BIOINSUMOS

Discutir la tierra en tiempo de fracking

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Para entender lo que realmente está en juego con Vaca Muerta, primero tenemos que hacer un pequeño esfuerzo didáctico porque la categoría central de este problema no es el barril que se extrae sino el barril que sobra. Imaginemos por un momento a un agricultor que cada mañana debe caminar hasta un pozo para traer agua para sus cultivos. Si el pozo está a diez metros de distancia, camina veinte metros entre ida y vuelta, llena su balde de diez litros y vuelve. Por cada diez litros que trae, invierte energía para mover veinte metros. Ese gasto es pequeño, casi despreciable, y el excedente de energía que le queda para sembrar, cosechar, regar más superficie o simplemente descansar es enorme. Pero si el pozo está a quinientos metros, entonces cada balde de diez litros le exige caminar un kilómetro entero. El esfuerzo físico que invierte para conseguir el mismo volumen de agua es abrumadoramente mayor. Al final del día, quizás ambos agricultores hayan traído la misma cantidad total de agua, pero el segundo llegará a la noche tan agotado que no le quedará energía para hacer otra cosa que no sea prepararse para repetir la misma agotadora caminata al día siguiente. Eso que acabamos de describir, con la sencillez de una metáfora campesina, es exactamente lo que los ingenieros y los físicos llaman retorno energético, o tasa de retorno energético, o más sencillamente: cuánta energía te sobra después de pagar el costo de obtenerla.

El petróleo convencional del Golfo San Jorge en sus mejores épocas, allá por los años cincuenta del siglo pasado, funcionaba como el pozo de agua a diez metros. Los datos documentados a nivel mundial para el petróleo fácil de aquella época indican tasas de retorno energético que oscilaban entre 70 a 1 y 100 a 1. Eso significa que por cada barril de energía que la industria invertía en buscar, extraer, refinar y transportar el petróleo, obtenía entre setenta y cien barriles. El excedente neto que quedaba disponible para el resto de la sociedad era de entre sesenta y nueve y noventa y nueve barriles por cada barril invertido. Ese excedente colosal es lo que permitió construir carreteras, escuelas, hospitales, industrias, sistemas de transporte público y también, por supuesto, la agricultura industrial moderna con sus fertilizantes sintéticos y sus tractores y sus cosechadoras. Vaca Muerta, en cambio, es el pozo de agua a quinientos metros. La mejor documentación disponible para el fracking en formaciones no convencionales indica tasas de retorno energético que rondan entre 5 a 1 y 8 a 1 como máximo. Por cada barril de energía invertido, se obtienen entre cinco y ocho barriles. El excedente neto que le queda a la sociedad es de entre cuatro y siete barriles por cada barril invertido. La diferencia no es marginal ni técnica ni académica: es abismal. Estamos hablando de que la eficiencia energética de nuestro sistema extractivo se desplomó entre diez y veinte veces comparada con la del petróleo convencional. Y ese desplome no es un dato curioso para especialistas: es el destino concreto del país.

Por eso el gobierno celebra récords de extracción en Vaca Muerta como si fueran sinónimo de progreso, pero lo que no dice es que esos récords son récords de cantidad bruta, no de excedente neto. Es como si el agricultor del pozo lejano celebrara que logró traer cien baldes de agua en un día sin mencionar que para lograrlo caminó cien kilómetros, llegó al borde del colapso físico, y no le quedó energía ni para cocinar su propia comida. La trampa comunicacional es gigantesca porque nuestra sociedad no está entrenada para medir categorías como retorno energético. Estamos entrenados para medir plata, y en plata Vaca Muerta puede dar números muy vistosos, especialmente cuando el precio internacional del petróleo es alto. Pero la plata es un truco contable mientras la energía es una realidad física. Se puede imprimir plata, se puede pedir prestada plata, se puede redistribuir plata. La energía que sobra después de pagar el costo de extraer la siguiente energía no se imprime, no se pide prestada, no se redistribuye: es el margen real que tiene una sociedad para hacer cualquier cosa que no sea extraer energía. Y ese margen, con Vaca Muerta, se redujo drásticamente respecto a lo que teníamos con el petróleo convencional. Por eso es completamente en vano esperar que de los récords de Vaca Muerta broten como por arte de magia nuevas escuelas, nuevas fábricas, nuevas rutas o nuevos hospitales. La energía que se lleva el fracking para seguir funcionando no es una inversión que luego retorna en forma de desarrollo. Es un costo energético que se quema en el proceso, que se disipa en forma de calor, presión, fricción y gasoil consumido por motores gigantescos. Lo que le queda al país después de ese enorme gasto es tan pequeño, tan magro, que difícilmente pueda financiar otra cosa que no sea el propio sistema extractivo y quizás algún que otro subsidio para mantener la paz social. La época en que el petróleo construía escuelas fue la época del petróleo barato y abundante. La época del fracking es la época del petróleo caro y escaso en términos netos, aunque los titulares digan lo contrario.

Ahora bien, esa reducción del excedente energético neto no queda encerrada en los pozos petroleros. Se derrama, o mejor dicho se filtra, hacia toda la economía y hacia el campo argentino en particular. El fertilizante nitrogenado que necesita la agricultura industrial para alcanzar los rindes actuales se fabrica íntegramente a partir de gas natural, el mismo gas natural que se extrae en Vaca Muerta con ese retorno energético tan bajo. Los agroquímicos, los herbicidas, los insecticidas, los fungicidas, todos son derivados del petróleo o del gas. El gasoil que mueve los tractores, las cosechadoras, los camiones que llevan el grano al puerto, todo sale de la misma cadena extractiva cuya eficiencia energética se derrumbó. Cuando el retorno energético del sistema petrolero cae de 70 a 1 a 5 a 1, el costo energético de producir una tonelada de maíz o de soja se multiplica inevitablemente. No porque los productores se vuelvan ineficientes, sino porque el insumo energético base con el que se fabrican todos los demás insumos se volvió mucho más caro en términos energéticos, es decir en el único término que importa cuando hablamos de la realidad física del planeta. La consecuencia de esto no es un aumento lineal de precios que todos sufren por igual, sino una profunda reconfiguración de quién puede producir y quién termina vendiendo su tierra. Porque el pequeño productor agropecuario, el que trabaja con márgenes ajustados, con pocas hectáreas, con maquinaria más vieja y menos capacidad de acceso al crédito, es el primero que no puede absorber el encarecimiento relativo de los insumos energéticos. Si el fertilizante cuesta el doble en términos de lo que el pequeño productor puede pagar, simplemente compra la mitad y sus rindes caen. Si el gasoil para sembrar y cosechar se lleva un porcentaje cada vez mayor de lo que espera cobrar por su cosecha, el margen se vuelve negativo. El grande, en cambio, el pool de siembra, la empresa agroindustrial, puede negociar precios por volumen, puede invertir en maquinaria de mayor eficiencia, puede acceder a coberturas financieras y puede también, y esto es lo crucial, comprar la tierra del pequeño productor cuando este no puede seguir. No por maldad, insistamos, sino por física. El pequeño productor es expulsado del sistema no por una ley malvada sino porque la ecuación energética del sistema agroindustrial moderno, construido sobre la base de petróleo barato con altísimo retorno energético, se rompió. Y lo que estamos viendo en las últimas décadas, esa concentración sostenida de la tierra en menos manos, no es un fenómeno puramente político o económico. Es también, y quizás fundamentalmente, un fenómeno energético.

Frente a este diagnóstico, la agroecología en minifundios y agricultura familiar no puede ser presentada como una vuelta romántica al pasado ni como una concesión estética a los movimientos ambientalistas. Es, en rigor, la única alternativa civilizatoria que está a la altura de la nueva realidad energética. Un sistema agroecológico diversificado, con rotación de cultivos, integración de animales, reciclaje de nutrientes, abonos verdes y control biológico de plagas, tiene una dependencia mucho menor de los insumos sintéticos fabricados con gas y petróleo. No necesita el fertilizante nitrogenado que se hace con gas de Vaca Muerta porque fija nitrógeno mediante leguminosas y recicla materia orgánica. No necesita los herbicidas derivados del petróleo porque maneja las malezas con prácticas culturales y coberturas. Su rendimiento por hectárea de un cultivo específico puede ser menor al de la agricultura industrial en un año de precios altos, pero su rendimiento energético neto por hectárea, es decir cuánta energía alimentaria obtiene en relación a la energía fósil que invierte, es abrumadoramente superior. En un mundo de petróleo barato con retorno energético altísimo, ese diferencial no importaba porque la energía fósil sobraba. En un mundo de fracking con retorno energético de 5 a 1, ese diferencial se vuelve la línea que separa la viabilidad del colapso. Por eso discutir la tierra en tiempo de fracking no puede reducirse a la vieja discusión entre latifundio y minifundio, ni a la discusión sobre derechos de propiedad, ni a la discusión sobre precios relativos y subsidios. Es una discusión mucho más profunda. Es la discusión sobre cuánta energía neta le va a quedar a este país después de pagar el costo energético de extraer la energía que necesita para funcionar. Y esa energía neta, cada vez más escasa, es la única que puede destinarse a sostener un sistema alimentario. Si seguimos insistiendo en un modelo agrícola que requiere grandes cantidades de insumos sintéticos fabricados con energía de bajo retorno, lo único que lograremos es acelerar la concentración de la tierra y la desaparición del pequeño productor, porque ese modelo solo es viable con energía baratísima y abundantísima que ya no existe. La agroecología en manos de la agricultura familiar no es una opción entre otras. Es el único camino que no requiere hipotecar el futuro energético del país para alimentar a su población. Una tierra en pocas manos, alimentada con energía ineficiente extraída a través del fracking, no es soberanía. Es una factura que estamos pasando sin querer ver, y que alguien va a tener que pagar. Y mientras tanto, los récords de Vaca Muerta seguirán sonando en los titulares, pero las escuelas seguirán sin construirse, las fábricas seguirán sin abrir sus puertas, las rutas seguirán llenas de baches, y la promesa de que el petróleo trae desarrollo quedará expuesta como lo que siempre fue en esta nueva era: un espejismo que se desvanece en cuanto uno intenta agarrarlo.

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Integran MisioPharma a la Biofábrica y redefinen la estrategia biotecnológica provincial

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Esta mañana, el gobernador de Misiones, Hugo Passalacqua, recorrió la Biofábrica Misiones S.A. tras la integración de MisioPharma, en el marco de una decisión orientada a optimizar recursos públicos y consolidar el desarrollo biotecnológico en la provincia.

La visita comenzó en el laboratorio de cultivos in vitro, donde se interiorizó sobre el trabajo en la cámara de crecimiento de distintas especies, entre ellas banano, ornamentales, flores, orquídeas y árboles nativos. Luego, recorrió la sala de siembra, donde observó las tareas que se realizan en cabinas de flujo y dialogó con el equipo técnico sobre los procesos productivos.

El recorrido continuó en la Planta Biológica de bioinsumos agrícolas, donde se desarrollan alternativas sustentables a los agroquímicos sintéticos. Allí se destacó la producción de bioinsecticidas a partir de hongos nativos para el control de plagas, con el objetivo de proteger cultivos y reducir el impacto ambiental.

En ese contexto, el mandatario puso en valor el capital humano y el desarrollo científico de la provincia. “Hay un equipo de científicos de primera línea, esta es la única biofábrica de la Argentina, y es un orgullo misionero porque todo lo que estamos viendo es nuestro, especialmente los científicos que trabajan acá, formados en nuestra universidad y directamente vinculados a la producción”, expresó.

Asimismo, subrayó el impacto directo de estos desarrollos en el sector productivo. “Están produciendo bananos de altísima calidad, con estándares perfectos, sin posibilidad de enfermedades, y además el producto estrella son los fertilizantes biológicos, de altísima demanda en las chacras, que permiten un crecimiento fuerte y sano”, afirmó. En esa línea, remarcó: “Se exporta a Brasil y a otras provincias como Salta, pero sobre todo es para que nuestra producción crezca mejor, más fuerte y más sana”.

En relación a la calidad de los desarrollos, destacó los procesos de validación científica. “No es que a cualquiera se le ocurra algo, es un proceso de legitimación. Todo es biológico, sin químicos, y esa validación a nivel nacional permite exportar y llegar al consumo humano. Para nosotros es un salto de calidad en términos de producción que nos pone en un nivel altísimo”, sostuvo.

Además, remarcó el carácter estratégico de la Biofábrica como política pública sostenida en el tiempo. “Hubo intentos en otras provincias que no prosperaron, pero el tesón de una política de Estado en Misiones logró esto, que es un emblema y una de las pocas en Latinoamérica”, señaló.

Plantines de banano y desarrollo tecnológico

El recorrido incluyó también el invernadero de banano, donde se preparan 50.000 plantines con destino a la provincia de Salta, en el marco de un convenio vigente desde 2019, a partir del cual ya se han distribuido más de un millón de plantines. Asimismo, se destacó el desarrollo de Fitolab, laboratorios móviles implementados en provincias como Buenos Aires y Córdoba, que incluyen instalación y capacitación técnica.

Durante la recorrida, el presidente de la Biofábrica, Federico Miravet, señaló: “El respaldo que recibimos del Gobernador es colocar a la biotecnología como eje fundamental del agro. Hoy la biotecnología ya es una realidad en la Biofábrica, con el laboratorio in vitro, la producción de bioinsumos y otras líneas en desarrollo”.

Además, remarcó la importancia de la optimización de recursos: “Esto nos permite cumplir con el mandato de no desperdiciar capital humano, administrativo y tecnológico, y seguir produciendo con eficiencia”. En esa línea, agregó: “Somos una sociedad que busca comercializar, pero siempre revalorizando a los productores misioneros y su trabajo diario”.

Por su parte, la gerenta general, Luciana Imbrogno, explicó: “Contamos con profesionales altamente capacitados y articulamos con CONICET, UNaM, INTA y el Ministerio del Agro para validar nuestros productos a campo. Es una etapa clave para demostrar que funcionan y que son una alternativa superadora para producir”.

Asimismo, indicó que la producción se orienta tanto al sector público como al privado. “En el marco del programa de diversificación tabacalera se entregan plantines de banano, maracuyá y especies ornamentales, y también desarrollamos producción para el sector privado con fines de exportación”, precisó.

Integración de MisioPharma y la Biofábrica

La recorrida se realizó tras la oficialización de la disolución de MisioPharma S.E. y su integración a la Biofábrica, en el marco de una reorganización del esquema productivo vinculado al desarrollo de cannabis medicinal y biotecnología. La medida contempla la transferencia del personal científico, equipamiento y capacidades técnicas, con el objetivo de concentrar recursos y consolidar una única plataforma de desarrollo.

Al respecto, el gobernador explicó: “Era un gasto operativo innecesario, hay que cuidar los recursos públicos al máximo y aprovechar mejor a los científicos bajo una sola dirección, que es la Biofábrica. Tenemos equipamiento de altísimo nivel y ahora podemos ampliar la producción”.

Finalmente, aclaró que la medida no implica pérdida de empleo. “Se trata de un reordenamiento. Hay que reconocer cuando algo ya no es productivo y reorganizarlo para que funcione. Contamos con ingenieros, genetistas y profesionales de altísimo nivel, formados en Misiones, y necesitábamos aprovechar mejor esas capacidades”, concluyó.

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Bioinsumos: Biofábrica y la Universidad de Misiones desarrollarán un hormiguicida biológico

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tecnológica. En esta oportunidad con la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), a través del Instituto de Biotecnología de Misiones. El objetivo es desarrollar, escalar y validar a campo controladores biológicos destinados a sectores estratégicos del agro y la forestación.

El proyecto abarca todo el proceso: desde el prototipo en laboratorio hasta la aplicación productiva. De esta manera se pone en marcha un proyecto para desarrollar un hormiguicida biológico a escala piloto. El desafío es reemplazar los fitosanitarios tradicionales en el control de hormigas cortadoras, una de las plagas que mayores pérdidas genera en los sectores agrícola y forestal. La línea de investigación que se viene trabajando es la de utilizar una cepa nativa seleccionada del hongo Beauveria bassiana. La UNaM aporta una década de investigación en bioprospección de hongos entomopatógenos, mientras que Biofábrica aporta su planta habilitada por SENASA para el escalamiento y formulación del insumo; además de su equipo técnico.

“Con la empresa se podrá hacer el escalado y las pruebas a campo, lo cual es fundamental. Es un proyecto de tres patas. Con Biofábrica logramos el escalado para brindar un producto orgánico para el control de hormigas que hoy no existe”, explicó Lorena Castrillo, investigadora a cargo.

En ese sentido, la rectora de la UNaM, Alicia Bohren subrayó que “la articulación es fundamental para llevar soluciones a la producción y desarrollar la ciencia local”, mientras que el secretario de Ciencia y Tecnología, Pedro Zapata, destacó la importancia de convertir el conocimiento científico en soluciones concretas para el productor.

Por su parte, la gerente de Biofábrica, Luciana Imbrogno remarcó: “Complementar y potenciar lo que cada institución tiene como fortaleza es muy importante: investigación, producción y aplicación a campo son las tres etapas que forman parte de este convenio. Cada uno, con su experticia, aporta lo que sabe hacer y eso es fundamental para llevar la solución al campo”.

En tanto el presidente de Biofábrica, Federico Miravet  agradeció el acompañamiento de la universidad pública y remarcó el rol de la gestión para concretar estos avances. “Hay fondos, programas y proyectos; lo importante es articular y pensar cómo potenciamos. Tenemos predisposición para el trabajo en equipo y nuestro interés por la ciencia es claro”, señaló.

Los convenios refuerzan un modelo de innovación basado en la validación territorial de cepas nativas, garantizando soluciones sustentables y adaptadas a las economías regionales de Misiones.

Articulación para el desarrollo de biotecnologías

Entre las principales líneas de trabajo a partir de convenios que ha firmado Biofábrica en esta parte del año se destacan tres:

  • Hormiguicida biológico: junto al Instituto de Biotecnología de Misiones (InBioMis), se desarrolla un producto a base del hongo nativo Beauveria bassiana para reemplazar fitosanitarios de síntesis química en el control de hormigas cortadoras.
  • Protección del té: con el equipo de INTA Cerro Azul se evalúa la eficacia de consorcios de Beauveria bassiana contra el ácaro rojo del té, con el objetivo de sustituir insecticidas químicos.
  • Control de Fusariosis en ananá: en articulación con INTA Montecarlo se ensaya el biofungicida MIHOBA, formulado con Trichoderma asperellum, para prevenir daños por Fusarium sp.

Estos ensayos combinan experimentación in vitro y a campo donde se espera ajustar la formulación de los bioinsumos junto con los protocolos de aplicación en los cultivos a escala.

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El Gobierno adopta la definición de bioinsumos del Mercosur y refuerza la integración agropecuaria

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El Ministerio de Economía formalizó la incorporación de la definición de bioinsumos de uso agropecuario aprobada por el Mercosur, en línea con el proceso de integración regional. La medida busca unificar criterios técnicos, facilitar el comercio intrazona y dar previsibilidad regulatoria a un segmento clave para la producción agropecuaria y la innovación biotecnológica.

El Gobierno nacional incorporó al ordenamiento jurídico argentino la Resolución N° 4/25 del Grupo Mercado Común (GMC) del Mercosur, que establece una definición común de bioinsumos de uso agropecuario para los Estados Parte. La decisión quedó formalizada a través de la Resolución 26/2026 del Ministerio de Economía, firmada el 14 de enero de 2026 y publicada en el Boletín Oficial el 16 de enero.

La norma se inscribe en el marco del Tratado de Asunción, aprobado por la Ley 23.981, y del Protocolo de Ouro Preto, aprobado por la Ley 24.560, que regulan la estructura institucional y el carácter obligatorio de las normas del Mercosur. Con esta medida, la Argentina avanza en la armonización normativa regional en un sector estratégico para la producción, el comercio y la sustentabilidad del agro.

Qué establece la resolución y por qué es clave para el sector agropecuario

La Resolución 26/2026 incorpora formalmente la Resolución GMC N° 4 del 24 de abril de 2025, que define como bioinsumo agropecuario a “todo insumo de origen biológico, que haya sido producido, derive o consista en microorganismos o macroorganismos, destinado a ser utilizado en actividades agropecuarias”.

El texto aclara que el concepto de macroorganismos incluye hongos macroscópicos, animales y vegetales, y establece que esta definición no contradice las definiciones nacionales vigentes, permitiendo interpretaciones más amplias por parte de cada Estado Parte. Además, la norma será aplicable al comercio intrazona y a las importaciones extrazona, ampliando su impacto regulatorio.

Desde el punto de vista institucional, la resolución se apoya en los artículos 2°, 9°, 15, 20, 38 y 42 del Protocolo de Ouro Preto, que establecen la obligatoriedad de las normas del Mercosur y su incorporación al derecho interno. Asimismo, se sustenta en la Decisión CMC N° 20/02, que habilita la incorporación administrativa de aquellas normas que no requieren tratamiento legislativo.

Integración regional, comercio y previsibilidad normativa

La incorporación de esta definición común responde a un objetivo estratégico: facilitar el comercio regional de bioinsumos, promover su desarrollo y fomentar el intercambio de conocimientos entre los países del Mercosur. En términos prácticos, unificar criterios reduce asimetrías regulatorias, brinda mayor previsibilidad a productores y empresas, y sienta bases comunes para futuras regulaciones técnicas y sanitarias.

La normativa entrará en vigor de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 40 del Protocolo de Ouro Preto, y los Estados Parte deberán indicar, en el ámbito del Subgrupo de Trabajo N° 8 “Agricultura”, los organismos nacionales competentes para su implementación. Según la resolución del GMC, la incorporación debía concretarse antes del 19 de abril de 2026, plazo que la Argentina cumplió con esta medida.

Para el sector agropecuario, la decisión tiene impacto directo en actividades vinculadas a la producción sustentable, la biotecnología aplicada al agro y el comercio regional, en un contexto donde los bioinsumos ganan peso como alternativa a insumos tradicionales y como herramienta para mejorar la competitividad y el perfil ambiental de la producción.

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Histórica cosecha de tabaco Burley

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Por primera vez se cosecha en una chacra misionera un lote de tabaco burley en el mes de octubre. Se destaca la calidad del producto debido a la utilización de bionsumos.


En un hecho histórico, la cosecha de tabaco burley comenzó un mes antes de lo previsto y se llevó adelante en una chacra misionera del municipio de Salto Encantado. Cabe señalar que se trata de una chacra que ha aplicado productos de la empresa Agrosustentable a sus cultivos.

El Ministerio del Agro trabaja de manera permanente junto a los productores y productoras de la provincia con capacitaciones en el uso y aprovechamiento de bioinsumos, llevando tecnologías a las chacras para que sean aplicadas a la producción. De esta manera, se sigue impulsando la incorporación de insumos que cuidan el ambiente a la producción misionera, y el crecimiento del campo de una manera más orgánica.

En este sentido, el subsecretario de Tabaco, Carlos Pereira señaló que “por primera vez estamos cosechando un lote de tabaco un mes antes de la fecha en que realizamos cada año. Es fundamental cuidar a nuestros productores, a nuestra familia tabacalera que hace muchos años están produciendo a través de un sistema cooperativo, que representa las demandas de los productores misioneros”.


Al mismo tiempo agregó que “es importante resaltar que estos productores han incorporado bioinsumos a su producción y desde nuestro lugar seguiremos acompañándolos en este camino, para que puedan incrementar la producción de las chacras misioneras, además fortalecer a todos los sectores productivos y seguir cuidando nuestro ambiente”.


Misiones es una provincia cada vez más sustentable, y esto se debe a la implementación de políticas públicas que además de cuidar el ambiente, cuida a los productores y la salud de quienes consumen. En este desafío de los nuevos paradigmas y formas de producir, el gobierno de la provincia acompaña a los productores y productoras en la transición hacia un modelo productivo más sustentable, equilibrado y sostenible en el  tiempo.

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