CÁNCER

Hasta 8 de cada 10 pacientes con cáncer presentan algún grado de malnutrición

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Especialistas advierten sobre una problemática que atraviesa a una gran proporción de pacientes con cáncer y que influye de manera directa en su evolución: el estado nutricional.

El desafío del abordaje nutricional, en realidad, comienza antes del diagnóstico, incluso en ausencia de enfermedad, con la recomendación de llevar un estilo de vida saludable que incluya una alimentación variada y equilibrada, como estrategia para contribuir a la prevención de complicaciones de salud. Sin embargo, una vez diagnosticado un cáncer, el estado nutricional no debe ser una preocupación exclusiva de los estadios avanzados de la enfermedad o de los cuidados paliativos, sino un aspecto que requiere atención desde el inicio del tratamiento.

Los pacientes que se encuentran bien nutridos al comienzo del tratamiento oncológico presentan una mayor probabilidad de sobrevida. No obstante, cerca de la mitad llega a la primera consulta oncológica con deficiencias nutricionales detectables y entre cuatro y ocho de cada diez presentan algún grado de malnutrición durante el tratamiento de la enfermedad.

“El estado nutricional es un determinante clave para atravesar el tratamiento oncológico, pero en ocasiones queda en segundo plano y pasa inadvertido, con consecuencias concretas sobre la salud de los pacientes”, explicó Agustina Senese, licenciada en nutrición y jefa de Cuidados Paliativos del Hospital Doctor Cosme Argerich.

Aproximadamente uno de cada cinco pacientes presenta malnutrición severa, una condición asociada a un mayor riesgo de complicaciones, menor tolerancia a los tratamientos, internaciones más prolongadas y una reducción de la sobrevida global. “Cuando el estado nutricional se deteriora, el impacto se refleja rápidamente en la respuesta clínica y en la capacidad del paciente para sostener el tratamiento”, señaló Martín Ángel, médico oncólogo e integrante del Departamento de Oncología Clínica del Instituto Alexander Fleming.

Muchos pacientes restringen su ingesta de alimentos como consecuencia directa de la enfermedad y de los tratamientos. La quimioterapia, así como otras terapias más modernas, puede provocar náuseas, vómitos, diarrea, úlceras en la boca, alteraciones del gusto y del olfato, además de una sensación persistente de saciedad precoz. Alimentos que antes resultaban agradables pueden volverse desagradables, lo que lleva a evitar comidas que formaban parte de la alimentación habitual.

“En la práctica clínica vemos pacientes que no sienten hambre, a quienes las comidas les caen mal o les generan rechazo, y esa situación sostenida en el tiempo termina restringiendo la ingesta e impactando en la salud general”, explicó Ángel.

Esta disminución progresiva de la alimentación puede afectar la eficacia del tratamiento oncológico y, además, favorecer la pérdida de peso y de masa muscular, contribuyendo al desarrollo de un síndrome de fragilidad. La debilidad física aumenta, la energía disponible disminuye y la autonomía se ve comprometida.

“Cuando el paciente pierde fuerza, actividades cotidianas como caminar, levantarse o mantenerse activo se vuelven más difíciles, lo que incrementa el riesgo de caídas y de complicaciones asociadas, incluso en términos de salud mental, ya que pueden acentuarse cuadros de ansiedad o depresión”, detalló Senese.

La nutrición como parte del abordaje integral

Frente a este escenario, los especialistas destacan la importancia de considerar la nutrición como parte del abordaje integral del cáncer, con la participación de un profesional de la nutrición dentro del equipo médico tratante.

La evaluación nutricional desde el diagnóstico y su seguimiento continuo antes, durante y después del tratamiento permiten identificar de manera temprana el riesgo nutricional y actuar a tiempo, ajustando la alimentación a cada etapa de la enfermedad antes de que el deterioro sea significativo.

Cuando la alimentación habitual no alcanza para cubrir los requerimientos nutricionales, una de las estrategias recomendadas es indicar, como parte del tratamiento oncológico, suplementos nutricionales especialmente diseñados para estas situaciones.

“Se trata de alimentos con propósitos médicos, en presentaciones líquidas o en polvo, que aportan energía, proteínas, vitaminas y minerales cuando la incorporación de nutrientes a través de la alimentación habitual es insuficiente”, explicó Senese. El objetivo es preservar la masa muscular, sostener la fuerza y acompañar al paciente durante todo el proceso terapéutico.

La evidencia muestra que un abordaje nutricional oportuno y multidisciplinario se asocia a mejores resultados clínicos, menos complicaciones y una mayor calidad de vida. “Tratar el cáncer implica acompañar a la persona en todas sus dimensiones, y la nutrición ocupa un lugar central en ese cuidado”, concluyó el oncólogo.

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Cáncer de ovario: cuando la falta de detección temprana marca el pronóstico

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El cáncer sigue siendo uno de los principales desafíos de salud pública a nivel global, con más de 130 mil nuevos casos detectados por año en Argentina y miles de muertes que impactan profundamente en las familias y en el sistema de salud. La prevención, la detección temprana y el acceso oportuno a una atención integral constituyen pilares fundamentales para mitigar esta carga sanitaria y social.

Dentro del panorama amplio que representa el cáncer en general, en Argentina se diagnostican por día en promedio seis casos de cáncer de ovario. Aunque no es el tumor más frecuente en mujeres (se encuentra por debajo de los de mama, colon, páncreas, útero y tiroides), lamentablemente es una de las causas más letales de cáncer ginecológico, en buena medida porque cerca del setenta por ciento de las pacientes llegan a la consulta en estadios avanzados.

“El cáncer de ovario suele diagnosticarse en etapas avanzadas porque es silencioso. Sus síntomas iniciales suelen ser inespecíficos y se confunden fácilmente con molestias digestivas o ginecológicas frecuentes, como distensión abdominal persistente, sensación de saciedad precoz, dolor pélvico leve, cambios en el hábito intestinal o cansancio. Son señales que muchas mujeres normalizan o atribuyen al estrés, a la edad o a otros problemas benignos, y que también pueden pasar desapercibidas en la consulta médica inicial”, detalló la doctora Valeria Cáceres, médica oncóloga, directora del área médica y de la carrera de especialistas en oncología clínica del Instituto de Oncología Ángel H. Roffo de la Universidad de Buenos Aires.

A diferencia de otros tumores, el cáncer de ovario no cuenta con un método eficaz de detección precoz en términos poblacionales, como ocurre con el Papanicolaou para el cáncer de cuello de útero o la mamografía para el cáncer de mama. “Hoy no tenemos una prueba simple, accesible y confiable que permita su detección antes de que dé síntomas claros”, señaló la especialista.

A esto se suma que los ovarios están ubicados en una zona profunda del abdomen, lo que permite que en ocasiones el tumor se desarrolle durante un tiempo considerable sin generar signos evidentes. “Cuando los síntomas se vuelven intensos o persistentes, muchas veces la enfermedad ya está avanzada”, agregó la doctora Ana Laura Mendaña, médica oncóloga clínica del Instituto Alexander Fleming.

Es importante escuchar al cuerpo y realizar una consulta médica cuando algo no es habitual o llama la atención. La persistencia de síntomas abdominales o pélvicos, aunque parezcan menores, no debería minimizarse. La clave está en la consulta oportuna, en una evaluación integral y en fortalecer la concientización, tanto en la población como en los equipos de salud.

En el consultorio, en el diálogo médico-paciente, conociendo la historia clínica de la paciente, sus antecedentes familiares, los medicamentos que toma, el estilo de vida que lleva, los chequeos de salud que se realiza y otros factores, el profesional o la profesional de la salud podrá indicar los estudios que considere necesarios para controlar el estado de todo el sistema reproductor femenino y poder así detectar a tiempo cualquier aspecto que deba ser abordado.

Inequidades a lo largo del camino

En algunos países con mayor desarrollo socioeconómico está mejorando el manejo de este tipo de cáncer e incluso se observa un descenso de su incidencia, aunque en otras regiones de menor desarrollo aumenta la carga de la enfermedad. La complejidad del cáncer de ovario va más allá de las cifras epidemiológicas y se manifiesta en los desafíos que las mujeres enfrentan a lo largo del camino.

La experiencia de las pacientes con cáncer de ovario revela que, más allá del manejo clínico, existen necesidades críticas relacionadas con la información sobre la enfermedad, el acompañamiento emocional y el apoyo práctico durante y después del tratamiento.

Diferentes estudios señalaron que una proporción significativa de mujeres vive con ansiedad, depresión y pérdida de sueño durante su recorrido con la enfermedad, y que aun así un porcentaje reducido recibe, por ejemplo, apoyo psicológico formal.

María Alejandra Iglesias, presidenta de la asociación civil SOSTÉN, insistió en que, en el Día Mundial del Cáncer, este cuatro de febrero, es fundamental reflexionar sobre “la experiencia humana del cáncer de ovario: reconocer las barreras en el camino al diagnóstico, visibilizar las disparidades geográficas y socioeconómicas, y promover enfoques de atención que integren calidad de vida, apoyo psicosocial y continuidad asistencial”.

En términos de innovación, hacia fin de año llegó a la Argentina una terapia para casos avanzados de cáncer de ovario resistentes a la quimioterapia estándar, que reconoce selectivamente una proteína en la superficie de las células tumorales, ingresa en ellas y libera la quimioterapia. Esto puede resultar más eficaz sobre el tumor, con menor impacto sobre los tejidos sanos.

“Representa un gran aporte, diferente de las estrategias terapéuticas que teníamos históricamente, y llega tras cerca de una década sin novedades significativas, lo que constituye un avance en el manejo de esta enfermedad”, concluyó la doctora Mendaña.

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El Hospital Madariaga recomienda estudios post menopausia para detectar y tratar el cáncer de ovarios

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El 8 de mayo es el Día Mundial de Lucha contra el cáncer de ovario. Este tipo de cáncer es diagnosticado anualmente a casi un cuarto de millón de mujeres en todo el mundo, y es responsable de 140,000 decesos cada año. El Hospital Madariaga puntualiza a la prevención como herramienta primigenia y estudios post menopausia.

En Argentina, el cáncer de ovario es el quinto más común en las mujeres, con unos 2.300 casos nuevos por año. Es la sexta causa de mortalidad por cáncer en mujeres. Cada año, en el mundo, se diagnostica a casi 250.000 mujeres con cáncer de ovario y mueren 140.000 mujeres por esta causa. Afecta por igual a las mujeres de países desarrollados y a las de países en vías de desarrollo.

La Provincia aplica políticas públicas sanitarias a través del Hospital Escuela de Agudos “Dr Ramón Madariaga” tendientes a potenciar los estudios post menopáusicos en mujeres de entre 60 a 65 años.

“El cáncer de ovarios representa alrededor de un 3% de los cánceres. es una patología que se presenta en las mujeres entre los 60 a 65 años, es un pico por lo que son mujeres post menopáusicas de la tercera edad y hoy no tiene un screening como lo tiene el cáncer de mama o de cervix de cuello uterino que si se detecta a tiempo”, precisó el Dr Néstor Tappari, del Servicio de Ginecología del Hospital Madariaga.

Destacó que “el 70% de los cánceres de ovarios ya se detectan en el mundo en el estadío 3 o 4 que es avanzado y con metástasis, produciendo ascitis, pérdida de peso y síntomas de decaimiento, malestar, falta de apetito”.

Tappari precisó que el cáncer de ovario tiene tratamiento con quimioterapia y cirugía posterior pero como se diagnostica en etapa tardía el pronóstico no siempre es bueno, y otorga una sobrevida de apenas el 35% en promedio.

“Recomendamos que toda paciente post menopausia que acuda al médico le pida una ecografía trasvaginal donde se puede diagnosticar un ovario aumentado de tamaño y sospechar un posible cáncer junto a otros estudios con marcadores tumorales”, destacó el profesional.

Prevalencia:

Representa entre el 4 y el 5% de los tumores femeninos.

Se estiman 3.584 casos para este año 2023.

La incidencia en nuestro país aumenta a partir de 60 años.

Factores de riesgo:

Edad

Obesidad y sobrepeso.

Embarazos más tarde de los 35 años.

Terapia hormonal después de la menopausia.

Factores hereditarios de cáncer de ovario, de mama o colorrectal asociado a mutaciones en los genes de BRCA 1/2 y Síndrome de Lynch.

Uso de tratamientos de fertilidad.

Tabaquismo y alcohol.

SOP (Síndrome de ovario poliquístico).

Sintomatología:

Hinchazón o aumento del diámetro abdominal.

Dificultad para comer o sensación de plenitud continua.

Molestias gastrointestinales como estreñimiento y flatulencia.

Necesidad de orinar más frecuentemente.

Dolor de espalda sin causa conocida que empeora progresivamente.

Pérdida o aumento de peso sin causa conocida.

Sangrado vaginal.

Náuseas y vómitos

Prevención y detección precoz:

No existe una prueba de cribado específica para la detección precoz de cáncer de ovario, por eso es importante realizar revisiones periódicas a su ginecólogo.

En pacientes portadoras mutaciones germinales en los genes de BRCA 1/2 se recomienda realizar la salpingooferectomía profiláctica (extirpación ovarios) a partir de los 40 años una vez cumplido el deseo gestacional.

Realizar una dieta saludable y ejercicio físico para evitar sobrepeso u obesidad.

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La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer declara que el mate no es cancerígeno

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Esta dependencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) clasifica al mate en el Grupo 3, donde listan todos los productos que no pueden considerarse cancerígenos para el ser humano.

El Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) reiteró que el consumo de yerba mate, particularmente bajo la modalidad de mate cebado tradicional, es un hábito saludable y la asociación del mismo a un incremento en el riesgo de contraer ciertos tipos de cáncer, no está comprobada científicamente.

Esta falta de evidencia ha sido observada por organismos internacionales que velan por la Salud de la humanidad, como la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (IARC), dependencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Agencia Europea del Medicamento (AEM). Ya en el año 2016 la IARC había declarado al mate como no cancerígeno para los humanos.

Particularmente la IARC se dedica a evaluar agentes químicos, físicos, actividades laborales, entre otros, mediante una exhausta revisión de toda la información científica disponible sobre el agente de estudio en busca de evidencias que lo relacionen con el desarrollo de cáncer. En el caso del mate, tanto la IARC como la AEM, declaran en sus documentos (https://publications.iarc.fr/Book-And-Report-Series/Iarc-Monographs-On-The-Identification-Of-Carcinogenic-Hazards-To-Humans/Drinking-Coffee-Mate-And-Very-Hot-Beverages-2018, https://www.ema.europa.eu/en/medicines/herbal/mate-folium) que no hay evidencia científica suficiente que demuestre el vínculo del consumo de esta infusión con el desarrollo posterior de neoplasias (cáncer).

La supuesta relación entre el consumo de infusiones preparadas con yerba mate y el aumento del riesgo de contraer ciertos tipos de cáncer no es nueva y esta semana volvió a surgir tras la réplica en medios nacionales de una nota aparecida en el periódico británico TheSun. La nota periodística menciona dos agentes asociados directamente al consumo de mate, como mecanismos responsables: la presencia de hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAPs) en la infusión y la temperatura de consumo de la misma. Sin embargo, investigaciones científicas confirmaron que, tanto la temperatura de consumo como los niveles de HAPs del mate son seguros acorde a lo establecido por organismos como la Organización Mundial de la Salud y la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer.

Es importante señalar que los HAPs, cuyo principal exponente es el benzo[a]pireno, son sustancias químicas que no forman parte de la composición de las hojas y palitos de yerba mate. Estas sustancias, si aparecen en la yerba mate elaborada, no son solubles en agua, por lo que ha sido comprobado que su transferencia desde la yerba mate hacia las infusiones es muy baja o nula.

En el año 2016, el Grupo de Investigación de Yerba Mate de la de la Facultad de Ciencias Exactas, Químicas y Naturales de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), liderado por el Dr. Miguel Schmalko y la Dra Ana Thea, publicó un estudio en el que se evaluó el contenido de HAPs en las principales formas de consumo de la yerba mate: mate caliente (mate), mate frío (tereré) y mate cocido. Tras la realización de las experiencias pudo observarse que ninguna de las infusiones estudiadas superó el nivel máximo sugerido por la OMS para el contenido de benzo[a]pireno en el agua potable (700 ng/L).

La temperatura del mate

Con respecto a la temperatura de consumo del mate debemos destacar que, en primer lugar, hay que tener en cuenta que una cosa es la temperatura a la que se calienta el agua para el mate y otra muy diferente es la temperatura a la cual la bebida llega a la boca. La IARC sostiene que la exposición de las células a temperaturas mayores a los 65 °C puede ser perjudicial para la salud.

En ese sentido, un estudio realizado por investigadores de la UNaM reveló que la temperatura del mate cebado tradicionalmente al llegar a la boca nunca supera los 58°C.

Para la experimentación se diseñó una bombilla con 3 sensores de temperatura, uno en el filtro, otro en el pico de la bombilla (donde tiene contacto con la boca) y uno externo, capaz de medir la temperatura en el seno de la yerba mate. “El agua de cebado al entrar en contacto con la yerba mate pierde mucha temperatura, y cuando la succionamos, la temperatura desciende aún más”, explicó el Dr. Miguel Schmalko.
El investigador precisó que se calentó el agua para cebar el mate a distintas temperaturas de 70 a 90 °C, pero la temperatura de llegada a la boca en ningún caso superó los 58 °C.

“En contraste, contamos con evidencia científica que revela los efectos benéficos de la yerba mate en la salud humana, como el caso de un trabajo realizado por el Centro de Oncología Molecular y Traslacional de la Universidad Nacional de Quilmes que demostró en pruebas de laboratorio los efectos quimio preventivos y antitumorales de infusiones preparadas con yerba mate en el cáncer de colon y mama.

“Podemos concluir y afirmar que tomar mate es seguro y saludable”, subrayó la subgerente del Área Técnica del INYM, Ingeniera Verónica Scalerandi, “ya que los dos agentes mencionados (HAPs y temperatura alta) quedan descartados” y recordó que los beneficios de tomar mate se encuentran recopilados en más de 250 trabajos que conforman la Base de Datos sobre Yerba Mate y Salud y en las ponencias presentadas en las seis Jornadas de Divulgación Científica “Yerba Mate y Salud” realizadas durante los últimos años.

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