El precio de la carne vacuna volvió a subir en Argentina y profundiza un escenario crítico marcado por la caída del consumo y la ausencia de políticas nacionales orientadas a contener el impacto sobre los hogares. El nuevo aumento golpea con mayor fuerza a los sectores de ingresos medios y bajos, donde el acceso a uno de los alimentos centrales de la dieta argentina se vuelve cada vez más limitado.
En los primeros días de enero, la carne registró una suba cercana al 10%, a la que se sumó previamente un incremento del 25% en el pollo. La combinación de ambos ajustes intensificó la presión sobre el poder adquisitivo y el costo de vida familiar, en un contexto donde las decisiones oficiales continúan priorizando las exportaciones por sobre el abastecimiento interno.
Desde la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA) advirtieron que, pese a los aumentos de precios, el consumo per cápita de carne vacuna se mantiene en niveles históricamente bajos. Según la entidad, esta dinámica refleja la pérdida sostenida del poder adquisitivo de las familias frente a una inflación persistente que sigue erosionando los ingresos reales.
El impacto se siente de forma inmediata en los mostradores. Comerciantes del sector señalan que el precio promedio del kilo de carne vacuna ronda los 14.000 pesos, con cortes que superan ampliamente ese valor. La escalada consolida una tendencia que restringe cada vez más el acceso al consumo cotidiano.
En paralelo, el Gobierno nacional confirmó la ampliación del cupo de exportación de carne vacuna a Estados Unidos tras la firma de un acuerdo comercial bilateral. A partir de una decisión adoptada por el presidente estadounidense Donald Trump, la cuota anual pasará de 20.000 a 100.000 toneladas, lo que habilita la salida de 80.000 toneladas adicionales al mercado externo.
Desde el Ejecutivo destacaron que la medida permitiría generar ingresos cercanos a los 800 millones de dólares para el sector agroexportador, según informó el canciller Pablo Quirno. Sin embargo, distintos especialistas y referentes de la cadena cárnica advirtieron que el impulso a las exportaciones se produce en un contexto de precios internos en alza y consumo deprimido.
A estas críticas se suman las advertencias de actores productivos que califican como “peligroso” el ingreso de carne estadounidense sin aranceles, contemplado en el acuerdo. Señalan que la falta de resguardos oficiales podría generar mayor presión sobre la producción local y agravar la situación del mercado interno.
El aumento de la carne se inscribe, además, en un escenario de aceleración general de la canasta básica. Un informe de la consultora LCG indicó que los precios de alimentos y bebidas volvieron a mostrar subas en la primera semana de febrero. Según la economista Florencia Iragui, la inflación mensual se ubicaría entre el 2,2% y el 2,3%, impulsada en gran parte por los precios regulados, entre ellos el gas, que registraría aumentos superiores al 15% tras la quita de subsidios.
Argentina concretó la firma del Acuerdo Marco de Comercio e Inversión Recíproco con Estados Unidos, un entendimiento bilateral que apunta a profundizar la integración comercial, reducir barreras arancelarias y no arancelarias, y estimular la inversión en sectores estratégicos.
El acuerdo fue rubricado por el canciller Pablo Quirno, durante su visita oficial a Washington, en el marco de la cumbre ministerial sobre minerales críticos. También participó el embajador argentino en ese país, Alec Oxenford.
“Felicitaciones a nuestro equipo y gracias al representante comercial de Estados Unidos por construir juntos este gran acuerdo. La Argentina será próspera”, expresó Quirno tras la firma.
La concreción del entendimiento se da en un contexto marcado por la virtual congelación del acuerdo Mercosur–Unión Europea, que fue enviado al máximo tribunal europeo para su evaluación, proceso que podría demorar cerca de un año.
El texto firmado retoma y amplía el marco anunciado meses atrás y propone profundizar la cooperación bilateral en comercio e inversión, con compromisos concretos en múltiples frentes.
Apertura comercial y aranceles
Argentina se compromete a otorgar acceso preferencial a exportaciones estadounidenses de:
Medicamentos y productos farmacéuticos
Productos químicos
Maquinaria y bienes de capital
Tecnologías de la información
Dispositivos médicos
Vehículos automotores
Una amplia gama de productos agrícolas
Por su parte, Estados Unidos se comprometió a revisar la Sección 232, que aplica aranceles de hasta el 50% a productos considerados estratégicos para la seguridad nacional, como el acero.
Además, eliminará aranceles recíprocos a recursos naturales no disponibles en su territorio y a productos farmacéuticos no patentados.
Carne, alimentos y productos agroindustriales
Ambos países acordaron mejorar las condiciones de acceso bilateral para el comercio de carne vacuna.
Argentina también se comprometió a:
Abrir su mercado al ganado vivo estadounidense
Permitir el ingreso de carne aviar en el plazo de un año
No aplicar restricciones al uso de términos tradicionales asociados a quesos y carnes
El acuerdo establece que ambos países trabajarán en conjunto para reducir barreras no arancelarias que afecten el comercio de alimentos y productos agrícolas.
Barreras no arancelarias y facilitación del comercio
Argentina asumió compromisos clave para reducir costos y tiempos de importación, entre ellos:
Reducción de licencias de importación
Eliminación de formalidades consulares para exportaciones estadounidenses
Eliminación gradual de impuestos a la importación de productos de Estados Unidos
También se compromete a alinearse con normas internacionales, aceptando productos que cumplan con estándares estadounidenses o internacionales, sin exigir evaluaciones adicionales.
En el sector automotor, Argentina permitirá la importación de vehículos fabricados en Estados Unidos que cumplan con normas de seguridad y emisiones de ese país.
En materia de propiedad intelectual, el acuerdo reconoce avances de Argentina en la lucha contra la falsificación y la piratería, pero exige mayores estándares de protección, con foco en grandes centros de comercialización de productos falsificados.
Trabajo, ambiente y minerales críticos
El texto incorpora compromisos laborales y ambientales:
Argentina se compromete a no importar bienes producidos con trabajo forzoso y a fortalecer su legislación laboral
Se acuerda combatir la tala ilegal y promover el uso eficiente de recursos naturales
Se refuerza la cooperación en minerales críticos, un eje estratégico para la transición energética y tecnológica
También se propone trabajar en conjunto para estabilizar el comercio global de soja, uno de los principales complejos exportadores argentinos.
El acuerdo establece que Argentina deberá:
Revisar “cuestiones distorsivas” vinculadas a empresas estatales
Analizar subsidios industriales que puedan afectar la relación bilateral
En el plano digital, el país reconoce a Estados Unidos como jurisdicción adecuada para la transferencia de datos personales y se compromete a no discriminar servicios y productos digitales estadounidenses.
Un acuerdo con impacto económico y geopolítico
El entendimiento con Estados Unidos refuerza la estrategia del gobierno de Argentina para ampliar mercados, atraer inversiones y fortalecer su inserción internacional, en un contexto donde la generación de divisas vía exportaciones aparece como una prioridad central.
La foto política del acercamiento quedó sellada meses atrás con el encuentro entre Donald Trump y Javier Milei en Davos, pero ahora toma forma concreta con un acuerdo que impacta de lleno en comercio, industria, agro y economía digital.
El tradicional asado dejó de ser el eje de la mesa argentina. Un informe del Instituto de Economía de la UADE (INECO) revela que el consumo de carne vacuna cayó un 42% en los últimos 35 años y alcanzó en 2025 su nivel más bajo desde que existen registros comparables. El derrumbe no responde a un cambio cultural aislado, sino a una transformación estructural impulsada por precios récord, pérdida relativa del poder adquisitivo y un fuerte reordenamiento del mercado cárnico, donde el pollo y el cerdo ganaron protagonismo. Hoy, con el valor de un kilo de asado se pueden comprar cuatro kilos de pollo, una relación inédita que explica el giro en los hábitos de consumo.
Un cambio estructural en la mesa argentina
Según el relevamiento de la UADE, el consumo per cápita de carne vacuna pasó de 52 kilos por habitante en 1990 a apenas 30 kilos en 2025. En paralelo, el consumo total de carnes en el país no solo no cayó, sino que creció un 12% en el mismo período. La clave está en la composición: la carne vacuna perdió peso relativo frente a la avícola y la porcina, que avanzaron de manera sostenida gracias a una ecuación de precios mucho más favorable.
Actualmente, la carne vacuna y el pollo empatan en participación dentro de la dieta cárnica de los argentinos, con una incidencia que oscila entre el 36% y el 38% para cada una, mientras que el cerdo ya representa el 15,2% del total. El informe destaca que este proceso no es coyuntural, sino que refleja una “reconfiguración profunda del patrón de consumo”, asociada al costo relativo de cada proteína y a la capacidad de compra de los hogares.
La comparación histórica ilustra con claridad el fenómeno: “Mientras que en el año 2000 un consumidor debía elegir entre comprar un kilo de asado o dos kilos de pollo, hoy decide entre un kilo de asado o cuatro kilos de pollo”, detalla el estudio del INECO. La parrillada clásica, símbolo cultural y económico del país, quedó desplazada por alternativas más accesibles.
El asado en máximos históricos de precio
El corazón del problema está en los precios. De acuerdo con la UADE, el valor del asado se encuentra un 47% por encima de su promedio histórico. En términos reales, el precio actual ronda los $15.340 por kilo, muy lejos del promedio de $10.449 registrado entre 1996 y 2025 a valores constantes.
Esta brecha no solo impacta en el consumo doméstico, sino que redefine la estructura de la demanda interna. El informe señala que la carne vacuna se convirtió en un bien cada vez más selectivo dentro de la canasta alimentaria, reservado para ocasiones puntuales y no para el consumo regular que caracterizó durante décadas a la sociedad argentina.
La suba sostenida del asado se explica, en parte, por factores de oferta y demanda, pero también por la dinámica exportadora. En los últimos 23 años, las exportaciones de carne vacuna crecieron un 230% en volumen y más de un 900% en valor, una expansión que presionó sobre los precios internos y redujo la disponibilidad relativa para el mercado local.
Salarios, exportaciones y un liderazgo que persiste
El informe de la UADE incorpora un indicador clave para dimensionar el impacto económico: el poder de compra del salario medido en kilos de asado. En el promedio histórico entre 1996 y 2025, un salario permitía adquirir 191 kilos de este corte. Durante la gestión actual, en el período 2024-2025, ese promedio se ubicó en 154 kilos, una mejora frente a los 150 kilos registrados entre 2020 y 2023, pero aún muy lejos de los máximos alcanzados en 2008, cuando el salario podía comprar hasta 277 kilos de asado.
Esta recuperación parcial no logró revertir la tendencia de fondo. El encarecimiento relativo de la carne vacuna consolidó el desplazamiento hacia proteínas más económicas, incluso en un contexto donde el consumo total de carnes crece.
Paradójicamente, pese a la caída del consumo interno, la Argentina mantiene un liderazgo global: sigue siendo el país con mayor consumo per cápita de carne vacuna del mundo. Según el informe, el consumo local triplica el promedio de los países analizados por la OCDE, un dato que subraya la magnitud histórica del vínculo entre la sociedad argentina y la carne bovina, aun en un escenario de fuerte retracción.
El estudio concluye que la transformación de la mesa argentina ya no responde solo a ciclos económicos, sino a un cambio estructural que reconfigura la demanda, la producción y la cadena de valor cárnica. La consolidación del pollo y el cerdo como proteínas centrales plantea nuevos desafíos para productores, frigoríficos y políticas sectoriales, mientras la carne vacuna enfrenta el dilema de sostener su rol simbólico en un contexto de precios elevados y mayor orientación exportadora.
El Gobierno nacional oficializó la distribución de 19.956,345 toneladas de carne vacuna deshuesada, enfriada o congelada con destino a los Estados Unidos.
Este cupo corresponde al ciclo comercial 2026, sobre un total de 20.000 toneladas anuales que el Departamento de Agricultura de dicho país otorga a la Argentina.
La asignación se divide en dos categorías principales: 19.000 toneladas para el sector industrial y 1.000 toneladas para proyectos conjuntos.
En total, se inscribieron 72 postulantes, de los cuales 39 pertenecen a la categoría Industria y 33 a Proyectos Conjuntos.
La medida fue establecida a través de la Resolución 8/2026 de la Secretaría de Agricultura publicada este jueves en el Boletín Oficial.
La autoridad de aplicación desestimó a cuatro firmas en este proceso.
El Grupo Tresnal S.R.L. quedó excluido por no contar con la habilitación sanitaria correspondiente, mientras que Frigorífico Villa Olga S.A. fue apartado por no acreditar antecedentes de exportación previos.
Por su parte, las empresas Agropecuaria Santa Maria S.R.L. y San Pedro Agropecuaria S.A.S. fueron inhabilitadas tras haber renunciado a la totalidad de su cuota en el ciclo 2025.
La normativa también incluyó autorizaciones especiales. Frigorífico Gorina S.A.I.C. recibió un permiso excepcional para operar en establecimientos de terceros debido a un siniestro ocurrido en su planta de elaboración.
Asimismo, se otorgó tratamiento de grupo económico a las firmas Black Bamboo Enterprises S.A., Frigorífico Alberdi S.A., Mattievich S.A. y S.A. Carnes Pampeanas para que operen sus asignaciones de forma indistinta en sus establecimientos.
Finalmente, la resolución determinó que el Fondo de Libre Disponibilidad, conformado por el tonelaje no distribuido o recuperado por incumplimientos, asciende a 43,655 toneladas, correspondientes únicamente a la categoría de Proyectos Conjuntos. Para la categoría Industria, el fondo inicial quedó en cero tras distribuirse la totalidad del cupo asignado.
Tras más de 25 años de negociaciones, el Acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur recibió luz verde para su rúbrica final y abre un escenario de alto impacto para el comercio agroindustrial, en particular para la carne vacuna argentina. En un contexto internacional signado por la incertidumbre geopolítica y la vulnerabilidad comercial, el entendimiento entre ambos bloques aparece como un hecho histórico que promete redefinir el acceso al mercado europeo, con ventajas arancelarias sustanciales para el Mercosur.
Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, el acuerdo permitiría eliminar aranceles a más del 90% del comercio bilateral, favoreciendo a la Unión Europea en exportaciones industriales —vehículos y maquinaria— y ampliando de forma significativa el acceso de productos agropecuarios sudamericanos al mercado comunitario. Dentro de ese esquema, la carne vacuna surge como uno de los bienes más beneficiados, con efectos directos y cuantificables sobre la competitividad exportadora de la Argentina.
Un acuerdo histórico con tensiones y salvaguardias para el agro europeo
El proceso de negociación estuvo atravesado por fuertes resistencias internas en la Unión Europea, particularmente del sector agropecuario, que —con el respaldo activo del Gobierno francés— manifestó su preocupación frente a la competencia de productos sudamericanos elaborados bajo marcos normativos percibidos como menos exigentes.
Como resultado de estas tensiones, el texto final del acuerdo incorpora medidas de salvaguardia orientadas a reforzar el control del mercado europeo y evitar perturbaciones derivadas de las importaciones provenientes del Mercosur. Estas cláusulas fueron clave para destrabar el consenso político necesario y permitir que el acuerdo obtuviera la votación favorable de una mayoría cualificada de los Estados miembros, quedando así habilitado para su firma final por los presidentes de ambos bloques.
Desde el punto de vista institucional, el acuerdo se inscribe en una estrategia más amplia de fortalecimiento de las relaciones diplomáticas y comerciales entre regiones, en un escenario global marcado por la fragmentación de mercados y la revisión de las cadenas de suministro.
El impacto directo sobre la carne vacuna: cupos, aranceles y ventajas competitivas
Dentro del sector agropecuario, la carne vacuna aparece como uno de los productos con mayor potencial de impacto inmediato. En primer lugar, la eliminación de aranceles prevista en el acuerdo afectaría directamente al contingente Hilton, que actualmente tributa un arancel del 20% al ingresar a la Unión Europea.
Además, el acuerdo asigna al Mercosur un nuevo cupo anual de 99.000 toneladas equivalente carcasa, lo que representa aproximadamente 76.000 toneladas peso producto, a implementarse de manera gradual durante los próximos cinco años. Este contingente estará sujeto a un arancel intracuota del 7,5%, frente a un arancel consolidado fuera de cuota cercano al 50%.
Se trata de un cupo adicional que se sumará progresivamente a los regímenes ya vigentes —Cuota Hilton y Cuota 481—, con diferencias relevantes en sus condiciones. A diferencia de estos esquemas, el nuevo cupo no impondrá restricciones sobre el tipo de alimentación del ganado, ya sea a grano o a pasto. No obstante, sí establece exigencias en materia de conservación, fijando un límite del 55% para productos enfriados, mientras que el volumen restante deberá comercializarse exclusivamente como carne congelada.
Un aspecto aún pendiente es la distribución interna del cupo entre los países del Mercosur. Su administración deberá ser acordada entre Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, una definición que todavía no fue abordada y que podría convertirse en un nuevo foco de tensión previo a la implementación efectiva del acuerdo.
Un aumento significativo del acceso y un ahorro arancelario inmediato
Considerando los distintos contingentes, el volumen total de acceso al mercado europeo para la carne vacuna del Mercosur quedaría conformado por unas 45.000 toneladas anuales de la Cuota Hilton, hasta 10.000 toneladas de la Cuota 481, y las 76.000 toneladas peso producto del nuevo cupo adicional a partir del quinto año de implementación.
En conjunto, este esquema implicaría que el cupo total de acceso con aranceles de entre 0% y 7,5% se incremente de manera significativa durante los próximos cinco años, con un aumento promedio estimado del 26% anual.
El contraste con las proyecciones europeas resulta elocuente. En su Outlook Agrícola de enero de 2025, la Unión Europea anticipaba importaciones de carne vacuna prácticamente estancadas hacia 2035, con un crecimiento marginal del 0,12% anual. La ampliación del acceso para el Mercosur sugiere, en cambio, una mayor participación de la carne sudamericana en el mercado europeo, apalancada en una ventaja arancelaria decisiva.
Los datos de ejecución refuerzan esta lectura. Según la Comisión Europea, al 31 de diciembre de 2025, el grado de cumplimiento del contingente alcanzaba el 69,3% en la primera mitad del ciclo comercial 2025/26, frente al 45,8% registrado en igual período del ciclo 2024/25.
Al consolidar ambos ciclos comerciales, se observa que durante 2025 los países del Mercosur exportaron en conjunto aproximadamente 49.000 toneladas bajo la Cuota Hilton, sobre un total estimado de 229.000 toneladas embarcadas a la Unión Europea. Esto implica que cerca del 80% de los envíos ingresaron por fuera de cuota, pagando aranceles significativamente más altos.
En el caso de Argentina, que cuenta con una asignación dominante de 29.500 toneladas por ciclo comercial dentro de la Cuota Hilton, las exportaciones fuera del contingente duplicaron en 2025 a las realizadas bajo cuota. Para otros orígenes, especialmente Brasil, los excedentes resultaron aún más significativos.
Estos números muestran que el beneficio del acuerdo sería directo e inmediato, sin necesidad de redireccionar saldos exportables. En una primera etapa, se generaría un ahorro del 20% por la eliminación del arancel Hilton. En una segunda fase, con la incorporación de los nuevos cupos, el ahorro por tonelada podría superar el 40% respecto del arancel consolidado vigente.
Firma, ratificación y un escenario estratégico para 2026
De acuerdo con los últimos comunicados oficiales, el sábado 17 de enero sería la fecha prevista para la firma del texto final del Acuerdo por parte de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y su par del Mercosur, Santiago Peña. Luego, el tratado deberá ser aprobado por los respectivos cuerpos parlamentarios, un proceso que podría concretarse recién durante el segundo semestre del año.
Más allá de los plazos institucionales, el informe destaca que 2026 se perfila como un año de especial trascendencia para el sector de ganados y carnes de la región y, en particular, para la Argentina. Este escenario se potencia por la solidez de los vínculos comerciales con otros mercados clave, como China y Estados Unidos, que junto con la Unión Europea conforman el principal tándem importador de carne vacuna a nivel global.
En ese marco, la eventual concreción de los acuerdos en curso, en línea con una estrategia de apertura comercial, permitiría no solo reducir aranceles y mejorar la competitividad del producto argentino, sino también proyectar un horizonte de mayor certidumbre, previsibilidad e incentivos para la inversión a lo largo de toda la cadena cárnica.