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Dólar: el mayorista subió por tercera rueda y quedó cerca de los $1.500

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El dólar mayorista volvió a subir este miércoles y encadenó su tercera rueda consecutiva de avance, aunque permaneció por debajo de los $1.500. El tipo de cambio cerró a $1.496,50, mientras el dólar minorista llegó a $1.520 para la venta en el Banco Nación, en un mercado que comenzó agosto con mayor atención sobre la demanda de cobertura cambiaria.

El movimiento mayorista fue moderado, de apenas 50 centavos respecto de la jornada previa, pero se produjo después de una suba acumulada de $11,50 durante las tres primeras ruedas de la semana. Según el seguimiento citado de Gustavo Quintana, agente de PR Corredores de Cambio, en igual tramo de la semana anterior el tipo de cambio había retrocedido $1.

El volumen negociado en el segmento de contado alcanzó los US$518,3 millones, unos US$66 millones menos que el martes. Pese a la menor actividad, el mercado mantuvo al dólar cerca de su máximo nominal de cierre de $1.498, registrado el 28 de julio.

La cotización mayorista continúa, de todos modos, alejada del techo de la banda cambiaria. El límite superior establecido por el Banco Central se ubica en $1.850,48, por lo que el dólar mayorista quedó $353,98 por debajo de ese nivel, equivalente a una distancia de aproximadamente 23,6%.

En el segmento minorista, el Banco Nación llevó el dólar vendedor a $1.520, cinco pesos por encima de la rueda anterior y nuevamente en el máximo nominal alcanzado entre el 24 y el 28 de julio. El promedio informado por el Banco Central se ubicó en $1.519,65.

En los mercados financieros, el contado con liquidación operó en torno de $1.580,78, el dólar MEP en $1.522,79 y el blue en $1.540. Este último acumuló su quinta rueda consecutiva de descenso, en contraste con la evolución del tipo de cambio mayorista.

La atención del mercado está puesta ahora en si el avance del dólar logra superar de manera sostenida la zona de los $1.500. Gustavo Ber, economista del Estudio Ber, sostuvo que los operadores siguen observando las señales del Gobierno en torno de ese nivel y planteó que las autoridades parecen priorizar el proceso de desinflación, incluso frente al desafío de otorgar mayor margen al sector productivo.

El escenario cambiario también está condicionado por una posible mayor demanda de cobertura durante el segundo semestre. Entre los factores señalados por los analistas aparece el menor ingreso estacional de divisas provenientes del agro, mientras que los inversores comenzaron a incrementar su exposición a instrumentos vinculados con la evolución del dólar.

La estrategia de cobertura ganó fuerza durante julio. Según Portfolio Personal Inversiones, el stock de cobertura cambiaria del sector público consolidado —BCRA y Tesoro— habría aumentado cerca de US$5.000 millones durante el mes, hasta alcanzar aproximadamente US$11.240 millones.

Dentro de esa expansión tuvieron un papel central los instrumentos dólar-linked. De acuerdo con el análisis citado, se colocaron US$3.467 millones en el bono Dual TAMAR/Dólar Linked con vencimiento en enero de 2028, mientras que el stock de títulos dólar-linked puros en manos privadas creció otros US$1.280 millones entre colocaciones primarias e intervenciones del Banco Central en el mercado secundario.

En paralelo, el BCRA comenzó agosto con una compra neta de US$18 millones en el mercado oficial, sobre un volumen operado de US$514 millones. La intervención representó cerca del 4% de lo negociado y llevó las compras acumuladas del año a US$13.345 millones.

Julio había terminado con compras por US$2.163 millones para la autoridad monetaria, el tercer mejor desempeño mensual de 2026, detrás de abril y mayo. La acumulación de reservas aparece así como uno de los principales desafíos de la política cambiaria para la segunda mitad del año.

El mercado también mira el dato de inflación de julio, cuya publicación está prevista para el 13 de agosto. Ese registro será relevante para determinar la ampliación de las bandas cambiarias prevista para septiembre y, por lo tanto, para evaluar cuánto margen tendrá el esquema cambiario frente a una eventual presión alcista.

Mientras tanto, las tasas en pesos volvieron a recuperar atractivo durante julio frente al dólar. Desde Mills Capital señalaron que el desempeño del carry trade volvió a ser favorable luego de un junio en el que la suba del tipo de cambio había superado el rendimiento de las colocaciones en moneda local. La continuidad de esa estrategia, sin embargo, dependerá de que la estabilidad cambiaria pueda sostenerse.

Los contratos de dólar futuro reflejaron esa expectativa con bajas de entre 0,1% y 0,2%, mientras que el contrato para fines de agosto quedó en torno de $1.511,50. Hacia noviembre, las posiciones incorporan un tipo de cambio cercano a $1.600, una referencia que el mercado utiliza para evaluar el rendimiento futuro de las estrategias de cobertura y carry.

El punto central para agosto será, entonces, si la presión cambiaria se mantiene contenida dentro del esquema vigente o si el dólar comienza a desplazarse de manera más consistente por encima de los $1.500. Por ahora, el BCRA conserva capacidad de intervención y acumula compras significativas, pero el mercado empieza a exigir una respuesta a una pregunta más estructural: cuánto puede sostenerse la estabilidad cambiaria cuando disminuye el ingreso estacional de dólares y aumenta la demanda privada de cobertura.

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El dólar superó los $1.500 por tercera jornada consecutiva y el Banco Central intensifica su intervención

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El mercado cambiario volvió a enviar una señal de tensión al Gobierno. Por tercera rueda consecutiva, el dólar oficial registró una suba y consolidó su cotización por encima de los $1.500, mientras el Banco Central reforzó su estrategia de intervención indirecta mediante ventas de contratos de dólar futuro y títulos dollar-linked para evitar que el movimiento derive en una mayor volatilidad y, eventualmente, en un traslado a los precios.

La cotización minorista del Banco Nación cerró en $1.510 para la venta, con un incremento diario de $10, mientras que el dólar mayorista avanzó hasta los $1.489, apenas tres pesos por debajo del máximo nominal alcanzado el 24 de octubre pasado. El dólar blue también acompañó la tendencia y finalizó en $1.525, mientras que el contado con liquidación se ubicó en torno a los $1.577, su valor más elevado desde fines de octubre.

El movimiento estuvo acompañado por un elevado volumen de operaciones. En el mercado mayorista se negociaron más de USD 820 millones, confirmando una demanda sostenida de divisas que comenzó a intensificarse en las últimas jornadas y que coincide con una menor oferta proveniente del sector exportador.

Aunque el tipo de cambio continúa lejos del techo de la banda cambiaria fijado por el Gobierno —que actualmente supera los $1.800—, la velocidad del ajuste comenzó a generar inquietud en el equipo económico, que busca preservar el proceso de desaceleración inflacionaria.

El Banco Central intervino con futuros y bonos atados al dólar

A diferencia de otros episodios de tensión cambiaria, la autoridad monetaria evitó vender reservas de manera directa en el mercado spot. En cambio, desplegó una estrategia basada en instrumentos financieros para moderar las expectativas de devaluación.

Operadores del mercado señalaron que el Banco Central incrementó significativamente la venta de contratos de dólar futuro, principalmente en los vencimientos de julio, al tiempo que ofreció importantes cantidades de letras dollar-linked, títulos emitidos por el Tesoro que ajustan según la evolución del tipo de cambio oficial.

La operatoria alcanzó volúmenes inusuales. Solo en el mercado de futuros se negociaron contratos equivalentes a unos USD 1.700 millones, mientras que las operaciones con instrumentos atados al dólar superaron los USD 500 millones diarios, muy por encima del promedio habitual.

La lógica detrás de esta estrategia consiste en ofrecer cobertura cambiaria sin necesidad de desprenderse de reservas internacionales, retirando al mismo tiempo pesos del mercado y reduciendo la presión sobre la demanda de dólares.

Analistas coinciden en que el objetivo oficial no es defender un valor específico del tipo de cambio, sino evitar movimientos bruscos que puedan alterar las expectativas inflacionarias.

Menor liquidación del agro y mayor demanda privada

La suba del dólar encuentra explicación en una combinación de factores estacionales y financieros.

Por un lado, comenzó a reducirse la liquidación de divisas del complejo agroexportador luego del pico registrado durante la cosecha gruesa. Si bien durante junio las cerealeras liquidaron más de USD 3.000 millones, esa cifra representó una caída del 18% respecto del mismo mes del año anterior.

Además, distintos informes privados detectaron una mayor retención de granos por parte de los productores, que esperan mejores condiciones de precios antes de desprenderse de sus exportaciones.

Al mismo tiempo, la demanda privada de divisas ganó protagonismo. Portfolio Personal Inversiones (PPI) sostuvo que el agro mantuvo prácticamente estable su ritmo de liquidación diaria respecto de mayo, por lo que la menor capacidad compradora del Banco Central obedeció principalmente a un incremento en la demanda de dólares por parte de empresas, bancos e inversores.

También influyeron mayores giros de utilidades al exterior y una menor oferta proveniente de la cuenta financiera, luego del fuerte ingreso de capitales registrado durante mayo.

En paralelo, operadores detectaron un cambio en la estrategia de los bancos comerciales. Varias entidades pasaron de mantener posiciones vendidas en dólares a incrementar sus compras para abastecer una mayor demanda minorista, impulsada en parte por el cobro del medio aguinaldo.

Reservas arriba de los USD 47.000 millones, pero con compras moderadas

En ese contexto, el Banco Central volvió a comprar divisas, aunque en un volumen considerablemente inferior al observado durante abril y mayo.

La autoridad monetaria adquirió apenas USD 25 millones durante la primera rueda de julio, equivalente a cerca del 3% del volumen total operado en el mercado oficial.

Pese a ello, las reservas internacionales brutas mostraron una fuerte recuperación y cerraron por encima de los USD 47.000 millones, tras aumentar más de USD 2.180 millones.

El rebote respondió, fundamentalmente, a la reversión de movimientos contables y de encajes registrados en el cierre de junio, por lo que los analistas no interpretan la mejora como un cambio estructural en la capacidad de acumulación de reservas.

Las compras netas del Banco Central durante 2026 ya superan los USD 11.000 millones, aunque el ritmo de incorporación de divisas comenzó a desacelerarse desde junio.

El mercado descarta una devaluación abrupta

Pese al repunte del dólar, el consenso entre economistas y operadores continúa descartando un salto discreto del tipo de cambio.

La expectativa predominante es la de un proceso de depreciación gradual, acompañado por una menor oferta de divisas estacional y por un escenario internacional menos favorable para los mercados emergentes.

Sin embargo, la preocupación comenzó a trasladarse hacia otro frente: el posible impacto que esta aceleración del dólar pueda tener sobre la inflación durante el segundo semestre.

Ese riesgo también explica el fuerte protagonismo del Banco Central en los mercados de futuros y de deuda indexada al tipo de cambio. El Gobierno procura evitar que un movimiento más acelerado del dólar termine alterando las expectativas de precios y reduzca uno de los principales activos políticos de la administración de Javier Milei: la desaceleración de la inflación.

Mientras tanto, el mercado seguirá observando dos variables centrales durante julio: la capacidad del Banco Central para recomponer reservas sin aumentar significativamente su intervención y la evolución de la demanda privada de divisas, que comenzó a convertirse en el principal factor de presión sobre el mercado cambiario.

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El dólar oficial cerró junio en $1.500 y superó ampliamente a la inflación

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El dólar oficial cerró junio con una fuerte recuperación y alcanzó los $1.500 para la venta en el Banco Nación, luego de registrar una suba mensual del 5%, muy por encima de la inflación estimada para el período, que las consultoras privadas ubican por debajo del 2%. El movimiento marcó un cambio de tendencia en el mercado cambiario y volvió a instalar el debate sobre las estrategias de cobertura para el segundo semestre del año.

La cotización oficial avanzó cinco pesos en la última rueda del mes, mientras que el tipo de cambio mayorista finalizó en $1.481,50, con un incremento mensual del 5,2%. Aun así, el precio continúa lejos del techo de la banda cambiaria fijado por el Banco Central, actualmente ubicado en $1.806,92, lo que mantiene un amplio margen dentro del esquema de flotación administrada.

La aceleración del tipo de cambio terminó por borrar las ganancias obtenidas durante los últimos meses por las estrategias de carry trade. Quienes apostaron por inversiones en pesos para luego dolarizar sus posiciones registraron pérdidas cercanas al 2,5%, en un contexto donde la apreciación del dólar superó ampliamente el rendimiento obtenido por varios instrumentos financieros de corto plazo.

Detrás de la suba confluyeron diversos factores. La menor liquidación de divisas por parte del complejo agroexportador, la reducción de emisiones de obligaciones negociables en moneda extranjera y un incremento de la demanda de cobertura presionaron sobre el mercado durante todo junio. A ello se sumó la estacionalidad propia del inicio del segundo semestre, cuando disminuye el ingreso de dólares provenientes de la cosecha gruesa y aumenta la incertidumbre financiera.

Los dólares financieros también acompañaron la tendencia alcista. El dólar MEP finalizó el mes en $1.512,05, con un incremento mensual del 5,4%, mientras que el contado con liquidación cerró en $1.561,52, tras avanzar 5% durante junio. En paralelo, el dólar informal concluyó en $1.515, acumulando un aumento cercano al 6%, prácticamente el triple de la inflación esperada para el mes.

En materia cambiaria, el Banco Central moderó el ritmo de intervención. Durante junio compró alrededor de USD 1.371 millones, el volumen mensual más bajo del año, reflejando una menor oferta de divisas en el mercado oficial. Según los datos diarios de la autoridad monetaria, las reservas internacionales se ubicaban en USD 44.873 millones al cierre del 30 de junio, mientras que ese día adquirió otros USD 47 millones en el mercado de cambios.

El fortalecimiento del dólar también se explicó por el reacomodamiento de carteras financieras. La proximidad de importantes vencimientos de deuda en pesos, como el bono CER TZJ26, incentivó el desarme de posiciones en moneda local y elevó la demanda de activos dolarizados. A ello se agregaron factores internacionales, como la apreciación global del dólar frente a otras monedas, fenómeno que también impactó sobre las economías emergentes.

Pese al reciente movimiento, el balance del primer semestre todavía muestra una apreciación relativamente moderada del tipo de cambio oficial, con una suba cercana al 2% desde enero. Durante ese período, las tasas en pesos ofrecieron rendimientos mensuales del orden del 2%, lo que permitió que las colocaciones en moneda local resultaran más rentables que la dolarización. Sin embargo, la recuperación del dólar durante junio modificó parcialmente ese escenario.

Las opiniones entre los analistas continúan divididas respecto de la estrategia más conveniente para los próximos meses. Gustavo Ber considera que el contexto favorece una mayor dolarización de los portafolios ante una esperada reducción de la oferta de divisas. Gustavo Quintana, en cambio, sostiene que la demanda actual responde principalmente a factores estacionales y recomienda prudencia antes de tomar posiciones.

Francisco Díaz Mayer entiende que los actuales niveles no resultan atractivos para comprar dólares con una visión de corto plazo, aunque considera razonable el precio desde una perspectiva de largo plazo. Federico Domínguez mantiene una visión favorable a los instrumentos en pesos, apoyado en el superávit fiscal, el orden monetario y el fortalecimiento del sector exportador.

Desde Cocos Gold, Ian Colombo plantea que la decisión dependerá de la evolución de las tasas de interés. Si los rendimientos en pesos permanecen por encima del 20% anual, el carry trade podría seguir ofreciendo ventajas. En cambio, una reducción adicional de las tasas volvería más atractiva la cobertura cambiaria, especialmente cuando el mercado proyecta un dólar entre $1.630 y $1.650 hacia fin de año.

Otros especialistas, como Juan Pazos, consideran que el segundo semestre podría presentar una dinámica cambiaria relativamente estable gracias a una mayor oferta de granos y una demanda moderada de importaciones. Matías Fernández, de Aurum Valores, señala que el actual nivel del dólar luce elevado en términos reales respecto de meses anteriores, aunque no observa riesgos significativos para la estabilidad cambiaria. En la vereda opuesta, Juan Manuel Truffa, de Outlier, interpreta que el mercado atraviesa un pico estacional y espera una corrección bajista durante las próximas semanas.

Con un riesgo país estabilizado en torno a los 426 puntos básicos y una economía que comienza a transitar un semestre tradicionalmente menos favorable en materia de ingreso de divisas, el mercado seguirá monitoreando la evolución de las reservas, las tasas de interés y la liquidación del sector exportador. La interacción entre esas variables definirá si la reciente suba del dólar representa apenas una corrección transitoria o el inicio de una nueva etapa de mayor volatilidad cambiaria.

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El BCRA acelera compras de dólares y lleva las reservas al nivel más alto desde marzo

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El Banco Central de la República Argentina volvió a cerrar una jornada con saldo positivo en el mercado cambiario y profundizó el proceso de recomposición de reservas en medio de un escenario de menor presión sobre el dólar.

Este martes 12 de mayo, la autoridad monetaria compró u$s70 millones y llevó las reservas internacionales brutas a u$s46.185 millones, el nivel más alto desde principios de marzo. La mejora diaria fue de u$s42 millones.

Con este resultado, el BCRA acumuló 85 ruedas consecutivas con saldo comprador y elevó el total adquirido en mayo a u$s536 millones. En lo que va de 2026, las compras netas ya alcanzan u$s7.687 millones.

La secuencia fortalece uno de los principales objetivos económicos del Gobierno de Javier Milei: sostener estabilidad cambiaria mientras recompone reservas sin recurrir a intervenciones defensivas agresivas sobre el mercado.

El dólar oficial profundiza la baja y se aleja del techo de la banda

La jornada volvió a mostrar una dinámica favorable para el Banco Central. El dólar oficial mayorista cayó $7,40 y cerró en $1.384 para la venta, una baja equivalente al 0,5%.

La cotización quedó además 24,7% por debajo del techo del esquema de bandas cambiarias, que este martes se ubicó en $1.725,41. Se trata de la mayor distancia respecto del límite superior en casi un año.

Ese dato es relevante porque amplía el margen operativo del BCRA para seguir comprando divisas sin necesidad de vender reservas para contener la cotización.

Según explicó Gustavo Quintana, de PR Corredores de Cambio, durante gran parte de la rueda predominó una tendencia vendedora que incrementó la oferta de dólares y presionó a la baja al tipo de cambio.

En el segmento contado se negociaron u$s447,082 millones, mientras que el mercado de futuros movió u$s1.046 millones.

Qué sostiene la calma cambiaria

La estabilidad del mercado cambiario durante los primeros meses del año se apoyó sobre dos pilares: las compras oficiales del Banco Central y el atractivo financiero del carry trade.

La estrategia de posicionarse en instrumentos en pesos para aprovechar tasas elevadas y luego dolarizar ganancias ganó fuerza durante el arranque del año, favorecida por un tipo de cambio oficial relativamente estable.

Sin embargo, el propio mercado empieza a detectar señales de agotamiento parcial de ese esquema.

La aceleración de la inflación, la apreciación cambiaria y la reducción de tasas fueron erosionando parte de la rentabilidad del carry trade. En ese contexto, operadores financieros advierten que las tasas reales negativas vuelven más delicado el equilibrio cambiario.

Por ahora, la abundancia de oferta de divisas sigue actuando como factor de contención. La liquidación de exportaciones del agro, las colocaciones de deuda corporativa y las compras oficiales continúan sosteniendo el ingreso de dólares al sistema.

El Gobierno gana margen financiero, pero el mercado mira el segundo semestre

La acumulación de reservas funciona además como una señal política y financiera para el equipo económico liderado por Luis Caputo y el presidente del BCRA, Santiago Bausili.

La recomposición de divisas fortalece la capacidad del Gobierno para afrontar tensiones cambiarias y sostener expectativas de estabilidad macroeconómica en un año donde el oficialismo busca consolidar desaceleración inflacionaria y recuperación financiera.

Sin embargo, el mercado sigue observando la sostenibilidad de ese esquema hacia el segundo semestre. Parte de la estabilidad actual depende de factores que podrían perder intensidad con el correr de los meses, especialmente si disminuye la oferta proveniente del agro o se reduce el incentivo financiero de permanecer en pesos.

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Caputo reconoce tasas elevadas y apuesta a la baja de la inflación y al ingreso de dólares

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El ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció públicamente que las tasas de interés reales en pesos se mantienen en niveles elevados, una situación que —según admitió— genera tensiones sobre la actividad económica y complica el objetivo oficial de reactivación. El funcionario atribuyó este fenómeno a la volatilidad preelectoral y a un contexto de “ataque político” al oficialismo, y proyectó que los rendimientos comenzarán a descender a medida que la inflación consolide su tendencia a la baja. El reconocimiento se produjo en un momento particularmente sensible para la política económica: el Tesoro enfrenta vencimientos de deuda en pesos por casi $10 billones en los próximos días y acaba de convalidar tasas cercanas al 3% efectivo mensual en letras de corto plazo.

Tasas altas, volatilidad y equilibrio macroeconómico

Están altas, obviamente”, respondió Caputo al ser consultado sobre la evolución de las tasas de interés. No obstante, explicó que el nivel actual de rendimientos es consecuencia directa de la incertidumbre preelectoral, que impacta sobre las expectativas financieras y encarece el costo del dinero en pesos. En ese marco, sostuvo que la volatilidad tuvo efectos transversales: “Tuvo sus consecuencias fuertes, en todo: en el nivel de crecimiento que tuvo el país, en el nivel de inflación y en el nivel de riesgo país”.

El ministro señaló que el descenso de las tasas será un proceso de convergencia natural, en la medida en que la inflación continúe desacelerándose. En el corto plazo, sin embargo, los rendimientos elevados cumplen una doble función: sostienen el carry trade y apuntalan la estabilidad cambiaria observada en las últimas semanas, a costa de restringir el crédito y elevar el costo financiero para familias y empresas.

Desde una perspectiva de política económica, la baja de tasas aparece como un objetivo estratégico del Gobierno para el mediano plazo, ya que permitiría reducir el costo del financiamiento, mejorar el acceso al crédito y potenciar la recuperación de la actividad.

Licitaciones, rollover y tasas convalidadas por el Tesoro

El debate sobre el nivel de las tasas se da en paralelo a un calendario exigente de financiamiento en pesos. En la última licitación, con apenas $2,3 billones depositados en el Banco Central de la República Argentina (BCRA), el Tesoro adjudicó $10,34 billones, tras recibir ofertas por $11,17 billones. El resultado fue un rollover del 124,20% respecto de los vencimientos del día, lo que implicó una absorción neta de liquidez del mercado.

El dato central estuvo en las tasas de las letras más cortas. En particular, las LECAPs con vencimiento el 16 de marzo convalidaron rendimientos de hasta 2,99% efectivo mensual, un nivel elevado si se tiene en cuenta que para marzo se espera una inflación por debajo del 3%.

Las lecturas del mercado fueron dispares. Para Lucio Garay Méndez, economista de Eco Go, el rendimiento es “mucho”, aunque consistente con licitaciones previas: “Ya en la licitación pasada habían dado un buen premio, similar a este en la LECAP más corta”. En cambio, Nicolás Cappella, de Invertir en Bolsa (IEB), relativizó el impacto y sostuvo que la Secretaría de Finanzas otorgó “un poco de premio en la parte corta”, pero dentro de una licitación “normal” y favorable para el Gobierno.

Desde GMA Capital, destacaron que la operación funcionó como un mecanismo de absorción monetaria, retirando del mercado alrededor de $2 billones y endureciendo levemente las condiciones de liquidez, en un contexto en el que la tasa de caución rondaba el 20% anual y el dólar mostraba subas moderadas.

La atención ahora está puesta en la próxima licitación, prevista para la semana entrante, cuando vencen $10 billones, de los cuales $9 billones corresponden a acreedores privados. El resultado será clave para evaluar la sostenibilidad de la estrategia financiera en un escenario de tasas elevadas.

Dólares, Ley de Inocencia Fiscal y expectativas de baja de tasas

En paralelo, Caputo vinculó el problema de las tasas altas con la escasez de ahorro en el sistema financiero y volvió a poner el foco en los dólares fuera del circuito formal. En el marco de la reglamentación de la Ley de Inocencia Fiscal, que se publicaría en los próximos días, aseguró que el ingreso de esos fondos podría aliviar significativamente las tensiones financieras.

Los datos del BCRA dicen que hay USD 170.000 millones debajo de los colchones de los argentinos”, afirmó. En comparación, señaló que los depósitos privados en dólares rondan los USD 77.000 millones, lo que implica que existe casi tres veces ese monto fuera del sistema. “Imaginate si eso fuera en los próximos meses al sistema financiero; con la mitad de eso, la gran mayoría de los problemas de la Argentina se solucionarían”, sostuvo en declaraciones radiales.

En ese sentido, el ministro definió a la Ley de Inocencia Fiscal como “un atajo enorme para que la recuperación sea mucho más rápida”, al facilitar el blanqueo y la canalización de ahorros hacia el sistema financiero formal. De concretarse, el ingreso de divisas podría mejorar la liquidez, reducir el costo del dinero y acelerar el proceso de baja de tasas que el Gobierno considera indispensable para consolidar la recuperación económica.

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