BANCO MUNDIAL

La quema mundial de gas cae al nivel más bajo desde 2010

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La reducción producida en 2022 equivale a sacar de circulación 3 millones de automóviles.

En 2022 se reanudaron los avances en la reducción de la quema de gas: el volumen quemado en todo el mundo cayó 5000 millones de metros cúbicos hasta ubicarse en los 139 000 millones de metros cúbicos, su nivel más bajo desde 2010, según los nuevos datos satelitales recopilados por la Asociación Mundial para la Reducción de la Quema de Gas (GGFR) (i) del Banco Mundial.

“Después de una década de estancamiento, en 2022 los volúmenes de quema de gas en el mundo cayeron alrededor del 3 %, lo que constituye una reducción muy bienvenida, especialmente en un momento de preocupación por la seguridad energética de muchos países.Seguimos alentando a todos los productores de petróleo a aprovechar la oportunidad de poner fin a esta práctica contaminante que además supone un desperdicio de recursos”,afirmó Guangzhe Chen, vicepresidente de Infraestructura del Banco Mundial.

La mayor parte de la disminución de la quema mundial de gas en 2022 correspondió a tres países: Nigeria, México y Estados Unidos. Otros dos países —Kazajstán y Colombia— se destacan por haber reducido sistemáticamente los volúmenes de quema de gas en los últimos siete años.

Además de la disminución general en el volumen, la intensidad de la quema mundial —es decir, la cantidad de gas que se quema por cada barril de petróleo producido— también cayó a su nivel más bajo desde que comenzaron a recopilarse datos satelitales, dado que la producción de petróleo aumentó un 5 % en 2022. Esto indica un desacoplamiento gradual y sostenido entre la producción de petróleo y la quema.

A pesar de estos avances, la mayor parte del volumen de gas quemado sigue correspondiendo a los nueve países que más recurren a esta práctica: Rusia, Iraq, Irán, Argelia, Venezuela, Estados Unidos, México, Libia y Nigeria representan casi las tres cuartas partes de los volúmenes de quema y menos de la mitad de la producción mundial de petróleo.

Los datos satelitales muestran que la disminución de las exportaciones de gas ruso a la Unión Europea no provocó un aumento de la quema de gas en ese país. A lo largo de 2022, la Unión Europea incrementó significativamente la importación de gas natural licuado (GNL) proveniente de Estados Unidos, Angola, Noruega, Qatar y Egipto, y a través de gasoductos desde Azerbaiyán y Noruega. De estos países, solo Estados Unidos, Angola y Egipto han logrado avances considerables para convertir el gas que habitualmente se quemaría en exportaciones de GNL.

La GGFR estima que en 2022 con la quema de gas se liberaron 357 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente: 315 millones en forma de dióxido de carbono y 42 millones en forma de metano. En el informe también se analizan los avances científicos y la incertidumbre en torno a la cantidad de metano que se libera con la quema, y se concluye que las emisiones de metano derivadas de la quema podrían ser significativamente mayores de lo estimado. Por ejemplo, si la combustión del metano que se produce durante la quema fuera apenas cinco puntos porcentuales menos eficiente, la cantidad de ese gas que se liberaría en todo el mundo sería tres veces mayor que la estimada en la actualidad.

Estamos preocupados por la cantidad de metano emitido mediante la quema, en particular en instalaciones que no funcionan correctamente.El metano es un gas de efecto invernadero mucho más potente que el dióxido de carbono en el corto plazo.Debemos comprender mejor la situación, por lo cual estamos intensificando nuestros esfuerzos para ayudar a los países en desarrollo a reducir las emisiones de metano”, dijo Zubin Bamji, gerente de programas de la GGFR del Banco Mundial.

Información general: La quema de gas es la combustión de gas natural asociada con la extracción de petróleo. Este gas desperdiciado podría utilizarse para desplazar fuentes de energía más contaminantes, ampliar el acceso a la energía en algunos de los países más pobres del mundo y proporcionar a muchos países la seguridad energética que tanto necesitan.

La GGFR del Banco Mundial es un fondo fiduciario y una asociación de Gobiernos, empresas petroleras y organizaciones multilaterales que trabajan para poner fin a la quema regular de gas en los emplazamientos de producción de petróleo de todo el mundo. Ayuda a identificar soluciones para los diversos obstáculos técnicos, económicos y regulatorios que impiden reducir la quema. La GGFR, con la colaboración de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos y el Instituto Payne de la Escuela de Minas de Colorado, ha elaborado estimaciones sobre la quema mundial de gas basadas en las observaciones de dos satélites lanzados en 2012 y 2017. Los modernos sensores de estos satélites detectan el calor emitido por las antorchas como emisiones infrarrojas en las instalaciones de prospección y extracción de petróleo y gas de todo el mundo.

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Según el Banco Mundial se han frenado las reformas hacia un trato igualitario de las mujeres

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El ritmo de las reformas hacia un trato igualitario de los derechos de la mujer ha caído al nivel más bajo en los últimos 20 años. La “fatiga de reformar” representa un obstáculo al crecimiento económico en un período crucial

Según un nuevo informe del Banco Mundial, el ritmo de las reformas hacia un trato igualitario de las mujeres ante la ley ha caído a su nivel más bajo en los últimos 20 años, lo que constituye un obstáculo potencial para el crecimiento económico en un período crucial para la economía a nivel mundial.

En 2022, la puntuación promedio a nivel mundial en el índice de La Mujer, la Empresa y el Derecho es de 77,1 aumentando sólo medio punto, lo que indica que, en promedio, las mujeres gozan apenas del 77 % de los mismos derechos que tienen los hombres ante la ley. Al ritmo actual de reforma, en muchos países una mujer que ingresa a la fuerza laboral hoy se retirará antes de obtener los mismos derechos que los hombres.

“En un momento en que el crecimiento económico a nivel mundial se ha desacelerado, todos los países necesitan movilizar su plena capacidad productiva para enfrentar la convergencia de crisis que los afectan”, afirmó Indermit Gill, Economista en jefe del Grupo Banco Mundial y vicepresidente sénior de Economía del Desarrollo. “Los Gobiernos no se pueden dar el lujo de marginar a la mitad de su población. El hecho de que las mujeres no tengan los mismos derechos que los hombres en gran parte del mundo no solo es injusto para ellas, también es un obstáculo que menoscaba la capacidad de los países para promover el desarrollo verde, resistente e inclusivo”.

El informe La Mujer, la Empresa y el Derecho 2023 mide leyes y regulaciones en 190 países en ocho áreas relacionadas con la participación económica de la mujer. Las ocho áreas son Movilidad, Trabajo, Remuneración, Matrimonio, Parentalidad, Empresariado, Activos y Jubilación. Los datos, que abarcan hasta el 1 de octubre de 2022, ofrecen parámetros de referencia objetivos para medir el progreso a nivel mundial hacia igualdad de género en el marco de la ley. En la actualidad, solo 14 países —todos ellos integrantes de las economías de ingreso alto—- cuentan con leyes que otorgan a las mujeres los mismos derechos que a los hombres.

En todo el mundo, casi 2.400 millones de mujeres en edad de trabajar todavía no tienen los mismos derechos que tienen los hombres. La reducción de la brecha de género en empleo podría incrementar el producto interno bruto (PIB) per cápita a largo plazo en un promedio de casi un 20% en todos los países. Según estudios, se estima ganancias económicas globales entre USD 5 billones a USD 6 billones, si las mujeres iniciaran y ampliaran nuevos negocios al mismo ritmo que lo hacen los hombres.

En 2022, sólo se registraron 34 reformas jurídicas hacia la igualdad de género en 18 países, lo que constituye el número más bajo desde 2001. La mayoría de las reformas se centraron en extender las licencias parentales y de paternidad remuneradas, eliminar las restricciones al empleo de la mujer y exigir la igualdad salarial. Se estima que harían falta otras 1,549 reformas para alcanzar la igualdad jurídica de género en todas las áreas medidas por el informe. Al ritmo actual, se necesitarían al menos otros 50 años, en promedio, para alcanzar esa meta, señala el informe.

Esta nueva edición de La Mujer, la Empresa y el Derecho contiene una evaluación integral del progreso global hacia la igualdad de género ante la ley durante los últimos 50 años. Desde 1970, la puntuación promedio global de La Mujer, la Empresa y el derecho, ha mejorado aproximadamente en dos tercios, incrementando de 45,8 a 77,1 puntos.

En la primera década de este siglo se lograron sólidos avances hacia la igualdad de género ante la ley. Entre 2000 y 2009, se introdujeron más de 600 reformas, alcanzando su punto máximo de 73 reformas anuales en 2002 y 2008. Sin embargo, desde entonces, el ritmo de las reformas se ha desacelerado, en particular en las áreas donde existen normas vigentes desde hace mucho tiempo, como en los derechos de las mujeres a la sucesión y de propiedad de bienes inmuebles. Un nuevo análisis de los datos permite establecer que las economías que históricamente presentaban una mayor brecha de género han ido recuperando terreno, especialmente a partir del año 2000.

En la actualidad, la igualdad de oportunidades económicas para las mujeres es más alta en las economías de ingreso alto de la OCDE. No obstante, se han seguido implementando reformas importantes en las economías en desarrollo. África al sur del Sahara realizó avances significativos el año pasado. La región ha registrado más de la mitad de todas las reformas llevadas a cabo en el mundo en 2022, ya que siete economías de la región, (Benín, la República del Congo, Côte d’Ivoire, Gabón, Malawi, Senegal y Uganda) aprobaron 18 cambios positivos en su legislación.

Aunque se han alcanzado grandes logros en las últimas cinco décadas, aún queda mucho por hacer en todo el mundo para garantizar que las buenas intenciones vayan acompañadas de resultados tangibles, es decir, la igualdad de oportunidades ante la ley para las mujeres. Las mujeres no pueden darse el lujo de seguir esperando más para alcanzar la igualdad de género y tampoco puede hacerlo la economía mundial.

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Datos para salvar vidas y guiar la recuperación

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Escribe Haishan Fu – Necesitamos datos de desastres para salvar vidas y guiar la recuperación.

A medida que el calentamiento del clima aumenta la frecuencia y la intensidad de los desastres naturales, debemos estar mejor preparados que nunca para salvar vidas y medios de subsistencia, especialmente en los países de ingreso bajo. Un desafío tan extraordinario requiere una respuesta extraordinaria y colectiva. Y con los datos correctos, podemos hacerlo bien.

Me han horrorizado las noticias e imágenes desgarradoras provenientes de Turquía y la República Árabe Siria después de que los terremotos más mortíferos del siglo dejaran decenas de miles de heridos y muertos.

Estos terribles terremotos han sido particularmente devastadores dada la magnitud de la destrucción que dejaron a su paso.  Pero, desafortunadamente, catástrofes como estas están lejos de ser raras. Durante la última década, los desastres naturales han provocado la muerte de casi medio millón de personas en todo el mundo.

Si bien es posible que no podamos prevenir muchos de estos desastres en los próximos años, podemos mitigar su impacto salvando vidas y haciendo que los esfuerzos de recuperación sean más eficaces.  Y para eso, necesitamos datos oportunos y eficaces en función de los costos con altos niveles de granularidad.

A continuación se presentan tres maneras en que podemos garantizar que tales datos de desastres estén disponibles en situaciones de crisis:

  1. Necesitamos enfocarnos tanto en los fundamentos como en la frontera

Los datos de los gobiernos, como los datos de censos, encuestas, registro civil y sistemas administrativos, continúan brindando la base para estadísticas críticas relacionadas con desastres. Al mismo tiempo, las nuevas tecnologías y fuentes de datos producidas por entidades privadas, como el uso de teléfonos móviles, la actividad en las redes sociales, las consultas en línea, las plataformas de crowdsourcing y las tecnologías de detección remota, pueden ayudarnos a ahorrar tiempo, aumentar la exactitud y mejorar la precisión, que son de suma importancia en situaciones de emergencia.

Para crear sistemas eficaces de reducción de desastres basados en datos, debemos reconvertir los datos privados y combinarlos con los datos públicos para responder mejor a las emergencias.  

Hemos visto que tales esfuerzos han tenido éxito en el pasado. Por ejemplo, después del terremoto de 2014 en Napa, California, la semántica relacionada con el desastre fue extraída de Twitter mediante un algoritmo de aprendizaje automático y se combinó con datos de geolocalización para evaluar con rapidez la escala y el impacto del desastre. De manera similar, los datos de ubicación móvil proporcionados por una empresa privada se han usado para comprender los patrones de movimiento de la población y las tendencias de recuperación después de desastres históricos en la Ciudad de México y Mumbai.

Solo estamos rascando la superficie de lo que es posible a través de la integración de diferentes tipos de datos, pero los impresionantes resultados obtenidos hasta ahora nos obligan a continuar con estas exploraciones.

  1. Debemos invertir en nuestra “disponibilidad de datos” colectiva

La combinación de fuentes de datos innovadoras, plataformas en la nube y el procesamiento rápido y eficiente que posibilitan estas tecnologías permiten a los formuladores de políticas locales, nacionales e internacionales comprender el alcance y la escala de los desastres, estimar la cantidad de personas afectadas y entender la situación en cualquier parte del mundo a partir de datos confiables y objetivos de terceros en cuestión de minutos u horas.  Esto es crucial en situaciones de crisis donde cada segundo cuenta.

El verano pasado, se le pidió al Grupo de Gestión de Datos sobre el Desarrollo del Banco Mundial que realizara una evaluación rápida de daños por satélite de las inundaciones en Assam y Meghalaya, India, mientras las inundaciones aún continuaban. Usando datos de radar de apertura sintética y algún procesamiento en la nube basado en un código que pusimos a disposición del público, pudimos cuantificar la escala del área afectada y la cantidad de personas afectadas en menos de dos horas para ayudar a guiar una acción rápida y adecuada.

Gran parte de esto comienza con la inversión en lo que llamo “preparación de datos”, es decir, sistemas de recopilación y difusión de datos, gobernanza de datos, uso y alfabetización de datos, y la preparación de información fundamental antes de que ocurra un desastre. Para habilitar la preparación de datos de manera más amplia, necesitamos formar nuevas colaboraciones para la innovación, así como unir fuerzas para invertir en la capacidad de datos y los sistemas de datos de los países para que puedan anticipar y responder mejor a los desastres. 

  1. Nuestros esfuerzos en torno a los datos sobre desastres deben basarse en el valor, la equidad y la confianza

A medida que exploramos cómo podemos usar estas nuevas fuentes de datos a través de asociaciones colectivas para mitigar los desastres y proteger a los más vulnerables entre nosotros, debemos ser muy conscientes de la necesidad de una gobernanza de datos sólida y salvaguardas contra el uso indebido de datos.

Crear sistemas de reducción de desastres basados en datos que funcionen bien solo es posible cuando los países pueden usar y volver a usar datos públicos y privados, y aprovechar las sinergias entre ellos para crear más valor.   También debemos asegurarnos de que todas las personas y todos los países puedan beneficiarse por igual de los datos.  Igualmente fundamental es crear confianza en la integridad del sistema de datos manteniéndose alerta frente a posibles daños, incluidos los delitos cibernéticos y la discriminación.

Fundamentalmente, debemos trabajar en pos de lo que el Informe sobre el desarrollo mundial 2021: Datos para una vida mejor llama un “nuevo contrato social sobre datos”, guiado por los principios de valor, equidad y confianza.

A medida que el calentamiento del clima aumenta la frecuencia y la intensidad de los desastres naturales (i), debemos estar mejor preparados que nunca para salvar vidas y medios de subsistencia, especialmente en los países de ingreso bajo. Un desafío tan extraordinario requiere una respuesta extraordinaria y colectiva.  Y con los datos correctos, podemos hacerlo bien.

HAISHAN FU Jefa de Estadística del Banco Mundial y Directora del Grupo de Gestión de Datos sobre el Desarrollo

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Agua: ¿cómo enfrentar el déficit de almacenamiento?

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El informe Qué nos depara el futuro: Un nuevo paradigma para el almacenamiento de agua es un llamado urgente a los profesionales de todos los niveles, tanto públicos como privados, y de todos los sectores para que aúnen esfuerzos y promuevan soluciones integradas de almacenamiento de agua —naturales, construidas e híbridas— con el objetivo de satisfacer las diversas necesidades humanas, económicas y ambientales del siglo XXI. Para subsanar el déficit de almacenamiento, se necesitará que un amplio espectro de sectores económicos y partes interesadas desarrollen e impulsen soluciones multisectoriales. El marco de planificación integrada del almacenamiento de agua que se propone en el informe se basa en el desarrollo sostenible y la resiliencia climática, y encierra el potencial de generar beneficios para las personas, las economías y el medio ambiente durante generaciones.

Mensajes principales:

A medida que los fenómenos climáticos extremos se intensifican, el almacenamiento de agua se vuelve una herramienta cada vez más crucial para lograr la adaptación al cambio climático y para hacer frente a otros desafíos relacionados con el agua.

• Desde las sequías en un extremo del espectro hasta las grandes inundaciones en el otro, numerosas poblaciones de todo el mundo padecen fenómenos climáticos que dejan a su paso sufrimiento humano, inestabilidad y pérdidas económicas, y destrucción ambiental. En algunos lugares, los acontecimientos meteorológicos extremos borran en apenas días los avances en el desarrollo humano alcanzados a lo largo de décadas.

• En los últimos 20 años, 1430 millones de personas se vieron perjudicadas por sequías (Browder y otros, 2020). Debido a la escasez de agua, el crecimiento de los países puede reducirse hasta un 6 % (Banco Mundial, 2016). Para los pobres, los efectos negativos pueden durar generaciones.

• Durante las últimas dos décadas, al menos 1650 millones de personas de todo el mundo padecieron inundaciones, lo que representa un aumento del 24 % respecto de las décadas anteriores (Browder y otros, 2021; Tellman y otros, 2021; Centro de Investigación sobre Epidemiología de los Desastres [CRED] y Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres [UNDRR], 2020). Las proyecciones indican que, para 2030, 180 millones de personas más se verán directamente afectadas por inundaciones (Tellman y otros, 2021).

• Más allá de los fenómenos extremos, el cambio climático está generando precipitaciones menos previsibles y más variables, por lo que el suministro de los servicios cotidianos, como el abastecimiento de agua confiable en zonas urbanas, se vuelve más difícil, la productividad de los agricultores se reduce, y se desalienta la inversión económica y la creación de empleo.

• El almacenamiento de agua proporciona tres servicios principales: mejora la disponibilidad de este recurso, reduce los impactos de las inundaciones y permite regular los flujos de agua para respaldar los sectores de energía, transporte y otros.

• Al mismo tiempo, la regulación que se logra con el almacenamiento puede dar pie a la producción de energía limpia, necesaria para mitigar el cambio climático. La generación de energía hidroeléctrica también es un complemento importante de otras formas más variables de energía limpia y equilibra su integración en la red. Por último, el almacenamiento por bombeo (centrales reversibles) constituye una fuente valiosa de almacenamiento de energía.

• El almacenamiento de agua dulce es crucial para lograr la adaptación al cambio climático, fundamentalmente porque permite guardar agua para épocas más secas y reducir el impacto de las inundaciones. En los próximos años, las sociedades más estables y duraderas serán, en muchos casos, las que hayan adoptado enfoques más resilientes para el almacenamiento de agua.Animations

En los últimos 50 años, las reservas naturales de agua han disminuido en alrededor de 27 billones de m³
 

En un momento en que las poblaciones de todo el mundo necesitan más almacenamiento, el volumen de agua dulce almacenada está disminuyendo, lo que genera una crisis internacional, una brecha mundial en las reservas de agua.

• En los últimos 50 años, la población mundial se ha duplicado, y esto ha dado pie a una creciente demanda de agua y de almacenamiento. Sin embargo, las reservas naturales disponibles han disminuido en alrededor de 27 billones de m³ (McCartney y otros, 2022) debido al derretimiento de los glaciares y las nieves, y a la destrucción de humedales y llanuras de inundación. Al mismo tiempo, el volumen de agua almacenada en instalaciones construidas está en peligro debido a que el espacio útil de los embalses se llena con sedimentos (Annandale, Morris y Karki, 2016), las nuevas construcciones incorporadas en ciertas soluciones de infraestructura de gran magnitud han resultado ser mucho menos sostenibles de lo previsto, y las estructuras construidas envejecen a un ritmo más acelerado que el de la rehabilitación.

• A nivel mundial, el déficit en el almacenamiento de agua —la diferencia entre el volumen necesario y el volumen de almacenamiento (natural y construido) operativo en un momento y lugar determinados— está incrementándose (Asociación Mundial para el Agua e Instituto Internacional de Ordenación de los Recursos Hídricos, 2021).

• Para subsanar este déficit deben modificarse los enfoques actuales; en gran parte del mundo, continuar como hasta ahora no es una estrategia viable. En la mayoría de los casos, el almacenamiento se evalúa, diseña, desarrolla y gestiona mediante instalaciones independientes y para partes interesadas específicas, lo que da lugar a mecanismos compartimentados que son insostenibles e ineficientes.

• Una planificación deficiente del almacenamiento de agua tiene consecuencias costosas. Los múltiples sistemas compiten entre sí y prestan servicios diferentes a distintas partes interesadas, a menudo separadas por límites o fronteras, lo que conduce a un desarrollo descoordinado o a desembalses y a la reducción de los beneficios totales. Por otro lado, no siempre se comprenden bien los costos, los beneficios, los riesgos y las incertidumbres antes de decidir sobre una inversión. Como resultado, no siempre se minimizan o mitigan los impactos negativos en las personas y el medio ambiente, y las soluciones no se elaboran teniendo en cuenta la equidad distributiva.

• Abordar el déficit mundial de almacenamiento de agua constituye un desafío compartido. Y este desafío se ve agravado por el hecho de que, si bien el almacenamiento de agua comprende una red integrada de elementos naturales y construidos, rara vez se lo reconoce, planifica y gestiona como un sistema. La mayor parte del almacenamiento de agua del que dependemos en la actualidad se encuentra en la naturaleza y no se supervisa ni gestiona adecuadamente. Asimismo, la mayoría de los cursos de agua compartidos carecen de un marco legal que rija su uso.

El almacenamiento de agua proporciona servicios importantes mejorando la disponibilidad de agua
 

En el informe Qué nos depara el futuro: Un nuevo paradigma para el almacenamiento de agua se insta a desarrollar e impulsar soluciones multisectoriales para subsanar el déficit de almacenamiento, adoptando enfoques que integren las necesidades y las oportunidades en todo el sistema (en sus elementos naturales, construidos e híbridos), con el propósito de que sirva de apoyo no para unos pocos, sino para muchos, durante generaciones.

• Los países de todo el mundo se encuentran en situaciones sin precedentes, luchando para hacer frente a los desastres relacionados con el agua y tratando de desarrollar, operar y mantener los servicios de suministro. En este informe se propone diseñar intencionalmente soluciones que sustenten servicios de almacenamiento resilientes, sostenibles e incluso cruciales para la vida, que puedan mitigar el impacto de los desastres relacionados con el clima y solucionar el déficit de almacenamiento.

• La planificación del almacenamiento de agua presenta desafíos considerables. La mayoría de los países cuenta con recursos limitados y deben buscar enfoques eficientes para aumentar su capacidad de almacenamiento. Esto incluye aprovechar y maximizar los recursos naturales de almacenamiento; evaluar las oportunidades para volver a poner en marcha, rehabilitar o reacondicionar las estructuras existentes, crear otras e introducir reformas (por ejemplo, invertir en instituciones para que gestionen mejor el almacenamiento), y analizar las alternativas al almacenamiento, que van desde la gestión de la demanda y las medidas de suministro alternativo dirigidas a reducir la escasez, hasta las normas sobre zonificación.

• La naturaleza es una parte muy importante de la solución. Más del 99 % del almacenamiento de agua dulce de la Tierra se encuentra en la naturaleza, pero en gran medida se lo da por sentado. Es necesario reconocer colectivamente que el almacenamiento natural (las aguas subterráneas, los humedales, los glaciares y las reservas de humedad en el suelo) son fundamentales para la supervivencia, por lo que se las debe proteger y gestionar. Saber lo que tenemos es el primer paso para tomar conciencia del valor de la naturaleza y dejar de agotarla innecesariamente, como ha sucedido durante décadas en muchas partes del mundo.

• El almacenamiento de agua debe planificarse con cuidado. Para ayudar a abordar estos y otros desafíos, en el informe se describe un enfoque integrado, sistémico y centrado en los problemas para el almacenamiento de agua (natural, construido e híbrido), que incluye herramientas prácticas —desde la toma de decisiones en condiciones de incertidumbre hasta las técnicas de planificación integrada— que pueden contribuir a simplificar procesos, facilitar la colaboración y, en última instancia, ayudar a los profesionales del sector a ofrecer soluciones resilientes, sostenibles e integradas diseñadas para respaldar a muchas generaciones.

• En términos más generales, en el informe se alienta a los profesionales de todos los niveles del sector a repensar sus enfoques sobre el desarrollo y la gestión del almacenamiento, y sobre la inversión en esta área. Todos —desde los funcionarios de los ministerios encargados del sector del agua y de otros ministerios que dependen de los recursos hídricos hasta los ingenieros, los ecólogos, los académicos y los equipos de proyectos del Banco Mundial y de otros organismos internacionales de desarrollo— pueden desempeñar una función importante en la adopción y aplicación de los principios clave que caracterizan el enfoque integrado para el almacenamiento.
 

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Transformar nuestros sistemas alimentarios para tener personas, un medio ambiente y economías saludables

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Escribe Juergen Voegele* – Cuando el mundo sigue luchando contra la crisis alimentaria, debemos recordar que este problema no surgió de la noche a la mañana. La guerra en Ucrania aceleró la crisis y generó más atención, pero los precios de los alimentos y el hambre en el mundo ya iban en aumento incluso antes del conflicto. El cambio climático, entre otros, ha sido uno de los principales factores que empeoran estas tendencias. Irónicamente, aunque la producción mundial de alimentos casi se cuadruplicó entre 1961 y 2020 y aumentó un 50 % entre 2000 y 2020, más personas que nunca pasan hambre. 

Para resolver la situación que enfrentamos hoy en día, es necesario centrarse como nunca antes en la transformación de nuestros sistemas alimentarios para hacerlos más sostenibles y alimentar, al mismo tiempo, a una creciente población mundial . Un sistema alimentario que funciona bien ayudará a desarrollar capital humano, sacar a las comunidades de la pobreza y mejorar la resiliencia climática. En cambio, nuestro sistema alimentario mundial genera anualmente una cifra estimada de USD 12 billones en costos sociales, económicos y ambientales ocultos, entre ellos la generación de casi un tercio de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. También impulsa a los consumidores a elegir alimentos poco saludables al mantener demasiado altos los precios de los alimentos sanos.

Seguir como hasta ahora es inaceptable. Necesitamos un cambio sistémico en nuestro enfoque para la agricultura y los sistemas alimentarios a fin de transformar la manera en que producimos, transportamos y consumimos los alimentos. 

El Foro Mundial sobre la Alimentación y la Agricultura 2023 (i) que se celebra en Berlín —una de las reuniones más importantes de ministros y expertos del sector agrícola de todo el mundo— brinda una excelente oportunidad para analizar opciones, compartir experiencias y acordar medidas que permitan transformar el sistema alimentario.

Un cambio clave que debemos hacer se relaciona con la forma de utilizar el apoyo a la agricultura. A nivel mundial, la asistencia para la agricultura y la alimentación supera los USD 700 000 millones al año. Si bien este apoyo es necesario, gran parte no está orientado de la manera correcta: los agricultores reciben solo 35 centavos de cada dólar y, a menudo, la asistencia fomenta prácticas de producción insostenibles.

Hay opciones para que los Gobiernos reorienten el apoyo agrícola actual —que se utiliza principalmente para apoyar los precios, los subsidios a los insumos y los pagos directos a los productores— y lo usen para implementar políticas respetuosas del medio ambiente e incentivar a los agricultores a adoptar prácticas agrícolas inteligentes desde el punto de vista climático. El financiamiento público también puede utilizarse para ayudar a reducir los riesgos de las inversiones del sector privado que cumplen normas sociales y ambientales más exigentes. Asimismo, puede usarse para incentivar nuevas tecnologías que ya han demostrado ser prometedoras, como los aditivos para piensos que reducen los gases de efecto invernadero, o para técnicas de producción de arroz que disminuyen las emisiones de metano.

Adoptar políticas adecuadas reduciría las distorsiones de precios, promovería un crecimiento de la productividad resiliente y sostenible, y fortalecería las cadenas de valor. Esto, a su vez, mejorará la seguridad alimentaria y la nutrición, reforzará los ingresos de los agricultores y permitirá optimizar mejor los recursos en los programas públicos.

Otro desafío es que el sistema alimentario mundial es sumamente complejo y está muy fragmentado. A pesar de los considerables aumentos de la producción, el sistema es ineficiente y derrochador, y la abundancia y el hambre siguen coexistiendo. En el centro de estos fracasos está la falta de acceso a información entre los agricultores y dentro de los mercados, donde los sistemas inflexibles incentivan los altos costos de transacción.

Un mejor uso de los datos y la tecnología digital puede ayudar a conectar a los 570 millones de establecimientos agrícolas del mundo con 8000 millones de consumidores. La agricultura digital basada en datos puede ayudar a mejorar el rendimiento de los cultivos, reducir los desechos, bajar los costos y disminuir la contaminación , todo lo cual contribuye en gran medida a reducir la desigualdad y el hambre en el mundo.

Pero no hay una solución única. Todos los países tienen su propio conjunto de desafíos y necesitan identificar opciones y estrategias para lograr los resultados deseados. En última instancia, transformar los sistemas alimentarios para obtener mejores resultados de desarrollo requiere análisis locales y específicos de cada país, respaldados por diálogos de múltiples partes interesadas para incluir a todos en el proceso de formulación de políticas.

En el marco del programa Sistemas Alimentarios 2030 (i), el Banco Mundial ayuda a los países a transformar sus sistemas alimentarios para que logren el objetivo hambre cero a más tardar en 2030. El programa recibe financiamiento de Alemania, el Reino Unido, la Comisión Europea y la Fundación Bill y Melinda Gates. Colaboramos con 25 países con el fin de encontrar puntos de entrada específicos de cada país para reorientar las políticas y la asistencia agrícolas, crear modelos de negocios que estimulen el financiamiento del sector privado, promover la agricultura climáticamente inteligente e implementar innovaciones digitales y estrategias para hacer más asequibles las dietas saludables y nutritivas.

El Grupo Banco Mundial y sus numerosos socios están listos para trabajar con los Gobiernos y los asociados, compartiendo conocimientos sobre políticas y realizando inversiones que ayudan a transformar el sistema alimentario mundial. Y el Foro Mundial puede servir para que los que trabajan en los campos de la alimentación y la agricultura compartan experiencias interesantes que respaldan nuestros esfuerzos para lograr los tres beneficios de la transformación de los sistemas alimentarios: personas saludables, un medio ambiente saludable y economías saludables.

*Juergen Voegele Vicepresidente de Desarrollo Sostenible del Banco Mundial

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