Banco Central

En abril, los préstamos personales reemplazaron a las cuotas sin interés

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Según los datos relevados por el Banco Central (BCRA), en abril el stock de préstamos personales creció 33 veces más que el de financiación con tarjetas de crédito. Mientras que los créditos personales sumaron $ 10.836 millones en el mes, los préstamos a través de plásticos sólo se incrementaron en $ 320 millones con respecto a marzo. En abril de 2016, los préstamos personales habían crecido a un ritmo que era sólo 3 veces más que el de las tarjetas.

El último día de abril, el stock de créditos personales alcanzó los $ 259.578 millones contra $ 174.040 millones de igual mes del año pasado, lo que significó un crecimiento del 48%, que sobrepasó la inflación del período. “Para las entidades privadas sigue siendo una línea muy rentable, plazos cortos y tasas altas, y para el consumidor sigue siendo una forma de financiarse más barata, rápida y accesible que otras”, dijo Guillermo Barbero, socio de la consultora First en un informe.

La diferencia con respecto a las tarjetas de crédito es notoria. Entre abril de 2016 e igual mes de este año, el stock de préstamos por esa vía creció por debajo de la inflación y solamente avanzó un 25%, ya que pasó de $ 185.177 millones a $ 233.323 millones. La tendencia decreciente en el uso de las tarjetas se viene notando en el año.

En referencia a dicho estancamiento, Guillermo Barbero señaló: “Después de muchos meses, los saldos de préstamos personales, superan holgadamente a los de la financiación con tarjeta de crédito, fundamentalmente por el impacto que tuvieron las disposiciones sobre precios transparentes que hicieron perder el atractivo a los planes de “cuotas sin interés” de estas últimas financiaciones, veremos en el transcurso de los próximos meses si la incorporación de nuevos productos y comercios a los programas Ahora 12 y “Ahora 18″ logran hacer que las tarjetas recuperen el espacio perdido”.

En ICBC confirmaron la retracción de las tarjetas de crédito: “Por el perfil que tiene el cliente del banco, se vio afectado en sus compras en cuotas e hizo que el crédito con tarjeta se estanque. Mientras que se cayeron muchos consumos en cuotas, las compras en un pago siguieron creciendo al mismo ritmo que se venía observando”, dijo Lucas Rodríguez Mir, Gerente de Préstamos de la banca minorista.

Los números muestran que los consumos que antes se financiaban con las “cuotas sin interés” que en realidad tenían un costo financiero oculto ahora se cuotifican tomando préstamos personales. Fuentes del mercado explicaron que la tasa de interés de los préstamos personales está entre 7 y 8 puntos por debajo de la que cobran las tarjetas de crédito para financiar las compras.

Sobre ese punto, Rodríguez Mir indicó: “Vemos que el volumen que se perdió por compras en cuotas se volcó a los préstamos personales que, además, en los últimos tres meses bajaron sus tasas debido a que se abarató el costo de fondeo”. El representante de ICBC agregó que los clientes no solo utilizan los préstamos personales para los destinos tradicionales, sino que toman deuda por montos más grandes para realizar refacciones o ampliaciones de viviendas y hasta para adquirir o reparar automotores.

En conjunto, el stock de préstamos al consumo (tarjetas y personales) otorgados en abril subió un 36% año contra año, influido por la fuerte tracción de los créditos personales. El stock total de los préstamos al sector privado en pesos, en cambio, totalizó $ 961.998 millones y tuvo una evolución interanual del 26%, es decir que el conjunto de las líneas crediticias acompañó más al ritmo de crecimiento de las tarjetas que al de los préstamos personales, que en el cuarto mes del año se despegaron del resto de las líneas de crédito.

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El Banco Central impulsa la instalación de cajeros no bancarios

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El Banco Central de la República Argentina (BCRA) habilitó hoy la instalación de cajeros automáticos por parte de entidades no bancarias. De esta manera, la actual red de casi 20.000 cajeros pertenecientes a entidades financieras podrá extenderse con más dispositivos que serán propiedad de supermercados, estaciones de servicio o cualquier otra entidad comercial, que incluso podrá recargarlos con los billetes de su propia recaudación.

Hoy, la Argentina presenta una penetración de cajeros menor que la de países vecinos. De hecho, un 20% de las localidades del país no posee ningún cajero, obligando a sus habitantes a trasladarse para obtener efectivo. Por ello, en muchas áreas del país, la falta de cajeros estimula un uso indebido del efectivo, como el caso de quien retira la totalidad de sus ingresos en una sola extracción en lugar de hacerlo en forma paulatina, a medida que debe asumir gastos. Esta situación lleva a trasladar mayores cantidades de efectivo sin necesidad, lo que atenta contra la inclusión financiera y provoca riesgos en términos de la seguridad física de las personas.

Para subsanar estos problemas, el BCRA autorizó la instalación de cajeros por parte de entidades no financieras. Se podrán cobrar cargos por su uso, al tiempo que la normativa prevé que el cajero no bancario deberá informar con precisión los costos al cliente en forma previa a la operación, para permitirle desistir de la misma si lo desea. Además, la pantalla deberá exhibir una leyenda que diga “Esta operación en una entidad financiera podría no tener costo”.

La decisión adoptada hoy por el Directorio del BCRA no modifica en ningún aspecto el régimen vigente para la red de cajeros bancarios ni las disposiciones para su uso por parte de los clientes.

A través de esta iniciativa, el BCRA busca seguir consolidando el desarrollo del sistema financiero, uno de los pilares de su gestión, y extender la oferta de servicios financieros a las comunidades que hoy no disponen de ella.

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Dejar flotar el dólar

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Por Analytica Consultora. El Banco Central anunció un nuevo objetivo para la política monetaria: llevar el nivel de reservas del 9% al 15% del PIB. La excusa es acercarse al promedio que exhiben los países de la región que hoy están calificados con investment grade y de esta forma reducir el costo de fondeo soberano.  Si bien compartimos la lógica, a nuestro juicio el motivo de fondo es incrementar la volatilidad del tipo de cambio para desalentar posiciones especulativas de corto plazo. El nuevo sesgo, sin embargo, no cambia nuestra visión estructural. El atraso cambiario llegó para quedarse. Tal es así que proyectamos un tipo de cambio entre $17,20 y  $17,50 a fin de año. De hecho, luego de las subas iniciales (de entre 1 y 2%) el dólar volvió a bajar,  sin intervención del BCRA.

Veamos. Los datos de inflación de marzo generaron una fuerte corrección de las tasas de política monetaria: tanto el corredor de pases como las letras cortas subieron más de 150 puntos básicos. En la actual coyuntura, con un mercado de cambios con exceso de oferta de dólares, la suba de tasas genera aún más presión sobre un tipo de cambio ya apreciado y, consecuentemente, sobre los niveles de actividad en los sectores transables. Esto es así, en parte, por la entrada de capitales especulativos los cuales aprovechan la elevada rentabilidad en dólares que ofrecen los instrumentos en pesos. En este contexto, el BCRA decidió patear el tablero. Cansado de esperar que los bancos quieran recomponer su stock de dólares (ver analítico #409), decidió anunciar una compra masiva con fecha incierta cuyo objetivo sería recomponer el maltrecho patrimonio del BCRA.

El mercado de cambios, sin embargo, no reaccionó generando fuertes correcciones. Los volúmenes operados tanto en el mercado “spot” como de futuros respondieron al anunció, aunque en diferentes órdenes de magnitud. Mientras el dólar mayorista subió sólo 20 centavos (hasta 15,40 $/U$S, +1.3%) en los 2 días posteriores al anuncio -sin mayores alteraciones en el volumen-, las coberturas en futuros subieron marcadamente (hasta 1 millón de contratos, +60% m/m) sin registrar saltos en el nivel del tipo de cambio esperado (+22 centavos o 1,2% en la cotización de Dic-17,). En otros términos, los mercados reaccionaron cubriéndose ante la  mayor volatilidad.

En este marco, ¿por qué no cambia la visión estructural? Es simple: el elevado déficit fiscal y en la composición de financiamiento del sector público nacional generan la sobreoferta de divisas. Sin tener en cuenta a las provincias, el Tesoro debe salir a buscar fondos por U$S 52 mil millones (MM) en 2018 (U$S 14 MM en amortizaciones e intereses netos y U$S 38 MM para cubrir un déficit fiscal que estimamos en casi 6% del PBI). Si a esto restamos el rojo en cuenta corriente (del balance cambiario) de U$S 15 MM (2,5% del PBI) y una formación de activos externos de U$S 10 MM, el financiamiento del Tesoro aportaría casi la totalidad de los U$S 30 MM que se requieren para llevar las reservas del 9% al 15% del PBI -si tomamos los actuales niveles del PBI en dólares- (esta es la cifra que se estuvo manejando en los medios después del anuncio). Corrigiendo por el crecimiento esperado del PBI en dólares, 7% según nuestro escenario, las reservas deberían aumentar U$S 50 MM en lugar de U$S 30 MM. Sin embargo, parte de los U$S 20 MM restantes podrían ser aportados por los sectores público provincial y privado los cuales estuvieron muy activos en el mercado de deuda internacional desde la salida del CEPO cambiario (desde ene-16 ingresaron por estas vías US$ 19.700 millones, casi la mitad de estas colocaciones fueron realizadas por empresas del sector privado).  Otro factor que puede sumar a la oferta de divisas es la Inversión extranjera directa que estimamos puede contribuir con al menos 4 MM en 2017. En otros términos, el BCRA no tendrá que ir a buscar el stock de dólares sino que podrá concentrarse en compensar el flujo excedente.

Creemos que el BCRA actuó oportunamente para desalentar las posiciones de “carry trade” en un contexto de endurecimiento de la política monetaria y apreciación real. Por ahora, no vemos riesgos adicionales para el nivel de tipo de cambio. Tanto el mercado de cambios como de activos denominados en pesos parecen validar nuestra hipótesis (gran parte del volumen del mercado de futuros se explica por fondos comprados en pesos que buscan cobertura) ya que la combinación del gradualismo fiscal y un Banco Central reticente a la monetización de dicho déficit generan endógenamente las divisas necesarias para el cumplimiento de la nueva meta.

Finalmente, el anuncio es una declaración implícita de que el BCRA abandona su política de flotación limpia (no intervención en el mercado de cambios); algo que vemos como un acierto en un contexto de fuerte ingreso de divisas y que busca evitar una mayor apreciación. Para los próximos meses, seguimos manteniendo nuestro escenario de tipo de cambio estable alrededor de lo $16 hasta junio y entre $17,20 y  $17,50 hacia fin de año.

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El Banco Central, raro jefe de campaña del oficialismo

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Para quien analizaba la economía con las anteojeras de los últimos doce años, resultaba inexplicable que el gobierno en el arranque del año insistiera con una pauta salarial del 18 % para 2017. Esa propuesta tenía una lógica, en las antípodas de la visión oficial vigente entre 2003 y 2015, que ya fue analizada en este espacio. Aun con estas señales, muchos analistas seguían pensando que el gobierno habría de sacrificar sus metas de inflación en aras de un mayor crecimiento, por tratarse de un año electoral. Sin embargo, las últimas dos semanas han aportado suficientes pruebas respecto del valor que le asigna el oficialismo a la desinflación de la economía: primero el Banco Central subió las tasas de interés y después ratificó el techo de 17 % para la meta del año. Esto pese a que el aumento del costo del dinero tiene impacto negativo sobre la trayectoria del nivel de actividad, aunque sería transitorio si la inflación comienza a bajar en forma rápida en mayo, después de un abril en torno a 2 %. Así, el Banco Central parece adquirir el atípico rol de jefe de campaña del oficialismo para las cruciales legislativas de octubre.

El endurecimiento de la política monetaria arrancó en la segunda semana de marzo y, desde entonces, el Banco Central ha retirado de circulación nada menos que 162 mil millones de pesos, haciendo que ahora la base monetaria pase a expandirse a un ritmo de sólo 22,5 % interanual, congruente con el objetivo de inflación del año. A propósito, en conferencia de prensa, el presidente del Banco Central subrayó que para poner en caja la suba de precios del total de la canasta, que incluye tarifas, se necesita que la “inflación núcleo” no supere el 14,4 % interanual en diciembre. Esta medida de inflación, que excluye precios de servicios públicos y de productos estacionales, acumula un estimado de 6,6 % entre enero y abril, por lo que debería promediar 0,9 % mensual entre mayo y diciembre. Lo ambicioso del objetivo explica el escepticismo reinante, aunque lo más relevante para medir el éxito o el fracaso de esta política será la cercanía o no de la inflación al andarivel del 1 % mensual a lo largo del segundo semestre, más allá del número que acumule en todo el año.

En principio, la inflación podría bajar un escalón en abril, para un guarismo más cercano al 2 % (versus el 2,4 % de marzo, medición INDEC) y hacerlo otro tanto, para algo en torno a 1,5 %, en mayo. Es por eso que puede esperarse que el Banco Central comience en 45 días a bajar las tasas de interés. Pero el ritmo al que esto suceda depende de la evolución de los índices de junio en adelante.

Respecto del tipo de cambio, y visto desde el lado de las empresas exportadoras, se entiende la preocupación por la competitividad, ya que el precio del dólar de estos días es prácticamente igual al de un año atrás, mientras los costos internos pueden haber subido entre el 28 y el 30 %, si es que lo hicieron en línea con la inflación minorista.

Considerando la relación del peso no sólo contra el dólar sino contra la canasta de monedas, se tiene que el tipo de cambio real multilateral hoy es apenas 14 % más competitivo que el de noviembre de 2015 (antes de la salida del cepo).

Justificado en el objetivo de llevar las reservas de los actuales 50 mil millones de dólares a una cifra del orden de 75 mil millones, el Banco Central dió un giro en su política cambiaria, anticipando que habrá de intervenir más frecuentemente en el mercado local, comprando divisas. Así, estaría buscando fijar un piso para la apreciación del peso, aunque con un poder de fuego limitado: cada vez que adquiera dólares deberá emitir Lebacs para absorber pesos, y la deuda del Central ya supera los 800 mil millones de pesos, pagando intereses de 24 % anual promedio. El “déficit cuasi-fiscal” complica el uso de este instrumento.

De allí que, junto con estos anuncios, se necesita acelerar y profundizar la búsqueda de competitividad sistémica, caso de la estructura tributaria y la logística.

Como se ve hasta aquí, la agenda económica luce demasiado singular para un año electoral. Más si se tiene en cuenta que, aunque el PIB esté creciendo 0,7 % contra el cuarto trimestre, todavía estaría cayendo 1,4 % contra enero-marzo de 2016. ¿Está el oficialismo cavando su propia fosa?. Hay que ver otros indicadores, para que el cuadro sea completo:

‐ Si bien este ciclo de salida de la recesión es el más lento contando desde 1985, es uno de los más dinámicos en creación de empleo privado (a partir del piso de mediados de 2016). Es posible que esto ocurra por la expectativa empresarial de una recuperación que esta vez no habrá de abortar a fin de año, como sí pasó en 2011; 2013 y 2015.

‐ Pese a la estadística de ventas de Supermercados (caída de 5,6 % interanual en marzo), indicadores que toman todos los canales habrían pasado a terreno positivo en marzo y continuado en abril, reflejando el avance de los comercios mayoristas y los de proximidad, que a su vez se explica por la búsqueda de precio por parte de las familias. Esa renovada demanda se sustenta en el comportamiento del empleo, el impacto de planes sociales y jubilaciones, y también en la mejora en el margen de los salarios reales.

Los datos apuntados no permiten todavía dimensionar cuanto habrá de aportar de positivo la economía a la campaña del oficialismo. Pero tampoco le estará restando, como podría inferirse de una lectura sesgada por la experiencia de los doce años anteriores.

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Sturzenegger admitió que estimó mal la baja de la inflación pero insistió en que será de entre 12 y 17%

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El presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, reapareció esta tarde en medio de las críticas que generó la suba de tasas de interés que decidió la semana pasada y que pueden impactar negativamente en la actividad económica en momentos en que la reactivación y los brotes verdes no se sienten “en la calle”.

Sturzenegger eligió el escenario. El propio Banco Central. Con la excusa de presentar el Informe Monetario (un reporte mensual que normalmente se distribuye via mail sin necesidad de presentaciones), el titular del BCRA ofreció una conferencia de prensa en la que obviamente, el tema principal, fue el endurecimiento de la política monetaria.

El funcionario admitió que sobreestimó el proceso de desaceleración de la inflación, al cual en la jerga técnica del Central denominan “desinflación”.

En ese sentido, admitió que la inflación “no estaba bajando” en aquellos rubros que no son regulados.

“En febrero dijimos que íbamos a enfrentar tres meses con números más altos por la suba de precios regulados, quizá no lo esperábamos tanto en los estacionales”, señaló, reconociendo lo que en tenis llamarían un error no forzado.

No es poco lo que dijo y admitió. Para un banquero central, anticiparse a la evolución de los ciclos económicos es crucial. Para eso tienen equipos de economistas, matemáticos y hasta físicos analizando cada variable económica y dato que les pueda servir para decidir tomar una u otra dirección. Además, típicamente, un banquero central tiende a ser conservador en la toma de decisiones, a pisar sobre seguro.

Sturzenegger calculó mal y dio por sentado un proceso de baja de la inflación sostenido que por ahora no es, al menos, lo suficientemente consistente como el y su equipo esperaban.

Para subir la apuesta, el titular del BCRA aseguró que la meta de inflación que fijó la autoridad monetaria de entre el 12% y el 17% a principios de año es “cumplible”. Con esa afirmación sorprendió a mucha gente en el mercado financiero, que preveía un corrimiento de las metas.

Algunos analistas dicen que -para no perder tanta credibilidad-, el BCRA debería pagar un pequeño costo (en términos de credibilidad, también) al mover la meta y no uno mayor, en el caso de que la inflación luego se sitúe por encima.

Sturzenegger también se refirió a las críticas que recibió la gestión de la entidad monetaria por la suba de tasas la semana pasada (y que continuó hoy en la licitación mensual de Lebacs).

“Pensábamos que no íbamos a tener que discutir los beneficios de bajar la inflación pero parece que hay volver a hacerlo”, indicó, desafiante.

También descartó que la suba de tasas de interés tenga algún costo “en términos de actividad” económica.

La semana pasada el directorio del Central subió la tasa de interés de referencia que y quedó en 26,25%. Esta decisión, explicó Sturzenegger, fue debido a que “la inflación núcleo se mantiene, y viene estable desde hace varios meses, así que eso nos convenció de que había que endurecer la política monetaria. Lo veníamos esperando en febrero y marzo y como no bajaba la núcleo subimos la tasa”.

Bicicleta financiera

La suba de tasas de interés afectará la débil recuperación económica, advirtieron desde distintos sectores dirigentes empresarios y economistas. Pero además, fomenta la llamada “bicicleta financiera” ya que ingresan al país capitales especulativos para posicionarse en instrumentos como las Lebacs, con tasas de 26% anual (también subieron en la licitación de hoy). Como el tipo de cambio está estable y tiende a bajar, estos capitales luego dolarizan esa diferencia y se van del país, llevándose divisas.

El resultado es un costo financiero para las arcas del Banco Central que se conoce como déficit cuasifiscal. La entidad monetaria prefiere no informar al detalle cuánto lleva pagado en intereses de Lebacs, pero cálculos privados estiman que la cifra está muy por encima de los 15.000 millones de dólares.

La suba de tasas podrá beneficiar también a los ahorristas, que por estos días reciben uno o dos puntos más por sus colocaciones a plazo fijo (rondan el 20% a 30 días). Por otra parte, se encarecerá el financiamiento de todo tipo de préstamos, incluyendo los créditos al consumo (personales, tarjetas, etc) en un momento donde el propio Gobierno nacional necesita imperiosamente que la gente vuelva a gastar.

Martin Boerr

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