canasta básica total

La pobreza subió al 32,3% por el alza de los alimentos, la caída de los ingresos y el desempleo

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La pobreza alcanzó al 32,3% de las personas durante el primer semestre de 2026 y la indigencia se ubicó en 7,5%, según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) elaborado sobre datos de la Encuesta Permanente de Hogares. Son aumentos de 0,7 y 0,6 puntos porcentuales, respectivamente, frente a la primera mitad de 2025.

La comparación con el cierre del año pasado muestra un deterioro más pronunciado: la pobreza subió 4,1 puntos desde el 28,2% registrado en el segundo semestre de 2025, mientras que la indigencia avanzó 1,2 puntos desde el 6,3%. Comparar semestres distintos exige cautela, pero la suba interanual apunta en la misma dirección. El 28,2% y el 6,3% del segundo semestre de 2025 figuran en la publicación del INDEC.

Detrás del movimiento hay una presión doble sobre los hogares: aumentó el costo de los consumos básicos y varios ingresos perdieron poder de compra. 

De acuerdo con CEPA, los alimentos registraron una inflación mensual promedio de 2,8% entre enero y junio, 0,6 puntos por encima de la primera mitad de 2025. La aceleración se concentró en los primeros tres meses del año, cuando el promedio llegó a 3,8%.

El efecto fue especialmente sensible en la línea de indigencia, determinada por el costo de la Canasta Básica Alimentaria. Según el informe, esa canasta aumentó 3,7% en términos reales frente al semestre anterior y 2% respecto de igual período de 2025. La Canasta Básica Total, utilizada para medir la pobreza, subió 2,1% real en la comparación semestral.

Los ingresos no acompañaron ese movimiento. CEPA calcula que la remuneración imponible promedio de los trabajadores estables -RIPTE- cayó 2,7% real frente al semestre anterior y 1,3% interanual. El salario mínimo perdió 11% de poder adquisitivo respecto de la primera mitad de 2025. A la vez, el desempleo promedió 7,9%, frente al 7,1% del semestre previo.

La pérdida también alcanzó a transferencias decisivas para los hogares de menores recursos. 

Según el estudio, la Tarjeta Alimentar retrocedió 6% real en la comparación interanual; los planes sociales, cuyo monto permanece congelado desde enero de 2024, perdieron 24,7%; y la jubilación mínima con bono cayó 5,3%. Cuando alimentos e ingresos se mueven en esas direcciones, cada ajuste de la canasta deja a más hogares cerca del umbral de pobreza o por debajo de él.

El límite de un salario registrado

El empleo formal tampoco garantiza, por sí solo, que un hogar cubra sus necesidades básicas. CEPA comparó la mediana del salario neto privado registrado con la Canasta Básica Total de una familia de cuatro integrantes: durante el primer semestre, ese sueldo equivalió en promedio al 90,8% de la canasta, frente al 93,4% de un año antes.

La comparación supone un hogar con un único ingreso y, por lo tanto, no permite clasificar como pobre a la mitad de los trabajadores registrados. Sí muestra que un salario ubicado en el centro de la distribución quedó por debajo de lo necesario para sostener, por sí solo, a esa familia tipo.

El informe dedica una parte sustancial a cuestionar la comparabilidad de la serie. CEPA sostiene que una mejor captación de ingresos no laborales en la EPH desde fines de 2023 -entre ellos, transferencias como la Tarjeta Alimentar- puede explicar parte de la baja de pobreza observada previamente sin que haya existido una mejora equivalente en el bienestar de los hogares.

También señala que la evolución relevada para los ingresos de trabajadores no registrados se apartó de la trayectoria del salario mínimo. Para el centro de estudios, esa diferencia podría responder en parte a cambios en la captación estadística. 

El tercer reparo apunta a la Canasta Básica Total. Según CEPA, su actualización no refleja adecuadamente el mayor peso que adquirieron servicios y transporte en los gastos familiares. Si la línea de pobreza creciera menos que los gastos efectivos de los hogares, la medición podría dejar fuera a personas cuyo presupuesto cotidiano sigue bajo presión. 

Para la segunda mitad de 2026, la señal inicial tampoco ofrece alivio: CEPA indica que, entre julio y agosto, la canasta alimentaria acumuló un aumento de 5,3% y la total, de 4,8%. La evolución de los próximos meses dependerá de si los ingresos -en particular los salarios más bajos, las transferencias y las jubilaciones mínimas- logran recuperar terreno frente a esos costos.

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La pobreza volvió a crecer: ya alcanza al 32,3% de los argentinos

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La pobreza volvió a aumentar en la Argentina durante el primer semestre de 2026 y alcanzó al 32,3% de las personas y al 24,4% de los hogares en los 31 aglomerados urbanos relevados por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). En términos absolutos, el deterioro social implica que 9,7 millones de personas viven por debajo de la línea de pobreza, mientras que 2,2 millones no logran cubrir siquiera la Canasta Básica Alimentaria y permanecen en situación de indigencia.

El informe difundido por el INDEC marca un cambio de tendencia respecto del cierre de 2025: la pobreza aumentó 4,1 puntos porcentuales en personas y 3,4 puntos en hogares frente al semestre anterior. En comparación con igual período de 2025, la variación fue de 0,7 puntos porcentuales, una diferencia que el organismo considera estadísticamente poco significativa, aunque suficiente para mostrar que unas 1,2 millones de personas se incorporaron al universo de la pobreza en apenas seis meses.

Cuando los ingresos corren detrás de los precios

La explicación central del deterioro no aparece en el empleo sino en la capacidad de compra de los hogares. Según el INDEC, durante el semestre el ingreso per cápita familiar creció 11,5%, pero las canastas básicas aumentaron mucho más: 21,4% la alimentaria y 19,6% la total. Esa brecha entre salarios e inflación de los bienes esenciales terminó empujando nuevamente a miles de familias por debajo de la línea de pobreza.

La distancia también se refleja en los números concretos de los hogares pobres. Mientras la Canasta Básica Total promedio ascendió a $1.440.395, el ingreso familiar promedio de esos hogares fue de apenas $922.755, generando una brecha monetaria de $517.640. En otras palabras, una familia pobre necesitó un 35,9% más de ingresos para dejar de serlo.

La dimensión territorial del informe vuelve a colocar al Nordeste Argentino como la región más vulnerable del país. El NEA registró una incidencia de pobreza del 41,5%, casi diez puntos por encima del promedio nacional, consolidándose como el distrito con mayor proporción de personas pobres entre las seis regiones estadísticas.

Dentro de la región, la situación presenta matices importantes. Gran Resistencia aparece entre los aglomerados con peores indicadores del país, con 48,6% de pobreza y 17,3% de indigencia. Posadas, en cambio, registró 42,2% de pobreza y 8,2% de indigencia, cifras que igualmente la ubican por encima del promedio nacional y reflejan el desafío persistente para el mercado laboral y los ingresos familiares en Misiones.

La comparación regional también muestra que Patagonia mantiene la menor incidencia de pobreza (28,4%), seguida por la región Pampeana (30,3%) y el NOA (31,5%), mientras que Cuyo alcanza 36,7% y el Gran Buenos Aires 32,1%. El mapa social argentino continúa revelando una desigualdad territorial estructural que trasciende los promedios nacionales.

La infancia sigue siendo el rostro más vulnerable

El dato más preocupante vuelve a concentrarse en los menores. El 44,5% de los niños y adolescentes de 0 a 14 años vive en hogares pobres, una proporción muy superior a la observada entre los adultos de 30 a 64 años (28,8%) y que triplica la registrada entre los mayores de 65 años (14,8%). La pobreza mantiene así un fuerte componente generacional, con efectos potenciales sobre nutrición, aprendizaje y movilidad social futura.

Los datos del INDEC no sólo describen una realidad social, sino también una señal económica para las provincias del NEA. En regiones donde el consumo interno explica buena parte de la actividad comercial y de servicios, una mayor proporción de hogares con ingresos insuficientes reduce la demanda, limita la capacidad de ahorro y condiciona la inversión privada.

Para Misiones, donde Posadas supera el 42% de pobreza urbana, el desafío excede la asistencia social: implica fortalecer la generación de empleo formal, mejorar la productividad de las economías regionales y recuperar el poder adquisitivo como condición para sostener el crecimiento. El próximo semestre mostrará si la evolución de los ingresos logra volver a acercarse al ritmo de las canastas básicas o si la brecha social continúa ampliándose.

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Criar y sostener a un hijo: la canasta de crianza llegó hasta casi $700.000 en julio

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El costo económico de criar a un niño volvió a mostrar en julio la magnitud de los recursos que demanda una familia para sostener su desarrollo. Según el último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la canasta de crianza alcanzó los $545.683 para los menores de un año, trepó a $649.935 para quienes tienen entre 1 y 3 años, se ubicó en $554.646 para el tramo de 4 y 5 años y llegó a $697.268 para niños, niñas y adolescentes de 6 a 12 años.

La estadística incorpora una particularidad que resulta central para interpretar el dato: la canasta no representa solamente el dinero necesario para comprar alimentos, ropa, transporte, educación, salud y otros bienes y servicios. También incorpora una valorización monetaria del tiempo destinado al cuidado, es decir, una aproximación económica al trabajo que realizan las familias para garantizar la atención cotidiana de sus hijos.

En el caso de los menores de un año, los $545.683 mensuales se componen de $177.233 correspondientes a bienes y servicios y $368.450 vinculados al costo del cuidado. Para los niños de 1 a 3 años, el total de $649.935 surge de $228.850 en bienes y servicios y $421.086 en cuidados. En el tramo de 4 a 5 años, los $554.646 se dividen entre $291.467 y $263.179, respectivamente. Para los chicos de 6 a 12 años, el costo total de $697.268 incluye $361.566 en bienes y servicios y $335.702 en cuidado.

La estructura del indicador permite observar por qué el costo de crianza no sigue una trayectoria lineal según la edad. El INDEC calcula los bienes y servicios a partir de la Canasta Básica Total (CBT) del Gran Buenos Aires y aplica coeficientes de adulto equivalente para cada grupo etario. Allí se contemplan tanto consumos alimentarios como gastos no alimentarios, entre ellos vestimenta, transporte, educación, salud y vivienda.

El segundo componente es el cuidado. Para valorizarlo, el organismo estima las horas teóricas necesarias y las multiplica por una remuneración de referencia correspondiente a la categoría de “Asistencia y cuidado de personas” del régimen de trabajadores de casas particulares. En julio, el cálculo contempló 147 horas mensuales para menores de un año, 168 horas para niños de 1 a 3 años, 105 horas para el grupo de 4 a 5 años y 84 horas para quienes tienen entre 6 y 12 años.

El dato también permite dimensionar la evolución del costo durante el último año. En julio de 2025, la canasta estaba valuada en $427.889 para menores de un año y en $536.830 para el grupo de 6 a 12 años. Un año después, esos valores ascendieron a $545.683 y $697.268, respectivamente. Para el tramo de 1 a 3 años pasó de $508.333 a $649.935, mientras que para los niños de 4 y 5 años aumentó de $426.741 a $554.646.

Más allá de su utilización como referencia económica, la canasta de crianza ofrece una herramienta para discutir políticas públicas y familiares con una mirada más amplia sobre los costos reales de la infancia. Al incorporar el trabajo de cuidado, el indicador reconoce que una parte sustancial del esfuerzo necesario para criar no aparece en las transacciones de mercado, aunque tiene un valor económico concreto.

El INDEC calcula esta referencia para cuatro grupos de edad y hasta los 12 años inclusive. La metodología combina el costo de bienes y servicios con el tiempo requerido para el cuidado, siguiendo los lineamientos elaborados por la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género y UNICEF.

En términos sociales, el indicador permite trasladar una discusión habitualmente abstracta —cuánto cuesta criar— a una magnitud monetaria concreta. Para hogares que deben distribuir ingresos entre alimentación, vivienda, educación, salud y cuidados, los valores publicados por el INDEC funcionan como una referencia para dimensionar la presión económica asociada a la crianza y para evaluar la suficiencia de ingresos, transferencias y políticas de cuidado.

Canasta Crianza 08 26 INDEC by CristianMilciades

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El umbral de la pobreza se mide en $1,56 millones, la Canasta Básica Total subió 19,6% en siete meses

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El dato más visible del informe publicado este jueves por el INDEC es contundente: una familia de cuatro integrantes necesitó $1.564.715,90 en julio para superar la línea de pobreza. El umbral aumentó 2,2% respecto de junio, acumuló una suba de 19,6% desde diciembre y avanzó 36,1% en términos interanuales. Pero detrás de esos porcentajes hay una dinámica más compleja: el costo de la canasta básica total continúa aumentando, aunque lo hace a un ritmo mensual considerablemente menor que al comienzo del año.

La comparación mensual permite observar con mayor claridad esa desaceleración. La Canasta Básica Total para el hogar de referencia aumentó 3,9% en enero, 2,7% en febrero, 2,6% en marzo, 2,5% en abril, 2% en mayo, 2,2% en junio y 2,2% en julio. El movimiento es relevante: el incremento mensual se redujo casi a la mitad respecto de enero, pero el menor ritmo de crecimiento no significó una reducción del costo de la canasta. En términos nominales, el umbral siguió subiendo todos los meses.

El resultado acumulado muestra la otra cara de esa desaceleración. Entre enero y julio, el costo necesario para que ese hogar supere la línea de pobreza pasó de $1.430.735,12 a $1.564.715,90. Son $133.980,78 adicionales en seis meses, equivalentes a un aumento de aproximadamente 9,4% desde enero. La cifra permite dimensionar que una desaceleración de la variación mensual no implica necesariamente una mejora inmediata del poder adquisitivo: el nivel de precios alcanzado permanece incorporado en la nueva base.

Hay además una señal relevante en la composición del aumento. La Canasta Básica Alimentaria (CBA) subió 37,4% interanual, mientras que la Canasta Básica Total (CBT) lo hizo 36,1%. La diferencia de 1,3 puntos porcentuales indica que el componente alimentario tuvo una dinámica de precios ligeramente superior al conjunto de bienes y servicios adicionales que integran la CBT. En julio, la CBA aumentó 2,6% mensual, frente al 2,2% de la CBT.

La diferencia no es menor desde una perspectiva social. La CBA representa el piso alimentario: su composición responde a requerimientos kilocalóricos y proteicos considerados imprescindibles para un adulto equivalente y utiliza hábitos de consumo derivados de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares. La CBT, en cambio, incorpora a esa estructura los bienes y servicios no alimentarios mediante el coeficiente de Engel. Por lo tanto, cuando la CBA crece más que la CBT, la presión relativa se concentra en una de las partidas más difíciles de postergar para los hogares de menores ingresos: la alimentación.

El dato acumulado también permite poner en perspectiva la evolución de los últimos meses. La CBT aumentó 19,6% entre diciembre de 2025 y julio de 2026, mientras que en el mismo período la CBA avanzó 20,1%. Es decir, en lo que va del año el costo de los alimentos incluidos en la canasta creció 0,5 puntos porcentuales más que el conjunto de la canasta utilizada para establecer la línea de pobreza.

Esto introduce un matiz importante frente a una lectura superficial del 36,1% interanual. El indicador no significa que todos los hogares hayan gastado exactamente esa proporción más que hace un año ni que una familia necesite necesariamente $1,56 millones para vivir. El valor representa un umbral estadístico construido para una composición familiar determinada. En el caso informado por el INDEC, se trata de un varón de 35 años, una mujer de 31 y dos hijos de 6 y 8 años, que en conjunto equivalen a 3,09 adultos equivalentes.

Esa metodología explica por qué el número cambia de acuerdo con la composición del hogar. Para una familia de tres integrantes, el INDEC calculó una CBT de $1.245.696,15; para el hogar de cuatro integrantes, $1.564.715,90; y para el hogar de cinco integrantes, $1.645.736,79. Por eso, extrapolar mecánicamente el dato de $1,56 millones a cualquier familia sería metodológicamente incorrecto. El indicador mide el costo de una canasta determinada para un hogar determinado.

La lectura más relevante para el debate económico aparece entonces en la relación entre desaceleración y nivel de precios. El hecho de que la CBT haya pasado de aumentos mensuales cercanos al 4% en enero a una variación del 2,2% en julio es consistente con una menor velocidad de incremento. Pero, al mismo tiempo, la canasta acumula casi 20% de aumento desde diciembre y todavía registra una variación interanual superior al 36%. En otras palabras, la velocidad del deterioro se moderó, pero el nivel de costos que enfrentan los hogares sigue siendo sustancialmente más elevado que un año atrás. Esta distinción resulta central para analizar ingresos y capacidad de compra.

El indicador también permite advertir que la discusión sobre pobreza no se agota en la inflación mensual. Para un hogar cuyos ingresos evolucionan por debajo de la CBT, incluso una inflación descendente puede mantener o ampliar la vulnerabilidad si los ingresos no recuperan el terreno perdido. A la inversa, si salarios, jubilaciones, transferencias y otros ingresos crecen por encima de la canasta, una desaceleración de los precios puede comenzar a traducirse en recuperación del poder adquisitivo. El informe del INDEC, por sí solo, no permite establecer cuál de esos escenarios está ocurriendo para cada grupo de hogares, porque no mide ingresos: mide el costo de la canasta.

El dato de julio, por lo tanto, ofrece una fotografía precisa de dónde se encuentra el umbral, pero también deja planteada la pregunta económica de fondo: cuánto de los ingresos de los hogares logra acompañar la evolución de una canasta que aumentó 36,1% en doce meses y casi 20% en apenas siete meses de 2026. Esa relación entre precios, ingresos y capacidad de consumo es la que finalmente determinará si la desaceleración observada en la canasta se transforma en una mejora social concreta.

El informe corresponde a Gran Buenos Aires y fue publicado por el INDEC el 13 de agosto de 2026. La CBA se valoriza mensualmente con los precios relevados por el IPC-GBA, mientras que la CBT amplía la canasta alimentaria mediante la incorporación de bienes y servicios no alimentarios.

INDEC canasta básica_08_26 by CristianMilciades

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Una familia tipo ya necesita más de $1,53 millones para no ser pobre: la canasta básica subió 35,7% en un año

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El costo de vida vinculado a los consumos esenciales continúa en ascenso, aunque a un ritmo menor que el registrado durante gran parte de 2024 y 2025. En junio, una familia tipo integrada por dos adultos y dos hijos necesitó $1.531.473 para no ser pobre, un incremento del 2,2% respecto de mayo y del 35,7% en comparación con igual mes del año pasado, según informó el INDEC.

La cifra surge de la actualización de la Canasta Básica Total (CBT), indicador que además de los alimentos incorpora bienes y servicios indispensables como transporte, indumentaria, salud, educación y vivienda. Su evolución constituye una referencia clave para empresas, negociaciones salariales y el diseño de políticas sociales, ya que determina el umbral estadístico para superar la línea de pobreza.

En paralelo, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) —que fija la línea de indigencia— alcanzó los $689.853 para ese mismo hogar, tras registrar una suba mensual del 1,3% y un incremento interanual del 36,3%. Para un adulto equivalente, el costo mensual de la alimentación básica ascendió a $223.253, mientras que la canasta total llegó a $495.622.

Más allá del dato estadístico, las cifras reflejan un escenario de fuerte presión sobre los ingresos de los hogares. Aunque la variación mensual de la canasta alimentaria volvió a ubicarse por debajo de la de la canasta total, el encarecimiento de los servicios y de los componentes no alimentarios explica que el costo para no caer bajo la línea de pobreza haya crecido por encima del de los alimentos básicos.

Para el sector privado, especialmente en actividades intensivas en mano de obra, la evolución de la CBT constituye un indicador que trasciende el plano social. Su comportamiento suele influir en las discusiones paritarias, en la actualización de escalas salariales y en las proyecciones de consumo interno. En las economías regionales, donde una parte importante del empleo depende de actividades agroindustriales, forestales, comerciales y de servicios, la capacidad de compra de los hogares continúa siendo un factor determinante para la dinámica del mercado interno.

Los datos del primer semestre muestran, además, que la canasta básica total acumuló un incremento del 17% entre enero y junio, mientras que la alimentaria registró la misma variación en ese período. La convergencia entre ambos indicadores evidencia que, tras varios meses de desaceleración inflacionaria, los gastos esenciales mantienen una trayectoria ascendente, aunque con una velocidad considerablemente menor a la observada un año atrás.

El desafío hacia la segunda mitad del año será determinar si la desaceleración de la inflación logra consolidarse también en el costo de las canastas básicas. Para el Gobierno, una menor velocidad de crecimiento de estos indicadores fortalece la estrategia de estabilización. Para empresas y trabajadores, el foco seguirá puesto en la evolución del poder adquisitivo real, una variable que continúa condicionando el nivel de actividad y las decisiones de consumo.

Canasta 07 26 INDEC by CristianMilciades

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