CAVALLO

Las mil caras de Javier Milei

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Lanzado repentinamente en la vida pública, en medio de una sociedad que me ha visto surgir en un día, sin saber de dónde vengo, quién soy, y cuáles son mi carácter y mis antecedentes; en dónde he templado las armas con que me he echado de improviso en la prensa […] impulsando a la juventud, empujando bruscamente a la sociedad, irritando susceptibilidades nacionales; cayendo como un tigre en una polémica, y a cada momento conmoviendo a la sociedad entera, y siempre usando un lenguaje franco hasta ser descortés y sin miramientos; el público ha debido preguntarse mil veces, quién es este hombre que así hace ocuparse de él a tantos.
Domingo F. Sarmiento, Mi defensa (1843)

Por Eugenio Palopoli, revista Seúl. En el comienzo de este panfleto sarmientino, retomado y ampliado luego en el célebre Recuerdos de provincia (1850), podríamos encontrar una clave de lectura para El camino del libertario, el libro de Javier Milei publicado hace unas semanas. La popularidad reciente del diputado nacional porteño por La Libertad Avanza, su crecimiento en las mediciones de imagen pública y la necesidad de consolidar a los propios mientras busca convencer a los ajenos son razones más que válidas para publicar este libro, que en las dos terceras partes de sus trescientas y pico de páginas no deja de ser un refrito de textos viejos, entrevistas e intervenciones públicas, pero que en su novedosa parte inicial, de tono autobiográfico, evoca fuertemente los modos, las estrategias y los objetivos de la prosa del citado Sarmiento.

No sucede lo mismo con la maestría de su estilo y menos aún con la calidad de su argumentación, aunque de todos modos se le podría admitir a Milei aquella cualidad que Borges le reconocía a la portentosa escritura del sanjuanino: su eficacia. Una eficacia que en ambos casos se logra de modo machacante, por repetición obstinada de ciertos tópicos centrales hasta el convencimiento del incrédulo. Y porque, en definitiva, tanto Milei como Sarmiento pueden referirse a los temas más variados, en las ocasiones más variopintas y ante tribunas muy distintas, pero en todos los casos ambos se sienten con la obligación, la certeza y la comodidad de contar con un único recurso: hablar de sí mismos.

En todo caso, mientras que Mi defensa tenía el objetivo excluyente de dar a conocer a su autor ante el mundo, puede que la lectura de El camino del libertario deje con una frustrante sensación de vacío a quienes se acerquen a este libro para tratar de entender mejor a Javier Milei o quienes deseen separar a la persona del personaje mediático o político. Todas y cada una de las páginas de esta obra están dedicadas a la construcción de un héroe, de un súper hombre, quizás de un personaje mítico que se atrevió a trepar las más altas cumbres del pensamiento humano (o, al menos, así caracteriza a la Escuela Austríaca de economistas) sólo para traerles las buenas nuevas al resto de los sufrientes mortales. Es, en suma, un libro escrito para la posteridad, para la futura canonización de su autor. En este sentido, lo único que diferencia quizás a este Camino… de cualquiera de sus ruidosas apariciones públicas sea el de señalar el fin de un primer ciclo exitoso mediante la recapitulación y sistematización de todos aquellos pasos que depositaron a Milei en el Congreso. Y, por supuesto, el anuncio de las inevitables –de acuerdo a su lógica– hazañas por venir.

RECUERDOS DE LA HÍPER

El capítulo inicial del segmento autobiográfico empieza, quizás para prepararnos para lo que vendrá, con un error en su segunda oración: el niño Milei sitúa la célebre frase del ministro Lorenzo Sigaut (“El que apuesta al dólar, pierde”) en abril de 1982, cuando todos sabemos que fue en verdad pronunciada en junio del año anterior. Más allá de que resulta extraño que un economista no pueda ubicar históricamente el colapso de la tablita de José Martínez de Hoz, más llamativo aún es la fecha en que lo sitúa. ¿No recuerda ningún otro hecho relevante sucedido en abril de 1982? Curioso. En todo caso, la observación de las penurias sufridas por su familia y su entorno más próximo debidas a una mala gestión gubernamental fueron motivo suficiente para decidirse desde muy chico por la carrera de Economía.

Claro que antes de eso hubo también espacio para otras actividades. Como buen hijo sano del patriarcado setentoso, Milei cuenta su amor por el fútbol y su admiración por los campeones mundiales de 1978. Pero no por el Matador Kempes, por Luque, Bertoni o Passarella. No. Como todo predestinado a grandes cosas, él miró hacia el distinto, al que hacía lo que los otros no podían hacer, al que juega y se entrena aparte. Él miró al Pato Fillol, miró al arquero. Es cierto que todos mirábamos con admiración a quien era un verdadero prodigio del arco, pero él hizo algo más: se propuso ser como él. Así fue que de los clubes de barrio y las categorías infantiles llegó al primer equipo de Chacarita Juniors. Lo hizo compensando lo que él considera como un físico no especialmente apto para el puesto (1,80 metros de estatura) con una capacidad de entrenamiento y un afán de superación propios da la élite mundial actual: seis horas de entrenamiento diario para llegar a saltar mucho más alto que el travesaño, y eso mientras en paralelo ya cursaba la licenciatura en Economía en la Universidad de Belgrano.

Pero entonces llega la siguiente catástrofe económica que lo marca en su relato: la hiperinflación de 1989.

Pero entonces llega la siguiente catástrofe económica que lo marca en su relato: la hiperinflación de 1989. Cuenta entonces que pudo observar a la gente en los supermercados, desesperada por llevarse los productos disponibles antes de ser víctimas de las pistolas remarcadoras. Aquel espectáculo no sólo implicaba un daño evidente a las finanzas de una familia de clase media esforzada como la suya, sino que además le provocó la primera crisis intelectual de importancia. Aquello que sucedía frente a sus narices iba en contra de todo lo que aprendía en la facultad. Lejos de desengañarse con el estudio de la economía, decidió dejar el fútbol y redoblar sus esfuerzos. No sólo leería lo necesario para aprobar las materias, sino que pasaría incontables horas en la biblioteca leyendo mucho más. Otra vez, como en Sarmiento, el chico de orígenes poco ilustres, el ambicioso limitado por su condición de medio pelo social (el hijo de un colectivero), el intelectual todoterreno que, llegado el caso, no sentía miedo de empuñar la espada para el bando unitario o de calzarse los guantes en las canchas del Ascenso, se decidía a enfrentar a la realidad que lo desafiaba sin otros recursos más que su intelecto y su infinita capacidad de sacrificio lector.

LA BATALLA INTELECTUAL

Se hace evidente que Milei sabe que sus pergaminos académicos son insuficientes. En épocas en donde todas las fuerzas políticas y la clase dirigente en general puede mostrar legiones de exponentes con doctorados en las mejores universidades del mundo, sus maestrías en el IDES y la UTDT no resultan particularmente intimidantes. Por eso (una vez más, como en Sarmiento, el acomplejado que nunca pudo cursar estudios universitarios) es que a lo largo de páginas y más páginas de El camino del libertario se convence y nos convence de que los títulos académicos no son tan importantes. O, en todo caso, que lo que verdaderamente cuenta es la capacidad de leer, comprender, evolucionar y, finalmente, producir. Y así es como vemos desfilar listas de profesores, actividades académicas y laborales, citas a economistas de todas las épocas, menciones de los infinitos libros que lo fueron guiando en su crecimiento incansable.

Milei concede que salió de su licenciatura con un pensamiento del tipo que hoy más aborrece: el estructuralista keynesiano. Explica luego que gracias a un primer posgrado más enfocado en la microeconomía pudo conseguir trabajos que fueron importantes para su formación, pero que no lo satisfacían plenamente. Nos cuenta que mientras pasaba por su segundo y ecléctico posgrado en la UTDT se fue pasando al modelo neoclásico, desde luego que con Adam Smith y el monetarista Milton Friedman como referentes de rigor. Hasta que, finalmente, llega el momento de la revelación máxima, con los autores de la Escuela Austríaca: Ludwig von Mises, Friedrich Hayek y, muy especialmente, Murray Rothbard, quien lo convierte en anarcocapitalista.

Los pormenores de esta evolución intelectual de Milei se pueden leer con más detalle en la segunda parte del libro, que compila una serie de artículos de extensión diversa publicados en los últimos años. No queda claro si la falta de detalles en la edición acerca de la fecha y medio de publicación es deliberada o no, pero esto complica la lectura por la falta de una adecuada contextualización. No se sabe entonces si los textos fueron publicados en medios académicos, especializados o generales. Más allá de esta dificultad, quienes no sean economistas o no estén acostumbrados a la lectura de asuntos técnicos se encontrarán con una prosa monótona y una argumentación más bien extraña, salpicada aquí y allá por fórmulas matemáticas incomprensibles para el lego a quien, de todos modos, le pueden quedar algunas sospechas sobre su utilidad y pertinencia. El problema entonces no es tanto la evaluación de los conocimientos o de la calidad técnica de los escritos de Milei, a quienes colegas de diversas orientaciones le reconocen capacidad y aptitudes reales. Se trata, más bien, de la manera en que estos saberes son puestos al servicio de la construcción de la figura pública y política.

LA BATALLA PRIVADA

Mucho más interesante que los artículos serios de Javier Milei resultan entonces el segmento autobiográfico inicial, las semblanzas de su figura a cargo de sus colaboradores más cercanos y los discursos proselitistas y entrevistas periodísticas que componen la tercera y última parte de este volumen.

Decía al principio que el propósito del libro está mucho más cerca de ocultar que de explicar la naturaleza de la persona que caracteriza. Sucede que el libro no nos muestra el camino de un hombre como otros (justamente cuando el manual del político recomienda una imagen de cercanía e identificación); ni siquiera el de un hombre extraordinario. El camino al que alude el título de la obra tampoco es uno de superación personal que el autor invita a recorrer de la mano del lector o del eventual votante, sino que es una suerte sacrificio ritual que lleva a su protagonista a un plano de superioridad absoluta, expresada incluso en términos espirituales. En este sentido, al seguidor del camino libertario no parece aguardarlo un destino personal o, al menos, no hay ninguna referencia a ello. El rol que les espera a aquellos “leones que despiertan” se parece mucho más al del bienaventurado, al renacido en una experiencia religiosa.

Todos aquellos rasgos que asemejan a las reuniones, mítines y espectáculos de los grupos libertarios en los que suele participar Javier Milei con las iglesias evangélicas o, incluso, con algunas sectas (o por qué no, con los primitivos cristianos de las catacumbas) encuentran en las páginas de este libro algunas explicaciones derivadas directamente de la figura del líder y su gente más cercana. Mencionamos antes la construcción a fuerza de repeticiones de una figura con una fuerza de voluntad sobrehumana, capaz de alcanzar aptitudes y logros desmedidamente superiores a los del promedio. Una vez que Milei decide dejar el fútbol (y el rock, ya que también descubrimos que, durante los recitales de su breve banda tributo a los Rolling Stones, las chicas se peleaban por arrancarle la remera y quedársela como trofeo) por la economía ya no habrá más espacio para otro tipo de aprendizaje en su vida.

La construcción a fuerza de repeticiones de una figura con una fuerza de voluntad sobrehumana, capaz de alcanzar aptitudes y logros desmedidamente superiores a los del promedio.

La economía se convierte entonces en la suma de todos los saberes, en el principio y el fin, en el conocimiento que puede explicar todas y cada una de las fuerzas de la Historia, cuando no de la vida personal de las personas. Se trata de entender entonces que Milei llegó lejos, muy lejos en el entendimiento de esta materia. Que puede citar a premios Nobel y a autores de cualquier escuela, porque incluso a los que no le gustan los ha leído varias veces. Debemos admirarnos de su capacidad para encontrarse con eminencias como Guillermo Calvo (aquel que pronosticó el Efecto Tequila de 1994 y el ajuste con apoyo popular de Cristina Kirchner en 2019) y discutir sobre economía durante 14 horas seguidas. No sólo eso, pueden incluso inventar chistes con fórmulas econométricas.

La vida privada de semejante personalidad debe ser acorde a sus elevadas dotes. Lejos de aquellas apariciones mediáticas en las que se ufanaba de sus habilidades tántricas y de su apodo de “vaca mala”, en El camino del libertario nos encontramos con una persona casta, monacal, que recuerda a su novia con afecto, pero a quien reconoce que se vio obligado a dejar. De sus padres no se dice mucho más, salvo que mantiene con ellos una relación conflictiva. Pero a cambio está su hermana, la sacerdotisa vestal que lo secunda en cada momento de su vida. Milei afirma que las únicas tres cosas que lo hacen feliz son leer sobre economía, pasar el tiempo con su hermana y cuidar a sus perros, a quienes suele llamar “mis hijos”. Su primer perro, el que inauguró la familia, se llama Conan. Un nombre guerrero propio de un mastín inglés: ni Dylan ni Balcarce. Los hijos de Conan, llegados a este mundo una vez que el amo hubo alcanzado el nirvana de la Escuela Austríaca, llevan los nombres de pila de sus economistas preferidos. Ya no importan los pergaminos académicos ni que su panteón personal pueda ser homologado por sus pares y colegas. Al bautizar a sus perros Milei se declara domesticador en jefe de la ciencia económica. Sus próceres son sus mascotas. Como se dice en la jerga de las redes, los domó de una vez y para siempre.

LA BATALLA PÚBLICA

Todo esto que hemos procurado resumir y, hasta cierto punto, interpretar, por muy curioso o pintoresco que resulte no debería engañarnos. La fuerza política que lidera Javier Milei ha logrado bastante en un tiempo relativamente corto y va decididamente por más. Todo aquello que se relata y se explica en El camino del libertario visto a la distancia se puede leer como un plan astutamente diseñado y ejecutado. Las apariciones televisivas, los debates a los gritos, los insultos y amenazas, las obras de teatro, las performances artísticas, su acercamiento a ciertas subculturas alternativas, la militancia juvenil que lo sigue con reverencia y se vuelve cada vez más numerosa: todos estos pasos trajeron a los libertarios hasta donde están hoy, en medio de las risas o el escepticismo general. Se trata de un programa que comparte características con otros populismos de derecha e izquierda en auge en muchas partes del mundo, un programa de máxima, revolucionario si se quiere. Lo que Milei diseñó y lidera es una fórmula que necesita preservarse en su máxima pureza para tener éxito, por eso gana apoyos al rechazar cualquier tipo de negociación con otros espacios. Por esa misma razón parece despertar más entusiasmo que José Luis Espert, igualmente duro en su discurso pero más próximo a la imagen de un político tradicional.

Lo que Milei diseñó y lidera es una fórmula que necesita preservarse en su máxima pureza para tener éxito, por eso gana apoyos al rechazar cualquier tipo de negociación

Milei sabe también pegar donde le duele a Juntos por el Cambio. Ha sabido aprovechar el desgaste de la coalición en sus propias experiencias de gobierno, se deleita en tildar a radicales y cívicos de izquierdistas y se ceba especialmente con la figura de Horacio Rodríguez Larreta, a quien ha llenado de insultos de todo tipo en más de una ocasión. También ha sido inteligente para detectar las debilidades y errores de la coalición. Su prédica libertaria y su obsesiva invocación a la libertad tiene sentido cuando recuerda el apoyo inicial a la cuarentena dictada por el gobierno nacional de parte del jefe de gobierno de la Ciudad y de los gobernadores de JxC. También cuando señala las inconsistencias y apoyo legislativo a iniciativas por demás fallidas como la Ley de Alquileres o la de Etiquetado Frontal. En otros casos suele exagerar, distorsionar los hechos o incluso mentir, pero los resultados hasta ahora parecen darle la razón.

Así las cosas, el movimiento político que El camino del libertario se propone describir y publicitar por momentos recuerda no poco al menemismo originario, aquella caravana bastante demente de impresentables que, contra todo pronóstico, le ganó en 1988 la interna del peronismo a la renovación cafierista y alteró de ese modo la prolija sucesión de variantes de socialdemocracias que casi todos imaginaban para el año siguiente. Vaya que nos reíamos de las patillas de Carlos Saúl y de las imitaciones de Mario Sapag. Es de suponer que Javier Milei recuerda aquellos programas y se ríe también. Mucho se debe reír.

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A 20 años del corralito, el inicio del fin de la Convertibilidad

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(Por Mara Laudonia) El 3 de diciembre próximo se cumplirán veinte años de la publicación en el Boletín oficial del DNU 1570 que marcó el comienzo del “corralito”, la medida que dio paso al congelamiento de depósitos bancarios y que derivó en una crisis económica e institucional que que terminó con el mandato del expresidente Fernando de la Rúa.

El sábado 1 de diciembre, luego del cierre de una semana llena de versiones y corridas en la city porteña, en donde reinaba la desconfianza y el riesgo país se iba por las nubes -hasta 3.340 puntos-, el por entonces ministro de Economía Domingo Cavallo, anunciaba en una conferencia de prensa desde la Quinta de Olivos, el congelamiento de los depósitos en dólares existentes en los bancos, que sumaban 16.000 millones de dólares en cajas de ahorro y alrededor de 42.000 millones en plazos fijos.

Esa medida determinó que todos los depósitos en dólares quedaban atrapados dentro del sistema y no podía retirarse en efectivo -con un límite de extracción de 250 pesos por semana-, aunque sí podían realizarse operaciones siempre que el dinero no saliera del sistema financiero, como por ejemplo, hacer una compra o venta, vía transferencia que no implicara algún giro de dinero al exterior.

Por otro lado, los plazos fijos previamente establecidos, se mantenían congelados y se pasaban al vencimiento también a cuentas a la vista, con igual tratamiento.

Esta medida golpeó con fuerza al pequeño y mediano ahorrista, así como a jubilados, y fue uno de los últimos manotazos de ahogado de una cantidad de medidas puestas en marcha desde fines del 2000, -en un momento de fenomenal crisis financiera- al que acudió el gobierno de la Alianza para cumplir su promesa electoral de mantener la Convertibilidad: 1 peso igual a 1 dólar.

La fuga de capitales reiterada y constante de grandes inversores y empresas extranjeras venía dándose desde el año anterior y terminó afectando a todo el sistema financiero.

Para esa fecha, la Argentina había disminuido a la mitad en menos de un año el total de reservas internacionales existentes, ya que las mismas pasaron de 36.000 millones a principios de 2001, a alrededor de 15.000 millones en el último mes del año.

Los organismos financieros internacionales le habían cerrado el grifo a Argentina, y los bancos trataban de sobrevivir, a la par que varios pedían la quiebra.

El corralito le puso un tapón al agujero de la salida de depósitos pero no solucionó la crisis financiera y económica, ya que la Argentina venía de 3 años de recesión y una fenomenal crisis de deuda.

Tras los fatídicos 19 y 20 de diciembre, con estado de sitio, represión, muertos y la caída de De la Rúa, se abrió un período de apenas un mes con cinco presidentes, default de deuda pública aplaudido por el Congreso y los subsecuentes defaults privados en cadena.

Apenas asumido, el gobierno provisional de Eduardo Duhalde impuso un “corralón” y la posterior una salida de los depósitos a una paridad de 1,4 pesos por dólar.

A partir de allí, con todo tipo de medidas económicas paralelas, se fue rearmando una economía en pesos, para cerrar el corralito un año después, bajo el mandato del presidente Néstor Kirchner, aunque no pudieron evitarse los juicios de todo tipo a los bancos y al Estado, que duraron años, de ahorristas que pedían por la recuperación del valor real de los ahorros en dólares.

Una mirada más fina sostiene que el fin de la Convertibilidad comenzó mucho antes, cuando el gobierno de De la Rúa, que había heredado de la gestión anterior un recesión que no cesaba, decidió continuar con el modelo del 1 a 1.

De la Rúa logró apoyo internacional a su plan del 1 a 1 y, a fines del 2000, obtuvo un “blindaje” financiero, con una inyección inédita por entonces de 40.000 millones de dólares entre préstamos multilaterales y bilaterales, con el apoyo del expresidente de Estados Unidos, Bill Clinton.

Desde el FMI, la receta recomendada era devaluación, sin ningún tipo de mecanismo de contención en la transición.

Pese al “blindaje”, la crisis continuó en el verano de 2001, lo que determinó el alejamiento de José Luis Machinea del Palacio de Hacienda y la posterior asunción de Ricardo López Murphy como ministro de Economía, quien duró apenas dos semanas en el cargo.

De la Rúa acudió entonces al padre de la Convertibiliad, Domingo Cavallo, quien había instaurado el sistema 10 años antes, durante el primer gobierno de Carlos Menem.

Todo lo que siguió a partir de la designación de Cavallo fueron medidas que en vano intentaron mantener a flote la Convertibilidad. Entre ellas se recuerdan: el impuesto a los débitos y créditos bancarios; la ley de intangibilidad de los depósitos, la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central.

También el megacanje de títulos de deuda privada concretado a mediados de ese año y el anuncio de un nuevo acuerdo relámpago con el FMI, el 21 de agosto, para aumentar en 8.000 millones el acuerdo stand by vigente por entonces, que el directorio del organismo aprobó 7 el octubre de 2001.

Tras las elecciones legislativas, que marcaron una dura derrota para el oficialismo, y dada la profundización de la crisis, el FMI decidió no girar 5.000 millones de dólares que faltaban del último acuerdo.

En el último trimestre de 2001, la presidencia de Estados Unidos ya estaba en manos de George Bush, un dirigente político reacio a los paquetes de salvataje y con el interés puesto en los atentados contra las Torres Gemelas, la Guerra en Irak, y los ataques terroristas de Al-Qaeda.

En medio de ese contexto nacional e internacional ocurrió el peor de los escenarios para la Argentina: default y devaluación, una historia que tuvo al corralito impuesto en diciembre de 2001 como uno de sus disparadores finales.

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Cambios que nada cambian

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El 20 de noviembre de 2001 Federico Sturzenegger, entonces secretario de Política Económica presentó su renuncia por “razones personales”. El 14 de junio, de este año, Federico Sturzenegger volvió a renunciar, ahora a la presidencia del Banco Central, por culpa de “diversos factores” que “fueron deteriorando mi credibilidad”.
Sturzenegger fue uno de los diseñadores del “megacanje” que se selló el 16 de mayo de 2001, que no sacó a la Argentina de la crisis de la deuda, sino que la aumentó en 53 mil millones de dólares sumando capital e intereses. Fue procesado por esa operación financiera.
El Fondo Monetario Internacional, unos meses antes, había acordado el blindaje por 38 mil millones de dólares. Ahora Sturzenegger fue uno de los negociadores del nuevo acuerdo con el FMI, por un monto más generoso, de 50 mil millones de dólares para “prevenir” otra crisis. Se lo vio exultante y todos lo consideraban “fortalecido” por haber recuperado “independencia”.
En su carta de despedida, el economista no hace ninguna alusión a sus herencias, sino apenas a un “deterioro de credibilidad”.
El “deterioro” no lo pone, claro, en sus fracasos en cumplir las metas autoimpuestas. La inflación ya se calcula en más de 30 por ciento para este año y desactivar la bomba de vencimientos de las Lebacs será la prioridad de su reemplazante, Nicolás Caputo, el ex ministro de Finanzas. El dólar se disparó a 29 pesos, sin control, pese a la enorme pérdida de reservas para parar la corrida –más de 12 mil millones de dólares-.
Por supuesto que Sturzenegger no alude a esos problemas, sino a los internos, que le fueron licuando poder. En diciembre del año pasado el propio Caputo, Marcos Peña y Nicolás Dujovne habían anunciado el relajamiento de las metas de inflación, contradiciendo sus propios argumentos en favor de la “independencia” del Banco Central, que fueron enarbolados ahora en medio del acuerdo con el FMI.
La pérdida de confianza en el manejo del Central se profundizó desde ese 28 de diciembre, coinciden analistas, economistas y dirigentes políticos. ¿Por qué ahora Caputo, un hombre de Peña, podría generar confianza si a él le atribuyen la responsabilidad de esa pérdida? ¿Por qué si había “un modelo consistente” hace una semana, Sturzenegger se fue por falta de “credibilidad”?
Dujovne, ahora superministro de Economía, intentó mostrarse optimista después de una nueva baja en el equipo. Pero ratificó el mismo plan económico “para prevenir crisis”. Nuevamente, el problema no son las acciones propias, sino las externalidades.     
Dujovne se deshizo de Sturzenegger y aseguró que Caputo buscará “normalizar el mercado cambiario”. También dio el primer indicio de la subordinación al FMI: “Estamos en comunicación permanente con la directora gerente, Christine Lagarde, y otras autoridades del organismo, quienes ratificaron el apoyo ante los cambios que llevamos adelante”.
La llegada del Messi de las finanzas al Banco Central no generó la “confianza” esperada en los mercados. El dólar mantuvo su escalada y cerró la semana rozando los 29 pesos, con todo lo que eso implica en la evolución de los precios.
Este lunes habrá una nueva prueba con la licitación de nuevos bonos por cuatro mil millones de dólares para estirar vencimientos de las Lebacs.
Por ahora no habrá problemas. El FMI garantiza respaldos hasta con una inflación del 32 por ciento, aunque el Gobierno promete que no será más de 27. La meta “recalibrada” en diciembre del año pasado era del 15. Pero ahora se admite una inflación mayor a la de 2017.
La salida de Sturzenegger no fue la única de una semana convulsionada. Un par de horas después del decepcionante debut de Messi y Argentina en Rusia, Macri echó a Juan José Aranguren y Francisco Cabrera. El ex CEO de Shell es el responsable de los aumentos de combustible y tarifas. El otro, de casi nada.

Serán reemplazados por Javier Iguacel -hasta ahora en Vialidad- y Dante Sica, ex secretario de Industria, Comercio y Minería durante el interinato de Eduardo Duhalde y actual director de la consultora Abeceb.com.  
El año pasado, en Misiones, Sica había pronosticado la recuperación de la economía. “Hay consenso de que ello está sucediendo. Heterogéneo y a distintas velocidades y puede decirse que fue la salida más lenta de las últimas cinco recesiones, pero quizás sea la más sostenida, no por consumo inflado por anabólicos”, argumentó.
Tres cambios de ministros en menos de 48 horas. Quedan pocos del mejor equipo en 50 años. O no lo eran tanto. Solo sobreviven Marcos Peña, Rogelio Frigerio (Interior), Patricia Bullrich (Seguridad), Germán Garavano (Justicia), Carolina Stanley (Desarrollo Social), Sergio Bergman (Medio Ambiente), Jorge Triaca (Trabajo), Andrés Ibarra (Modernización), Pablo Avelluto (Cultura) y Lino Barañao (Ciencia y Tecnología). Ya no están Jorge Lemus (Salud), Julio Martínez (Defensa), Ricardo Buryaile (Agricultura), Esteban Bullrich (Educación), Francisco Cabrera (Desarrollo Productivo), Susana Malcorra (Cancillería), Oscar Aguad (Telecomunicaciones), Juan Aranguren (Energía) y Alfonso Prat-Gay (Hacienda). Queda claro que mantener el modelo económico en estas instancias, requiere de sacrificios de los peones.
El último antecedente de un cambio tan brusco de gabinete se registra en marzo de 2001, cuando el fugaz Fernando De la Rúa le pidió la renuncia a todos sus ministros. Después se le fueron tres más por el ajuste anunciado por Ricardo López Murphy, también eyectado del gabinete por la presión en las calles ante el ajuste prometido.
El punto en común no es arbitrario. Si el dólar sigue aumentando, las metas de inflación serán difícil de cumplir, por lo que el Gobierno debe apostar a cumplir las otras metas, especialmente la reducción del déficit fiscal y el ajuste de gastos, que, de acuerdo a la Carta de Intención firmada enviada a Lagarde, pasará por el recorte de obras públicas, giros a provincias y despidos de estatales. Ahí estará puesta la expectativa del éxito del plan económico: el grado de aceptación política y social del plan de ajuste.   
Hasta ahora el debate político estuvo ocupado en la despenalización del aborto. La discusión en Diputados mantuvo en vilo a la sociedad, con una votación que no se resolvió sino sobre el final. Como con la 125, el país se dividió y hasta se puede percibir que las mitades estaban equilibradas en un tema que apareció en la agenda para obviar otros. Será el Senado el que tenga la última palabra sobre la ampliación de un derecho largamente buscada por el colectivo femenino.
La oposición parece tener los votos para sacar la ley tal cual salió de Diputados y está decidida a acompañar el impulso dado por la onda verde, sin ceder la iniciativa ante el Gobierno, pese a que fue el presidente Mauricio Macri el que instaló el debate.
Como en la Cámara baja, los misioneros votarán divididos. Hasta ahora el único que hizo público su voto a favor es Humberto Schiavoni. Maurice Closs tiene reservas y quiere introducir cambios para que se garanticen recursos a la salud pública y que las provincias tengan la potestad de adherirse o no. Maggie Solari aclaró que “hoy mi voto es el silencio”. La senadora salió al cruce de versiones que ya anticipaban su voto a favor. “No esperen verme en ningún espacio enarbolando un cartel a favor o en contra porque no lo haré por respeto a quienes piensan diferente. El único cartel que alzo es el de militante cuando estoy en ámbitos de política partidaria, en coherencia con el espacio político o movimiento que integro, las políticas públicas que propone y lleva adelante siendo Gobierno, como asimismo con sus definiciones y pronunciamientos respecto de los distintos temas que interesan a la sociedad. Esta legisladora estudia, escucha  y deja de lado sus creencias (y no me refiero sólo a las de tipo religioso) para plasmar en su voto aquella que entienda es la voluntad popular en Misiones”, sintetizó.
La oposición quiere apurar el debate en el Senado. Sabe que al Gobierno le conviene extender la discusión para que no se hable de otro tema, o por lo menos divida la agenda. Saludable sería que la pasión puesta en la onda verde se extienda al análisis de la economía. El Presupuesto 2019 será clave para las provincias y también para la marcha de la economía.
El Gobierno quería que el debate por el aborto se estire hasta septiembre, pero la oposición acelera los tiempos para comenzar a discutir las variables económicas.
La corrida cambiaria y los cambios en el mejor equipo tienen sus efectos en el humor social. Una encuesta de Synopsis revela una caída en la valoración positiva de la gestión de Macri (-1,3) y que las preocupaciones económicas siguen liderando el ranking de preocupaciones (51,0), mientras que por tercer mes consecutivo recupera terreno la preocupación por la corrupción (19,7). Luego de la crisis cambiaria, la percepción sobre la situación actual llega a su registro negativo más alto (65,9 cree que el país está peor en comparación al año pasado).
Y ya no es un problema solo de la política. El sector empresario también comienza a interpelar por resultados. El miércoles, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, pasó calores para defender el momento de la economía ante empresarios nucleados en la Fundación Mediterránea, un público que suele ser receptivo. Peña insistió en que se está “construyendo a largo plazo”, pero no supo qué responder cuando se le inquirió por el ahora. Los empresarios empezaron a “sentir el rigor” del momento, según admitió un misionero que estuvo en el cónclave con Peña.  Las altas tasas impiden el financiamiento operativo de las empresas y el acuerdo con el FMI trae más ajuste y recesión, sintetizó el hombre, que nada tiene que ver con la política.
No es el único. En distintas ramas de la economía misionera advierten que el descontrol de la suba del dólar y las altas tasas hacen difícil el funcionamiento de las empresas. En el sector exportador advierten que la devaluación no termina de beneficiar si va acompañada por una suba de precios. La rentabilidad se anula al tener que financiarse a valor dólar, mezclada con la disparada de los costos internos.
En el turismo, a diferencia de lo que celebró el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, tampoco están celebrando por la devaluación. Advierten que recién en el mediano plazo puede haber un repunte turístico que obedezca al dólar alto. Por lo pronto, sufren por la suba de los costos internos vía inflación.   
En el Gobierno provincial comenzaron a monitorear otras consecuencias del momento.
El impacto de la demora en los giros de fondos para comedores escolares obliga a la Provincia a redoblar esfuerzos para sostener la comida de 200 comedores que dependían de la Nación. Es poco dinero, nada en comparación con los millones de la especulación financiera.
La Legislatura tomó nota y ya hizo un pedido de informes al Gobierno nacional. Es allí donde se evidencian las mayores diferencias de modelos. La retórica de Martín Sereno –partido Agrario y Social- retumba en medio del silencio de los representantes de la alianza Cambiemos: ninguno sale en defensa del Gobierno nacional.
El esfuerzo propio todavía permite que se mantenga la actividad en áreas clave, como la construcción y hasta se sostengan el consumo y los precios, como las promociones bancarias y el congelamiento de tarifas eléctricas para las panaderías. Variables, como la deuda pública, que encendieron todas las alarmas en provincias vecinas, permiten advertir el acierto del rumbo tomado en Misiones en los últimos años.
Según un análisis del Instituto de Estudios Económicos sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), Chubut y Salta, gobernada por Juan Manuel Urtubey, son las dos provincias que más miran la devaluación y su deuda en dólares.
Buenos Aires y Chubut cuentan con un 33% y un 43%, respectivamente, de vencimientos en moneda extranjera.
El gobernador Hugo Passalacqua volvió a marcar distancias con el modelo nacional, más allá de la permanente apelación a la gobernabilidad. En Dos de Mayo, en una fría siesta y rodeado de productores de la zona centro, hizo una encendida defensa del modelo provincial que está siempre “del lado del más débil”.
 “Estamos viendo cómo y por qué defendemos con tanta energía el Fondo Especial del Tabaco. Se escuchan rumores, no debe ser cierto… pero  lo vamos a sostener todos los que estamos acá, siempre vamos a estar del lado pequeño, del vulnerable, del que necesita, del que mete la mano en la tierra…nos van a tener al lado”, sentenció Passalacqua.

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Cavallo: “Macri no puede ser su propio ministro de Economía, ese error ya lo cometió Kirchner”

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Para Domingo Cavallo la Argentina está lejos de llegar a una crisis como la de 2001, y aunque trató de no ser tan duro con el Gobierno de Mauricio Macri durante su intervención de este miércoles 02/05 en el programa de TN A Dos Voces, consideró que en el Presidente pretende ser “su propio ministro de Economía” y que no cuenta con un equipo que entienda sobre la historia de la economía en la Argentina. “El problema más grande de este equipo es que no entienden nada, tienen una interpretación equivocada desde el punto de vista económico”, sentenció Cavallo.
Escuchar a Domingo Cavallo hablar sobre la economía es para muchos un motivo de alerta, mientras que a otros sus opiniones le generan repulsión. Cavallo, polémico como siempre, ha estado vinculado en los últimos días con el Presidente de la Nación Mauricio Macri, a quien supuestamente estaba “asesorando” según algunas versiones. No obstante, este miércoles 02/05 el economista aseguró que no se ha reunido con el mandatario nacional, “son puros inventos para desmerecer a Macri y a mí” aclaró durante una entrevista que le concedió al programa A Dos Voces de TN.
Lejos de apoyar a Macri, Cavallo fue bastante crítico con el Gobierno actual y las políticas en materia económica que está llevando a cabo, y aunque trató de ser cuidadoso con sus pa labras, consideró que el equipo presidencial “no entiende nada” y tiene una interpretación equivocada de la realidad económica, al mismo tiempo, criticó al Presidente de la nación y aseguró que otro problema que enfrenta Mauricio Macri es “pretender ser su propio ministro de Economía”.
“Yo creo que uno de los déficit más grandes que tiene este equipo es que no entienden nada, perdón, no es que no entienden nada, entienden muchas cosas, pero no conocen la historia económica de la Argentina, tienen una interpretación equivocada”, sentenció Cavallo, aunque salvó a un miembro del equipo macrista: Lucas Llach. “Hay gente muy preparada técnicamente desde el punto de vista económico, pero no hay nadie realmente tenga una interpretación aca bada de lo que fue la historia de los últimos 30 años en la Argentina en materia económica”, dijo.
Para Cavallo, uno de los problemas que se presenta en materia económica tiene que ver con el Banco Central, “se los vengo diciendo hace tiempo, que el Banco Central emitiera deuda pagando interés para colocar fuera del sistema bancario, es decir, para colocar entre el público en general o a los que trajeran capital del exterior… eso era un peligro enorme, porque así como entran esos capitales se pueden ir, y cuando se van: o emiten muchísimo dinero o se ven obligados a pagarle una tasa todavía más alta para que no se vayan… Es un tema clave y yo no entiendo por qué no le prestaron atención”, explicó Cavallo en el programa televisivo.
“Muchos colegas míos y periodistas le están es prestando atención a si se pelan Quintana y Sturzenegger (refiriéndose al vicejefe de Gabinete Mario Quintana y el presidente del Banco Central Federico Sturzenegger), pero eso es una anécdota” opina Cavallo, y continuó: acá el problema es que Sturzenegger ha explicado con claridad cómo ve el funcionamiento de la economía y que estrategias va a aplicar, esa explicación que él ha hecho es para cualquier economista que ha estudiado parece impecable, el tema es que de los supuestos de los que él parte son equivocados”, agregó.
Esta opinión la argumenta en que sostener que la volatilidad cambiaria disminuye la demanda de dólares es desconocer la realidad Argentina. “La volatilidad cambiaria lo que hace es aumentar la demanda en la Argentina”, comentó Cavallo.
Además, el economista consideró que el problema más serio que tiene el Presidente es que pretender ser su propio ministro: “Macri no puede ser su propio ministro de Economía, ese error ya lo cometió Néstor Kirchner, que creía que podía manejar la economía… Un Presidente tiene demasiados temas… él no puede ser su propio ministro, un país necesita un ministro que entienda globalmente cómo funciona la economía y no puede tampoco atomizar, no digo el Banco Central, pero está totalmente atomizado el ejecutivo”, disparó Cavallo.

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Éramos pocos y apareció Cavallo

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Escriben Guillermo Knass y Martín Leiva Varela, ECONEA, para Economis. El éxito tiene muchos padres reza el refrán y la derrota es huérfana. La economía empezó a mostrar claros índices de mejoría y todos quieren tener algo que ver.

Los datos: desde el cuarto trimestre del 2016 la Argentina empezó un lento proceso de reactivación económica que se aceleró en los últimos dos meses. Los datos muestran que el crecimiento puede terminar en un 3,5 % anual en el 2017. El número es muy alentador y dado el optimismo que empieza a notarse en la gente no sería una meta alocada de cumplir.

El optimismo es algo bastante abstracto de definir, pero bastante efectivo a la hora de impactar en la actividad económica dado que si los empresarios son optimistas invertirán más, si las personas son optimistas consumirán más y si el Estado es optimista realizara más obras.

Como la mano parece que viene bien todos queremos ser los padres de la criatura, el tema es que hay padres y padres, y en política económica hay padres de los que a veces al menos en materia publicitaria conviene renegar, uno de estos es el ex ministro de Economía y hombre fuerte del menemismo Domingo Cavallo.

Con referencia a la conducción económica del país Cavallo manifestó lo siguiente:

“Todos los que están (ahora) en el Gobierno trabajaron conmigo”. De hecho el actual presidente del Banco Central Federico Sturzenegger fue secretario de Política Económica del ex ministro durante el gobierno de De la Rúa. El actual ministro del Interior, Rogelio Frigerio ocupó diversos cargos vinculados al ministerio de Economía en la presidencia de Menem.

La verdad, tratar de menoscabar la capacidad de un funcionario vinculándolo a alguna gestión anterior es un golpe bajo. No todos participaron del diseño de las políticas y tan solo fueron parte de la ejecución y al tratarse de funcionarios de gobiernos democráticos no debemos olvidar que en algún momento tuvieron gran respaldo popular tanto en la cabeza de sus jefes como en las medidas aplicadas. Pedimos a la gente que se comprometa con la cosa pública y después la juzgamos y condenamos si pierde las elecciones.

El tema de fondo son otras de las frases vertidas en el reportaje:

“Lo que ahora llaman neoliberalismo era simplemente la organización y modernización de la economía como funciona en los países exitosos. En su momento bajó la desocupación, aumentaron los ingresos, mejoró todo”.

Hay una gran coincidencia entre la economía de Macri y la de los 90 los enlaza una moneda estable y una economía con baja inflación”.

“Espero que después de las elecciones el Gobierno advierta que vale la pena que se endeude el sector privado para financiar las inversiones importantes y que el sector público rápidamente deje de financiarse con deuda y emisión y se organice como estuvo entre 1991 y 1996″.

-En referencia a si vendrá un ajuste post electoral: “Yo creo que sí. Si lo posterga le puede explotar en sus propias manos.”

Cavallo hace bien en proclamarse padre de la criatura, o al menos abuelo ya que en esencia existen algunas similitudes a tener en cuenta:

1) El principal problema económico es la inflación: Si hay un punto en el que claramente no hay discusión en que se parecen la gestión actual y la de los 90 es que el éxito de la misma depende de disminuir el índice del nivel general de precios y ahí se apuntan todas las medidas. También es el punto donde tuvieron los resultados positivos más perceptibles para la gente. Ver gráficos

Los 90:

Los 2010:

2) En base a la baja de la inflación y otras causas ambos tuvieron un éxito inicial en materia de crecimiento del PBI al principio de sus gestiones:

Los 90:

Los 2010:

3) El déficit fiscal financiado con endeudamiento no es un mayor problema, ya que se genera un ahorro por parte de los tenedores de títulos de esa deuda. Hay países que en términos de PBI deben mucho más que la Argentina y les funciona (EEUU tiene una deuda de casi 108 % de su PBI) pero nosotros como no emitimos dólares para pagarla, con una deuda pequeña ya tenemos problemas para manejarla.

4) La apertura económica genera competencia y crecimiento, y si hay déficit comercial no es un problema del Estado porque son los extranjeros los que están financiando a privados argentinos.

Si bien es cierto que las economías abiertas crecen la apertura con un dólar atrasado genera competencia desleal y ruinosa en el empresariado nacional, y si bien los que importan son los particulares luego querrán que el estado les venda los dólares para pagarlas con lo que el problema pasa a ser público.

Conclusión

Si los modelos son similares como dice Cavallo el resultado no va a ser muy distinto:

Tendremos una bonanza por consumo de productos importados y un dólar barato, largos créditos a tasas bajas por baja inflación, hasta que el Estado no pueda endeudarse más para financiar su déficit y se quede sin dólares (la famosa restricción externa). Luego habrá crisis, devaluación brusca, etc, etc.

¿Podría ser distinto? Obvio que sí, empezando por corregir las cuentas fiscales para que no suba el endeudamiento y que esto nos lleve a tener un dólar un poco más competitivo. Mientras déficit y deuda sigan subiendo el resultado es inevitable por más que tengamos once meses de reactivación.

 

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