gap” de credibilidad, que es como decir que el mercado no le cree, es muy fuerte. Todo el poder de un Banco Central se basa en la creencia del mercado de que tiene poder “de fuego” para hacer lo que anuncia que va a realizar.

A veces lo anuncia con palabras, otras con acciones en el mercado (comprar dólares, o vender dólares para hacer bajar el precio, por ejemplo).

Sin embargo, Sturzenegger insistió en que está el camino correcto. “Ha habido un proceso de desinflación que ha continuado de manera sostenida durante todo el año. Quizá la última caída no es la que nosotros hubiéramos querido pero definitivamente es una tendencia a la desinflación”.

Al momento de explicar los motivos por los cuales ya se sobrepasó el techo de 17% de la meta de inflación para este año, Sturzenegger recordó que la inflación subió entre febrero y abril como consecuencia de un excesivo relajamiento de la política monetaria a fines de 2016 y señaló que la entidad ya había anticipado esta suba que, “también obedece a la reversión de las tarifas que se produjo en agosto del año pasado”.

El economista igual se mostró preocupado porque la inflación núcleo no baja como el pensaba, tampoco. “Está costando bajarla”, dijo.

Para cerrar, Sturzenegger dijo dos buenas a su favor.

Una, que la Argentina bajó de 40% a alrededor de 23% la inflación en 2017 respecto de 2016.”Este proceso de desinflación se produce a pesar de que sistemáticamente los precios de los regulados están creciendo por encima del nivel general”.

La segunda buena. “Nos ha sorprendido la velocidad con la cual se ha desacoplado la dinámica de los precios del tipo de cambio. Ese desacople es muy natural en los países que tienen regímenes de tipo de cambio flotante con metas de inflación”, señaló. En otras palabras, miren que el dólar subió bastante y los precios no siguieron el mismo recorrido, ¿eh?

 

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Para el mercado las tasas no van a bajar, pero tampoco van a subir por la mayor inflación

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El Banco Central afrontará el martes el vencimiento de 381.044 millones de pesos en Lebac, para lo que el mercado no espera una agresiva suba de tasas a pesar del negativo dato de inflación ascendente que el INDEC dio a conocer la semana pasada.

Tras conocerse el 1,9% de inflación para septiembre, el mercado secundario no mostró una reacción virulenta y mantuvo la curva en sintonía con lo que venía mostrando, en torno a un 27,25% en el tramo de 270 días y casi no hubo modificaciones en el plazo más corto, señaló hoy el diario El Cronista.

Lo que el mercado da como un hecho es que no habrá baja de tasas hasta avanzado el primer trimestre de 2018 e incluso los operadores comenzaron a especular ahora con un posible retraso en la nueva suba de tarifas que el Gobierno prometió para después de las elecciones legislativas.

La meta anual de inflación del BCRA de 17% fue superada ya en septiembre y ahora los operadores advierten que si hay un ajuste de tarifas, el IPC se mantendrá alto en octubre, noviembre y diciembre y eso generará un efecto arrastre sobre el indicador en el inicio de 2018.

Para el economista Amilcar Collante, del Centro de Estudios Económicos del Sur (Cesur), la tasa está actualmente muy agresiva dado que sigue diez puntos arriba de lo que marcan las expectativas inflacionarias para los próximos doce meses.

“Preveía que el mercado podía empinar un poco más la tasa después de conocerse el dato de inflación de septiembre, pero eso no ocurrió. Casi no hubo movimientos y el BCRA no salió a anticipar señales‘, dijo Collante en declaraciones a NA.

El expresidente del Banco Central, Martín Redrado, señaló que en la semana previa a las elecciones, los vencimientos de Lebacs son los más bajos desde marzo, lo que podría generar que el BCRA no necesite de una expansión tan significativa de dinero para responder a quienes no renueven.

El vencimiento de Lebac del martes será mucho más llevadero para el BCRA que el del mes pasado, dado que -gracias al estiramiento de plazos- equivale a unos 100.000 millones de pesos menos que la licitación de septiembre.

Lo que podría impedir que el ministerio de Energía suba las tarifas de electricidad y gas para bajar el porcentaje de subsidios que reciben las empresas es el elevado rojo fiscal que el Gobierno pretende cerrar este año en 4,2% del Producto Bruto.

Operadores del mercado consultado por NA dan por hecho que el dato de inflación de octubre será más bajo que el 1,9% de septiembre, pero advierten que si se ajustan las tarifas en noviembre, la inercia alcista volverá, complicará más la a la inflación y podría demandar un mayor endurecimiento de la política monetaria.

“Por ahora, el Gobierno tiene todo para cumplir con la meta de déficit. Parece haber sintonía fina entre Hacienda y el BCRA. Y si el rojo fiscal se mantiene con tendencia a la baja, no hará falta que suban las tasas. Es un escenario complicado”, dijo un operador de la city porteña.

Otro problema para subir la tasa, dicen los operadores, es el nivel del tipo de cambio, porque se profundizaría el atraso cambiario dado que los inversores que tienen sus carteras dolarizadas irían al peso generando una apreciación de la moneda nacional.

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El Banco Central se anotó una derrota en su batalla en contra del efectivo

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El Banco Central (BCRA) podrá decir que en la batalla contra la inflación está dando una buena pelea. Pero hay una batalla en la que no logra sumar demasiadas victorias: la del efectivo. Pese a los esfuerzos de la autoridad monetaria por imponer nuevos medios de pago electrónicos, en los últimos meses creció la demanda de billetes y de monedas del público. Y lo que más desconcierta a los técnicos del BCRA es que el crecimiento se da en un momento en el que, estacionalmente, todos los años cae la cantidad de billetes en circulación.

En la entidad que preside Federico Sturzenegger barajan varias hipótesis de por qué podría estar sucediendo este fenómeno. Una de las explicaciones las dio públicamente el propio presidente del BCRA en uno de sus últimos discursos. Según dijo detectaron una correlación entre la demanda de efectivo y el dinamismo de la construcción, un sector en el que históricamente siempre se registró un alto nivel de informalidad. En estos meses la construcción no sólo está creciendo fuerte, sino que además es probablemente la actividad de mayor dinamismo de toda la economía. 

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Este es el nuevo billete de $ 20 con la imagen del guanaco que el Central pone en circulación

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El Banco Central de la República Argentina (BCRA) pone en circulación el billete de $20 pesos con la imagen del guanaco, que coexistirá con el billete actual del mismo valor en circulación con la imagen de Juan Manuel de Rosas. Este billete es el tercero de la nueva familia “Animales autóctonos de Argentina”, que busca concientizar sobre la preservación del medio ambiente y que cuenta con mayores medidas de seguridad, introduciendo un diseño vertical en su anverso. 
El primero fue el billete de 500 pesos con la imagen del yaguareté, lanzado en junio de 2016, y el segundo el de 200 pesos con la ballena franca austral, en octubre del mismo año.

En el billete de 20 pesos, cuyo papel es de algodón de 95 g/m2, predomina el rojo, informa la entidad y adelanta que mantiene el mismo tamaño de la Línea Peso y será distribuido progresivamente desde mañana a través de la red de sucursales bancarias y cajeros automáticos de todo el país. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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