BANCO MUNDIAL

El conflicto en Oriente Medio podría generar un “doble impacto” en los mercados mundiales de productos básicos

Compartí esta noticia !

Hasta el momento, los efectos han sido limitados, pero las turbulencias del mercado energético podrían intensificar la inseguridad alimentaria

De acuerdo con la última edición del informe Commodity Markets Outlook (Perspectivas de los mercados de productos básicos) del Banco Mundial, si bien la economía mundial está mucho mejor posicionada que en la década de 1970 para hacer frente a una gran crisis de los precios del petróleo, una escalada del conflicto en Oriente Medio —que se suma a las perturbaciones causadas por la invasión rusa de Ucrania— podría empujar a los mercados mundiales de productos básicos hacia terrenos desconocidos.

El informe proporciona una evaluación preliminar de las posibles implicaciones a corto plazo de dicho conflicto para los mercados de productos básicos. En él se concluye que los efectos serán limitados si el conflicto no se extiende. Según el pronóstico de referencia del Banco, los precios del petróleo alcanzarán un promedio de USD 90 el barril en el trimestre en curso, antes de descender a un promedio de USD 81 el próximo año a medida que se desacelere el crecimiento económico mundial. Se prevé que en 2024 los precios generales de los productos básicos caerán un 4,1 % y los precios de los productos básicos agrícolas disminuirán a medida que aumenten los suministros. También se espera que los precios de los metales básicos caigan un 5 % en 2024 y que los precios de los productos básicos se estabilicen en 2025.

Hasta el momento, los efectos en los mercados mundiales de productos básicos han sido limitados. Desde que estalló el conflicto, los precios generales del petróleo han aumentado alrededor de un 6 %. Los precios de los productos básicos agrícolas, la mayoría de los metales y otros productos básicos apenas se han movido.

Las perspectivas para los precios de los productos básicos se ensombrecerían rápidamente si el conflicto se intensificara. En el informe se describe lo que podría suceder en tres escenarios de riesgo basados en la experiencia histórica desde la década de 1970. Los efectos dependerían del grado de interrupción del suministro de petróleo. En un escenario de “poca interrupción”, el suministro mundial de petróleo se reduciría entre 500 000 y 2 millones de barriles por día, lo que equivale aproximadamente a la reducción observada durante la guerra civil de Libia en 2011. En este escenario, el precio del petróleo aumentaría inicialmente entre un 3 % y un 13 % con respecto al promedio del trimestre actual, y el barril pasaría a costar entre UDS 93 y USD 102.

En un escenario de “interrupción media” —equivalente en líneas generales a la guerra de Irak de 2003—, el suministro mundial de petróleo se reduciría entre 3 y 5 millones de barriles por día. Esto elevaría inicialmente los precios del petróleo entre un 21 % y un 35 %, de modo que el barril pasaría a costar entre USD 109 y USD 121. En un escenario de “interrupción considerable” —comparable al embargo árabe del petróleo de 1973—, el suministro mundial de petróleo se reduciría entre 6 y 8 millones de barriles diarios. Esto elevaría inicialmente los precios entre un 56 % y un 75 %, con lo que el barril pasaría a costar entre USD 140 y USD 157.

“El reciente conflicto en Oriente Medio se produce inmediatamente después de la mayor conmoción que han sufrido los mercados de productos básicos desde los años setenta: la guerra de Rusia con Ucrania”, señaló Indermit Gill, economista en jefe y vicepresidente sénior de Economía del Desarrollo del Banco Mundial. “Eso tuvo efectos disruptivos en la economía global que persisten hasta hoy.Los responsables de formular políticas deberán estar atentos.Si el conflicto se intensificara, la economía mundial enfrentaría una doble crisis energética por primera vez en décadas, no solo por la guerra en Ucrania, sino también por el conflicto en Oriente Medio”.

“El aumento sostenido de los precios del petróleo conlleva inevitablemente la suba de los precios de los alimentos”, afirmó Ayhan Kose, economista en jefe adjunto y director del Grupo de Perspectivas del Banco Mundial. “Si se materializara una crisis grave de los precios del petróleo, aumentaría la inflación de los precios de los alimentos, que ya es bastante elevada en muchos países en desarrollo.A fines de 2022, más de 700 millones de personas —casi una décima parte de la población mundial— padecían desnutrición.Una escalada del conflicto reciente intensificaría la inseguridad alimentaria no solo dentro de la región, sino también en todo el mundo”.

El hecho de que el conflicto haya tenido hasta ahora solo un impacto modesto en los precios de los productos básicos puede reflejar la mejora de la capacidad de la economía mundial para absorber las crisis de los precios del petróleo. Según el informe, desde la crisis energética de la década de 1970, los países de todo el mundo han reforzado sus mecanismos de defensa contra este tipo de conmociones. Han reducido su dependencia del petróleo: desde 1970, la cantidad de petróleo necesaria para generar USD 1 del producto interno bruto se ha reducido más de la mitad. Asimismo, cuentan con una base más diversificada de exportadores de petróleo y mayores recursos energéticos, como las fuentes renovables. Algunos países han establecido reservas estratégicas de petróleo, han creado mecanismos para coordinar la oferta y han desarrollado mercados de futuros para mitigar el impacto de la escasez de petróleo en los precios. Estas mejoras sugieren que una escalada del conflicto podría tener efectos más moderados de lo que habría tenido en el pasado.

Sin embargo, en el informe se señala que los responsables de formular políticas deben permanecer alerta. Algunas materias primas —en particular, el oro— están enviando señales de advertencia sobre las perspectivas. Los precios del oro han aumentado alrededor de un 8 % desde el inicio del conflicto, y guardan una relación particular con las preocupaciones geopolíticas: aumentan en períodos de conflicto e incertidumbre, lo que a menudo indica una erosión de la confianza de los inversores.

Si el conflicto se intensifica, los responsables de formular políticas en los países en desarrollo deberán tomar medidas para gestionar un posible aumento de la inflación general. Dado el riesgo de una mayor inseguridad alimentaria, los Gobiernos deben evitar las restricciones comerciales, como las prohibiciones a la exportación de alimentos y fertilizantes, ya que este tipo de medidas suele intensificar la volatilidad de los precios y la inseguridad alimentaria. También deben abstenerse de introducir controles y subsidios de precios en respuesta al aumento de los precios de los alimentos y el petróleo. Una opción más adecuada es mejorar las redes de protección social, diversificar las fuentes de alimentos y aumentar la eficiencia en la producción y el comercio de alimentos. A largo plazo, todos los países pueden reforzar su seguridad energética acelerando la transición hacia fuentes renovables, lo que mitigará los efectos de las crisis del precio del petróleo.

Compartí esta noticia !

El Banco Mundial proyecta que en 2023 el nivel de actividad económica retrocederá 2,5% en Argentina

Compartí esta noticia !

El Banco Mundial ajustó a la baja la perspectiva de crecimiento prevista para el corriente año para la Argentina, al proyectar una caída de 2,5% debido esencialmente a los efectos económicos causados por la sequía, mientras que para la región en su conjunto estimó una mejora de 2%.

En el plano regional, el organismo multilateral estimó que la mayoría de los países vienen gestionando de forma positiva los desafíos que presenta la débil demanda global, el mayor nivel de endeudamiento, la incertidumbre de la guerra con Ucrania y las presiones inflacionarias.

En el caso de la Argentina, la proyección es que el PBI caería 2,5% este año, mientras que para 2024 y 2025 estiman un crecimiento de 2,8% y 3,3%, respectivamente.

El organismo presentó hoy las proyecciones junto con el reporte económico “Conectados: Tecnologías digitales para la inclusión y el crecimiento” vía teleconferencia desde la ciudad de Washington William Maloney, economista jefe del Banco Mundial para la región.

En el contacto con la prensa, el vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, Carlos Felipe Jaramillo, dijo que la región “ha demostrado ser en gran medida resiliente a los diversos shocks externos posteriores a la pandemia, pero lamentablemente el crecimiento sigue siendo lento”.

Jaramillo indicó que “los países deben encontrar urgentemente formas de impulsar la inclusión y el crecimiento, mejorar la gobernanza y generar consenso social”.

“Las soluciones digitales pueden ser parte de la respuesta, ya que ayudan a complementar las reformas estructurales para aumentar la productividad, mejorar la prestación de servicios para la población y respaldar la eficiencia del gobierno”, agregó el vicepresidente del organismo para América Latina y el Caribe.

Sobre la posibilidad de aprovechar las tecnologías digitales para el crecimiento económico, Maloney señaló que “la inversión pública y privada en conectividad digital puede estimular nuevos sectores y empleos, ofrecer nuevas áreas de comercio y aumentar la eficiencia, la calidad y la inclusión de los programas gubernamentales que van desde la educación hasta la extensión agrícola en zonas rurales remotas”.

“Sin embargo, la conectividad digital no es una fórmula mágica para el crecimiento y puede exacerbar las desigualdades sociales existentes si no se hacen inversiones complementarias en habilidades, finanzas y sistemas regulatorios para hacer realidad la promesa de las tecnologías digitales para todos”, destacó el economista jefe regional para el organismo.

Además, el informe destacó que en estas últimas tres décadas la región pudo llevar adelante reformas macroeconómicas convenientes lo que garantizó una “una mayor resiliencia” ante shocks internos como la inflación y globales como la guerra en Ucrania, los bajos precios de las materias primas y la creciente deuda post pandemia.

También indicó el reporte que los indicadores de pobreza y empleo regionales volvieron a los niveles previos a la crisis y la inflación, excluyendo a Argentina y Venezuela, cayó a un promedio regional del 4,4 %, por debajo de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

A nivel global las perspectivas son mejores que hace seis meses, si bien sigue siendo adverso por las altas tasas de interés, bajo crecimiento de las economías avanzadas y la continuidad de perspectivas inciertas para China.

En la región las estimaciones de crecimiento son mayormente positivas, con Guyana encabezando el lote con una suba proyectada de 29% para 2023; seguido por Panamá (6,3%), Paraguay (4,8%), Brasil (2,6%), Bolivia (1,9%), Uruguay (1,5%) y Colombia (1,5%), entre otros.

Con números negativos, por el contrario, se ubicarían Argentina (-2,5%), Haiti (-2,5%) y Chile (-0,4%).

Por último, el organismo multilateral resaltó que es necesario que los países de la región le den un mejor tratamiento y busquen ventajas en la economía digital que incluya a los más pobres.

Compartí esta noticia !

Lo que hay que saber sobre el cambio climático y las sequías

Compartí esta noticia !

¿El cambio climático y las sequías están relacionados? A esta cuestión responden en el siguiente texto los autores del artículo titulado Droughts and Deficits: Summary Evidence of the Global Impact on Economic Growth (i) (Sequías y déficits: Resumen de evidencias sobre el impacto global en el crecimiento económico), Richard Damania, economista en jefe de Desarrollo Sostenible del Banco Mundial, y dos expertos de la Unidad de Desarrollo Sostenible del Banco: Esha Zaveri, economista sénior, y Nathan Engle, especialista sénior en Cambio Climático.

¿Están aumentando las sequías y la culpa es del cambio climático?

Los déficits de agua se están convirtiendo rápidamente en la nueva normalidad. Durante el último medio siglo, las “perturbaciones pluviales secas” extremas, esto es, precipitaciones inferiores al promedio, han aumentado un 233 % en ciertas regiones. Una perturbación de tipo seco que es una desviación estándar de la norma generalmente es un evento poco frecuente que podría incluir 15 de los episodios más áridos en un siglo. Una perturbación de tipo seco que es dos desviaciones estándar de la norma es aún más infrecuente e incluye los 2,5 años más áridos en un siglo. Dichos episodios de sequía deberían ser intermitentes, pero están ocurriendo con mayor frecuencia. Al mismo tiempo, las zonas con precipitaciones superiores al promedio están disminuyendo.

Nuestras observaciones empíricas son consistentes con otras proyecciones científicas de que para fines del siglo 21 la superficie terrestre y la población que enfrentan sequías extremas podrían duplicarse con creces a nivel mundial. Si bien los pronósticos de las precipitaciones futuras son muy inciertos, los modelos del cambio climático son unánimes en afirmar que las precipitaciones se volverán más erráticas y extremas con el aumento de las temperaturas.

Durante el último medio siglo, las “perturbaciones pluviales secas” extremas, esto es, precipitaciones inferiores al promedio, han aumentado un 233 % en ciertas regiones.

¿Dónde se producen las perturbaciones pluviales secas y quiénes son los más afectados?

La geografía y los niveles de ingreso son importantes. Los impactos son desiguales. Los países pobres que se encuentran normalmente en regiones áridas y semiáridas experimentan mayor cantidad de perturbaciones de tipo seco y son también más vulnerables a estas perturbaciones. En Somalia, por ejemplo, las precipitaciones en la temporada de marzo a mayo de 2022 fueron las más bajas de las últimas seis décadas. Gran parte de la República Democrática del Congo y Uganda también han tenido condiciones de mucha sequedad en comparación con el promedio. La sequía en el este de Etiopía, el norte de Kenya y Somalia llevaron a las Naciones Unidas a advertir que unos 22 millones de personas podrían estar en riesgo de hambruna en 2022.

No se encuentra un patrón de sequedad similar en los países de ingresos más altos que están normalmente en zonas templadas y húmedas, donde las precipitaciones también han sido mucho más variables en las últimas cinco décadas. Europa experimentó dos sequías excepcionales en 2018 y 2019, que los científicos consideraron inéditas en los últimos 250 años. En el otro extremo del espectro, en julio de 2021, en Europa se registraron precipitaciones récord e inundaciones graves; ese mismo mes, lluvias torrenciales provocaron inundaciones devastadoras en la provincia de Henan, China, obligando a más de 1 millón de personas a reubicarse.

En general, en el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) (i) se advierte que la colisión de eventos extremos será cada vez más frecuente. Adaptarse a esta creciente variabilidad puede ser difícil debido a la duración impredecible de una desviación, su magnitud incierta y su frecuencia desconocida.

En Somalia, las precipitaciones en la temporada de marzo a mayo de 2022 fueron las más bajas de las últimas seis décadas.

¿Cómo afectan a la pobreza las perturbaciones de tipo seco?

Las perturbaciones de tipo seco son especialmente dañinas para el crecimiento económico de los países en desarrollo. En comparación con condiciones normales, la sequía moderada reduce el crecimiento en los países en desarrollo en 0,39 puntos porcentuales, en promedio, mientras que la sequía extrema disminuye el crecimiento en alrededor de 0,85 puntos porcentuales. En un escenario en que el crecimiento general es inferior al 3 %, incluso perturbaciones moderadas podrían provocar una contracción del crecimiento. En cambio, las perturbaciones de tipo húmedo inciden muy poco en el crecimiento del PIB de los países en desarrollo.

Además de afectar al PIB, las sequías pueden ampliar la desigualdad social en los países de ingreso bajo y mediano, y tener impactos significativos y a largo plazo en las explotaciones agrícolas, las empresas y las familias. Una perturbación de tipo seco en los primeros 1000 días de vida de un niño puede tener consecuencias en las perspectivas futuras de ese niño. En las zonas rurales de África, las mujeres nacidas durante períodos de sequía grave alcanzan una estatura menor, reciben menos educación y, en última instancia, logran menos riqueza. Las consecuencias de las sequías pueden propagarse a través de generaciones (i), perjudicando no solo a las mujeres que las experimentaron, sino también a sus hijos, que tienen más probabilidades de sufrir malnutrición.

Además de afectar al PIB, las sequías pueden ampliar la desigualdad social en los países de ingreso bajo y mediano, y tener impactos significativos y a largo plazo en las explotaciones agrícolas, las empresas y las familias.

Se prevé que el cambio climático conducirá a sequías más graves en la mayoría de las regiones, por lo que si no se producen mejoras importantes en la forma en que los encargados de la formulación de políticas gestionan las sequías, el mundo se encamina hacia pérdidas aún más cuantiosas en materia de crecimiento económico y de los logros obtenidos en el área del desarrollo debido a estas perturbaciones de tipo seco prolongadas.


Atlas de los costos económicos de las sequías, 1994-2014
Atlas de los costos económicos de las sequías, 1994-2014Mapa basado en estimaciones del documento de trabajo Droughts and Deficits (i) (Sequías y déficits) (i) 

¿Qué pueden hacer los países para aumentar la resiliencia ante estas tendencias de sequía?

Cuando se abordan las sequías, el primer pensamiento que a menudo surge es la necesidad de almacenar agua para los episodios de aridez. Pero resulta que mantener la humedad del suelo puede contribuir en gran medida a reducir el impacto de las sequías. La humedad en el suelo alrededor de la zona radicular, llamada agua verde, es fundamental para sostener los sistemas terrestres y tiene impacto en las aguas subterráneas, los ríos y lagos, y el funcionamiento de todo el ciclo hidrológico. Por lo tanto, para manejar los efectos de las sequías es fundamental proteger y gestionar los bosques, paisajes y otros sistemas naturales que mejoran la salud del suelo y la retención de agua. Es probable que la conservación del “agua verde” sea una de las maneras más eficaces en función de los costos de prevenir los impactos adversos de las sequías.

Es probable que la conservación del “agua verde” sea una de las maneras más eficaces en función de los costos de prevenir los impactos adversos de las sequías.

Los países también deben invertir proactivamente en sistemas de información, instituciones e infraestructura que generen resiliencia frente a las sequías. Por ejemplo:

  • Sistemas de vigilancia y alerta temprana
  • Otras soluciones en materia de infraestructura, como la desalinización, los sistemas de reutilización y reciclaje del agua, y la recolección de agua de lluvia
  • Instituciones y planificación, a través de mecanismos como legislación sobre sequías para codificar las funciones y responsabilidades en la preparación y respuesta ante casos de sequía
  • Financiamiento de riesgos específico para grupos y sectores vulnerables
  • Planificación coordinada en múltiples niveles tanto para respuestas a contingencias a corto plazo como para planificación de inversiones a largo plazo

ENLACES RELACIONADOS

Informe: Droughts and Deficits: Summary Evidence of the Global Impact on Economic Growth (i)

Sitio web: Serie explicativa sobre el clima (i)

Sitio web: Banco Mundial: Cambio climático

Sitio web: Banco Mundial: Agua 

Compartí esta noticia !

En los países más pobres se está gestando una tragedia

Compartí esta noticia !

Por Indermit Gill y Ayhan Kose del Banco Mundial – Los 28 países más pobres del mundo enfrentan crecientes dificultades sociales, económicas y políticas, debido al aumento de la carga de la deuda, la disminución de las perspectivas de desarrollo y la falta crónica de inversión. Los países más ricos del mundo han elegido exactamente el peor momento para volverse menos generosos con la ayuda y la asistencia al desarrollo

Los países más pobres están en una situación desesperada, y el resto del mundo mira para otro lado. No requiere de demasiado esfuerzo, ya que los países de ingresos bajos poco importan para el destino del mundo en el corto plazo. A fines de junio, el PIB combinado de los 28 países que conforman este grupo era de aproximadamente USD 500 000 millones (i) –una gota en el océano de USD 100 billones que es la economía global–. Los países más pobres del mundo tampoco son los mercados exportadores ideales para nadie: el ingreso anual promedio es de apenas USD 1 000, y el conflicto y la inestabilidad son la norma para más o menos la mitad de ellos. 

De todos modos, en estos países viven 700 millones de personas y aproximadamente la mitad de ellos, en extrema pobreza. Desde hace mucho tiempo la gente muy pobre está acostumbrada al abandono de sus propios gobiernos, que suelen tener otras prioridades. Por ejemplo, gastan alrededor del 50% más (i) en guerra y defensa que en atención médica. Casi la mitad de sus presupuestos están destinados a los salarios del sector público (i) y a los pagos de intereses de deuda, mientras que apenas un 3% del gasto total del gobierno en los países de ingresos bajos se destina a ayudar a los ciudadanos más vulnerables. Esto representa una décima parte del promedio para las economías en desarrollo en líneas más generales. 

En consecuencia, no debería sorprender a nadie que una tragedia humana hoy se esté gestando en estos países. Los indicadores clave de desarrollo humano (i) en los países de ingresos bajos de hoy son mucho peores ahora que los del año 2000, antes de que muchos de estos últimos hubieran ascendido a un estatus de ingresos medios. Por ejemplo, la mortalidad materna es 25% más alta hoy y el porcentaje de la población con acceso a la electricidad ha caído del 52% a apenas el 40% en este grupo. La expectativa de vida promedio hoy es de apenas 62 años, entre las más bajas del mundo. 

Para colmo de males, las posibilidades de que estos países reciban ayuda del exterior se han reducido. Los países más adinerados han elegido exactamente el peor momento para volverse menos generosos.  Incluso antes de la pandemia, los flujos de ayuda extranjera a los países más pobres, especialmente el África subsahariana, ya se desaceleraban. Hoy, los países más ricos están redireccionando (i) un mayor porcentaje de sus presupuestos de ayuda extranjera a enfrentar el incremento de refugiados que llegan a sus propias orillas. Estos acontecimientos han dejado pocos caminos para la recuperación económica: para fines de 2024, el ingreso promedio de la gente en los países más pobres seguirá siendo casi 13% más bajo (i) de lo que se había proyectado antes de la pandemia. 

Entre 2011 y 2015, las subvenciones representaban alrededor de un tercio (i) de los ingresos gubernamentales en los países más pobres del mundo; pero ese porcentaje ha caído desde entonces a menos de una quinta parte. Los gobiernos de los países pobres han compensado la diferencia incurriendo en más deuda –y a tasas de interés punitivas–. Los porcentajes de deuda-PIB de los gobiernos en estas economías se han disparado del 36% del PIB (i) en 2011 al 67% el año pasado –el nivel más alto desde 2005 (con excepción de 2020)–. Catorce países de ingresos bajos hoy están sumamente endeudados o corren el riesgo de estarlo, más del doble que hace apenas ocho años.   

Cuando se reúnan en Nueva York para la Cumbre de los ODS de 2023 (i) de las Naciones Unidas, los líderes globales no pueden darse el lujo de hacer la vista gorda ante estos hechos. No deben olvidar la promesa fundamental de los Objetivos de Desarrollo Sostenible: “llegar primero a los más rezagados”. Aunque sigan siendo generosos con los refugiados que llegan a sus costas, los países más ricos deberían redoblar sus esfuerzos para poner fin a la miseria de raíz. 

Eso implica incrementar las opciones de recursos disponibles para los bancos multilaterales de desarrollo, para que puedan aumentar los subsidios y el financiamiento concesional para los países más pobres. Un mayor financiamiento no solo es un imperativo moral para evitar un desastre en las economías más pobres; es una cuestión de interés propio para todos los países con los medios para ayudar.  Los países del sur de Europa que tienen dificultades para gestionar los flujos migratorios deberían saber que se beneficiarán si respaldaran el desarrollo en países pobres como Nigeria. 

Los países más adinerados, y todas las instituciones financieras internacionales, deberían actuar de manera decisiva en tres frentes. Primero, deben aumentar el financiamiento concesional para los países más pobres, y hacer que la ayuda esté dirigida a afrontar los desafíos que vayan surgiendo como el cambio climático, la fragilidad económica y las pandemias. 

Un mayor apoyo también ayudará a que estos países inviertan en sectores críticos como la salud, la educación y la infraestructura, lo que mejorará su resiliencia y potencial de crecimiento. La efectividad de la ayuda (una preocupación importante para los donantes) se puede mejorar fortaleciendo la coordinación de los donantes y creando instituciones locales competentes para seleccionar, gestionar y monitorear los proyectos. Las instituciones financieras internacionales, por su parte, pueden ayudar a generar financiamiento privado en sectores que ofrezcan la promesa tanto de desarrollo como de ganancias. 

Segundo, debe acelerarse la restructuración de la deuda. El Marco Común para el Tratamiento de la Deuda más allá de la DSSI (Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda) (i) se ha esforzado por brindar ayuda desde que el G20 lo anunció hace casi tres años. Si llega a buen puerto, el acuerdo de restructuración de deuda (i) de Zambia con sus acreedores será un avance positivo; pero se concluyó hace tres meses y el país todavía está esperando el alivio de la deuda. 

El ritmo glacial del marco –y todas las incertidumbres que conlleva– han disuadido a muchos países de buscar la ayuda que tanto necesitan. Es hora de acelerar el ritmo (i). Para muchos países de bajos ingresos, restablecer la sustentabilidad de la deuda a largo plazo dependerá de la restructuración de la deuda. Sin ella, seguirán paralizados, incapaces de atraer el financiamiento privado que necesitan para enfrentar los enormes desafíos de desarrollo de esta década –desde crear empleos y mejorar el bienestar hasta hacer que el planeta sea más habitable–. 

Finalmente, debemos redoblar la apuesta en cuanto a la agenda de reforma, garantizando que las iniciativas globales destinadas a ayudar a los países más pobres se complementen con medidas domésticas ambiciosas. Las instituciones financieras internacionales pueden marcar una diferencia si ayudan a los países de ingresos bajos a movilizar recursos internos y mejorar las eficiencias del gasto y la gestión de la deuda.  También pueden respaldar los esfuerzos de los gobiernos para mejorar los marcos institucionales, crear capital humano, aliviar los impedimentos para la inversión privada y sacar partido del potencial de la tecnología digital. Todo esto impulsará las perspectivas de crecimiento de largo plazo de estos países. 

Se está agotando el tiempo. La creciente desesperanza entre los ciudadanos de los países más pobres alimentará un círculo vicioso que ya está en marcha. Desesperados por huir de la miseria de su país, muchos arriesgarán todo para encontrar refugio en el exterior. El sufrimiento de millones de personas en tierras lejanas no está tan lejos como parece. Es contagioso y ya se está derramando por las fronteras nacionales, con consecuencias globales impredecibles.  

  • INDERMIT GILL Economista en jefe del Grupo Banco Mundial y vicepresidente sénior de Economía del Desarrollo
  • AYHAN KOSE Economista en Jefe Crecimiento Equitativo, Finanzas e Instituciones (EFI) y Director para el Grupo de Análisis de las Perspectivas de Desarrollo del Banco Mundial.
Compartí esta noticia !

Sembrar las semillas del cambio para resolver la crisis del agua

Compartí esta noticia !

Por Saroj Kumar Jha – Resolver la crisis del agua es fundamental para nuestro futuro en un planeta habitable. La triple amenaza —ya sea en forma de exceso de agua, escasez de agua, o contaminación del agua—, exacerbada por el cambio climático, priva a miles de millones de personas de un acceso confiable a agua potable y saneamiento. Además, pone en riesgo a las economías, impulsa la migración y puede provocar conflictos. Necesitamos una acción global para garantizar la seguridad hídrica y un crecimiento verde, resiliente e inclusivo, y para abordar el nexo entre el agua, el clima y los conflictos.

A pesar de los avances, estamos atrasados en el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) relacionados con el agua, y esto tiene un efecto directo en el desarrollo general. Las tendencias actuales sugieren que, para 2030, 1600 millones de personas no tendrán acceso a agua potable gestionada de manera segura; 2800 millones carecerán de servicios de saneamiento seguros, y 1900 millones no contarán con instalaciones básicas para la higiene de manos.

Para una mejor gestión del agua deben estar presente las cuatro “i”: inversión, innovación, información e instituciones. El sector hídrico necesita un aumento masivo del financiamiento público y privado para satisfacer la demanda. La innovación puede aumentar la eficiencia, reducir los costos y disminuir el desperdicio. La disponibilidad de información —el intercambio de datos y conocimientos mundiales— ayuda a los Gobiernos a mejorar la seguridad hídrica y el saneamiento, al tiempo que promueve alianzas e inversiones específicas. Las reformas institucionales pueden generar un entorno más propicio para la inversión, aumentando la eficiencia e impulsando las economías y la creación de empleo.

Será necesaria una nueva forma de hacer las cosas, una nueva manera de pensar acerca del agua y de su gestión. Este es el propósito de la Semana Mundial del Agua de este año, cuyo tema es “Semillas de cambio: Ideas innovadoras para un aprovechamiento racional del agua en el mundo”. La conferencia, que tendrá lugar del 20 de agosto al 24 de agosto en Estocolmo (Suecia), es una invitación a replantear ideas, innovaciones y sistemas de gestión necesarios en un mundo cada vez más inestable y con escasez de agua.

Eventos mundiales de este tipo son los que pueden ayudar a generar ideas innovadoras y, fundamentalmente, inversiones. Las inversiones en agua ayudan a las personas, el planeta y la economía, y constituyen un factor crítico para acelerar la consecución de los ODS. A nivel mundial, las necesidades de inversión para el sector hídrico son superiores a USD 1,37 billones y los niveles actuales deben multiplicarse por seis para alcanzar el ODS 6 (agua limpia y saneamiento para todos) de aquí a 2030. Sin embargo, en la actualidad, el sector del agua atrae menos del 2 % del gasto público, y un nivel igualmente bajo de inversión privada en los países de ingreso bajo y mediano.

Se requieren medidas y financiamiento de los sectores público y privado, con una especial atención en los países y las regiones que están retrasados respecto de los ODS relacionados con el agua. Lo anterior tendrá impactos beneficiosos: cada dólar invertido en resiliencia genera un rendimiento de 4 dólares que se traduce en menores costos de la atención de la salud y mayor productividad, mejorando la calidad de vida y las perspectivas laborales, especialmente de las mujeres y los jóvenes. Ampliar las inversiones en el sector del agua dará como resultado personas y ecosistemas más saludables, mejores servicios para los agricultores, mejor almacenamiento de agua para lograr resiliencia a largo plazo y beneficios fiscales de larga duración. Los resultados positivos se sentirán especialmente en los países frágiles y vulnerables al clima y a los desastres, donde los conflictos y el cambio climático están ejerciendo una gran presión sobre las comunidades.

El Banco Mundial se focaliza en buscar soluciones. Como la principal entidad multilateral de financiamiento para el sector hídrico en los países en desarrollo, con una cartera de USD 27 000 millones, trabajamos para acrecentar el financiamiento público y privado y resolver la crisis del agua. En el ejercicio de 2023, los programas respaldados por el Banco Mundial proporcionaron acceso a servicios de abastecimiento de agua o saneamiento a casi 30 millones de personas.

Aprovecharemos este impulso y aceleraremos los avances en los próximos tres años. Tenemos previsto instalar sistemas de riego nuevos o mejorados en 8,5 millones de hectáreas, ayudar a 8 millones de agricultores (de los cuales 2 millones son mujeres) a adoptar tecnologías más avanzadas a través de la posible implementación en otros lugares del Programa por Resultados sobre Ahorro de Agua y Reducción de Metano en los Arrozales de Asia y África, y ampliar iniciativas de riego dirigidas por agricultores. También respaldaremos esfuerzos nacionales, como el Proyecto “One-WASH” en Etiopía, cuyo objetivo es proporcionar acceso a agua y saneamiento a 400 millones de personas. Los proyectos de resiliencia climática regional del Banco Mundial apuntan a reducir los riesgos de inundaciones y sequías que enfrentan 25 millones de personas en África oriental y meridional.

También seguiremos movilizando inversiones de hasta USD 50 000 millones en todo el sector del desarrollo y los Gobiernos a través de mecanismos de financiamiento innovadores que utilicen el capital privado y las garantías para mejorar la seguridad hídrica. Esta labor se basará en nuestro Plan de Acción sobre el Aumento del Financiamiento para el Sector del Agua, que se publicará próximamente, en el que se describirán las maneras que considera el Banco Mundial para aprovechar los instrumentos existentes y las nuevas soluciones de financiamiento a fin de movilizar más capital privado, innovación y conocimientos especializados para prioridades relacionadas con el agua y el clima a nivel nacional, regional y mundial.

Un aspecto más imperceptible, pero igualmente importante, del trabajo del Banco Mundial son sus documentos analíticos exhaustivos, respaldados por la Alianza Mundial para la Seguridad Hídrica y el Saneamiento (GWSP), que orientan las políticas y estrategias, fortalecen las instituciones y contribuyen a la agenda de desarrollo mundial. Por ejemplo, en el informe The Hidden Wealth of Nations: Economics of Groundwater in Times of Climate Change (La riqueza oculta de las naciones: La economía de las aguas subterráneas en épocas de cambio climático), publicado este año, se señala que las aguas subterráneas sirven como un seguro para múltiples riesgos de la naturaleza y son clave para la reducción de la pobreza, la resiliencia y la adaptación al cambio climático. En la publicación Droughts and Deficits (Sequías y déficits) se presentan nuevas estimaciones de los efectos de episodios secos y sequías en el producto interno bruto y se destaca la necesidad de proteger los bosques y otras formas de capital natural que afectan el ciclo hidrológico. En el documento What the Future Has in Store: A New Paradigm for Water Storage (Qué nos depara el futuro: Un nuevo paradigma para el almacenamiento de agua) se revela que, si bien la demanda de almacenamiento de agua va en aumento, se observa una reducción en el almacenamiento de agua dulce, lo que genera un déficit mundial en esta área. Además, se insta a una mayor cooperación entre las naciones a nivel de los recursos hídricos internacionales compartidos.

Junto con estas actividades de desarrollo de conocimientos, el Banco Mundial proporciona asistencia a los países en la toma de decisiones basadas en evidencias, a través de iniciativas como el Portal Mundial de Datos sobre el Agua, que se pondrá en marcha próximamente. Asimismo, movilizaremos y utilizaremos todas las asociaciones mundiales pertinentes que ya existen, y que han sido convocadas por el Banco Mundial, para aumentar el financiamiento dirigido a la seguridad hídrica y la adaptación al cambio climático. Todos estos esfuerzos cuentan con el apoyo de la GWSP, que reúne a asociados bilaterales y puede promover las inversiones proporcionando recursos en forma de donaciones ejecutadas por los beneficiarios para complementar las operaciones del BIRF y la AIF y ayudar a atraer financiamiento climático, y del Grupo de Recursos Hídricos 2030, una alianza mundial público-privada dedicada a la seguridad hídrica e integrada por representantes del sector privado y de otros ámbitos.

Pensamos en impulsar el cambio a través de estas asociaciones, como la GWSP y el Grupo de Recursos Hídricos 2030, y la convocatoria de eventos mundiales como la Semana Mundial del Agua, que congrega a asociados en el desarrollo para catalizar medidas concretas. Durante este evento, el Grupo Banco Mundial participará en varias sesiones sobre diversos temas, como la digitalización de las empresas de suministro de agua, las herramientas para gestionar los riesgos de inundaciones y sequías, los servicios de agua para los refugiados y la gestión inteligente del agua en el cultivo del arroz.

Puede seguir nuestras sesiones a través de @WorldBankWater usando la etiqueta #wwweek.

Enlaces Relacionados: 

Semana Mundial del Agua

GWSP

2030WRG

Agua: un recurso que puede acelerar el crecimiento verde, inclusivo y resiliente

SAROJ KUMAR JHA director global, Práctica Global de Agua

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin