bonos CER

La inflación volvió a superar el 2% y el mercado recalibra expectativas para el segundo semestre

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La inflación argentina volvió a cruzar en julio la barrera del 2% mensual y dejó una señal que obliga a mirar con mayor cautela la velocidad del proceso de desinflación. Después de haber perforado ese umbral en junio, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró un incremento de 2,1% durante el séptimo mes del año, acumuló 19,3% desde enero y alcanzó una variación interanual de 33,8%.

Para Thiago Marino, analista de Renta Fija de IOL Inversiones, el dato no supone necesariamente un quiebre de tendencia, pero sí confirma que el camino hacia una inflación más baja difícilmente sea lineal.

Uno de los elementos relevantes del informe de precios fue, precisamente, la composición del aumento. La inflación núcleo —que excluye componentes estacionales y regulados y suele funcionar como una referencia más estable de la dinámica inflacionaria— avanzó 1,8% y se ubicó por debajo del índice general.

Los precios estacionales, en cambio, treparon 4,5%, afectados especialmente por el movimiento turístico propio del receso invernal. Los regulados aumentaron 2,1%, en un mes atravesado por la recomposición de tarifas.

Las vacaciones de invierno dejaron su marca

El componente estacional quedó particularmente expuesto en Recreación y cultura, que encabezó los aumentos nacionales con una suba de 5%. La temporada turística de invierno impulsó precios vinculados con viajes, alojamiento y servicios recreativos y culturales.

Marino considera que esa presión debería perder intensidad una vez agotado el efecto vacaciones. Desde IOL estiman que la moderación de esta división podría restar entre 0,1 y 0,2 puntos porcentuales a los próximos registros mensuales.

La lectura resulta relevante porque permite separar dos movimientos diferentes: mientras determinados precios vinculados con la estacionalidad aceleraron durante julio, la inflación núcleo permaneció por debajo del 2%. Es decir, detrás del repunte del índice general todavía aparecen señales compatibles con una desaceleración, aunque atravesadas por factores que pueden generar oscilaciones de un mes a otro.

El mercado dejó atrás la apuesta por una inflación de 1,5%

El segundo dato que aparece detrás del IPC de julio está en las expectativas.

De acuerdo con el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, las proyecciones para el segundo semestre permanecieron sin cambios respecto del relevamiento anterior. Los participantes esperan una inflación mensual promedio de 1,9% durante el tercer trimestre y de 1,7% en el cuarto.

La trayectoria esperada apunta, por lo tanto, hacia una zona de entre 1,6% y 1,8% mensual hacia el cierre del año, aunque sin descartar fluctuaciones derivadas de factores estacionales.

Pero hubo un movimiento adicional: el mercado financiero también recalibró sus números.

Según el análisis de IOL, la inflación implícita en los precios de los bonos experimentó una corrección significativa durante el último mes. El mercado había llegado a descontar una inflación promedio de alrededor de 1,5% mensual para el segundo semestre, en un escenario que contemplaba incluso una reducción nominal de los combustibles capaz de contribuir a desacelerar el IPC.

Ese escenario se modificó.

El recrudecimiento de las tensiones en Medio Oriente volvió a introducir presión sobre las expectativas vinculadas con los precios internacionales de la energía y la inflación break-even —la inflación implícita que surge de comparar instrumentos ajustados por precios con títulos a tasa fija— se desplazó hasta aproximadamente 1,8% mensual para el segundo semestre.

La corrección resulta significativa: el mercado dejó de apostar por una desinflación particularmente veloz y pasó a incorporar un escenario más cercano al que IOL venía proyectando.

Un proceso de desinflación, pero sin línea recta

La visión de Marino es que la inflación continuará mostrando una dinámica semejante durante los próximos meses: una trayectoria descendente, aunque irregular, que tendería hacia registros mensuales de entre 1,6% y 1,8%.

Esa diferencia no es menor para el mercado financiero. Cuando las expectativas de inflación implícitas en los bonos se encontraban por debajo de las proyecciones de IOL, la estrategia de la firma había sido sobreponderar instrumentos ajustados por CER.

La lógica era sencilla: si la inflación efectiva terminaba siendo superior a la que descontaban los precios de mercado, los bonos indexados ofrecían una oportunidad relativa frente a los instrumentos nominales.

Ahora esa brecha prácticamente desapareció.

Con la inflación break-even nuevamente en torno del 1,8%, IOL considera que ya no existe un diferencial tan evidente a favor de la deuda CER bajo su escenario base.

Sin embargo, la firma mantiene una posición sobreponderada en el X30N6, BONCER con vencimiento en noviembre de 2026, mientras espera nuevas señales que permitan determinar si el ritmo de aumento de precios puede desacelerarse más de lo previsto.

Según sus cálculos, el título ofrece una TNA estimada “a finish” de 26,5% para los 108 días restantes hasta su vencimiento, aproximadamente un punto porcentual por encima de un instrumento comparable a tasa fija.

Julio reabrió la discusión sobre la velocidad

El IPC de julio deja así una fotografía con matices. La inflación volvió a superar el 2%, pero la núcleo quedó en 1,8%; los precios estacionales explicaron buena parte de la presión del mes y deberían moderarse una vez finalizado el efecto de las vacaciones de invierno.

Al mismo tiempo, el mercado corrigió una expectativa que había comenzado a lucir demasiado optimista. La inflación implícita pasó de alrededor de 1,5% a 1,8% mensual para el segundo semestre, prácticamente alineada con la trayectoria que proyecta IOL.

El desafío hacia adelante ya no parece estar únicamente en perforar nuevamente el 2%, sino en comprobar si la economía puede sostenerse debajo de esa barrera durante varios meses consecutivos.

En ese terreno se jugará buena parte de la próxima etapa del proceso de desinflación. Y también las decisiones de inversión: cuanto más se aproximen las expectativas del mercado a la inflación finalmente observada, menor será el margen para capturar diferencias entre deuda CER y títulos a tasa fija.

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El Tesoro logró colocar $13,2 billones y refinanció vencimientos en una licitación con fuerte demanda por bonos de largo plazo

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La Secretaría de Finanzas concretó una nueva licitación de deuda en la que adjudicó instrumentos por un valor efectivo de $13,22 billones, tras recibir ofertas por $14,93 billones. El resultado implicó un rollover del 81,26% sobre los vencimientos que enfrentaba el Tesoro, en una operación que volvió a mostrar un importante interés del mercado por los títulos públicos, aunque sin alcanzar una refinanciación total de los compromisos.

La colocación combinó instrumentos a tasa fija, bonos ajustados por inflación (CER), títulos vinculados a la tasa TAMAR, bonos duales CER/TAMAR, instrumentos dólar linked y deuda denominada directamente en dólares estadounidenses. La estrategia del Ministerio de Economía volvió a apuntar a diversificar las alternativas de financiamiento y extender los plazos de vencimiento, consolidando la curva de deuda en moneda local.

Uno de los datos más relevantes fue el marcado interés de los inversores por los bonos de mayor duración. El instrumento con mayor volumen adjudicado fue la nueva Lecap con vencimiento el 13 de noviembre de 2026, que captó $4,18 billones con una tasa efectiva mensual del 2,10%, equivalente a una Tasa Interna de Retorno Efectiva Anual (TIREA) del 28,32%.

Sin embargo, el mayor protagonismo volvió a concentrarse en los instrumentos indexados. El bono dual CER/TAMAR con vencimiento en diciembre de 2029 absorbió $3,77 billones, mientras que el nuevo bono a tasa TAMAR con vencimiento en julio de 2027 obtuvo colocaciones por $2,43 billones. A ellos se sumaron tres emisiones ajustadas por CER con vencimientos entre 2027 y 2028 que, en conjunto, captaron más de $2,1 billones.

La preferencia por este tipo de activos refleja que una parte importante del mercado continúa buscando cobertura frente a la evolución futura de la inflación y de las tasas de interés, aun cuando el Gobierno sostiene que el proceso de desinflación continuará durante los próximos meses.

En el segmento vinculado al tipo de cambio, el Tesoro adjudicó aproximadamente $694.000 millones equivalentes mediante dos títulos dólar linked con vencimientos en agosto de 2026 y diciembre de 2028, instrumentos que permiten a los inversores protegerse frente a eventuales movimientos del dólar oficial.

Por otra parte, el Gobierno volvió a salir al mercado internacional de deuda en moneda dura mediante la reapertura del Bonar 2028 (AO28). En esta licitación recibió ofertas por USD 527 millones y finalmente adjudicó USD 257 millones de valor efectivo, equivalentes a un Valor Nominal Original (VNO) de USD 266 millones, con un rendimiento del 7,83% anual y una tasa nominal del 7,56%.

La demanda superó ampliamente el monto finalmente adjudicado, por lo que se aplicó un fuerte prorrateo sobre las ofertas presentadas al precio de corte, fijado en USD 967 por cada USD 1.000 de valor nominal. Además, la Secretaría de Finanzas anunció que el próximo lunes realizará una segunda vuelta exclusivamente para el AO28, por hasta USD 100 millones adicionales, manteniendo el mismo precio de corte.

Desde la perspectiva financiera, la licitación vuelve a mostrar que el Tesoro mantiene acceso al mercado doméstico de deuda pese a no alcanzar un rollover pleno. La decisión de refinanciar poco más del 81% de los vencimientos implica que el resto podrá cubrirse con parte de la liquidez acumulada por el Gobierno, una estrategia que el equipo económico viene utilizando en los últimos meses para administrar el perfil de vencimientos sin incrementar significativamente el stock de deuda.

Al mismo tiempo, la composición de la demanda ofrece una señal relevante sobre las expectativas del mercado. Mientras los títulos a tasa fija continúan encontrando compradores, la mayor concentración de colocaciones en instrumentos indexados por inflación o vinculados a tasas variables refleja que los inversores todavía privilegian mecanismos de cobertura ante un escenario macroeconómico que, aunque muestra señales de estabilización, continúa transitando un proceso de normalización.

Para el Ministerio de Economía, la continuidad de licitaciones con elevados niveles de participación constituye un componente central de la estrategia de financiamiento del Tesoro, en un esquema que busca sostener el equilibrio fiscal sin recurrir a la emisión monetaria del Banco Central y consolidar un mercado de deuda en pesos cada vez más profundo.

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Blindaje financiero: el Tesoro logra un rollover del 110%

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En la primera licitación de deuda de mayo, el Gobierno colocó USD 300 millones en los bonos en dólares AO27 y AO28, que forman parte de la estrategia oficial para pagar los vencimientos de deuda de julio por 4.300 millones de dólares. En cuanto a los títulos en pesos, la Secretaría de Finanzas de la Nación adjudicó un total de $10,71 billones, tras recibir ofertas por $14,40 billones, lo que representa un rollover del 110% respecto de los vencimientos previstos para la fecha.

Los resultados de la licitación de este miércoles revelan un mercado que, aunque convalidó tasas reales positivas en el tramo corto, busca desesperadamente protección en activos ajustables. Con ofertas recibidas por $14,40 billones, el Tesoro decidió adjudicar solo el 74% de lo ofrecido, priorizando la sostenibilidad de la tasa de corte sobre el volumen. La señal es clara: el Gobierno central busca absorber el excedente de pesos para mitigar la presión inflacionaria, pero al hacerlo, establece un “crowding out” (desplazamiento) que encarece el financiamiento para las pymes madereras y yerbateras que buscan capital de trabajo fuera del sistema de subsidios provinciales.

Análisis de instrumentos y el termómetro de las tasas

La composición de la adjudicación muestra un giro hacia la deuda de mediano plazo y la indexación, factores que el tomador de decisiones en el NEA debe monitorear para sus proyecciones de inversión:

LECAP (Tasa Fija): Se colocaron $4,48 billones con vencimiento a septiembre de 2026. La TEM de corte del 2,09% (TIREA del 28,14%) actúa como el nuevo benchmark para los plazos fijos y, por ende, para las tasas de descubierto bancario en la región.

Ajuste por CER y Duales: Se adjudicaron instrumentos por más de $5,6 billones (incluyendo los nuevos Bonos Duales 2028 y 2029). Esto confirma que el mercado aún desconfía de la convergencia inflacionaria veloz y exige cláusulas de protección (CER o TAMAR) para plazos que superen los 24 meses.

Apuesta al Dólar: La reapertura de los bonos AO27 y AO28 (Hard Dólar) captó USD 295 millones con tasas de hasta el 8,55% (TIREA). La fuerte demanda en este segmento refleja la necesidad del sector exportador de calzar sus pasivos con sus flujos de divisas.

Contexto Regional: El impacto en la frontera y el comercio

A diferencia de la Pampa Húmeda, donde la liquidación de cosecha gruesa aporta fluidez, en Misiones la restricción crediticia golpea sobre una estructura de costos condicionada por el flete y las asimetrías fronterizas.

Cuando el Tesoro Nacional absorbe liquidez a estas tasas, los bancos regionales tienden a endurecer los requisitos para el crédito al consumo. Para el comercio posadeño, esto se traduce en una menor velocidad de rotación de stock en bienes durables, ya que el financiamiento con tarjeta de crédito suele indexarse siguiendo la curva de las LECAP. Además, una tasa real atractiva en pesos desalienta parcialmente la fuga hacia el dólar blue o el real, estabilizando temporalmente el consumo local frente a la competencia de Encarnación o Foz do Iguaçu.

Impactos Clave para el Sector Productivo

Costo de Capital: El piso de la tasa de interés se estabiliza en torno al 2,1% mensual; cualquier proyecto de inversión en secaderos o aserraderos deberá arrojar una rentabilidad superior para ser viable frente al costo de oportunidad financiero.

Cobertura Exportadora: La disponibilidad de instrumentos Dólar Linked al 5,11% TIREA ofrece una ventana de cobertura para los exportadores de té y madera ante posibles correcciones del tipo de cambio oficial.

Liquidez Bancaria: El rollover del 110% implica que el Tesoro retira $710.000 millones netos del mercado, lo que reducirá la oferta de créditos personales en el corto plazo.

La “segunda vuelta” de este jueves para los bonos en dólares (AO27 y AO28) por otros USD 200 millones será el termómetro definitivo del apetito por riesgo argentino. Si la demanda se mantiene firme, el Gobierno nacional tendrá aire para sostener el esquema de crawling peg sin sobresaltos inmediatos, factor decisivo para el costo de los insumos importados de la industria maderera misionera.

El Tesoro logra un rollover del 110% by CristianMilciades

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Lanzan una nueva licitación de bonos en pesos y en dólares estadounidenses

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Economía busca extender el financiamiento en pesos y dólares con una nueva licitación de deuda hasta 2029. El Ministerio de Economía oficializó un nuevo llamado a licitación de deuda pública para el miércoles 13 de mayo, con una batería de instrumentos en pesos y dólares que incluyen letras capitalizables, bonos ajustados por CER, títulos duales atados a inflación o tasa TAMAR, instrumentos dólar linked y reaperturas de BONAR con vencimiento en 2027 y 2028.

La operación llega en un momento donde el Gobierno de Javier Milei y el ministro de Economía Luis Caputo buscan consolidar la estrategia de financiamiento en moneda local y, al mismo tiempo, captar divisas sin perder el control sobre el frente fiscal.

El esquema combina instrumentos de corto y mediano plazo y refleja una señal política y financiera: el Ejecutivo intenta sostener el acceso al mercado mientras enfrenta menores márgenes fiscales y una economía todavía condicionada por la volatilidad cambiaria y la desaceleración de ingresos tributarios.

Qué instrumentos ofrece el Tesoro

La Secretaría de Finanzas pondrá en licitación ocho instrumentos diferentes:

  • LECAP en pesos con vencimiento en septiembre de 2026.
  • Bonos CER con vencimiento en mayo y septiembre de 2027.
  • Bonos duales CER/TAMAR con vencimientos en 2028 y 2029.
  • LELINK dólar linked ajustada al tipo de cambio oficial.
  • BONAR 2027 y BONAR 2028, denominados y pagaderos en dólares.

El instrumento más novedoso es el bono dual CER/TAMAR 2028, que pagará al vencimiento la mejor opción entre inflación medida por CER o tasa TAMAR más un adicional de 3%. La estructura busca captar inversores que buscan cobertura tanto frente a inflación persistente como ante eventuales subas de tasas.

La licitación tendrá ofertas competitivas y no competitivas. Las primeras estarán orientadas a grandes jugadores financieros, mientras que las segundas apuntan a personas físicas o jurídicas con menor especialización financiera.

El Gobierno refuerza la deuda en pesos mientras busca dólares frescos

La estrategia oficial muestra un doble objetivo. Por un lado, extender plazos de financiamiento en moneda local para reducir presión inmediata sobre vencimientos. Por otro, captar dólares mediante los BONAR AO27 y AO28, que tendrán suscripción exclusivamente en moneda estadounidense.

El BONAR 2027 tendrá un tope de precio equivalente a una tasa nominal anual del 5%, mientras que ambos títulos podrán ampliar colocación mediante una segunda vuelta prevista para el 14 de mayo.

El diseño financiero refleja además un intento de diversificar riesgo entre distintos perfiles de inversores: Los bonos CER apuntan a quienes buscan cobertura inflacionaria. Los dólar linked funcionan como resguardo ante movimientos del tipo de cambio oficial. Los BONAR buscan atraer liquidez en dólares. Los duales permiten cubrirse tanto de inflación como de subas de tasas.

Señal de mercado en medio del ajuste fiscal

La licitación aparece apenas días después de que el Gobierno modificara el Presupuesto 2026 y profundizara recortes sobre distintas partidas para sostener la meta de superávit fiscal comprometida con el FMI.

Ese contexto le agrega relevancia política a la operación. El Tesoro necesita renovar vencimientos y sostener financiamiento sin depender de emisión monetaria directa, mientras el mercado sigue evaluando la capacidad del Ejecutivo para mantener equilibrio fiscal con caída de recaudación y desaceleración inflacionaria.

La presencia de títulos ajustados por CER y dólar linked también deja una lectura implícita: pese al discurso oficial de estabilización, el propio menú financiero reconoce que los inversores continúan demandando cobertura frente a inflación y tipo de cambio.

Un mercado que sigue demandando cobertura

El menú presentado por Economía deja expuesto un dato central: el mercado todavía privilegia instrumentos atados a inflación, tasas o dólar antes que deuda completamente a tasa fija de largo plazo.

La licitación del miércoles servirá como termómetro político y financiero para medir hasta dónde el Gobierno puede seguir financiándose en el mercado local sin deteriorar las condiciones de deuda ni aumentar presión sobre el tipo de cambio.

Entre las variables que observará el mercado aparecen: Nivel de demanda de los bonos en dólares. Tasas de corte de los instrumentos CER y duales. Participación del sector privado. Capacidad de rollover del Tesoro. Señales sobre expectativas inflacionarias y cambiarias.

La respuesta de los inversores puede transformarse en una referencia clave para las próximas decisiones de financiamiento del segundo semestre.

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Deuda: el Gobierno capta $9,92 billones y reordena vencimientos en una licitación clave del Tesoro

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El Gobierno nacional logró adjudicar $9,92 billones en la última licitación de deuda del Tesoro realizada el 15 de abril, en una operación que combinó emisión de nuevos instrumentos, reaperturas y un canje de títulos para extender vencimientos. La decisión, instrumentada bajo las Resoluciones Conjunta 20/2026 y 21/2026, no solo buscó captar liquidez sino también reconfigurar el perfil de deuda en un contexto donde el manejo de los plazos se vuelve tan relevante como el volumen colocado.

El dato central es doble: por un lado, la demanda superó los $11,80 billones en instrumentos en pesos y dólar linked, lo que permitió seleccionar ofertas por debajo del total ofertado; por otro, el Tesoro avanzó con una conversión significativa de títulos con vencimientos en 2026 y 2027 hacia papeles más largos. En paralelo, se adjudicaron USD 295,57 millones en bonos en dólares, con una segunda vuelta prevista para el 16 de abril.

La señal es clara: el equipo económico busca sostener el financiamiento en el mercado local mientras descomprime vencimientos inmediatos. Pero el equilibrio no es lineal. Economía le sacó liquidez al mercado, al absorber más pesos de los que necesitaba para el próximo viernes (cuando se realice la liquidación). Esto se enmarca en la necesidad de “sacar todos los pesos de la calle hasta que colapse el índice de inflación”, tal como anunció el presidente Javier Milei durante su paso por el Summit 2026 de AmCham (Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina).

Financiamiento y tasas: entre la liquidez y el costo

La licitación mostró un menú amplio de instrumentos, con fuerte concentración en pesos. La nueva letra capitalizable a agosto de 2026 absorbió $4,44 billones con una tasa efectiva mensual de 2,00% (TIREA 26,82%), mientras que los bonos ajustados por CER y los atados a tasa TAMAR también captaron volumen relevante.

Los instrumentos a tasa variable (TAMAR) marcaron rendimientos elevados, con TIREA superiores al 33%, lo que expone el costo implícito de sostener la demanda en un contexto de tasas reales positivas. A la vez, los bonos CER a 2028 y 2029 consolidan la estrategia de indexación como ancla para los inversores.

En el tramo dólar linked, el Tesoro adjudicó la totalidad de las ofertas (USD 458 millones), reflejando interés por cobertura cambiaria aun con precios por debajo de la par (USD 835,50 por cada 1.000).

En el segmento en dólares, la licitación de BONAR 2027 y 2028 mostró un recorte significativo vía prorrateo: se adjudicaron USD 296 millones sobre USD 741 millones ofertados. La decisión de limitar la colocación sugiere una administración selectiva del endeudamiento en moneda dura.

Conversión de deuda: patear vencimientos sin ruido

El otro eje de la operación fue la conversión de títulos próximos a vencer. Con 133 ofertas recibidas, el Tesoro logró canjear bonos como el TZXD6, TZXM7 y el dual TTS26 por instrumentos con vencimiento en 2028.

El volumen más significativo se concentró en la Opción 1: se adjudicaron $14,42 billones en el BONCER TZXM8, lo que implicó rescatar $4,74 billones del bono con vencimiento en diciembre de 2026. A esto se suman otras conversiones menores y la emisión de un nuevo bono TAMAR a febrero de 2028.

La lógica es explícita: reducir presión en el corto plazo y trasladar compromisos hacia adelante. El marco legal que habilita estas operaciones —especialmente el decreto 846/2024— permite incluso suscripciones en especie, lo que amplía el margen operativo del Tesoro.

Respaldo del mercado, pero a un precio

El resultado exhibe un dato político clave: el Gobierno mantiene acceso al financiamiento en el mercado doméstico, con un nivel de ofertas que supera ampliamente lo adjudicado. Esa relación sugiere confianza relativa de los inversores en la continuidad del programa financiero.

Sin embargo, ese respaldo no es gratuito. Las tasas elevadas en instrumentos variables y la indexación creciente implican compromisos futuros más exigentes. El Tesoro consigue rollover y financiamiento adicional, pero consolida una estructura de deuda sensible a tasas e inflación.

Al mismo tiempo, la decisión de acotar la colocación en dólares marca un límite: el endeudamiento en moneda extranjera sigue siendo administrado con cautela, probablemente para evitar señales de vulnerabilidad externa.

Un equilibrio en construcción

La operación del 15 de abril combina tres movimientos simultáneos: captar pesos, ofrecer cobertura (CER y dólar linked) y estirar vencimientos. Es una arquitectura que busca estabilidad en el corto plazo sin resignar margen de maniobra.

La próxima señal será la segunda vuelta de la licitación en dólares y, más importante aún, la capacidad de sostener este nivel de demanda en futuras colocaciones. El calendario de vencimientos no se detiene y el costo financiero empieza a acumularse.

En ese contexto, el interrogante no es solo si el Tesoro logra financiarse, sino a qué precio y con qué composición de riesgo hacia adelante.

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