Colombia

De la Espriella asumió como presidente de Colombia con la promesa de construir la “Patria Milagro”

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El ultraderechista Abelardo De la Espriella, de 48 años, juró el viernes como presidente de Colombia por el período 2026-2030, en reemplazo de Gustavo Petro, primer gobernante de izquierda del país.

El acto de asunción del flamante presidente colombiano tuvo lugar, por primera vez en la historia, en la Arena de la Universidad Santiago de Cali (USC), en lugar del Capitolio Nacional, sede del Congreso, en Bogotá.

En un breve diálogo al ser abordado por periodistas al llegar a la sede de la Universidad Santiago de Cali, De la Espriella dijo: “Es un gran día para la democracia, Colombia se salvó, y vamos a construir todos la Patria Milagro”.

Este concepto apunta a la promesa enunciada en la campaña presidencial de recortar el Estado un 40% y crecer al 7% anual.

Además, propone la “recuperación” del control territorial, el fortalecimiento de la Fuerza Pública y mayor confrontación con  las organizaciones vinculadas con el narcotráfico.

De la Espriella accedió a la primera magistratura colombiana tras derrotar en segunda vuelta celebrada el 21 de junio al izquierdista Iván Cepeda, candidato apoyado por Petro, quien no asistió a la ceremonia, según supo la Agencia Noticias Argentinas.

El nuevo titular del Ejecutivo colombiano llega al poder con su postura de rechazo a las negociaciones con los grupos armados al margen de la ley, la promesa de reducir el tamaño del Estado, reconfigurar la relación con Israel y reactivar el sector petrolero y gasífero.

Aliado del presidente estadounidense Donald Trump, De la Espriella forma parte de un giro a la derecha que se extiende por América Latina en países como Argentina, Chile, Ecuador, Bolivia, Perú y Panamá.

Con el fin de blindar la seguridad de la ciudad durante el acto de asunción, el Ministerio de Defensa desplegó un dispositivo con más de 11.000 efectivos.

En una intervención ante el pleno del Legislativo, el presidente del Senado, Honorio Henríquez, llamó al diálogo con todos los sectores y aseguró: “No necesitamos intentos de desobediencia civil sino construir entre todos la solución”.


Mandatarios invitados a la ceremonia de asunción

Al acto asistieron el rey de España Felipe VI y una decena de jefes de Estado y de Gobierno, además de dos vicepresidentes, quince cancilleres y otras autoridades internacionales.

Entre los mandatarios se encontraban Javier Milei, de Argentina; Daniel Noboa, de Ecuador; Santiago Peña, de Paraguay; Laura Fernández, de Costa Rica; José Raúl Mulino, de Panamá; Luis Abinader, de República Dominicana; José Antonio Kast, de Chile, y Nasry Asfura, de Honduras.

El fiscal general interino de Estados Unidos, Todd Blanche, encabezó la delegación oficial enviada por el presidente Donald Trump a la investidura de De la Espriella.

Los exmandatarios colombianos que asistieron son César Gaviria, Andrés Pastrana, Álvaro Uribe e Iván Duque.

También estuvo presente el titular de la FIFA, Gianni Infantino.

“Hasta siempre. Libertad y vida”: la despedida de Petro

Gustavo Petro salió más temprano por última vez de la Casa de Nariño, residencia oficial presidencial, en un acto con el que puso fin a su mandato de cuatro años.

“Hasta siempre. Libertad y vida. Siempre, siempre y siempre. Gracias por haberme acompañado, soldados por haberme cuidado. Creo que ustedes salen mejor que cuando yo entré. Así que ¡viva Colombia libre!”, dijo Petro, vestido de blanco y tomado de la mano de su hija menor, Antonella, en las escalinatas de la Casa de Nariño, antes de recibir un último homenaje militar en la Plaza de Armas.

Petro no dio anoche el tradicional mensaje de despedida al país, como lo hicieron sus antecesores, porque prometió volver como jefe de la oposición, después de tomar unas vacaciones.

Cepeda llama a la “resistencia” al Gobierno de De la Espriella en un acto en Barranquilla

El excandidato Iván Cepeda lideró el viernes una concentración pacífica en la ciudad de Barranquilla, que calificó como una “expresión de desobediencia civil, resistencia y soberanía popular” en paralelo a la investidura presidencial de De la Espriella, según la cadena CNN.

Cepeda llamó a la ciudadanía a mantener la movilización democrática para recuperar el poder dentro de cuatro años y en el corto plazo acceder a alcaldías y gobernaciones en las elecciones de octubre de 2027.

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Abelardo De la Espriella, presidente electo de Colombia tras el preconteo: se impone por 247.000 votos

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En las elecciones con mayor participación y, al tiempo, las más apretadas desde que se instauró la segunda vuelta presidencial (1994), Abelardo de la Espriella se impuso por 247.000 votos sobre Iván Cepeda y, tras el preconteo de la Registraduría, es el nuevo presidente electo de Colombia

De la Espriella fue respaldado por 12’949.162 ciudadanos, mientras que Cepeda, candidato del Pacto Histórico y del gobierno Gustavo Petro, logró 12’701.546 votos, contabilizado el 99,9 por ciento de las mesas electorales. El 63,55 por ciento de los 41’421.973 colombianos habilitados para votar se acercaron a las urnas: fueron 26,3 millones de sufragios, 2,3 millones más que los que votaron en la primera vuelta del 31 de mayo.

La apretada victoria de De la Espriella —0,95 puntos porcentuales de diferencia— centra la atención del país en el proceso de escrutinio, que comenzó anoche, está a cargo de 9.300 jueces, notarios y registradores, es de carácter público y, en condiciones normales, debería concluir esta semana.

“Estamos agradecidos con Dios”, señaló ayer, vía ‘X’, el abogado De la Espriella, quien recibió la felicitación del argentino Javier Milei casi de inmediato: “El león y el tigre rugen en Latinoamérica“, se jactó el libertario.

Anoche, el candidato Cepeda reconoció el resultado del preconteo y se declaró “dispuesto a la concertación”. Dijo que esperará, en todo caso, al proceso de escrutinio. Por su parte, el presidente Petro se mantuvo en la línea de no reconocer la derrota de su candidato y aseguró que supuestamente no era posible declarar aún a un ganador de las presidenciales hasta que finalice el escrutinio.

Frente a la primera vuelta, Cepeda recortó las diferencias con De la Espriella en casi 450.000 votos. En esas votaciones, los escrutinios arrojaron una coincidencia con el preconteo superior al 99,98 por ciento y, como lo señaló Alejandra Barrios, directora de la Misión de Observación Electoral (MOE), solo hubo impugnaciones sobre unos 30.000 votos.

Abelardo de la Espriella pasó de 10’361.499 votos en la primera vuelta a 12’949.162 en la segunda, un aumento de 2’587.663 sufragios, equivalentes a un crecimiento del 24,9 por ciento. Cepeda pasó de 9’688.361 votos en la primera vuelta a 12’701.546 ayer. Fueron 3’013.185 votos más, es decir, un crecimiento del 31,1 por ciento. Apenas 426.000 colombianos votaron en blanco.

Otro dato relevante es que De la Espriella ganó en el exterior con 380.751 votos, es decir, el 63,70 por ciento del total. Se impuso en Estados Unidos, Venezuela, México, Canadá y China. En el territorio nacional, sus respaldos se concentraron en la zona andina y los Llanos, mientras Cepeda sacó ventajas en la Costa Caribe, el Pacífico, la Amazonía y en Bogotá.

Aunque el candidato de la izquierda ganó en más departamentos (18 frente a 14), De la Espriella obtuvo una mayor concentración de votos en territorios con alto peso electoral. Así, se impuso en Cundinamarca, Meta, Santander, Norte de Santander, Arauca, Boyacá, Casanare, Antioquia, Tolima, Huila, Quindío, Risaralda, Caldas y Guaviare.

Por su lado, el candidato del Pacto Histórico ganó en Amazonas, Atlántico, Bolívar, Caquetá, Cauca, Cesar, Chocó, Córdoba, Guainía, La Guajira, Magdalena, Nariño, Putumayo, San Andrés y Providencia, Sucre, Valle del Cauca, Vaupés, Vichada y Bogotá. Comparando los mapas electorales de primera y segunda vuelta, el único departamento que cambió fue Caquetá, que se fue con Cepeda.

Aunque tras la derrota en la primera vuelta el oficialismo logró activar sus bases políticas y la maquinaria amarrada al poder burocrático del Gobierno, el resultado final marca una clara derrota para el presidente Gustavo Petro, que en contra de lo que señala la ley se jugó abiertamente para hacerle campaña a Cepeda.

De la Espriella, que no tiene un partido propio, contará con el respaldo de partidos como el Centro Democrático, el conservatismo, el oficialismo liberal y Cambio Radical. Los papeles se invierten con respecto al 2022 y el Pacto Histórico, que fue el movimiento con más escaños en Cámara y Senado en las elecciones del 8 de marzo, queda en cabeza de la oposición.

Pendientes aún de la oficialización de los resultados en el escrutinio, lo cierto es que la votación de este 21 de junio retrató fielmente la polarización que caracterizó esta campaña presidencial, por lo que el primer reto para el nuevo mandatario de los colombianos pasará por tratar de restañar la profundas diferencias políticas que se acrecentaron en los últimos cuatro años.

“Paradójicamente, aunque vamos a tener el mayor respaldo popular de la historia en favor de un Presidente, al mismo tiempo vamos a tener una situación de gobernabilidad complicada porque los dos bloques políticos son muy similares en tamaño. El país, definitivamente, está partido por la mitad”, señaló el analista y columnista de este diario Thierry Ways.





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Los colombianos, listos para ir a las urnas y votar por el sucesor del presidente Petro

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EFE – Las autoridades colombianas ultiman este sábado los preparativos para la primera vuelta de las elecciones presidenciales del domingo en las que se elegirá al sucesor del actual mandatario, Gustavo Petro, y para las que están habilitados para votar 41.421.973 ciudadanos, incluidos los residentes en el exterior.

En el recinto ferial de Corferias, en Bogotá, el mayor centro de votación del país, funcionarios de la Registraduría Nacional, entidad que organiza las elecciones, trabajaban en la mañana de este sábado en el montaje de los cubículos de cartón en los que los ciudadanos podrán votar.

«El material electoral ya está en todos los municipios de Colombia (…) no tenemos ninguna novedad que indique la necesidad de trasladar alguna mesa o puesto de votación durante la jornada de mañana», manifestó el registrador nacional, Hernán Penagos.

Confianza en la votación

Para estas elecciones la Registraduría adoptó el lema «Dale tu voto de confianza al proceso electoral», en respuesta a las dudas que el presidente Petro y miembros de su partido, el Pacto Histórico, han sembrado sobre la transparencia de las elecciones alegando que no hay garantías de que el escrutinio no será alterado.

Los colombianos, listos para ir a las urnas y votar por el sucesor del presidente Petro
Personas instalan urnas de votación en el recinto ferial de Corferias, en Bogotá (Colombia). EFE/ Carlos Ortega

Ante las críticas del presidente Petro, Penagos dijo esta semana que «no hay manera de que un software pueda difundir información diferente» a la registrada físicamente en las mesas de votación.

Las elecciones en el exterior para 1,4 millones de ciudadanos se iniciaron el pasado lunes y, según la Registraduría, de los 40.007.312 colombianos habilitados para votar mañana en el país, 20,5 millones son mujeres y 19,4 millones, hombres.

A lo largo y ancho del país fueron instaladas 118.346 mesas de votación en 13.489 puestos, de los cuales 6.010 están en áreas urbanas y 7.479 en el área rural, de cuya vigilancia y seguridad se ocuparán unos 248.000 miembros de la Fuerzas Militares y de la Policía.

Once candidatos buscan ser presidente de Colombia

De los trece candidatos que aparecen en el tarjetón electoral, solo once siguen en la carrera presidencial porque en las últimas semanas se retiraron el exministro Luis Gilberto Murillo y el exalcalde Carlos Caicedo, ambos de izquierda, para sumarse a la candidatura del senador Iván Cepeda, que lidera todas las encuestas de intención de voto.

Los colombianos, listos para ir a las urnas y votar por el sucesor del presidente Petro
El senador y candidato a la Presidencia de Colombia por el partido Pacto Histórico, Iván Cepeda, durante un evento de campaña, el 17 de mayo de 2026. EFE/ Carlos Ortega

«Mañana tenemos una cita con la historia, les hago la invitación a acudir masivamente a las urnas para fortalecer nuestra democracia», dijo Cepeda hoy en un mensaje al país.

Sus mayores rivales son el abogado ultraderechista Abelardo de la Espriella, del movimiento Defensores de la Patria, que aparece en segundo puesto, y la senadora uribista Paloma Valencia, del partido de derecha Centro Democrático, que está en tercer lugar.

Salvo una sorpresa mañana en la urnas, ninguno de ellos aparece en las encuestas con el caudal de votos suficiente para ganar en primera vuelta, para lo cual se necesita la mitad más uno de los votos en unas elecciones en las que la participación ronda el 54 %.

Probable segunda vuelta

De confirmarse los pronósticos, será necesaria una segunda vuelta el próximo 21 de junio entre los dos más votados que, según las encuestas, serán el izquierdista Cepeda y el ultraderechista De la Espriella, cuya candidatura ha crecido de manera sostenida en las últimas semanas con un discurso populista.

Los colombianos, listos para ir a las urnas y votar por el sucesor del presidente Petro
El candidato a la Presidencia de Colombia Abelardo de la Espriella, durante un mitin de campaña, el 14 de mayo de 2026. EFE/ Ernesto Guzmán

El crecimiento de De la Espriella ha coincidido con los tropiezos de Paloma Valencia, que representa a una derecha moderada que en su intento de atraer al centro acabó perdiendo apoyos en el propio partido uribista al que pertenece, donde un sector radical optó por irse con el candidato de la ultraderecha.

Las elecciones tendrán una amplia supervisión de organismos nacionales e internacionales que, según la Registraduría, serán «uno de los principales mecanismos de acompañamiento y fortalecimiento de la democracia en el país».

«En total, 26 organizaciones y misiones internacionales, con 1.500 observadores, harán seguimiento a la jornada electoral el próximo 31 de mayo», aseguró el registrador Penagos.

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Colombia se propone lo imposible: quiere plantar 2,3 millones de árboles para reforestar 2.000 hectáreas de bosque en 40 años

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Mientras crece el debate global sobre la efectividad de las campañas masivas de plantación de árboles para mitigar el cambio climático, Colombia decidió avanzar con una estrategia diferente: restaurar ecosistemas degradados mediante especies nativas, compromisos de conservación a largo plazo e integración económica de las comunidades locales.

La iniciativa, denominada Sembrando Futuro 2.0, contempla la restauración de más de 2.000 hectáreas de bosque en los departamentos de Antioquia, Caldas, Risaralda, Córdoba y Chocó. El plan prevé la plantación de 2,3 millones de árboles autóctonos y ya es considerado uno de los proyectos de restauración ecológica más ambiciosos del país.

Sin embargo, el diferencial del programa no radica únicamente en la magnitud de la forestación, sino en el modelo de sostenibilidad diseñado para garantizar la supervivencia y recuperación efectiva del ecosistema a largo plazo.

El proyecto apunta a reconstruir corredores biológicos, recuperar biodiversidad y restablecer servicios ambientales en zonas degradadas. Para ello, fueron seleccionadas más de 70 especies nativas, entre ellas nueve consideradas amenazadas, evitando así los modelos tradicionales de monocultivo forestal que suelen ser cuestionados por especialistas ambientales.

La primera etapa del programa ya supera las 1.000 hectáreas restauradas y las tareas de plantación comenzaron en septiembre de 2023. La meta final es completar las 2.000 hectáreas distribuidas en cinco regiones estratégicas desde el punto de vista ecológico.

En los últimos años, distintos expertos ambientales comenzaron a advertir que muchas campañas globales de plantación de árboles fracasan porque priorizan cantidad sobre calidad ecológica. La falta de diversidad de especies, la ausencia de mantenimiento y la escasa participación comunitaria suelen convertirse en factores críticos.

Precisamente allí es donde Sembrando Futuro 2.0 intenta diferenciarse. El proyecto incorporó acuerdos de conservación renovables a 40 años con propietarios privados, pequeños productores y organizaciones comunitarias. Esa escala temporal modifica completamente la lógica habitual de los programas de reforestación, muchas veces limitados a ciclos políticos o financiamientos de corto plazo.

El esquema busca que las comunidades locales no queden relegadas a un rol secundario, sino que participen activamente en los beneficios económicos derivados de la conservación ambiental.

Hasta el momento ya se firmaron 25 acuerdos de conservación y los participantes reciben cerca del 55% de los ingresos asociados a créditos de carbono generados por el proyecto. Ese componente económico aparece como uno de los pilares centrales de la iniciativa.

La lógica detrás del modelo es simple: transformar la protección del bosque en una actividad económicamente viable para quienes viven en esos territorios. De esta manera, la conservación deja de depender exclusivamente de la conciencia ambiental y comienza a integrarse dentro de las economías regionales.

Además del impacto ecológico, el programa ya generó más de 240 empleos locales vinculados a viveros, plantación, monitoreo y mantenimiento forestal.

El proyecto también recibió una calificación “A” de Sylvera, firma internacional especializada en evaluación de proyectos de carbono. La calificación destacó especialmente el diseño técnico, la contabilidad de carbono y los beneficios sociales y ambientales de la iniciativa.

El caso colombiano se produce en un momento en que América Latina busca posicionarse como actor clave dentro de los mercados globales de carbono y soluciones basadas en naturaleza. La región concentra algunos de los ecosistemas más biodiversos del planeta, pero también enfrenta fuertes presiones por deforestación, expansión agropecuaria y degradación ambiental.

La experiencia de Sembrando Futuro 2.0 comienza a ser observada con atención por distintos países de la región debido a su combinación de restauración ecológica, financiamiento climático y participación comunitaria.

El desafío de fondo, sostienen especialistas, ya no pasa solamente por plantar árboles, sino por lograr que los bosques sobrevivan, recuperen biodiversidad y generen incentivos económicos suficientes para garantizar su preservación durante décadas.

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Petro rechaza denuncias por narcotráfico

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Gustavo Petro decidió responder de manera directa y política a una acusación que, aun sin notificación formal, amenaza con alterar el delicado equilibrio de su relación con Estados Unidos. Este viernes, el presidente de Colombia negó tener vínculos con el narcotráfico luego de que circularan reportes periodísticos sobre posibles investigaciones en oficinas federales de EE.UU. por presuntas reuniones con criminales y eventuales donaciones a su campaña presidencial. La reacción no quedó solo en una defensa personal: la Embajada de Colombia en Washington se alineó con el mandatario, descalificó la publicación por estar “basado en fuentes anónimas y falto de hallazgos” y remarcó que no recibió ninguna notificación formal de autoridad competente. El dato central, por ahora, no es una imputación ni una actuación judicial confirmada, sino la irrupción de una sospecha en un momento de recomposición bilateral. Y ahí aparece la tensión de fondo: si se trata de un episodio mediático con derivación incierta o de un elemento capaz de volver a desordenar una relación que recién empezaba a salir del conflicto.

Una denuncia sin notificación formal, pero con impacto político inmediato

La secuencia se activó a partir de reportes de medios que retomaron un artículo de The New York Times, según el cual al menos dos oficinas de fiscales federales de Estados Unidos estaban investigando posibles vínculos de Petro con el narcotráfico. El foco, siempre según esa publicación citada en el texto base, estaría puesto en reuniones con criminales y en aportes a su campaña presidencial.

Petro eligió contestar en su cuenta de X y lo hizo con un mensaje que buscó desactivar tanto la sospecha judicial como la narrativa política que podría desprenderse de ella. “En Colombia no existe una sola investigación sobre relación mia con narcotraficantes”, escribió, y atribuyó esa situación a una razón tajante: “nunca en mi vida he hablado con un narcotraficante”. No se limitó a negar. También intentó invertir el sentido de la acusación al recordar que dedicó diez años de su vida a denunciar vínculos entre narcotraficantes y dirigentes políticos, gobiernos locales y nacionales, en lo que definió como una etapa de “gobernanza paramilitar”.

La Embajada de Colombia en Estados Unidos reforzó esa línea. Sostuvo que ninguna autoridad competente de EE.UU. emitió determinación o notificación formal alguna ni confirmó las afirmaciones del reporte. Además, afirmó que las insinuaciones carecen de “fundamento jurídico y fáctico”. En términos institucionales, esa intervención buscó algo más que respaldar al Presidente: intentó fijar la posición oficial del Estado colombiano ante un episodio que, de escalar, puede salirse del terreno mediático y convertirse en un problema diplomático.

La defensa del Gobierno apunta a preservar el canal político con Trump

La reacción del gobierno colombiano no ocurre en el vacío. Llega cuando Bogotá y Washington venían ensayando un acercamiento luego de meses de confrontación. Ese dato modifica la lectura del episodio. No se trata solo de una denuncia sensible sobre el Presidente de Colombia, sino de una perturbación en un vínculo bilateral que el propio Petro venía intentando recomponer con Donald Trump.

Según el texto base, la semana pasada ambos mandatarios mantuvieron una llamada telefónica de casi media hora, la segunda desde que Trump regresó a la Casa Blanca en enero de 2025. La conversación giró sobre cooperación energética, lucha contra el narcotráfico y la situación en Venezuela. Esa agenda no es neutra. Muestra que la relación estaba siendo reconstruida sobre temas de alta densidad geopolítica y de seguridad, precisamente aquellos que podrían quedar más expuestos si prosperaran sospechas en torno al Presidente colombiano.

El acercamiento ya había tenido hitos previos. Tras meses de insultos públicos, amenazas de sanciones, fricciones diplomáticas y el fin de la ayuda financiera a Colombia, Trump y Petro hablaron por primera vez el 7 de enero. Ese contacto abrió un canal directo y, casi un mes después, el 3 de febrero, ambos se reunieron en Washington en un encuentro que definieron como “muy buena” y con “aire optimista”.

Ese contexto vuelve especialmente sensible la aparición de versiones sobre investigaciones federales. Porque la novedad no golpea en una etapa de ruptura abierta, donde todo ya estaba roto, sino en una fase de reconstrucción donde todavía no hay demasiados márgenes de confianza acumulada.

El antecedente de las acusaciones de Trump vuelve a cargar de sentido el episodio

Hay otro elemento que explica por qué la reacción fue tan rápida. Trump ya había calificado a Petro como un “líder narcotraficante”, algo que el mandatario colombiano negó repetidamente. Esa acusación no quedó en el terreno de una frase suelta: formó parte de un período de deterioro bilateral con consecuencias concretas en la relación entre ambos gobiernos.

Por eso, aun cuando la Embajada remarca que no existe notificación formal y que el reporte se sostiene en fuentes anónimas, el episodio no puede leerse como una simple controversia de prensa. Tiene un peso político acumulado. Reactiva una línea de ataque que ya había sido usada en el pasado reciente y que puede volver a tensionar la interlocución entre Bogotá y Washington.

Además, el texto base ubica otro antecedente de alto voltaje en el tablero regional: la operación militar estadounidense en Caracas que terminó con la captura de Nicolás Maduro, a quien Washington acusa de narcoterrorismo, narcotráfico y manejo de armas. Maduro niega esos cargos y espera una nueva audiencia judicial en Nueva York la próxima semana. Aunque se trata de un caso distinto, su sola mención en la cronología del acercamiento entre Petro y Trump muestra que la agenda regional de Estados Unidos combina diplomacia, seguridad y expedientes judiciales. En ese marco, cualquier insinuación sobre un líder regional vinculada al narcotráfico adquiere una densidad mayor.

Más que un problema judicial, un riesgo de desgaste político e institucional

Con los datos disponibles, no hay imputación, ni notificación formal, ni confirmación oficial de una investigación. Pero eso no elimina el impacto político. En escenarios de alta polarización, muchas veces el costo no empieza con una resolución judicial sino con la instalación de una sospecha. Y el texto base deja claro que el Gobierno colombiano intenta evitar precisamente eso: que una versión sin validación institucional se convierta en una herramienta de desgaste permanente.

Petro eligió defenderse desde dos planos. Uno personal, al negar cualquier contacto con narcotraficantes. Otro histórico-político, al reivindicar su trayectoria de denuncias contra los vínculos entre crimen y política. La Embajada, en cambio, habló en lenguaje diplomático y jurídico, con el objetivo de marcar ausencia de actos formales y cuestionar la consistencia del reporte. Esa división de roles sugiere una estrategia coordinada: contener el daño interno y, al mismo tiempo, impedir que la cuestión escale en el frente bilateral.

El punto delicado es que, aunque la desmentida oficial logre frenar la narrativa en lo inmediato, la mera circulación del tema ya introduce ruido en una agenda compartida con Washington donde el combate al narcotráfico ocupa un lugar central. Ahí aparece la principal paradoja política del caso: Petro niega cualquier vínculo y su gobierno subraya que no existe notificación alguna, pero el episodio lo obliga a defenderse justamente en el terreno donde buscaba mostrar cooperación con Estados Unidos.

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