Brasil

Szychowski presiona por el patrocinio de yerba extranjera en la Scaloneta

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El ingreso de una yerba envasada de la firma Baldo, como auspiciante de la camiseta de la Selección Argentina de fútbol activó una reacción política en Misiones. El legislador provincial Juan José “Juanjo” Szychowski presentó un proyecto de comunicación para que el Poder Ejecutivo Nacional intervenga ante la AFA y revise esa decisión, en un movimiento que expone una disputa más profunda: la defensa de la producción regional frente a decisiones comerciales de alto impacto simbólico.

El planteo no es menor. La iniciativa apunta a una marca que, aunque comercializada en la región, tiene origen brasileño, y cuestiona su eventual asociación con uno de los símbolos deportivos más visibles del país de cara al próximo mundial. En ese cruce entre mercado, identidad y regulación, el proyecto introduce una tensión política: ¿hasta dónde puede el Gobierno influir en decisiones de una entidad privada como la AFA cuando están en juego intereses productivos y culturales?

El marco legal y la disputa por el símbolo

El argumento central del proyecto se apoya en la Ley Nacional N° 26.871, que declara al mate como infusión nacional y promueve su consumo en eventos oficiales. Desde esa perspectiva, la incorporación de una yerba extranjera como sponsor de la Selección aparece como una contradicción con el espíritu de la norma.

Pero el punto va más allá de lo declarativo. El texto legislativo traduce ese marco en una preocupación concreta: el impacto sobre las economías regionales de Misiones y Corrientes, donde se concentra la producción yerbatera argentina. La eventual visibilidad global de una marca extranjera, asociada a la Selección, podría alterar el equilibrio competitivo en un mercado donde la identidad de origen es un activo clave.

En ese sentido, el proyecto no propone una medida directa sobre la AFA, sino que solicita la intermediación del Ejecutivo nacional “a través del organismo competente”. Es una vía indirecta, que reconoce los límites institucionales pero busca abrir una instancia de revisión política.

Economía regional vs. autonomía privada

La iniciativa coloca en el centro a tres actores con lógicas distintas: el sector yerbatero del noreste, el Gobierno nacional y la AFA como entidad privada. El proyecto expresa el malestar de la cadena productiva local, que ve en la posible sponsorización una señal adversa en términos de política económica y defensa del mercado interno.

Al mismo tiempo, el pedido de intervención al Ejecutivo introduce una dimensión delicada: la relación entre el Estado y las decisiones comerciales de organizaciones privadas. La AFA, definida en el propio texto como una entidad de derecho privado, no está sujeta a directivas directas del Gobierno, lo que convierte el planteo en una presión política más que en una herramienta normativa.

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Argentina destronó a Brasil como principal exportador de yerba del mundo

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El mercado internacional de la yerba mate en 2025 cerró con Argentina recuperando el primer puesto como exportador en volumen y valor, mientras Brasil mantuvo su peso estructural en el comercio global, aunque con menor volumen físico colocado y desafíos productivos aún pendientes.

De acuerdo con el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), Argentina exportó 57.980.912 kilos, equivalentes a 57.981 toneladas, por un valor total de 116,34 millones de dólares, lo que arroja un precio promedio de 1.938,64 dólares por tonelada. Se trata del mayor registro histórico para el sector, en un contexto de crecimiento sostenido de las ventas externas. Ese desempeño se apoya en una base productiva también relevante: en 2025, el país elaboró 889.253.082 kilos de yerba mate (889.253 toneladas), lo que implica que aproximadamente el 6,5% de la producción se destinó a la exportación.

Del otro lado, Brasil registró en 2025 embarques por más de 48,6 mil toneladas, según datos del sistema ComexStat del Ministerio de Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios, equivalentes a unos 48,5 millones de kilos, con un valor total cercano a los 100–102 millones de dólares

El principal destino de la yerba brasileña es Uruguay, que concentró 45,3% de las exportaciones y representa alrededor del 80% del consumo total de ese país, que no posee condiciones naturales para el cultivo. Además, Brasil mantiene una red de exportación diversificada que incluye mercados como Estados Unidos, Siria, Argentina, Alemania y Francia, entre otros. 

Esta capilaridad comercial explica en buena medida su posicionamiento global: Brasil concentra el 46,5% de las exportaciones mundiales de yerba mate, lo que lo ubica como el principal actor del comercio internacional en términos de participación.

Sin embargo, esa fortaleza convive con limitaciones estructurales. A pesar de contar con una producción cercana a las 900.000 toneladas anuales -en línea con las series históricas del IBGE-, especialistas señalan que el potencial productivo y comercial de la yerba mate brasileña sigue subaprovechado. Los principales desafíos pasan por mejorar la eficiencia de los yerbales y diversificar los usos del producto más allá del consumo tradicional del chimarrão, condiciones consideradas clave para garantizar la sostenibilidad económica del productor y ampliar la competitividad internacional, un escenario que también se enfrenta de este lado de la frontera, donde se busca potenciar subproductos, como bebidas energizantes o usos para cosmética. 

La comparación entre ambos países permite una lectura más profunda. Argentina, con niveles de producción similares a Brasil, logró exportar cerca de 9.500 toneladas más, además de generar un mayor ingreso de divisas. Brasil, en cambio, mantiene una estructura donde el consumo interno absorbe gran parte de la producción, limitando su volumen exportador, aunque compensando parcialmente con una mayor diversificación de destinos y una fuerte presencia en el comercio global.

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Lula presenta el primer avión caza supersónico fabricado en América Latina

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El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, presentó el F-39E Gripen, el primer caza supersónico fabricado en el país, en un acto cargado de simbolismo industrial y estratégico. La ceremonia se realizó en la planta de Embraer en Gavião Peixoto, donde la aeronave es producida en colaboración con la firma sueca Saab.

El desarrollo del Gripen representa un salto cualitativo para la industria de defensa brasileña. Con capacidad para transportar hasta diez misiles y alcanzar velocidades de 2.400 kilómetros por hora, el modelo no solo fortalece el poder disuasorio del país, sino que también consolida su ambición de convertirse en un polo regional de tecnología militar avanzada.

El proyecto es fruto de un acuerdo de transferencia tecnológica firmado en 2014, durante el gobierno de Dilma Rousseff, que incluyó la compra de 36 aeronaves por 4.500 millones de dólares. De ese total, el avión presentado es el primero ensamblado en suelo brasileño, mientras que las unidades iniciales fueron fabricadas en Suecia.

La magnitud técnica del programa es notable: cada aeronave integra más de 22.500 piezas, 350 metros de tuberías y 45 kilómetros de cableado. Además, el proceso implicó adaptar el diseño a condiciones climáticas tropicales, un desafío clave para su operatividad en regiones como la Amazonia.

Más allá del componente militar, el Gripen se posiciona como un proyecto industrial estratégico. La cooperación entre Saab y Embraer permitió formar cientos de técnicos brasileños en Suecia y desarrollar una cadena de producción local que ya proyecta nuevas oportunidades de exportación.

En este contexto, Saab avanza con acuerdos en la región, como el reciente contrato con Colombia para la provisión de 17 cazas, mientras mantiene negociaciones abiertas con otros países sudamericanos. El objetivo es claro: transformar a Brasil en un hub regional de tecnología aeronáutica de defensa.

El lanzamiento se produce en un escenario global marcado por tensiones geopolíticas crecientes y un reordenamiento de las estrategias de defensa en América Latina. En ese marco, el Gripen no es solo un avión: es una declaración de autonomía tecnológica, capacidad industrial y posicionamiento estratégico en un mundo cada vez más inestable.

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Brasil: comienza el juicio contra la abogada argentina acusada de realizar gestos racistas

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 El juicio contra Agostina Páez, la abogada argentina acusada de realizar gestos racistas dentro de un boliche en la ciudad brasileña de Río de Janeiro, comenzará este martes.

Lla parte acusatoria, la fiscalía y la querella expondrán sus conclusiones en la primera audiencia en el Tribunal Penal N°37, a cargo del juez Guilherme Schilling Pollo Duarte.

Páez se encuentra detenida con prisión domiciliaria por tres hechos de injuria racial, un delito que forma parte del marco legal antirracista del país brasieño, mientras que la querella pidió 15 años de condena.

El conflicto que derivó en su detención se originó, según la versión de la imputada, por una discusión sobre una cuenta mal cobrada mientras vacacionaba con amigas.

La joven de 29 años, representada por la letrada Carla Junqueira, consignó que se retiró del lugar a los gritos tras un cruce con los mozos, pero su gesto discriminatorio quedó registrado en un video que se volvió viral y sirvió como prueba fundamental para la justicia brasileña.

En un video que publicó la oriunda de Santiago del Estero en sus redes sociales, consideró el hecho como “una reacción muy grave” y añadió: “Por eso quiero pedir disculpas públicamente, algo que quería hacer anteriormente y, por recomendación de mi defensa anterior, no lo hice”.

Por otro lado, en declaraciones televisivas, la abogada sostuvo: “Si me condenan, yo me mato o me matan ahí adentro, no sé. Imagínate ir a una cárcel en un país que me odia y en cárceles como las que hay aquí en Río”. Y repitió: “Yo me mato”.

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Brasil, una potencia agrícola en auge y un ejemplo con vulnerabilidades

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Escribe Mario Osava / IPS Noticias – Brasil es un caso singular de desarrollo agrícola acelerado, multiplicó casi por nueve su producción de granos en 50 años, se presenta como un modelo de agricultura tropical, pero tiene vulnerabilidades acentuadas por las guerras y, más existencial y permanente, por la crisis climática.

De 39,4 millones de toneladas de cereales, leguminosas y oleaginosas en 1975, la cosecha anual saltó para 346,1 millones de toneladas en 2025, según datos del estatal Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (Ibge).

De importador de cerca de 30 % de los alimentos que consumía, el país se convirtió en gran exportador, con un superávit de 149 000 millones de dólares en el sector agrícola. Las importaciones se limitaron a 20 000 millones de dólares, registró el Ministerio de Agricultura y Ganadería.

En ese período de cinco décadas, la población brasileña se duplicó, de 107 millones de habitantes a 213 millones, según el mismo Ibge. En 1975 aún era mayoritariamente rural, con 52 %. El censo de 2022 apuntó que 87 % de los brasileños viven en ciudades.

Es decir, el salto en la producción agrícola ocurrió en un período de intenso éxodo rural, con la rápida urbanización de la población brasileña.

La investigación científica que permitió al país incorporar a la agricultura extensas tierras del Cerrado, la sabana brasileña, antes consideradas inadecuadas, suele ser apuntada como un factor decisivo de la transformación de Brasil en uno de los graneros del mundo.

¿Razones financieras detrás del bum?

“Hay varias explicaciones, pero quizás una de las más importantes sean las restricciones de recursos externos para importar alimentos. Brasil era muy dependiente de alimentos importados, y eso se agravó por la crisis de los años 80”, evaluó Jorge Arbache, profesor de economía de la Universidad de Brasilia.

Los países latinoamericanos y muchos otros en desarrollo sufrieron en aquella “década perdida” una empobrecedora crisis de la deuda externa que forzó a duros ajustes económicos.

Brasil vivió entonces un recrudecimiento de la hiperinflación, que alcanzó 235 % en 1985, y el inicio de un proceso de desindustrialización. El sector manufacturero pasó a perder participación en el producto interno bruto (PIB), al contrario de la agricultura.

Para ello contribuyó, de forma decisiva en la mirada agronómica, un gran esfuerzo en investigación y desarrollo volcado al sector agrícola. La estatal Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa), creada en 1975, tuvo un rol principal, pero otras instituciones especializadas también fueron relevantes.

“Eso resultó en un plan sofisticado de cultivos en el Cerrado”, recordó Arbache, en referencia al bioma que conforma la sabana más biodiversa del mundo.

El maíz y el algodón también tuvieron saltos de producción en las dos últimas décadas, impulsados por la soja, la locomotora cultivada entre noviembre y marzo. Enseguida se siembra algodón o maíz en la misma tierra. Con dos o tres cosechas al año, la agricultura tropical es naturalmente competitiva. Imagen: Mario Osava / IPS

La decisiva soja

La adaptación de la soja al suelo ácido y al clima del Cerrado, que ocupa dos millones de kilómetros cuadrados en el centro de Brasil, fue determinante para el bum agrícola. En 2025 esa oleaginosa, y también leguminosa, representó 48 % de la producción total de granos en Brasil, o sea 166,1 millones de toneladas.

Hace 50 años era un cultivo marginal restringido al extremo sur del país. Hoy Mato Grosso, un estado de la región del Centro-oeste en su mayor parte ocupado por el Cerrado y parte por la Amazonia, concentra 30,4 % de la cosecha nacional de soja.

“La gran capacidad de adaptación de la soja a suelos y clima distintos favoreció esa expansión. La Embrapa y otros centros de investigación lograron seleccionar variedades de producción espectacular en el Centro-Oeste”, explicó Jean Marc von der Weid, economista agrícola con maestría en la francesa Universidad París I Panthéon Sorbone.

Pero más importante fue la inversión en recursos humanos y en la extensión rural, a través de una red que llevó el conocimiento a los agricultores, opinó Arbache a IPS en una entrevista desde Brasilia.

Además, la soja impulsó la siembra de maíz y algodón, de los que Mato Groso se convirtió en el mayor productor nacional en años recientes. Ello porque que esos dos cultivos componen la segunda cosecha anual en las mismas áreas, una ventaja de la agricultura tropical.

El sol presente todo el año permite la fotosíntesis permanente y por ende dos o tres cosechas al año, limitadas solo por el clima, especialmente el régimen de lluvias. Es lo que asegura un protagonismo creciente de Brasil y otros países tropicales en la alimentación mundial, asegura Roberto Rodrigues, exministro de Agricultura brasileño.

“No conozco otro caso (de desarrollo agrícola) comparable al de Brasil. Si hay proyectos específicos y controlados, casi experimentales, de siembras en zonas áridas, pero nada relevante en ninguna mirada global”, acotó Arbache

Una vulnerabilidad fue que la concentración de granos en la frontera agrícola centro-occidental generó una fuerte demanda logística.

La implantación de carreteras, ferrocarriles e hidrovías no acompañó la velocidad del avance agrícola, lo se tradujo en insuficiencias en el almacenamiento y costos elevados en el transporte, en el quinto país más extenso del mundo, con 8,6 millones de kilómetros cuadrados.

Pequeña porción de un bosque amazónico incendiado. Cada árbol talado o quemado en la Amazonia representa miles de litros de agua a menos cada día en los llamados ríos voladores, que llevan lluvias a la agricultura más productiva de Brasil, hacía el sur. Imagen: Mario Osava / IPS

¿Bum sostenible pese a las vulnerabilidades?

Hay además otras neurálgicas vulnerabilidades.

“Nuestra agricultura es demasiado dependiente de insumos importados, tecnologías, fertilizantes, agroquímicos variados, servicios digitales, y buena parte del comercio es dominado por empresas internacionales”, señaló el profesor de economía Arbache.

“El valor agregado local es relativamente bajo. El sector tiene un talón de Aquiles. Una crisis internacional, como la que ocurre actualmente, puede poner nuestra agricultura de rodillas, a causa de un modelo de negocios muy vulnerable”, acotó.

Se refiere a la invasión a gran escala de Rusia a Ucrania, desde febrero de 2022, y la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, iniciada el 28 de febrero, que afectan el suministro de dos insumos indispensables: fertilizantes y diésel.

Brasil importa cerca de 85 % de los fertilizantes que consume. Rusia, principalmente, y países del Medio Oriente como Arabia Saudí y Qatar son sus proveedores y, por lo tanto, fuentes de inseguridad, como las guerras en Ucrania y contra Irán evidencian.

Pero, sin duda, la mayor vulnerabilidad es la climática, dijo a IPS, en su residencia en Río de Janeiro, von der Weid, fundador de la organización no gubernamental AS-PTA Agricultura Familiar y Agroecología, originalmente Asesoría y Servicios a Proyectos en Agricultura Alternativa, cuyas siglas mantiene.

Ferrocarriles y almacenes insuficientes encarecen la soja y otros granos de exportación brasileños. Esa infraestructura logística es de Anápolis, en el estado centro-oriental de Goiás, donde se conectan dos ferrocarriles. Imagen: Mario Osava / IPS

¿Camina la bonanza de monocultivos hacia la insolvencia?

El agronegocio, como se denomina a la agricultura industrial, de gran escala y monocultivos, “marcha hacia una insolvencia general”, sostuvo. Los eventos climáticos extremos provocan crecientes pérdidas y exigen cada día más subsidios y condonaciones, hasta la inviabilidad financiera, argumentó.

Ese fenómeno ya ocurrió de manera brutal en el estado de Rio Grande do Sul, en el extremo sur brasileño, donde lluvias torrenciales en mayo de 2024 afectaron 2,4 millones de personas, con por lo menos 183 muertos, sumergieron ciudades enteras, mataron miles de animales e inundaron los principales cultivos.

Las olas de calor redujeron la producción de café y cacao en todo el mundo y hacen mucho daño a la soja y el maíz, los cultivos más voluminosos de Brasil, siendo el maíz el más vulnerable a la sequía, ejemplificó Von der Weid.

Las áreas más productivas para el agronegocio, en el Centro-oeste, Sudeste y Sur de Brasil, dependen en buena parte de las lluvias provenientes de la Amazonia, en los llamados “ríos voladores”.

La humedad del océano Atlántico cercano a la línea ecuatorial, de los vientos alisios que soplan de este a oeste, entra Amazonia adentro y se agranda por la transpiración de los árboles. Al chocarse con la cordillera de los Andes, las nubes se propagan por el centro sur de Brasil y partes del Paraguay, Argentina e incluso Uruguay.

La agricultura de esas áreas depende de esos ríos aéreos, pero la población rural vinculada al agronegocio está entre los negacionistas del cambio climático. La extrema derecha, liderada por el expresidente Jair Bolsonaro (2019-2022), es la más activa en el combate al ambientalismo, aunque sean víctimas directas de la crisis climática.

Campesinos del Corredor Seco Centroamericano se adiestran en la construcción de un estanque de piedra, una de las «tecnologías» de acopio de agua de lluvia en el Semiárido brasileño, donde estuvieron en junio de 2018, para un intercambio de conocimientos sobre cómo lidiar con las sequias. Imagen: Mario Osava / IPS

¿El Semiárido, la respuesta para el futuro?

La irregularidad climática provoca sequías y lluvias excesivas, dispersas e imprevisibles, de forma distinta en lugares incluso cercanos, se generaliza y se impone de manera similar a la que ocurre en la ecorregión del Semiárido, en el Nordeste de Brasil, donde AS-PTA más actúa desde su fundación en 1983, detalló Von der Weid.

En esa región predomina otro tipo de agricultura, la que en Brasil se denomina familiar, por involucrar poca tierra y el trabajo principalmente de las familias en la producción rural.

El Nordeste concentra 47 % de los predios de la agricultura familiar, según el censo del Ibge de 2017. Es donde más se diseminaron las prácticas agroecológicas, incluso por razones naturales, es decir las condiciones adversas, como lluvias concentradas en pocos meses, agua subterránea salobre, calor y mucha pobreza.

Las sequías periódicas en el Nordeste ya no provocan los desastres sociales que solían repetirse en la región, con fugas masivas de pobladores hacia el sur más desarrollado e industrial, invasión de las ciudades y saqueos del comercio.

La diseminación de cisternas para acopio de agua de la lluvia, más de 1,2 millones desde 2003, fue el principal factor de los cambios ocurridos y que limitaron los daños sociales de las sequias en el Semiárido.

La mayor parte de esas cisternas, más de un millón, se destina a proveer agua potable para beber y cocinar en los hogares. Las demás, llamadas para producción, son para el riego de los huertos y para los animales.

A ello se sumaron variados programas sociales, como la Bolsa Familia, un subsidio directo a los más pobres, beneficios a los jubilados y discapacitados, y compras gubernamentales de alimentos producidos por agricultores familiares para la alimentación escolar y de las instituciones de asistencia social.

Son “tecnologías sociales” que se exportaron a regiones semiáridas del continente y de África, como el Corredor Seco Centroamericano y el Chaco argentino.

El futuro de la agricultura será agroecológico, asegura Von der Weid, una exigencia de la adaptación a los cambios climáticos, a las condiciones adversas que los campesinos ya enfrentan en el Semiárido.

“La crisis del agronegocio ya se instaló y va creciendo, pese a la pujanza que exhibe en Brasil. No se pueden ampliar indefinidamente los subsidios”, concluyó.

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