El papel de la economía circular para ayudar al planeta a alcanzar los objetivos climáticos, además de generar nuevos empleos y oportunidades de negocio, fue destacado en el Foro Mundial de Economía Circular 2025 (WCEF2025) . Este mensaje fue reforzado por participantes de los sectores empresarial, público, académico y de ONG.
La edición de este año del foro reflejó el papel de Brasil en la promoción de cambios para abordar la triple crisis planetaria: contaminación, pérdida de biodiversidad y cambio climático. Esto es en preparación para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), que tendrá lugar en la ciudad amazónica de Belém, Brasil, en noviembre.
“La economía circular es sin duda una de las herramientas que necesitamos para combatir el cambio climático lo antes posible, según lo que nos dice la ciencia. Tenemos pocos años —muy pocos— para actuar correctamente. Necesitamos la economía circular”, afirmó André Corrêa do Lago , presidente de la COP30, en el WCEF2025.
La 9ª edición del Foro Mundial de Economía Circular tuvo lugar en São Paulo del 13 al 16 de mayo de 2025. Después del evento principal, 102 sesiones aceleradoras conectaron los temas del foro con experiencias prácticas de transición circular. El foro también sirvió como plataforma para varias reuniones internacionales. Por ejemplo, el Panel Internacional de Recursos (IRP) de las Naciones Unidas, socio científico del WCEF, celebró una reunión durante el evento.
Un nuevo informe revela una disminución de la circularidad
La gran mayoría de los materiales que entran a la economía todavía son vírgenes. De hecho, la tasa de circularidad global continúa cayendo, como lo demuestra The Circularity Gap Report 2025 ( CGR 2025 ), de Circle Economy en colaboración con Deloitte Global, lanzado durante WCEF2025. Solo el 6,9% de los 106 mil millones de toneladas de materiales que utiliza anualmente la economía mundial provienen de fuentes recicladas, lo que supone una caída del 2,2% desde 2015.
“Para pasar de la economía lineal actual a una circular, necesitamos una regulación inteligente”, enfatizó Kristo Lehtonen, director del Fondo de Innovación Finlandés Sitra, creador del Foro Mundial de Economía Circular.
“Los sistemas lineales están perdiendo su licencia para operar”, expresó, enfatizando que el cambio es necesario para abordar la triple crisis planetaria atacando la causa raíz: el consumo excesivo de materias primas vírgenes.
Como país anfitrión de WCEF2025 y COP30, Brasil está liderando el camino: el país publicó su Plan Nacional de Economía Circular días antes del foro. El plan prioriza modelos de negocio que eliminen los residuos y la contaminación, mantengan los productos y materiales en uso y regeneren los sistemas naturales.
“El plan es el resultado de un esfuerzo colectivo que reconoce el papel estratégico de la industria en la transición hacia un modelo económico más sostenible”, destaca Davi Bomtempo , superintendente de Medio Ambiente y Sostenibilidad de la Confederación Nacional de la Industria (CNI), coanfitrión de WCEF2025.
“Al proporcionar una hoja de ruta con cinco pilares hacia la circularidad (entorno regulatorio, innovación y educación, reducción de residuos, instrumentos financieros y coordinación interfederativa), el plan crea un marco sólido, pero el verdadero agente de la transición es el sector privado”, enfatiza Kalil Cury Filho . Se desempeña como Director Adjunto del Departamento de Desarrollo Sostenible de FIESP, la Federación de Industrias del Estado de São Paulo, también coanfitrión de WCEF2025.
Se anuncian nuevos Premios de Circularidad: el Premio Empresarial LAC 2025 se otorga a Energy Source , Brasil
En varias sesiones y debates del WCEF2025, se destacó la necesidad de nuevas asociaciones y colaboraciones para acelerar la transición hacia la circularidad.
El recién creado Centro de Recursos para la Economía Circular de la UE (EU CERC), gestionado por Sitra y la agencia belga de cooperación internacional Enabel , tiene como objetivo promover la cooperación en materia de economía circular entre la Unión Europea y los países socios del Sur Global, y aumentar la adopción de políticas y modelos de negocio circulares a nivel mundial.
En la sesión plenaria de clausura de WCEF2025, el centro anunció los nuevos Premios de Circularidad, diseñados para reconocer y celebrar las mejores prácticas en la economía circular implementadas por gobiernos y empresas. Un premio especial, el Business Award LAC 2025, en reconocimiento al liderazgo y la innovación en la promoción de la economía circular en América Latina, fue otorgado conjuntamente por EU CERC, FIESP y CNI a Energy Source , una empresa brasileña líder en la gestión sostenible de baterías de iones de litio.
El ganador recibirá un premio de hasta 10.000 €, que incluye la participación en WCEF, intercambio y mentoría personalizada con EU CERC, así como visibilidad y promoción.
El WCEF2026 se celebrará en la India
El Foro Mundial de Economía Circular 2026 se celebrará en la India. Las fechas exactas y el lugar se anunciarán más adelante. El WCEF2026 será coorganizado por la Junta Central de Control de la Contaminación (CPCB), que opera bajo el Ministerio de Medio Ambiente, Bosques y Cambio Climático de la India, y el Fondo de Innovación Finlandés Sitra .
En coincidencia con el Día Internacional de los Bosques, Misiones firmó su incorporación a la Alianza para la Acción Climática Argentina (AACA), una red de articulación público-privada que impulsa políticas ambientales a nivel global. El acuerdo fue suscripto por el ministro de Cambio Climático de Misiones, Gervasio Malagrida; la subsecretaria Silvia Kloster; y Diego Sueiras, representante de la AACA.
“La firma de hoy es clave: sumar a Misiones, una provincia con políticas ambientales de Estado muy claras, a una red nacional e internacional que agrupa a empresas, universidades, ONG y gobiernos subnacionales comprometidos con la acción climática”, explicó Sueiras. La Alianza busca coordinar esfuerzos para reducir emisiones, proteger ecosistemas y generar financiamiento a través de mecanismos como el mercado de carbono.
Para el referente ambiental, la incorporación de Misiones tiene doble valor: “No solo defiende el ambiente, también genera un ecosistema político-institucional que busca soluciones sin afectar el bolsillo de la gente, apuntando al financiamiento de proyectos verdes”.
Sueiras cuestionó además el retroceso del gobierno nacional en materia ambiental: “Hay un negacionismo climático peligroso. El presidente Javier Milei lo ve como un tema ideológico, cuando el ambiente no es de derecha ni de izquierda. Los líderes globales, como el rey de Inglaterra, lo entienden. Desconocer la crisis climática no solo nos aísla internacionalmente, también nos quita oportunidades de financiamiento y desarrollo sustentable. Hay que resistir al negacionismo. El tema ambiental es internacional y debe ser tomado en serio”.
Frente a esa postura, la Alianza promueve el diálogo. “No vamos al choque. Nuestra idea es hacer entender que el cambio climático también puede ser una oportunidad: para cambiar la matriz productiva, atraer inversiones y generar empleos verdes, como ya lo está haciendo Misiones”, sostuvo.
Actualmente, forman parte de la red otras provincias como Santa Fe, Jujuy, Córdoba y Entre Ríos, mientras otras se encuentran en proceso de adhesión.
La Alianza para la Acción Climática Argentina (AACA), creada en 2018, está integrada por instituciones de distintos sectores de la sociedad civil: agricultura, sector privado, municipios de todo el país, ONG, universidades y la provincia de Santa Fe. Su objetivo es reconocer, catalizar y multiplicar la voluntad de sus integrantes, movilizando, integrando y escalando esfuerzos locales para contribuir a la meta del Acuerdo de París de mantener el aumento de la temperatura global por debajo de los 1.5°C y asegurar la adaptación de las sociedades al cambio climático.
Este nuevo paradigma convoca a trabajar conjuntamente para un futuro mejor, potenciando los esfuerzos existentes sin superponer iniciativas, y generando sinergias entre los mejores actores de cada sector.
Entre las empresas e instituciones de primera línea que integran la AACA se destacan Banco Galicia, Santander, la Cámara Argentina de Energías Renovables (CADER), Danone, Vida Silvestre, Natura, L’Oréal, UADE, McDonald’s, entre muchas otras. Esta diversidad de actores refuerza la mirada multisectorial de la Alianza y su capacidad de generar impacto real en el territorio.
Respecto a los pasos inmediatos, Sueiras adelantó que buscarán fortalecer las iniciativas que ya impulsa Misiones: “Nos pondremos detrás de la provincia para proyectar sus políticas ambientales en el plano internacional. Su mercado de carbono es muy sólido y puede ser un ejemplo para otras jurisdicciones”.
Por su parte, Silvia Kloster destacó que Misiones cuenta con planes de respuesta al cambio climático ya evaluados y aprobados, lo que facilitará la articulación con actores privados y del tercer sector. “Esta alianza nos potencia. Nos permite mostrar todo lo que ya venimos haciendo y reforzar nuestra posición como referentes en acción climática, no solo en la región, sino en el mundo”, concluyó.
La firma del acuerdo reafirma el rol protagónico de Misiones en la agenda ambiental, en momentos donde la coherencia y la cooperación internacional son más necesarias que nunca.
El reciente desastre en Bahía Blanca, que sufrió una de las inundaciones más severas de los últimos tiempos, reavivó el debate sobre el impacto del cambio climático y la falta de preparación para enfrentar eventos extremos. En este contexto, Silvia Kloster, subsecretaria de Cambio Climático de Misiones y abogada especialista en legislación ambiental, dialogó con Open1017 sobre la urgencia de una gestión integral y coordinada para mitigar los efectos del calentamiento global.
“La problemática climática necesita gestión, ordenamiento, planificación y conocimiento. Eventos extremos como el de Bahía Blanca se volverán cada vez más frecuentes en diferentes regiones de Argentina”, afirmó Kloster. La funcionaria destacó que el aumento de temperatura, las inundaciones y los incendios son manifestaciones directas del cambio climático, y que es fundamental abordar estas problemáticas con estrategias de mitigación y adaptación.
Uno de los puntos clave que resaltó Kloster es la falta de una planificación territorial adecuada en muchas regiones del país. “Lo que antes podía ser controlado, hoy, con la cantidad de agua que cae en poco tiempo, es imposible manejar sin una estrategia preventiva”, señaló. La construcción indiscriminada en zonas de cauces de ríos y la deforestación han contribuido al agravamiento de los impactos de los fenómenos climáticos extremos.
En este sentido, Misiones ya ha definido su plan de acción climática, pero Kloster advierte que “cada municipio también debe generar sus propias estrategias, porque las catástrofes ocurren a nivel local”. La funcionaria subrayó que las provincias deben fortalecer sus capacidades de respuesta ante la reducción de recursos por parte del gobierno nacional en materia climática.
Falta de apoyo nacional y retrocesos en políticas ambientales
Uno de los aspectos que Kloster criticó con dureza fue la decisión del gobierno nacional de reducir el personal dedicado a la gestión del cambio climático y de restar importancia a la participación en acuerdos internacionales. “Es una locura salir de convenios internacionales que no solo traen cooperación técnica y tecnológica, sino también financiamiento para proyectos de mitigación y adaptación”, lamentó.
Desde su perspectiva, las provincias deben continuar su trabajo independientemente de las decisiones nacionales. “Hoy estamos más solos que nunca y tenemos que pensar en una planificación local y regional para enfrentar los efectos del cambio climático”, enfatizó.
La geografía de Misiones, rodeada por Brasil y Paraguay, también impone desafíos específicos en la agenda climática. “Es fundamental generar un diálogo con los países vecinos, ya que la deforestación indiscriminada en Brasil y Paraguay impacta directamente en nuestra región”, explicó Kloster.
A nivel de Mercosur, existen acuerdos ambientales y resoluciones que podrían utilizarse para mejorar la gestión climática, pero “lamentablemente, desde Argentina nunca se activaron”. Para Kloster, la solución pasa por fortalecer la cooperación entre municipios fronterizos, ya que los gobiernos nacionales suelen carecer de respuestas rápidas y efectivas.
La urgencia de acciones concretas
“El cambio climático exige medidas urgentes, decisiones rápidas y el desarrollo de nuevas tecnologías”, insistió Kloster. Sin embargo, reconoce que la situación económica del país complica la toma de decisiones a largo plazo. “Muchas veces, las prioridades económicas terminan postergando la agenda ambiental”, lamentó.
A pesar de los desafíos, Misiones continuará con sus esfuerzos para mitigar el impacto del cambio climático y fortalecer su capacidad de respuesta. “No podemos esperar grandes acciones del gobierno nacional, por lo que debemos enfocarnos en estrategias regionales y locales para proteger nuestro territorio y a nuestra gente”, concluyó Kloster.
La devastación de incendios y sequías, sumada a la inacción de los gobiernos, pone a Sudamérica frente a una crisis climática sin precedentes.
En 2024, Sudamérica vivió un año de desastres climáticos sin precedentes. Chile registró el incendio forestal más mortal en al menos un siglo; Bolivia sufrió incendios devastadores que arrasaron más del 15% de su territorio; y Venezuela y Brasil experimentaron sequías más largas de lo habitual.
Más de 79 millones de hectáreas (790.000 km²) se incendiaron en la región, un daño sin igual en la última década, dejando cientos de muertos y miles de viviendas destruidas.
Los incendios forestales descontrolados, las sequías extremas y las densas nubes de humo visibles desde el espacio se están convirtiendo en fenómenos recurrentes en gran parte de Sudamérica, alertan los expertos.
Lo más sorprendente de 2024 fue cómo algunos incendios llegaron a las ciudades, una amenaza impensable hasta hace poco. Según Raúl Cordero, científico del clima en la Universidad de Santiago de Chile, “los incendios ahora son capaces de matar en las ciudades, algo que no habíamos considerado antes”.
Aceleración de un fenómeno peligroso
Cordero lideró un estudio que analizó los últimos 50 años de datos climáticos, donde se evidenció una drástica alza en los días calurosos, secos y con alto riesgo de incendios en diversas partes de la región. Las áreas más afectadas por este fenómeno incluyen el norte de la Amazonía en Brasil, Maracaibo en Venezuela y el noreste del Gran Chaco, una de las zonas de bosque tropical seco más grandes del mundo, que abarca partes de Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay.
El análisis reveló que las regiones más afectadas por el calor y la falta de lluvias han experimentado un incremento de días calurosos y secos.
Los autores del estudio consideran “secos” aquellos días en los que las lluvias están por debajo del promedio habitual, lo cual varía según la ubicación geográfica y la época del año.
Por ejemplo, enero se considera “seco” en Buenos Aires (Argentina) si las lluvias no superan los 120 milímetros, mientras que en ciudades como Bogotá (Colombia) agosto se considera “seco” si las precipitaciones no alcanzan los 50 mm.
Hace 50 años, en la región había unos 180 días secos al año, pero ahora en algunas zonas se registran cerca de 240 días secos.
Además, el riesgo de incendios extremos ha crecido exponencialmente. En la última década, algunas regiones han visto hasta 120 días de alto riesgo de incendios al año, comparado con menos de 40 días anuales entre 1971 y 2000.
Desastres en Chile, Bolivia, Brasil y Venezuela
En Chile, el incendio forestal en la región de Valparaíso en febrero de 2024 fue el más mortal en el mundo en al menos 100 años, cobrando la vida de 383 personas. En Bolivia, el fuego arrasó con más del 15% de su territorio, quemando más de 16 millones de hectáreas, un área mayor que Nicaragua. Brasil sufrió incendios masivos, especialmente en la selva amazónica y el Pantanal, donde más de 592.000 km² se vieron afectados. Venezuela también registró incendios récord, quemando un 9% de su territorio.
¿Y qué pasa en la Argentina?
En lo que va del verano austral de 2025, al menos 48.688 hectáreas han sido arrasadas por incendios en la cordillera andina de la Patagonia, afectando parques nacionales y reservas naturales, mientras que, en la provincia de Corrientes, entre 94.000 y 100.000 hectáreas se han quemado. Además, se han registrado focos menores en otras provincias. La situación ha dejado dos muertos y pérdidas incalculables en ecosistemas diversos. Las temperaturas han superado los 40°C, y la magnitud de los incendios ha generado crisis y cuestionamientos sobre la falta de preparación en la prevención y control del fuego.
El biólogo Thomas Kitzberger destaca que las condiciones climáticas extremas y la abundancia de pinos exóticos en la región favorecen la propagación de los incendios. En diciembre, un rayo provocó un incendio en el Parque Nacional Nahuel Huapi, que aún sigue activo y ha quemado más de 11.600 hectáreas de bosque milenario. Las tormentas eléctricas, un fenómeno nuevo en la región, también contribuyen a la propagación del fuego. Los estudios indican que la frecuencia de incendios en la Patagonia podría aumentar significativamente en las próximas décadas.
Aparte de Nahuel Huapi, otros grandes incendios han afectado las provincias de Chubut, Río Negro y Neuquén, siendo el más devastador el que sigue activo en el Parque Nacional Lanín, con más de 22.000 hectáreas quemadas. En Corrientes, las altas temperaturas y la sequía han reavivado los focos de incendio, y aunque las lluvias de febrero ayudaron a sofocar algunos, el riesgo persiste debido a la falta de humedad.
Las plantaciones de pinos, tanto en la Patagonia como en Corrientes, han acelerado la propagación del fuego, ya que su madera seca facilita la expansión de las llamas. Las causas de los incendios se atribuyen mayoritariamente a actividades humanas, ya sea por accidente, negligencia o incluso intencionalidad.
En la región andina, los incendios están vinculados a los conflictos con las comunidades mapuches, como en el caso del fuego en Epuyén, relacionado con el desalojo de familias mapuches del Parque Nacional Los Alerces. La tensión aumentó tras las detenciones de personas en El Bolsón, lo que desató protestas en varias ciudades. En respuesta, el Gobierno Nacional traspasó el Servicio Nacional del Manejo del Fuego al Ministerio de Seguridad y creó la Agencia Federal de Emergencias. La gestión de los incendios sigue siendo objeto de críticas, y la renuncia de la subsecretaria de Ambiente, Ana Lamas, ha añadido más presión al gobierno.
Cambio climático y El Niño: Los impulsores del desastre
2024 fue el año más cálido registrado a nivel mundial, lo que exacerbó las sequías y las altas temperaturas en Sudamérica. Científicos de la NASA indicaron que las temperaturas superaron en más de 1,5°C los niveles de la última mitad del siglo XIX durante más de la mitad del año. Además, el fenómeno climático El Niño intensificó la sequedad y el calor en diversas regiones.
Marangelly Fuentes, directora científica del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, advirtió que el cambio climático está alterando los fenómenos meteorológicos, provocando no solo sequías más largas, sino también lluvias más intensas que aumentan el riesgo de inundaciones.
¿Hay solución?
Expertos como Cordero y Fuentes coinciden en que no existe una solución rápida. Aunque la reducción de los gases de efecto invernadero es crucial, las comunidades deben prepararse para mitigar los efectos del cambio climático, aumentar su resiliencia y tomar medidas para protegerse de los incendios y las sequías.
La FAO, por su parte, recomendó invertir más en la prevención de incendios forestales y en la educación sobre cómo reducir los riesgos, especialmente en las zonas más vulnerables de Sudamérica.
Por Sílvia Lisboa. Roselei dos Santos Porto tardó 15 días en atreverse a volver a sus campos, sumergidos por las inundaciones que en mayo afectaron a casi todo el estado de Rio Grande do Sul.
Esta agricultora de 44 años había conseguido volver a su casa de Eldorado do Sul, en las afueras de Porto Alegre, la capital del estado más meridional de Brasil. Pero no tenía fuerzas para ir a donde la tierra negra y compacta se había apoderado de lo que antes era una colorida plantación de hortalizas, legumbres y tubérculos.
Cuando decidió inspeccionar por fin sus campos el viernes 1 de junio, acompañada por una reportera de Dialogue Earth, Porto lloró. “Los viernes era el día de llenar el camión de verduras para el mercado”, recuerda.
Roselei dos Santos Porto regresó por primera vez a su granja de Eldorado do Sul, en las afueras de Porto Alegre, 15 días después de las inundaciones (Imagen: Anna Ortega / Dialogue Earth)Campos desiertos en el asentamiento de Oporto, donde antes crecían verduras y legumbres orgánicas. En los bordes del campo, las marcas en los árboles muestran la profundidad de las inundaciones (Imagen: Anna Ortega / Dialogue Earth)
La inundación no dejó rastro de la plantación orgánica de su familia. Los árboles de hierba de elefante que rodean el jardín, de unos tres metros de altura, llevaban la marca de las inundaciones: solo las copas permanecían verdes.
Las inundaciones fueron consideradas la peor catástrofe medioambiental de la historia de Rio Grande do Sul. Las lluvias torrenciales comenzaron a finales de abril y persistieron durante casi un mes y medio, provocando el desbordamiento de ríos, el derrumbe de laderas e inundaciones en ciudades situadas en llanuras, especialmente en el valle de Taquari, en el interior del estado, y en el área metropolitana de Porto Alegre. A principios de julio había al menos 180 muertos, y más de 30 personas seguían desaparecidas.
El asentamiento en el que vive Porto es uno de los muchos que hay en Brasil pertenecientes u ocupados por el Movimiento de los Sin Tierra (MST), un movimiento de reforma agraria que se calcula que cuenta con más de 1,5 millones de miembros. En el área metropolitana de Porto Alegre, las inundaciones han provocado que más de 170 familias de los asentamientos del MST hayan perdido toda su cosecha. La crecida del río Jacuí, que atraviesa Eldorado do Sul, acabó con las instalaciones de una de esas cooperativas de trabajadores, así como con la maquinaria de Pão na Terra, una productora de pan, pasteles y galletas orgánicas fundada en un asentamiento.
En una instalación del Movimiento de los Sin Tierra (MST) en Eldorado do Sul, se destruyeron gran parte de los alimentos, incluidos arroz y frijoles (Imagen: Rafa Dotti / MST)
En una instalación del Movimiento de los Sin Tierra (MST) en Eldorado do Sul, se destruyeron gran parte de los alimentos, incluidos arroz y frijoles (Imagen: Rafa Dotti / MST)
Miembros de la cooperativa MST limpian envases de vidrio para intentar salvarlos. La profundidad alcanzada por la inundación aún puede verse a través de marcas en las paredes de las instalaciones (Imagen: Rafa Dotti / MST)
Miembros de la cooperativa MST limpian envases de vidrio para intentar salvarlos. La profundidad alcanzada por la inundación aún puede verse a través de marcas en las paredes de las instalaciones (Imagen: Rafa Dotti / MST)
En los seis asentamientos del MST afectados, se destruyeron más de 2.300 hectáreas de cultivos de arroz, por un total de más de 10 millones de BRL (1,8 millones de USD) en daños, según cifras preliminares del MST.
Rio Grande do Sul, uno de los mayores productores agrícolas de Brasil y el principal productor de arroz, ha estado en primera línea de la crisis climática en los últimos años: este es el séptimo acontecimiento extremo desde 2020. A los largos periodos de sequía de tres años consecutivos han seguido inundaciones que, en conjunto, han creado condiciones muy difíciles para la agricultura.
Pero las repercusiones se han dejado sentir incluso durante más tiempo en el estado. “Desde 2005, cada cuatro años hemos tenido que empezar de nuevo”, afirma Marcia Riva, una de las fundadoras de Pão na Terra. Además de la inundación de su cocina industrial, Riva perdió su propia cosecha de hongos shimeji.
Marcia Riva, fundadora de la panadería orgánica Pão na Terra, sostiene a su gato, que se perdió durante las inundaciones. En el asentamiento del MST donde se encuentra su negocio se perdieron muchos animales, sobre todo gallinas, vacas y perros (Imagen: Anna Ortega / Dialogue Earth)
Marcia Riva, fundadora de la panadería orgánica Pão na Terra, sostiene a su gato, que se perdió durante las inundaciones. En el asentamiento del MST donde se encuentra su negocio se perdieron muchos animales, sobre todo gallinas, vacas y perros (Imagen: Anna Ortega / Dialogue Earth)
Las investigaciones apuntan a que el cambio climático puede estar provocando una intensificación de los fenómenos de El Niño y La Niña, los patrones meteorológicos que surgen como resultado de cambios en las temperaturas del Océano Pacífico, episodios recientes que han tenido efectos devastadores en Rio Grande do Sul. Un reciente estudio realizado por investigadores de cinco países muestra que el calentamiento global ha duplicado las probabilidades de fuertes lluvias en un corto espacio de tiempo en el estado.
Las graves sequías de 2020 a 2023 estuvieron influidas por La Niña, que también afectó a los vecinos Argentina y Uruguay. El año pasado, con la llegada del patrón de El Niño, hubo tres inundaciones: en junio, septiembre y noviembre, que dejaron más de 70 muertos, la mayoría en los valles de Taquari y Caí, también en el centro de Rio Grande do Sul.
Los agricultores resisten
A lo largo de tres días, Dialogue Earth recorrió cinco ciudades del estado de Rio Grande do Sul para conocer el impacto de los extremos climáticos en los pequeños productores. A pesar de la conmoción más reciente, la mayoría afirma que no quiere renunciar a la agricultura, pero espera contar con apoyo público para seguir trabajando la tierra.
En la carretera al valle de Taquari, en Rio Grande do Sul, se ven muchos cultivos devastados. Las inundaciones afectaron al 56% de las 365.000 propiedades rurales del estado (Imagen: Anna Ortega / Dialogue Earth)
Actualmente se está debatiendo en el Congreso nacional una propuesta de ley para ampliar los plazos de las deudas de los productores afectados por las inundaciones. Además, el Ministerio de Desarrollo Agrario ha anunciado un fondo de 600 millones de BRL (110 millones de USD) para que los damnificados puedan acceder a líneas de crédito federales.
El 3 de julio, el gobierno federal también anunció incentivos para los productores rurales, como hace todos los años con su plan agrícola anual, el Plan Safra. Pero esta vez se destinaron más de 400.000 millones de BRL (73 millones de USD) a los grandes y medianos productores del país, casi cuatro veces más que a las explotaciones familiares, que recibirán 86 mil millones de BRL (15,8 mil millones de USD).
“Para sorpresa de nadie, la cantidad asignada a la agricultura familiar sigue siendo enormemente desigual a la asignada a la agroindustria. No es justo”, declaró Mariana Campos, coordinadora de agroecología de Greenpeace Brasil, en un comunicado en respuesta al plan.
Las inundaciones afectaron al 56% de las 365.000 propiedades rurales de Rio Grande do Sul. Emater, la agencia federal de asistencia técnica rural, señala que los daños son más pronunciados en zonas donde predomina la agricultura familiar, como la región metropolitana y los valles de Taquari y Caí.
Roca Sales, en el valle de Taquari, ha sufrido cuatro grandes inundaciones en los últimos diez meses. Las medidas del gobierno federal en respuesta a estos acontecimientos pueden no ser suficientes para reconstruir la agricultura en Rio Grande do Sul, según los expertos (Imagen: Anna Ortega / Dialogue Earth)
Sin embargo, las medidas del gobierno federal pueden no ser suficientes para reconstruir la agricultura en Rio Grande do Sul, que ya se enfrenta a un intenso éxodo rural y a la jubilación de su mano de obra. Según los informes, más de la mitad de las explotaciones agrícolas del estado están dirigidas por personas mayores de 55 años.
Los censos agrarios muestran que la agricultura familiar ya está perdiendo terreno. El número de pequeñas propiedades de este sector pasó de unas 378.000 en 2006 a 294.000 en 2017, el más reciente, lo que supone un descenso del 22%.
“Sin una política pública de condonación de la deuda y financiación [con una ampliación del período de gracia] y tipos de interés bajos, muchos no volverán a la producción, ni habrá un estímulo a la sucesión”, dijo el ingeniero forestal Ernestino Guarino, investigador de Embrapa, una agencia del gobierno federal centrada en la innovación agrícola.
Embrapa ha creado una plataforma para estimar los impactos y proponer un nuevo modelo de agricultura más resiliente al clima. Pero Guarino dice que “los próximos meses serán decisivos” para saber si la actividad perderá aún más terreno, y eso dependerá de las medidas que se tomen.
Hay consenso entre los expertos entrevistados por Dialogue Earth en que es necesario corregir las desigualdades de financiación entre pequeños y grandes productores, que tienen más fácil acceso al crédito, incentivar la recuperación de áreas degradadas y la adopción de prácticas sostenibles, así como reforzar las agencias de apoyo como Emater y Embrapa. Sin esta combinación, afirman, los productores no se recuperarán de este último revés.
“Es necesario impulsar un nuevo modelo de producción agroecológica, respetuoso con la legislación medioambiental, que recompense económicamente al agricultor que preserva”, afirma Sérgio Schneider, profesor de posgrado en desarrollo rural de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS) y consultor de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.
El agrónomo Pedro Selbach, profesor del departamento de suelos de la UFRGS, junto con otros colegas de la universidad, estimó en 19.400 millones de BRL (3.500 millones de USD) el impacto inmediato de las inundaciones de 2024 en la agricultura familiar, debido a la pérdida de cosechas y de producción. Los impactos de las pérdidas de fertilidad del suelo se estimaron en más de 6.000 millones de BRL (1.100 millones de USD), y es probable que estos cambios tengan efectos más duraderos y perjudiciales a largo plazo.
En muchas zonas, la fuerza de las lluvias afectó la capa arable de los suelos o modificó completamente sus propiedades, afirma el agrónomo Pedro Selbach (Imagen: Anna Ortega / Dialogue Earth)
“Se produjeron graves daños en las características físicas, químicas y biológicas de los suelos”, dijo Selbach, explicando que la fuerza del aguacero se llevó su capa cultivable o modificó por completo sus propiedades en zonas que estuvieron inundadas durante semanas. “Muchas zonas que eran cultivables ya no lo son, algunas pueden tardar 400 años en recuperarse”.
Un estudio realizado por Cleberton Bianchini, del Movimiento Pro-Bosques Ribereños del Valle del Taquari, ha puesto de manifiesto una intensa destrucción de las áreas de preservación permanente (APP), que protegen, según la legislación nacional, la vegetación próxima a los cursos de agua. Según los informes, más de la mitad de las APP situadas en las orillas de 140 kilómetros del río Taquari, que atraviesa la región, se han convertido en pastizales, plantaciones o infraestructuras urbanas, en algunos casos, antes de que se incorporara la protección en 2012.
Además, de 1985 a 2022, el estado perdió el 22% de su vegetación autóctona, y un tercio de esta destrucción se produjo en la cuenca del lago Guaíba, sobre el que se asienta Porto Alegre, y que se extiende hacia el sur por varias ciudades. En el mismo periodo, aumentaron la producción de soja, la silvicultura y el área urbanizada. Un estudio preliminar de Selbach y sus colegas evaluó la relación entre deforestación e inundaciones. Si se hubieran conservado las orillas del lago Guaíba, el estudio calcula que el nivel de los ríos habría sido hasta 1,5 metros más bajo, lo que podría haber evitado la reciente inundación de Porto Alegre, donde la mitad de los barrios quedaron sumergidos.
Barro y piedras en las plantaciones
En Muçum, en el valle de Taquari, el desbordamiento sin precedentes del río Guaporé devastó la propiedad de la familia Canal, que cultiva heno desde hace más de 40 años. Los 748 milímetros de lluvia caídos en tres días a finales de abril, más de cinco veces la media de todo el mes, provocaron el deslizamiento de rocas desde las colinas, cubriendo una presa y parte de los campos de la familia. “Si no hubiera piedras, sería barro”, dice Ezequiel Canal, de 32 años, señalando su presa enterrada.
Izair (izquierda) y Ezequiel Canal (derecha), padre e hijo, caminan por su propiedad, donde un desprendimiento de rocas de las colinas cubrió parte del campo de la familia. Tras haber sufrido tres inundaciones, ahora planean abandonar sus tierras (Imagen: Anna Ortega / Dialogue Earth)
El aguacero se llevó 340 bolas de heno, lo que supuso una pérdida de 165.000 BRL (30.000 USD) para la familia. Irónicamente, también destruyó su sistema de riego subterráneo, importado de Israel por 250.000 BRL (46.000 USD) para protegerse de la sequía, pero que nunca se utilizó. “Durante la sequía, pasamos tres años ganando un 40% menos cada año”, afirma.
Adair José Villa, presidente del Sindicato de Trabajadores Rurales de Muçum, añade: “Un día de inundaciones ha echado a perder más de tres años de sequía”.
De pie sobre las rocas, junto a un cobertizo de aluminio con el tejado retorcido por el torrente, Ezequiel y su padre Izair, de 65 años, dicen que piensan abandonar su tierra. “Se puede sobrevivir a una inundación, pero no a tres”, dice Izair, que vivió su primera inundación hace menos de un año. Esta vez, él y su mujer Ana se refugiaron durante día y medio dentro de la retroexcavadora de una excavadora a la espera de ser rescatados, mientras veían cómo su propiedad quedaba sumergida.
A unos 15 kilómetros al sur de Muçum, el municipio de Encantado también sufrió el desbordamiento de arroyos como el Jacarezinho, que aisló a una comunidad rural ocupada por pequeños productores de leche y cerdos.
Mauro Vieira Marques, agricultor del municipio de Encantado, entre los escombros de dos cobertizos destruidos en su propiedad. Él y su mujer se dedicaban a la producción artesanal de quesos y huevos, así como al cultivo de frutas y hortalizas (Imagen: Anna Ortega / Dialogue Earth)
Mauro Vieira Marques, de 65 años, perdió dos vacas lecheras, dos bueyes y 150 pollos y gallinas jóvenes, arrastrados por la corriente. De todo su ganado, solo quedó una vaca.
El granjero y su mujer, Ivete Justina, regentaban una finca de media hectárea donde producían quesos artesanales y huevos, además de cultivar frutas y verduras. “Ni siquiera quedan árboles frutales”, dice Mauro, mirando hacia una llanura pelada.
Cuando nos encontramos, Mauro estaba entre los escombros de lo que quedaba de dos pequeños cobertizos, que albergaban congeladores para almacenar queso, un tambor de leche y una pajarera. “Esto era un paraíso, ahora parece que ha estallado una bomba”, añadió.
Los dos hijos de la pareja viven lejos. “Insisten en que nos vayamos, pero nuestra vida está aquí”, afirma. Mauro e Ivete pretenden reconstruir su casa en un terreno más alto y empezar de nuevo poco a poco, aunque siguen con el corazón roto. “¿Cómo vamos a quedarnos si el río ya ni siquiera tiene cauce?”, dice mirando un arroyo que ahora parece una zona inundada sin forma definida.
Las calles de Encantado están llenas de muebles y colchones secándose. Muchas familias de productores del valle desean quedarse en la zona, pero describen grandes pérdidas (Imagen: Anna Ortega / Dialogue Earth)
A tres kilómetros de la propiedad de la pareja, la familia Gonzatti sintió los efectos de la inundación a pesar de vivir en las montañas. Los desprendimientos salvaron a sus más de 1.100 cerdos, pero aislaron su propiedad durante 18 días, dejándola sin electricidad ni agua. La situación obligó a los hermanos Josué y Jonathan a caminar cuatro kilómetros diarios para alimentar a los animales con el poco pienso que les quedaba.
La familia Lorenzon, criadora de cerdos desde hace tres generaciones, también sufrió pérdidas. La inundación se produjo justo cuando estaban cargando cerdos en un camión para sacrificarlos, y el derrumbe de una barrera impidió el transporte. Tampoco había forma de comprar más pienso, y las existencias eran escasas. “Tuvimos que racionar el pienso y perdimos 13 animales”, explica Gustavo Lorenzon.
Desde que decidió seguir la tradición familiar en 2021, Lorenzon, de 37 años, ha sufrido sequías e inundaciones, así como el elevado precio de los cereales utilizados para alimentar a los cerdos. La pandemia de Covid-19, los impactos de la guerra en Ucrania y las sequías han provocado que el precio del maíz se duplique temporalmente y el de la soja aumente un 60%.
“Queremos seguir en el negocio, es nuestra vocación, pero estamos muy a merced del tiempo”, dijo el criador de cerdos.
Vanusa Kaiper, pescadora y residente del barrio de Arquipélago, contempla la ciudad de Porto Alegre a través del lago Guaíba. Su casa sufrió daños y perdió material de trabajo, como redes de pesca, en las inundaciones (Imagen: Anna Ortega / Dialogue Earth)
A mediados de junio, algunos productores seguían sin poder regresar a sus casas, que permanecían inundadas. Era el caso de Vanusa e Isaías Kaiper, pescadores y vecinos del barrio de Arquipélago, en la zona metropolitana de Porto Alegre. Llevaban dos meses sin pescar en el lago Guaíba. “Los peces están contaminados por comer animales muertos y basura”, dijo Isaías a Dialogue Earth en junio. “Ahora no podemos pescar, tenemos que esperar”.
Aun así, las inundaciones no le preocupan tanto como la sequía, que en 2022 provocó la desaparición de los peces. “Tuvimos que comprar pescado para revenderlo”, explica.
Pero la pareja no piensa rendirse, a pesar de las adversas condiciones meteorológicas. “Nuestra vida está aquí, hemos criado a nuestras hijas con la pesca y vamos a seguir”, afirma Vanusa.
Los reclamos se acumulan
En una de las mesas de la oficina de Emater en Encantado, una bandeja de papeles de casi un metro de largo revela la dimensión del problema de la continuidad de la agricultura: son casos de Proagro, una especie de seguro emitido por el gobierno federal para suspender las obligaciones financieras en caso de fenómenos naturales.
“Hasta 2013, los agricultores de la región ni siquiera sabían lo que era Proagro”, afirma el ingeniero agrónomo Eduardo Mariotti Gonçalves, responsable de prestar asistencia técnica a 300 propiedades rurales del municipio. Ahora, dice, “apenas dan abasto” con el número de solicitudes e inspecciones para obtener el seguro.
Para tener derecho a Proagro, los productores deben plantar de acuerdo con la Zonificación Agrícola de Riesgo Climático (Zarc), una directriz cartográfica del gobierno federal que indica los riesgos y los cultivos apropiados para cada zona. Si un productor planta fuera de los límites de la Zarc, no tiene derecho al seguro. Pero a Gonçalves le preocupa especialmente la oferta de seguros después de tantas catástrofes.
Tras las inundaciones de mayo, se prevé que Rio Grande do Sul afronte un segundo semestre más seco, con la llegada de otro periodo de La Niña. Pero el riesgo de inundaciones podría volver a partir de 2025, según el Centro Nacional de Vigilancia y Alerta de Catástrofes Naturales. “Más que nunca, los agricultores tendrán que tomar sus decisiones en función del clima”, afirma Pedro Selbach.