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El negocio de la deuda: billeteras digitales, tasas impagables y apuestas online detrás de la nueva morosidad

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La economista Mercedes D’Alessandro advirtió en Batalla Cultural que el crecimiento de la morosidad no puede explicarse únicamente por las decisiones de quienes toman créditos. La caída de los ingresos, las tasas exorbitantes, la expansión de las billeteras virtuales y el auge de las apuestas online conformaron un mercado que obtiene rentabilidad de hogares cada vez más vulnerables.

La discusión sobre el endeudamiento de las familias suele comenzar por el último eslabón de la cadena: la persona que utilizó la tarjeta por encima de sus posibilidades, aceptó un crédito desde el teléfono o acumuló cuotas que después no pudo pagar. La economista misionera Mercedes D’Alessandro propuso invertir esa mirada. Antes de responsabilizar al deudor, planteó, es necesario observar quién diseñó el préstamo, a qué tasa lo ofreció, qué información tenía sobre la capacidad de pago del cliente y cuánto dinero ganó mientras la deuda se volvía impagable.

En una entrevista con el programa Batalla Cultural, D’Alessandro situó el aumento de la morosidad dentro de una transformación económica más profunda. La pérdida de poder adquisitivo, la destrucción de puestos de trabajo, el deterioro de las jubilaciones y el retroceso de las políticas de ingresos empujaron a numerosos hogares a financiar gastos esenciales. Pero esa crisis encontró, además, una infraestructura digital preparada para convertir la necesidad en un negocio disponible las 24 horas.

El interrogante, entonces, excede la conducta individual: ¿el problema son quienes se endeudan o quienes construyeron un modelo de rentabilidad basado en endeudarlos?

D’Alessandro describió un desacople que atraviesa la economía argentina: los ingresos de los hogares cayeron con mayor intensidad que el consumo. Esa diferencia no representa una inesperada capacidad de resistencia, sino que fue cubierta mediante tarjetas, préstamos personales, adelantos de dinero y créditos otorgados por plataformas financieras.

“El consumo no cayó tanto como cayeron los ingresos. Ese consumo que no terminó de caer se financió con deuda, que fue lo único que creció y creció durante estos años”, detalló. 

Después de la fuerte devaluación inicial del Gobierno de Javier Milei, la aceleración de los precios produjo una pérdida de poder adquisitivo que, según la economista, nunca terminó de ser reparada. A ese golpe se sumaron los despidos en el Estado y el sector privado, la caída del empleo formal, el congelamiento del bono para jubilados y el deterioro de la jubilación mínima.

Las familias, sin embargo, no pueden reducir determinados consumos en la misma proporción. La comida, los medicamentos, los alquileres, las tarifas, el transporte y los útiles escolares no son gastos prescindibles. Cuando el salario deja de alcanzar, la deuda aparece como un ingreso sustituto: permite llegar hasta fin de mes, pero compromete los ingresos del mes siguiente.

Así se conforma una dinámica acumulativa. Se toma un crédito para cubrir una necesidad inmediata; la cuota reduce los recursos futuros; el nuevo faltante obliga a refinanciar el saldo o contraer otra obligación. En ese circuito, la deuda deja de ser una herramienta para anticipar consumo y se transforma en un mecanismo permanente de supervivencia.

La pandemia aceleró una transformación que, en condiciones normales, habría demandado varios años. El uso de pagos electrónicos creció de manera exponencial, mientras que las extracciones de dinero en cajeros automáticos perdieron participación.

El Ingreso Familiar de Emergencia impulsó la bancarización de millones de personas que hasta entonces se encontraban fuera del sistema. Las billeteras virtuales multiplicaron sus usuarios y el código QR se incorporó a la vida cotidiana. Comprar, transferir, cobrar una prestación o pedir dinero prestado pasó a concentrarse en la misma pantalla.

Aquella expansión tuvo un costado inclusivo: permitió que millones de personas accedieran por primera vez a una cuenta y realizaran operaciones sin depender del efectivo. Sin embargo, también abrió una puerta de entrada masiva al crédito con escasos controles y tasas muy elevadas.

Antes, recordó D’Alessandro, obtener un préstamo exigía presentarse en una sucursal, acreditar ingresos, demostrar capacidad de pago y, en muchos casos, conseguir un garante. Ahora la oferta aparece dentro de la aplicación, con un monto “preaprobado” y la posibilidad de aceptarlo inmediatamente.

La facilidad tecnológica eliminó fricciones, pero también debilitó los momentos de evaluación. El prestamista posee información detallada sobre los movimientos del usuario, sus ingresos, sus consumos y su saldo disponible. Pese a ello, puede ofrecerle una cuota que absorba una porción desproporcionada de sus recursos.

D’Alessandro relató el caso de su padre, jubilado de la mínima, a quien le ofrecieron un préstamo de dos millones de pesos cuya primera cuota se acercaba a los 188.000 pesos. La contradicción resulta evidente: el sistema conoce los ingresos del cliente, pero igualmente propone una obligación difícilmente compatible con su capacidad de pago.

No se trata solamente de una imprudencia del usuario. Existe una decisión empresarial de colocar el crédito aun cuando los indicadores anticipan un elevado riesgo de incumplimiento. Ese riesgo, además, ya está incorporado en tasas, cargos, intereses punitorios y mecanismos de refinanciación que pueden mantener al deudor dentro del circuito durante años.

La vulnerabilidad convertida en mercado

La economista puso especial énfasis en los sectores de menores ingresos. Mencionó a las titulares de la Asignación Universal por Hijo, los jubilados que cobran la mínima y las personas con discapacidad, grupos para los cuales el crédito suele destinarse a cubrir necesidades básicas y no consumos extraordinarios.

Según sostuvo durante la entrevista, ocho de cada diez mujeres que cobran prestaciones a través de Mercado Pago se encuentran endeudadas. En esos casos, la pregunta sobre el destino del dinero es central: buena parte de esas obligaciones se origina en la compra de alimentos, medicamentos, vestimenta o materiales escolares.

Desde la economía feminista, D’Alessandro definió ese fenómeno como deuda de cuidados. Las mujeres suelen asumir gastos vinculados con la crianza y el sostenimiento cotidiano del hogar, incluso cuando no reciben la cuota alimentaria correspondiente. La deuda no financia un activo capaz de generar ingresos futuros, sino bienes que se consumen inmediatamente.

Esa característica reduce las posibilidades de repago. Quien se endeuda para comprar comida no obtiene con ella un rendimiento que permita cancelar el préstamo. Cuando llega la cuota, el ingreso continúa siendo insuficiente y la necesidad reaparece.

Por eso, cuestionar únicamente al tomador del crédito supone ignorar la asimetría entre las partes. De un lado se encuentra una persona cuyo ingreso no alcanza para cubrir gastos esenciales. Del otro, bancos y empresas tecnológicas con bases de datos, algoritmos, capacidad para medir riesgos y poder para fijar unilateralmente las condiciones.

Frente a la multiplicación de proyectos para atender la morosidad, D’Alessandro advirtió que una política de desendeudamiento no debería convertirse en un rescate indirecto a bancos y fintech. “No queremos un salvataje a los bancos. Los bancos y las fintech tienen una responsabilidad gigantesca por haber aplicado tasas exorbitantes a personas de sectores vulnerables”, aseveró. 

Si el Estado aporta beneficios fiscales o fondos públicos para garantizar el cobro completo de las deudas, el resultado puede ser paradójico: se socializan las pérdidas mientras se preserva la rentabilidad de quienes otorgaron créditos a tasas excesivas.

La propuesta en la que colaboró para la Legislatura porteña parte de otro criterio. Los acreedores deben asumir una parte del costo mediante la eliminación de intereses punitorios, la reducción de tasas y, para los sectores más vulnerables, quitas sobre el capital.

También planteó explorar la creación de un fondo financiado por el propio sistema o mediante un aporte extraordinario. Una alternativa sería utilizar la diferencia entre la tasa promedio del mercado y las tasas efectivamente cobradas a los sectores de mayor vulnerabilidad.

El principio económico consiste en distribuir responsabilidades. Si la entidad obtuvo ganancias mediante condiciones abusivas o colocó préstamos sin atender la capacidad real de pago, no debería quedar completamente al margen de la solución.

El antecedente citado por D’Alessandro es el programa Desenrola Brasil, impulsado por el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva después de encontrar alrededor de 70 millones de personas con problemas para pagar sus compromisos. El mecanismo permitió renegociar las obligaciones de unos 15 millones de deudores mediante acuerdos entre el Ministerio de Hacienda, el Banco Central y las entidades financieras.

El Estado constituyó un fondo de garantías, pero la clave estuvo en las negociaciones: se aplicaron fuertes reducciones de intereses y descuentos de capital. 

Según explicó D’Alessandro, el fondo prácticamente no necesitó utilizarse. La intervención pública funcionó principalmente como instancia de coordinación y presión para que los acreedores aceptaran una parte de la pérdida.

Apuestas online: la nueva fábrica de deuda

La digitalización no modificó solamente el acceso al crédito. También trasladó el juego al teléfono celular y creó un circuito en el cual préstamo, transferencia y apuesta pueden realizarse sin salir de una misma plataforma.

La experiencia brasileña reveló esta nueva dimensión. Al analizar las causas de la morosidad durante el programa de desendeudamiento, las autoridades detectaron una proporción creciente de obligaciones asociadas con apuestas online, particularmente entre los jóvenes.

D’Alessandro señaló que cuatro de cada diez jóvenes presentan problemas de morosidad. En esa franja, el deterioro laboral convive con la expansión de aplicaciones que ofrecen bonos de bienvenida, incentivos para la primera apuesta y sistemas diseñados para sostener la permanencia del usuario.

La operatoria reduce todas las barreras. La casa de apuestas está disponible a cualquier hora; el medio de pago se encuentra vinculado al teléfono y, en algunos casos, el propio ecosistema digital facilita el acceso al dinero. Un joven puede apostar fondos prestados, usar la tarjeta de sus padres o comprometer ingresos que todavía no posee.

Brasil avanzó sobre esta conexión al prohibir el uso de tarjetas de crédito y determinadas herramientas fintech para financiar apuestas. También restringió los bonos promocionales y encendió una alarma al detectar que beneficiarios del programa Bolsa Família destinaban parte de esos ingresos al juego.

D’Alessandro mencionó un estudio brasileño que estimó en alrededor de un punto del producto bruto interno los recursos absorbidos por las apuestas online. Además de sus consecuencias sociales, el fenómeno tiene un impacto macroeconómico: es dinero que deja de circular en comercios y servicios y se transfiere hacia las plataformas de apuestas y sus estructuras financieras.

La publicidad masiva durante los grandes acontecimientos deportivos terminó de normalizar el negocio. Las marcas de apuestas se incorporaron a camisetas, transmisiones, clubes e influencers hasta diluir la frontera entre entretenimiento y juego de azar. El riesgo dejó de presentarse como riesgo y comenzó a ofrecerse como una experiencia cotidiana.

Las grandes plataformas ocupan una posición privilegiada en el nuevo mapa financiero. No solamente administran pagos: observan en tiempo real cuánto cobra una persona, qué compra, con qué frecuencia transfiere dinero y cuándo se queda sin saldo.

Esa concentración de información les permite conocer mejor que nadie el grado de vulnerabilidad de sus usuarios. Por eso, la discusión regulatoria no puede limitarse al porcentaje de la tasa. También debe examinarse cómo se seleccionan los clientes, qué estímulos reciben, de qué manera se presentan los préstamos y qué mecanismos utilizan los algoritmos para inducir decisiones.

La tecnología no es neutral cuando está diseñada para eliminar el tiempo de reflexión. Un crédito preaprobado, una apuesta bonificada y una transferencia inmediata forman parte de una misma economía de la urgencia: cuanto menor es la distancia entre el deseo o la necesidad y la operación, menor es también la posibilidad de ponderar sus consecuencias.

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Desde septiembre, el nuevo sistema del BCRA cambia cómo se pagan las cuotas de los préstamos

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A partir del 31 de agosto, bancos y billeteras deberán tener disponible el Cobro con Transferencia (CCT), el nuevo mecanismo diseñado por el Banco Central para modificar la forma en que se cobran las cuotas de los préstamos. La herramienta permitirá que una entidad acreedora solicite el pago desde una cuenta bancaria o de pago previamente autorizada por el cliente, aunque esa cuenta pertenezca a otra institución.

El cambio llega en un momento particularmente sensible para el sistema financiero. La morosidad de los créditos otorgados por proveedores no financieros aumentó con fuerza y convirtió la eficiencia de los mecanismos de cobranza en una cuestión estratégica para bancos, fintech y empresas de crédito. La nueva herramienta busca ordenar ese proceso, pero su capacidad para reducir efectivamente la mora dependerá de que el deudor tenga fondos disponibles en la cuenta que autorizó.

Qué cambia con el Cobro con Transferencia

El CCT fue creado mediante la Comunicación “A” 8406 y apunta a reemplazar las modalidades de transferencias inmediatas utilizadas para determinados cobros recurrentes. El Banco Central estableció este mecanismo como la única modalidad de transferencias inmediatas habilitada para ese tipo de operaciones.

En términos prácticos, el funcionamiento tendrá similitudes con un débito automático. La diferencia es que técnicamente se tratará de una transferencia iniciada por el acreedor a partir de un consentimiento previo del titular de la cuenta.

El cliente deberá seleccionar y vincular una cuenta bancaria o de pago identificada mediante CBU o CVU. Una vez otorgada la autorización, la entidad que concedió el crédito podrá solicitar el cobro de cada cuota. El consentimiento podrá ser revocado posteriormente a través de los canales electrónicos habilitados.

La principal novedad para el usuario es que ya no será indispensable que la cuenta desde la cual se paga el préstamo pertenezca al mismo banco o entidad que otorgó el crédito. Una persona podrá autorizar, por ejemplo, una cuenta de otra institución financiera o una billetera virtual, siempre que se encuentre dentro del esquema habilitado.

El sistema no permite buscar dinero en cualquier lugar

El nuevo mecanismo tiene límites precisos sobre los fondos que pueden utilizarse para cancelar una cuota. El CCT alcanza los saldos disponibles en cuentas a la vista o cuentas de pago identificadas mediante CBU o CVU.

Eso significa que no habilita a las entidades acreedoras a recorrer indiscriminadamente todos los activos financieros de un cliente.

Los fondos depositados en cuentas de inversión o instrumentos financieros que no formen parte directamente de la cuenta autorizada quedan fuera del mecanismo. Por eso, tener dinero dentro del sistema financiero no implica necesariamente que ese saldo pueda ser utilizado para cancelar automáticamente un préstamo mediante CCT.

La distinción adquiere importancia a medida que se multiplican las relaciones financieras de una misma persona. Un cliente puede cobrar su sueldo en un banco, mantener ahorros en otra entidad y utilizar una billetera virtual para sus gastos cotidianos. El CCT no unifica automáticamente esos fondos: requiere que el usuario haya autorizado específicamente la cuenta correspondiente.

Hay un límite para los intentos de cobro

El mecanismo tampoco habilita una búsqueda permanente de fondos. La normativa contempla un intento de cobro por cada período y hasta dos reintentos, separados según los plazos establecidos.

Si los intentos fracasan porque no existe dinero suficiente en la cuenta autorizada, el acreedor deberá recurrir a otra vía para reclamar la cuota. No podrá utilizar el CCT indefinidamente ni ejecutar mediante este mecanismo un cobro retroactivo cuando el cliente haya recibido fondos posteriormente.

Este aspecto constituye uno de los principales puntos de preocupación para bancos y fintech. Una persona puede no disponer de saldo el día del vencimiento y recibir su salario algunos días después. Si para entonces ya se agotaron los intentos previstos, la entidad deberá utilizar otro mecanismo de cobranza.

La limitación también evita que el sistema se transforme en una herramienta de extracción automática de fondos sin límites temporales.

Qué préstamos pueden cobrarse mediante CCT

El diseño regulatorio establece condiciones para los créditos que pueden utilizar este mecanismo. En principio, alcanza préstamos cuyas cuotas sean fijas e iguales durante la vigencia del contrato, con excepciones específicas.

Entre ellas aparecen los intereses moratorios o punitorios generados por intentos fallidos de cobro y determinadas variaciones vinculadas con seguros.

La normativa también establece que la relación entre cuota e ingreso no debe superar el 30% al momento de originación del crédito. De esta manera, el CCT no fue concebido como una autorización general para cobrar cualquier obligación recurrente, sino como una herramienta encuadrada dentro de determinadas condiciones crediticias.

Por qué el cambio llega en medio del aumento de la mora

La implementación se produce mientras crece la irregularidad de los préstamos otorgados por proveedores no financieros de crédito.

El último informe del Banco Central sobre ese segmento registró una tasa de irregularidad del 26,9% en febrero de 2026, 9,7 puntos porcentuales más que en agosto de 2025. En los préstamos personales, la irregularidad llegó al 34,1%.

El universo involucrado es amplio: alrededor de 12,1 millones de personas tenían financiamiento de proveedores no financieros de crédito y más de 7 millones estaban vinculadas al segmento fintech.

En ese contexto, un sistema que facilite el cobro de cuotas cuando existen fondos disponibles puede reducir costos operativos y mejorar la previsibilidad de las cobranzas. Pero hay una diferencia fundamental entre hacer más eficiente el cobro y reducir la morosidad.

El CCT puede resolver el problema de una persona que tiene dinero en una cuenta autorizada pero no realizó manualmente el pago. No puede resolver, en cambio, una situación de incapacidad efectiva para afrontar la cuota.

Bancos y fintech cuestionan la implementación

El sector financiero planteó reparos vinculados principalmente con la operatoria y los tiempos de implementación. La preocupación central pasa por los casos en que el cliente posee fondos, pero no en la cuenta que autorizó para el cobro o no los tiene disponibles durante los momentos en que se realizan los intentos.

También genera interrogantes la imposibilidad de buscar automáticamente dinero en diferentes cuentas pertenecientes al mismo titular.

A pocos días de la entrada en vigencia, distintas entidades trabajaban en los desarrollos técnicos necesarios y trascendieron pedidos de precisiones e incluso planteos para postergar o revisar determinados aspectos de la implementación.

Según información publicada por iProUP, Banco Galicia aparecía entre las entidades más avanzadas en el desarrollo, mientras otras instituciones y al menos una fintech especializada en préstamos todavía realizaban ajustes.

La situación técnica será relevante porque la obligación regulatoria comienza el 31 de agosto, pero la experiencia efectiva del usuario dependerá de que bancos, billeteras y prestamistas puedan integrar correctamente sus sistemas.

Una reforma que puede cambiar la relación entre bancos y clientes

El CCT introduce una modificación relevante en la arquitectura de los pagos recurrentes. Hasta ahora, buena parte de los mecanismos de cobranza dependía de una relación más directa entre el acreedor y la entidad donde se encontraba la cuenta del cliente.

El nuevo esquema habilita una lógica interoperable: el préstamo puede ser otorgado por una institución y pagado desde una cuenta administrada por otra.

Para los usuarios, esto amplía la capacidad de elegir desde dónde pagar y puede simplificar la administración de las cuotas. Para las entidades, supone una nueva infraestructura de cobranza que podría reducir fricciones, aunque también obliga a resolver problemas técnicos y operativos que no existían bajo esquemas más cerrados.

El punto decisivo será el equilibrio entre ambas partes. La herramienta debe facilitar el cumplimiento de las obligaciones sin convertir el consentimiento del usuario en una autorización ilimitada sobre sus recursos.

Por eso, la entrada en vigencia del CCT será apenas el primer paso. El verdadero test comenzará cuando millones de operaciones cotidianas permitan comprobar si la interoperabilidad mejora el pago de préstamos, reduce costos de cobranza y disminuye los incumplimientos asociados exclusivamente a problemas de disponibilidad o de canal de pago.

En un escenario de morosidad creciente, el desafío del Banco Central será que una reforma pensada para hacer más eficiente el sistema de pagos también preserve reglas claras sobre consentimiento, límites de cobro y control por parte de los usuarios. La tecnología puede hacer más automático el pago de una cuota, pero no puede sustituir la capacidad económica necesaria para afrontarla.

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Deuda y morosidad récord: CADAM advierte que el crédito se convirtió en un “salvavidas de plomo”

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La Cámara Argentina de Distribuidores y Autoservicios Mayoristas (CADAM) volvió a poner el foco sobre uno de los factores que comienza a condicionar con mayor fuerza al consumo: el creciente endeudamiento de los hogares y el peso que las cuotas, intereses e impuestos tienen sobre los ingresos disponibles de las familias.

La entidad recordó que había advertido sobre este escenario en febrero de 2025, cuando publicó un informe bajo el título “Créditos a los sectores vulnerables: ¿Un salvavidas o un ancla?”. Entonces señalaba que el acceso al financiamiento, lejos de funcionar necesariamente como una herramienta de alivio para los sectores de menores ingresos, podía terminar profundizando sus dificultades financieras.

Más de un año después, CADAM sostiene que aquella advertencia cobró especial vigencia ante el crecimiento de la morosidad de las familias, particularmente en los préstamos concedidos fuera del sistema bancario tradicional, un segmento en el que adquirieron mayor protagonismo las fintech y las billeteras virtuales.

El fenómeno tiene una derivación que excede al mercado financiero. Para los distribuidores mayoristas, cada peso que los hogares deben destinar al pago de cuotas, intereses y cargos financieros es un peso que deja de estar disponible para alimentos, artículos de limpieza y otros productos esenciales.

De ese modo, el deterioro de la capacidad de pago termina trasladándose al consumo masivo, en momentos en que los hogares deben administrar con mayor cautela sus ingresos.

El costo de la morosidad termina en la tasa

CADAM plantea que tanto las entidades bancarias como las plataformas financieras deberían quedar sujetas a una regulación que contemple especialmente sus niveles de morosidad.

El argumento es que una cartera con una elevada proporción de créditos incobrables no afecta solamente a la entidad que concedió esos préstamos. Ese riesgo termina incorporándose al costo financiero de los nuevos créditos y, finalmente, trasladándose a quienes sí cumplen con sus obligaciones.

“Cuando una entidad presta mal y acumula incobrables, incorpora ese costo a la tasa de interés. En definitiva, el que paga termina pagando también por el que no paga”, advirtió la cámara.

Sobre esa base, CADAM propone evaluar mecanismos mediante los cuales los altos niveles de morosidad deriven en mayores exigencias regulatorias o de encajes para las entidades financieras.

La organización aclara que el planteo no apunta a establecer controles directos sobre las tasas de interés, sino a generar incentivos para mejorar los criterios de otorgamiento y promover un esquema de crédito más responsable.

Impuestos que también encarecen el financiamiento

A la tasa de interés y al riesgo de incobrabilidad se suma, según el diagnóstico de los mayoristas, la presión tributaria que recae sobre las operaciones financieras.

Ingresos Brutos, Sellos y otras cargas provinciales o municipales forman parte de la estructura de costos que finalmente enfrenta quien toma un préstamo.

CADAM resume esa combinación en una ecuación: costo del dinero, más incobrables, más impuestos, igual a crédito caro.

Por eso, la entidad considera que una política orientada a recuperar el consumo debería actuar simultáneamente sobre ambos frentes: reducir la morosidad mediante una regulación más estricta sobre la calidad de las carteras crediticias y disminuir los impuestos que encarecen los préstamos personales.

“Si queremos recuperar el consumo, debemos bajar la morosidad y sacar los impuestos que encarecen el financiamiento de los préstamos personales”, sostuvo la cámara, que también reclamó una mayor intervención regulatoria del Banco Central sobre bancos y fintech.

El planteo adquiere relevancia porque el deterioro financiero de los hogares puede generar un círculo difícil de quebrar. Las familias recurren al crédito para compensar la falta de ingresos disponibles, pero el costo del financiamiento reduce posteriormente su capacidad de compra. A medida que aumenta el peso de las cuotas, se achica el margen para el consumo cotidiano y crece, al mismo tiempo, el riesgo de incumplimiento.

Para CADAM, allí radica el problema que había anticipado en 2025: cuando el buen pagador debe absorber parte del costo generado por la morosidad y, al mismo tiempo, soportar los impuestos incorporados al financiamiento, el crédito deja de funcionar como una herramienta para atravesar dificultades o anticipar consumo y termina convertido en un “salvavidas de plomo”.

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Personal Pay incorpora dólar MEP y amplía su oferta de inversiones

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Personal Pay, la billetera virtual de Personal, actualiza una vez más la oferta de propuestas de valor para sus clientes, con la suma de una nueva funcionalidad para operar moneda extranjera, más precisamente dólar MEP, en la app 

Este instrumento ampliamente utilizado en Argentina para el ahorro en dólares, como nueva funcionalidad de la app permitirá que, en el mismo entorno digital utilizado todos los días para finanzas personales y operaciones de la economía cotidiana como transferir dinero, pagar el transporte público y/o los servicios, se puedan realizar operaciones con moneda extranjera.  

Para comenzar a operar dólar MEP en Personal Pay, por primera y única vez, será necesario abrir una cuenta comitente sin costo, que requiere aceptar Términos y Condiciones y la Declaración Jurada sobre venta de valores negociables contra moneda extranjera. Luego, la app solicitará la verificación de identidad, instancia que requiere la validación de datos biométricos. Aprobada esta instancia, ya es posible avanzar con la compra de moneda extranjera.  

Pasos para operar dólar MEP en Personal Pay 

  1. Ingresar al botón “Dólar MEP” o la sección “Inversiones” desde la home de Personal Pay. 

2)  Ingresar el monto en pesos a gastar o dólares a comprar y apretar el botón    “Continuar”. Los pesos se debitarán del dinero en cuenta.  

3)  Confirmar la compra, aceptando la Declaración Jurada por la operación. 

4)  Los dólares se acreditarán en la cuenta en dólares generada en la app.  

La compra y venta de dólar MEP estará disponible en días hábiles, dentro del horario del mercado y su cotización estará visible de manera permanente en la pantalla.

Con este lanzamiento, Personal Pay amplía la propuesta de valor a sus clientes, sumando una nueva funcionalidad a las ya consolidadas: préstamos personales, cuenta remunerada, tarjeta prepaga y beneficios exclusivos, entre otras. Con más de 5 millones de clientes, Personal Pay se consolida como una de las principales fintech de Argentina y la región, ofreciendo soluciones que simplifican la conexión de las personas con su dinero y centralizan su operatoria financiera en una única app. 

Cuenta comitente abierta y operada a través de Industrial Valores S.A (AlyC y AN Propio N° 143 inscripto ante CNV)

Personal, es la marca de servicios de Telecom Argentina SA. Integra un ecosistema de servicios que amplía el acceso y el uso de la tecnología. Ofrece conectividad fija y móvil en todo el país a través de Personal Fibra y Personal Móvil, con redes de fibra óptica, 4G y 5G que sostienen la vida digital de personas, hogares y organizaciones. Con Personal Flow acerca TV y streaming; con Personal Pay, soluciones financieras digitales; con Personal Tech, servicios de tecnología y transformación digital para empresas y organismos públicos; y con Personal Smarthome y Tienda Personal, soluciones para hogares conectados y acceso a dispositivos.

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Misiones elimina retenciones sobre transferencias bancarias para pequeños contribuyentes

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El gobernador Hugo Passalacqua anunció una nueva medida de alivio fiscal destinada a pequeños contribuyentes de Misiones: a partir del 1 de agosto dejarán de aplicarse las retenciones de Ingresos Brutos sobre las transferencias bancarias, ampliando así el esquema de desgravación que ya había alcanzado a las billeteras virtuales.

La decisión, instrumentada por la Agencia Tributaria Misiones (ATM), establece que el beneficio alcanzará a los monotributistas de hasta la categoría D que cumplan con determinados requisitos de facturación.

Desde el organismo explicaron que las condiciones serán exactamente las mismas que rigen para la exclusión de retenciones en billeteras virtuales. Es decir, podrán acceder quienes sean monotributistas hasta la categoría D y no hayan registrado transferencias superiores al límite establecido para esa categoría, actualmente fijado en $2.184.404.

Además, señalaron que ese monto será actualizado con los nuevos parámetros del Monotributo durante agosto, aunque el cambio recién tendrá impacto operativo en septiembre debido a la mecánica de confección de los padrones de inclusión y exclusión que utilizan las entidades financieras.

“La medida es igual en todos sus términos. Son los mismos requisitos, las mismas condiciones y el mismo régimen. La única diferencia es que una alcanza a las transferencias bancarias y la otra a las billeteras virtuales”, explicaron desde ATM.

La decisión forma parte de la estrategia de simplificación tributaria impulsada por el Gobierno provincial para reducir costos financieros y administrativos de los pequeños contribuyentes, especialmente comerciantes, profesionales y emprendedores que operan mediante medios electrónicos de pago.

Con esta ampliación, Misiones extiende el alivio fiscal tanto al sistema bancario tradicional como a las plataformas de pagos digitales, evitando retenciones sobre movimientos que, en muchos casos, afectaban el flujo de fondos de los monotributistas.

La provincia viene implementando una serie de medidas de modernización tributaria y reducción de cargas para favorecer la formalización de la economía y mejorar la competitividad de las pequeñas actividades económicas.

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