Barcelona

Heridos y detenidos en las protestas en Barcelona por la detención de Puigdemont

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Miles de manifestantes portando banderas de Cataluña salieron a las calles de Barcelona para protestar contra la detención en Alemania del ex presidente el gobierno Catalán, Carles Puigdemont, buscado en España, informaron portales digitales.
Convocados por el grupo independentistas radical Comités de Defensa de la República, los manifestantes se congregaron sobre las Ramblas de Barcelona para marchar hacia la sede de la delegación de la Comisión Europea.

La detención de Puigdemont se produjo a la cooperación de los servicios secretos españoles y las fuerzas de seguridad alemanas, que trabajaron en conjunto para localizarlo antes de que llegará a Bélgica.
La Fiscalía de Schleswing-Holstein, donde fue arrestado, deberá analizar si ejecuta la orden de la justicia española y envía a Puigdemont a España para ser juzgado. El procedimiento puede demorarse entre 15 y 45 días, tiempo en el que permanecerá en Neumunter.
Hasta el momento, han sido atendidas 52 personas por lesiones de carácter leve producidas durante los incidentes en las protestas, entre ellas tres policías.
Tres independentistas han sido detenidos en los alrededores de la delegación del Gobierno en Cataluña, donde los antidisturbios han cargado y ha disparado salvas para evitar que algunos manifestantes, que les arrojaban objetos, rebasaran el cordón policial.
Los tres detenidos han sido arrestados por un delito de atentado a la autoridad en la confluencia de las calles Valencia y Roger de Lluria de Barcelona.

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Carles Puigdemont declara la independencia en el Parlamento, pero la deja en suspenso

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El presidente de Cataluña, Carles Puigdemont, declaró la independencia de esta región española tras el referendo del 1 de octubre, aunque suspendió sus efectos para abrir un proceso de diálogo.

Puigdemont dijo que defiende “el mandato del pueblo de Cataluña de ser independiente”, pero le pidió al Parlamento que “suspenda la declaración de independencia, para emprender un diálogo para llegar a una solución acordada”. 

Desde Madrid, el gobierno español de Mariano Rajoy había prometido actuar con firmeza, inclusive si se trata de una declaración retórica o sin efecto inmediato, y sobre la mesa está la suspensión de la autonomía regional o incluso decretar un estado de emergencia.

Rajoy comparecerá el miércoles en el Congreso de los Diputados.

En juego está el futuro de un territorio estratégico para España, con una superficie similar a la de Bélgica, con un 16% de su población y un 19% de su Producto Interior Bruto. Y desde Madrid, no piensan quedarse de brazos cruzados.

Sobre la mesa está la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que prevé la suspensión del autogobierno de Cataluña, restaurado tras la dictadura de Francisco Franco (1939-1975), o incluso decretar un estado de emergencia en la región.

En los últimos 100 años, el gobierno catalán ha proclamado en dos ocasiones la independencia, sin que llegara a materializarse. El primero en hacerlo fue Francesc Macià en 1931, y el segundo Lluís Companys, en 1934, lo que le costó ir a la cárcel.

Ante este horizonte, las empresas optaron por resguardarse: de las siete compañías catalanas en el selectivo bursátil español, seis trasladaron su sede a otras regiones españolas como los bancos CaixaBank y Banco Sabadell, o la energética Gas Natural.

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Con masivas marchas para reclamar diálogo, España se movilizó en defensa de la “unidad”

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Decenas de miles de personas se manifestaron el sábado en toda España en defensa de la unidad del país y pidiendo un diálogo que ponga fin a la peor crisis política del país en décadas, mientras Cataluña se alista para declarar su independencia.

En Madrid, la céntrica plaza de Colón estuvo abarrotada desde la mañana por miles de personas que ondeaban banderas de España en apoyo a la Constitución y la unidad. Los manifestantes, muchos de ellos con niños, gritaban “Viva España” y “Viva Cataluña“, y portaban pancartas como “No estáis solos” o “Se nos oye menos pero somos más”.

“He venido porque me siento muy española y me da mucha pena lo que está pasando. Intento estar aquí por la unidad, porque también me siento muy catalana. Mi familia vive en Cataluña”, dijo Rosa Borrás, una secretaria desempleada de 59 años, que habló con Reuters entre lágrimas.

“No pueden dividir familias”, agregó Borrás, quien llevaba un cartel en la espalda con el texto “Cataluña te queremos” dentro de un corazón.

A unos cientos de metros, en la plaza de Cibeles, miles de personas vestidas de blanco respondían a la iniciativa de un llamado al diálogo, convocada en unas 50 ciudades españolas. “Lo que hace falta es sentarse a dialogar y que no nos sigan dividiendo”, dijo a la televisión local Guillermo Fernández, organizador de la marcha “Parlem, Hablemos”.

El Parlamento catalán convocó el viernes un pleno para que el presidente de la región informe sobre la situación política actual, mientras que el delegado del Gobierno español en Cataluña ofreció disculpas por la actuación policial el 1 de octubre durante el referendo secesionista.

El Parlament dijo que se convocó la sesión el 10 de octubre para que el presidente de la Generalitat Carles Puigdemont informe “sobre la situación política actual”. El jueves el Tribunal Constitucional de España ordenó suspender un pleno previsto para el lunes en el que presumiblemente iba a debatirse una declaración unilateral de independencia.

En Barcelona, alrededor de 2.000 personas se dieron cita en la plaza de Sant Jaume, algunos con camisetas que pedían “Si us plau, dialoguen” (por favor, dialoguen).

“Se está produciendo una fractura social en Cataluña y eso hay que resolverlo por la vía del dialogo, nunca de unilateralismo de uno o de otro”, dijo José Manuel García, un economista de 61 años que acudió a la marcha vestido de blanco.

El martes se publicarán además los resultados definitivos del referendo. Según datos oficiales, el proceso tuvo una participación de 2,28 millones de personas -un 43 por ciento del padrón electoral- y el 90,18 por ciento votó por el “Sí”.

La perspectiva de una declaración de independencia ha agitado los mercados y ha provocado un aluvión de cambios de sede de empresas radicadas en la región, como Sabadell o Gas Natural.

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Bajo presión, el plan separatista catalán está cada vez más acorralado

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La fuga de empresas recalentó las divisiones internas entre los secesionistas; el antecesor de Puigdemont advirtió que no están listos para una “independencia real”

LaNación – La ilusión de la república naciente chocó de frente contra una pared. Con el reloj en marcha hacia la anunciada declaración de independencia, el gobierno catalán entró definitivamente en pánico. La fuga masiva de empresas recalentó ayer la disputa entre quienes quieren llevar el desafío hasta el final y los que piden frenar antes de que sea tarde.

El presidente regional, Carles Puigdemont, decidió postergar un día, hasta el martes próximo, la sesión parlamentaria en la que pretendía proclamar la ruptura. Él integra el bloque de los que quieren cumplir el compromiso asumido tras el accidentado referéndum del domingo, aun cuando las consecuencias políticas, judiciales y económicas se vislumbran dramáticas.

En pleno debate interno, apareció para pinchar el globo su antecesor, Artur Mas, jerarca de la plana mayor nacionalista. El dirigente advirtió al diario británico Financial Times que Cataluña no está lista aún para “la independencia real” y pidió cautela. “Para ser independiente hay algunas cosas que nosotros aún no tenemos”, señaló el ex presidente regional.

La cuestión ahora -dijo Mas- es cómo ejercer el derecho [a ser Estado independiente]. Para ello hay que tomar decisiones. Y tienen que tener un objetivo en mente: no se trata sólo de proclamar la independencia, sino de convertirse en un país independiente”.

¿Se acabó la fantasía? La voz de Mas resume el pensamiento de los sectores más pragmáticos del Partido Demócrata Europeo Catalán (PDeCAT), ex Convergencia, el grupo de centroderecha en el que milita Puigdemont. Tradicionalmente ligados a la burguesía catalana, sus dirigentes sufrieron el anuncio de los bancos CaixaBank y Sabadell de que mudarán el domicilio social de Cataluña a otras regiones de España para protegerse de la crisis.

Si ya se sentían incómodos con las acusaciones penales a las que se exponen si llegan a votar la declaración unilateral de independencia (DUI), ahora sienten que pueden causar una ruina económica profunda para Cataluña. El capital pudo más que el presidente Mariano Rajoy, el rey Felipe VI y los tribunales juntos.

El movimiento de las empresas no sólo augura un destino inviable en lo inmediato para una eventual república catalana. También sería una catástrofe para el futuro de la Comunidad Autónoma dentro de España. Al mudar sus sedes sociales, los bancos y las multinacionales como Gas Natural pasarán a tributar en otras regiones por los negocios que hacen en toda España. Eso causaría un agujero en los fondos que vuelven a Cataluña en concepto de coparticipación.

Santi Vila, conseller (ministro) de Empresa, fue el primero en gritar auxilio. Lo hizo en un artículo en el diario ARA, house organ del separatismo, en el que pidió detener la DUI: “Tenemos que reflexionar sobre si las prisas pueden estropear el sueño”.

Los moderados creen que el independentismo consiguió una victoria al celebrar el referéndum y que la represión de las fuerzas estatales en los colegios electorales les sumó simpatías dentro de Cataluña y en Europa. Sostienen que apurar la DUI echará a perder ese capital. Creen que se impone pensar en el largo plazo y forzar una negociación con España.

El otro partido de la coalición que gobierna la región, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), es más reticente a retroceder. Su líder, el vicepresidente regional, Oriol Junqueras, se mantiene en la ambigüedad.

Ayer se limitó a denunciar que la administración de Rajoy presionó a los bancos para que se mudaran. Y se permitió una reivindicación política que sonó a consuelo triste: “No se van a Madrid. Se van a los Países Catalanes”. Aludía a que Sabadell se muda a Alicante y la Caixa, a Valencia. Dos ciudades que los nacionalistas reclaman como parte integral de una patria grande catalana.

Los anarquistas de la CUP insisten en que la sesión del martes próximo será histórica. “Ése es el momento adecuado para ratificar el referéndum, declarar la independencia e iniciar el proceso constituyente. De esto estamos hablando”, señaló ayer el diputado Carles Riera. En medio del vendaval, Puigdemont mantiene la apariencia de que todo sigue. Anoche publicó los resultados del referéndum. Participaron, según esos datos, 2.286.217 personas, el 43% del padrón. De ellos, el 90,18% respondió que sí a la pregunta “¿Quiere que Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de república?”.

La proclamación de los resultados tiene relevancia en la lógica del separatismo. La ley que amparó el referéndum -suspendida por el Tribunal Constitucional (TC)- dispone que en las 48 horas posteriores a ese trámite el Parlamento se debe reunir y declarar la independencia.

Puigdemont pidió comparecer el martes ante la cámara. Para recalcular la fecha aprovechó un fallo del TC que había suspendido el pleno convocado para pasado mañana en el que se iba a debatir sobre la futura república. En su solicitud indica que pretende “informar sobre la situación política”. Nada más.

Compró tiempo. El gobierno catalán seguirá pidiendo una instancia de “diálogo y mediación”, lo que podría permitirle desactivar el desafío de modo honorable. Mientras, trabaja en esquemas para hacer una declaración de independencia acotada, que limite la reacción del Estado.

Atento a las tensiones, el gobierno de Rajoy hizo gestos hacia los separatistas. Por un lado, mandó a su delegado en Cataluña, Enric Milló, a pedir “disculpas” a los ciudadanos heridos en la represión. Por otro, el ministro vocero, Íñigo Méndez de Vigo, afirmó que si Puigdemont “vuelve a la legalidad” se podrá “hablar y dialogar”. Sutil cambio: la Moncloa decía hasta el día previo que el presidente catalán ya no era un interlocutor válido. Los independentistas piden algún guiño más de Rajoy para enmascarar una rendición. Por ejemplo, que retire los 10.000 policías y guardias civiles que desplazó a Cataluña por la crisis. El Ministerio del Interior se plantó: extendió el plazo de movilización de efectivos hasta el 18 de octubre.

Los obstáculos para los independentistas

Dinero

La huida en masa de empresas de Cataluña, con el gigante grupo financiero La Caixa a la cabeza, deja herido de muerte el sueño de la independencia y complicaría gravemente la salud financiera de la región. Al mudar sus sedes a otras zonas, los bancos y las grandes compañías -ayer se sumó Gas Natural, para instalarse en Madrid- dejarían de tributar en Cataluña, que se expone así a un dramático descenso en sus ingresos por coparticipación

Deserciones

El vértigo empezó a marear a figuras claves del frente separatista. En el Partido Demócrata Europeo Catalán (PDeCAT), el grupo liberal de Carles Puigdemont, crece la presión para que se eviten “medidas irreversibles”. El ex presidente catalán Artur Mas, miembro decisivo de la plana mayor nacionalista, pinchó el globo ayer al decir que Cataluña no está lista para la “independencia real”. Sólo los más radicales exigen ir por todo

Justicia

Los tribunales instruyen decenas de causas contra las autoridades catalanas; la primera señal fue la imputación por sedición (10 a 15 años de cárcel) contra el jefe de la policía autonómica. Proclamar la república conllevaría penas de entre 15 y 25 años (por rebelión) contra quienes participen de ese acto. Por la desobediencia cometida hasta ahora pueden sufrir condenas por malversación y otros delitos con sanciones penales y patrimoniales

Diplomacia

A pesar de la solidaridad que obtuvo el catalanismo después de la represión policial en los centros electorales del referéndum, la Unión Europea (UE) dejó en claro que no apoyará una secesión unilateral. Las críticas a Mariano Rajoy en la prensa internacional -un triunfo de los separatistas- no se tradujeron en un apoyo a la causa de la autodeterminación. Ni el Vaticano, ni la ONU, ni la UE tomaron la idea de promover una mediación

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Independentistas piden paz pero España teme un domingo negro

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El Gobierno español asegura que no se vota este domingo en Cataluña. Cataluña dice que sí. La Asamblea Nacional Catalana pide “resistencia pacífica” si los centros electorales están cerrados, pero hay temores por la llegada de grupos violentos de toda Europa.

El Gobierno español asegura que este domingo 1/10 no habrá ningún referéndum sececionista en Cataluña, mientras que el de la Generalitat (comunidad autónoma catalana) sostiene que dentro de 3 días se vota de manera unilateral.

Este viernes 29/9, el Govern dijo que el 1/10 están llamados a votar 5.343.358 catalanes en el referéndum anulado por el Tribunal Constitucional. Además mostró las urnas que se utilizarían en la consulta, una especie de contenedores de plástico con el escudo de la Generalitat, que les valieron algunas bromas en Twitter.

La Generalitat había comprado las urnas y las mantuvo escondidas todo este tiempo. El 17/9, el presidente del Gobierno catalán, Carles Puigdemont, declaró contar con un total de 18.000 unidades, más de las necesarias para prevenir posibles incautaciones.
Sin embargo, el Gobierno catalán se negó a brindar detalles sobre la logística de esta votación, tales como “quién se ocupará de revisar la pulcritud democrática de la jornada o cómo va a esquivar la prohibición de abrir los locales designados como centros electorales”, explica Daniel G. Sastre del diario El Mundo. Insisten en que habrá alternativas si se cierran los colegios o retiran las urnas. Recordemos que el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña ha ordenado a la policía que tome el control de los centros electorales y se asegure de que no haya urnas.

“Si alguien intenta impedir que haya una mesa, los catalanes podrán votar. Si alguien asalta un local de votación, los catalanes igualmente podrán votar”, señaló el vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras. “Cero violencia, máxima audacia. Si hay algún impedimento para entrar en los centros de votación, en ningún c aso utilizaremos la violencia. Sí que utilizaremos una resistencia pacífica, usaremos la audacia para entrar en los centros”, dijo la Asamblea Nacional Catalana (ANC) en un documento interno distribuido a sus miembros.

Pero de cualquier manera hay temores de que podrían producirse hechos violentos. Según la policía catalana, jóvenes de bandas de extrema izquierda, ultraderecha o anarquistas, del País Vasco, otras partes de España e incluso otros países, se han acercado a Cataluña de cara al referéndum. Se teme que podrían desencadenar disturbios. Se han desplegado más de 10.000 agentes en la región de cara al domingo. Por otro lado, el Gobierno español ha decidido restringir el espacio aéreo de Barcelona este viernes, a 3 días del referéndum.

“La actividad del domingo próximo de los grupos violentos está siendo investigada por el vasto grupo de agentes de inteligencia del Centro Nacional de España, Guardia Civil y Policía Nacional y, ha trascendido, que sus hallazgos justifican la alarma de que se esté ante la posibilidad de un ‘domingo negro’ el primero de octubre”, escribió Juan Carlos Algañaraz de Clarín.

Según E l Confidencial, entre los grupos de extrema derecha que se datán cita este fin de semana en Barcelona para “celebrar” el referéndum, hay elementos “peligrosos” del Frente Nacional que llegaron desde el sur de Francia. También se teme que haya altercados provenientes de anarquistas de toda Europa llegados a Barcelona.

La Ley del Referéndum, aprobada por el Parlamento catalán, estipula que un triunfo del “” impulsaría la declaración de la independencia dentro de los próximos 2 días -ignorando por completo el hecho de que la base legal de la votación ha sido suspendida por una Corte constitucional española, explica James Badcock de Foreign Policy, en una nota titulada: “España está coqueteando con otra guerra civil”-.

Consultado sobre si se seguirá a rajatabla lo que establece esta ley (es decir, si la Generalitat proclamará la independencia de Cataluña en 48 horas si se impone el “” -algo que es casi seguro que pasará porque los no soberanistas no están movilizados- sin importar el grado de participación que haya en el referéndum), Junqueras se negó a dar una respuesta clara. “Respetaremos el mandato democrático de los ciudadanos”, se limitó a decir el vicepresidente catalán.

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