Tres científicos ganan el Nobel de Química por crear estructuras metalorgánicas con potencial para capturar carbono y generar agua en el desierto
El japonés Susumu Kitagawa, el británico Richard Robson y el jordano-estadounidense Omar Yaghi fueron reconocidos por desarrollar una nueva arquitectura molecular capaz de almacenar gases y líquidos en espacios diminutos. El Comité Nobel destacó su potencial para enfrentar el cambio climático y comparó su descubrimiento con el “bolso de Hermione Granger” de Harry Potter.
Una revolución en la química: materiales porosos con aplicaciones ambientales
El Premio Nobel de Química 2025 fue otorgado a Susumu Kitagawa (Japón), Richard Robson (Reino Unido) y Omar Yaghi (Jordania/Estados Unidos) por el desarrollo de estructuras metalorgánicas (MOF, por sus siglas en inglés), una innovación que redefine el concepto de arquitectura molecular.
Estas estructuras, explicó el Comité Nobel de Química durante la ceremonia realizada en Estocolmo, son capaces de concentrar grandes volúmenes de espacio dentro de una estructura microscópica, un fenómeno que Heiner Linke, presidente del Comité, comparó con el famoso bolso mágico de Hermione Granger de la saga Harry Potter: “Parece pequeño por fuera, pero es enorme por dentro. Puede almacenar enormes cantidades de gas en un volumen diminuto”.
El hallazgo abre la puerta a aplicaciones de alto impacto ambiental, como la captura de dióxido de carbono, la obtención de agua del aire en zonas desérticas, el almacenamiento de gases tóxicos, y la catalización de reacciones químicas con mayor eficiencia y menor costo energético.
De las bolas de madera a los materiales del futuro
La génesis de este descubrimiento se remonta a 1974, cuando Richard Robson, profesor de la Universidad de Melbourne, experimentaba con modelos de bolas de madera para enseñar estructuras moleculares. Al notar que la ubicación de los orificios definía propiedades químicas, se preguntó si unir moléculas en lugar de átomos podía originar materiales nuevos.
Una década más tarde, en los años 80, Robson comprobó su hipótesis al crear una estructura regular utilizando cobre, similar a la del diamante, pero con cavidades internas amplias, lo que marcó el inicio de la química de los materiales porosos.
En los años 90, Susumu Kitagawa, desde la Universidad de Kioto, retomó esos avances para explorar el potencial de las estructuras porosas. Aunque inicialmente enfrentó escepticismo, en 1997 logró su primer gran avance, al desarrollar un material capaz de absorber y liberar gases como metano, nitrógeno y oxígeno.
Por su parte, Omar Yaghi, investigador de la Universidad Estatal de Arizona, llevó el concepto a su máxima expresión al crear el MOF-5, una estructura tan estable que puede calentarse hasta 300°C sin colapsar. Según el Comité Nobel, “un par de gramos de MOF-5 cubren un área tan grande como un campo de fútbol”.
Yaghi aplicó esa tecnología para extraer agua del aire del desierto de Arizona: durante la noche, el material captura vapor de agua y, al calentarse con el sol, libera el líquido para su recolección.
Impacto ambiental, energético y científico global
Las estructuras metalorgánicas permiten almacenar y liberar moléculas de manera controlada, ofreciendo soluciones potenciales a desafíos ambientales críticos. Entre sus aplicaciones destacan:
Captura de dióxido de carbono (CO₂): su capacidad de absorción selectiva las convierte en herramientas clave para reducir emisiones industriales.
Purificación del agua: podrían eliminar sustancias químicas persistentes o restos farmacéuticos del ambiente.
Almacenamiento de hidrógeno: al concentrar grandes volúmenes de gas, se perfilan como materiales estratégicos para la transición energética.
El Comité Nobel resaltó que los MOF “brindan oportunidades nunca antes previstas para materiales hechos a medida con nuevas funciones”, y que su desarrollo “marca un punto de inflexión en la forma en que entendemos la química de los materiales”.
El Premio Nobel de Química 2025 incluye una dotación de 11 millones de coronas suecas (equivalentes a US$ 1 millón), a repartir entre los tres galardonados.
Con este reconocimiento, la Real Academia de Ciencias de Suecia subraya la importancia de la innovación científica como herramienta frente al cambio climático, al tiempo que refuerza la cooperación internacional entre universidades de Asia, Europa y América.
Un mes antes de la COP30 se desarrollará la que, a mi juicio, será la reunión climática más trascendental del año; sí, probablemente más que la propia COP30.
Se trata de la reunión del Comité de Protección del Medio Marino (MEPC) de la Organización Marítima Internacional (IMO, por sus siglas en inglés) que ocurrirá del 13 al 17 de octubre en Londres. Allí, está previsto que se adopte formalmente la “IMO Net-zero Framework”, un acuerdo de reducción de emisiones de impacto global que puede ser determinante para la transición energética en las próximas décadas.
Sin embargo, ya se ha desatado una batalla alrededor de este acuerdo y promete ser un lío de proporciones.
¿Qué es la IMO?
La Organización Marítima Internacional es un organismo especializado de las Naciones Unidas (ONU) responsable de las medidas para mejorar la seguridad y protección del transporte marítimo internacional y prevenir la contaminación procedente de los buques. Cubre una cantidad de aspectos jurídicos que hacen al tráfico marítimo internacional. Se creó en 1948 bajo los auspicios de la ONU, cuenta con 176 países miembros y diversas entidades intergubernamentales en carácter de observadores.
La IMO regula aproximadamente a más de 90.000 buques mercantes a nivel global que están sujetos a sus convenios y regulaciones. Las normativas de la IMO cubren a la gran mayoría de los buques que realizan transporte internacional de carga y pasajeros, incluidos petroleros, graneleros, contenedores, y buques de pasajeros, aunque excluye embarcaciones menores o de tráfico local. En términos prácticos, la flota regulada por esta organización representa la mayor parte del tonelaje transportado internacionalmente y, por ende, la mayoría de las emisiones producidas por el transporte marítimo por la quema de combustibles fósiles.
Cuando uno analiza sectorialmente a las emisiones globales de gases de efecto invernadero, hay un porcentaje de alrededor del 3% que proviene de las emisiones generadas por el transporte marítimo.
Es un sector que, naturalmente, no está regulado por ningún gobierno nacional, sino que se trata de una actividad esencialmente de carácter internacional; de allí la necesidad de que un plan de acción para el sector deba ser adoptado por una organización supranacional. Una situación similar ocurre con la aviación. 1
La negociación climática dentro de la IMO
A partir de 2015, y al igual que en diversos sectores de la economía global, la IMO inició un proceso de negociaciones aceleradas para alinear las emisiones del transporte marítimo con el objetivo de alcanzar la neutralidad de carbono para 2050. Como resultado de este esfuerzo, hoy estamos muy cerca de contar con una hoja de ruta propia que guíe al sector marítimo hacia el Net Zero.
Hace unos días, John Kerry, quien fuera el máximo representante de los Estados Unidos para las negociaciones climáticas, señaló que “la comunidad marítima comprende la importancia de este acuerdo, que es el primero en alinear la acción con lo indicado por la estrategia climática de la IMO de 2023: combinar una norma obligatoria sobre los gases de efecto invernadero en los combustibles con un mecanismo de fijación de precios que recompense a los pioneros y estimule una transición rápida, justa y equitativa a nivel global”. 2
Efectivamente, en 2023 la IMO aprobó su “Strategy on Reduction of GHG Emissions from Ships”, luego de un extenso proceso de negociaciones y trabajos técnicos que arrancaron en 1997 y que tuvieron su impulso definitivo en 2018, cuando adoptó su Estrategia Inicial sobre la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de los buques.
Este desarrollo dentro de la IMO acompañó la evolución de las negociaciones climáticas globales, un proceso que describí brevemente en la nota anterior sobre hidrógeno. Recomiendo pegarle una ojeada.
Lo que acordó la IMO en su estrategia inicial de 2023 debía ser traducido en instrumentos y reglas concretas que empujaran un plan progresivo de abandono de los combustibles fósiles en los buques por sus alternativas menos emisoras de CO₂. Este proceso no fue sencillo, ya que hubo que conciliar los más diversos intereses comerciales entre los países miembros y los obvios desafíos tecnológicos.
El resultado final fue la aprobación, en abril de este año, de la “IMO Net-Zero Framework”, que representa la concreción o la instrumentación de los objetivos establecidos en la estrategia de 2023. La IMO Net-Zero Framework consiste en dos mecanismos principales vinculados entre sí:
Un standard global sobre combustibles (global fuel standard) que obligue a los buques a reducir gradualmente el grado de contaminación de su combustible (es decir, la cantidad de gases de efecto invernadero emitidos por cada unidad de energía utilizada a lo largo del ciclo de vida del combustible); y
Un mecanismo de fijación de precios (pricing mechanism) de los gases de efecto invernadero emitidos por los buques, para estimular al sector a reducir las emisiones para cumplir con la Global Fuel Standard.
En términos legales, estos instrumentos han sido aprobados en abril de este año como enmiendas al Anexo VI del Convenio Internacional para Prevenir la Contaminación por los Buques (MARPOL), el convenio de la IMO que establece normas para reducir la contaminación atmosférica del transporte marítimo y mejorar la eficiencia energética. Este paso trascendental se dio en abril de este año. 3
¿En dónde estamos ahora? Bien, si se traza un esquema de los pasos para la entrada en vigor de un instrumento que sea jurídicamente vinculante dentro de la IMO, las enmiendas al Convenio MARPOL deben pasar por varias etapas, conocidas como “procedimiento de aceptación tácita”. Estas son:
Dentro de ese esquema, hoy estamos en el cuarto paso (circulación) y ahora viene el paso definitivo (adopción).
La enmienda del Anexo VI de MARPOL que establece el programa de emisiones cero para 2050 será votada y adoptada en una sesión extraordinaria del Comité de Protección del Medio Marino (MEPC/ES.2) de la IMO, que tendrá lugar del 13 al 17 de octubre de 2025. Esta sesión extraordinaria está específicamente programada para la adopción formal de estas enmiendas, previendo su entrada en vigor para marzo de 2027.
El giro de Estados Unidos: Trump
La primera batalla contra la estrategia de la IMO se desató este año en la reunión del Comité de Protección del Medio Marino durante su 83ª sesión (MEPC 83), celebrada del 7 al 11 de abril de 2025. La recién iniciada segunda presidencia de Donald Trump comenzaría a tener un impacto severo en el ámbito de la organización marítima.
Justo cuando debía aprobarse el borrador con las enmiendas, surgieron fuertes críticas y amenazas por parte del Gobierno de los Estados Unidos. Su oposición se centró en la tasa al carbono generado por los buques, argumentando que “impondría cargas económicas significativas” y “favorecería el aumento de la inflación”. Es decir, utilizando los mismos argumentos que emplea para oponerse a la totalidad de las políticas climáticas, la administración Trump se ha plantado frente a la IMO Net Zero Framework. Esto obviamente exacerbó los ánimos dentro de la reunión de abril e influyó en las posiciones de sus países aliados.
Recordemos que, en enero de 2025, Trump había retirado a los Estados Unidos del Acuerdo de París y, al mismo tiempo, había iniciado una insólita guerra arancelaria que generó alarmas en el mundo del comercio internacional. Esos cambios sacudieron internamente a la IMO.
La animosidad contra la IMO Net-Zero Framework llevó a Estados Unidos a retirarse de las negociaciones de la reunión de abril en Londres. Según la agencia Reuters, Washington adelantó por esos días en una nota diplomática que adoptaría “medidas recíprocas” para compensar las tasas cobradas a los buques estadounidenses.
Así las cosas, la reunión se complicó y hubo que negociar mucho para acercar posiciones que se habían endurecido; por un lado, aquellos que aprovecharon el planteo de EUA para intentar disminuir la ambición del acuerdo, y por el otro, los que empujaban por sostener la ambición climática expresada en los acuerdos de 2023.
El resultado finalmente fue positivo y el IMO Net-Zero Framework fue aprobado según la siguiente votación:
Podemos ver que Argentina se abstuvo en esa votación de abril, muy probablemente influida por la posición de Estados Unidos y la nueva política (anti) climática del gobierno nacional. Todo indicaría que, en octubre, Argentina pasará a votar negativamente, más aún, teniendo en cuenta el reciente “salvataje” económico ofrecido por Donald Trump a la Argentina hace pocos días.
Como se mencionó, el programa de emisiones cero para el 2050 debe ser ahora adoptado formalmente en octubre de 2025 durante la reunión del Comité de Protección del Medio Marino (MEPC) de la IMO. En esa sesión se aprobarán las enmiendas al Anexo VI del Convenio MARPOL que son las que establecen el marco jurídico vinculante para alcanzar emisiones netas cero en el transporte marítimo global para 2050.
Figura 1. Se establecen dos niveles de requisitos sobre el GFI (GHG fuel intensity) anual alcanzado para un buque: un objetivo de base y un objetivo de cumplimiento directo más estricto. Cada buque debe cumplir el objetivo de Cumplimiento Directo. La normativa incluye factores anuales de reducción del GFI hasta 2035, como se muestra en la tabla y la figura. Depende del grado de incumplimiento de los buques, las penalidades son mayores.
Cuando en abril se votaron las medidas esbozadas en el Net Zero Framework (NZF), 63 países votaron a favor, 16 en contra y 24 se abstuvieron. La votación en sí fue algo inusual, ya que en la IMO se suele intentar tomar las decisiones por consenso. Llegar a esa votación dividida era un escenario impensado cuando arrancó la negociación del NZF en 2023.
En la sesión extraordinaria de octubre, el Net Zero Framework seguro enfrentará nuevamente un voto dividido. En este caso, solo pueden votar los Estados que sean parte del Anexo VI de MARPOL y que estén presentes. Si dos tercios votan a favor del marco, se adoptará. ¿Se llegará?
El escenario puede ser de mayor confrontación que en abril pasado, ya que la oposición de los Estados Unidos ha crecido. Una casi “declaración de guerra” es el comunicado de la Casa Blanca del mes pasado, advirtiendo su rechazo y amenazando con represalias a quienes apliquen el marco impulsado por la IMO.
“El presidente Trump ha dejado claro que Estados Unidos no aceptará ningún acuerdo medioambiental internacional que suponga una carga indebida o injusta para Estados Unidos o perjudique los intereses del pueblo estadounidense. Este mes de octubre, los miembros de la Organización Marítima Internacional (OMI) están a punto de considerar la adopción del llamado “Marco Neto Cero”, destinado a reducir las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero del sector del transporte marítimo internacional.
Cualesquiera que sean sus objetivos declarados, el marco propuesto es, en realidad, un impuesto mundial sobre las emisiones de carbono aplicado a los estadounidenses por una organización de la ONU que no rinde cuentas. Estas normas sobre combustibles beneficiarían convenientemente a China al exigir el uso de combustibles caros no disponibles a escala mundial. Estas normas también impedirían el uso de tecnologías probadas que abastecen a las flotas navieras mundiales, incluidas las opciones de bajas emisiones en las que la industria estadounidense es líder, como el gas natural licuado (GNL) y los biocombustibles. En este marco, los buques tendrán que pagar tasas por no cumplir unas normas de combustible y unos objetivos de emisiones inalcanzables. Estas tasas encarecerán la energía y los costes del transporte y los cruceros de recreo. Incluso los buques pequeños incurrirían en millones de dólares en tasas, aumentando directamente los costes para los consumidores estadounidenses.
La Administración Trump rechaza inequívocamente esta propuesta ante la OMI y no tolerará ninguna acción que aumente los costes para nuestros ciudadanos, proveedores de energía, compañías navieras y sus clientes, o turistas. Lucharemos duro para proteger al pueblo estadounidense y sus intereses económicos. Nuestros colegas miembros de la OMI deben saber que buscaremos su apoyo contra esta acción y que no dudaremos en tomar represalias o en explorar soluciones para nuestros ciudadanos en caso de que esta iniciativa fracase”.
La adopción del Net Zero Framework implicaría un impulso enorme para la industria de los combustibles limpios, fundamentalmente, para los derivados del hidrógeno verde. El transporte marítimo es uno de los sectores “difíciles de descarbonizar” que describíamos en la nota publicada hace unos días. El amoníaco verde u otro tipo de e-fuels (combustibles sintéticos derivados del hidrógeno), serán a partir de 2030 las alternativas centrales para la implementación del marco de descarbonización del transporte marítimo. 4
El Net Zero Framework dispararía rápidamente una demanda global que actuaría como un acelerador de proyectos de hidrógeno verde en diferentes puntos del planeta, puesto que se trata de una demanda global descentralizada. Los puertos en todas las regiones del globo deberán, progresivamente, ofrecer combustibles de cero emisiones
Cuando se señala que la demanda de hidrógeno verde está demorada por el debilitamiento de la política climática global, se hace referencia a este tipo de situaciones como las que comienza a atravesar la IMO; la radicalización de algunos países comienza a dañar severamente acuerdos que fueron construyéndose a lo largo de años de negociación. En octubre se sabrá si el acuerdo sobrevive y con qué impulso contará para afrontar la dura oposición de los Estados Unidos.
A comienzos de este año, una empresa global con presencia en la Argentina con proyectos de hidrógeno me comentó sus expectativas por las negociaciones en el marco de la IMO. Sin duda que el combustible para buques podría ser un disparador de demanda para los proyectos de gran escala en la Patagonia. Son expectativas correctas.
Desde el mundo corporativo global hay un sólido apoyo al Net Zero Framework. La industria en general y la vinculada al transporte marítimo en particular, están apoyando las negociaciones y el proceso de transición que se plantea en dicho acuerdo. 5
El marco impulsado por la IMO está recibiendo apoyo de diversas coaliciones representativas del mundo de los negocios. Una de las más activas es la Getting to Zero Coalition, poderosa alianza de más de 200 organizaciones (incluidas más de 180 empresas privadas) de sectores como el marítimo, energético, de infraestructuras y financiero. Esta colación se ha comprometido a poner en servicio buques comercialmente viables propulsados por combustibles de emisiones cero para 2030. Esta coalición acaba de emitir una declaración que muestra las tensiones latentes para la reunión de octubre.
“Mantener el rumbo del Net Zero Framework de la IMO no consiste sólo en tomar medidas sobre las emisiones de gases de efecto invernadero. Para el transporte marítimo, el multilateralismo es más que un un concepto político superior; es la base de una regulación mundial creíble que permite a la industria del transporte hacer su trabajo. La labor de la OMI en materia de descarbonización ha sido ardua, pero los resultados obtenidos hasta ahora ofrecen al sector la esperanza de que incluso los mayores retos pueden afrontarse juntos. Mientras esperamos sus decisiones en octubre, instamos a los Estados miembros a reforzar esa esperanza, y no a socavarla”.
El mundo de los negocios aguarda con expectativas el resultado de la próxima reunión de la IMO en octubre. El World Economic Forum ha dado su apoyo a la iniciativa, indicando que “se alienta a los Estados miembros de la IMO a aprovechar esta oportunidad generacional para tomar decisiones valientes que apoyen un futuro próspero para el transporte marítimo, sus comunidades conectadas y las cadenas de valor en todo el mundo”. 6
Volviendo a la Argentina. Esta reunión clave es una gran oportunidad para que la industria del hidrógeno y los biocombustibles tengan una demanda internacional que genere oportunidades industriales en el país. Es una oportunidad para insertar a la Argentina en el circuito de las nuevas industrias que emergen con la transición. Esta es una manera de verlo. Otra forma de ver esto, es optar por permanecer bajo la influencia de la mirada hiper ideologizada de Donald Trump; mantenerse firme en los conceptos más duros y negacionistas del club político al cual le gusta pertenecer al presidente, pero que le quitan oportunidades y márgenes de maniobra al país. Es muy malo poner por delante de los intereses del país las obsesiones ideológicas personales.
Si miramos lo que ocurre a nuestro alrededor, todos los países continúan preparándose para la transición, nadie quiere quedar rezagado; todos procuran encontrar su lugar en un mundo que abre oportunidades y también amenazas. No es casual el voto favorable en abril pasado de Chile, Uruguay, Brasil y Paraguay, nuestros vecinos que buscan posicionarse como proveedores de hidrógeno al mundo. Nosotros nos abstuvimos y nos marginamos más y más en esa conversación estratégica.
Sería una gran decisión que Argentina votara favorablemente en octubre. No solo es importante porque se trata de un acuerdo que acelerará la transición y la mitigación del cambio climático; también abre un proceso que le permitirá a la Argentina tener la oportunidad de desarrollar la industria del hidrógeno de bajas emisiones.
Frecuentemente, se habla de que es necesario desarrollar una “diplomacia del hidrógeno” para lograr insertarse en esta nueva economía. En octubre próximo, en el marco de la Organización Marítima Internacional, Argentina tiene una oportunidad para mostrar que es capaz de desplegar una estrategia diplomática de largo plazo.
Las NDC (Nationally Determined Contribution) de los países excluyen metas de reducción para el sector marítimo. Además, el combustible destinado al transporte marítimo internacional, llamado bunker, no se incluye en los inventarios de GEI nacionales. De allí que esas emisiones se las asigna a la OMI y por ende este organismo debe desarrollar su propia política de mitigación.
El próximo 9 de octubre, la Iniciativa Biochar Argentina realizará un seminario virtual para analizar el potencial del biochar forestal, una tecnología capaz de capturar carbono durante siglos, mejorar suelos y abrir nuevas oportunidades de negocios sostenibles. El encuentro, que cuenta con el apoyo de la Asociación Forestal Argentina (AFoA) y la Mesa Argentina de Carbono, se inscribe en la estrategia de posicionar al país en un mercado global que podría superar los USD 3.000 millones en la próxima década.
Biochar: residuos convertidos en valor y carbono en el suelo
El biochar se obtiene a partir de la biomasa mediante un proceso de pirólisis, que convierte residuos forestales y agrícolas en un material con capacidad de secuestrar CO₂ de manera estable por cientos de años. Su utilización no solo representa una solución de gran escala contra el cambio climático —con potencial de eliminar hasta el 6% de las emisiones globales anuales—, sino que también abre la puerta a mercados de créditos de carbono, cada vez más demandados en el mundo.
Los beneficios del biochar trascienden la cuestión climática: Regenera suelos degradados, aumentando su productividad. Retiene agua y nutrientes, vital en contextos de sequía. Remedia contaminantes y promueve prácticas de economía circular.
“El biochar representa una convergencia poderosa entre ciencia, productividad y compromiso ambiental. Este seminario es una oportunidad para que Argentina se posicione en la frontera de una bioeconomía innovadora”, destacó Pablo Nardone, coordinador de la Iniciativa Biochar Argentina.
Actores estratégicos y agenda del seminario
El encuentro virtual reunirá a referentes nacionales e internacionales en bioeconomía, mercados de carbono y certificación ambiental. Participarán, entre otros:
Mara Volpe (Cyclus S.A.), especialista en economía circular y descarbonización.
Juan Pedro Cano (Mesa Argentina de Carbono), abogado y referente en gestión ambiental y mercados de carbono.
Sebastián Fragni (GMF / The Carbon Sink), experto en créditos de carbono y proyectos forestales.
Kranav Sharma (Verra), ONG líder en estándares climáticos (VCS).
Ariel López Mato (UNITAN), director de la principal exportadora de tanino del país, pionera en certificar bonos de carbono.
Ángela Duque (BioCarbon Standards), CEO de la entidad de certificación ambiental que incorpora trazabilidad con blockchain.
El seminario será moderado por Pablo Nardone y buscará trazar un mapa de oportunidades para el sector forestal argentino, donde la abundancia y calidad de biomasa otorgan ventajas comparativas para ingresar de lleno al negocio global del biochar.
Oportunidades y desafíos para Argentina
El desarrollo del biochar se presenta como una oportunidad estratégica para el país: convertir residuos forestales en valor económico, atraer inversiones a partir de créditos de carbono y fortalecer cadenas de valor locales ligadas a la bioeconomía.
No obstante, el desafío pasa por articular políticas públicas, marcos regulatorios y certificaciones internacionales que aseguren la calidad y trazabilidad de los proyectos. La participación de organismos como Verra y BioCarbon Standards refuerza la necesidad de estándares globales para garantizar la competitividad argentina en este nuevo mercado.
Si Argentina logra consolidar una estrategia de producción y certificación de biochar, podría convertirse en un actor regional de peso en el emergente mercado de carbono, aportando no solo divisas, sino también soluciones concretas frente al cambio climático. El seminario del 9 de octubre será, en este sentido, un hito para alinear actores públicos, privados y académicos en torno a esta nueva frontera de la bioeconomía.
Andrew Dressler, profesor de Ciencias Atmosféricas en la Universidad de Texas, afirmó que “ese informe se burla de la ciencia. Se basa en ideas que fueron rechazadas hace mucho tiempo, respaldadas por tergiversaciones del conjunto del conocimiento científico y omisiones de datos importantes”.
Quizás el aspecto más delicado del estudio de Energía es que lo está utilizando la estatal Agencia de Protección Ambiental (EPA en inglés) como sustento para revocar decisiones que datan desde 2009 y regulan en Estados Unidos las emisiones de gases de efecto invernadero, causantes del calentamiento planetario.
Se trata del marco legal más importante que tiene este país para limitar la contaminación climática. Y Estados Unidos es actor fundamental en la economía y sociedad mundiales, que obran sobre la evolución y crisis del clima.
Con su nueva política, el gobierno que dirige el presidente Donald Trump impulsa la expansión de la producción de combustibles fósiles, a la vez que recorta los incentivos para las energías limpias.
Tampoco hubo proceso de revisión por pares ni transparencia en la elaboración, y se usaron citas selectivas y estudios desactualizados, muchos escritos por los mismos autores e ignorando el consenso científico reflejado en los informes del Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático (Ipcc).
El climatólogo Robert Kopp, de la Universidad Rutgers y ex autor líder del Ipcc, dijo que “normalmente, un informe como este se sometería a una revisión por pares rigurosa, imparcial y transparente”, lo cual no se produjo.
“Cuando quedó claro que el Departamento de Energía no iba a organizar la revisión, la comunidad científica se unió por sí sola, en menos de un mes, para presentarla.
Los más de 85 revisores expertos voluntarios descubrieron que el comité de cinco elaboró un informe que carece de credibilidad científica”, apuntó Kopp.
El documento crítico insiste en que, a diferencia de las evaluaciones legítimas, el informe de Energía “se elaboró en secreto, sin revisión independiente por pares ni responsabilidad por responder a los comentarios públicos”.
El informe gubernamental “busca minimizar los riesgos del calor récord, las lluvias intensas, el agravamiento de los incendios forestales, el aumento del nivel del mar y los daños generalizados a la salud, todos ellos bien documentados por décadas de investigación científica revisada por pares”, señala el texto crítico.
Otro defecto estaría en la evidencia seleccionada: el documento de Energía “cita selectivamente estudios obsoletos o desacreditados (a menudo escritos por los propios miembros del comité), ignora el peso abrumador de la evidencia científica y tergiversa las fuentes convencionales”, señala el reporte de los 85 científicos.
Y, finalmente, el resultado del estudio gubernamental estaría predeterminado, pues “se redactó para justificar la reversión de la Detección de Peligros (de 2009) de la EPA, y el avance de los intereses de los combustibles fósiles, no para fundamentar las políticas con ciencia creíble”, de acuerdo con la crítica.
Por el contrario, el análisis crítico defiende estudios del Ipcc y de la interinstitucional Evaluación Nacional del Clima de Estados Unidos, que en 2023 confirmaron que el cambio climático antropogénico se agrava con cada tonelada emitida de gases de efecto invernadero, y perjudica a comunidades de todo el país y del mundo.
Para el conjunto de expertos críticos “el consenso científico sigue siendo claro. La evidencia confirma que la crisis climática es más sólida que nunca”.
Un nuevo informe del Banco Mundial sostiene que la degradación de la tierra, el agua y el aire no solo constituye una amenaza ambiental, sino un riesgo económico inmediato. Según el estudio Reboot Development: The Economics of a Livable Planet (2025), restaurar los ecosistemas y gestionar mejor los recursos naturales puede generar beneficios económicos y sociales sustanciales, desde mayor productividad agrícola hasta la creación de empleo en sectores verdes.
El documento revela que el 90% de la población mundial vive en tierras degradadas, con aire contaminado o bajo estrés hídrico, mientras que en los países de bajos ingresos el 80% enfrenta simultáneamente los tres problemas. La pérdida de bosques, por ejemplo, reduce las precipitaciones y los rendimientos agrícolas, generando costos anuales cercanos a USD 379.000 millones, equivalentes al 8% del PBI agrícola global.
Otro dato crítico es la “paradoja del nitrógeno”: si bien los fertilizantes impulsan la producción, su uso excesivo deteriora cultivos y ecosistemas, lo que representa un costo global estimado en USD 3,4 billones anuales.
Además, la contaminación del aire y el agua daña silenciosamente la salud, reduce la productividad laboral y afecta las capacidades cognitivas, limitando el potencial humano.
La oportunidad: más empleo y crecimiento con naturaleza gestionada
Pese al diagnóstico, el Banco Mundial subraya que invertir en naturaleza es una política de desarrollo inteligente. El informe estima que un uso más eficiente de los recursos naturales podría reducir la contaminación en un 50% y generar retornos muy superiores al costo inicial.
Entre los ejemplos concretos:
Manejo de fertilizantes: mejorar las prácticas de uso de nitrógeno puede generar beneficios 25 veces superiores a su costo, aumentando a la vez los rendimientos de los cultivos.
Agua potable y saneamiento: la cloración en el punto de acceso podría evitar la muerte de una cuarta parte de los niños que fallecen prematuramente por enfermedades relacionadas con el agua.
Mercados de contaminación: cada dólar invertido en esquemas de reducción de emisiones puede generar beneficios de entre USD 26 y USD 215.
“Las personas y comunidades de todo el mundo no solo enfrentan una crisis ambiental, sino también económica. La buena noticia es que existen soluciones: si los países hacen las inversiones acertadas ahora, los sistemas naturales se pueden restaurar y generar rendimientos considerables en materia de crecimiento y empleo”, afirmó Axel van Trotsenburg, director gerente sénior del Banco Mundial.
Información, coordinación y evaluación
El informe destaca tres áreas clave para avanzar en un modelo de desarrollo sostenible:
Información en tiempo real: integrar datos de estaciones de monitoreo y satélites para mejorar la toma de decisiones y la rendición de cuentas.
Coordinación intersectorial: aplicar políticas de manera conjunta, evitando que la reducción de impactos en un área genere efectos negativos en otras.
Evaluación continua: realizar revisiones periódicas para ajustar las políticas y escalar las prácticas más efectivas.
El Banco Mundial insiste en que ya existen experiencias exitosas de crecimiento económico desacoplado de la degradación ambiental, lo que demuestra la viabilidad de transitar hacia economías resilientes y sostenibles.
El estudio plantea que los países deben dejar de ver la naturaleza como una restricción y empezar a considerarla un activo económico estratégico. Restaurar ecosistemas y reducir la presión sobre los recursos naturales no solo protege la biodiversidad, sino que aumenta la resiliencia económica frente a sequías, crisis hídricas y choques de productividad.
En términos de política pública, se proyecta una mayor presión para que los gobiernos internalicen los costos ambientales mediante impuestos verdes, estándares de emisiones y esquemas de comercio de derechos. El desafío, subraya el Banco Mundial, será asegurar que estas políticas contemplen criterios de equidad, especialmente en países de ingresos bajos y medios.
Misiones podría ir hacía una economía que valore el capital natural
El informe subraya que proteger y restaurar la naturaleza deja de ser una “externalidad” para convertirse en una palanca de crecimiento y empleo. Misiones tiene factores comparativos —bosques de rápido crecimiento, un entramado pyme orientado a la madera y capacidades académicas locales— que pueden convertir a la provincia en un caso ejemplar de bioeconomía regional.
Sin embargo, eso exige políticas integradas: medición ambiental, trazabilidad y certificación, esquemas de pago por servicios ecosistémicos y acceso a financiamiento concesional para escalar inversiones verdes. Sin esas señales de mercado y coordinación institucional, el riesgo es que la expansión productiva erosione los servicios hídricos y la productividad futura, replicando la ‘trampa’ que el informe advierte para economías basadas en extracción.
La experiencia misionera muestra que el desarrollo industrial y la preservación ambiental no son caminos contrapuestos, sino que pueden retroalimentarse si se asume una visión estratégica de largo plazo. El desafío no es menor: exige inversión en información ambiental, certificaciones y esquemas innovadores de financiamiento verde. Pero el potencial es enorme.
Si Misiones logra articular sus políticas productivas con las recomendaciones internacionales, podría no solo consolidar su industria, sino también posicionarse como un modelo de desarrollo donde el cuidado de la naturaleza se transforma en motor de empleo, competitividad y resiliencia frente al cambio climático.