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Trump descarta el uso de la fuerza para adquirir Groenlandia

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El presidente Donald Trump afirmó que no usaría la fuerza para adquirir Groenlandia, en su declaración más clara hasta el momento descartando recurrir al poderío militar para anexionar la isla ártica.

“Probablemente no conseguiremos nada a menos que decida usar una fuerza excesiva, en cuyo caso seríamos, francamente, imparables”, dijo Trump. “Pero no haré eso. Okey. Ahora todos dicen: ‘¡Bien!’”.

“Esa es probablemente la declaración más importante que he hecho, porque la gente pensaba que usaría la fuerza. No necesito usar la fuerza. No quiero usar la fuerza. No usaré la fuerza”, afirmó Trump.

“Todo lo que Estados Unidos pide es un lugar llamado Groenlandia”, añadió.

Más tarde, Trump reiteró que contempla la plena propiedad de Groenlandia por parte de Estados Unidos, en lugar de un acuerdo mejorado.

“Todo lo que pedimos es obtener Groenlandia, incluyendo el título de propiedad, porque se necesita la propiedad para defenderla”, dijo. “No se puede defender con un contrato de arrendamiento”.

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Carney en Davos: “El mundo está en medio de una ruptura, no de una transición”

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En un discurso de fuerte tono geopolítico en el Foro Económico Mundial de Davos 2026, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, advirtió que el orden mundial vigente “no volverá” y llamó a las potencias medianas a coordinarse frente al uso creciente de la coerción económica por parte de las grandes potencias. El mensaje, pronunciado en Suiza, puso en primer plano el impacto político, económico e institucional de un escenario internacional marcado por aranceles, presión sobre cadenas de suministro y disputas por territorios estratégicos como Groenlandia.

Las potencias medianas deben actuar conjuntamente porque si no estamos en la mesa de negociaciones, seremos el plato principal”, afirmó Carney, en una frase que sintetizó la gravedad del diagnóstico. El primer ministro canadiense sostuvo que el sistema internacional atraviesa una ruptura estructural, y no una transición ordenada, y que los países que no se adapten quedarán expuestos a decisiones unilaterales de actores con mayor poder económico y militar.

Un orden basado en normas que dejó de funcionar

Carney evitó mencionar de manera explícita al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aunque varias de sus afirmaciones fueron interpretadas como una respuesta directa a las amenazas arancelarias dirigidas a aliados europeos y al Reino Unido, condicionadas a la cesión de Groenlandia a Washington. En ese contexto, el premier canadiense cuestionó el uso de la integración económica como herramienta de presión.

Las grandes potencias han comenzado a utilizar la integración económica como arma, los aranceles como herramienta de presión, la infraestructura financiera como medio de coerción y las cadenas de suministro como vulnerabilidades que deben explotarse”, sostuvo. Según Carney, el llamado “orden basado en normas” ya presentaba inconsistencias desde hace años:
Sabíamos que el derecho internacional se aplicaba con distinto rigor según la identidad del acusado y la víctima”, afirmó, al tiempo que reconoció que esa “ficción” resultó funcional mientras la hegemonía de Estados Unidos garantizaba beneficios económicos y estabilidad relativa.

Sin embargo, el primer ministro fue categórico al señalar el quiebre del esquema vigente:
Este acuerdo ya no funciona. Permítanme ser directo. Estamos en medio de una ruptura, no de una transición”.
En esa línea, advirtió que no es posible sostener la narrativa del beneficio mutuo cuando la integración económica se transforma en un mecanismo de subordinación.

Canadá, Groenlandia y la OTAN en el centro de la tensión

El discurso incluyó una reafirmación explícita del respaldo de Canadá a Groenlandia, Dinamarca y la OTAN, lo que generó aplausos entre los asistentes. Como miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, Carney subrayó que su país respalda “el derecho exclusivo a determinar el futuro de Groenlandia” y ratificó el compromiso con el Artículo V del tratado, que establece que un ataque contra un Estado miembro se considera un ataque contra todos.

Nuestro compromiso con el Artículo V es inquebrantable”, afirmó. La declaración se produjo en un contexto de creciente tensión, luego de que Trump intensificara su ofensiva retórica sobre Groenlandia e incluyera a Canadá en ese esquema, llegando incluso a referirse al país como el “estado número 51” y a sugerir una eventual integración mediante la “fuerza económica”.

Según se informó en medios canadienses, Ottawa analiza la posibilidad de enviar un pequeño contingente de tropas a Groenlandia para participar en ejercicios militares junto a fuerzas danesas y de otros países europeos. Consultada al respecto en Davos, la ministra de Asuntos Exteriores de Canadá, Anita Anand, señaló que el país participa regularmente en ejercicios de la OTAN y que las decisiones sobre futuros despliegues corresponden al ministro de Defensa Nacional y al jefe del Estado Mayor de la Defensa.

Potencias medianas, alianzas flexibles y consecuencias económicas

Carney definió a Canadá como una potencia mediana, categoría que comparten países como Australia, Argentina, Corea del Sur y Brasil, naciones con influencia política relevante pero economías más pequeñas que las de las grandes potencias con asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. En ese marco, propuso una estrategia basada en coaliciones flexibles, adaptadas a cada tema y sustentadas en valores e intereses comunes.

Canadá fue uno de los primeros en darse cuenta de que la geografía y las alianzas históricas ya no garantizan seguridad ni prosperidad”, afirmó. Por eso, explicó que su país se presenta ahora como un socio “estable y confiable”, con una agenda activa de acuerdos comerciales, de inversión y de defensa, orientada a diversificar vínculos y reducir vulnerabilidades.

El mensaje tiene implicancias económicas directas. La utilización de aranceles como herramienta de presión, la fragmentación de cadenas de suministro y la militarización de la política comercial introducen mayores costos, incertidumbre y riesgos sistémicos para el comercio global. En ese escenario, las potencias medianas enfrentan el desafío de preservar su autonomía sin quedar atrapadas en disputas entre superpotencias.

Una advertencia con alcance global

El discurso de Carney se inscribió entre las intervenciones más contundentes del Foro Económico Mundial, que se desarrolla del 19 al 23 de enero en Davos-Klosters, Suiza. La advertencia del primer ministro canadiense apuntó tanto a líderes políticos como a decisores económicos, al señalar que la falta de coordinación entre países de peso intermedio puede derivar en una pérdida de capacidad de negociación frente a actores dominantes.

En un contexto de creciente confrontación comercial y geopolítica, el mensaje dejó una conclusión clara: el mundo ya no se encamina gradualmente hacia un nuevo equilibrio, sino que atraviesa una ruptura profunda, con efectos duraderos sobre la arquitectura institucional, la seguridad internacional y la economía global.

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Del matriarcado a ser víctimas: Cómo las indígenas de Canadá viven su historia

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Escribe Randa el Ozeir / Inter Press Service – Si el colonialismo europeo no hubiera alcanzado a Canadá, el matriarcado seguiría siendo fuerte en la cultura indígena. El matriarcado era la columna vertebral de la estructura social y de la línea de dominio en la «Isla de la Tortuga», como los indígenas del país denominan a la Norteamérica  prevía a la llegada de los occidentales, en un concepto referido a su identidad y resistencia.

En la práctica, las mujeres indígenas en Canadá han sido víctimas de violencia y discriminación. En teoría, debían gozar, junto con los niños, de plena protección, tal como establece el artículo 22 de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (DNUDPI).

“El conocimiento tradicional estaría completo. Nuestras lenguas, ceremonias, sistemas de gobernanza, la salud del planeta, las comunidades, cosmologías, prácticas de la tierra, preservación del agua y métodos de cosecha estarían vivos y bien”, dice Kim Wheatley, guardiana del Conocimiento Ancestral Anishinaabe, cuyo nombre espiritual es “cabeza / lideresa de la Flor de Fuego”.

El anishinaabe es un grupo de pueblos indígenas vinculados entre sí y asentados en la región de los grandes lagos de Canadá y el colindante Estados Unidos.

El rol e influencia femenina en la cultura indígena tradicional eran poderosos y fundamentales. Wheatley señala cómo el deber principal de las mujeres, “como el de todos los miembros de la comunidad, era vivir en armonía con la creación, una vida de propósito y pasión comprometida basada en los dones con los que llegaban del mundo espiritual”.

“Las mujeres eran cazadoras, recolectoras, curanderas, sanadoras, educadoras, líderes, artistas, pescadoras, ceremoniales, cantantes, bailarinas, artistas y guardianas de la gobernanza: realmente el pegamento social sobre cómo proveer para el bien común. Ellas eran quienes tomaban las grandes decisiones a largo plazo para las comunidades de las que eran responsables”, añadió.

La historia de las mujeres indígenas en Canadá es considerablemente incompatible con lo que Disney intentó distorsionar en su popular pelicula de animación “Pocahontas”.

Chrystal Tabobandung, fundadora de Raise (formación en conciencia y competencia cultural indígena), con raíces ojibwe, observa el “odio de las mujeres blancas hacia nosotras, como si fuéramos menos. Nos echaron de nuestros hogares. Hoy sufrimos y somos sexualizadas por hombres y por las redes sociales. Históricamente, las mujeres blancas nos envidiaban por los roles que teníamos en nuestras comunidades y nuestras formas tradicionales”.

Ahí es donde el impacto del colonialismo entró desde los primeros contactos y fue cambiando con el tiempo. “Las mujeres en Europa no debían ser vistas ni escuchadas. Estaban en segundo plano, y resentían mucho que aquí las mujeres indígenas tuvieran voz, un asiento en la mesa para tomar decisiones sobre seguridad, crianza, política e incluso dónde acampar”, aseguró.

Kim Wheatley, guardiana del Conocimiento Ancestral Anishinaabe

Desigualdad socioeconómica

El efecto del modelo social y económico occidental impuesto ha destrozado demasiadas comunidades indígenas, y el cambio hacia un estilo de vida masculino-dominante occidental alteró toda la estructura.

Wheatley considera que, en los últimos 150 años, “la base de las especies quedó en riesgo. La destrucción de tierras y aguas mediante la extracción interminable de recursos, el racismo, la misoginia, la vulgaridad de la toma de decisiones políticas sobre los cuerpos de las mujeres, la violencia creciente contra mujeres y niñas, y la lista sigue. Vemos una disparidad dramática en las realidades socioeconómicas».

«Nuestro pueblo tiene vastos y complejos sistemas políticos, estructuras de gobernanza, modelos de liderazgo equilibrados, extraordinarias prácticas comerciales, creatividad infinita y relaciones íntimas con tierras y aguas. Profundas enseñanzas morales que contribuyen al bien común basadas en visiones de largo plazo”, añadió.

Si bien las mujeres pueden y de hecho se postulan a cargos de liderazgo, el sistema colonial no apoya la gobernanza ni las prácticas tradicionales. La Ley India sigue vigente en Canadá y es uno de los documentos legales reconocidos como más racistas en el mundo. Esta ley supervisa cómo y qué puede hacer una comunidad de Primera Nación dentro de los límites de la reserva y qué pasa al salir de ella.

Las diferencias entre mujeres indígenas varían según sus distintas naciones. En Canadá, hay más de 630 comunidades reconocidas como Primeras Naciones.

“Nuestras mujeres hacen las cosas de manera diferente según las enseñanzas de nación a nación que están ligadas a la tradición y la cultura, más que a roles”, explicó Tabobandung. “Existen tantos sistemas opresivos divergentes que las desconectan», agregó.

Detalló que «no necesariamente trabajan juntas, pero frente a grandes problemas sociales, como las mujeres indígenas asesinadas y desaparecidas o la trata sexual, sí se unen».

«Participan en marchas y manifestaciones. Se enfrentan a las injusticias y se reconectan con su tradición y su cultura. Cuantas más voces surgen, más personas se sienten valientes, fuertes y capaces de compartir sus experiencias personales”, detalló.

¿Cómo afecta la falta de acceso al agua potable a las mujeres indígenas? Según Wheatley, “la crisis del agua en las comunidades de Primeras Naciones es un ataque continuo y poco reconocido contra un derecho humano básico».

«Las mujeres que viven fuera de las reservas tienen mayores oportunidades de empleo, vivienda y otras posibilidades socioeconómicas que simplemente no existen en muchas reservas por una amplia variedad de razones. Las instalaciones educativas son mucho más accesibles, al igual que los servicios sociales que son esenciales para el sostenimiento de las familias”, explicó.

Wheatley continuó: “La cercanía en los traslados hacia/desde el trabajo, reuniones sociales, espacios de apoyo, actividades culturales, opciones educativas e interacciones sociales más amplias es mucho más accesible en áreas urbanas”.

“Esto contribuye a un mayor bienestar. En pueblos pequeños, el racismo puede limitar oportunidades, pero en ciudades con poblaciones más grandes, las probabilidades aumentan a favor de la mujer”, planteó.

Chrystal Tabobandung, fundadora de la organización Raise, de conciencia cultural indígena

Reconciliación y preservación de la cultura

A juicio de Wheatley,  el Informe de Verdad y Reconciliación fue un regalo para los canadienses, ya que desafió su comodidad en la amnesia histórica y en la ignorancia sobre el genocidio cultural cometido por los más altos niveles de liderazgo en este país.

“Cada vez que una voz de nuestro pueblo dice cómo debemos mirar la restitución y la restauración de nuestra soberanía, es el camino correcto», adujo.

Consideró que «no necesitamos que nos digan cómo sanar… Necesitamos decirle al país cómo apoyar nuestra sanación. Eso es lo que el informe hace maravillosamente».

Y añadió: «Es tan completo como el país puede digerir en este momento y, sin embargo… pocas de las ‘llamadas a la acción’ se han abordado de manera significativa hasta ahora”.

Pero la realidad es que han pasado 10 años desde ese informe y, sin embargo, poco ha cambiado, agrega Wheatley.

“Este país ha operado continuamente bajo la falacia de la Doctrina del Descubrimiento y el robo de tierras que nunca les pertenecieron”, detalló.

La perspectiva eurocéntrica occidental se ha impuesto incluso en la terminología y en cómo se define a una persona indígena.

Tabobandung afirmó: “Solo en las últimas generaciones hemos empoderado a nuestros hijos para que tengan voz y hagan preguntas. Yo crecí en un pueblo pequeño donde el colonialismo nos impactaba, pero aún así logramos transmitir nuestras enseñanzas e historias. Las personas que fueron alejadas de su cultura o desconectadas de algún modo no conocerían estas enseñanzas”.

En la Columbia Británica, los pueblos indígenas son muy conscientes de su cultura.

“Ellos realmente proyectan la importancia de sus mujeres indígenas”, dijo Wheatley. “Si hubiera algún movimiento de derechos indígenas o aborígenes que deba cambiar en el sistema judicial, sucederá primero en la Columbia Británica y marcará un precedente para todas las demás naciones de Canadá, añadió”.

¿Hay una salida?

Wheatley cree que la solución entre el gobierno y los pueblos indígenas no ha sido priorizada.

“Por eso, en muchas comunidades indígenas las condiciones del Tercer Mundo (Sur global) existen como norma. Para reconciliar los crímenes del pasado en Canadá, sus perpetradores deben asumir la responsabilidad, pero eso sigue siendo una amenaza para la intrusión colonial y la imposición sobre tierras que nos pertenecen legítimamente”, dijo.

Cada quien interpreta la Reconciliación de manera diferente.

Tabobandung escuchó voces distintas; algunas personas son más extremas que otras. En la práctica, el hecho consumado es que los pueblos indígenas, los occidentales y otros inmigrantes comparten hoy sus vidas en la Isla de la Tortuga, el aniguo continente ancestral norteamericano de los pueblos originarios.

Tabobandung se siente en el medio.

“Tienes este modelo occidental de negocios, social y político, y tu propio modelo. ¿Cómo equilibrar eso? Muchos pueblos de las Primeras Naciones tuvieron esa dificultad, especialmente quienes provienen de comunidades rurales y remotas del norte», explicó

Y agregó: «Tienes que saber quién eres y tener raíces profundas. Es muy difícil hacer esa transición, especialmente en el sistema eurocéntrico occidental, donde quieren deshacerse de nosotros; quieren integrarnos a la sociedad occidentalizada para que no existamos más. Algunos logran encontrar paz y equilibrio”.

“Soy anishinaabe. Soy ojibwe. Me niego a reconocerme como indígena, primera nación o aborigen”, dijo Tabobandung.

E insistió: “Nuestro pueblo es más antiguo que las terminologías que el gobierno federal nos impuso. Camino suave y gentilmente sobre la tierra. La cultura me salvó, saber que soy Primeros Pueblos de esta tierra, en este territorio, y saber que un sistema intenta aniquilar a mi pueblo, pero que sigo aquí, resistiendo y sobreviviendo”.

Eso es lo que la motiva.

“Por eso camino con la cabeza en alto. Por eso me educo todo lo que puedo sobre cualquier tema. Pinto arte indígena y hago pinturas indígenas para transmitir ese conocimiento”, concluyó.

Randa el Ozeir Periodista, comunicadora y traductora

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“Trump quiere que la economía de Canadá colapse para anexionarnos”: la dura respuesta de Trudeau a los aranceles de Estados Unidos

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BBC Mundo – El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, criticó duramente los aranceles que ha impuesto a su país el presidente estadounidense Donald Trump.

Trudeau calificó estos aranceles como “algo muy tonto” y prometió emprender una “lucha implacable” para proteger la economía canadiense.

Trump ha impuesto aranceles del 25% a los productos que ingresan a Estados Unidos desde Canadá y México, y ha aumentado los gravámenes sobre los bienes procedentes de China.

El primer ministro canadiense anunció aranceles de represalia a las exportaciones estadounidenses y advirtió que una guerra comercial sería costosa para ambos países.

Pero Trump fue aún más lejos en una publicación en Truth Social: “Por favor, explíquenle al gobernador Trudeau, de Canadá, que cuando impone un arancel de represalia a EE. UU., ¡nuestro arancel recíproco aumentará inmediatamente en una cantidad similar!”

“No habrá ganadores”

Trudeau acusó al presidente estadounidense de planear “un colapso total de la economía canadiense porque eso facilitaría anexionarnos”.

“Eso nunca va a suceder. Nunca seremos el estado número 51”, declaró a los periodistas este martes, y agregó que “este es un momento para contraatacar con fuerza y demostrar que en una pelea con Canadá no habrá ganadores”.

Indicó que el principal objetivo de Canadá sigue siendo conseguir que se levanten los aranceles para que “no duren ni un segundo más de lo necesario”.

Trump alegó que está protegiendo los empleos y la industria manufacturera de Estados Unidos, y tratando de prevenir la migración ilegal y el tráfico de drogas.

Aseguró que su meta es tomar medidas drásticas contra el poderoso opioide sintético fentanilo, de cuya entrada a Estados unidos culpa a otros países.

En respuesta a las acusaciones, Trudeau dijo el martes que “no hay justificación” para los nuevos aranceles, porque menos del 1% del fentanilo interceptado en la frontera estadounidense proviene de Canadá.

También coincidió con Trudeau la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, quien dijo que no hay “motivo, razón ni justificación” para la medida de Trump.

Sheinbaum también prometió tomar sus propias “medidas arancelarias y no arancelarias”, pero adelantó que se darán más detalles el domingo.

Temores inflacionistas

Expertos vaticinan que los aranceles de Trump probablemente harán subir los precios para los consumidores en Estados Unidos y en el extranjero.

Los tres países afectados son los principales socios comerciales de EE.UU., y las medidas de represalia han provocado temores a una guerra comercial más amplia.

Los aranceles son un impuesto a las importaciones de otros países para protegerse contra la competencia más barata de otros lugares e impulsar las empresas y los empleos en el país.

Las medidas de represalia de Canadá incluyen un arancel recíproco del 25% que se impondrá a productos estadounidenses por valor de 155.000 millones de dólares canadienses (US$107.000 millones).

Un primer gravamen a productos valorados en 30.000 millones de dólares canadienses entrará en vigor de inmediato, mientras los restantes sobre bienes por 125.000 millones de dólares canadienses se aplicarán dentro de 21 días.

El ministro de Inmigración de Canadá, Marc Miller, advirtió que hasta un millón de puestos de trabajo en Canadá estarían en riesgo si se implementan los aranceles, dada la fuerte interrelación comercial entre los dos países.

“No podemos reemplazar una economía que es responsable del 80% de nuestro comercio de la noche a la mañana y eso va a doler”, afirmó este lunes.

La respuesta de los empresarios canadienses
En declaraciones a la agencia de noticias AFP, un empleado de una fábrica de automóviles en la provincia canadiense de Ontario declaró que la gente está “bastante asustada” por la posibilidad de despidos.

“Acabo de comprar mi primera casa”, indicó Joel Soleski, y confesó temer la posibilidad de tener que “buscar trabajo en otro lugar”.

Este sector es uno de los que podría verse gravemente afectado por el nuevo régimen arancelario en América del Norte.

Las piezas de automóviles suelen cruzar la frontera entre Estados Unidos y Canadá varias veces durante el proceso de fabricación, por lo que podrían ser gravadas en múltiples ocasiones.

El primer ministro de Ontario, Doug Ford, cuya provincia alberga la industria de fabricación de automóviles de Canadá, explicó a la prensa este martes que anticipa que las plantas de ensamblaje “cierren en ambos lados de la frontera” como resultado de los aranceles.

Los aranceles fueron calificados como “imprudentes” por la Cámara de Comercio Canadiense, cuya presidenta, Candace Laing, advirtió que la medida obligaría tanto a Canadá como a Estados Unidos a una “recesión, pérdida de empleos y desastre económico”.

Laing advirtió que también aumentarían los precios para los estadounidenses y obligarían a las empresas de EE.UU. a encontrar proveedores alternativos que, según ella, “son menos fiables que los canadienses”.

Los líderes provinciales de Canadá han prometido sus propias respuestas.

El primer ministro de Ontario planteó la posibilidad de cortar el suministro eléctrico canadiense y las exportaciones de níquel de alto grado a los EE. UU., así como imponer un impuesto del 25% a las exportaciones de electricidad a hogares en Michigan, Nueva York y Minnesota.

Canadá exporta suficiente electricidad como para abastecer a unos seis millones de hogares estadounidenses.

Ontario y otras provincias también han tomado medidas para eliminar los licores fabricados en los EE.UU. de sus estantes.

En Nueva Escocia, el primer ministro Tim Houston explicó que su provincia prohibirá a las empresas estadounidenses participar en licitaciones para contratos provinciales, al igual que Ontario.

Doug Ford también anunció que se cancelará un contrato de 100 millones de dólares canadienses (US$68 millones) con la empresa de internet satelital Starlink de Elon Musk.

Mientras tanto, China -que ahora enfrenta aranceles del 20% después de que Trump duplicara un gravamen anterior- ha prometido luchar hasta el final en cualquier guerra comercial.

Pekín ha anunciado sus propias medidas de respuesta, que incluyen aranceles a una variedad de productos agrícolas y alimenticios estadounidenses.

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Trump, el conquistador

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Comienza el segundo mandato del polémico republicano con una premisa en política exterior que hace mucho ruido en el mundo. El lado más anexionista de Donald Trump sale a flote, amenazando con modificar las fronteras actuales de países y romper la pasividad diplomática en la región, más allá de ciertos episodios internos. 

Trump quiere imponer las reglas del juego, y junto a Putin y Xi Jinping, se apresta a delinear la nueva repartición del globo. 

El nuevo Estados Unidos 

Groenlandia, Canadá y Panamá, son los nuevos territorios apuntados por Trump. Todos ellos, países o cuestiones internas que despiertan el evidente interés del presidente entrante de Estados Unidos. 

En el caso de Canadá, habló de la posible anexión y de la transformación en el Estado 51. Esta situación tensó las relaciones con su vecino del norte que, en gran medida, encontró rechazo a los dichos de Donald Trump. El mandatario redobló la apuesta al esbozar públicamente que los canadienses anhelan ser parte de Estados Unidos, prometiendo una baja impositiva y reducción de tasas. El libre comercio parece ser siempre la gran promesa para seducir a poblaciones en crisis. 

Groenlandia, una parte del mundo bajo tutela de Dinamarca pero con gobierno propio, pasaba inadvertido en el concierto internacional hasta que Trump los puso en juego. Quiere la gran isla blanca y dijo públicamente que sus habitantes se beneficiarían mucho si Groenlandia pasa a ser parte de Estados Unidos. En Copenhague no cayó nada bien

Apartado interesante el de Panamá. Desde hace tiempo que Trump viene pidiendo una baja impositiva para las embarcaciones estadounidenses que transiten de océano a océano en el famoso canal de dicho país. 

Trump suscitó cuestiones históricas sobre la relación de ambos países y el rol preponderante de Washington en la construcción del canal de Panamá. Además, no descartó la no utilización de la fuerza bélica si los barcos de bandera estadounidenses no logran la baja impositiva que pide el republicano. 

Pequeño apartado, pero no menos importante, para el pequeño cruce con México. Es que Trump reveló su intención de cambiar el nombre del Golfo de México. Algo más hilarante y poco práctico que los demás arrebatos geopolíticos, pero con la funcionalidad de poner los ojos de la prensa en lo verdaderamente importante: Trump quiere nuevas regiones para Estados Unidos. 

Imperialismo estratégico

Todas las zonas a las cuales apunta Trump dan indicios de la necesidad del manejo de nuevos pasajes y sobre todo de cruces interoceánicos que sean provechosos para Estados Unidos, de manera económica, científica y militar. 

En el caso de Groenlandia y Canadá es clave ver que Trump apunta al dominio del Ártico y la hegemonía de las rutas marítimas de esa zona, al menos en la parte del Atlántico y parte colindante del Pacífico. 

Con Panamá pasa algo parecido. El predominio del canal artificial inaugurado en ese país en 1914 es clave para la economía y el liderazgo político en la región. Desde el vamos, el canal de Panamá es el objeto por el cual los barcos pueden atravesar el océano Pacífico al Atlántico y viceversa sin demasiados inconvenientes, pudiendo dejar de lado las rutas de borde continental como se hacía previamente y que encarecía los costos y alargaba los tiempos. Nuevamente, queda al descubierto que Trump quiere hacer de América en su totalidad, a las nuevas grandes rutas marítimas y de influencia de Estados Unidos. Comercialmente es vital por razones obvias, militarmente es clave para extender la presencia del Tío Sam ante las amenazas de Rusia y China y científicamente es clave para nuevos hallazgos o tecnologías que permitan mejorar las condiciones del ser humano es climas hostiles, como lo es Groenlandia y su frío gélido. 

Este apartado lleva a pensar que pronto Trump puede pensar y mirar a Argentina y Chile. Si le interesan los pasos interoceánicos del Ártico y Centroamérica, también es lógico que vea los del sur. Allí juega un papel fundamental el estrecho de Magallanes, el canal de Beagle y el pasaje Drake. No es descabellado pensar que, bajo la misma tendencia, Trump busque hacerse de estas regiones o crear escenarios de presión para la aceptación de la presencia de su flota allí y, por qué no, posterior manejo de la zona. Esto puede llevar a un conflicto muy a futuro por los territorios de la Antártida. 

Multipolaridad y división del mundo

La globalización terminó, es un hecho. Ese estadio del capitalismo arriba a su fin para dejarle paso a una fase digital en lo económico y, en lo político, a una fragmentación de varias potencias manejando diversas zonas del mundo pero con puntos de contacto que puede ser gravitante. 

No es de extrañarse que Trump esté tan apurado, por dos motivos. Uno de ellos es que la política exterior de la gestión Biden fue patética, generando más problemas que soluciones para las pretensiones de Washington. Y, por otro lado, Rusia y China están un paso adelante. Ambos países han logrado establecer una suerte de alianza tácita a la hora de manejar parte del Ártico, Pacífico e Índico. 

De allí radica la necesidad de Trump de apresurarse, inclusive sonando desesperado y actuando en soledad. Está claro que en el nuevo orden mundial y bajo el poderío republicano, Estados Unidos no considera como iguales a sus socios de la OTAN. Por algo, se pasa por encima a Canadá y a Dinamarca. Es interesante el caso de Groenlandia, ya que promueve la idea de que si Copenhague pierde el control de esa región, la falta de credibilidad de Europa y el escaso liderazgo quedará más expuesto que nunca, demostrando una fragilidad pocas veces vista en los últimos siglos. 

Ahora bien, esto también demuestra que son 3 los líderes que marcan el pulso de una nueva era y que tiene como premisa al anexionismo y las extensiones territoriales. Putin lo hace con Ucrania, Xi Jinping con Taiwán y Trump con Canadá, Groenlandia y Panamá. Todos ellos para manejar lugares estratégicos para el comercio mundial.

Las nuevas reglas del juego están sobre la mesa y son, al menos por ahora, tres países quienes las están conociendo, con poderío militar, político y económico. Mientras tanto, Europa se hunde en una clara crisis de identidad y de falta de conducción política, Latinoamérica sigue postergada y África demuestra meros gritos de liberación del viejo colonialismo francés. 

Tres líderes diferentes pero un mismo modelo, el nuevo futuro global. 

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