CAF financiamiento

Argentina y Paraguay avanzan en el Gasoducto Bioceánico: clave, asegurar demanda y precios competitivos

Compartí esta noticia !

Argentina y Paraguay retomaron las negociaciones para avanzar en el desarrollo del Gasoducto Bioceánico, una iniciativa estratégica que busca integrar el sistema energético regional y conectar recursos gasíferos con nuevos mercados en el Cono Sur.

El proyecto, aún en etapa de estudios y definiciones técnicas, enfrenta un desafío central: asegurar la demanda necesaria para sostener su viabilidad económica. Sin contratos firmes de compra de gas —los denominados acuerdos de “offtake”— y sin precios competitivos, la infraestructura difícilmente logre concretarse.

Desde Paraguay, el viceministro de Minas y Energía, Mauricio Bejarano, confirmó que existe un fuerte interés en el desarrollo del proyecto, tanto a nivel local como internacional. “Tenemos muchos interesados en la construcción, en algún proyecto de Asociación Público-Privada y también futuros tomadores del gas natural”, afirmó, aunque aclaró que aún no hay definiciones firmes hasta completar los estudios de factibilidad.

La iniciativa se inscribe en un esquema más amplio de integración gasífera que involucra al Mercosur y a Chile, con Paraguay buscando posicionarse como un nuevo nodo energético en la región. En ese marco, el gas natural aparece como un recurso clave para reforzar la generación eléctrica y sostener la competitividad energética del país.

El proyecto cuenta con respaldo técnico y financiero de organismos multilaterales como la CAF, que ya impulsó estudios preliminares, mientras que el gobierno paraguayo avanza en reformas legales para atraer inversión privada, incluyendo una ley específica para el transporte de gas y la creación de un ente regulador.

A esto se suma el memorándum de entendimiento firmado con Argentina, que establece una hoja de ruta con cronograma y mecanismos de seguimiento para el desarrollo del gasoducto.

El rol de Argentina: suministro y condiciones económicas

Del lado argentino, el eje pasa por garantizar el abastecimiento. Para ello, la administración de Javier Milei impulsa obras de refuerzo en la red de transporte de gas, necesarias para asegurar un flujo constante hacia Paraguay.

En paralelo, se trabaja en esquemas de incentivo a la inversión —como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI)— y en la definición de precios de exportación, variables determinantes para cerrar la ecuación económica del proyecto.

La sustentabilidad del gasoducto también depende de su escala regional. Paraguay evalúa dos caminos para garantizar la demanda inicial: el consumo interno, con foco en generación térmica e industrialización, y la exportación a Brasil, particularmente al estado de Mato Grosso do Sul, con potencial de expansión hacia el mercado paulista.

El trazado final del gasoducto, de hecho, estará condicionado por los compromisos de compra que puedan asegurarse. En ese sentido, la participación brasileña aparece como un factor decisivo para transformar la iniciativa en una obra concreta.

Mientras avanzan los estudios técnicos y las negociaciones políticas, el Gasoducto Bioceánico se perfila como una apuesta de alto impacto para la matriz energética regional. Sin embargo, su concreción dependerá de lograr un delicado equilibrio entre oferta, demanda, financiamiento y regulación.

En ese escenario, Paraguay busca consolidar al gas natural como un activo estratégico para su desarrollo, mientras Argentina intenta capitalizar su potencial exportador en un contexto de redefinición de su política energética.

Compartí esta noticia !

Misiones pone en marcha la obra San Isidro–Alem–Oberá II y se abre una nueva etapa para el sistema eléctrico

Compartí esta noticia !

El Gobierno de Misiones puso en marcha este martes 7 de abril de 2026 la obra de la Línea de Alta Tensión 132 kV San Isidro – Alem – Oberá II, con una inversión de US$72 millones y un horizonte técnico que promete cubrir la demanda energética de la zona centro por dos décadas. El inicio formal, encabezado por Hugo Passalacqua en Fachinal, no es solo una obra de infraestructura: es una señal política en un contexto donde la energía vuelve a ser un factor de competitividad.

Una obra estratégica para un sistema bajo presión

El proyecto contempla 116 kilómetros de línea aérea de alta tensión, con un tramo de 80 kilómetros de doble terna entre San Isidro y Leandro N. Alem, y otros 36 kilómetros de simple terna hasta Oberá, con previsión de ampliación. A esto se suma la construcción de una nueva estación transformadora en Alem y la ampliación de las estaciones de San Isidro y Oberá II.

La ejecución se financiará mediante un crédito de la Corporación Andina de Fomento y tendrá un plazo de obra de dos años, con una primera etapa —hasta Alem— prevista para marzo de 2027. El despliegue incluye más de 600 estructuras y tres obradores en Fachinal, Cerro Azul y Alem, lo que distribuye la ejecución en distintos frentes.

Desde el punto de vista técnico, la infraestructura apunta a resolver un problema concreto: la limitada disponibilidad y confiabilidad del servicio eléctrico en una región con fuerte perfil industrial. La obra permitirá redistribuir cargas, reducir interrupciones y responder a picos de demanda en momentos críticos.

Energía, industria y planificación: el eje del Gobierno provincial

El impacto alcanzará a más de 300 mil beneficiarios entre directos e indirectos, con mejoras en la calidad del suministro para más de 100 mil familias.

Pero el punto central es otro: la capacidad de sostener la expansión productiva. La zona centro concentra actividades intensivas en consumo energético —aserraderos, secaderos de yerba y té, talleres— que hoy operan con limitaciones. La nueva línea busca corregir ese cuello de botella.

En paralelo, el proyecto incorpora una variable de largo plazo: la posibilidad de integrar nuevas fuentes de generación renovable. Esto no solo amplía la matriz energética, sino que introduce un componente de previsibilidad en un sistema históricamente tensionado.

Impacto económico

En términos políticos, la obra posiciona al Gobierno provincial en un terreno estratégico: la infraestructura como herramienta de desarrollo. La inversión, financiada con crédito internacional, permite sostener una agenda propia en un contexto donde los recursos suelen ser restrictivos.

El componente laboral también tiene peso. Se estima que más del 80% de la mano de obra será local, lo que introduce un efecto inmediato en economías regionales. A eso se suma el impacto indirecto: mayor disponibilidad energética como condición para nuevas inversiones privadas.

En ese esquema, el Estado provincial articula con empresas como Pro Obra S.A. e Ingar S.A., consolidando un modelo mixto de ejecución. No es un dato menor: la coordinación público-privada aparece como una constante en proyectos de esta escala.

Un movimiento estructural con tiempos largos

La línea San Isidro – Alem – Oberá II no es una obra de impacto inmediato. Sus resultados se proyectan en plazos largos: dos años de ejecución y hasta 20 años de cobertura de demanda.

Ese desfase entre inversión y resultado plantea un desafío político. La infraestructura energética no se traduce en rédito inmediato, pero define condiciones estructurales para el crecimiento. En ese equilibrio se juega parte de la estrategia.

En las próximas semanas, la atención estará puesta en el ritmo de ejecución, la coordinación de los distintos frentes de obra y la capacidad de sostener el financiamiento. También en cómo esta inversión se articula con nuevas radicaciones industriales.

La obra ya está en marcha. Lo que queda por verse es si logra transformar una necesidad histórica en una ventaja competitiva sostenida.

Compartí esta noticia !

Categorías

Solverwp- WordPress Theme and Plugin