CARNE VACUNA

La ganadería mantiene márgenes históricamente altos, pero el desafío pasa por invertir para sostener la rentabilidad

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La ganadería argentina atraviesa uno de los períodos de mayor rentabilidad de los últimos quince años. Sin embargo, el escenario comienza a mostrar señales de moderación que obligan a cambiar el foco: más que maximizar las ganancias coyunturales, el desafío pasa ahora por convertir esos excedentes en inversiones que permitan fortalecer la productividad y reducir la vulnerabilidad frente a un contexto económico y climático más incierto.

Ese es el principal mensaje que surge del último Informe Trimestral de Resultados Económicos Ganaderos elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario, sobre la base de los datos de la Coordinación de Análisis Pecuario de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca.

La actividad ganadera continúa transitando uno de sus mejores momentos, planteando al productor el desafío de capitalizar los beneficios obtenidos mediante mejoras e inversiones que redunden en sistemas de producción más eficientes y estables.

Así lo confirman los resultados presentados en el último Informe Trimestral de Resultados Económicos Ganaderos (Informe N.° 58), elaborado desde junio de 2011 por la Coordinación de Análisis Pecuario, dependiente de la Dirección Nacional de Producción Ganadera de la SAGyP.

Durante este segundo trimestre del año -cerrado con datos a mayo de 2026- los precios de la hacienda mostraron una tendencia a la baja que, sumada al incremento registrado en el mismo período por el nivel general de precios condujo a un retraso de los valores en términos reales que erosionó parte de la evolución alcista registrada durante ellos primeros tres meses del año.

Si bien, a valores constantes, tanto el precio del novillo como el del ternero de invernada se apartaron de los máximos alcanzados a comienzos del año, ambos continúan ubicándose en niveles históricamente elevados, sosteniendo muy buenos resultados económicos para el conjunto de la actividad.

En este contexto, los márgenes de las actividades de cría y ciclo completo también retrocedieron respecto de sus máximos históricos, reflejando el impacto de la desaceleración en los precios de la hacienda y la mayor presión de la estructura de costos. Aun así, continúan ubicándose por encima del promedio de la serie histórica.

En este contexto, los márgenes de las actividades de cría y ciclo completo también retrocedieron respecto de sus máximos históricos, reflejando el impacto de la desaceleración en los precios de la hacienda y la mayor presión de la estructura de costos. Aun así, continúan ubicándose por encima del promedio de la serie histórica.

El margen bruto actual de la cría en la Cuenca del Salado ($310.573/ha) se ubica entre los más altos de los últimos quince años. Comparado con el promedio registrado por este mismo modelo doce meses atrás, el resultado actual es un 25% superior. En tanto, respecto del promedio de la serie 2011-2025, la mejora alcanza el 37%.

En este sentido, dado que los gastos directos se mantuvieron relativamente estables, la dinámica del negocio continúa fuertemente asociada a la evolución de los precios del ternero y de la vaca de descarte, los cuales, aun habiéndose apartado de los máximos registrados a comienzos del año, permanecen en niveles históricamente elevados.

En lo que respecta al ciclo completo, la tendencia es similar. No obstante, a diferencia de la cría, los márgenes brutos -según destacan en el informe- registraron un ajuste cercano al 15% respecto del trimestre anterior, como consecuencia de una mayor presión de los costos directos y de la estabilización en los valores de la hacienda terminada.

Tomando como referencia el modelo de producción desarrollado para el centro-sur de Córdoba, el margen bruto actual asciende a $305.636/ha. Si bien, tras este ajuste, el resultado se aleja aún más del máximo histórico alcanzado en noviembre pasado ($402.098/ha), continúa siendo un 42% superior al promedio histórico de la serie y un 27% mayor que el registrado un año atrás.

Este año, al igual que durante el otoño pasado, las temperaturas moderadas y las buenas precipitaciones generaron condiciones muy favorables para las recrías pastoriles. Esto, sumado al elevado nivel de precios que continúa mostrando la hacienda, contribuyó a sostener la demanda por invernada.

Es por ello que, en planteos de invernada, donde la rentabilidad depende en gran medida de la relación de compra y venta de la hacienda, la presión sobre los márgenes resulta mayor. Durante el último trimestre, esta situación se tradujo en una contracción cercana al 30% de los márgenes brutos.

Actualmente, la relación compra/venta continúa en niveles estructuralmente elevados, ubicándose entre 1,4 y 1,5 terneros por novillo, cuando un año atrás esa misma relación oscilaba entre 1,2 y 1,3, en línea con su promedio histórico.

Si bien esta evolución erosiona parte de la ventaja que ofrece la relación de compra frente al grano, el engorde a corral e incluso los planteos integrados de recría y terminación a grano continúan presentando resultados positivos y superiores al promedio de la serie.

Asimismo, las simulaciones incluidas en el informe muestran que, a medida que aumenta la intensidad del engorde, se incrementa la escala de producción o se incorpora maíz propio al planteo, los resultados económicos mejoran significativamente.

A la luz de las estimaciones actuales, puede afirmarse que durante esta campaña la disponibilidad de grano no representa una limitante. Por el contrario, con una proyección de cosecha récord de maíz cercana a los 70 millones de toneladas, la oferta del insumo se encuentra asegurada. Además, a los valores actuales, la conversión de grano en carne continúa siendo altamente atractiva, aunque será necesario monitorear el impacto que la reciente reducción de los derechos de exportación pueda generar sobre los precios futuros.

Actualmente, por cada kilo de novillito vendido se pueden adquirir cerca de 19 kilos de maíz. Un año atrás esa relación era de aproximadamente 15 kilos, mientras que el promedio histórico se ubica en torno a los 12 kilos de grano por kilo de novillito terminado.

Sin embargo, hacia adelante estas relaciones podrían modificarse. El escenario climático que, desde el otoño pasado, viene favoreciendo tanto a la cría como a la recría pastoril podría revertirse si se confirman los pronósticos estacionales previstos a partir de la próxima primavera, intensificándose hacia el verano y el otoño siguientes.

De acuerdo con las últimas actualizaciones de los principales centros internacionales de monitoreo climático, a partir de la primavera podrían registrarse precipitaciones superiores a lo normal en gran parte del territorio nacional debido a la ocurrencia del fenómeno El Niño, evento que -según se advierte- podría convertirse en uno de los más intensos registrados hasta el momento.

Es por ello que, frente a un escenario condicionado por factores que escapan al control del productor, la clave pasa por la anticipación y la planificación.

En este contexto, aplicar los buenos resultados actuales a inversiones en infraestructura, limpieza de canales y sistemas de drenaje, confección de reservas forrajeras y previsión de recursos financieros para afrontar eventuales incrementos de costos derivados de eventos climáticos extremos permitirá reducir el riesgo de una descapitalización forzada de la hacienda y contribuirá a sostener sistemas productivos más estables y resilientes en el tiempo.

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El peso de faena de la ganadería argentina alcanzó el mayor valor en 30 años

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 El peso promedio de faena de la ganadería registró en mayo un máximo en 30 años al alcanzar los 240 kilos.

En el acumulado de los primeros cinco meses de 2026, el peso promedio de la res se ubicó en 236 kg, lo que representa un aumento de 6 kg respecto al mismo periodo de 2025.

Al comparar específicamente el mes de mayo con el mismo mes del año anterior, el crecimiento fue de 8 kilogramos por res.

Las cifras fueron informadas por la Secretaría de Agricultura, Ganadería, en un comunicado. Según la dependencia a cargo de Sergio Iraeta, “el sector comenzó a capitalizar un escenario que permite una mayor inversión y planificación”.

La mejora en los indicadores responde a la relación entre el costo de la alimentación y el valor del kilogramo en pie, factor que generó incentivos para prolongar los ciclos de producción.

A esto se suma un alargamiento de la etapa de recría y una ocupación récord en los corrales de engorde, orientada a agregar más peso antes de la venta.

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Carne cae la oferta, crecen las exportaciones, pero el consumo interno ya no convalida más precios

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La menor faena redujo la disponibilidad de carne vacuna, aunque el mercado muestra un consumidor más sensible y una creciente sustitución por pollo y cerdo.

Aun cuando mayo mostró un mayor ritmo de actividad en la faena, los indicadores acumulados del año continúan exhibiendo un marcado retroceso.

Los datos provisorios elaborados sobre la base de los animales remitidos a faena anticipan para los primeros cinco meses del año, una caída del 11% respecto de igual período de 2025.

Si bien la producción de carne por animal faenado viene mostrando una leve mejora, todavía no alcanza para compensar una retracción de semejante magnitud.

Paralelamente, impulsadas por el favorable contexto internacional y comparadas con el bajo nivel de actividad registrado durante los primeros meses del año pasado, la exportación está absorbiendo un volumen creciente de producción. De acuerdo con los datos disponibles hasta abril, los embarques acumulaban un volumen 10% superior al registrado en igual período de 2025. En términos prácticos, esto implica una menor disponibilidad de carne para el consumo interno. Ajustándonos a las estadísticas oficiales del primer cuatrimestre, se trata de un recorte cercano al 12% interanual.

Sin embargo, a pesar de esta menor oferta, los precios de la carne vacuna en los mostradores no han registrado aumentos en los últimos dos meses. Por el contrario, medidos en términos reales, muestran una caída frente a la inflación minorista.

Según el relevamiento de precios que realiza el IPCVA, en mayo el valor promedio de los distintos cortes de carne vacuna considerados en la medición se ubicó en $18.569 por kilo, prácticamente sin cambios respecto de los promedios registrados en marzo y abril, frente a una inflación que para esos dos meses habría acumulado cerca de cinco puntos porcentuales.

Según el relevamiento de precios que realiza el IPCVA, en mayo el valor promedio de los distintos cortes de carne vacuna considerados en la medición se ubicó en $18.569 por kilo, prácticamente sin cambios respecto de los promedios registrados en marzo y abril, frente a una inflación que para esos dos meses habría acumulado cerca de cinco puntos porcentuales.

A su vez, esta combinación de menor oferta y precios estancados pone de manifiesto el grado de elasticidad que presenta actualmente la demanda de carne vacuna frente a otras fuentes de proteína animal, una característica que años atrás tendía a ser menos evidente.

En efecto, el consumo aparente de carne vacuna en términos per cápita —expresado como promedio de los últimos doce meses— se sitúa por debajo de los 48 kilos por habitante al año, es decir, un 5% menos que los casi 51 kilos per cápita registrados un año atrás.

Tomando el mismo criterio de medición basado en las estadísticas oficiales de consumo, el pollo, aun con precios creciendo a un ritmo superior al de los salarios, logra sostener sus niveles de consumo en torno a los 47 kilos per cápita, prácticamente equiparando al consumo de carne vacuna.

Por su parte, el cerdo continúa ganando terreno frente a ambas carnes y alcanza su mayor registro histórico, con más de 19,5 kilos por habitante, tras registrar un crecimiento del 8,6% respecto de los 18 kilos observados un año atrás.

Sucede que, a los valores actuales, el kilo de asado equivale a casi 4 kilos de pollo fresco y a 2 kilos de pechito de cerdo tras un incremento significativo en el último año.

Estas relaciones de precios favorecen un proceso de sustitución cada vez más marcado en las decisiones de consumo de los hogares, aunque manteniendo el consumo agregado de carnes en niveles estadísticamente estables.

No obstante, para el mercado interno —y especialmente para toda la cadena comercial de la carne vacuna— estos períodos en los que el consumo se estanca o reduce su ingesta, se perciben de manera inmediata.

Una señal elocuente de esta situación fue la caída observada en los valores operados en el Mercado Agroganadero durante la última semana. Aun tratándose de una semana de inicio de mes, habitualmente asociada a una renovación del poder de compra por el ingreso de salarios, prácticamente todas las categorías -con excepción de las vacas- registraron bajas de entre $100 y $300 por kilo respecto de los promedios de la semana previa.

No obstante, aunque profundizado durante la última semana, este proceso de ajuste ya se viene observando desde hace tres meses. Entre febrero y principios de marzo se registraron los precios máximos del año en todas las categorías.

Desde entonces, los novillos perdieron -en términos reales- un 18%; los novillitos, un 16%; las vaquillonas, un 16,5%; y las vacas, un 18,5%, aunque en este último caso, la comparación con febrero no resulta del todo apropiada debido a la fuerte estacionalidad de oferta que caracteriza a esta categoría.

Aun así, la tendencia reciente refleja un marcado interés de los compradores por hacerse de esta hacienda, fuertemente orientada a la exportación. En particular, durante las últimas semanas el interés comenzó a concentrarse en lotes de vacas más livianas, con posibilidades de ser reingresadas al circuito de invernada para su posterior terminación y salida como hacienda gorda para exportación. Si bien continúa siendo un mercado mucho más estacional, esta dinámica refleja la fuerte tracción que ejerce actualmente la demanda externa para este tipo de hacienda.

Al analizar una serie de precios más amplia, medida a valores constantes de hoy, se observa que, más allá del recorrido bajista registrado desde los máximos alcanzados en febrero, los valores de la hacienda continúan siendo muy favorables en términos históricos. En pesos constantes, superan en un 40% los niveles registrados dos años atrás.

Sin embargo, a diferencia de lo observado durante los primeros meses del año, cuando las subas parecían no encontrar techo, hoy se advierte una actitud considerablemente más cautelosa por parte de los compradores. Esto refleja a un consumidor que comienza a mostrar un grado de sensibilidad a los precios poco habitual para los patrones históricos de consumo del mercado local.

En adelante, esta cautela por parte de los compradores de hacienda podría incluso profundizarse a medida que empiece a salir con mayor fluidez la hacienda que actualmente se encuentra encerrada en los feedlots, en pleno proceso de engorde y terminación.

Es en este contexto donde la exportación debería actuar como el principal catalizador para morigerar la eventual debilidad que pueda presentar el consumo interno por estos meses.

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El cerdo gana terreno en la mesa argentina: el consumo creció 9% y desplaza a la carne vacuna

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La carne de cerdo consolida su avance en la dieta de los argentinos y continúa ganando espacio frente a la carne vacuna, en un contexto donde el consumidor busca alternativas más accesibles y donde la cadena porcina sostiene un crecimiento productivo de largo plazo.

De acuerdo con un informe presentado por la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) durante el Congreso Nacional de Producción Porcina realizado en Córdoba, el consumo per cápita de carne porcina alcanzó los 19,54 kilos por habitante al año, lo que representa un incremento interanual del 8,6%.

El dato refleja una tendencia estructural: mientras el consumo de carne vacuna pierde terreno, el cerdo se posiciona cada vez más como una proteína competitiva en precio y con creciente aceptación en los hogares argentinos. La propia campaña difundida por FADA resume el cambio de hábitos: “comemos un kilo y medio más de cerdo por persona por año” y “consumimos 5 kilos menos de carne de vaca”.

La producción también acompaña esa expansión. Según los datos de FADA elaborados sobre estadísticas de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, la faena porcina de abril alcanzó 758.494 cabezas, un 6,4% más que un año atrás, aunque mostró una caída mensual del 6,1%, evidenciando la volatilidad de la actividad.

En paralelo, la producción mensual de carne porcina llegó a 73.124 toneladas res con hueso en abril de 2026, con una mejora interanual del 7,9%. El peso promedio de faena del capón general se ubicó en 118 kilos vivos.

Uno de los factores centrales detrás del crecimiento del consumo es el comportamiento relativo de los precios. El informe muestra que el pechito de cerdo aumentó 23,7% en los últimos doce meses, casi nueve puntos por debajo de la inflación acumulada, estimada en 32,4%.

La diferencia se vuelve aún más marcada al compararla con la cadena bovina. En el mismo período, el precio del asado subió 61,9%, el novillito 52,8% y el ternero 77,4%, muy por encima del incremento registrado por la carne porcina.

Ese comportamiento permitió que el cerdo gane competitividad relativa en góndola y se convierta en una opción más accesible para sectores golpeados por la pérdida de poder adquisitivo.

Sin embargo, detrás del crecimiento del consumo aparecen desafíos productivos importantes. El informe advierte que la relación insumo-producto se deterioró durante el último año. En mayo de 2026, el capón vivo aumentó 25% interanual, mientras que el maíz -principal componente de alimentación- subió 32,4%.

La consecuencia es que los productores necesitan más kilos de cerdo para comprar la misma cantidad de maíz. FADA precisó que la relación capón/maíz cayó 3,4% interanual, una señal de pérdida de rentabilidad relativa para el sector.

A nivel macroeconómico, el trabajo también plantea interrogantes sobre competitividad y tipo de cambio. El índice de tipo de cambio real multilateral promedió 84,6 en mayo, reflejando un dólar relativamente bajo frente a socios comerciales históricos.

En ese contexto, la balanza comercial porcina continúa siendo deficitaria. Entre abril de 2025 y marzo de 2026, las importaciones superaron ampliamente a las exportaciones, con un saldo negativo que osciló entre US$7,4 millones y US$18,7 millones mensuales.

Pese a esas tensiones, la cadena porcina argentina mantiene una dinámica expansiva que ya lleva más de diez años. El crecimiento del consumo, la estabilidad relativa de precios y la mayor escala productiva consolidan al cerdo como una de las proteínas animales con mayor proyección en el mercado interno argentino.

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Mate, vino y asado: dos consumos emblema cayeron en el arranque del año y solo el vino logró sostenerse

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El primer trimestre de 2026 dejó una postal incómoda para tres productos profundamente asociados a la identidad argentina: el mate, el vino y el asado. La comparación interanual muestra que dos de esos consumos emblemáticos retrocedieron en el mercado interno. La yerba mate cayó 2,1% y la carne vacuna sufrió una contracción mucho más pronunciada, de 10%, mientras que el vino logró escapar a la tendencia general con una mejora de 1,5%.

El dato no es menor porque permite leer, detrás de productos cotidianos, el pulso del poder de compra, la presión de los precios y las tensiones productivas de cada cadena. En el caso de la yerba mate, las salidas a mercado interno desde los molinos totalizaron 64.970.974 kilos entre enero y marzo de 2026, frente a los 66.376.744 kilos del mismo período de 2025. La diferencia equivale a una retracción de algo más de 1,4 millones de kilos en el trimestre.

El indicador de salidas a mercado interno es uno de los más utilizados para aproximarse al comportamiento del consumo en góndola, ya que comprende tanto los envíos a centros de distribución de las firmas yerbateras como las compras de mayoristas, hipermercados y supermercados. La caída se da en un contexto particular para la cadena yerbatera: mientras el consumo interno aflojó, la producción primaria mostró una recuperación. Según las declaraciones juradas presentadas ante el Instituto Nacional de la Yerba Mate, entre enero y marzo se procesaron 80.847.651 kilos de hoja verde, contra 65.018.623 kilos en el mismo trimestre del año pasado.

Mate, vino y asado: consumo interno en el primer trimestre de 2026

Variación interanual frente al primer trimestre de 2025

Producto Volumen 2026 Variación interanual Lectura
Yerba mate 64.970.974 kilos -2,1% Cayeron las salidas al mercado interno, pese a una mayor cosecha de hoja verde.
Vino 166.781.500 litros +1,5% Fue el único de los tres consumos que logró crecer en el trimestre.
Carne vacuna 512.826 toneladas -10,0% La caída más fuerte: menor oferta, más exportaciones y precios al alza.
Fuente: elaboración propia en base a datos del INYM, INV y Ciccra citados en el relevamiento.

Ese contraste marca una de las tensiones centrales del sector: más hoja verde procesada no necesariamente implica mayor tracción del mercado interno. Para Misiones, principal provincia productora del país y territorio donde la yerba mate no es solo un hábito cultural sino una economía regional estratégica, el dato confirma que la discusión de fondo no pasa únicamente por el volumen cosechado, sino por la capacidad de ordenar precios, sostener rentabilidad primaria y recuperar dinamismo de consumo en un mercado golpeado por la pérdida de poder adquisitivo.

El vino fue la excepción entre los tres productos relevados. Las ventas al mercado interno alcanzaron 166.781.500 litros en el primer trimestre de 2026, con una suba interanual de 1,5%. Marzo resultó decisivo para explicar ese desempeño: las ventas llegaron a 60,3 millones de litros, con un incremento de 8,4% frente al mismo mes de 2025.

Dentro de ese universo, el vino sin mención varietal concentró el 72,9% del volumen total del trimestre y creció 5,8% interanual. En cambio, los varietales retrocedieron 10%. Por envase, la botella explicó el 60,3% del total despachado y aumentó 1,1%, mientras que el tetra brik avanzó 4,8%. La damajuana y el bag in box quedaron en terreno negativo, con caídas de 27,9% y 42,2%, respectivamente.

La carne vacuna mostró el deterioro más fuerte. El consumo aparente en el mercado interno fue de 512.826 toneladas res con hueso entre enero y marzo, 10% menos que las 569.491 toneladas del primer trimestre de 2025. En términos absolutos, la contracción fue de 56.665 toneladas.

La explicación combina menor oferta, más exportaciones y precios más altos. Según los datos citados de Ciccra, la producción de carne vacuna fue de 700.185 toneladas res con hueso, 5,1% por debajo del mismo período del año anterior, mientras que las exportaciones crecieron 11,4%. Esa doble dinámica redujo el volumen disponible para el mercado local. Al mismo tiempo, la faena cayó 7,6% interanual, hasta 2,973 millones de cabezas.

La presión se trasladó a los mostradores. En marzo, el rubro carnes y derivados aumentó 6,9% mensual y 55,1% interanual en el Índice de Precios al Consumidor. El asado subió 68,9% frente a marzo de 2025; la paleta, 66,5%; el cuadril, 64,7%; y la carne picada común, 63,2%.

La foto del trimestre sintetiza tres realidades distintas. La yerba mate produjo más, pero vendió menos en el mercado interno. El vino encontró un piso de recuperación apoyado en marzo y en segmentos de mayor volumen. La carne, en cambio, quedó atrapada entre menor disponibilidad, recomposición del precio de la hacienda y un consumidor que ajusta cantidades frente a valores de góndola cada vez más exigentes.

Para la economía real, el dato tiene una lectura más amplia: cuando caen consumos tan incorporados a la mesa cotidiana, el problema excede a cada cadena productiva. Habla de ingresos tensionados, precios relativos en movimiento y hogares que recalculan incluso en bienes de fuerte arraigo cultural. En la Argentina de 2026, ni los consumos más identitarios quedan al margen del ajuste del bolsillo.

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