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Misiones habilita la primera fase del plan para recuperar al yaguareté en Yabotí

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El Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables de Misiones dio un paso clave en la estrategia de conservación del yaguareté al otorgar la viabilidad ambiental preliminar al proyecto de “Plan de suplementación poblacional” en la Reserva de Biosfera Yabotí. La medida, formalizada mediante la Resolución Nº 113 del 17 de abril de 2026, habilita el avance de una iniciativa que busca recuperar la población silvestre del felino más emblemático de la región.

El proyecto se desarrollará en el Parque Provincial Esmeralda, en el municipio de San Pedro, dentro de un predio de 30.000 hectáreas. Allí se prevé la construcción de recintos de manejo en una superficie cubierta de 707,89 metros cuadrados, como parte de una intervención de largo plazo con una vida útil estimada en 20 años. La Reserva de Biósfera Yabotí se extiende sobre unas 250,000 hectáreas de selva, donde aún sobreviven especies en peligro como el Águila Harpía y el propio yaguareté. Estudios recientes muestran que el Parque Provincial Esmeralda, situado dentro de la reserva, cuenta con una abundancia de presas que podría sostener a una población mayor de estos felinos, en caso de que se concrete el refuerzo poblacional.

El eje del plan es la suplementación poblacional con ejemplares de ADN misionero, con el objetivo de fortalecer la base genética de la especie y asegurar su permanencia en el hábitat natural. Según se desprende del expediente técnico, la iniciativa busca consolidar la recuperación del yaguareté dentro del Corredor Verde misionero.

La estrategia se inscribe en el Plan de Gestión de la Reserva de Biosfera (2025–2034), que prevé implementar el manejo activo de la especie hacia 2027. En esta primera etapa, el foco estará puesto en el desarrollo de técnicas de cría en cautiverio bajo condiciones naturales controladas, con vistas a la futura reintroducción en ambientes adecuados.

El proyecto no solo busca reintroducir ejemplares en Yabotí, sino también crear políticas de restauración y conservación de los corredores de biodiversidad. “No podemos realizar una reintroducción sin abordar los factores que llevaron a la disminución de la especie. Estos factores incluyen la cacería, la pérdida de hábitat y los atropellamientos,” indicó el director del IMiBio.

Misiones, según estudios del IMiBio, podría potencialmente albergar entre 250 y 300 yaguaretés en total si se optimiza el entorno y se controlan las amenazas. La reserva de Yabotí, junto con áreas aledañas, tiene suficiente superficie y fauna de presas para soportar una población considerable de estos grandes felinos.

La Comisión Técnica de Evaluación de Impacto Ambiental consideró “oportuno, meritorio y conveniente” avanzar con la viabilidad preliminar, aunque estableció un conjunto de exigencias que el proponente -la Subsecretaría de Obras y Servicios Públicos de la provincia- deberá cumplir en un plazo de 60 días.

Entre las principales obligaciones figuran:

  • Presentar información técnica complementaria con mayor nivel de detalle.
  • Cumplir con planes de contingencia, gestión ambiental y monitoreo mensual.
  • Informar cualquier modificación del proyecto antes de su ejecución.
  • Minimizar impactos ambientales durante todas las etapas de la obra.

Además, se impusieron restricciones ambientales estrictas, como la prohibición de introducir especies exóticas, la obligación de restaurar áreas intervenidas y la preservación absoluta de cursos de agua y nacientes.

La estrategia no es una reintroducción o rewilding, como ocurrió en Corrientes. En Misiones el animal nunca desapareció completamente. Lo que se busca es reforzar la población. Si el proyecto prospera, la reserva Yabotí podría albergar entre 20 y 30 yaguaretés en el futuro. Pero el objetivo va más allá de los números.

Mientras que en Corrientes la fundación Rewilding ha tenido éxito en la reintroducción de yaguaretés en los Esteros del Iberá, donde actualmente hay 50 ejemplares en libertad, Misiones aún no ha implementado programas masivos de este tipo. En esta ocasión, el proyecto de refuerzo poblacional en Yabotí busca desarrollar técnicas de suplementación de individuos siguiendo normas técnicas internacionales y bajo el cumplimiento de la legislación vigente.

Un proyecto bajo el paraguas constitucional y ambiental

La resolución se apoya en el artículo 41 de la Constitución Nacional -que consagra el derecho a un ambiente sano- y en la Ley General del Ambiente (Nº 25.675), que establece la Evaluación de Impacto Ambiental como herramienta obligatoria para la toma de decisiones.

En ese marco, el Ministerio remarcó que la EIA es un procedimiento “técnico-administrativo con carácter preventivo” que permite analizar la viabilidad ambiental antes de ejecutar cualquier proyecto, garantizando que no comprometa los recursos para futuras generaciones.

La viabilidad otorgada no implica una autorización definitiva, sino el inicio de un proceso de evaluación más profundo. El proyecto deberá cumplir con todas las exigencias técnicas y ambientales para avanzar hacia su aprobación final.

Con esta resolución, Misiones refuerza su posicionamiento como una de las provincias líderes en políticas de conservación, apostando a la recuperación de una especie clave para el equilibrio ecológico de la Selva Paranaense.

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IMiBio pone en agenda el ADN como herramienta de política pública: ciencia, salud y biodiversidad en el centro del debate

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Este 23 de abril, en Posadas, la jornada que se realiza en su sede no solo reúne a investigadores, sino que pondrá sobre la mesa una discusión de fondo: cómo el conocimiento genético puede influir en decisiones de gobierno vinculadas a la conservación y la salud. En ese marco, el investigador Diego Cadena Mantilla anticipó parte del enfoque: el ADN como puente entre biodiversidad, desarrollo y políticas públicas. La tensión es clara: ¿puede la ciencia convertirse en insumo efectivo para la toma de decisiones estatales?

Del laboratorio al territorio: el ADN como herramienta de gestión

El encuentro, abierto con inscripción previa y enmarcado en el Día Internacional del ADN (25 de abril), busca mostrar cómo una herramienta técnica puede tener impacto concreto en la gestión pública. Desde el IMiBio, el enfoque apunta a integrar investigación, conservación y desarrollo productivo.

Cadena Mantilla explicó que una de las líneas centrales es el uso del llamado ADN ambiental, una metodología que permite detectar especies a partir de rastros genéticos en el entorno —como pelos o residuos biológicos— sin intervenir directamente en el hábitat. El dato no es menor: habilita monitoreos no invasivos y la detección temprana de especies invasoras, lo que puede traducirse en decisiones más rápidas en materia de control ambiental.

La lógica institucional detrás de este enfoque es clara: generar información precisa para anticipar problemas, en lugar de reaccionar cuando el daño ya está consolidado. En ese esquema, el ADN deja de ser solo una herramienta de laboratorio y pasa a ser un insumo estratégico para la gestión.

Diego Cadena Mantilla, investigador del IMiBio

Biodiversidad y salud: un vínculo en construcción

El evento también busca ampliar el alcance del debate hacia el campo de la salud. Durante la jornada se presentarán avances sobre el uso de compuestos derivados de la biodiversidad misionera, en particular a partir de hongos, con potencial aplicación en tratamientos vinculados al virus del papiloma humano.

Según lo expuesto, las investigaciones se encuentran en una etapa inicial, centrada en revisión y delimitación de los proyectos, a la espera de validaciones institucionales para avanzar en ensayos. Sin embargo, el planteo introduce un punto clave: la biodiversidad como activo estratégico, no solo ambiental sino también sanitario.

En términos de política pública, esto abre una discusión sobre cómo transformar recursos naturales en desarrollos aplicados, bajo criterios de sustentabilidad. La ecuación no es lineal: requiere inversión, articulación institucional y marcos regulatorios adecuados.

El rol del biobanco y la disputa por el conocimiento

Otro de los ejes que emergen del planteo del IMiBio es el resguardo de material genético. El biobanco aparece como una pieza central para conservar información que, en muchos casos, podría perderse con la desaparición de especies.

La lógica es preventiva, pero también estratégica. Contar con ese material permite, a futuro, desarrollar investigaciones, comparar poblaciones y entender cambios ambientales. En términos de poder, implica resguardar conocimiento propio frente a un escenario global donde la biodiversidad adquiere valor económico y científico.

El propio investigador señaló que muchas veces la valoración de estos recursos llega tarde, cuando ya no están disponibles. En ese punto, el biobanco se posiciona como una herramienta de soberanía científica.

Ciencia, alianzas y capacidad de incidencia

El evento también apunta a fortalecer vínculos con otras instituciones, como la Universidad Nacional de Misiones, en un intento de consolidar redes de trabajo que permitan escalar investigaciones. La lógica es clara: sin articulación, los desarrollos quedan limitados; con alianzas, pueden transformarse en innovación aplicada.

A la vez, el planteo reconoce una limitación estructural: la falta de herramientas o recursos para avanzar en determinadas líneas de investigación. En ese contexto, el resguardo de material genético aparece como una forma de sostener potencial futuro, incluso cuando las condiciones actuales no permiten desarrollarlo plenamente.

Un debate que recién comienza

La jornada del 23 de abril se presenta como un punto de partida más que como una síntesis. El desafío es traducir el conocimiento científico en políticas concretas, en un terreno donde intervienen múltiples variables.

Habrá que observar si este tipo de iniciativas logra consolidarse como un canal efectivo de incidencia en la toma de decisiones o si permanece dentro del circuito técnico. Por ahora, el movimiento es evidente: la ciencia busca ocupar un lugar en la construcción de agenda pública. El alcance real de esa intervención todavía está en disputa.

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Especialistas y agricultores de cuatro países se encuentran en Misiones para trabajar sobre semillas y biodiversidad

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Misiones se prepara para ser escenario de un importante encuentro internacional vinculado a la conservación de semillas y la agrobiodiversidad. Del 27 al 30 de abril, la provincia reunirá a técnicos, investigadores y agricultores de Argentina, Brasil y Bolivia, en el marco del proyecto trinacional Raíces (GP-SAEP), e incluirá la participación de representantes de Colombia.

Las actividades se desarrollarán en Puerto Iguazú y en el paraje Santa Cruz del Monte, combinando instancias de formación e intercambio con trabajo en territorio. El objetivo es avanzar en estrategias de mejoramiento participativo de cultivos, integrando conocimientos científicos con saberes locales y poniendo en valor la diversidad genética presente en la región.

Un proyecto con impacto regional

El taller se enmarca en el subproyecto “Mejoramiento participativo de los recursos genéticos y sistemas de semillas para la agricultura regenerativa – Raíces (GP-SAEP)”, ejecutado por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), con financiamiento del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) a través de fondos suplementarios de la Unión Europea, e implementado en Argentina por el INTA junto a la Fundación ArgenINTA.

La iniciativa se desarrolla en simultáneo en Argentina, Brasil y Bolivia y apunta a fortalecer los sistemas productivos de más de 5.000 pequeños productores y productoras, además de “desarrollar variedades de semillas que puedan adaptarse mejor a contextos climáticos adversos, fortaleciendo así la capacidad de respuesta de los pequeños productores”, señala Doina Popușoi, oficial técnica del FIDA para el proyecto Raíces y GP-SAEP para América Latina.

Misiones, territorio estratégico para la diversidad genética

La elección de Misiones como sede responde a su importancia en términos de agrobiodiversidad. La provincia alberga una gran diversidad de especies cultivadas —nativas e introducidas— y una fuerte presencia de productores familiares y comunidades que conservan semillas y saberes tradicionales.

Sin embargo, esta diversidad enfrenta procesos de erosión genética asociados a la fragmentación de los ecosistemas, el cambio climático y prácticas productivas inadecuadas, lo que plantea la necesidad de fortalecer estrategias de conservación y mejoramiento adaptadas al territorio.

En este sentido, la Lic. Silvina Fariza, investigadora del INTA Cerro Azul y coordinadora del proyecto en Misiones, señaló que “si bien la región cuenta con una vasta trayectoria en el manejo y conservación de semillas, el desafío actual es profundizar los procesos de mejoramiento genético para potenciar la resiliencia, el rendimiento y la adaptación climática de los cultivos”.

Una nueva forma de pensar el mejoramiento genético

Uno de los ejes centrales del taller será el Mejoramiento Genético Participativo (MGP), una metodología que propone integrar el conocimiento científico con los saberes de los agricultores.

A diferencia del enfoque convencional, que se desarrolla en condiciones controladas, el MGP se construye en los territorios de manera descentralizada, en ambientes reales y diversos, donde los cultivos interactúan con múltiples factores ambientales, culturales y productivos.

En este marco, el investigador brasileño Altair Toledo Machado, referente de la Empresa Brasileña de la Investigación Agropecuaria (EMBRAPA), sostiene que “el mejoramiento genético no nació en los laboratorios, sino en las chacras, construido durante miles de años por los agricultores”, destacando el rol central de las comunidades en estos procesos.

Este enfoque redefine los roles: los técnicos pasan a facilitar procesos, mientras que los productores asumen un papel protagónico en la selección, evaluación y validación de las variedades, generando materiales mejor adaptados a sus condiciones locales.

Capacitación, intercambio y trabajo en territorio

El programa del taller combina instancias teóricas con actividades prácticas en campo, promoviendo el intercambio de conocimientos entre los tres países socios del proyecto e incorporando la participación de representantes de Colombia como país invitado.

Durante las jornadas se desarrollarán espacios de formación en diagnóstico participativo de la agrobiodiversidad, mejoramiento genético participativo y diseño de corredores de agrobiodiversidad, además de mesas de intercambio entre organizaciones de base social.

Uno de los momentos centrales será la jornada de trabajo en territorio, donde los participantes realizarán prácticas de selección y cosecha de cultivos, así como la evaluación de materiales genéticos en campo.

También se prevén visitas a comunidades rurales e indígenas, con instancias de capacitación e intercambio sobre conservación, manejo y multiplicación de semillas.

En relación a este proceso, Fariza destacó que “el objetivo es fortalecer capacidades técnicas, metodológicas y organizativas tanto de profesionales como de agricultores, promoviendo estrategias de mejoramiento participativo que favorezcan la autonomía productiva y el desarrollo de variedades adaptadas a cada territorio”.

Más que un taller: construcción de una estrategia regional

Más allá de la instancia de capacitación, desde el proyecto destacan el valor del encuentro como espacio de construcción colectiva.  “Nuestra visión trasciende lo técnico: buscamos fortalecer la identidad de los pequeños agricultores y guardianes de semillas, y que este intercambio se transforme en una hoja de ruta común para la región”, expresó Fariza.

En ese sentido, Fariza remarcó que el objetivo es que “la articulación con el Estado provincial y las redes internacionales deje capacidades instaladas en el territorio, que se traduzcan en mejoras concretas en la producción y en la calidad de vida de las familias, garantizando su permanencia en la chacra”.

Por su parte, desde la Unidad de Gestión del Proyecto (UGP/IICA Brasil), el coordinador general Alex Pimentel destacó que “el fortalecimiento de los sistemas de semillas no es solo una acción técnica, sino un proceso estratégico de articulación entre territorios, donde la agrobiodiversidad se convierte en base para la resiliencia productiva y la soberanía alimentaria”.

En la misma línea, Doina Popușoi señaló que la iniciativa busca “articular el trabajo con las agencias nacionales de investigación agropecuaria de los tres países, aprovechando sus experiencias para fortalecer el intercambio de conocimientos a nivel Sur-Sur, con potencial de ampliación a escala regional, como en esta instancia del taller, en la que por primera vez participarán socios nacionales de Colombia”.

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Masiva plantación de árboles nativos en La Hora del Planeta 

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Con una masiva plantación de árboles de especies nativas en la Reserva Natural Urbana “El Corredor” de San Miguel, el domingo 19 de abril de 2026 tuvo lugar el demorado evento central en Argentina de la edición número 20 de La Hora del Planeta, el mayor movimiento ambiental en el mundo.

La Hora del Planeta es una iniciativa coordinada a nivel global por WWF y organizada en nuestro país por la Fundación Vida Silvestre Argentina de forma ininterrumpida desde el 2009. Aunque la mayoría de los países participantes llevaron a cabo sus actividades el 28 de marzo, en Argentina el evento principal debió reprogramarse debido al clima.

Además de la plantación de más de 150 plantines nativos de especies de la zona como chilca blanca, carquejas, chilca, chilca amarga y talilla, que contribuyó a restaurar a Reserva, los participantes pudieron sumarse a una recorrida interpretativa para conocer la naturaleza de la zona, juegos, propuestas educativas, una feria de emprendedores sustentables, un show de circo realizado con materiales reciclados y otras actividades sobre naturaleza para toda la familia. 

El evento, que contó con la conducción de Agustina Grasso fue organizado por la Fundación Vida Silvestre Argentina en conjunto con la Subsecretaría de Ambiente de San Miguel y contó con el apoyo de: Reserva Natural Urbana “El Corredor”, NaranjaX, Santander, Zurich, Bicho Canasto, Carrefour, Ecofactory y Wandergreen.

Como parte de la edición de La Hora del Planeta 2026, Fundación Vida Silvestre Argentina también organizó una jornada de limpieza comunitaria junto con la Municipalidad de Puerto Iguazú, Misiones. Durante poco más de una hora de trabajo conjunto, lograron llenar un camión volcador con residuos retirados del entorno de la rotonda de acceso a la ciudad. 

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Iberá consolida la reintroducción del yaguareté y alcanza los 50 ejemplares en estado silvestre

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El Parque Iberá confirmó en abril el nacimiento del yaguareté silvestre número 50, un registro que consolida el avance del programa de reintroducción de la especie en Corrientes. La nueva cría es hija de Porá, una de las primeras hembras liberadas en el marco del proyecto que busca restituir al mayor felino de la región en su hábitat natural.

El dato no es menor: el yaguareté había desaparecido de esta región y su regreso marca un punto de inflexión en términos ecológicos, pero también en la gestión territorial de áreas protegidas. Con medio centenar de ejemplares en libertad, Iberá vuelve a contar con un depredador tope activo dentro de su ecosistema.

Restauración ecológica como política territorial

El proceso de reintroducción del yaguareté forma parte de una estrategia de restauración ambiental basada en la recuperación de especies clave. Según lo informado, el objetivo central es restablecer el equilibrio natural a través de la presencia del depredador tope, cuya ausencia había alterado la dinámica del ecosistema.

En términos concretos, la reaparición del yaguareté implica recuperar funciones ecológicas críticas, como el control de poblaciones de otras especies. Este tipo de iniciativas se inscribe en modelos de conservación que combinan gestión científica, intervención humana y monitoreo sostenido.

El caso de Iberá muestra un avance progresivo: desde la liberación inicial de ejemplares —entre ellos Porá— hasta la consolidación de una población reproductiva en estado silvestre.

De la reintroducción a la consolidación poblacional

El nacimiento del ejemplar número 50 introduce un cambio cualitativo en el proyecto. Ya no se trata únicamente de liberar animales, sino de confirmar que la especie logró adaptarse y reproducirse en libertad.

Porá, como una de las primeras yaguaretés liberadas, vuelve a ser protagonista del proceso al convertirse nuevamente en madre. Esto refuerza la evidencia de que el ecosistema ofrece condiciones aptas para sostener una población estable.

El crecimiento del número de individuos también permite inferir una mayor capacidad de dispersión y ocupación del territorio, elementos centrales para la viabilidad a largo plazo de la especie en la región.

Conservación, territorio y modelo de gestión

El avance del proyecto posiciona al modelo de rewilding como una herramienta concreta de intervención sobre el territorio. La consolidación de una población de yaguaretés no solo tiene implicancias ambientales, sino que también reconfigura el uso y la percepción del espacio natural.

En este esquema, los actores vinculados a la conservación ganan centralidad en la agenda pública, al tiempo que se fortalecen iniciativas que combinan preservación de biodiversidad con desarrollo local.

El dato de los 50 ejemplares funciona, además, como un indicador de resultados en un campo donde los tiempos suelen ser largos y los resultados, inciertos.

Potencial sobre turismo y economías locales

Aunque el informe no detalla variables económicas, la recuperación de una especie emblemática como el yaguareté suele tener efectos indirectos sobre actividades como el turismo de naturaleza.

La presencia de fauna icónica puede incrementar el atractivo de áreas protegidas, generando oportunidades para servicios vinculados al ecoturismo. Este tipo de impacto depende, sin embargo, de la consolidación sostenida del proyecto y de su articulación con estrategias locales.

Implicancias para el NEA y la biodiversidad

El avance en Iberá tiene relevancia para el NEA, una región donde la biodiversidad constituye un activo estratégico. La recuperación del yaguareté en Corrientes puede funcionar como referencia para otras iniciativas de conservación en provincias vecinas, incluyendo Misiones, donde la especie también tiene presencia.

En este contexto, la experiencia de reintroducción aporta un modelo replicable, aunque condicionado por las características de cada ecosistema y por la capacidad de gestión local.

Sostenibilidad del proceso y expansión territorial

El desafío hacia adelante será sostener el crecimiento de la población y garantizar su equilibrio con el entorno. Variables como la disponibilidad de hábitat, la interacción con actividades humanas y la continuidad del monitoreo serán determinantes.

También queda por observar si el proceso logra expandirse más allá del área actual, consolidando corredores biológicos que aseguren la viabilidad genética y territorial de la especie.

Con 50 ejemplares en libertad, el proyecto entra en una nueva etapa: la de consolidación. El resultado, sin embargo, dependerá de la continuidad de las condiciones que hicieron posible este avance.

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