CHICAGO

Crece la volatilidad en el mercado de granos en medio del conflicto en Medio Oriente

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La guerra en Medio Oriente empezó a pegar de lleno en el mercado de granos y dejó una señal doble para la Argentina: mientras la volatilidad financiera se acelera en Chicago por la presión geopolítica, el país logra capitalizar una ventana comercial excepcional para el maíz y el girasol, con exportaciones que rompen récords y sostienen el movimiento interno de mercadería. El dato central no es solo productivo, según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario. En plena campaña 2025/26, con una oferta abundante y costos logísticos globales más altos por la crisis en el estrecho de Ormuz, la competitividad argentina gana espacio en el comercio internacional, aunque bajo una condición frágil: que el conflicto no deteriore todavía más el transporte marítimo ni profundice el desorden en los precios.

La novedad combina alivio comercial y riesgo sistémico. Por un lado, la cosecha récord y la demanda externa están permitiendo dar salida a volúmenes muy altos, especialmente en girasol y maíz. Por otro, la guerra y la acción de los fondos especulativos transformaron a los futuros agro en un terreno mucho más sensible a cualquier titular. En ese escenario, la Argentina aparece beneficiada por precios competitivos y por una ventana de exportación favorable, pero queda también expuesta a un mercado internacional cada vez más nervioso, donde una noticia diplomática o militar puede mover las cotizaciones con violencia en una sola rueda.

El girasol rompe todos los techos y acelera la comercialización interna

El caso más contundente es el del girasol. La campaña 2025/26 ya muestra una performance histórica en exportaciones y confirma que el complejo encontró una salida externa pocas veces vista. En el primer trimestre se embarcaron 391.000 toneladas de aceite, el mejor arranque aceitero de campaña desde 2005. Pero el dato más disruptivo está en la exportación de semilla de girasol, que alcanzó 421.136 toneladas en lo que va del trimestre: equivale a 12 veces la cifra del año pasado (31.688 toneladas) y casi 17 veces el promedio de los últimos cinco años para esta altura del calendario (25.000 toneladas).

Ese salto no es una curiosidad estadística. Cambia la lógica comercial del cultivo. Cuando se homogeneizan las exportaciones de aceites, pellets y harinas en semilla procesada equivalente, surge que ya se utilizaron 1,12 millones de toneladas de semillas para producir los derivados industriales exportados en lo que va de la campaña. El registro supera en más del doble el promedio del último lustro y es 1,7 veces superior al del año pasado a esta altura.

La magnitud de la demanda externa ya tuvo impacto interno. El mercado doméstico respondió con compras totales por 3,1 millones de toneladas, lo que ubica a la campaña 2025/26 como el segundo registro más alto del siglo, a la par de la 2007/08. En términos comparativos, el ritmo comercial corre 62% por encima del ciclo anterior y 111% más que el promedio de los últimos cinco años. No se trata solo de más exportaciones: se trata de una cadena que encuentra precio, fluidez comercial y ritmo de descarga en un momento donde la oferta es abundante.

Un mercado inusual: hasta un gran exportador compró girasol argentino

Dentro de esa dinámica aparece un dato con peso propio: la producción argentina logró ingresar en destinos que no son compradores habituales. En un hecho sin precedentes dentro del texto base, Bulgaria, uno de los mayores exportadores mundiales de semillas y aceite de girasol, apareció como destino del producto argentino y explicó el 37% de las compras de semilla en bruto.

Ese dato revela dos cosas a la vez. Primero, que la competitividad argentina no solo funciona en mercados tradicionales, sino también en plazas donde normalmente la lógica comercial iría en sentido inverso. Segundo, que el contexto global empuja a los importadores y procesadores a buscar mercadería donde haya precio y disponibilidad, incluso si eso altera esquemas históricos del comercio agrícola. Cuando un exportador estructural pasa a comprar, el mercado está enviando una señal sobre escasez relativa, oportunidades transitorias o reacomodamientos fuertes en la formación de precios.

El maíz aprovecha una ventana de competitividad y apunta a un récord exportador

El maíz ofrece otra foto relevante. La cosecha avanza al 14% a nivel nacional y, solo en marzo, ya se descargaron 3 millones de toneladas en los puertos del Gran Rosario, es decir, 1,4 millones más que en igual momento del año pasado. A la par, la comercialización interna muestra un ritmo firme: ya está comprometido el 30% de las toneladas esperadas para esta campaña, 10 puntos porcentuales por encima del ciclo pasado.

Sobre esa base, el programa exportador del primer mes de campaña se perfila para quebrar marcas. La previsión indica que marzo cerraría con más de 4 millones de toneladas exportadas, un récord para el arranque de campaña del cereal. La explicación central está en la competitividad del producto argentino. Aun con subas en los costos globales de los fletes marítimos, el maíz local sigue siendo presentado como el más competitivo del mundo dentro de la ventana que se extiende hasta el ingreso más fuerte de la oferta brasileña, previsto para junio/julio.

Ahí aparece una lectura política y económica concreta. La Argentina no está aprovechando solo una buena cosecha, sino una combinación excepcional entre volumen disponible, salida exportadora y timing comercial. En un momento de disrupción global, esa ventaja puede ser decisiva para sostener ingreso de divisas, actividad en terminales portuarias y dinamismo en la cadena comercial. Pero también es una ventaja con fecha de vencimiento: depende de cuánto dure la ventana frente a Brasil y de que la crisis internacional no encarezca aún más la logística.

Chicago sube, las primas FOB aflojan y el mercado local se sostiene

El comportamiento de los precios muestra ese equilibrio inestable. En Chicago, los futuros de maíz recibieron impulso por el conflicto en Medio Oriente y por el mayor posicionamiento de los fondos en commodities agrícolas. Desde que el escenario internacional empezó a tensionarse, el contrato de referencia del cereal subió 6%. Sin embargo, al mismo tiempo, las primas FOB del maíz argentino se debilitaron, en parte por la presión de oferta y en parte por el aumento en los costos de transporte marítimo.

El resultado es una especie de compensación. La baja de las primas resta, pero la suba en Chicago más que equilibró ese efecto, permitiendo que el precio de exportación a cosecha se revalorizara US$ 15 por tonelada desde enero. Esa mejora ayudó a sostener los valores en el mercado de futuros local, que promedian entre US$ 182 y US$ 186 por tonelada.

Ese punto es central para entender el momento. La Argentina gana competitividad por precio, pero esa ventaja no surge en un contexto de estabilidad, sino dentro de un mercado global donde sube la tensión, suben los costos y se vuelve más agresiva la operatoria financiera. El beneficio existe, aunque no descansa sobre bases tranquilas.

Ormuz cerrado y fondos especulativos: la nueva fuente de inestabilidad

La otra gran variable del escenario es la guerra. El texto base marca que el estrecho de Ormuz sigue virtualmente cerrado, con una caída del 94% en el tráfico de buques. Esa cifra no impacta solo en petróleo y energía. Repercute también en el costo del comercio internacional, en las expectativas de abastecimiento y en el comportamiento de los capitales especulativos que operan sobre materias primas.

En ese clima, la volatilidad dejó de ser un factor lateral y pasó al centro del negocio. La soja dio la señal más fuerte. Durante el lunes de esta semana, el futuro más operado en Chicago registró la mayor caída diaria desde julio de 2024, con una pérdida de US$ 20 por tonelada en una sola rueda, hasta activar el límite automático del CME. El disparador fue una noticia política: la postergación del viaje de Donald Trump a China.

El mercado venía descontando en precios la promesa de que China sumaría 8 millones de toneladas de soja a sus compras de 12 millones de esta campaña. La postergación del viaje se leyó como una señal bajista porque debilitó el sustento político de ese compromiso. La reacción fue inmediata. Y dejó una enseñanza clave: ya no hacen falta cambios estructurales en oferta o demanda para mover fuerte los precios. Alcanza con un titular de alto impacto geopolítico.

La soja expone el nuevo patrón: subas violentas, caídas bruscas y fondos con poder de fuego

La soja venía de tocar máximos de 21 meses el viernes pasado. Antes del rally comprador, cotizaba por debajo de US$ 390 por tonelada. Luego llegó a operar en US$ 451, una suba del 16% en siete semanas. Después, ante una sola noticia con sesgo bajista, cayó con fuerza. Ese patrón no es anecdótico: muestra que el mercado agro quedó sometido a un nivel de sensibilidad mucho mayor.

El texto remarca que la volatilidad anualizada en las últimas diez ruedas escaló a máximos desde julio de 2023 y que los fondos especulativos tienen un rol central. La posición neta comprada supera los 600.000 contratos entre granos y derivados, tras un aumento del 337% desde fines de enero. Ese volumen de apuestas le da a los fondos un poder decisivo para mover cotizaciones. Una toma de ganancias, un cambio de expectativas o una noticia internacional pueden desatar correcciones violentas en cuestión de horas.

En términos de poder de mercado, eso significa que la formación de precios ya no depende solo de rindes, clima o demanda física. También depende de la velocidad con la que el capital financiero entra y sale de posiciones largas sobre commodities. Para la Argentina, esa dinámica abre oportunidades de precios, pero también complica la toma de decisiones comerciales, porque el margen entre una rueda favorable y una corrección abrupta se achicó mucho.

Qué gana la Argentina y qué riesgo enfrenta

La campaña 2025/26 encuentra a la Argentina en una situación singular. Tiene volumen, tiene competitividad y, por ahora, tiene demanda externa. El girasol exhibe una performance histórica. El maíz se encamina a un arranque récord. Y los precios internacionales, aun con altibajos, siguen ofreciendo respaldo al negocio exportador. En ese plano, los sectores vinculados a la exportación y a la logística portuaria aparecen fortalecidos.

Pero el mismo contexto que habilita esa ventana también impone límites. El cierre virtual de Ormuz, la suba de fletes, la fragilidad diplomática y el peso creciente de los fondos especulativos pueden alterar en pocos días el escenario. Un agravamiento del conflicto podría disparar todavía más los costos logísticos. Un cambio brusco en las expectativas sobre Estados Unidos, China o Medio Oriente puede desarmar posiciones compradas y provocar bajas intensas. Y el ingreso de la oferta brasileña en junio/julio meterá presión sobre la competitividad del maíz argentino.

Un momento de oportunidad, pero sin red de seguridad

Lo que hoy muestra el mercado de granos no es una foto de bonanza lineal, sino una combinación de oportunidad y fragilidad. La Argentina está logrando colocar mercadería en volúmenes excepcionales y aprovechar un contexto favorable para el maíz y el girasol. Sin embargo, esa ventaja se construye sobre un sistema internacional alterado por la guerra, con rutas marítimas bajo presión y precios moldeados por fondos que amplifican cada shock.

Las próximas semanas serán decisivas. Habrá que mirar si el conflicto en Medio Oriente profundiza el bloqueo comercial, si Chicago mantiene el sesgo alcista o entra en una nueva fase de corrección, y si la competitividad argentina logra sostenerse cuando cambie la oferta global. Por ahora, el negocio exportador encontró aire. La pregunta es cuánto dura esa ventana en un mercado que ya no reacciona por ciclos previsibles, sino por sobresaltos.

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‘Estos descubrimientos devuelven la historia a unas ruinas’: el hallazgo de una pieza clave de la cultura maya

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CHIAPAS, México. Por Franz Lidz, Photographs by Meghan Dhaliwal, New York Times. En una mañana luminosa y llena de bichos de principios del verano, Charles Golden, antropólogo de la Universidad de Brandeis, atravesó la hierba, que le llegaba hasta las rodillas, de una finca agrícola en lo profundo del Valle de Santo Domingo, una región poco poblada, con matorrales espesos y una selva casi impenetrable. Solo el sonido estridente, entre un rugido y un ladrido, de los monos aulladores atravesaban el incesante llamado de apareamiento de las cigarras. “Estamos llegando a lo que queda de la dinastía Sak Tz’i’”, dijo Golden.

Golden se acercó a una valla de alambre que delimitaba un pastizal, luego pasó por debajo del alambre y observó el panorama que se desdoblaba: las ruinas de Sak Tz’i’, un asentamiento maya de al menos 2500 años de antigüedad. A lo largo de unas 40 hectáreas de enredaderas enmarañadas y tierra gruesa, había reminiscencias de una grandeza perdida: montones de roca colosales y escombros que habían sido templos, plazas, salas de recepción y un imponente palacio en terrazas.

Justo delante estaban los restos de un complejo de plataformas que habían formado la ciudadela. En su mejor momento, estaba dominada por una pirámide de 14 metros de altura en la que podrían haber estado enterrados los miembros de la familia real. En el lugar en el que se encontraban la pirámide y varias residencias de la élite había muros derribados de piedra cortada. Golden observó que en la entrada de la pirámide probablemente había una hilera de esculturas independientes en relieve, llamadas estelas, la mayoría de las cuales estaban ahora entre los escombros o habían sido removidas y movidas por ladrones.

Hacia el sureste, observó un callejón lleno de escombros: era un campo de juego de pelota desgastado por el tiempo, de 107 metros de largo y cinco metros de ancho con lados inclinados. El juego, un acontecimiento religioso que simbolizaba la regeneración, requería que los jugadores mantuvieran en alto una pelota de goma maciza utilizando únicamente las caderas y los hombros. Cerca de allí, en medio de lo que había sido un conjunto de centros ceremoniales, había un amasijo de piedras donde los plebeyos se reunían para las celebraciones públicas y los reyes celebraban la corte. Golden señaló el antiguo patio, ahora convertido en un montón de piedras. “Desde este lugar”, dijo, “los gobernantes de Sak Tz’i’ trataban de dirigir a sus súbditos —con éxito o no— y participaban en la política en un panorama en el que varios reinos luchaban por el control”.

A view looking up from the bottom of a giant mound of rocks and earth, from which rise some stone structures at the top have remained partially intact. Trees line the top and three men excavate portions of the mound.
Una zona colapsada de una pirámide en Sak Tz’i’, probablemente causada por saqueadores que alteraron la estructura.
A small square delineated with bright orange string encompasses a small pile of moss-covered rocks. Several men work around the square, wearing rain boots, jeans and T-shirts.
Charles Golden, a la derecha, antropólogo de la Universidad de Brandeis, con otros integrantes del equipo arqueológico excavando un sitio que pudo haber sido un monumento.

Pequeño y rudimentario, Sak Tz’i’ —Perro Blanco, en el lenguaje de las antiguas inscripciones mayas— a veces fue aliado, por momentos vasallo y en ocasiones enemigo de varios de los actores regionales más grandes y poderosos, incluyendo Piedras Negras, en la actual Guatemala, y Bonampak, Palenque, Toniná y Yaxchilán, en el actual Chiapas. La dinastía floreció durante el periodo Clásico de la cultura maya, del 250 al 900 d. C., cuando la civilización alcanzó sus mayores logros en arquitectura, ingeniería, astronomía y matemáticas.

Por razones que aún no están claras, Sak Tz’i’ y cientos de otros asentamientos fueron abandonados y regiones enteras quedaron desiertas durante el siglo IX. Aunque los descendientes siguen viviendo en la región, los caprichos de la naturaleza abrocharon los muros de los templos, los ladrones de tumbas desmontaron las pirámides y un dosel selvático cada vez más espeso ocultó las plazas y calzadas. Sak Tz’i’ fue borrada de la memoria.

Los estudiosos no empezaron a buscar pruebas físicas del reino hasta 1994, cuando los epigrafistas que leían una estela —encontrada un siglo antes en una excavación en Guatemala— se dieron cuenta de que un glifo describía la captura de un rey de Sak Tz’i’ en el año 628 d. C.

Hace tres veranos, un equipo de investigadores y trabajadores dirigidos por Golden y Andrew Scherer, bioarqueólogo de la Universidad de Brown, exploraron el pastizal y descubrieron los restos de decenas de estelas de piedra, utensilios de cocina y el cadáver de una mujer de mediana edad que había muerto al menos 2500 años antes. La datación por radiocarbono indicó que el yacimiento, al que los investigadores llamaron Lacanjá Tzeltal en honor a una comunidad moderna cercana, fue probablemente colonizado hacia el 750 a. C. y ocupado hasta el final del periodo Clásico. Tal vez lo más importante es que Golden y Scherer consideraron que esa finca había sido una —si no la— capital de la dinastía Sak Tz’i’.

Simon Martin, conservador del Museo Penn de la Universidad de Pensilvania, que no participó en el proyecto, dijo que las pruebas aportadas por los dos investigadores y sus colegas constituían un argumento sólido de que Lacanjá Tzeltal fue la verdadera Sak Tz’i’ o, al menos, una sede de la dinastía durante parte de su historia.

“Los cadáveres desechados de los monumentos saqueados en este sitio coinciden con algunos de los que anteriormente se atribuían a Sak Tz’i’”, dijo, “mientras que el descubrimiento de un nuevo monumento encargado por un gobernante de Sak Tz’i’ es igualmente revelador”.

Golden, de 50 años, y Scherer, de 46, llevan colaborando en los remansos de la Mesoamérica histórica desde finales de la década de 1990. Fueron los primeros arqueólogos en documentar sistemas de fortificaciones recién descubiertos en los yacimientos mayas del Clásico Tardío de Tecolote, en 2003, y Oso Negro, en 2005, ambos en Guatemala.

“La división del trabajo se reduce realmente a nuestras áreas de especialización”, dijo Golden, quien se encarga de organizar los datos geográficos, la cartografía y la teledetección con drones. Scherer analiza los huesos humanos y todo lo relacionado con la dieta, los isótopos y los enterramientos.

Alto, elegante y gracioso, Golden nació en Chicago, y de joven quedó cautivado por los artefactos del Museo del Instituto Oriental. “Me aterrorizaban las momias, no podía estar en la misma sala que ellas”, dijo. “Pero también me deslumbraron las piezas de la Puerta de Istar de Babilonia y las demás reliquias de Mesopotamia. Fue impresionante ver fragmentos reales de lugares de los que había oído hablar en la Biblia”.

Golden estudió arqueología en la Universidad de Illinois Urbana-Champaign, pero la lección más importante que aprendió, dijo, fue como pasante de verano en una excavación en Belice en 1993. Había estado cavando un pozo de prueba cuando sacó del suelo un pequeño tubo estriado. “Estaba seguro de que era una cuenta decorativa precolombina”, dijo. Sonriendo con orgullo, mostró el objeto a su supervisor, que lo giró en sus manos y respondió: “A alguien se le debe haber caído esto en el almuerzo. Son macarrones con queso Kraft”. El aspirante a Louis Leakey se escabulló de vuelta a su foso de pruebas, mucho más sabio.

Scherer es más bajo y corpulento, con el pelo recogido en una cola de caballo y una barba que cubre su barbilla de gris. Creció en el centro de Minnesota y le picó el bicho de la arqueología en la universidad —la de Hamline, en St. Paul— mientras realizaba un estudio de campo en un campamento de nativos estadounidenses de 2000 años de antigüedad. El curso fue dirigido conjuntamente por ancianos ojibwe, que le enseñaron a golpear el sílex, curtir pieles y construir wigwams.

A close-up view of small bones in the hands of Dr. Scherer, with other fragments on the table and several small bags with yellow post-it labels attached to them.
Scherer examina los huesos antiguos de un gato encontrados durante la excavación de la estructura palaciega en Sak Tz’i’.
Several men carrying  backpacks and other containers and equipment walk in single-file on a path cutting through a grassy field. In the background, rolling green hills under an overcast sky.
Arqueólogos y trabajadores contratados para ayudar con las excavaciones en su camino a Sak Tz’i’ en junio. El sitio fue encontrado en un terreno propiedad de un ganadero, Jacinto Gómez Sánchez.

Ambos investigadores se sintieron atraídos por la cultura maya porque es la única de la América antigua con una historia escrita que se remonta al primer milenio. “Conocemos los nombres de los reyes y reinas que gobernaron los lugares que estudiamos, quiénes fueron sus enemigos y sus aliados, cuándo fueron a la guerra, cuándo nacieron y murieron”, dijo Scherer.

A él y a Golden les avisó de la existencia de las ruinas de Lacanjá Tzeltal uno de sus antiguos asistentes de investigación. En 2014, un estudiante de posgrado de la Universidad de Pensilvania llamado Whittaker Schroder estaba explorando excavaciones arqueológicas cerca de la frontera con Guatemala para un tema de disertación. Mientras conducía por el pequeño pueblo de Nuevo Taniperla, en la selva tropical, Schroder, ahora asociado postdoctoral en la Universidad de Florida, pasó por un puesto de carnitas al lado de la carretera. El vendedor trató de llamarle la atención, pero Schroder, quien es vegetariano, siguió adelante.

Poco después, Schroder volvió a pasar por el puesto. De nuevo, el vendedor trató de llamar su atención. Esta vez Schroder se detuvo a charlar. “El vendedor dijo que tenía un amigo con una piedra que quería que un arqueólogo viera”, recuerda Schroder. “Le pedí que se explayara, y me explicó que la piedra tenía un grabado con el calendario maya y otros glifos”.

Más tarde, esa misma noche, un amigo del vendedor le enseñó a Schroder una foto en un celular que, aunque granulada, mostraba claramente un pequeño panel de pared ilustrado con jeroglíficos. En una esquina inferior aparecía una figura danzante con un tocado ceremonial, blandiendo un hacha en la mano derecha y un garrote en la izquierda. Jacinto Gómez Sánchez, un ganadero que vivía a 40 kilómetros de distancia, había desenterrado la losa de piedra caliza en unos escombros de su propiedad muchos años antes.

Dr. Golden, wearing a gray cap, grayish shirt, jeans and boots, perchers over the green stones of an ancient wall. Behind him, thick jungle vegetation fills the rest of the frame.
Golden sobre un muro colapsado en el sitio
Mr. Gomez, in a straw hat, holds a stick that props up a blue tarp. Several workers crowd in the foreground and sift through dirt for fragments of artifacts, all huddled to avoid the rain seen coming down outside the tarp.
Jacinto Gómez Sánchez, al centro, quien encontró la primera losa de piedra de Sak Tz’i’, y otros trabajadores se refugiaron bajo una lona durante una lluvia repentina.

Schroder se puso en contacto con Golden y Scherer. “Con frecuencia recibimos peticiones para ver estatuillas y esculturas de piedra en colecciones privadas”, dijo Scherer. “Mientras que los jarrones y otros objetos de cerámica son casi siempre antiguos, las esculturas de piedra suelen ser objetos modernos elaborados para los turistas. Por eso, cuando alguien dice: ‘Vengan a ver mi escultura precolombina’, tendemos a asumir que vamos a ver una imitación hecha para turistas”.

Para gran sorpresa de ambos mayistas, la foto que les enviaron mostraba un monumento de tamaño natural con glifos de la dinastía Sak Tz’i’. Les llevó otros cuatro años negociar el permiso para excavar en la propiedad. En 2019, el equipo de investigación sobrevoló el lugar con drones y aviones equipados con una herramienta de detección llamada LIDAR, que podía ver a través del dosel del bosque para visualizar el terreno y la arqueología que había debajo. Los investigadores calcularon que en su punto más alto, alrededor del año 750 d. C., el asentamiento llegó a tener 1000 habitantes.

En junio, tras un retraso de dos años a causa del coronavirus, Golden, Scherer y su equipo volvieron al lugar para continuar la excavación. Gran parte del trabajo fue de mantenimiento preventivo. Dado que los muros de piedra de la ciudadela corren peligro de derrumbarse, el antropólogo mexicano Fernando Godos y un equipo local fueron contratados para reforzar y estabilizar la mampostería que se estaba desmoronando.

Restos de muros bajos rodean partes de la excavación, especialmente cerca del palacio, lo que es inusual en los antiguos reinos de la región; normalmente estos baluartes se construían en las afueras. Uno de los objetivos de la próxima temporada de investigación es determinar si las murallas se construyeron apresuradamente en los últimos días de la dinastía, como cree Scherer, o si formaban parte de la construcción original, o al menos de la modificación, del centro del sitio del periodo Clásico. La defensa parece haber sido la principal preocupación en Lacanjá Tzeltal, una fortaleza densamente poblada y rodeada de arroyos y riberas empinadas. Las barricadas de piedra presumiblemente reforzaban las empalizadas de madera.

A wall of stones has a neat, rectangular hole in it, with a pile of discarded stones and rocks in the foreground.
Un hoyo hecho por saqueadores en la pared trasera de la ciudadela.

Los mayas, con sus calendarios asombrosamente precisos, su escritura sofisticada, su sistema agrícola altamente productivo y su capacidad para predecir fenómenos celestes como los eclipses, fueron posiblemente la cultura más ilustrada del Nuevo Mundo. Construyeron suntuosos asentamientos sin la ayuda de la rueda, las herramientas de metal o las bestias de carga.

“Los mayas fueron realmente los griegos de las Américas de la antigüedad”, dijo Martin. “Construyeron una civilización avanzada a pesar de las profundas divisiones políticas, o quizá incluso a causa de ellas, con más de cien reinos en competencia”.

La sociedad maya se extendía más allá de las fronteras modernas, al norte de Guatemala en la península de Yucatán, al este en Belice y al sur a través de los extremos occidentales de El Salvador y Honduras. Los mayas del periodo Clásico nunca estuvieron unificados políticamente, sino que eran una mezcla de ciudades-Estado.

“Hay grandes reinos en las tierras bajas centrales, como Tikal y Calakmul, que eran los Estados Unidos y la Unión Soviética de su época”, explica Scherer. “Nuestro equipo se ocupa de reinos mucho más pequeños implicados en su propio tipo de alianzas políticas que se rompen y se convierten en conflictos a una escala realmente diminuta y localizada”. Las inscripciones en los monumentos de esos asentamientos suelen remontar la historia de la civilización a un diluvio universal. El calendario de la Cuenta Larga registraba los días transcurridos desde la mítica fecha de inicio de la creación maya, el 11 de agosto del 3114 a. C.

A close-up image of a rounded stela covered in green moss, lying on the forest floor.
Una estela cubierta de musgo en la base de la pirámide.

El paisaje de los antiguos mayas está salpicado de ruinas cuyos nombres son desconocidos para los estudiosos y cuyas inscripciones jeroglíficas mencionan lugares cuya ubicación se ha perdido. “Sak Tz’i’ entra en esta última categoría, y la tenaz búsqueda de su identidad ha ocupado a los estudiosos durante unas tres décadas”, dijo Martin. “¿Por qué? Porque Sak Tz’i’ era el más importante de los actores políticos ‘sin techo’ que quedaban”.

La mención más famosa de la sociedad, aparte de las inscripciones en piedra encontradas en museos y colecciones privadas, aparece en los dinteles de las puertas de Bonampak, en los que se representa a los cautivos de Sak Tz’i’ derrotados y humillados.

Las referencias a Sak Tz’i’ ayudaron a acotar su ubicación en el este de Chiapas, pero todavía quedaban cientos de kilómetros cuadrados, la mayoría bajo la cobertura de los árboles, en los que podía estar oculto. Un artículo publicado en 2003 en la revista Latin American Antiquity triangulaba las coordenadas geográficas del asentamiento, pero el modelo informático era solo eso, un modelo que requería confirmación.

Hubo salidas en falso. Plan de Ayutla, en Chiapas, un magnífico yacimiento redescubierto a mediados de la década de 1990, estaba más o menos en el lugar correcto y contenía una impresionante colección de templos y el mayor juego de pelota de la región. Aunque los retazos de texto maya en Plan de Ayutla no proporcionaban ningún nombre para el lugar, el sitio parecía un probable contendiente para Sak Tz’i’. “Desafortunadamente, nunca ha habido ninguna evidencia glífica que vincule a Plan de Ayutla con el reino Sak Tz’i’”, dijo Golden.

Mr. Gomez wears a gray t-shirt, baseball cap and jeans and white rain boots, sitting on an upright slab of wood. In the dark room he’s sitting in, several artifacts are lined against a wall, cleaned of any dirt and moss, their intricate designs clearly visible.
Gómez con algunos objetos recuperados de Sak Tz’i’. “Me recuerdan mi herencia”, dijo.

A sus 46 años, Gómez es robusto y alegre, con plata en su sonrisa y, cuando es necesario, tiene una mirada decidida. Vive en su finca ganadera con su esposa, sus cuatro hijos y su mono araña, Pancho, como mascota. Su abuelo ayudó a fundar el pueblo de Lacanjá Tzeltal en 1962.

Gómez recuerda haber retozado entre los escombros de Sak Tz’i’ cuando era niño. Su padre y su abuelo le inculcaron la necesidad de proteger los monumentos y esculturas de la propiedad. “Me recuerdan mi herencia”, dijo Gómez. Hace una década, cuando los saqueadores amenazaron con entrar por la noche para robar las reliquias, decidió consultar a los arqueólogos sobre el panel de la pared, y reclutó al vendedor de carnitas como intermediario.

En junio, a la luz del sol de una tarde chiapaneca, Gómez mostró a Scherer las instalaciones externas en las que se almacenaban las reliquias más preciadas. Le señaló herramientas, vasijas de barro, piedras de honda, piedras de moler, una cabeza de jaguar de estuco. Cuando sacó una punta de lanza de sílex bellamente tallada, Scherer sonrió con familiaridad.

En 2019, mientras excavaba el campo de pelota, Scherer había desenterrado un altar de piedra. Debajo del altar encontró la punta de lanza, así como hojas de obsidiana, conchas de ostras espinosas y fragmentos de piedra verde. En la cosmología maya, explicó Scherer, el sílex connota la guerra y el sol o el cielo; la obsidiana, la oscuridad y el sacrificio. Las conchas de ostras y la piedra verde se equiparaban con la vida, la vitalidad y el renacimiento solar en el mar.

Aunque el altar estaba muy erosionado, Golden creó un modelo en 3D y demostró que su glifo representaba a dos cautivos atados y postrados y las tenazas de un ciempiés monstruoso, un motivo que los mayas utilizaban para marcar una escena subterránea o del inframundo.

A moss-covered tablet that seems to have an intricate design obscured by the moss, sits half buried on the jungle floor, surrounded by thick vegetation.
Un panel, todavía parcialmente enterrado
Two men lean against a wire fence in the foreground, while a few slabs of stone rest in an area cleared of grass. A large mound looms beyond that.
Los escombros del altar de Sak Tz’i’

La joya de las antigüedades recuperadas fue el panel mural de 60 centímetros por un metro, fechado recientemente en el año 775 d. C., que había puesto en marcha la excavación. Una traducción de la inscripción realizada por Stephen Houston, antropólogo de la Universidad de Brown, reveló relatos de batallas, rituales, una inundación legendaria y una fantástica serpiente de agua descrita en pareados poéticos como “cielo brillante, tierra brillante”.

Scherer reconoció que, aunque otros asentamientos mayas también tenían relatos míticos de la creación, la historia registrada en la tablilla de Lacanjá Tzeltal era única en el sitio y podría ser una alegoría de su construcción. “Los relatos tocan la relación de la comunidad con el entorno natural que la rodea”, dijo. “La zona está llena de arroyos y cascadas y se inunda con frecuencia”.

Los glifos también destacan la vida de los gobernantes dinásticos, como el deliciosamente llamado K’ab Kante’, incluyendo cuándo murió cada uno, cómo se les conmemoró y en qué circunstancias llegaron sus sucesores al trono. En un glifo, el gobernante Sak Tz’i’ aparece como el Yopaat danzante, una divinidad asociada a las violentas tormentas tropicales. El hacha que lleva en la mano derecha es un rayo, la deidad de los pies de serpiente K’awiil; en la izquierda lleva una “manopla”, un garrote de piedra utilizado en el combate ritual. Se presume que el panel que faltaba mostraba a un prisionero de guerra, arrodillado en súplica a Yopaat.

Martin calificó los hallazgos de Golden y Scherer como un gran avance en nuestra comprensión de la política y la cultura maya del periodo Clásico. “Estos descubrimientos devuelven la historia a unas ruinas ahora sin vida y, al menos metafóricamente, las repoblan con gobernantes, nobles, guerreros, artesanos, comerciantes, agricultores y toda la matriz social de la antigua sociedad maya”, dijo.

Scott Hutson, arqueólogo de la Universidad de Kentucky que no participó en la investigación, señaló que antes de que se determinara la ubicación de Sak Tz’i’, “los arqueólogos sabían que sus gobernantes se dedicaban a la diplomacia de alto riesgo, que a veces desembocaba en guerras con vecinos poderosos”. Los mapas de Golden y Scherer, añadió, “aportan concreción y conmoción a esta narrativa, al mostrar que el sitio era más pequeño que la mayoría de sus competidores y que, en cierto sentido, sobresalía a pesar de su tamaño”.

En Lacanjá Tzeltal, Golden se sentó a horcajadas sobre un montón de piedras bajo una carpa de excavación y evocó el apogeo del reino Sak Tz’i’. El polvo en el aire captaba la luz del sol de la tarde, y el silencio del lugar parecía resonar. La búsqueda del asentamiento perdido, dijo Golden, había sido como montar un mapa de la Europa medieval a partir de documentos históricos y no saber dónde debía ir Borgoña. “Esencialmente, hemos localizado Borgoña”, dijo. “Es una pieza del rompecabezas así de crucial”.


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La Soja cayó a menos de US$ 300 la tonelada el nivel más bajo desde el 2008

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El Gobierno nacional apuesta a la cosecha 2019 después del mal año que tuvo por la sequía que provocó una pérdida de US$ 4.200 millones en la soja. Ese producto es la clave para el ingreso de divisas que la Administración Macri necesita para cumplir con sus compromisos financieros en medio del año electoral. Pero la guerra comercial entre USA y China, la ‘supercosecha’ norteamericana y un desempeño similar en Brasil hicieron que el precio internacional cayera por debajo de los US$ 300 la tonelada, el nivel mas bajo desde 2008.
La tonelada de Soja en Chicago cayó a menos de US$ 300 la tonelada. La última vez que ocurrió fue en 2008. La caída se debe a una conjunción de hechos: la guerra comercial entre China y USA, la denominada ‘supercosecha’ en los Estados Unidos y otra buena cosecha en Brasil.
En el Gobierno nacional apuestan a la Soja en 2019 tras la seca de este año y por la suba del dólar en $40. “Los shocks de 2018 fueron fuertes, por un lado, vivimos la sequía más intensa en los últimos 50 años”, dijeron desde el Gobierno cuando se presentó el Presupuesto 2019.
“Proyectamos un crecimiento de las exportaciones en torno al 21% motorizado por el rebote de las exportaciones agrícolas, que cayeron en 2018 por la sequía”, se detalló en el borrador del presupuesto.
Sobre la caída del precio internacional, el precio del poroto cayó un 1,1% a US$ 299,10 este martes (18/9) en el mercado de Chicago. Pero también bajó el precio del maíz, principalmente por el buen desempeño de la campaña en Estados Unidos. En este caso el valor bajó 1,4% a US$ 135,13. Sólo el trigo experimentó una suba de 0,8% a US$ 187,58.
En el caso de la Soja se están produciendo varias novedades. China anunció aranceles a las importaciones de bienes estadounidenses valuados en unos US$ 60.000 millones como represalia a los gravámenes del 10% anunciados por Estados Unidos a productos chinos por valor de US$ 200.000 millones.
Por otro lado, la cosecha de soja en EE.UU. mostraba un avance del 6%, por encima del 5% esperado por el mercado y del 3% promedio histórico.
Según lo informado por la consultora privada Informa, el área sembrada con soja en EE.UU. caería en 3 mill.has. a 33,29 mill.has. en la campaña 2019/20.
Por su parte, la siembra de soja en el Estado de Paraná en Brasil (segundo Estado productor) mostró un avance del 9% esta semana (vs. 1% semana anterior) debido a las buenas condiciones climáticas observadas.
El diario El Cronista destaca que la posición noviembre, la más activa por estos días en Chicago, cerró en baja por tercera rueda consecutiva y quedó a US$ 299,1 la tonelada, 1,15% por ciento por debajo del cierre previo. El principal motivo para el derrumbe está dado por el avance de la cosecha de soja norteamericana, y que se presupone será récord.
El problema con la cosecha norteamericana es que no tiene destino de venta por la guerra comercial con China. Los chinos entonces apuntan a la soja brasileña, donde aumentó también la producción.
En tanto, en el Mercado a Término de Buenos Aires, la soja para mayo cerró en US$ 257, con una baja de US$ 4,40 respecto del lunes, pero con una merma del 22,34% frente a los US$ 312 vigentes el 5 de marzo pasado.
Sobre el maíz, la firma privada de análisis Informa Economics proyectó que la superficie sembrada con maíz en Estados Unidos crecerá a 93,044 millones de acres en el 2019 (38.495 millones de hectáreas), contra los 89,1 millones de acres que estima el Departamento de Agricultura en 2018.
Los precios recibieron respaldo adicional de las noticias de que el Ministerio de Agricultura de Rusia proyectó exportaciones de trigo 2018/19 de 30 millones de toneladas, por debajo de la última estimación del Departamento de Agricultura estadounidense de 35 millones.

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