BIDEN

Trump, el “mártir” americano 

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Estados Unidos no para, literalmente. El intento de asesinato del ex presidente republicano sembró emociones econtradas en un país que dejó el norte de costado hace rato. Entre ese hecho más que lamentable, Estados Unidos encara elecciones claves en este 2024.

La figura de Trump no para de crecer en las encuestas y éste casi magnicidio lo volvió a elevar en los sondeos. Parece ser que el crecimiento de Donald no necesita de un hecho tan fuerte, sino que él mismo ha sido el responsable de ser quien es, en cuanto a popularidad. 

Las elecciones serán el 5 de noviembre, y con un Biden cada vez más perdido, acarreando una posible interna dentro del Partido Demócrata, allana el camino para que Trump pueda volver a pisar la Casa Blanca.

El showman yankee

Si es por poner palabras exógenas a la política, queda justo decir que Trump ha convertido su carrera política en un show. No sería la primera vez en la historia, varios líderes a lo largo y ancho del mundo ya lo hicieron. Desde suntuosos faraones en el Antiguo Egipto hasta los populismos del siglo XX, se encargaron de hacer de la política un spot publicitario y de su imagen la de una estrella absoluta, con las acepciones válidas según la época histórica que están atravesando.

El caso de Trump es icónico por eso, él no necesitó de la política para transformarse en un mediático de primera, sino que, por lo contrario, fue mediático antes de ser presidente. Trump es uno de los empresarios más importantes de Estados Unidos, amasando una riqueza sumamente importante y siendo toda una celebridad en las calles de Nueva York previo a su cambio político. De hecho, él mismo participó en películas y series y estuvo envuelto en escándalos mediáticos donde siempre aparecía en algún magazine luciendo su típico cabello rubio y su polémico bronceado de color naranja. Esto le valió para construir una imagen excéntrica donde causaba emociones, positivas o negativas, pero las causaba. Y si hay algo cierto, es que en la política de la inmediatez actual no importa que es lo que se causa, sino causar para estar dentro del eje. De pronto, el bagaje de situaciones machistas en donde estaba envuelto Donald Trump fueron suficientes para generar opiniones y, también, trampolín para que su figura siga creciendo. 

Este panorama se vio aún mejor con el arribo imperioso de las redes sociales. El hecho de que las opiniones de los NN ahora tengan identidad en el ciberespacio, inclusive apoyadas por el anonimato, empujaron a que su identidad vaya tomando forma y pasará de ser un simple millonario excéntrico y mediático, a la voz autorizada del Partido Republicano con temas tan sensibles como su ferviente oposición a la migración.

Trump, el reflejo de su pueblo 

Su persona, más allá de lo mediático y si yendo a lo político es un fiel resultado de la población estadounidense. Trump no es un loco ni por asomo, es un hombre que creció bajo los privilegios del dinero y de un país que lo dejó crecer en los medios. Encarna a la perfección parte del sentir estadounidense y no me refiero a hacer plata y vivir de escándalo en escándalo. Trump le volvió a poner palabra a esa parte tan oculta (o ya no) de un Estados Unidos racista y xenofóbico. Fue y es la cara visible del sur profundo que creció bajo la herencia y al amparo histórico del destino manifiesto y aborreciendo las nuevas proclamas millenials y centennials, tales como el aborto, políticas de género y la pluralidad de naciones dentro de Estados Unidos. 

Ahora bien, más allá de lo que piense realmente cada vez que esté solo en su habitación, lo cual tal vez sea cierto o no, su práctica política no fue tan extremista como lo pregona al día de hoy. Su política exterior fue casi prolífica en término de mantener la paz armada. Rusia no se atrevió a pasar a mayores, de hecho, el conflicto con Ucrania le estalla a Biden. Su relación con Medio Oriente, si bien siempre fue cercana a Israel, tuvo vaivenes con los países árabes que se pelean por la hegemonía de la zona, de hecho, la guerra en Gaza también le revienta a Biden. Asimismo, quitó una gran cantidad de tropas de bases militares de otras partes del mundo, incluyendo Afganistán, manteniendo cierto orden allí. Inclusive, el retorno Talibán se da luego de la salida de Trump del poder.

En términos migratorios, no construyó el famoso muro con México. Si bien mantuvo una prédica combativa con su frontera, no logró el famoso cometido por el cual era tratado de racistas y xenofóbico. 

Esto no lo logró porque Trump es “bueno”, sino porque aunque no parezca, si cumplió con su premisa principal. El dijo y sigue diciendo “Make America great again”. Y eso le da sustento a sus acciones, hacer a Estados Unidos grande nuevamente es, en pocas palabras, pregonar un proteccionismo claro. La economía estadounidense estuvo evidentemente direccionada hacia los intereses internos, manteniendo una puja directa con China en la famosa guerra comercial, con el afán de mantener la competitividad de su industria en comparación con la de los productos ingresados desde Asia. 

Ese proteccionismo le llevó a centrar sus ojos en su país y no en el resto del mundo, por eso es que su política exterior no fue tan agresiva como lo planteaba en un principio. Allí radicó su secreto, que no es tan secreto, básicamente le dio un discurso a sus votantes y sus acciones fueron por un carril que no respondía a ese nivel de imposición.

Tal vez, Trump y su gente comprendieron que al estadounidense le interesa que le endulcen el oído con banalidades de grandeza y, mientras le mantengas la cerveza, la hamburguesa y el combustible barato, no habrá diferencia que valga. Al fin y al cabo, los yankees no son tan distintos a otras partes del mundo en cuanto a lo que quieren y a lo que no. La gran estrategia de Trump fue ganarse a la clase media como un mediático y cuando fue político les dijo lo que querían escuchar. Hoy, más que nunca, el republicano aplicó y sigue aplicando la táctica de las falsas elecciones de Estados Unidos con alienígenas implicados de un capítulo de Los Simpson: aborto para unos, banderitas para otros. 

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Circo Vip

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¿Son acaso los presidentes cada vez más estúpidos? Es una de las tantas preguntas que gran parte de la población se hace continuamente. Hechos bochornosos y poco lúcidos hacen que líderes mundiales se vean como monigotes que improvisan con el poder en las manos. Claro está, los principales casos se llevan todos los flashes.

Joe Biden es, quizás, el ejemplo más grande de alguien con una inoperancia in crescendo al mando de una potencia mundial. Furcios, errores públicos y hasta caídas. Sin embargo, no es el único ejemplo, y es, hasta posiblemente, un síntoma de la época.

“Cada pueblo o nación tiene el gobierno que merece”, soslayó, en plena Edad Moderna, el pensador Joseph de Maistre. A esta frase, André Malraux , le agregó “…los pueblos tengan los gobiernos que se merecen, sino que la gente tiene los gobernantes que se le parecen”. Si bien, lo último ya fue escrito en el siglo XX, parece lo más acertado. Para completar aún más: cada gobernante sale del mismo pueblo que gobierna. Ni se lo merecen ni se le parecen, sino que son. Casi rozando la filosofía barata de sucuchos vanguardistas. 

El político del siglo XXI

Salvando distancias y algunas acepciones, el dirigente occidental ha sido redirigido por un progresismo de cartón y por la sobre mediatización a un abismo de estupidez casi innata. La sociedad hiperconectada en la que vivimos, en la masa anestesiada, solo que gira hacia la banalidad como la forma de comunicación compleja. Una exacerbación de lo material por sobre lo humano, espiritual e intelectual, devienen en gobernantes que funcionen según la lógica de las personas que pretenden gobernar. Es decir, no es casualidad que Donald Trump haya hecho gran parte de su campaña por Twitter en su momento, o Mauricio Macri por Facebook. Allí se encuentra el núcleo duro de la opinión pública. 

Al ser algo al alcance de todos, los recortes son cada vez más evidentes en cuanto a la complejidad de la acción humana en sociedad. Hoy en día, los debates presidenciales no guardan relación en cuanto al beneficio o no de un sector, sino a quien “ganó” dicha discusión. Esa razón llevó a un Jair Bolsonaro al poder, por ejemplo, diciendo y haciendo comentarios negacionistas a plena luz del día, sin remordimiento alguno. 

Hay que hacer mea culpa, crecen por los micrófonos que la prensa les pone enfrente. 

Biden, hoy en día, es la representación viva de la inoperancia a cargo de un país. Quizás por su edad o por alguna cuestión relacionada a la salud, pero, ejemplos de esto sobran. Maduro cada vez que puede, avergüenza a los venezolanos. Alberto Fernández en su momento dijo cuanta estupidez posible con tintes que rozaron la xenofobia. ¿Y qué decir de Javier Milei? Es una persona que desconoce, prácticamente, la funcionalidad del Estado que pretende destruir, al menos en su discurso. 

La “involución” de la política

La historia nos puede mostrar grandes ejemplos de la diferencia entre pensadores y funcionarios del pasado, en comparación a la actualidad. Desde líderes determinantes como Napoleón Bonaparte, hasta hitos que se hicieron bandera como Ghandi. Más allá de que también cometieron errores políticos, como en el caso del francés, quien decidió invadir Rusia en invierno, algo completamente ineficaz, existía un clima de época que exigía mayor compromiso total. Sociedades de cambio, de revoluciones, de protestas y de desarrollo constante fueron las que impulsaron a que líderes de distinta orden pero con ambición monumental crezcan en el seno del pueblo. Es cierto que las sociedades también se equivocan, lastimosamente parieron a Hitler y Stalin, cada uno con sus particularidades, pero como grandes exponentes de la cara más horrible de la sociedad.

La generación que estamos atravesando en occidente, difícilmente logre parir un Carlomagno, un George Washington o un Simón Bolívar, por la simple premisa de que no les interesa o no los necesitan. 

Hoy en día, prima tener la foto más linda para ostentar más en redes sociales. Ese materialismo tan primitivo que solo busca evocar un falso status lleva a que la clase política responda con monigotes del panic show. Al espectáculo del social media solo le sirve un frontman más que un líder, un streamer más que un dirigente, una estrella más que un ordenador. Eso explica la razón de desopilantes hechos de presidentes mundiales occidentales que, difícilmente, tengan explicación en otras partes del mundo.

Oriente, la otra cara del show 

Mientras Trump y Biden se pelean por trivialidades, líderes como Xi Jinping o Putin son los que crecen en cuanto al dominio interno y a la extrapolación del poder en el extranjero. La influencia de estos mandatarios, en comparación a la de sus pares de occidente son cada vez más distantes. Cierto es que sus modelos políticos dictatoriales al 100% en algunos casos y en otros de manera parcial, son los que le dan soltura para poder moverse en el amplio campo de la política. Sin embargo, hoy al menos, es difícil que se vea a algunos de ellos involucrados en un show similar al que se tiene en el otro lado del meridiano de Greenwich. 

No todas son pálidas, al menos en EEUU, al respecto de esto. Hay un encontronazo directo del gran país del norte con TikTok. Principalmente son acusados de servir para el espionaje chino, aunque otra parte de la sociedad y funcionarios culpan a la plataforma de inundar a sus jóvenes de contenido basura, lo cual los aleja cada vez más de la política real, es decir, de la vida en sociedad y todo lo que le corresponde. De hecho, en China está prohibido crear contenido en contra de los valores chinos, siempre teniendo una perspectiva histórica e idónea, a la hora de generar discursos. Algo están sabiendo los chinos. 

En síntesis, si un pueblo es tranquilo, su gobernante será tranquilo o se lo sacará pronto, si un pueblo está agitado, su gobernante será un agitador o se lo sacará pronto. Los representantes, electos por el pueblo son el fiel reflejo de la idiosincrasia puesto a disposición de los mandatos. 

La culpa ajena es barata y regalarla no nos cuesta, diría Ricardo Iorio. Por eso es fácil insultar a un presidente por cual motivo exista, muchos válidos, otros no tantos. Sin embargo, no hay otra forma de ver esto como un simple espejo de lo que somos con un pueblo. Cuando un pueblo insulta a su presidente o se burla, como en el caso de Biden, simplemente se están riendo de sí mismos, porque fueron los que permitieron que llegue al poder y que se lo mantenga ahí. Más allá de todas las excepciones y tópicos a tener en cuenta para debatir de esto, lo que es mucho más extenso, los presidentes no son alienígenas que vienen de otro planeta, son nuestros vecinos y nacieron allí, si llegaron al poder es porque todos se lo permitimos, hasta el que no lo votó. Lo más tragicómico es que la verdadera élite, la económica, sabe a la perfección esto y lo usa a su favor. 

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Biden llamó “Presidente Putín” a Zelenski en la cumbre de la OTAN

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El presidente Joe Biden cometió un error al referirse erróneamente al presidente de Ucrania, Volodymyr Zelenski, como “presidente Putin” durante sus declaraciones en la Otan.

US President Joe Biden addresses the terrorist attacks in Israel from the State Dining Room of the White House in Washington, DC, on October 7, 2023. Palestinian militant group Hamas launched a surprise large-scale attack against Israel Saturday, firing thousands of rockets from Gaza and sending fighters to kill or abduct people as Israel retaliated with devastating air strikes. (Photo by Jim WATSON / AFP)

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, “presidente Putin” al mandatario de Ucrania, Volodímir Zelenski, al presentarlo en un evento de la cumbre de la OTAN con líderes de varios países. “Quiero pasar al presidente de Ucrania, que tiene tanto coraje como determinación; por favor, denle la bienvenida al presidente Putin”, dijo Biden. Este error, fue corregido rápidamente al expresar que está muy concentrado en “vencer a Putin”.

Aun así, representa la más reciente metida de pata de un mandatario que ha intentado proyectar fuerza y lucidez tras su desastroso desempeño en el debate hace dos semanas.

El evento contaba con la presencia de los líderes de todos los países miembros de la OTAN y mandatarios aliados al cierre de la cumbre de dos días celebrada en Washington.

Entre los firmantes de la declaración están Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia, Japón y el Reino Unido, así como el liderazgo del Consejo Europeo, de la Comisión Europea y el propio mandatario ucraniano.

Está programado que Biden responda preguntas de los periodistas en una conferencia de prensa, otro momento crucial para el presidente en el escenario mundial, en medio de crecientes llamados de sus aliados políticos para que se retire de la contienda por la reelección presidencial.

Fuente: CNN; Foto: EFE/EPA/WILL OLIVER / WILL OLIVER (EFE)

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Biden, el presidente fantasma

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Parece fácil criticar o emitir una opinión dura a miles y miles de kilómetros sobre, nada más y nada menos, el presidente con mas poder en el mundo. Sin embargo, Joe nos la pone muy difícil, un combo de desaciertos y una mala gestión lo está llevando al borde del cataclismo político.

El actual mandatario supera los 80 años y ha demostrado mucha flaqueza en su ámbito: la política. Sin embargo, lo que más preocupa hace meses es su salud. El presidente comenzó teniendo furcios y errores que cada vez se fueron haciendo mas notorios. Al principio, todo era risa, hasta que poco a poco, la sonrisa fue mutando hacia una clara mueca de preocupación. Joe Biden no es el vecino de acá a la vuelta, con todo el respeto que merece, es el presidente del país más poderoso del mundo. ¿Qué significa esto? Que cualquier decisión con el juicio nublado puede ser catastrófico para el resto.

Pasos en falso, caídas, lapsus, equivocarse con la causa de muerte de uno de sus hijos y hasta confundirse de países es parte del largo derrotero de errores. Su salud y el futuro del mundo van claramente de la mano.

Seguir o no seguir, esa es la cuestión

Casi parafraseando a la gran canción de The Clash, ¿debería quedarme o debería irme? (¿Should I stayorshould I go?) es el gran interrogante que tiene la carrera política de Biden en este momento. Sus desaciertos en público se suman a un debate presidencial contra Donald Trump que tuvo un claro resultado positivo para el republicano. En términos futbolísticos, su contrincante lo pasó por encima y le inclinó la cancha durante todo el debate. Biden se transformó en tiempo real en la gran tendencia global. El pedido de renuncia inundó las redes sociales. Claro, Biden es el candidato demócrata que busca su reelección a cargo de la Casa Blanca, sin embargo, sus aptitudes están en tela de juicio.

El problema no es solo el anonimato de redes sociales que permite que cuanto comentario tenga lugar sin ningún tapujo mediante. El tema se volcó en medios hegemónicos. The New York Times y Washington Post fueron durísimos con sus títulos y editoriales, sumado a una tapa ultra controversial de The Economist, donde literalmente se toman de su edad para marcar su impericia a cargo del país. A eso se le suma un tema más y que no es de menor importancia. El run run de que se baje de la carrera presidencial llegó a los estrados de legisladores y políticos de gran envergadura del Partido Demócrata.

Si sus pares se lo piden, la cuestión se pone complicada. La Casa Blanca negó todo. Aparentemente Joe Biden sigue firme, ahora, le pregunta es ¿debe seguir? Una persona que demostró tantos furcios y declaraciones ambiguas y erróneas en tan poco tiempo es materia de análisis en cualquier trabajo. El tema con Biden es que no es un cualquiera, sino el presidente de Estados Unidos. La respuesta más evidente es que no puede estar al frente del gigante norteamericano. La negligencia política al frente del Estado puede llevar a agigantar problemas geopolíticos. De hecho, hay dos guerras en curso donde EEUU tiene participación indirecta al menos: Ucrania y Gaza. Si un Biden desequilibrado sigue al frente del país, estos conflictos tal vez se agranden. El hecho es de una lógica inexpugnable, Biden no estaría en sus cabales para gobernar un país y no está mal decirlo.

Asimismo, con la imagen negativa que viene cosechando hace tiempo que llegó a su pico en el último debate presidencial, su derrota en las urnas pareciera ser un hecho completamente consumado. Su nombre puede quedar marcado como uno de los candidatos a presidentes con mayor desaprobación en mucho tiempo en la longeva historia estadounidense. Básicamente, en frente, tiene un hombre procesado y que podría ir a la cárcel. Trump con severos cargos y una persecución constante de la ley le lleva la delantera. Perder una elección con un contrincante en esa situación es el sinónimo de la decadencia política del Partido Demócrata, si es que permite que esto tenga asidero. Por otro lado, los yankees parecen estar llegando al precipicio político que viene padeciendo Argentina hace rato: no votan al mejor, votan al menos malo.

Biden, más problemas que soluciones

Su gestión estuvo marcada por una falta de efectividad a la hora de resolver conflictos. Biden hizo una campaña extensa con el apoyo a migración legal y con el hecho de facilitar la ciudadanía. Hoy en día, la crisis migratoria es imparable. La impericia de políticas concretas y a tiempo llevó a que la frontera con México se desborde por donde se lo mire. A eso se le suma una economía claramente resentida a través de un proceso inflacionario, que, si bien es leve, preocupa a largo plazo.

Quizás el punto más flaco de su gestión, razón por la cual se desataron las desavenencias económicas es por su pésima política exterior. Dos guerras le explotaron en las manos, sumado a un retorno poco deseable en el panorama internacional. El régimen Talibán volvió al poder en Afganistán.

Uno diría, rápidamente, que EEUU siempre se mete en conflictos y no debería ser algo que nos asombre. Sin embargo, en clave minuciosa, la preocupación va más allá de sus fronteras. Estados Unidos es un claro financista de la máquina bélica de Ucrania. Una derrota ucraniana en el campo de batalla sería una derrota estadounidense, que en términos de política exterior sería denigrante y cuestionable. Con Israel, la cosa es un tanto distinta. EEUU apoya a ultranza al régimen de Netanyahu, pero está siendo apuntado por cometer crímenes de guerra en Gaza. Si eso se confirma, las manos del Tío Sam volverán a mancharse con sangre de Medio Oriente.

Todo esto financiado “con la tuya, contribuyente” estadounidense, y no es que no lo saben, sino que es algo que se le recrimina con total seriedad. Desde republicanos hasta algunos demócratas.

Biden parece estar acabado. Sus errores en todo ámbito lo están empujando al retiro total, el problema es que, si no se da cuenta a tiempo, puede arrastrar a un partido histórico con él. Si el Partido Demócrata desaparece, ¿abre camino al socialismo como una vía electoral en EEUU? Que no sorprenda que la radicalización ideológica arribe al gigante del norte, como pasa ahora en Francia, por tomar un solo ejemplo de varios que existen en la geopolítica mundial. Ultraizquierdistas contra derechistas conservadores y neofascistas, ese parece el nuevo escenario global, y si Biden “no la ve”, su país va a terminar así también.

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Un Trump al ataque aprovecha los lapsus e indecisiones de Biden para imponerse en el primer debate de las presidenciales de 2024

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El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y el expresidente Donald Trump se enfrentaron en un tenso cara a cara este jueves en el primer debate televisado de las elecciones de 2024, en el que el republicano aprovechó los lapsus de su rival para dominar los intercambios e imponerse.

La animadversión mutua que se profesan ambos políticos quedó clara al inicio del debate, cuando no se dieron la mano al salir al escenario del estudio de la cadena CNN en Atlanta en el que se celebró el encuentro.

Biden por momentos, pareció perder el hilo de sus pensamientos y tropezó en varios puntos, provocando lo que algunos analistas describieron como “pánico” dentro del Partido Demócrata.

Ambos candidatos se acusaron mutuamente de mentir sobre temas que van desde los veteranos y la frontera hasta el estado de la economía estadounidense y la inflación.

Trump, al tiempo que repetía afirmaciones que se ha demostrado que son falsas o evitaba responder preguntas, atacó repetidamente a Biden por su manejo de la economía y su historial de política exterior, así como por las cifras récord de llegada de inmigrantes.

Biden, por su parte, apuntó a la reciente condena penal de Trump y repitió que su rival es “una amenaza a la democracia”.

Esta es la segunda vez que Biden y Trump se disputarán la Casa Blanca después de que el republicano perdiera las elecciones de 2020, aunque ambos todavía deben ser nominados oficialmente por sus respectivos partidos.

Tras el mal desempeño de Biden, se escucharon voces desde el lado demócrata que sugerían que el partido debería plantearse presentar a otro candidato a las elecciones de noviembre, algo que a estas alturas parece altamente improbable.

A diferencia de debates anteriores, este debate se celebró sin una audiencia en vivo y también contó con micrófonos silenciados para los candidatos durante el tiempo de palabra asignado a su oponente, lo que evitó que se reinara en el caos que caracterizó el primer debate Trump-Biden en 2020.

Biden dubitativo y Trump a la defensiva

Biden
A Biden no le ayudó su afonía, que hacía difícil entender algunas de sus respuestas.

Según destaca el editor para Norteamérica de la BBC, Anthony Zurcher, sobre todo en la primera parte del debate, debido a sus lapsus e indecisiones, Biden estuvo contra las cuerdas en muchos de los intercambios, en los que se trataron temas como la economía, la inmigración o las guerras de Ucrania y Gaza.

Según Zurcher, algunas de las respuestas de Biden fueron confusas y poco claras, “lo que sin duda aumentará la preocupación de muchos estadounidenses de que pueda ser demasiado mayor para ser presidente”.

Tampoco le ayudó a Biden su afonía, que hacía difícil entender algunas de sus respuestas y que los responsables de su campaña atribuyeron a un resfriado.

“Pero como un boxeador contra las cuerdas, Biden comenzó a dar grandes golpes contra su oponente en un intento de cambiar el rumbo del debate”, señaló Zurcher.

Biden, tras recordar la condena de Trump por cargos derivados de una supuesta relación con la estrella de cine para adultos Stormy Daniels, dijo que el expresidente tenía “la moral de un gato callejero”.

“No tuve relaciones sexuales con una estrella del porno”, respondió Trump.

Trump también se mostró a la defensiva al hablar de su respuesta al ataque del 6 de enero de 2021 al Capitolio de Washington y evitó responder a algunas preguntas, repitiendo en algunos segmentos afirmaciones falsas.

Pero según Zurcher, en el tema de la economía y la inmigración –las cuestiones que los votantes estadounidenses dicen en las encuestas son más importantes para ellos– Trump se mostró confiado y claro en sus ataques al historial de Biden, mientras que las refutaciones del presidente fueron menos efectivas.

“Realmente no sé lo que dijo (Biden) al final de esa frase, y no creo que lo supiera él tampoco”, bromeó Trump en un momento.

Trump

Según Zurcher, Trump ofreció en gran medida una actuación ágil y disciplinada. “Evitó el tipo de interrupciones y la beligerancia que socavaron su primer debate en 2020 y, siempre que fue posible, devolvió la discusión a ataques al historial de Biden”.

“En repetidas ocasiones hizo afirmaciones que no estaban respaldadas por hechos o que eran falsedades absolutas, pero Biden en gran medida fue incapaz de arrinconarlo con ellas”.

Cuando el tema pasó al aborto, por ejemplo, el expresidente desvió repetidamente la atención hacia lo que él dijo que era extremismo demócrata. Afirmó, incorrectamente, que los demócratas apoyan los abortos después del nacimiento de los bebés.

Pero los ataques de Biden en un área donde podría haber sumado puntos fracasaron.

EE.UU.
Millones de estadounidenses siguieron el debate por televisión.

La cuestión de la edad

En los últimos meses muchos estadounidenses han expresado en las encuestas su preocupación por la edad y la aptitud de Joe Biden, quien tiene 81 años, para el cargo y, según Anthony Zurcher, este debate no disipó esas preocupaciones.

“El presidente llegó al debate con un listón bajo que superar y tropezó. Estaba plano. Estaba divagando. No estaba claro”, señaló Zurcher.

“Aproximadamente en mitad del debate, la campaña de Biden les dijo a los periodistas que el presidente estuvo luchando contra un resfriado, en un intento de explicar su voz ronca. Puede que sea así, pero también parecía una excusa“.

Cuando se le preguntó a Biden sobre el tema de la edad en el debate, mencionó brevemente que durante la primera mitad de su carrera fue uno de los políticos más jóvenes elegidos para el Senado de Estados Unidos. Luego se centró en su historial económico.

Según destaca desde Atlanta la periodista de la BBC Courtney Subramanian, es típico que un político responda la pregunta que quiere en lugar de la que le hacen, “pero Biden se ha visto perseguido por la preocupación de si podrá mantenerse en el cargo otros cuatro años (tendría 86 años al final de un segundo mandato).

“El debate fue una oportunidad para brindar una respuesta clara y contundente sobre por qué su edad es una ventaja y no una vulnerabilidad y, desafortunadamente, fue una oportunidad perdida“, señaló Subramanian.

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