BRECHA DIGITAL

Starlink, ARSAT, Marandú y la conectividad rural: el caso Misiones sobre cuánto cuesta llevar Internet a una escuela

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La decisión del Gobierno nacional de avanzar con Starlink para conectar 6.000 establecimientos educativos rurales abrió una discusión que, presentada únicamente en dólares, parece sencilla: ¿por qué pagar alrededor de 160 dólares mensuales por una conexión si la empresa estatal ARSAT puede ofrecer un servicio por 60 o 70?

La diferencia es suficientemente grande como para encender las alarmas. A simple vista, Starlink costaría entre 2,3 y 2,7 veces más. Y el interrogante se vuelve todavía más relevante porque, después del período inicial contemplado por el programa, el sostenimiento de las conexiones terminará recayendo sobre provincias y municipios.

Pero la experiencia acumulada por Misiones con conectividad satelital obliga a incorporar otra pregunta antes de cerrar la ecuación: ¿se están comparando servicios equivalentes?

Francisco Arizaga, analista universitario en Sistemas de Información, consultor tecnológico independiente y conocedor de la infraestructura digital desarrollada en Misiones, a través de Marandú, sostiene que no. Su planteo no pasa por negar el valor estratégico de ARSAT ni por minimizar la discusión sobre la forma en que Nación estructuró el acuerdo con la compañía de Elon Musk. Al contrario: considera indispensables la transparencia, la competencia y la preservación de las capacidades tecnológicas argentinas.

El punto es otro. Para determinar cuánto cuesta realmente conectar una escuela no alcanza con comparar dos facturas mensuales. Hay que comparar qué recibe esa escuela por ese dinero, cuánto cuesta instalar el servicio, qué infraestructura adicional necesita, cuánto cuesta mantenerla y durante cuánto tiempo permanece efectivamente conectada.

Ahí comienza una discusión mucho más interesante que Starlink versus ARSAT.

El programa nacional prevé incorporar 6.000 kits de conectividad satelital de Starlink. La compañía aportaría equipos, accesorios, logística y los primeros 24 meses de servicio prioritario, mientras que el Fondo del Servicio Universal financiaría instalación, soporte, monitoreo y el tercer año.

La inversión conjunta rondaría los 22 millones de dólares: unos US$10 millones correspondientes al aporte de Starlink y aproximadamente US$12 millones provenientes del Fondo del Servicio Universal.

El interrogante aparece después.

Una vez terminado ese período, provincias y municipios adheridos deberían hacerse cargo de un servicio cuyo valor fue estimado en alrededor de US$160 mensuales por establecimiento.

ARSAT, en cambio, presta actualmente conexiones satelitales a escuelas rurales por aproximadamente US$60 a US$70 mensuales.

Tomando solamente esos números, la conclusión parece contundente.

A US$160 mensuales, sostener las 6.000 conexiones demandaría unos US$960.000 por mes y US$11,52 millones por año.

A US$60, la misma cantidad de conexiones representaría US$360.000 mensuales y US$4,32 millones anuales. Incluso tomando US$70, serían US$5,04 millones por año.

La brecha potencial, por lo tanto, oscila entre US$6,48 millones y US$7,2 millones anuales. Es mucho dinero.

Pero todavía no alcanza para determinar cuál sistema resulta económicamente más conveniente.

El dato que cambia la comparación: qué conexión recibe la escuela

El propio debate nacional introduce una diferencia tecnológica central. Las conexiones que actualmente presta ARSAT en algunos establecimientos rurales operan, según lo consignado en el artículo que disparó la discusión, con velocidades de entre 3 y 5 Mbps.

Arizaga plantea que una conexión satelital LEO (Low Earth Orbit u órbita terrestre baja) puede ofrecer prestaciones muy superiores, particularmente en velocidad y latencia. Y eso modifica radicalmente qué puede hacerse con la conexión.

No es una discusión menor.

Una conexión de pocos megabits puede resolver correo electrónico, mensajería, trámites administrativos y navegación relativamente básica. Pero una escuela conectada hoy necesita potencialmente videoconferencias, plataformas educativas, contenidos audiovisuales, almacenamiento en la nube, sistemas administrativos, aplicaciones interactivas y, cada vez más, herramientas vinculadas con inteligencia artificial.

La velocidad es solamente una variable. La otra es la latencia.

Los ARSAT-1 y ARSAT-2 son satélites geoestacionarios. Orbitan aproximadamente a 36.000 kilómetros sobre la Tierra. Starlink funciona mediante una constelación de satélites de órbita baja -LEO-, mucho más cercanos a la superficie terrestre.

Esa diferencia física reduce considerablemente el tiempo que tarda la información en viajar entre usuario, satélite y red terrestre.

Por eso Arizaga advierte que comparar ambos servicios exclusivamente por precio mensual equivale a comparar dos productos sin mirar sus prestaciones.

Para hacer una evaluación económica rigurosa habría que poner sobre la mesa velocidad efectiva, latencia, volumen de datos disponible, disponibilidad, instalación, mantenimiento, reparaciones, tiempos de reposición y monitoreo.

En telecomunicaciones, como en cualquier infraestructura, precio y costo no necesariamente son lo mismo.

Misiones ya hizo parte de ese experimento

Es precisamente ahí donde la discusión nacional encuentra en Misiones un caso particularmente interesante.

La provincia comenzó a incorporar Starlink después del desembarco oficial del servicio en Argentina en 2024 para resolver un problema muy concreto: establecimientos rurales y puntos remotos a los que llevar infraestructura terrestre podía resultar costoso, lento o directamente inviable en el corto plazo.

La ventaja inicial fue el tiempo.

Una terminal puede ponerse operativa rápidamente siempre que tenga alimentación eléctrica, una instalación adecuada y una visión suficientemente despejada del cielo. Eso reduce considerablemente la obra necesaria para conectar un punto aislado.Y el tiempo también tiene precio.

Si una escuela puede conectarse ahora mediante una terminal satelital o debe esperar meses -o años- hasta que una red terrestre llegue al lugar, la comparación económica debería incorporar el costo de esa espera.

Ese concepto es especialmente relevante para Misiones.

La dispersión de la población rural, la geografía, la vegetación, las distancias y el costo de extender infraestructura hacen que el último tramo de conectividad sea muchas veces el más caro.

La fibra óptica de Marandú continúa siendo la infraestructura deseable cuando existe escala y condiciones para desplegarla. Pero extender kilómetros de red exclusivamente para alcanzar un establecimiento aislado puede alterar completamente la ecuación económica.

Ahí el satélite deja de competir necesariamente contra la fibra. Puede transformarse en el puente hasta que la fibra llegue.

El costo invisible: mantener conectado lo que ya se conectó

Arizaga introduce otra variable que suele desaparecer de las comparaciones: el mantenimiento.

Instalar infraestructura es solamente el comienzo. Las soluciones satelitales geoestacionarias requieren una orientación precisa y una infraestructura correctamente mantenida. En un ambiente como el misionero, tormentas, humedad, vegetación, descargas eléctricas y condiciones climáticas intensas elevan las exigencias operativas.

Las terminales LEO tampoco son invulnerables. Necesitan protección eléctrica, cableado adecuado, soporte, espacio libre de obstáculos y una instalación profesional.

Pero su simplicidad operativa puede disminuir la necesidad de intervenciones técnicas.

Y mandar un técnico a una escuela situada a decenas de kilómetros de un centro urbano cuesta dinero.

Combustible, vehículo, horas de trabajo, equipamiento y tiempo fuera de servicio forman parte del costo real de una conexión, aunque ninguno aparezca en la factura mensual del proveedor.

La experiencia misionera aporta incluso un dato práctico.

Arizaga recuerda que, durante el despliegue provincial, de Marandú dos terminales sufrieron inconvenientes: una asociada a un evento atmosférico y otra a un problema eléctrico durante la instalación. Según relata, Starlink reemplazó los equipos sin costo al tratarse de un proyecto educativo.

No significa que esa política comercial vaya a mantenerse indefinidamente. Pero sirve para mostrar por qué la comparación económica necesita contemplar también garantías, reposiciones y soporte.

ECONOMIS | EL COSTO DE LA CONECTIVIDAD

¿Cuánto costaría sostener 6.000 escuelas conectadas?

Proyección del gasto acumulado si los abonos se mantuvieran constantes en US$160, US$70 y US$60 mensuales por establecimiento.

Abono por escuela 1 año 3 años 5 años 10 años
US$160/mes
Valor atribuido a Starlink
US$11,52 M US$34,56 M US$57,60 M US$115,20 M
US$70/mes
Banda superior del valor atribuido a ARSAT
US$5,04 M US$15,12 M US$25,20 M US$50,40 M
US$60/mes
Banda inferior del valor atribuido a ARSAT
US$4,32 M US$12,96 M US$21,60 M US$43,20 M
LA BRECHA EN 10 AÑOS
US$64,8 M a US$72 M
Es la diferencia acumulada entre pagar US$160 mensuales y un abono de US$70 o US$60 por cada una de las 6.000 conexiones.
Starlink | US$160
US$960.000
por mes para 6.000 escuelas
ARSAT | US$70
US$420.000
por mes para 6.000 escuelas
ARSAT | US$60
US$360.000
por mes para 6.000 escuelas

Nota metodológica: cálculo teórico de Economis sobre 6.000 establecimientos y abonos mensuales constantes. No contempla inflación, variaciones futuras de tarifas, instalación, equipamiento, mantenimiento, reparaciones ni diferencias de velocidad, latencia, capacidad o calidad del servicio. Por lo tanto, compara gasto en abonos y no costo total de propiedad (TCO).

Misiones encontró además otra forma de comprar conectividad

Hay otra diferencia importante entre la discusión nacional y la experiencia provincial.

Según explica Arizaga, Misiones avanzó este año en un convenio con Telespazio, proveedor internacional de servicios vinculados con Starlink, para mejorar las condiciones económicas de la conectividad utilizada por el sistema educativo.

Una de las particularidades es que las terminales no necesariamente deben adquirirse como un activo definitivo: pueden entregarse bajo un esquema de comodato.

Eso modifica nuevamente la ecuación.

Comprar un equipo implica inversión inicial, amortización, reposición y riesgo de obsolescencia. Un esquema de servicio o comodato puede trasladar parte de esos riesgos al proveedor.

Por eso la comparación nacional debería incorporar no solamente el precio del abono, sino también quién es propietario del equipamiento, quién paga cuando se rompe y quién absorbe su obsolescencia tecnológica.

Arizaga encuentra, sin embargo, una debilidad importante en el diseño nacional.

No cuestiona que Nación aproveche 6.000 terminales para conectar escuelas. Cuestiona que las provincias no tengan un papel central en la definición de dónde deben instalarse.

Ese detalle puede determinar buena parte de la eficiencia económica del programa.

Misiones ya desplegó soluciones propias en establecimientos rurales. Si Nación utiliza exclusivamente su mapa histórico de escuelas sin conectividad o con viejas instalaciones de ARSAT, existe el riesgo de enviar equipamiento a lugares donde la provincia ya solucionó el problema. El resultado sería una duplicación de infraestructura.

“Lo que tenés que reclamar a Nación es que te incluyan en la decisión de dónde instalarla”, sintetiza Arizaga.

Para Misiones, recibir terminales del programa nacional permitiría además liberar recursos provinciales: si Nación conecta una escuela que actualmente paga la Provincia, esa conectividad puede trasladarse hacia otro establecimiento todavía sin servicio.

Es una lógica de reasignación de recursos que podría multiplicar el efecto de las mismas inversiones.

Una antena, tres servicios

La experiencia misionera introduce incluso una lógica territorial diferente.

En algunos lugares, explica Arizaga, la conectividad fue pensada alrededor de un núcleo.

Ese núcleo podía ser una escuela, un centro de salud o una dependencia policial. Desde allí podía analizarse cómo extender o compartir infraestructura hacia otros servicios públicos cercanos, evitando la irracionalidad de colocar tres soluciones independientes a pocos metros unas de otras.

La unidad económica deja de ser “una antena por escuela”. Pasa a ser un punto de conectividad por comunidad.

En territorios rurales dispersos, esa lógica puede mejorar sustancialmente el retorno social de cada dólar invertido.

Una conexión deja de financiar solamente educación y puede transformarse en infraestructura para educación, salud, seguridad y administración pública.

Ese es probablemente uno de los aprendizajes más relevantes que Misiones podría aportar al diseño nacional.

ARSAT: el precio de la soberanía y el costo de no invertir

Nada de esto elimina la discusión sobre ARSAT. Argentina construyó durante décadas capacidades satelitales propias. ARSAT-1, lanzado en 2014, y ARSAT-2, en 2015, representan infraestructura, posiciones orbitales, ingeniería, conocimiento y autonomía tecnológica.

Para Arizaga, preservar esa capacidad es estratégico. Pero existe un problema temporal.

La próxima generación, representada por el proyecto ARSAT-SG1, debería ampliar sustancialmente la capacidad mediante un satélite geoestacionario de alto rendimiento en banda Ka. Sin embargo, los plazos mencionados por Arizaga ubican su lanzamiento hacia fines de 2028 y el inicio de servicios comerciales durante 2029.

Y ahí aparece el dilema de política pública.

¿Debe una escuela sin Internet esperar a que Argentina tenga disponible su próxima generación satelital?

Para Arizaga, la respuesta es no.

El desarrollo soberano puede continuar mientras se utilizan soluciones disponibles para resolver necesidades inmediatas. Eso tampoco convierte al modelo de Starlink en inocuo.

Existe un riesgo estratégico evidente cuando una infraestructura pública esencial depende de una compañía privada extranjera.

Arizaga utiliza el caso de Ucrania para ilustrar hasta dónde puede llegar esa dependencia: una red técnicamente extraordinaria sigue siendo una infraestructura administrada por un tercero que conserva capacidad sobre su funcionamiento.

Para una escuela rural argentina la situación es incomparable con un conflicto militar, pero el principio tecnológico permanece. Quien controla la infraestructura posee poder.

Por eso el debate sobre soberanía no desaparece con las constelaciones LEO. Se vuelve más complejo.

El desafío es evitar que resolver rápidamente una brecha de conectividad genere una nueva dependencia estructural.

Y allí aparece uno de los puntos débiles del programa nacional: qué ocurrirá después de los primeros tres años y bajo qué condiciones económicas podrán continuar las escuelas conectadas.

Si toda la infraestructura queda atada a un único proveedor, la capacidad negociadora del Estado puede disminuir justamente cuando termina el período promocional.

Ni Starlink ni ARSAT: competencia

La alternativa que plantea Arizaga es mucho más ambiciosa que elegir una empresa. Propone que Argentina piense una política nacional de conectividad rural basada en distintas tecnologías y distintos proveedores.

Starlink hoy. Amazon Leo a medida que despliegue su constelación. Qianfan/SpaceSail desde China. ARSAT donde resulte competitivo. Fibra óptica siempre que económicamente tenga sentido. Radioenlaces y redes móviles donde sean la solución más eficiente.

El principio económico sería sencillo: el Estado define el servicio que necesita y los proveedores compiten por ofrecerlo.

No se licita una tecnología, sino un resultado. Velocidad mínima, latencia máxima, disponibilidad, volumen de datos, tiempos de reparación, costo total, soporte y condiciones de salida.

Eso permitiría evitar dos extremos: sostener una tecnología solamente porque es nacional aunque exista una alternativa considerablemente más eficiente, o entregar toda la infraestructura pública a una multinacional simplemente porque hoy posee la tecnología más avanzada.

Satélite ahora, fibra después

La propuesta tiene una segunda pata todavía más interesante para Misiones.

Arizaga imagina las constelaciones LEO como una solución de última milla inmediata, no necesariamente permanente.

Nación podría garantizar conectividad satelital a los lugares que hoy están fuera de las redes terrestres. Las provincias, mientras tanto, continuarían expandiendo fibra óptica y otras infraestructuras.

Cuando la fibra llega a una comunidad, la terminal satelital se retira. Y se traslada al siguiente punto desconectado. De esa manera, el satélite no reemplaza la construcción de infraestructura. La acelera.

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“Las mujeres tienen 1,5 veces más necesidad de cambiar de trabajo que los varones como consecuencia de los avances tecnológicos”

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El encuentro, organizado por la asociación civil Géneras, reunió a más de 130 ejecutivas y representantes de diferentes industrias. Realizado el pasado 15 de abril en el Centro Argentino de Ingenieros (CAI), se consolidó como una plataforma de incidencia, formación y conexión estratégica a nivel global.


A diferencia de los eventos inspiracionales tradicionales, WITAR26 se presentó como un espacio diseñado específicamente para quienes toman decisiones. El objetivo principal fue claro: convertir las conversaciones sobre innovación en acciones concretas que impacten en los negocios y en la sociedad. La jornada reunió a ejecutivas y ejecutivos del C-level, líderes de Recursos Humanos, Innovación y ESG, así como a representantes de startups, sector público, organismos multilaterales, la academia, sector de la educación y la sociedad civil especializada.

Ejes estratégicos para una transición justa

El programa estuvo estructurado en torno a cinco ejes estratégicos fundamentales: IA, datos y género; el futuro del trabajo y la transición justa; liderazgo femenino en tecnología; gobernanza digital y ética; e innovación con impacto social.


La apertura del evento dio paso a la presentación “Policy Impact 2026: IA, género y trabajo: hoja de ruta para una transición justa”, coordinada por Micaela Sánchez Malcolm, presidenta de Géneras, junto con Ana Baiardi, Gerenta de Género, inclusión y diversidad de CAF (Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe). Este espacio buscó poner en común consensos, trazando un mapa de responsabilidades diferenciadas para el ecosistema tecnológico. Durante la exposición se abordó el impacto desproporcionado de la automatización: las mujeres tienen 1,5 veces más necesidad que los varones de cambiar de trabajo como consecuencia directa de estos avances. Esta brecha refleja una realidad incómoda: la IA no es una tecnología neutral. Sin intervención activa en su desarrollo e implementación, los algoritmos tienden a amplificar las desigualdades estructurales ya existentes en el mercado laboral y la sociedad. “La única manera de que una transición tecnológica sea justa, es que sea construida colectivamente, con perspectiva de género y con mirada federal”, remarcó Sánchez Malcolm. Para lograrlo, se destacó la necesidad de una institucionalidad y regulación que garanticen una transición justa. La gobernanza de esta transición debe incluir la exigencia de trazabilidad y transparencia, rechazando la opacidad de la IA; una mirada federal que atienda a las necesidades específicas de cada territorio; la incorporación de los varones en la discusión sobre equidad; y la atención a la violencia digital como factor que amplifica la desigualdad.

De espectadoras a protagonistas: La IA en los negocios

Uno de los puntos fuertes del encuentro fueron los workshops prácticos, diseñados para que las y los participantes se llevaran herramientas aplicables en el corto plazo. El Workshop I: “De espectadoras a protagonistas: cómo la IA puede transformar tu negocio”, coordinado por María Belén Ortega, especialista en IA, estuvo dirigido a emprendedoras y líderes que buscaban incorporar la inteligencia artificial de manera estratégica en sus modelos de negocio. Este taller propuso un pasaje fundamental: dejar de consumir información sobre IA para empezar a aplicarla en decisiones reales. El objetivo fue que cada asistente pudiera salir del evento con claridad sobre qué dato analizar, qué proceso optimizar y qué acción ejecutar.

En el marco de la transformación de los negocios, se discutió la brecha de capacitación y los sesgos en los datos. Para evitar que la transformación digital consolide un modelo de innovación excluyente, se identificó la necesidad urgente de capacitación accesible, gratuita y certificada. Asimismo, se enfatizó la importancia de la gobernanza de datos, cuestionando su procedencia y calidad para evitar la amplificación de estereotipos. Un dato relevante: en Argentina el 54% de quienes investigan son mujeres, una perspectiva vital para garantizar que estas voces estén presentes en el desarrollo de tecnologías críticas.


Un segundo workshop, a cargo de Victoria Martínez Suárez de Red Hat, abordó el uso responsable de la IA. En un contexto donde los sistemas capaces de actuar mediante agentes que toman decisiones son cada vez más comunes, el desafío radicó en convertir datos en acciones gobernables. La propuesta buscó mostrar cómo transformar datos en decisiones reales sin perder el control, la transparencia y la alineación con los valores humanos. Este debate se enriqueció al analizar los desafíos en la gestión algorítmica y los derechos laborales. El mercado laboral está experimentando un cambio de paradigma donde “ya no existen los roles, existen las tareas”. Esta fragmentación viene acompañada de la delegación de decisiones laborales críticas a sistemas automatizados: selección de personal, reasignación de tareas, evaluaciones de desempeño e incentivos salariales. Esta automatización tiene un impacto perjudicial especialmente sobre las mujeres con tareas de cuidado. Frente a esto, la auditoría algorítmica se posiciona como un mecanismo de protección esencial, aunque representa un desafío técnico y regulatorio considerable

Micaela Sánchez Malcolm, presidenta de Géneras

Bienestar digital y clima laboral

La tecnología no sólo transforma los negocios, sino también las dinámicas de trabajo y la vida personal. La presentación sobre Bienestar Digital a cargo de Lucía Fainboim, especialista en ciudadanía y crianza digital, exploró por qué las mujeres vivimos cansadas y cuánto tiene que ver nuestra rutina digital. En este espacio se abordó la reconfiguración del tiempo y el trabajo no remunerado, una tendencia emergente donde la transformación tecnológica difumina los límites entre el trabajo formal y el tiempo de ocio. Se observa una transferencia de valor económico al tiempo de presencia digital no remunerado, lo que expande la carga de trabajo invisible. Frente a esto, surge como necesidad imperativa el establecimiento del derecho a la desconexión, para garantizar que las personas puedan dedicar tiempo de calidad a actividades fuera del ámbito digital y laboral.

En esta misma línea, otro de los Workshops, “Laboratorio de clima laboral”, coordinado por equipos de Amplifica y Agencia Chilli, propuso un espacio interactivo para diagnosticar las principales problemáticas en los lugares de trabajo. El objetivo fue establecer métricas claras e indicadores que permitieran medir el buen clima laboral, el bienestar de los equipos, la colaboración y la inclusión, analizando cómo esto impacta en los resultados a mediano y largo plazo.

La organización detrás de WITAR26, Géneras, está conformada por mujeres profesionales de diversas disciplinas, incluyendo ingeniería, telecomunicaciones, abogacía, ciencia política, comunicación social y economía. Su misión es promover la inclusión digital, la igualdad de acceso y la participación de jóvenes, mujeres y diversidades en las áreas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemática). A través de una red de colaboración que integra empresas privadas, organismos públicos y la sociedad civil, Géneras busca reducir las brechas tecnológicas territoriales, económicas, etarias, sociales y de género, fomentando buenas prácticas con un impacto positivo, amplio y sustentable.

La 4° edición de Women in Tech Argentina se consolidó como un hito en la agenda tecnológica del país. Los debates desarrollados dejaron clara una conclusión fundamental: frente a un contexto de precarización laboral y des-laboralización, el rol del Estado emerge como fundamental. Se requiere una arquitectura institucional sólida y regulaciones inteligentes aplicadas a los distintos ámbitos de uso de la IA.


La transformación digital no es inevitable ni neutral. Es el resultado de decisiones conscientes que pueden replicar o transformar las desigualdades existentes”, explicó Sánchez Malcom.“WITAR26 demostró que cuando se reúnen líderes comprometidos con la equidad, la tecnología puede ser una herramienta para construir un mercado laboral más justo, donde las mujeres no sean desproporcionalmente afectadas por la automatización, donde los datos sean gobernados con transparencia, y donde la IA sirva a la humanidad en lugar de amplificar sus sesgos”, cerró.

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La telefonía móvil aceleró la inclusión financiera, revela el informe Global Findex

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La nueva edición del Global Findex 2025 —la mayor base de datos mundial sobre acceso y uso de servicios financieros, elaborada por el Banco Mundial— confirma que entre 2021 y 2025 América Latina atravesó una de las transformaciones financieras más profundas de la última década. Y el motor central del cambio no fue la expansión bancaria tradicional, sino la digitalización impulsada por la telefonía móvil. Para Argentina, donde la penetración de smartphones es una de las más altas de la región, el informe refuerza una tendencia ya visible: la inclusión financiera dejó de ser una política exclusivamente bancaria para convertirse en un fenómeno digital.

La inclusión financiera creció con fuerza entre 2021 y 2025: la puerta de entrada fue el celular

El Global Findex 2025, basado en encuestas representativas a 148.000 adultos en 141 economías realizadas durante 2024, ofrece una fotografía actualizada del uso de pagos, ahorro, crédito y herramientas para gestionar riesgos financieros. La novedad de esta edición es que incorpora, por primera vez, indicadores comparables de propiedad de teléfonos móviles, acceso a internet y seguridad digital, elementos que hoy explican buena parte del avance de la inclusión financiera en países emergentes.

De acuerdo con el informe, la mayor parte de los nuevos usuarios de servicios financieros digitales en la región accedió por primera vez a través de un teléfono móvil, sin necesidad de una sucursal bancaria ni trámites presenciales. En Argentina, donde la digitalización financiera había crecido fuertemente tras la pandemia, este patrón se profundizó: las billeteras virtuales, los pagos por QR y las transferencias inmediatas se consolidaron como la vía dominante para incorporarse al sistema financiero.

Más cuentas, más uso activo y menos brechas: tendencias regionales y locales

La información publicada por el Banco Mundial muestra tres grandes transformaciones entre 2021 y 2025:

Creció la tenencia de cuentas y el uso cotidiano de servicios financieros digitales. No solo aumentó la cantidad de personas con acceso formal, sino que también creció la frecuencia de uso: pagos P2P, cobros comerciales digitales, pago de servicios públicos y operaciones cotidianas. El celular se transformó en una billetera de uso permanente, especialmente en economías con alta adopción tecnológica como Argentina.

Se redujeron brechas históricas, aunque persisten desafíos. La expansión de la telefonía móvil acotó diferencias de acceso entre zonas urbanas y rurales, y también entre sectores de menores ingresos.
La brecha de género continúa presente, pero la disponibilidad de teléfonos móviles permitió a más mujeres incorporarse a esquemas de pagos digitales y microahorro.

La seguridad digital emergió como un nuevo factor crítico. El Findex 2025 introduce por primera vez indicadores globales sobre manejo de contraseñas, autenticación, percepción de fraude y capacidad para operar con plataformas digitales de manera segura. La masificación del uso exige ahora un salto en educación financiera y digital, un desafío que Argentina comparte con toda la región.

Alta digitalización y adopción acelerada

Si bien el informe global no proporciona aún todas las cifras por país en el documento disponible, la tendencia general es clara. Argentina continuó posicionándose entre los mercados con mayor adopción de servicios financieros digitales.

Esto se explica por varios factores. Elevada penetración de teléfonos móviles y conectividad 4G/5G. Billeteras virtuales interoperables, que facilitaron pagos por QR sin fricciones. Crecimiento de transferencias inmediatas, adoptadas de forma masiva por comercios, profesionales y consumidores. Digitalización de servicios estatales, incluidos subsidios, devoluciones impositivas y asistencias sociales.

En 2021, Argentina ya se ubicaba por encima del promedio regional en tenencia de cuentas; en 2025, según el Findex, consolidó su transición hacia el “uso activo” del sistema financiero, un indicador central para medir inclusión real.

De la eficiencia estatal al comercio de barrio

El avance de la inclusión financiera —sostenido por la tecnología móvil— tuvo efectos económicos visibles:

Mayor formalización en comercios y servicios. Miles de pequeños negocios adoptaron QR y billeteras digitales, reduciendo costos operativos y dependencia del efectivo.

Mejor respuesta ante shocks económicos. Hogares con acceso a herramientas digitales gestionaron con mayor resiliencia pérdidas de ingresos, gastos extraordinarios y emergencias.

Reducción de costos y filtraciones en programas sociales. El uso de transferencias digitales mejoró la eficiencia del gasto público y redujo intermediaciones.

La inclusión financiera ya es inclusión digital

La conclusión central del informe es contundente entre 2021 y 2025, la inclusión financiera en América Latina avanzó más por la conectividad móvil que por la bancarización tradicional.

La telefonía celular se consolidó como plataforma de acceso, uso y gestión de servicios financieros. Para Argentina, donde la infraestructura digital es relativamente sólida, el salto fue aún más acelerado. El desafío de cara a los próximos años será profundizar la educación digital y garantizar seguridad en un ecosistema donde millones de personas realizan operaciones financieras desde la palma de la mano.

Global Findex 2025 by CristianMilciades

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Estudio de la CEM alerta, la mitad de las firmas misioneras sigue fuera del comercio digital

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Un estudio realizado por la Confederación Económica de Misiones (CEM) expone una radiografía preocupante del nivel de digitalización de las pymes misioneras: el comercio electrónico todavía no es el canal principal de ventas en la provincia y persiste una marcada brecha digital respecto de otros mercados más desarrollados del país.

El relevamiento revela que el 48,97% de las empresas locales sigue comercializando únicamente de manera física, sin dar el salto hacia plataformas digitales. La cifra muestra la resistencia de buena parte del empresariado misionero a incorporar herramientas de e-commerce, aun cuando estas se consolidaron a nivel global como el canal preferido de los consumidores tras la pandemia.

La investigación también confirma que solo un 1,65% de las firmas vende exclusivamente online, lo que refleja que el segmento de pymes que digitalizó el 100% de sus operaciones es prácticamente nulo.

Desde la CEM advierten que esta situación afecta la competitividad de Misiones frente a otras provincias y limita las posibilidades de expansión hacia mercados nacionales e internacionales.

Omnicanalidad incipiente y sectores rezagados

El informe detalla que:

  • 38,27% de las empresas combina venta física y online, lo que muestra una tendencia hacia la omnicanalidad, aunque aún incipiente.
  • 11,11% no comercializa productos ni servicios directamente, lo que sugiere que se trata de empresas de servicios internos o que trabajan exclusivamente bajo la modalidad B2B.
  • El uso intensivo de plataformas digitales es todavía minoritario, con fuerte dependencia de la venta presencial.

Estos datos reflejan que el proceso de digitalización es desigual y que muchos sectores todavía no lograron superar barreras tecnológicas, de inversión y de capacitación.

Desafíos para la economía misionera

El atraso digital tiene implicancias directas en la competitividad del entramado productivo provincial. Por un lado, limita la capacidad de las pymes para captar clientes fuera de la provincia, mientras que, por otro, aumenta la dependencia de las grandes plataformas nacionales o internacionales que concentran el comercio electrónico.

Desde el sector privado, la CEM insiste en la necesidad de políticas públicas que incentiven la adopción de herramientas digitales, financiamiento para la reconversión tecnológica y programas de capacitación para empresarios y trabajadores.

De no revertirse esta tendencia, Misiones corre el riesgo de profundizar la brecha digital respecto de provincias que ya lograron consolidar esquemas de venta omnicanal y exportación vía e-commerce.

Hacia un plan integral de digitalización

El informe de la CEM plantea un escenario de urgencia: la mitad del empresariado misionero sigue sin dar el salto digital. Para revertir esta situación, se vuelve indispensable un plan integral de transformación digital que combine infraestructura tecnológica, créditos blandos y formación de capital humano.

En un contexto de creciente competencia global, la digitalización no es solo una opción, sino una condición necesaria para sostener el crecimiento del tejido productivo provincial.

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Netflix: “Adolescencia” la serie que muestra la cruda realidad de los chicos en la era digital

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“Adolescencia”: La serie que plantea una mirada profunda a los desafíos que enfrentan los jóvenes en la era digital

La exitosa miniserie británica “Adolescencia” ha generado un intenso debate sobre la creciente desconexión entre padres e hijos en el mundo actual, marcado por la omnipresencia de las redes sociales y la influencia del hostigamiento a través de ellas, que describen un fenómeno complejo, para el cuál no hay una sola respuesta, pero que los padres deben conocer.

Un episodio en particular, sirve como catalizador para esta discusión, revelando la magnitud de la brecha existente. En el segundo capítulo, el inspector Luke Bascombe (Ashley Walters) visita un instituto para investigar por qué Jamie Miller (Owen Cooper), el protagonista de 13 años, supuestamente mató a su compañera de clase Katie. Basándose en sus interacciones en Instagram, asume que eran amigos, o que se gustaban.

Esto es, hasta que el hijo de Bascombe, también estudiante de la escuela, le dice que está completamente equivocado.

Los emojis aparentemente inofensivos que Katie usó para comentar en el Instagram de Jamie eran en realidad una forma encriptada de acoso. El emoji de dinamita representa una píldora roja explosiva, una referencia a la manosfera . El símbolo del 100 es otro guiño a la manosfera, aludiendo a una teoría en esos círculos según la cual el 80% de las mujeres se sienten atraídas por el 20% de los hombres.

En otras palabras, Katie insinuó que Jamie es un incel

Es una constatación vertiginosa para Bascombe y los demás adultos, quienes claramente no tienen ni idea de las ideas perniciosas a las que están expuestos los niños bajo su cuidado y cómo eso permea sus vidas.

La serie, que se estrenó en Netflix a principios de este año, explora la radicalización de Jamie, y las múltiples influencias que contribuyeron a su comportamiento violento, desde el entorno escolar hasta la dinámica familiar y el impacto de las redes sociales. El cocreador de la serie, Jack Thorne, reveló en una entrevista con el medio CNN que su investigación lo llevó a explorar los rincones más oscuros de internet, donde pudo encontrar el boceto del personaje.

“Las ideas detrás de la cultura incel son muy atractivas porque explican muchas cosas: sentimientos de aislamiento, baja autoestima, sentirse poco atractivo. Te dicen que hay una razón por la que el mundo está en tu contra: porque el mundo se ha construido desde una perspectiva femenina, y estas mujeres tienen todo el poder”, explicó Thorne.

La serie plantea la cuestión de la responsabilidad de los padres en la radicalización de sus hijos y cómo abordar la influencia de las redes sociales. Thorne subraya la necesidad de que los adultos escuchen activamente a los jóvenes, comprendan sus preocupaciones y busquen soluciones conjuntas.

“Creo que necesitamos encontrar una manera de abordar las redes sociales. Es muy difícil hacerlo con quienes las gobiernan actualmente, porque no se logrará mediante la autovigilancia de las plataformas”, afirmó Thorne.

Thorne reflexiona sobre su propio rol de padre con un hijo pequeño. “Está a punto de cumplir 9 años y le gustan “Los Gremlins” y Roald Dahl. Aún no está en condiciones de interesarle el móvil, y desde luego no le interesan los vlogs ni los blogs ni nada de eso”.

La pregunta es qué hacemos cuando la presión empieza a aumentar. “¿Qué pasa cuando va a la secundaria y el 80% de su clase tiene smartphones y él también quiere uno? ¿Qué pasa cuando pueden llevarse el móvil a la cama y él también quiere llevárselo?”

“Eso me da miedo. Intentar encontrar soluciones en grupo probablemente sea la solución, en lugar de intentar que lo dicten de padre a padre. Así que estamos creando grupos de discusión entre los padres, para que, con suerte, cuando lleguemos a los 11, a suficientes amigos de su grupo se les haya negado el teléfono, y que negarle uno no sea tan terrible como podría ser”, expresa Thorne.

Por otro lado, el autor analiza lo que están haciendo en otros lugares para afrontar el impacto en jóvenes de redes sociales. “En Gran Bretaña, estamos intentando hablar con el Gobierno sobre la edad del consentimiento digital. En Australia, los menores de 16 años tienen prohibido el acceso a las redes sociales, y es responsabilidad de las empresas de redes sociales mantenerlos alejados. Espero que en Gran Bretaña podamos empezar a hablar de ello. Pero cómo se hace eso en Estados Unidos ahora mismo, no lo sé”.

El autor, sostiene que muchos padres están tomando acciones concretas para tratar de proteger a sus hijos de la influencia de redes sociales. “Esta mañana leí sobre un grupo de padres en Kent (un condado de Inglaterra) que están trabajando juntos para evitar que sus hijos, a esa edad crucial, adquieran teléfonos inteligentes. Será un gran problema, pero es muy complejo. Y requiere muchas soluciones complejas”.

“Adolescencia” busca generar empatía y conciencia sobre la difícil situación que enfrentan los jóvenes en la era digital, y ha provocado conversaciones significativas entre padres e hijos, impulsando una reflexión sobre la necesidad de abordar la radicalización juvenil de manera efectiva.

“Ha sido increíble. Lo realmente gratificante han sido los padres que la han visto con sus hijos. Incluso el primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, habló de verlo con sus hijos de 16 y 14 años”, reveló Thorne.

Fuente: CNN

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