BOLSA DE COMERCIO DE ROSARIO

El agro retrocede tras récords y expone la fragilidad del motor exportador en pleno año económico

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La actividad de la cadena agroindustrial registró en marzo una caída mensual del 2,4%, según el Índice de Actividad de la Cadena Agropecuaria elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario. El dato llega después de dos meses consecutivos en máximos históricos y, aunque el nivel actual se mantiene como el tercero más alto de la serie, introduce una señal que trasciende lo estadístico: el principal motor exportador del país empieza a mostrar límites en su dinámica reciente. ¿Se trata de un ajuste técnico del agro tras un pico excepcional o del inicio de una desaceleración más profunda?

El IACA-BCR exhibió una caída en marzo, tras dos meses consecutivos de máximos históricos. Pese a la baja, el nivel emerge como el tercero más alto de la serie, con incrementos mensuales en 10 de las 12 variables que lo integran.

IACA-BCR: ÍNDICE GENERAL

El Índice de Actividad de la Cadena Agropecuaria (IACA-BCR), que elabora la Bolsa de Comercio de Rosario, retrocedió en marzo, registrando una tasa de variación mensual desestacionalizada del -2,4%. Sin embargo, cabe destacar que durante febrero el índice alcanzó su máximo valor histórico, dejando como resultado una base de comparación muy elevada. De hecho, el nivel de marzo se ubica como el tercer registro más alto de la serie.

A pesar de que el índice general muestra un retroceso mensual, marzo dejó muy buenos resultados para la mayoría de los sectores: de las 12 series que lo componen, diez registraron una variación mensual positiva, una se mantuvo estable y únicamente una marcó una contracción. Precisamente, la serie que exhibió una caída fue el avance mensual de labores agrícolas, que retrocedió 4,3% respecto a febrero ante los retrasos en la cosecha debido a las condiciones climáticas desfavorables a lo largo del mes. Esto resultó de gran incidencia en el índice general, siendo que es la serie de mayor ponderación.

Por el contrario, se evidenciaron incrementos en la molienda de soja y la molienda de girasol, con tasas de cambio mensuales del 0,9% y 3,1%, respectivamente; en tanto la molienda de trigo y la molienda de cebada avanzaron 1% y 1,2% mensual. La faena de porcinos, por su parte, registró un nuevo aumento del 0,6%, continuando su tendencia alcista, mientras que la faena de bovinos se incrementó 0,7%, luego de las caídas observadas en los meses previos.

La producción de leche también registró un gran desempeño, exhibiendo un crecimiento del 0,7% mensual, siendo la segunda mayor producción para un mes de marzo desde el inicio de la serie. Mientras tanto, las exportaciones de los principales complejos agropecuarios aumentaron un 1% respecto a febrero, con siete de los nueve complejos analizados creciendo. En cuanto a biocombustibles, se estima que la producción de biodiesel y de bioetanol habría incrementado 1,8% y 3,1% mensual, respectivamente. Finalmente, se estima que la faena aviar permaneció constante respecto al mes anterior.

Analizando las variaciones interanuales, se advierte un gran desempeño del sector durante el último año, evidenciado por una tasa de cambio interanual del 17,9%. De hecho, en marzo, 11 de las 12 series se posicionaron por encima de su nivel registrado en el mismo mes del año anterior, con la única excepción de la faena de bovinos.

En primer lugar, la producción primaria marca un avance del 22,1% frente a marzo de 2025. Este incremento se da en el marco de la mayor cosecha de girasol del siglo y el avance de una cosecha récord de maíz. Adicionalmente, el subíndice IACA-Agroindustria se posicionó 3,9% por encima del año pasado, manteniéndose en niveles cercanos a máximos históricos. En este sentido, las series de molienda, lechería y biocombustibles han registrado un incremento en el último año, así como también la faena de porcinos y la faena aviar. Únicamente la faena de bovinos se posicionó por detrás de marzo de 2025, en un contexto de menor disponibilidad de hacienda y retención por parte de los productores.

Finalmente, el subíndice de exportaciones agropecuarias evidenció una suba interanual del 26,3%. En este sentido, en el marco de una gran cosecha, se destaca el sólido desempeño de los complejos maíz y girasol, así como también del complejo carne y cuero bovinos, principalmente ante el fuerte impulso de los precios internacionales para el sector.


2.    SUBÍNDICES

IACA – Cultivos: Actividad de la producción de granos

El IACA – Cultivos refleja la evolución de las labores de siembra y cosecha de los principales cultivos de Argentina cada mes a través de la serie de avance mensual de labores agrícolas, con el objetivo de medir mensualmente la producción de granos. En marzo, esta serie retrocedió 4,3%, interrumpiendo una racha de cinco variaciones mensuales positivas consecutivas, período en el que acumuló un incremento del 16%.

No obstante, merece la pena destacar que esta caída mensual se explica por el nivel excepcionalmente alto de febrero, considerando que en dicho mes la serie alcanzó su máximo valor histórico. De hecho, los tres meses previos, esto es, diciembre, enero y febrero, marcaron récords para la serie, en tanto que el nivel actual se posiciona como el cuarto más elevado.

Realizando un análisis del mes de marzo, se advierte que se dieron por finalizadas las labores de siembra de maíz tardío y de sorgo, alcanzando la cobertura total del área estimada a nivel nacional. En lo que respecta al maíz, el número de hectáreas trabajadas resultó elevado dado que el área estimada de siembra emerge como la segunda más alta en términos históricos. Por su parte, el avance mensual en la implantación de sorgo también resultó superior al registrado en campañas previas, cuando para febrero ya se daba por finalizada su siembra.

Con respecto a las labores de cosecha, las mismas sufrieron interrupciones frecuentes y retrasos durante el mes de marzo debido a las precipitaciones abundantes y los elevados niveles de humedad ambiental registrados en diversas regiones productoras del país, lo que impactó de manera negativa en el índice. Por un lado, se inició la recolección de soja, con un marcado atraso que se combina con un área estimada de siembra inferior al promedio de los últimos cinco años, dejando como resultado una baja cantidad de hectáreas trabajadas. Situación similar se evidencia para el sorgo, cuya cosecha también comenzó durante marzo.

Por su parte, continuaron las labores de recolección de girasol, con un avance mensual de 37 p.p., muy por debajo de lo observado en el mismo período de años anteriores, cuando el cultivo ya contaba con un progreso importante al iniciar el mes. Finalmente, la cosecha de maíz temprano mostró un progreso de 20 p.p. durante marzo, avanzando en la recolección de una producción que se proyecta como la más alta registrada.

IACA – Agroindustria: Actividad agroindustrial

En cuanto a la actividad del sector industrial con base agropecuaria, la misma evidenció un avance del 0,9% en marzo respecto al mes anterior, y se ubicó apenas 0,5% por debajo de su máximo valor histórico alcanzado en septiembre del último año.

En cuanto a la actividad molinera, se advierte un incremento mensual desestacionalizado del 1,1% en la molienda conjunta de los principales cereales y oleaginosas durante el mes de marzo, ubicándose en terreno positivo por segundo mes consecutivo.

En lo que respecta a las oleaginosas, se evidencia un crecimiento del 0,9% en el crushing de soja, hilando dos variaciones al alza luego de acumular una caída del 11% en los cuatro meses previos, cuando gran parte de la producción se destinó a la exportación. Por su parte, el procesamiento de girasol advirtió un sólido avance mensual del 3,1%, creciendo por quinto mes consecutivo. En términos interanuales, la serie evidencia un impresionante incremento del 56%, y el dato de marzo emerge como el más elevado desde febrero del año 2000.

Mientras tanto, en cuanto a los cereales, la molienda de trigo avanzó 1% respecto a febrero, y encadena seis meses al alza, luego de recolectarse una cosecha histórica en los campos. El procesamiento de cebada también presentó un incremento mensual del 1,2%, hilando cinco meses en terreno positivo, en los cuales acumula un crecimiento de casi el 22%.

Por su parte, el subíndice de faena mostró una recuperación en marzo, con una tasa del cambio mensual del 0,6%. El repunte se explica por un incremento mensual en la faena de bovinos, que registró una tasa de cambio del 0,7% en marzo, posicionándose en terreno positivo por segundo mes consecutivo, luego de acumular una caía de más del 7% durante los seis meses previos. A pesar de ello, los informes del sector destacan que la faena continuó siendo limitada. Específicamente, en el mes de marzo, el ritmo operativo de las plantas frigoríficas se vio afectado por factores climáticos, dado que las lluvias persistentes en zonas productoras dificultaron el envío de animales al mercado.

En materia de precios, durante marzo se observó un reacomodamiento luego de las fuertes subas registradas durante los meses anteriores. Si bien la oferta se mantuvo acotada, los valores encontraron un límite impuesto por la demanda, que no convalidó nuevos aumentos. De esta manera, la cotización promedio del novillo en el mercado agroganadero retrocedió 2,5% mensual en términos reales durante marzo. Aun así, los precios se mantienen en niveles históricamente elevados, posicionándose 27% por encima del mismo mes del año anterior, también en términos reales.

Por su parte, el sector porcino se posicionó asimismo al alza, continuando con una tendencia alcista que se advierte desde principios del siglo. La tasa de cambio resultó del 0,6% para marzo, alcanzando un nuevo máximo histórico.

En cuanto a la carne aviar, se estima que la faena de aves se habría mantenido constante durante el tercer mes del año. No obstante, cabe destacar que a fines de febrero y principios de marzo se detectaron casos de influenza aviar en diferentes provincias del país. Si bien esta noticia no afecta a la producción destinada al mercado interno, tiene implicancias en las exportaciones hacia países con los que Argentina mantiene acuerdos sanitarios, pudiendo alterar la faena aviar de los meses próximos.

En lo que respecta al sector lechero, la producción de leche registró un incremento del 0,7% durante marzo. Con este resultado, la serie encadena 24 meses de variaciones mensuales positivas consecutivas, acumulando un crecimiento del 21% en los últimos dos años. En marzo la producción totalizó 881 millones de litros, siendo el segundo mejor registro para el mes de marzo desde el inicio de la serie en 1983. Incluso, la producción acumulada al primer trimestre del año asciende a 2.668 millones, el segundo mayor volumen para este período, únicamente por detrás de 2012. En este sentido, algunos informes del sector destacan que el crecimiento de la producción se fundamenta principalmente en la expansión del rodeo, es decir, en un mayor número de vacas en ordeñe, y no por mejoras significativas en la producción individual por animal.

Por su parte, en cuanto a las cotizaciones en el mercado local, en el mes de marzo el precio en dólares por litro de leche se ubicó en U$S 0,34, incrementándose por tercer mes consecutivo y posicionándose holgadamente por encima del precio promedio de los últimos cinco años que se estima en U$S 0,25 / litro. También se evidenció una mejora en los precios internacionales. El índice de precios de productos lácteos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) creció 1,2% en el tercer mes del año, luego de registrar caídas en los ocho meses previos.

La combinación de precios más elevados junto con una caída en las cotizaciones de soja y maíz resultó en una mejora de las relaciones de precio respecto de los insumos. En este sentido, se estima que en marzo un litro de leche, en promedio, podría comprar 2,01 kg de maíz. Hay que tener en cuenta que la relación de referencia ser de 2; es decir, un litro de leche debería poder comprar 2 kg de maíz. De esta manera, el valor para marzo se posiciona levemente por encima de la relación de referencia, lo cual resulta alentador siendo que en los seis meses previos se ubicó por debajo de ese nivel. En cuanto a la soja, un litro de leche podría comprar, en promedio, 1,05 kg de soja en marzo, ubicándose asimismo por encima de la relación de referencia que suele ser de 1.

Finalmente, se estima que la producción conjunta de biocombustibles, medida a través de la elaboración de biodiesel y bioetanol, habría registrado un incremento del 2,4% en marzo. Por un lado, la elaboración de biodiesel habría avanzado 1,8% respecto de febrero; en tanto se estima que la producción de bioetanol creció 3,1% mensual. En términos de mezcla obligatoria, si bien para marzo se mantuvo vigente el esquema de bioetanol al 12% en naftas y biodiésel al 7,5% en gasoil, el gobierno autorizó la posibilidad de incorporar voluntariamente hasta 15% de bioetanol en naftas, en el contexto de un incremento en el precio de los combustibles debido a la guerra en Medio Oriente.


2.3.    IACA – Agroexportación: Actividad de la agroexportación

Analizando el último eslabón de la cadena a través del IACA – Agroexportación, se advierte que las exportaciones de los principales complejos agroindustriales registraron una variación mensual desestacionalizada del 1% durante marzo. Se destaca que, de los nueve complejos analizados, siete se posicionaron por encima del mismo mes de 2025.

El desempeño que más se destacó fue el del complejo maíz, que registró exportaciones por 4,8 Mt, siendo el mayor registro para un mes de marzo desde el inicio de la serie en 2002. Este volumen resultó 59% superior a marzo de 2025, y 65% mayor al promedio de los últimos cinco años, en el marco de una cosecha histórica del cereal. Sobresale asimismo el desempeño del complejo girasol, cuyo volumen mensual de ventas externas ascendió a 754.000, casi el triple (+178%) de lo registrado un año atrás y el cuádruple del promedio del último quinquenio (+285%). Estos volúmenes obedecen a la producción de la oleaginosa más alta del siglo. También merece la pena destacar el incremento en las exportaciones del complejo carne y cuero bovinos, que crecieron un 26% interanual en volumen, en tanto registraron un aumento real del 57% en valor dado los mayores precios.

Finalmente, exhibieron importantes incrementos las exportaciones del complejo cebada, el complejo trigo, el complejo porcino y el complejo lácteos. En el caso de este último, los envíos al exterior ascendieron a 34.400 toneladas, siendo el segundo mejor marzo de la historia, sólo por detrás de 2012. Esto guarda relación con el elevado volumen de producción mencionado en el apartado anterior. Por el contrario, los únicos complejos agroindustriales que mostraron un deterioro fueron el complejo avícola y el complejo soja.

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La actividad agropecuaria se sostiene en niveles récord

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El IACA de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) volvió a crecer en febrero y alcanzó un nuevo máximo histórico, encadenando cuatro meses consecutivos en niveles récord. El impulso provino del avance de la producción primaria, mientras que la industria y las exportaciones se debilitaron.

1.    IACA-BCR: ÍNDICE GENERAL

El Índice de Actividad de la Cadena Agropecuaria (IACA-BCR), que elabora la Bolsa de Comercio de Rosario, volvió a crecer en febrero, registrando una tasa de cambio del 0,2% respecto al mes anterior. De esta manera, se posicionó en un nuevo máximo histórico, encadenando cuatro meses consecutivos en niveles récord. En la comparación interanual, la serie se ubicó 15,8% por encima del mismo mes de 2025.

De las 12 series que componen el índice, siete registraron una variación mensual positiva y cinco marcaron un retroceso. Cabe mencionar que todas las series analizadas fueron filtradas por estacionalidad y valores irregulares extremos, de manera que resulte válido realizar comparaciones intermensuales. Así, se evidencia un nuevo incremento en el avance mensual de labores agrícolas durante febrero, impulsado principalmente por el sólido progreso de una gran cosecha de girasol. La molienda de cereales; esto es, la molienda de trigo y la molienda de cebada, también se incrementó respecto al mes previo, con variaciones mensuales del 0,3% y 1,7%, respectivamente. La faena de porcinos, por su parte, registró un nuevo aumento mensual del 0,6%, mientras que la faena aviar avanzó 0,1%. Por último, se estima que la producción de biodiesel y de bioetanol se habrían incrementado 1,5% y 3,4%, respectivamente, en el segundo mes del año.

En contraste, se evidencia que las exportaciones de los principales complejos agropecuarios cayeron 5,6% respecto a enero, aunque analizando los datos por complejo se observa una marcada heterogeneidad en el desempeño de estos. En este sentido, la caída en el índice general se debe a una menor exportación de los complejos maíz y soja que no pudo ser compensada por los elevados volúmenes exportados del complejo trigo y girasol. Por su parte, la molienda de oleaginosas, que comprende la molienda de soja y la molienda de girasol, marcó una caída, con retracciones del 3,7% y 0,4%, respectivamente; en tanto la producción de leche registró una leve contracción del 0,1%. Por último, se evidencia que la faena de bovinos continúa la tendencia bajista, retrocediendo 0,3% en el segundo mes del año.

Analizando las variaciones interanuales, se advierte el gran desempeño la producción primaria, que marca un avance de casi 25% frente a febrero de 2025. Este incremento se da en el marco de una cosecha fina récord, la mayor cosecha de girasol del siglo y el avance de la siembra de una campaña de maíz que se proyecta que sea la mayor que se tiene registro. El subíndice de exportaciones agropecuarias, por su parte, también evidenció una suba interanual del 1,5%. Si bien la tasa de cambio resulta menor que en los meses previos, cabe mencionar que la base de comparación es mayor, ya que en los primeros meses de 2025 se registraron exportaciones de maíz excepcionalmente elevadas.

Por el contrario, el subíndice IACA-Agroindustrial arrojó una disminución del 0,7% respecto al año pasado, aunque se mantiene en niveles cercanos a máximos históricos. En este caso, la merma en sectores de gran peso tales como la faena de bovinos y la molienda de soja no logró ser compensada por el sólido incremento en otros rubros como la faena de porcinos y la molienda de girasol.


2.    SUBÍNDICES

2.1.    IACA – Cultivos: Actividad de la producción de granos

El IACA – Cultivos refleja la evolución de las labores de siembra y cosecha de los principales cultivos de Argentina cada mes a través de la serie de avance mensual de labores agrícolas, con el objetivo de medir mensualmente la producción de granos. En febrero, esta serie encadenó su quinta variación mensual consecutiva, con una tasa de cambio del 1,7%. Como resultado, en los últimos cinco meses, la serie acumula un incremento del 15,7%, superando el récord registrado en enero y alcanzando un nuevo máximo.

Por un lado, la siembra de la cosecha gruesa entró en su etapa final a nivel nacional, con los principales cultivos alcanzando o aproximándose a la cobertura total del área estimada. En lo que respecta al maíz, el cereal registró un avance mensual de 2 p.p., levemente inferior a lo observado en años anteriores, aunque con un elevadísimo número de hectáreas trabajadas debido al gran incremento en el área estimada de siembra. De esta manera, la siembra del cereal se completó en un 99%. Por su parte, la implantación de sorgo mostró un avance de 8 p.p. a lo largo del mes, alcanzando el 98% de la superficie estimada. Este avance resultó algo menor a lo observado en el mismo período de años anteriores dado que el cultivo ya contaba con un progreso importante al iniciar el mes. Por último, en febrero se dio por finalizada la implantación de soja, con un avance mensual de labores levemente superior al registrado en campañas previas, aunque se estima una menor superficie sembrada total.

Con respecto a las labores de cosecha, se evidencia que las mismas dieron un fuerte impulso a la serie. En primer lugar, se destaca el enorme avance de 19 p.p. en la recolección de girasol que, combinado con la estimación del área sembrada más alta del siglo, dejó como resultado un elevadísimo número de hectáreas trabajadas. Asimismo, se inició la recolección de maíz temprano, con un sólido avance mensual del 4% de una cosecha que se estima que sea la más elevada que se tiene registro.


2.2.    IACA – Agroindustria: Actividad agroindustrial

En cuanto a la actividad del sector industrial con base agropecuaria, la misma registró una caída del 0,8% en febrero respecto al mes anterior, explicada por una menor actividad en los sectores de molienda y de faena. A pesar de ello, la serie en niveles se mantiene elevada, sosteniéndose muy cerca de los máximos valores históricos.

En cuanto a la actividad molinera, se advierte una caída mensual desestacionaliza del 2,0% en la molienda conjunta de los principales cereales y oleaginosas durante febrero, siendo la quinta de manera consecutiva.

Prácticamente la totalidad de la disminución mensual en el índice responde a una caída en el crushing de soja, que se posicionó 3,7% por debajo de enero, marcando la quinta contracción mensual consecutiva. En este sentido, dada la gran demanda internacional de poroto de soja hacia finales del año previo, una elevada proporción de la producción se destinó a la exportación, con volúmenes récord de ventas externas en noviembre y diciembre, dejando menor disponibilidad de materia prima para la industria. Por su parte, el procesamiento de girasol también marcó una leve caída del 0,4% respecto a enero.

En contraste, la industrialización de cereales durante febrero dejó saldos positivos. La molienda de trigo avanzó 0,3% respecto a enero, y encadena cinco meses al alza; mientras que el procesamiento de cebada registró un crecimiento del 1,7% mensual, acumulando un incremento de casi el 20% en los últimos cuatro meses.

Por su parte, el subíndice de faena mostró su séptima caída mensual consecutiva en febrero, con una tasa del cambio mensual del -0,1%. En este sentido, se advierte que la faena de bovinos continuó con la tendencia bajista que se venía observando en los meses previos, registrando una disminución del 0,3% en febrero. Los informes del sector atribuyen esta caída a una escasez estructural de hacienda provocada por la sequía de años previos que redujo el stock de vientres y limitó el número de terneros disponibles para este ciclo. A este escenario se le suma la decisión estratégica de los productores de retener animales para procesos de recría más largos, con el objetivo de agregarles más kilos antes de la venta debido a una relación de precios favorable.

Dado que el volumen actual de carne resulta insuficiente para satisfacer tanto el consumo interno sostenido como la exportación, la necesidad de asegurar el abastecimiento continuó impulsando las cotizaciones del ganado en pie hacia nuevos récords históricos. Como resultado, la cotización promedio del novillo en el mercado agroganadero en febrero se incrementó 8,3% respecto a enero, frente a un incremento del Índice de Precios al Consumidor (IPC) del 2,9% durante el mismo período.

Por el contrario, en cuanto a la carne aviar, la faena de aves marcó un avance del 0,1% en febrero, luego de tres meses de caídas consecutivas. Adicionalmente, el sector porcino continuó la tendencia alcista, con una tasa de cambio mensual del 0,6%, alcanzando nuevos máximos mes a mes. Se destaca que, ante los mencionados incrementos en el precio de la carne vacuna, los consumidores buscan alternativas más accesibles, de manera que la carne de cerdo y de pollo se consolidan como una gran alternativa.

En lo que respecta al sector lechero, se evidencia que la producción de leche registró una leve contracción del 0,1% en febrero. De esta manera, el sector muestra cierto estancamiento en los últimos cuatro meses, luego de la fuerte expansión registrada entre 2024 y 2025. A pesar de ello, es el cuarto mejor febrero del que se tiene registro desde el inicio de la serie en 1983.

En lo que respecta a las cotizaciones en el mercado local, en el mes de febrero el precio en dólares por litro de leche se ubicó en U$S 0,34 / litro, recuperándose por segundo mes consecutivo. Como consecuencia, se advirtió una mejora en las relaciones de precio respecto de los insumos. En este sentido, se estima que en febrero un litro de leche, en promedio, podría comprar 1,90 kg de maíz. Si bien la relación de referencia suele ser de 2; es decir, un litro de leche debería poder comprar 2 kg de maíz, esto implica una mejora respecto de la estimación de 1,72 kg de enero. En cuanto a la soja, se estima que un litro de leche podría comprar 1,03 kg de soja, en promedio, durante febrero, posicionándose por encima de la relación de referencia que suele ser de 1.

Sin embargo, a contramano de lo que ocurre a nivel local, los precios internacionales del sector se mantienen bajos. El índice de precios de productos lácteos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) cayó por octavo mes consecutivo en febrero, acumulando una contracción de más del 22% entre junio de 2025 y dicho mes.

Finalmente, se estima que la producción conjunta de biocombustibles, medida a través de la elaboración de biodiesel y bioetanol, habría registrado un avance del 2,5% en febrero. Este incremento responde tanto a una mayor elaboración de biodiesel, que habría crecido 1,5% respecto de enero, como a un crecimiento en la producción de bioetanol, que habría avanzado 3,4% mensual. En términos de mezcla obligatoria, para febrero se mantuvo vigente el esquema de bioetanol al 12% en naftas y biodiésel al 7,5% en gasoil, mientras que se actualizaron los precios mínimos a principios de dicho mes.


2.3.    IACA – Agroexportación: Actividad de la agroexportación

Analizando el último eslabón de la cadena a través del IACA – Agroexportación, se advierte que las exportaciones de los complejos agroindustriales volvieron a caer en febrero, registrando una tasa de cambio mensual del -5,6%. A pesar de ello, los complejos muestran un desempeño dispar en el último mes.

Por un lado, se evidencia que la caída en el índice general se debe a menores exportaciones de soja y de maíz. En el caso de la oleaginosa, el volumen exportado en febrero se posicionó 23% por detrás del promedio para dicho mes, luego de que a finales de 2025 se exportaran cantidades inusualmente elevadas de poroto, en el contexto de la guerra comercial entre China y EE. UU. Por su parte, las toneladas exportadas de maíz también retrocedieron 25% respecto al promedio durante febrero, ante una abundante oferta global. También se evidenciaron caídas, aunque de menor magnitud, en las exportaciones del complejo cebada y avícola.

El mal desempeño de los granos gruesos durante el segundo mes del año no pudo ser compensado por el impulso exportador del trigo y el girasol. En el primer caso, el complejo trigo registró ventas en el mercado internacional por 2,9 Mt durante febrero, marcando un récord para dicho mes y casi duplicando los volúmenes promedio. Este dinamismo encuentra sustento en una cosecha histórica que se estima en 29,5 Mt.

En paralelo, el mejor desempeño relativo fue el del complejo girasol, con exportaciones mensuales de 580.000 toneladas. Este volumen no sólo se posiciona como el más elevado para el mes de febrero desde el inicio de la serie en 2002, sino que quintuplica el valor promedio de las exportaciones en los últimos cinco años para dicho mes. Finalmente, se evidencia que el valor de las exportaciones del complejo carne y cuero bovinos volvió a incrementarse, a pesar de registrar un menor volumen exportado, lo que evidencia el gran incremento en los precios.

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Oleaginosas de invierno ganan lugar en la rotación agrícola

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La expansión de carinata, camelina y colza empieza a mover algo más que la agronomía. En la Argentina de 2025, estas oleaginosas invernales dejaron de ser un cultivo marginal para convertirse en una pieza cada vez más visible de una discusión más amplia: cómo intensificar los sistemas agrícolas, capturar parte del negocio global de la bioenergía y traducir ventajas ambientales en renta concreta para el productor. El dato más elocuente es el salto de superficie: según estimaciones citadas en el informe, el área total implantada con oleaginosas invernales rondó las 170.000 hectáreas en 2025, muy por encima de las 30.000 hectáreas estimadas apenas tres años atrás. La pregunta de fondo ya no es si estos cultivos pueden crecer, sino bajo qué condiciones logran consolidarse como una alternativa estable dentro del esquema agrícola y energético.

Un cambio de escala que empieza en el barbecho, pero no termina ahí

El informe de la Bolsa de Comercio de Rosario ubica a estas oleaginosas en un punto de cruce entre productividad, sustentabilidad y demanda industrial. La colza, la camelina y la carinata ganan terreno como parte de rotaciones agrícolas que buscan aprovechar el barbecho invernal, sumar una etapa productiva adicional y generar ingresos en períodos que antes quedaban ociosos.

Ese movimiento tiene una implicancia concreta: el sistema agrícola deja de mirar el invierno como un paréntesis y empieza a tratarlo como una ventana económica. En regiones con amplias superficies en barbecho, especialmente alejadas de la influencia marítima, estos cultivos encuentran su nicho. La colza y la carinata se adaptan mejor a barbechos más largos, mientras que la camelina, por su ciclo más corto, encaja en ventanas más ajustadas.

No es un detalle técnico. En un contexto donde la rentabilidad del agro se define cada vez más por eficiencia, diversificación y manejo de riesgos, incorporar cultivos que agregan valor sin desplazar necesariamente a los esquemas principales modifica la lógica de uso del suelo. También reordena decisiones empresariales y tecnológicas.

Bioenergía, certificaciones y una demanda que ya no viene solo del mercado alimentario

El crecimiento de estas oleaginosas no responde solo a una mejora agronómica. Está asociado, sobre todo, a la expansión de mercados energéticos que demandan aceites certificados con baja huella ambiental. Ahí aparece uno de los motores más relevantes del fenómeno: el avance del biodiésel convencional, el Aceite Vegetal Hidrotratado (HVO) y, especialmente, el Combustible Sostenible de Aviación (SAF).

El SAF ocupa un lugar estratégico en ese esquema. Según el informe, puede reducir las emisiones de gases de efecto invernadero hasta en un 80% respecto de los combustibles fósiles tradicionales. Además, ya existen más de 300 proyectos de desarrollo de SAF en 40 países, con Estados Unidos concentrando aproximadamente el 35% de la capacidad proyectada. Ese dato ordena la escena global: la demanda no es especulativa ni marginal, sino parte de una transformación regulatoria e industrial en marcha.

En esa línea, el acuerdo firmado en agosto de 2025 entre YPF y Essential Energy para crear Santa Fe Bio, una biorrefinería destinada a producir HVO y SAF en Argentina, agrega una señal doméstica relevante. No implica por sí solo una consolidación del negocio, pero sí muestra que la discusión dejó de estar solo en el lote y empezó a bajar a la infraestructura industrial.

El valor político del nuevo agro no está solo en la producción, sino en la cadena

La novedad no es únicamente que estos cultivos crezcan, sino que obligan a pensar al agro como parte de una cadena más sofisticada, donde la trazabilidad, la certificación y la articulación con la industria energética pasan a ser condiciones de acceso. Ahí se juega una parte sustancial del poder económico del proceso.

El desafío local, según el informe, consiste en convertir los beneficios ambientales de estos cultivos en valor económico concreto para el productor. Esa frase resume una tensión central: sin esquemas de certificación y sin una conexión efectiva entre producción primaria, industria aceitera y biocombustibles, el atractivo agronómico puede quedar limitado.

Eso supone algo más que sembrar. Exige materiales genéticos mejor adaptados, acompañamiento técnico, continuidad de oferta e infraestructura industrial y logística. Dicho de otro modo, el crecimiento de carinata, camelina y colza depende menos del entusiasmo coyuntural y más de la capacidad de ordenar una cadena que todavía está en etapa de construcción.

Dónde crecen y qué muestran los números del nuevo mapa productivo

En términos territoriales, el informe identifica una distribución con focos definidos. Según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, la colza se concentra en Tucumán, Chaco y Santiago del Estero, con presencia adicional en Santa Fe y Córdoba. En la provincia de Buenos Aires conviven la colza y la camelina en zonas centro, norte y sudeste, mientras que en el sudoeste bonaerense la camelina gana relevancia.

Entre Ríos aparece como la provincia con mayor superficie implantada con oleaginosas invernales del país. De acuerdo con estimaciones de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos, en la campaña 2025/26 alcanzó 31.200 hectáreas y una producción total de 48.620 toneladas.

Para la campaña 2024/25, la colza registró una superficie sembrada de 35.147 hectáreas y una producción de 58.379 toneladas. Sus rindes promedio rondan las 2 toneladas por hectárea, aunque con diferencias regionales marcadas: desde 1,6 t/ha en Córdoba hasta valores cercanos a 3,5 t/ha en el sudeste bonaerense.

En camelina y carinata todavía no hay estadísticas oficiales consolidadas, pero las estimaciones basadas en empresas y acopios ubican superficies superiores a las 35.000 hectáreas en cada cultivo para la campaña 2025/26. Los rindes actuales se ubican entre 0,6 y 1,2 t/ha en camelina y en torno a 1,4 t/ha en carinata.

Intensificación con renta: la promesa que seduce al productor

Uno de los conceptos más fuertes del informe es el de “cultivos de servicio con renta” o “puentes verdes”. La idea sintetiza bien la apuesta de estas oleaginosas: no solo mejoran el funcionamiento del sistema agrícola, sino que además ofrecen la posibilidad de capturar ingresos donde antes solo había barbecho.

Las ventajas productivas y ambientales aparecen bastante definidas. Investigaciones de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA) destacan que sus raíces profundas y pivotantes favorecen la descompactación biológica, mejoran la aireación del suelo y aumentan la infiltración de agua. También generan biomasa, aportan al balance de carbono y, en el caso de la camelina, ofrecen un efecto alelopático que ayuda al control de malezas.

En zonas con malezas resistentes, donde los barbechos largos resultan costosos, esa contribución deja de ser solo ambiental y pasa a tener impacto económico directo. La diversificación de rotaciones, además, se alinea con los enfoques de manejo promovidos por la Red de Manejo de Plagas (REM) de Aapresid.

Mejoramiento genético, actores privados y un mercado que todavía se está armando

El desarrollo de estas cadenas también abre una lectura institucional. La expansión territorial de estos cultivos necesita acompañamiento genético, y ahí ya se observa una aceleración. Según el informe, de acuerdo con datos de INASE, más del 50% de los cultivares disponibles de estos tres cultivos se inscribió en los últimos dos años. En colza, además, más de un tercio de los registros de la última década corresponde a 2025.

El mapa de actores revela un predominio empresarial, aunque con participación pública y privada. En camelina, la mayoría de los registros desde 2016 fue solicitada por firmas extranjeras con representación local. En carinata, el 75% de los cultivares fue inscripto por una empresa nacional radicada en Santa Fe, con un programa de investigación en Venado Tuerto y ensayos a campo en todo el territorio agrícola. En colza, de 54 cultivares registrados, 46 corresponden a empresas extranjeras, 6 a una firma nacional y 2 fueron solicitados por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria.

Ese dato introduce otra dimensión de poder: el negocio no se ordenará solo por superficie sembrada, sino por quién domina genética, tecnología, certificación y acceso a mercados. La competencia por capturar valor en estas cadenas ya empezó, aunque todavía se exprese en una escala moderada.

Repercusiones: quién gana con este movimiento y qué queda en disputa

En términos de correlación sectorial, el avance de estas oleaginosas fortalece a los actores que puedan integrarse más rápido a cadenas de valor diferenciadas: productores con capacidad técnica, empresas semilleras, nodos industriales ligados a bioenergía y esquemas de investigación capaces de acelerar adopción y adaptación territorial.

También pone presión sobre la política sectorial. Si el crecimiento depende de certificaciones, infraestructura y continuidad de oferta, el margen para que el proceso quede librado sólo al mercado parece acotado. No porque se necesite una política declarativa, sino porque hay una cadena emergente que exige coordinación. La investigación de FAUBA, las inscripciones en INASE, la participación del INTA y la inversión privada muestran que ya existe una base, aunque fragmentada.

En términos económicos, la oportunidad es clara: Argentina cuenta, según el informe, con una ventaja comparativa real por la disponibilidad de superficie libre en invierno y por las buenas prácticas de labranza. Esa combinación podría darle al país un rol más relevante en la producción de materias primas sostenibles para biocombustibles. Pero el salto depende de que esa ventaja agronómica se convierta en una ventaja comercial e industrial.

Un cambio silencioso que puede volverse estructural

La expansión de carinata, camelina y colza todavía no reconfigura por sí sola el núcleo duro del agro argentino. Pero sí anticipa un cambio de lógica. El invierno deja de ser solo descanso; la sustentabilidad deja de ser solo discurso; la bioenergía deja de ser una promesa lejana. Todo eso empieza a converger en cultivos que, hasta hace poco, ocupaban un lugar lateral.

Lo que viene no parece ser un reemplazo del complejo oleaginoso tradicional, sino una ampliación del menú productivo y de negocios. Habrá que seguir de cerca la evolución de la comercialización, la formación de precios, la respuesta de la industria y la capacidad del sistema para sostener escala con trazabilidad. Porque el potencial ya está descripto. Lo que todavía está en disputa es quién logra capturar el valor de esa transformación y con qué velocidad logra convertirla en un negocio duradero.

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Fertilizantes: la dependencia importada crece y el conflicto en Medio Oriente presiona sobre un insumo clave para el agro

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La importación de fertilizantes en Argentina alcanzó en 2025 su segundo mayor volumen del siglo, con 4,1 millones de toneladas, un 28% más que en 2024, cuando habían ingresado 3,2 millones. El dato, relevado por la Bolsa de Comercio de Rosario con base en cifras del INDEC, confirma algo más que un rebote de la demanda: muestra que el agro argentino profundizó su dependencia del componente importado en un momento en que el conflicto en Medio Oriente empezó a tensionar la cadena global de suministros. El dato más sensible está en los nitrogenados: el 39,3% de los fertilizantes nitrogenados que importa Argentina provienen de esa región. Y en paralelo, el precio FOB de la urea en Medio Oriente saltó de US$ 483 por tonelada a US$ 685, un aumento de hasta 42% que llevó las cotizaciones a niveles no vistos desde fines de 2022. La discusión ya no pasa solo por cuánto fertilizante compra el país, sino por cuánto margen tiene para sostener esa demanda si se encarece el acceso a uno de los insumos que apuntalan la producción agrícola.

Récord de importaciones y un mercado interno que consume más, pero depende más

El informe de la Bolsa rosarina muestra una doble dinámica. Por un lado, el consumo doméstico de fertilizantes siguió creciendo. Por otro, aumentó el peso de las compras externas para abastecerlo. Esa combinación describe una expansión del uso del insumo, pero también una mayor vulnerabilidad frente a shocks internacionales.

Según los datos oficiales, Argentina importó en 2025 un total de 4,1 millones de toneladas de fertilizantes. Sólo quedó por debajo del récord de 2021. La composición de esas compras revela con claridad dónde está concentrada la demanda: los fertilizantes nitrogenados, entre ellos la urea, explicaron 2,10 millones de toneladas, equivalentes al 52% del total importado. Los fosfatados, con MAP y DAP como principales productos, sumaron 1,87 millones de toneladas, es decir el 46%. Los potásicos aportaron apenas 85.000 toneladas, un 2% del total.

La comparación interanual también expone el ritmo del movimiento. Las importaciones crecieron 24% en nitrogenados, 33% en fosfatados y cayeron 1% en potásicos. Detrás de esa expansión hubo un estímulo productivo concreto: una superficie récord de trigo y el segundo máximo de hectáreas sembradas de maíz funcionaron como motores de la demanda. A eso se sumaron los récords productivos del trigo y la proyección de igual estatus para el maíz 2025/26, dentro de un contexto climático favorable para gran parte del país.

La señal es clara. Cuando el agro expande superficie y apunta a mayores rindes, la demanda de fertilizantes se acelera. Pero en esta oportunidad ese crecimiento quedó cada vez más atado al mercado externo.

La producción local no alcanzó y Profertil volvió a quedar en el centro del sistema

El otro factor que empujó las importaciones fue la menor capacidad de la producción nacional para sostener la oferta. El informe marca que durante el año pasado la planta de Profertil, principal productora nacional de urea granulada, atravesó dos paradas en su actividad.

La primera interrupción respondió al temporal que afectó a Bahía Blanca en marzo y obligó a frenar operaciones durante una semana. La segunda fue una parada técnica de varias semanas, un antecedente que, según la Bolsa, ya se había visto en 2021. El efecto fue directo: la producción local quedó parcialmente resentida y eso elevó la necesidad de importación.

En términos políticos y económicos, ese dato reabre una cuestión estructural. La matriz de abastecimiento de fertilizantes no depende sólo de la dinámica internacional ni del apetito del productor. También depende de la robustez de la capacidad local para responder cuando sube la demanda o cuando el contexto global se vuelve más inestable. Si una planta central reduce su operación, el sistema necesita compensar con más compras externas. Y eso, en un mercado tensionado, tiene costos.

El consumo crece, pero no al ritmo de la intensidad de uso

Los datos preliminares de Fertilizar y CIAFA muestran que 2025 habría registrado el tercer mayor consumo doméstico de fertilizantes del que se tenga registro. La estimación ubica el uso en 5,1 millones de toneladas, un 3% más que en 2024. Además, se trató del tercer año consecutivo de recuperación del consumo.

Sin embargo, el informe incorpora un matiz importante. Aunque el volumen consumido subió, la intensidad de aplicación no acompañó en la misma proporción. Desde Fertilizar remarcan que la cosecha récord de trigo convivió con una caída en las dosis aplicadas por hectárea. Es decir: el sistema logró mayor producción, pero no necesariamente sobre la base de una fertilización más intensiva.

Ese punto tiene implicancias de fondo. El aumento del consumo total no implica automáticamente un salto uniforme en manejo agronómico o reposición de nutrientes. Puede haber más demanda porque hay más superficie, pero con ajustes en dosis por unidad. En otras palabras, el mercado se expandió, aunque sin despejar del todo las discusiones sobre sustentabilidad productiva y eficiencia del uso de insumos.

Origen de las compras: una dependencia más diversificada en nitrogenados, pero con un foco sensible en Medio Oriente

La estructura de proveedores muestra dos mapas distintos. En los nitrogenados, Argentina presenta un origen más diversificado. En los fosfatados, la concentración es mayor.

Para los fertilizantes nitrogenados, los principales abastecedores en 2025 fueron Nigeria con 15%, Rusia con 13% y Argelia con 13%. Luego aparecen Omán, Turkmenistán y Qatar. En el caso de los fosfatados, el podio quedó en manos de China con 28%, Marruecos con 23% y Rusia con 14%.

La Bolsa resalta una diferencia relevante. Los tres mayores proveedores de fosfatados concentran 65% de las importaciones, mientras que en los nitrogenados la tríada principal suma 41%. Eso sugiere que los nitrogenados tienen una red de provisión relativamente más distribuida. Sin embargo, esa dispersión no elimina el riesgo geopolítico. Porque cuando se observa el mapa por regiones, aparece un dato decisivo: el 39,3% de los fertilizantes nitrogenados que importa Argentina provienen de Medio Oriente. Si se toma el universo total de fertilizantes, el 18,3% tiene origen en esa zona.

Ese porcentaje transforma una crisis regional en un problema local potencial. No por una hipótesis abstracta, sino porque casi cuatro de cada diez toneladas de nitrogenados importados dependen de un corredor hoy sometido a tensiones.

Medio Oriente, Ormuz y el insumo que impacta de lleno en el costo agrícola

La coyuntura internacional dejó de ser un ruido de fondo y pasó a ser un factor de presión concreta sobre el negocio de los fertilizantes. Según el informe, tras el estallido del conflicto en Irán, la paralización del tránsito marítimo en el Estrecho de Ormuz ganó centralidad en la dinámica global del mercado. Por ese paso fluye un tercio de las exportaciones mundiales de fertilizantes. Con la restricción a la movilidad en el canal, comenzaron a verse comprometidas las entregas.

La urea quedó particularmente expuesta. El informe señala que, luego de un ataque iraní a instalaciones de Qatar Energy, la empresa estatal qatarí suspendió su actividad y, con ello, sus exportaciones. El punto es sensible porque no se trata solamente de una interrupción logística. Parte de la infraestructura energética del Golfo Pérsico ya sufre disrupciones materiales que afectan el suministro.

La consecuencia se multiplica porque el gas es decisivo en la estructura de costos del fertilizante. Según la Bolsa, el gas representa más de la mitad del costo de la urea, dependiendo del país importador. Y además, el 80% de las exportaciones de gas de Qatar se concentraban en Asia, especialmente en India y China, dos jugadores centrales que son al mismo tiempo productores y demandantes de urea. Si el abastecimiento de gas se complica, también se encarece o limita la capacidad de producir fertilizante.

El informe enumera efectos inmediatos: el cierre de tres grandes plantas productoras de urea en la India, que dependían del GNL qatarí, y la decisión de China de liberar sus reservas comerciales nacionales de fertilizantes. Es decir, el conflicto no solo alteró expectativas; ya generó respuestas concretas de oferta y administración de stock en países clave.

La urea salta a precios de 2022 y Sudamérica empieza a sentir el traslado

El impacto en precios fue inmediato. El FOB de la urea en orígenes con fuerte peso exportador registró subas de hasta 42%. Apenas una semana después del inicio del conflicto, el valor en Medio Oriente había trepado de US$ 483 por tonelada a US$ 685 por tonelada. Para encontrar niveles similares hay que remontarse a fines de 2022.

La Bolsa agrega que, a tres semanas del comienzo del conflicto y sin perspectivas cercanas de resolución, las cotizaciones se mantienen estables en esos niveles superiores. Ese detalle importa porque no habla de un pico transitorio, sino de una meseta alta.

Además, el salto del FOB ya empezó a trasladarse a los valores de importación en Sudamérica. Para Argentina, ese movimiento no es menor. Dado el peso creciente del componente importado en el consumo nacional, cualquier suba sostenida en la urea impacta sobre la ecuación de costos del productor y, por extensión, sobre las decisiones de siembra, de dosis y de estrategia comercial.

Repercusiones: el mercado agrícola gana volumen, pero pierde margen de maniobra

La lectura política y económica del informe va más allá de la foto comercial. Por un lado, el dato de importaciones récord puede leerse como señal de dinamismo del agro: hubo más superficie, más demanda y un mercado que siguió comprando insumos. Pero al mismo tiempo, esa expansión dejó más expuesto al sistema productivo a factores que Argentina no controla.

En términos de correlación de fuerzas, el escenario fortalece a los proveedores externos y coloca bajo presión a toda la cadena local que depende de nitrogenados importados. También devuelve centralidad a la discusión sobre abastecimiento, infraestructura y producción local de insumos estratégicos. Si una parte significativa del consumo depende del exterior y, además, una fracción sensible de ese exterior está concentrada en una zona en conflicto, la autonomía del sistema se reduce.

En el plano económico, la amenaza no es solamente una suba del costo. También aparece el riesgo de retrasos, faltantes o compras a valores más altos en momentos clave de la campaña. Y en el plano institucional, el informe instala una advertencia sobre la fragilidad de una cadena que puede crecer fuerte en años favorables, pero resentirse rápido cuando coinciden interrupciones locales y tensión geopolítica.

Un escenario abierto para el agro: más demanda no garantiza estabilidad

La Argentina cierra 2025 con un mercado de fertilizantes más grande, pero también más condicionado por variables externas. El segundo mayor volumen de importación del siglo y el tercer mayor consumo doméstico muestran un agro activo, con expectativas productivas altas. Sin embargo, el contexto internacional alteró el tablero.

En las próximas semanas habrá que mirar dos planos al mismo tiempo. Hacia adentro, si la producción local logra recomponer capacidad y amortiguar parte de la dependencia. Hacia afuera, si el conflicto en Medio Oriente prolonga la presión sobre Ormuz, mantiene interrumpidas exportaciones clave y consolida a la urea en una franja de precios elevada.

La tensión no es menor: un insumo central para trigo y maíz quedó atravesado por una cadena global más frágil, costos energéticos en alza y una logística bajo presión. El agro argentino llega a esta etapa con más volumen y mejores perspectivas de producción, pero con menos colchón frente a un shock externo que recién empieza a mostrar hasta dónde puede escalar.

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Brasil agranda la brecha agroindustrial con Argentina y reabre el debate sobre el costo de las políticas internas

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El contraste entre el agro de Brasil y el de Argentina dejó de ser una comparación sectorial para transformarse en una señal política de fondo. Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario expuso que, en las últimas tres décadas, ambos países crecieron en agricultura y ganadería, pero lo hicieron a velocidades muy distintas. El dato más contundente está en la producción de soja, maíz y trigo: si en el promedio de los años noventa Brasil producía un 53% más que Argentina, en las primeras cinco campañas de la década del 2020 esa diferencia escaló al 155%. Para la campaña 2025/26, las proyecciones de GEA y Conab anticipan una brecha todavía enorme: 147% a favor de Brasil. La pregunta que sobrevuela el informe no es solo cuánto más produce el vecino, sino cuánto de esa distancia responde a ventajas naturales y cuánto a decisiones políticas que en Argentina terminaron frenando el potencial del sector.

Dos modelos, un mismo punto de partida y resultados cada vez más distintos

La comparación que realiza la Bolsa rosarina parte de una base relevante: Brasil y Argentina comparten una estructura agroindustrial central en sus economías, con cadenas agrícolas y ganaderas de peso estratégico. Sin embargo, las trayectorias divergieron.

Durante los años noventa, la producción combinada de soja, maíz y trigo de Brasil era un 53% superior a la argentina. En la década del 2000, con la maduración tecnológica, la expansión de la siembra directa y la mejora en el manejo, esa brecha incluso se redujo a 45%. Había, en ese momento, una convergencia posible.

Pero el informe sitúa allí un punto de inflexión. Esa misma década marcó en Argentina el regreso de los derechos de exportación, dentro de un esquema de políticas que, según la Bolsa, comenzaron a desincentivar el respaldo a las cadenas agrícolas. Mientras tanto, Brasil sostuvo políticas de apoyo a la producción, entre ellas el Plan Safra, y consolidó una dinámica de expansión en superficie y rindes.

El resultado fue un quiebre cada vez más profundo. En la década del 2010, Brasil pasó a producir en promedio un 82% más que Argentina en esos tres cultivos. Luego, en las primeras cinco campañas del 2020, la diferencia saltó al 155%. Aun con una leve corrección proyectada para 2025/26, la distancia seguiría en 147%, muy por encima de cualquier registro previo.

No es solo una estadística productiva. Es la evidencia de que, frente a tecnologías similares y cadenas que compiten en el mismo mercado global, el marco de incentivos puede alterar de forma decisiva la escala alcanzada por cada país.

La carne vacuna también muestra una diferencia de poder productivo

La divergencia no quedó encerrada en los granos. En carne vacuna, la brecha fue todavía más marcada. En el promedio de los años noventa, Brasil producía un 119% más de carne vacuna que Argentina. En los 2000, esa diferencia ascendió al 167%. Ya en la década del 2010, Brasil producía 249% más, es decir, más de tres veces el volumen argentino.

En lo que va de la década actual, el promedio ubica a Brasil con una producción 235% superior. Y para la campaña 2025/26, las previsiones del USDA proyectan una distancia de 284%, cerca de cuadruplicar la producción argentina.

La magnitud de esa brecha tiene una lectura económica inmediata y otra política menos visible, pero igual de relevante. En términos productivos, consolida a Brasil como un actor de escala mucho mayor en uno de los mercados de proteínas más sensibles del comercio global. En términos de poder, le permite jugar con otra espalda en exportaciones, abastecimiento y posicionamiento estratégico frente a la demanda internacional.

Exportaciones: donde la distancia se volvió más contundente

Si la producción muestra una divergencia fuerte, las exportaciones terminan de dimensionar el cambio de tablero. Según el informe, en el promedio de la década del noventa Argentina exportaba un 24% más de carne por año que Brasil. Hoy esa relación se invirtió de manera drástica: para la campaña actual, Brasil aspira a exportar más de cinco veces el volumen argentino.

El dato resume una transformación de largo plazo. En más de tres décadas, Argentina casi duplicó sus exportaciones de carne. Brasil, en cambio, las multiplicó por más de 13. Allí aparece una diferencia decisiva entre crecer y escalar. Argentina aumentó, pero Brasil construyó volumen, continuidad y capacidad de inserción externa a otra velocidad.

Ese desempeño también redefine la correlación regional. No se trata solo de quién produce más, sino de quién gana mercados, quién consolida presencia internacional y quién logra convertir su potencia agroindustrial en una plataforma más robusta de generación de divisas.

El crédito como diferencia silenciosa entre ambos modelos

La Bolsa de Comercio de Rosario agrega otro factor que ayuda a explicar el ensanchamiento de la brecha: el financiamiento. A comienzos de siglo, Argentina y Brasil tenían niveles de crédito interno al sector privado relativamente cercanos en proporción al PBI: 24% en Argentina y 31% en Brasil.

Dos décadas y media después, la distancia se volvió mucho más amplia. En 2024, Argentina se ubicó en 15% del PBI, sin recuperar siquiera los niveles previos a la crisis de 2001. Brasil, en cambio, expandió ese indicador hasta casi el 76% del PBI. Lo que hace 25 años era una diferencia de 7 puntos porcentuales, hoy supera los 60 puntos.

Ese dato no aparece en el debate cotidiano con la misma fuerza que las retenciones o el tipo de cambio, pero tiene consecuencias igual de concretas. Más financiamiento significa mayor capacidad para invertir, incorporar tecnología, sostener ciclos productivos y planificar crecimiento. Menos crédito implica menor margen para escalar y más vulnerabilidad frente a shocks climáticos o de precios.

En esa comparación, el informe deja una señal clara: la brecha productiva entre ambos países no se explica únicamente por la política tributaria o comercial, sino también por la capacidad del sistema financiero para apuntalar la expansión del sector privado.

Retenciones, brecha cambiaria y un intento de corregir incentivos

El informe no se limita a describir la diferencia histórica. También introduce una lectura sobre el presente argentino. Según la Bolsa, la baja de retenciones y el fin de las brechas cambiarias son decisiones que colaboran para apuntalar la producción agrícola y ganadera.

La afirmación tiene una carga política evidente, aunque se formule en lenguaje técnico. Lo que se pone sobre la mesa es que parte de las distorsiones que durante años condicionaron al agro empiezan a corregirse, al menos parcialmente. Esa corrección alimenta una nueva expectativa de crecimiento.

La Bolsa sostiene que la campaña actual espera batir récords en producción de granos, mientras que el crédito bancario al sector ganadero alcanzó su segundo mayor registro de la historia argentina. Son señales que, en la lógica del informe, permitirían iniciar una recuperación del terreno perdido.

No se trata todavía de una convergencia con Brasil. La distancia acumulada es demasiado profunda para revertirse en el corto plazo. Pero sí de una ventana de oportunidad: si se sostienen mejores condiciones para producir, financiarse y exportar, Argentina podría volver a expandirse con mayor velocidad.

Repercusiones: quiénes quedan fortalecidos y qué discusión se reactiva

La principal consecuencia política del informe es que reabre una discusión incómoda para la política económica argentina: cuánto del rezago agroindustrial fue producto de condiciones externas y cuánto fue resultado de decisiones domésticas. La Bolsa responde con una hipótesis nítida: las políticas divergentes entre Brasil y Argentina ampliaron la brecha.

Esa lectura fortalece a los sectores que vienen reclamando un marco más previsible, menor carga sobre las exportaciones y acceso al financiamiento como condiciones básicas para crecer. También condiciona a cualquier estrategia de política pública que busque sostener recaudación o intervenir en los mercados sin medir el costo de largo plazo sobre la inversión y la escala productiva.

En términos económicos, el informe vuelve a ubicar al agro como un actor decisivo para la generación de divisas, el aumento de producción y la expansión exportadora. En términos institucionales, sugiere que las reglas importan tanto como la tecnología. Y en términos estratégicos, instala una advertencia: la competencia regional no espera a que Argentina resuelva sus dilemas internos.

Un escenario abierto: el potencial está, pero no alcanza con corregir dos variables

La Bolsa cierra con una idea optimista: con más apoyo al productor, Argentina puede seguir creciendo en producción y exportaciones, tal como destaca el modelo AGMEMOD. Esa proyección, sin embargo, abre más interrogantes de los que clausura.

Porque el potencial está documentado, pero la brecha con Brasil también. La actual mejora de incentivos puede empujar una recuperación, pero el desafío no es solo crecer un año más, sino sostener una trayectoria. Ahí se jugará la dimensión más importante del proceso.

En las próximas campañas habrá que mirar si el récord esperado en granos logra consolidarse, si el mayor crédito al sector ganadero se traduce en más producción efectiva y si las condiciones macroeconómicas permiten transformar alivios puntuales en un cambio de régimen. También habrá que observar si la corrección de distorsiones alcanza para achicar una distancia que lleva décadas ampliándose.

La foto actual muestra a Brasil muy por delante y a Argentina intentando reordenar el terreno. Lo que todavía está en construcción es si ese reordenamiento puede convertirse en una estrategia persistente o si quedará, otra vez, atrapado entre avances parciales y restricciones recurrentes.

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