Casa de Moneda

Casa de Moneda proyecta un déficit operativo de $45.487 millones, pero cerraría 2026 con superávit financiero

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La Resolución 1337/2026, firmada por el ministro Luis Caputo, formaliza una hoja de ruta que expone una diferencia central entre la sustentabilidad del negocio operativo y el resultado final de las cuentas. Casa de Moneda estima $57.978 millones en ingresos de operación, frente a $103.465 millones en gastos operativos, una brecha de $45.487 millones que constituye el principal desafío económico de la empresa.

La lectura del presupuesto requiere distinguir dos planos. Una empresa puede registrar pérdidas en su actividad principal y, al mismo tiempo, mostrar un resultado financiero positivo por transferencias, recursos de capital u otros ingresos corrientes. En el caso de Casa de Moneda, esa diferencia será determinante para evaluar cuánto de su funcionamiento puede sostenerse con ingresos propios y cuánto depende de recursos provenientes del sector público.

El desafío de transformar el presupuesto en una estrategia de sostenibilidad

Casa de Moneda ocupa un lugar particular dentro de la estructura estatal. Su actividad está vinculada a la producción de bienes y servicios de alta sensibilidad institucional, por lo que el análisis no puede reducirse exclusivamente a la rentabilidad. Pero esa condición tampoco elimina la necesidad de construir una estructura operativa sostenible.

El presupuesto aprobado prevé ingresos corrientes por $139.978 millones y gastos corrientes por $117.600 millones, lo que arrojaría un ahorro económico de $22.378 millones. A eso se suman $4.462 millones en recursos de capital, sin gastos de capital previstos en la resolución, para llegar al superávit financiero estimado de $26.841 millones.

La ecuación plantea una cuestión de política pública: el superávit financiero proyectado no modifica el hecho de que la actividad operativa, según los números aprobados, continuará arrojando pérdidas. El desafío será determinar si durante 2026 la empresa puede reducir esa brecha mediante una mayor utilización de su capacidad productiva, una mejora en la composición de sus contratos o una reducción de costos que no afecte su capacidad técnica.

Los ingresos propios y el respaldo estatal

Los anexos presupuestarios permiten observar que, en empresas públicas, la discusión sobre el resultado financiero suele ser más compleja que la simple comparación entre ingresos y gastos.

La información presupuestaria muestra cómo la estructura de ingresos puede combinar facturación por ventas con transferencias públicas, una distinción relevante para medir el grado de autonomía económica de una empresa estatal. En ese sentido, los ingresos de operación y las transferencias corrientes deben analizarse por separado para conocer cuál es el verdadero peso de la actividad comercial dentro de la ecuación financiera.

Esa transparencia resulta especialmente importante cuando se discute el destino de los recursos públicos. Para la sociedad, el debate no debería plantearse únicamente en términos de mantener o cerrar una empresa estatal, sino en cómo mejorar su eficiencia, definir qué funciones estratégicas debe preservar y establecer indicadores verificables sobre productividad y sostenibilidad.

El impacto social de una discusión que parece exclusivamente contable

Detrás de un presupuesto de estas características hay una cuestión que excede la administración de una compañía: la capacidad del Estado para garantizar determinados servicios y funciones sin convertir esa responsabilidad en una fuente permanente de desequilibrios.

El periodismo de soluciones obliga a salir de esa falsa dicotomía. La respuesta no es asumir que toda pérdida operativa debe sostenerse indefinidamente ni que cualquier empresa estatal con dificultades financieras carece automáticamente de utilidad pública. El punto es identificar dónde se produce el desequilibrio y qué decisiones pueden corregirlo.

Para Casa de Moneda, el presupuesto de 2026 ofrece una referencia concreta. La empresa deberá generar casi $58.000 millones de ingresos operativos frente a más de $103.000 millones de gastos de operación. Reducir esa distancia requeriría una revisión permanente de costos, capacidad instalada y fuentes de facturación.

La sustentabilidad también puede medirse por la calidad de los ingresos. Una estructura basada en mayor producción y ventas genera una ecuación diferente a otra sostenida principalmente por transferencias. Esa distinción será central para evaluar el desempeño real de la compañía durante el ejercicio.

El superávit financiero proyectado de $26.841 millones permite que Casa de Moneda presente un presupuesto formalmente equilibrado en términos globales, pero no resuelve por sí mismo la pérdida de su operación principal. La información relevante durante 2026 será si esa brecha de $45.487 millones comienza a reducirse.

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Esta semana comenzaría a circular el nuevo billete de $2.000

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Durante esta semana, entrará en circulación el nuevo billete de $ 2.000, el de mayor denominación, en la medida en culmine el proceso de distribución que ya está en marcha por parte del Banco Central.

Tras recibir las primeras partidas elaboradas por Casa de Moneda, se están girando a los tesoros regionales de la autoridad monetaria para canalizarlos luego a los bancos en los próximos días.

Según trascendió, ya los bancos venían recibiendo algunas partidas para hacer las pruebas en cajeros automáticos. Si bien la puesta en circulación había sido anunciada para junio, ya se comenzarán a liberar al público.

Está previsto que ese proceso sea paulatino en la medida en que las entidades vayan recibiendo los nuevos billetes, indicaron fuentes del Central.

Ahora, con esta serie en la calle, el billete de mayor denominación alcanzará para adquirir un poco más de cuatro dólares, de acuerdo con las cotizaciones de cierre del viernes del dólar blue y el contado con liquidación. A la vez, es el de menor poder de compra en moneda extranjera en la región.

Problemas en caja

La circulación de los nuevos billetes aligerará apenas el problema de almacenamiento y carga de cajeros automáticos de los bancos, que tienen que disponer de enormes superficies y costosa logística para acarrear billetes cada vez más cuantiosos en la medida en que progresa la inflación.

Ahora, con esta serie en la calle, el billete de mayor denominación alcanzará para adquirir un poco más de cuatro dólares, de acuerdo con las cotizaciones de cierre del viernes del dólar blue y el contado con liquidación. A la vez, es el de menor poder de compra en moneda extranjera en la región.

Si se computa por el dólar oficial mayorista, en cambio, permitiría acceder a poco más de ocho dólares: una muestra más de la magnitud de la brecha cambiaria. Y también de la pérdida de valor de los billetes contra la inflación.

Como ejemplo, el billete de $ 1000, que salió a la calle hace cinco años y medio, en diciembre de 2017, la inflación acumulada desde ese momento es de casi 900 por ciento. Sin embargo, la mayor denominación ahora es 200% superior a la emisión del hornero.

La primera serie de billetes fue producida íntegramente por la Casa de Moneda. La segunda, cuya entrega está pautada entre septiembre de este año y abril de 2024, será fabricada en Brasil, España y China y luego será enviada al país.

La subcontratación a otros países se debe a que la Casa de Moneda no llega con los tiempos para imprimir los volúmenes de billetes acordados, al tiempo que deberá cumplir con los tiempos de todos los contratos para este año, tanto con el Estado como con el sector privado, afirmaron fuentes de la entidad.

Costos

El jefe de Gabinete, Agustín Rossi, dio algunas precisiones del proceso de emisión del billete el 11 de mayo pasado en el Senado.

Allí, al responder preguntas de los legisladores, confirmó que Casa de Moneda realiza subcontrataciones parciales cuando los procesos de fabricación que exceden la capacidad instalada en su planta. Y detalló que las cecas con quien se tienen acuerdos de cooperación mutua, y que tendrán a cargo la fabricación del billete de $ 2000 son las Casa da Moeda do Brasil (CMB), Fábrica Nacional de Moneda y Timbre de España (FNMT) y China Banknote Printing and Minting Corporation (CBPM).

De acuerdo con fuentes del mercado, el precio de la impresión de billetes a nivel global se ha encarecido, por lo cual los valores que indicó Rossi habrían sido superados. No obstante, el jefe de Gabinete indicó que el de $ 2000, Conmemorativo de Salud Pública tenían un costo de u$s 117,67 por cada millar de ejemplares.

Sin contar otros gastos, cada billete de $ 2000 costaría, según el contrato original, costaría unos $ 28, calculados al tipo de cambio oficial vendedor del Banco Nación. Los contratos entre el BCRA y Casa de Moneda están expresados en dólares, pero se abonan en pesos.

Fuente: El Cronista

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