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El crecimiento de los países puede estar en armonía con la protección del planeta

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Según un informe, es posible tener un plantea habitable si los recursos naturales se utilizan de una manera más eficiente.

Los desafíos mundiales, como el cambio climático, la productividad económica, la seguridad alimentaria e hídrica, y la salud, podrían superarse si los países utilizan sus recursos naturales con mayor eficiencia y, según un nuevo informe, esto puede lograrse sin sacrificar el ambiente ni la prosperidad humana.

Mediante una combinación de ciencia innovadora, fuentes de datos, y modelos biofísicos y económicos, en el informe Nature’s Frontiers: Achieving Sustainability, Efficiency, and Prosperity with Natural Capital (Las fronteras de la naturaleza: Lograr sostenibilidad, eficiencia y prosperidad con el capital natural), se ofrece una forma novedosa de abordar el desafío fundamental de la sostenibilidad. En dicho informe, se señala cómo y dónde los países pueden utilizar los recursos naturales de manera más eficiente para prosperar sin dañar el planeta ni traspasar sus límites en el uso de los recursos naturales.

“Esta labor nos ayuda a entender lo que está sucediendo a nivel de los países y la manera en la que estos pueden alcanzar sus objetivos de desarrollo sin sacrificar las metas en materia de biodiversidad o cambio climático”, dijo Richard Damania, economista en jefe de Desarrollo Sostenible del Banco Mundial. “Los países pueden tomar determinadas medidas ahora para brindar a sus habitantes una vida mejor y, al mismo tiempo, mantener un planeta habitable”.

En el informe, preparado por el Banco Mundial, el Natural Capital Project (Proyecto de Capital Natural) y el Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA), se concluye que casi todos los países presentan importantes brechas de eficiencia en el uso de sus recursos naturales. Superar estas diferencias puede servir de ayuda para enfrentar muchos de los problemas económicos y ambientales más apremiantes del mundo: el cambio climático, la productividad económica, la seguridad alimentaria e hídrica, y la salud. En general, los países tienen la capacidad necesaria para casi duplicar su desempeño, ya sea en términos de rentabilidad económica o de resultados ambientales al mejorar en una dimensión sin sacrificar la otra.

Existe la creencia generalizada de que el crecimiento económico está causando la muerte de nuestro planeta, y numerosas investigaciones a lo largo de décadas respaldan esta presunción. Hace 50 años, el Club de Roma publicó su famoso informe titulado Los límites del crecimiento, en el que se sostenía que, si no se producían grandes cambios en los patrones de consumo, la degradación ambiental y el agotamiento de los recursos naturales conducirían a una disminución catastrófica de las poblaciones y los niveles de vida.

Desde la publicación del informe, la población mundial se ha duplicado con creces hasta alcanzar hoy los 8000 millones de habitantes, y los ingresos —por tanto, el consumo— han aumentado en todo el mundo. Un desafortunado subproducto de este crecimiento ha sido una disminución de casi todos los indicadores ambientales.

Solo desde el año 2000, el mundo ha perdido más del 10 % de la cubierta arbórea (i), una superficie que representa casi la mitad del tamaño de Estados Unidos. La calidad del agua está disminuyendo en los países ricos y pobres por igual (i), amenazando el crecimiento y dañando la salud pública. En la actualidad, la contaminación atmosférica acorta la vida de una persona promedio en 2,2 años (i), y se cobra más vidas cada año que todas las guerras y formas de violencia. Y el 40 % de toda la tierra se considera hoy degradada (i), lo que empeora la crisis climática, reduce la biodiversidad y pone en peligro la seguridad alimentaria.

Con todas estas formas vitales de capital natural en declive, hay que plantearse una pregunta fundamental: ¿podemos utilizar nuestro capital natural de manera más eficiente y, al mismo tiempo, permitir a las personas tener una vida mejor y proteger a nuestro planeta de la destrucción?

Casi todos los países explotan el capital natural de manera poco eficiente

Para responder esta pregunta, el Banco Mundial se asoció con el Natural Capital Project (i) (Proyecto de Capital Natural), un equipo de científicos, economistas, ingenieros informáticos y profesionales de otras áreas. Esta asociación fomentó el desarrollo de modelos agrícolas, ecológicos y económicos que pueden guiarnos para utilizar de la mejor forma la tierra, el agua y el aire. Estos modelos se basan en macrodatos —más de 8000 millones de puntos de datos— sobre los bosques y la vegetación, la producción agrícola, los recursos hídricos, el clima y la contaminación atmosférica. Los resultados se presentan en un nuevo informe titulado Nature’s Frontiers: Achieving Sustainability, Efficiency, and Prosperity with Natural Capital (Las fronteras de la naturaleza: Lograr sostenibilidad, eficiencia y prosperidad con el capital natural).

Las conclusiones de este modelado sugieren que casi todos los países del mundo están utilizando su capital natural de manera poco eficiente. Siembran cultivos en climas y condiciones geográficas inapropiadas, crían ganado en tierras más adecuadas para la agricultura y deforestan vastas extensiones sin replantar, lo que limita los futuros ingresos forestales y destruye sumideros de carbono y hábitats naturales críticos. Estas acciones están provocando grandes déficits de eficiencia.

La asignación deficiente del capital natural puede atribuirse a numerosos factores, entre ellos los subsidios desacertados (i), la situación precaria de los derechos sobre la propiedad y la falta de aplicación de las áreas protegidas. Sin embargo, la razón principal es que a menudo el capital natural carece de un precio o se le subvalora, y ello distorsiona los incentivos. Esta falta de precios hace que el capital natural se desperdicie, se utilice de manera poco sostenible, y pocas veces se asigne para maximizar los beneficios que podría aportar.

Subsanar los déficits de eficiencia podría ayudar a enfrentar nuestros desafíos más apremiantes

Sin embargo, hay noticias alentadoras. Corregir estas ineficiencias y subsanar los déficits de eficiencia podría ayudar a enfrentar algunos de los desafíos más apremiantes del mundo. Casi todos los 146 países que estudiamos presentan déficits de eficiencia importantes, y ellos podrían beneficiarse si utilizaran su capital natural de manera más eficiente. Cuando consolidamos los datos de todos estos países, los resultados son sorprendentes.

Encontramos que los países pueden subsanar los déficits de eficiencia a través de diferentes combinaciones del uso del suelo y de la cubierta vegetal. El gráfico siguiente representa un “límite de eficiencia” de los niveles óptimos de producción económica y secuestro de carbono, y muestra la situación actual. Hoy en día, el mundo genera alrededor de USD 401 000 millones al año a partir de sus tierras. Si todos los países subsanaran sus déficits de eficiencia en la producción y, al mismo tiempo, mantuvieran el nivel actual de almacenamiento de carbono, podrían prácticamente duplicar ese monto y llegar a USD 730 000 millones anuales y alcanzar el límite de eficiencia. Esto se podría lograr sin causar impactos ambientales, como la liberación de carbono, o de metano, o la pérdida de biodiversidad. Quizás lo más impresionante es que, si consideramos esto en términos de calorías producidas por la agricultura en lugar de dólares, la cantidad de calorías serían más que las necesarias para alimentar al mundo hasta 2050, cuando la población mundial alcanzará los 10 000 millones de personas, según estimaciones de las Naciones Unidas.

Gráfico

Del mismo modo, si todos los países subsanaran los déficits de eficiencia manteniendo la producción, pero secuestrando una mayor cantidad de carbono, alcanzarían el límite y se podrían secuestrar otros 78 000 millones de toneladas de carbono en los paisajes del mundo. Esto equivale a casi dos años de emisiones mundiales y el mundo tendría el tiempo que tanto necesita para descarbonizarse. Y, de nuevo, esto se podría lograr sin reducir el crecimiento económico o la producción de alimentos. Los beneficios se obtienen simplemente al subsanar los déficits de eficiencia y aprovechar al máximo nuestro capital natural.

Alcanzar estos ambiciosos objetivos no será fácil. No tenemos una varita mágica para que nuestros paisajes sean instantáneamente más eficientes. Necesitamos movilizar a los Gobiernos, las empresas y los individuos para iniciar estos cambios, que solo se pueden conseguir implementando las políticas y los incentivos adecuados. El aspecto de estas políticas dependerá de cada país y de sus circunstancias. La próxima fase de este proyecto incluye colaborar con los equipos de los países y los clientes del Banco Mundial para hacer realidad estos objetivos, y para lograrlo necesitaremos su apoyo.

Descargue el informe Nature’s Frontiers en esta página (i).

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El Banco Mundial anunció un conjunto integral de herramientas para ayudar a los países tras los desastres naturales

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El Grupo Banco Mundial dio a conocer un conjunto de medidas nuevas y ampliadas para ayudar a los países a responder con rapidez y eficacia al creciente embate de las crisis.

En la Cumbre para un Nuevo Pacto Financiero Mundial, Ajay Banga anunció un conjunto ampliado de herramientas para la preparación frente a las crisis, la respuesta y la recuperación posterior, que abarca: 1) suspender el pago de la deuda; 2) reasignar el financiamiento; 3) vincular la preparación frente a las crisis y el financiamiento; 4) respaldar proyectos de desarrollo con apoyo del sector privado, y 5) elaborar mejores seguros contra catástrofes sin elevar el endeudamiento.

El Grupo Banco Mundial tiene como objetivo crear un mundo sin pobreza en un planeta habitable. Trabajamos para que las personas estén mejor preparadas frente a amenazas de todo tipo, compartiendo nuestros conocimientos especializados, generando resiliencia y desarrollando seguros contra riesgos.

Entre los elementos que conforman el nuevo conjunto integral de herramientas se incluyen los siguientes:

1.    Suspender los pagos de la deuda para que los países puedan concentrarse en lo que importa, sin preocuparse por la factura: El Grupo Banco Mundial implementará cláusulas de suspensión temporaria de la deuda tras una crisis climática para que los países puedan abocarse a satisfacer las necesidades urgentes de su población y no a reembolsar los préstamos. Esto permitirá a los países más vulnerables pausar los pagos de la deuda en momentos de crisis o de catástrofes. Comenzaremos a aplicar estas nuevas cláusulas con nuestros clientes más vulnerables, y tenemos la intención de aprender y trabajar con todas las partes interesadas para ampliar esta cobertura.

2.    Dar a los países mayor flexibilidad para que puedan redirigir rápidamente una parte de sus fondos hacia la respuesta frente a la emergencia, de modo que accedan al efectivo de inmediato: El Grupo Banco Mundial pondrá en marcha una nueva opción de respuesta rápida, con la que se ofrecerá a todos los países clientes la posibilidad de reorientar de inmediato una parte de su cartera de financiamiento para cubrir necesidades urgentes cuando se produzca una crisis; por ejemplo, reasignar fondos no desembolsados de proyectos de infraestructura a largo plazo para responder de inmediato frente a un desastre.

3.    Ayudar a los Gobiernos a establecer sistemas de emergencia avanzados, de modo que estén listos para responder desde el primer día: A fin de que más países puedan establecer sistemas de emergencia y disponer de financiamiento de desembolso rápido en momentos de crisis, el Grupo Banco Mundial buscará vincular en mayor medida las inversiones en prevención y preparación con el financiamiento de iniciativas de asistencia en caso de catástrofes y de respuesta ante las crisis. También aumentaremos el apoyo analítico y los conocimientos especializados que ponemos a disposición de todos los países para que diseñen una estrategia de financiamiento de las medidas de preparación y respuesta ante las crisis.

4.    Ofrecer nuevos tipos de seguros que respalden los proyectos de desarrollo y permitan que la labor se reanude rápidamente: El Grupo Banco Mundial introducirá modificaciones en sus herramientas para apoyar más eficazmente a los clientes del sector privado en la preparación y respuesta ante las crisis. Esto permitirá a las empresas sostener sus operaciones y proteger el empleo, generando así resiliencia y sostenibilidad a largo plazo. El Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones se asociará con el sector de los seguros privados a través del Foro para el Desarrollo de los Seguros, una asociación público-privada, con el objetivo de diseñar un producto innovador de seguros paramétricos, mientras que la Corporación Financiera Internacional ha diseñado una solución de respuesta a las crisis impulsada por el sector privado para ayudar a las instituciones financieras a abordar el impacto de los desastres naturales derivados del cambio climático.

5.    Crear mejores seguros contra catástrofes para proporcionar recursos sin incrementar la deuda: El Grupo Banco Mundial aprovechará sus instrumentos de seguros contra desastres, como los bonos para casos de catástrofe, y ofrecerá a todos los países la opción de incorporar estos seguros en sus productos crediticios. Dado que no todos los países pueden costear estos instrumentos, trabajaremos con los donantes para que los países de ingreso bajo logren acceder a ellos, por ejemplo, mediante fondos que permitan reducir las primas. De este modo, se elaborarán productos de seguro contra catástrofes más adecuados, que podrán brindar recursos a los países afectados por desastres sin incrementar su deuda.

Como resultado del conjunto de estas medidas, se podría disponer de miles de millones de dólares para responder a las crisis en todos los países. 

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Cómo abordar el cambio climático a través de un desarrollo urbano verde, resiliente e inclusivo

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El poder transformador de las ciudades: abordar el cambio climático a través de un desarrollo urbano verde, resiliente e inclusivo

Escriben Bernice Van Bronkhorst, Mark Roberts y Megha Mukim – Entre 1970 y 2021, la cantidad de personas que vivían en las ciudades aumentó de 1190 millones a 4460 millones, y la temperatura de la superficie de la Tierra se incrementó 1,19 °C por encima de los niveles preindustriales. Las ciudades, como motores de la prosperidad, han sido una de las principales causas del cambio climático. En el nuevo informe del Banco Mundial Prosperar: Hacer que las ciudades sean verdes, resilientes e inclusivas en un clima cambiante (PDF, en inglés) se sugiere que las ciudades son una de las claves para solucionar la crisis climática. Para 2050 serán el hogar de casi el 70 % de la población mundial. 

En el informe se analiza una muestra de más de 10 000 ciudades para evaluar cuán ecológicas, resilientes e inclusivas son, y examinar la interrelación bidireccional que existe entre estas y el cambio climático. A partir de este análisis, se proporciona a los encargados de la formulación de políticas una guía sobre cómo ayudar a sus ciudades a ser más verdes, resilientes e inclusivas —en otras palabras, sobre cómo ayudarlas a prosperar— en un clima cambiante.

El estado de nuestras ciudades: verdor, resiliencia e inclusión

Las ciudades de los países de ingreso alto y mediano alto han contribuido en gran medida al cambio climático.  Globalmente, alrededor del 70 % de las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero, la mayor parte de las cuales son emisiones de dióxido de carbono (CO) fósil, proviene de las ciudades. Sin embargo, en 2015 las ciudades de los países con ingresos más bajos representaron solo alrededor del 14 % de todas las emisiones de CO2 urbanas a nivel mundial. El desafío para estas ciudades consiste en cómo desarrollarse sin seguir las trayectorias históricas de emisiones que registran las ciudades de los países con ingresos más altos. Lograr cero emisiones netas a nivel mundial para 2050 depende de que se aborde este problema.

Las ciudades de los países de ingreso bajo y mediano bajo enfrentan los mayores peligros relacionados con el cambio climático que se anticipan.  La exposición a peligros clave proyectada para 2030-40 en estas ciudades, como inundaciones, estrés térmico, ciclones tropicales, aumento del nivel del mar, estrés hídrico e incendios forestales, es considerablemente mayor que la proyectada para el mismo período en las ciudades de los países con ingresos más altos. Además, estas ciudades son menos resilientes a las perturbaciones y tensiones cada vez más frecuentes relacionadas con el cambio climático, ya que experimentan impactos económicos más graves de los fenómenos meteorológicos extremos.

Por ejemplo, cuando se producen fenómenos meteorológicos extremos, las personas que viven en el campo a menudo buscan refugio en las ciudades. Las sequías prolongadas en las zonas rurales dan lugar a una expansión más rápida de las zonas urbanas. Los nuevos asentamientos suelen ser informales y establecerse en las afueras de las ciudades, y en llanuras aluviales urbanas con acceso limitado a los servicios.

Las ciudades de los países de ingreso bajo y mediano son menos verdes en lo que respecta a la contaminación atmosférica. En promedio, las concentraciones de PM2,5 (material particulado de 2,5 micrones o menos de diámetro) fueron más bajas en las ciudades de los países de ingreso alto que en las ciudades de los países con ingresos más bajos. Y las emisiones de PM2,5 que se registran en los sectores residencial y de transporte de una ciudad —sectores en los que la planificación y las políticas urbanas pueden influir más directamente— tienden a aumentar con su población.

Mejorar la calidad del aire a través de iniciativas de políticas puede ayudar a las ciudades a mitigar el cambio climático y adaptarse a sus efectos.  Muchas de las actividades que contribuyen a la mala calidad del aire urbano, como las actividades industriales y la circulación de vehículos, también agravan el cambio climático. Por consiguiente, se puede afirmar que en las ciudades de todo el mundo existe una fuerte correlación positiva entre las emisiones de CO2 y PM2,5 en los sectores residencial y de transporte.

La falta de inclusión contribuye a la falta de resiliencia de las ciudades en los países de ingreso bajo y mediano bajo. Esta carencia de resiliencia puede explicarse por las mayores tasas de pobreza y los menores niveles de acceso a servicios básicos, como salud y educación; abastecimiento de agua y electricidad; gestión de desechos sólidos; servicios digitales y financieros, y servicios de rescate de emergencia.

El desarrollo urbano compacto se asocia con menores emisiones de CO2 y de PM2,5 en los sectores residencial y de transporte. Esto sugiere que las políticas locales relacionadas con la expansión urbana pueden ser eficaces tanto para mejorar la calidad del aire como para mitigar el cambio climático. Las ciudades que se desarrollan verticalmente consumen menos tierra, albergan a más personas y son más prósperas. En las ciudades de todo el mundo, la duplicación de la altura total de una ciudad genera un aumento a largo plazo de su población de aproximadamente un 16 % y una reducción de su superficie del 19 % con respecto a otras ciudades. Estos resultados van acompañados de un aumento del 4 % en la intensidad de las luces nocturnas de la ciudad, lo que sugiere un aumento de la prosperidad.

Una guía de políticas para ayudar a las ciudades a prosperar

Una ciudad próspera es una ciudad verde, resiliente e inclusiva frente a un clima cambiante.  En el informe se destaca que para materializar esta visión se requiere responder tres preguntas fundamentales: ¿Cuáles son los instrumentos de políticas con los que se cuenta? ¿Quién maneja estos instrumentos? ¿Cómo se pueden priorizar y secuenciar las decisiones en materia de políticas basadas en estos instrumentos para lograr una implementación eficaz?

  • CUÁLES: Las opciones de políticas adoptan la forma de cinco elementos: información, incentivos, seguros, integración e inversiones. Estos instrumentos suelen ser complementarios, conduciendo a mayores impactos cuando se implementan en conjunto.
  • QUIÉN: Dado que las tensiones urbanas “tradicionales” interactúan con las tensiones relacionadas con el cambio climático para determinar los resultados, los Gobiernos locales están bien posicionados para impulsar la acción climática. Las ciudades, en colaboración con los Gobiernos nacionales, el sector privado y la sociedad civil, tienen a su disposición una herramienta importante para influir en las políticas.
  • CÓMO: Para garantizar que sus ciudades prosperen, los encargados de la formulación de políticas deberán alternar entre opciones normativas basadas en los cinco elementos mencionados. La combinación de las intervenciones, su secuenciación y la priorización de los resultados variarán en función de las características de las ciudades, entre ellas, el tamaño y los niveles de riesgo y de desarrollo.

Las ciudades tienen el potencial para abordar el cambio climático y adaptarse a él. Al centrarnos en lograr que las ciudades sean más verdes, resilientes e inclusivas, podemos transformar nuestros entornos urbanos y asegurar un futuro próspero para todos. Lea el informe completo y sus recomendaciones sobre políticas en este archivo (i).

Bernice Van Bronkhorst Directora global, Práctica Global de Desarrollo Urbano, Gestión de Riesgos, Resiliencia y Tierras

Mark Roberts Economista sénior especializado en Asuntos Urbanos, Banco Mundial

Megha Mukim Economista sénior, Práctica Global de Desarrollo Social, Urbano y Rural, y Resiliencia

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Una mitigación climática de alto impacto requiere normas, verificación y estandarización

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Escribe David MalpassEn conjunto, los costos climáticos y la tarea de desarrollo exigen una enorme cantidad de nuevos recursos.  En el caso de los países en desarrollo, las necesidades son especialmente importantes en lo que respecta a satisfacer el crecimiento de la población y afrontar décadas de inversión insuficiente. Estos países deben lograr grandes avances en educación, producción de energía, acceso a la electricidad, salud, infraestructura y nutrición solo para compensar las pérdidas sufridas en los últimos años. Los costos climáticos requieren considerables recursos adicionales, al igual que el aumento del servicio y el reembolso de la deuda.

La principal fuente de inversión debería ser el crecimiento y el ahorro a nivel local, pero estos no son pilares sólidos.  Los flujos provenientes de remesas y de inversionistas extranjeros pueden aumentar rápidamente cuando el entorno normativo de un país es favorable y abre las puertas a la comunidad mundial; no obstante, uno de los principales desafíos es convertir las promesas de contribuciones de esa comunidad en financiamiento para proyectos reales.

Como parte de la búsqueda de enfoques a más largo plazo para el financiamiento climático, observamos que, para lograr el flujo necesario de recursos, se requiere una clase de activos mundiales basada en: 1) normas de medición y verificación acordadas para la reducción real y duradera de las emisiones de gases de efecto invernadero, y 2) estandarización para aumentar exponencialmente el volumen del flujo de recursos. Estas son actividades clave que el Grupo Banco Mundial puede ayudar a lograr.

El primer elemento de un conjunto de medidas de alto impacto son los resultados verificables, que generarán confianza y harán que los proyectos sean atractivos para donantes e inversionistas.  En las etapas iniciales, es probable que los contratos y compromisos sean exclusivos o personalizados, y que se establezca una conexión directa entre un inversionista o donante que busca lograr impacto y un proyecto de un país o una región en desarrollo. Con el tiempo, se fijarán normas para medir el impacto positivo, lo que atraerá el interés de los inversionistas y permitirá negociar y replicar los contratos.

Un ejemplo es el bono por resultados emitido por el Banco Mundial para un proyecto de purificación de agua en Vietnam que contribuirá a reducir la necesidad de quemar biomasa para hervir agua. Tal como describí en mi reciente artículo de opinión en Barron’s sobre los bonos por resultados (i), los inversionistas reciben pagos relacionados con la emisión de créditos de carbono verificados que representan la reducción real de las emisiones de gases de efecto invernadero del proyecto. Cuantos más créditos se generen, mayor será el pago a los inversionistas.

Para ayudar a financiar la parte de la reducción verificable de emisiones relacionada con los bienes públicos mundiales, el Banco Mundial puso en marcha el Fondo para Ampliar la Acción Climática Reduciendo las Emisiones (SCALE) (i), a fin de proporcionar recursos en condiciones concesionarias para proyectos que permitan reducir efectivamente las emisiones de gases de efecto invernadero en países de ingreso bajo y mediano. El fondo tiene como objetivo ayudar a los países a establecer un historial de proyectos de alta calidad que puedan conducir a la movilización de capital privado a través de los mercados de carbono. Los enfoques basados en los resultados, como SCALE y los bonos por resultados, son transparentes y evitan el ecoblanqueo.

El segundo elemento de las medidas de alto impacto consiste en ampliar el tamaño, la cantidad y la comerciabilidad de las intervenciones que logran resultados verificados a gran escala con un elevado número de proyectos eficaces. La capacidad de ampliación de la escala requiere una estandarización para lograr replicabilidad y eficiencia. Tomando el ejemplo de purificación del agua de Vietnam, el objetivo será tener 100 o 1000 proyectos como este. La calidad y los principios de infraestructura transparentes que conducen a contratos estandarizados pueden permitir la diversificación de riesgos y crear una clase de activos de infraestructura climática sólida. Nuestras carteras de proyectos de Más Energía Solar (i) y de minirredes son dos ejemplos exitosos de cómo lograr la eficiencia y el impacto que generan la ampliación de la escala y la uniformidad. Nuestra alianza para la inversión en infraestructura de calidad (QII) (i) con Japón también ha ayudado a incorporar los principios QII (i) en proyectos del Banco Mundial por valor de más de USD 22 000 millones.

El Grupo Banco Mundial ha respondido al rápido aumento de los costos climáticos con medidas urgentes e impacto. Al centrar la atención en la integración entre clima y desarrollo y en la necesidad de medir el impacto —no solo los compromisos de gasto—, en nuestro Plan de Acción sobre el Cambio Climático (i) de 2021 se sentaron las bases para los debates de hoy sobre una reducción de emisiones verificable y basada en los resultados. La incorporación de normas y estandarización ofrece un camino hacia una nueva clase de activos. Ninguna otra entidad ha proporcionado más financiamiento climático a los países en desarrollo: casi USD 90 000 millones en los últimos tres ejercicios económicos. Elaboramos informes sobre el clima y el desarrollo de los países (CCDR) (i) en forma de diagnósticos sólidos que integran estas dos cuestiones. Ya hemos publicado los CCDR de 25 países, y otros 20 están en camino. También estamos alineando nuestras operaciones y flujos de financiamiento con el Acuerdo de París (i), lo que integra aún más las consideraciones climáticas en el financiamiento del Grupo Banco Mundial.

Queda mucho más por hacer. Para atraer una cantidad significativamente mayor de recursos en condiciones concesionarias de la comunidad mundial destinados a los bienes públicos mundiales, se necesitarán actividades individuales y conjuntas dentro de los países y entre ellos, de modo de generar resultados verificables, generar confianza y aprovechar la estandarización para lograr un impacto que se pueda replicar.

David Malpass presidente del Banco Mundial

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Se registrará la mayor caída de los precios de los productos básicos desde la pandemia

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Sin embargo, los precios de los alimentos se mantienen en cifras casi récord, lo que agrava la inseguridad alimentaria

Según la edición más reciente del informe Commodity Markets Outlook (Perspectivas de los mercados de productos básicos) del Banco Mundial, se prevé que este año el ritmo de descenso de los precios de los productos básicos a nivel mundial será el más acelerado desde el inicio de la pandemia de COVID-19, lo que empaña las perspectivas de crecimiento de casi dos tercios de las economías en desarrollo que dependen de las exportaciones de ese tipo de productos.

No obstante, se estima que la caída de los precios no brindará demasiado alivio a los casi 350 millones de personas de todo el mundo que sufren inseguridad alimentaria. Si bien se prevé que los precios de los alimentos caerán un 8 % en 2023, serán los segundos más altos desde 1975. Además, desde febrero de este año, la inflación anual de los precios de los alimentos se ubica en un 20 % en todo el mundo, el porcentaje más alto de las últimas dos décadas.

“El alza de los precios de los alimentos y de la energía luego de la invasión de Rusia a Ucrania pudo superarse, en gran medida, gracias a la desaceleración del crecimiento económico, a un invierno moderado y a las reasignaciones en el comercio de productos básicos”, afirmó Indermit Gill, economista en jefe y vicepresidente sénior de Economía del Desarrollo del Banco Mundial. “Sin embargo, esto es poco consuelo para los consumidores de muchos países. En términos reales, los precios de los alimentos seguirán manteniéndose en uno de los niveles más altos de las últimas cinco décadas. Los Gobiernos deben evitar aplicar restricciones comerciales y proteger a sus ciudadanos más pobres mediante programas de apoyo a los ingresos, en lugar de establecer controles de precios”.

En general, se prevé que, en 2023, los precios de los productos básicos disminuirán un 21 % respecto del año pasado. Según las proyecciones, los precios de la energía caerán un 26 % y el precio del petróleo crudo alcanzará un promedio de USD 84 el barril, un 16 % menos que el promedio de 2022. Se prevé que los precios del gas natural de Europa y Estados Unidos se reducirán a la mitad entre 2022 y 2023, mientras que los del carbón disminuirán un 42 % en 2023. Asimismo, según las proyecciones, los precios de los fertilizantes caerán un 37 %, lo que representa la mayor baja anual desde 1974. Sin embargo, todavía se mantienen cercanos a su último máximo observado durante la crisis de los alimentos de 2008-09.

Ayhan Kose, economista en jefe adjunto y director del Grupo de Perspectivas del Banco Mundial, manifestó: “La caída de los precios de los productos básicos del año pasado ha ayudado a reducir la inflación general en todo el mundo. Sin embargo, las autoridades de los bancos centrales deben mantenerse atentas, ya que una amplia variedad de factores, como una oferta de petróleo inferior a la prevista, una recuperación de China más centrada en los productos básicos, una intensificación de las tensiones geopolíticas o condiciones climáticas desfavorables, podrían impulsar los precios al alza y reavivar las presiones inflacionarias”.

A pesar de las notables caídas que se prevén este año, los precios de todos los grupos de productos básicos importantes continuarán muy por encima de sus niveles promedio del período 2015-19. Los precios del gas natural de Europa rondarán casi el triple del promedio obtenido en dicho período. Por su parte, los precios de la energía y del carbón también se mantendrán por encima del promedio anterior a la pandemia.

“Se estima que los precios de los metales, que experimentaron un ligero aumento a principio de año, caerán un 8 % respecto del año pasado, principalmente, debido a la escasa demanda mundial y a la mejora en los insumos”, aseveró Valerie Mercer-Blackman, economista principal del Grupo de Perspectivas del Banco Mundial. “No obstante, a más largo plazo, la transición energética podría generar un aumento significativo de la demanda de algunos metales, en especial, litio, cobre y níquel”.

En una sección de temas destacados del informe se evalúa el desempeño de una amplia variedad de enfoques utilizados para proyectar los precios de siete productos básicos industriales (petróleo y seis metales). Una de las conclusiones del estudio es que los precios de futuros, muy utilizados para proyectar precios, suelen generar importantes errores en las proyecciones. Los modelos econométricos basados en múltiples variables independientes tienden a obtener mejores resultados que otros enfoques y que los precios de futuros. En el análisis se indica que aumentar los enfoques de proyección basados en modelos (incorporando la dinámica de los precios de los productos básicos a lo largo del tiempo y controlando otros factores económicos) mejora la precisión de las proyecciones.

Descargar el informe: https://bit.ly/CMO042023FullEN 

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