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El comercio explica uno de cada siete pesos de la economía misionera, pero el consumo masivo sigue estancado

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El comercio es uno de los grandes motores de la economía misionera, pero también uno de sus termómetros más sensibles. Su evolución refleja con rapidez los cambios en el salario real, el consumo de los hogares, el acceso al crédito, el precio relativo de los países vecinos y, cada vez más, la expansión de las plataformas digitales.

El último informe sectorial del Instituto Provincial de Estadística y Censos ofrece por primera vez una radiografía desagregada de ese universo. El estudio divide al comercio provincial en 15 subramas y reconstruye su comportamiento entre 2018 y 2024, incluyendo actividades minoristas, mayoristas y la cadena vinculada con vehículos y motocicletas.

La primera conclusión es contundente: en 2024, el comercio al por mayor y menor, junto con la reparación de vehículos, generó un Valor Agregado Bruto de $1.448.186 millones, es decir, aproximadamente $1,45 billones a valores corrientes.

Ese volumen representó el 14,2% del valor agregado total de Misiones y ubicó al comercio como el segundo sector más importante de la economía provincial, solamente detrás de la industria manufacturera. Su participación se mantuvo relativamente estable durante todo el período, dentro de una banda que osciló entre el 13% y el 14,2%.

Pero la multiplicación nominal de los valores, especialmente intensa durante los años de alta inflación, no debe confundirse con crecimiento productivo. A precios constantes de 2018, el VAB comercial pasó de $32.326 millones en 2018 a $36.482 millones en 2024. Eso representa una expansión real acumulada del 12,9% en seis años, equivalente a un crecimiento promedio cercano al 2% anual.

La trayectoria, además, estuvo lejos de ser lineal. El sector creció 5,9% en 2019, se desplomó 17,9% en 2020 por la pandemia, recuperó 15,3% en 2021 y avanzó otro 14,4% en 2022. Luego volvió a caer 4% en 2023 y apenas se recuperó 2,5% en 2024, en el segundo año de Javier Milei en el poder.

En otras palabras, el comercio misionero terminó 2024 por encima del nivel de 2018, pero todavía 1,5% por debajo del máximo real alcanzado en 2022. El crecimiento de largo plazo convive así con un estancamiento más reciente, muy condicionado por el deterioro del poder adquisitivo y la debilidad del consumo. La serie oficial muestra un índice real de 112,9 puntos en 2024, frente al máximo de 114,6 alcanzado dos años antes.

ECONOMÍA DE MISIONES

El comercio explica uno de cada siete pesos del PBG

Radiografía del sector comercial misionero en 2024

VALOR AGREGADO BRUTO $1,45 billones A precios corrientes de 2024
PESO EN LA ECONOMÍA 14,2% del VAB provincial Segundo sector, detrás de la industria
CRECIMIENTO REAL +12,9% entre 2018 y 2024 Pero 1,5% debajo del máximo de 2022

Cómo se distribuye el valor agregado

Comercio minorista 57,6%
Comercio mayorista 29,1%
Vehículos y reparación 13,3%
Mayor crecimiento real +70,3% Minorista de alimentos y bebidas
Mayor caída real -27,0% Venta de vehículos automotores
Consumo masivo -2,8% Supermercados vs. 2018
Contribuyentes 15.522 12,3% menos que en el pico de 2021
LA CLAVE

El comercio creció en el largo plazo, pero el principal canal de consumo masivo terminó 2024 por debajo de 2018 y el sector aún no recuperó el máximo real alcanzado en 2022.

El comercio minorista concentra casi seis de cada diez pesos

La estructura comercial de Misiones está claramente dominada por la venta minorista. En 2024, el comercio al por menor generó $831.762 millones, equivalentes al 57,6% del VAB del sector.

El comercio mayorista aportó otros $422.334 millones, con una participación del 29,1%, mientras que la venta, mantenimiento y reparación de vehículos y motocicletas representó $194.090 millones, el 13,3% restante.

Esta estructura confirma el peso que tienen el consumo cotidiano, los comercios de cercanía, los supermercados, las farmacias, la indumentaria, el equipamiento del hogar y los establecimientos de alimentos dentro de la economía provincial.

Sin embargo, el liderazgo minorista no necesariamente implica dinamismo. La mayor rama del comercio está formada por miles de unidades pequeñas y medianas, es particularmente sensible a la evolución del salario real y presenta una informalidad considerable en sus segmentos de menor escala.

Supermercados: el segmento más grande, pero sin crecimiento real

Los supermercados y autoservicios constituyen la principal subrama comercial de Misiones. En 2024 generaron un VAB de $290.298 millones y explicaron el 20,1% de todo el valor agregado comercial.

Les siguieron el comercio minorista especializado, con $229.575 millones y 15,9%; el comercio mayorista de alimentos, bebidas y tabaco, con $223.130 millones y 15,4% y los comercios de equipos para el hogar, electrónica e informática, con $150.367 millones y 10,4%. 

Después aparecen el comercio minorista de alimentos y bebidas, con $117.176 millones y 8,1%.

Las tres primeras actividades concentraron en conjunto el 51,4% del VAB comercial, lo que muestra una concentración moderada dentro de un sector empresarialmente muy atomizado.

El dato más revelador aparece cuando se elimina el efecto de los precios. El valor agregado real de supermercados y autoservicios cayó 2,8% entre 2018 y 2024.

Eso significa que el canal comercial más grande de la provincia terminó el período vendiendo, en términos reales, prácticamente lo mismo o algo menos que seis años antes. Esta trayectoria refleja una expresión del estancamiento del consumo masivo.

Las familias buscaron preservar el gasto en alimentos y productos esenciales, pero lo hicieron reduciendo cantidades, sustituyendo marcas y trasladándose hacia opciones más económicas. La facturación nominal aumentó con fuerza, aunque el volumen económico deflactado prácticamente no avanzó.

La conclusión económica es relevante: el comercio alimentario funcionó como refugio del gasto de los hogares, pero no como motor expansivo. Su estabilidad evitó una contracción mayor del sector, aunque también dejó en evidencia los límites impuestos por la pérdida de poder adquisitivo.

Dentro del universo minorista, el comercio especializado en alimentos y bebidas mostró una de las transformaciones más importantes. Su VAB real pasó de $1.733 millones en 2018 a $2.952 millones en 2024, una expansión acumulada del 70,3%. Al mismo tiempo, su participación en el comercio total subió del 5,4% al 8,1%, una ganancia de 2,7 puntos porcentuales.

El crecimiento puede asociarse con una mayor dispersión de bocas de proximidad, comercios especializados y formatos pequeños, así como con cambios en los hábitos de compra. Mientras los supermercados perdieron participación, los establecimientos minoristas de alimentos ganaron espacio relativo.

El comercio minorista especializado -que incluye actividades como indumentaria, calzado, farmacias, librerías y otros rubros- también tuvo un desempeño favorable: creció 23,1% en términos reales entre 2018 y 2024 y elevó su participación del 14,5% al 15,9%.

El comercio mayorista representa menos de un tercio del VAB comercial, pero cumple un papel central en el abastecimiento de la provincia. Se trata de un segmento más concentrado, con menor cantidad de empresas y mayor volumen económico por unidad.

La principal actividad es el comercio mayorista de alimentos, bebidas y tabaco, que generó $223.130 millones en 2024. A precios constantes, creció 11,6% desde 2018, una expansión moderada, pero más firme que la registrada por los supermercados.

El IPEC señala que la escala, la necesidad de capital de trabajo, el almacenamiento y la capacidad logística favorecen la concentración de operadores. Esa posición intermedia en la cadena permite al mayorista amortiguar parcialmente las fluctuaciones del consumo final.

Dentro del segmento se destacan, además, dos expansiones:

  • el comercio mayorista de uso doméstico creció 60,7% en términos reales;
  • el mayorista especializado y de maquinaria avanzó 41,2%.

La mayor variación porcentual correspondió al mayorista de materias primas agropecuarias, cuyo VAB real aumentó 182%. Sin embargo, su peso continúa siendo marginal: apenas explica el 0,4% del sector. Por tratarse de una base inicial muy baja, su crecimiento porcentual debe leerse con cautela.

En Misiones, esta subrama tiene relevancia cualitativa porque se vincula con los complejos yerbatero, tealero, tabacalero y forestal, aunque todavía representa una fracción pequeña del comercio provincial.

La venta de automóviles es la gran perdedora

La transformación estructural más fuerte del período ocurrió en el comercio automotor.

La venta de vehículos registró una contracción real del 27% entre 2018 y 2024, la caída más profunda entre las 15 subramas relevadas. Su participación en el VAB comercial se redujo del 9,2% al 5,9%, una pérdida de 3,3 puntos porcentuales.

El informe advierte que 2018 había sido un año excepcionalmente alto para los patentamientos, antes del inicio de un ciclo recesivo que afectó especialmente a los bienes durables.

La caída de las ventas nuevas no se trasladó de manera uniforme al resto de la cadena. El comercio de partes, piezas y accesorios creció 28,7% en términos reales, mientras que motocicletas, venta y reparación avanzó cerca de 33%.

La explicación es económica y mecánica: cuando se venden menos unidades nuevas, el parque circulante envejece, aumenta la vida útil de los vehículos y crece la demanda de mantenimiento y repuestos.

No obstante, el VAB real específico de mantenimiento y reparación terminó 23,3% por debajo de 2018, pese a la fuerte recuperación registrada en 2022. El mecanismo compensatorio existió, pero no alcanzó a neutralizar completamente el deterioro de la cadena automotriz. El propio informe describe esta relación entre menores ventas, envejecimiento del parque y sostenimiento relativo de talleres y casas de repuestos.

Hay menos contribuyentes que en el pico de 2021

El comercio es también el sector con mayor cantidad de contribuyentes de Ingresos Brutos de Misiones. El padrón pasó de 15.338 contribuyentes en 2018 a un máximo de 17.692 en 2021. Posteriormente descendió a 16.044 en 2022 y a 15.522 en 2023, nivel que se mantuvo estadísticamente para 2024.

La comparación deja varias lecturas:

  • frente a 2018, el padrón creció apenas 1,2%;
  • frente al máximo de 2021, cayó 12,3%;
  • entre 2022 y 2023, se redujo en 522 unidades.

Las dos subramas con mayor cantidad de contribuyentes son el comercio minorista especializado, con 3.896 unidades, y supermercados y autoservicios, con 3.263. En conjunto concentran casi el 46% del padrón comercial formal.

También aparece un cambio en la estructura empresarial. Entre 2018 y 2024, supermercados y autoservicios perdieron 134 contribuyentes, mientras que los comercios minoristas de alimentos y bebidas disminuyeron en 106.

En contraste, el comercio de equipos para el hogar, electrónica e informática sumó 208 contribuyentes; partes y accesorios incorporó 75; y el minorista especializado agregó 97.

No obstante, el IPEC advierte que la cifra de 2024 no surge de un padrón plenamente comparable. Debido a un cambio de cobertura en la base tributaria, la estructura de ese año fue mantenida al nivel de 2023. Por lo tanto, no corresponde interpretar la igualdad entre ambos ejercicios como una estabilidad empresarial comprobada.

Frontera: el factor que amplifica el ciclo comercial

En una provincia con más del 90% de su perímetro lindante con Paraguay y Brasil, el comercio no depende únicamente del ingreso interno. También está determinado por la relación cambiaria con Encarnación, Ciudad del Este y las ciudades brasileñas próximas a la frontera.

Cuando el peso se aprecia en términos reales, una parte del consumo misionero se desplaza hacia Paraguay o Brasil. Cuando ocurre lo contrario, las compras se retraen en los países vecinos e incluso se genera un flujo de consumidores extranjeros hacia Misiones.

Esta dinámica introduce una volatilidad que no necesariamente responde a la evolución del salario o del empleo local. Dos períodos con ingresos similares pueden generar resultados comerciales muy distintos según el diferencial cambiario.

El fenómeno, además, no queda completamente registrado en las estadísticas tributarias. Las compras realizadas fuera de la provincia reducen las ventas locales, pero no aparecen directamente como una variable dentro del padrón de ATM. El informe señala que el registro formal solamente capta ese desplazamiento de manera indirecta.

Las plataformas digitales también desdibujan el mapa comercial

El segundo cambio estructural es la digitalización.

Desde 2020, el comercio electrónico aceleró la migración desde las tiendas físicas hacia plataformas y ventas a distancia. El desafío estadístico es que una compra realizada por un consumidor misionero puede ser facturada por una empresa radicada en otra jurisdicción.

Así, parte del consumo provincial deja de reflejarse como valor agregado generado en Misiones, aunque el comprador y la entrega final estén localizados dentro de la provincia.

La frontera física y la digital producen un efecto parecido: separan el lugar donde reside el consumidor del lugar donde queda registrada la operación. El informe propone incorporar indicadores específicos de comercio electrónico en futuras mediciones.

El estudio utiliza registros de aproximadamente 15.500 contribuyentes y una encuesta integrada por 108 empresas comerciales. La muestra comprende dos firmas grandes, ocho medianas, 42 pequeñas y 56 microempresas.

Sin embargo, la medición presenta límites importantes. El padrón tributario permite observar el comercio formal, pero deja subrepresentadas las ferias, la venta ambulante, los emprendimientos no registrados y otras formas de comercialización informal.

El sesgo es especialmente relevante en los segmentos minoristas de menor escala. Por eso, algunas ramas podrían tener un peso económico superior al que surge de los registros fiscales

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Supermercados y mayoristas no ven un consumo firme ni recuperación en el corto plazo

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El consumo masivo continúa sin mostrar una recuperación sólida. Pese a la desaceleración inflacionaria y cierta estabilización macroeconómica, las empresas vinculadas al comercio supermercadista y mayorista mantienen una visión prudente sobre la evolución del mercado interno y siguen operando bajo un escenario de demanda debilitada.

Así surge de la última Encuesta de Tendencia de Negocios del INDEC para supermercados y autoservicios mayoristas, donde el Indicador de Confianza Empresarial (ICE) se ubicó en -4,4%, todavía en terreno negativo aunque bastante menos deteriorado que el observado en la industria manufacturera.

La percepción sobre la situación actual sigue siendo predominantemente desfavorable. El 32% de las empresas calificó como mala su situación comercial, mientras apenas 5,3% la consideró buena. El balance general quedó en -26,7%.

La demanda vuelve a aparecer como el principal problema estructural. El 57,3% de las firmas señaló que la falta de consumo limita la capacidad para aumentar la actividad comercial, muy por encima de otros factores como el costo laboral (21,3%), el costo financiero (6,7%) o la competencia sectorial (5,3%).

El relevamiento muestra además que muchas empresas continúan operando con niveles ajustados de mercadería. El 25,3% aseguró tener stocks por debajo de lo normal y solo 13,3% afirmó contar con inventarios superiores a los habituales.

En paralelo, persisten dificultades financieras relevantes. Apenas 2,7% considera fácil acceder al crédito, mientras más del 30% califica el financiamiento como difícil.

Otro dato relevante es que el 73,3% de las empresas afirmó haber aumentado precios promedio de venta durante el último mes, señal de que la presión inflacionaria todavía continúa presente en buena parte de la cadena comercial.

Sin embargo, esas subas de precios no se traducen necesariamente en mejores perspectivas de negocios. Para el trimestre mayo-julio, solo 18,7% de las empresas espera una mejora de la situación comercial, mientras 17,3% proyecta un empeoramiento. El balance queda prácticamente neutro, en apenas 1,3%.

Más delicado aún aparece el vínculo con proveedores. Apenas 4% de las firmas prevé aumentar pedidos, mientras una de cada cuatro anticipa una reducción, una señal que refleja la cautela empresarial respecto de la evolución futura del consumo masivo.

El informe confirma que, aunque la economía comienza a estabilizar algunas variables macro, el consumo todavía no logra recomponerse con fuerza. El comercio percibe un mercado más ordenado que en 2024, pero todavía lejos de una recuperación vigorosa capaz de impulsar expansión sostenida de ventas y actividad.

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Negocios: el consumo deja de hundirse, pero los mayoristas siguen comprando con freno

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En supermercados y autoservicios mayoristas, el segundo trimestre arranca con una sensación ambigua. La encuesta del INDEC muestra que lo peor del humor empresario podría haber quedado atrás, pero la mejora todavía no se traduce en decisiones expansivas. El Indicador de Confianza Empresarial se ubicó en -6,2% en marzo: sigue en terreno negativo, aunque bastante menos deteriorado que la industria y lejos de los pisos observados en etapas más críticas de la serie. Es un dato que habla más de estabilización que de rebote.

La foto actual del sector sigue siendo adversa. En marzo, 37,3% de las empresas definió como mala su situación comercial, mientras apenas 5,3% la evaluó como buena. El balance fue de -32,0%, lo que confirma que el negocio aún opera bajo tensión. Sin embargo, cuando se consulta por el trimestre abril-junio, el resultado cambia de signo: 16,0% espera una mejora, 14,7% prevé un empeoramiento y 69,3% cree que todo seguirá igual. El balance positivo, de 1,3%, es mínimo, pero rompe con la lógica enteramente contractiva.

Esa diferencia entre presente malo y futuro apenas mejor ilustra bastante bien el momento del comercio mayorista. Las empresas ya no esperan un desplome adicional, pero tampoco muestran convicción suficiente como para acelerar compras, ampliar dotaciones o asumir riesgos operativos. De hecho, el dato más elocuente de esa prudencia aparece en la relación con proveedores: para los próximos tres meses, apenas 1,3% de las firmas espera aumentar el volumen de pedidos, mientras 24,0% prevé una reducción. El balance se hunde a -22,7%. En lenguaje de negocios, esto significa que los mayoristas no están apostando a una recomposición vigorosa de ventas.

También los stocks revelan una lógica defensiva. En marzo, 25,3% de las empresas dijo tener existencias por debajo de lo normal, contra 13,3% que las ubicó por encima, con un balance de -12,0%. No parece tratarse de una sobreacumulación, sino más bien de inventarios administrados con cautela, coherentes con un mercado que todavía no garantiza una demanda firme.

La principal limitación para expandir la actividad comercial sigue siendo, con claridad, la demanda. El 58,7% de las firmas la ubicó como el factor que más restringe el crecimiento del negocio. Es un peso incluso mayor que el registrado tres meses atrás, cuando marcaba 55,8%. El segundo factor, bastante más atrás, es el costo laboral, con 17,3%, aunque en este caso cayó fuerte respecto del 28,6% previo. En cambio, el costo de financiamiento subió de 3,9% a 6,7%, lo que sugiere que, aunque la demanda es el problema dominante, el frente financiero vuelve a ganar relevancia en la gestión cotidiana.

La situación financiera de las empresas no aparece colapsada, pero sí bajo presión. Solo 9,3% la considera buena, mientras 24,0% la define como mala; el balance es de -14,7%. El acceso al crédito, además, sigue siendo claramente restrictivo: apenas 2,7% lo califica como fácil y 30,7% como difícil, con un balance de -28,0%. Para un sector que opera con márgenes finos, alta rotación y necesidad permanente de capital de trabajo, esa restricción es decisiva.

Un aspecto interesante del informe es el comportamiento de la competencia. En los últimos tres meses, 20,0% de las firmas dijo que aumentó la competencia en su sector, contra 6,7% que percibió una disminución, con un balance de -13,3%. En otras palabras, aun con demanda floja, el mercado sigue tensionado por jugadores que disputan volumen, precio y participación. Esa mayor presión competitiva suele traducirse en promociones, menores márgenes y estrategias más agresivas para sostener flujo de ventas.

El dato más sensible del relevamiento, quizá, está en el empleo. Para los próximos tres meses, ninguna firma prevé aumentar la cantidad de personas empleadas; 76,0% cree que no habrá cambios y 24,0% espera una reducción. El balance es de -24,0%, uno de los registros más duros del informe. Es una señal inequívoca: aun cuando la expectativa sobre la situación comercial deja de ser negativa, el sector no está dispuesto a traducir esa mejora marginal en nuevas contrataciones. Al contrario, sigue priorizando eficiencia y ajuste.

En precios, la dinámica continúa muy activa. Durante el último mes, 65,3% de las empresas afirmó haber aumentado sus precios promedio de venta y solo 1,3% dijo haberlos bajado. Hacia adelante, para el próximo trimestre, 69,3% espera nuevas subas, 29,3% cree que permanecerán sin cambios y 1,3% proyecta bajas. El mensaje es claro: aunque la demanda siga siendo el principal problema, la recomposición de precios no se detiene.

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Empresarios mayoristas respaldaron la reforma laboral y pidieron eliminar aportes obligatorios que encarecen el empleo

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Empresarios del sector de autoservicios mayoristas expresaron su apoyo al proyecto de reforma laboral que impulsa el Gobierno y que se discute en el Senado de la Nación. La Cámara Argentina de Distribuidores y Autoservicios Mayoristas (CADAM) consideró que la iniciativa constituye un paso clave para incentivar la creación de empleo formal y mejorar la competitividad de las pymes, en un contexto de altos costos laborales y márgenes ajustados para el comercio. Durante un encuentro con equipos técnicos del Senado, la entidad detalló cuatro ejes centrales del proyecto que, a su entender, modernizan las relaciones laborales y corrigen distorsiones que hoy desalientan la contratación.

La posición de CADAM se inscribe en un debate más amplio sobre la estructura de costos del empleo en la Argentina y el rol de los aportes obligatorios a cámaras empresarias y entidades vinculadas a los convenios colectivos. Para el sector mayorista, la reforma laboral abre una ventana para revisar prácticas que consideran anacrónicas y poco transparentes, especialmente para las pequeñas y medianas empresas.

Los cuatro puntos de la reforma laboral que apoyan los mayoristas

La comitiva de CADAM estuvo encabezada por su vicepresidente, Armando Farina, quien expuso ante los equipos técnicos del Senado los principales aspectos del proyecto que la entidad considera positivos. En primer lugar, destacaron la implementación del banco de horas como un mecanismo de flexibilidad laboral acordado entre las partes, que permitiría adaptar la jornada a los picos de actividad sin incrementar de manera automática los costos.

En segundo término, respaldaron la posibilidad de celebrar convenios laborales adaptados a la realidad de las pymes, con esquemas más acordes a la escala y dinámica de los pequeños comercios. El tercer punto señalado fue la habilitación de las billeteras virtuales como medio para acreditar salarios, una medida que apunta a modernizar los mecanismos de pago y reducir fricciones operativas. Por último, CADAM valoró el carácter voluntario de los aportes a cámaras empresariales y solicitó que ese criterio se extienda también a los aportes sindicales.

A estos ejes se sumó un reclamo puntual: la eliminación de aportes solidarios y contribuciones que, según los empresarios, “encarecen innecesariamente el costo laboral”. Entre ellos mencionaron el aporte solidario por Covid-19 a la obra social Osecac, que se aplica esté o no afiliado el trabajador, y el seguro de retiro La Estrella.

Aportes obligatorios y conflicto de intereses en las paritarias

Uno de los tramos más críticos de la postura de CADAM estuvo centrado en el esquema de aportes obligatorios a cámaras empresarias dentro del sector comercio. “Las paritarias se han transformado en una mesa de amigos”, afirmó Farina, al cuestionar el rol de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) y la Cámara Argentina de Comercio (CAC), que participan de las negociaciones salariales y, al mismo tiempo, son beneficiarias directas de esos aportes. Para los mayoristas, esta situación configura un “evidente conflicto de intereses”.

CADAM puso como ejemplo el aporte obligatorio que cada empleado de comercio realiza al Instituto Argentino de Capacitación Profesional (INACAP). Según la entidad, esos fondos “se redistribuyen en gran parte entre la CAC y la CAME bajo el argumento de capacitación y fortalecimiento institucional”. El planteo apunta a que, con cada aumento salarial acordado en paritarias, estas entidades incrementan automáticamente su recaudación, pese a ser actores centrales de la negociación. “Esto implica que con cada aumento salarial paritario, estas entidades se ‘autobenefician’ con una mayor recaudación”, sostuvieron.

El reclamo no es aislado. De acuerdo con CADAM, desde el año pasado numerosas entidades empresarias expusieron sus quejas ante el Congreso de la Nación, entre ellas la Confederación Federal PyME de la República Argentina, la Unión de Kiosqueros de la República Argentina, el Centro Comercial de Victoria (Entre Ríos), la Federación Económica de Mendoza y la Cámara de Perfumerías de Argentina. El denominador común es la crítica a los mecanismos compulsivos de financiamiento que, en la práctica, se trasladan a mayores costos laborales.

Impacto en pymes y expectativas sobre el debate legislativo

Desde la óptica del sector mayorista, la reforma laboral tiene un impacto directo sobre la estructura de costos de las pymes, que concentran buena parte del empleo formal en la Argentina. “La libertad de asociación, la transparencia y la representatividad genuina son pilares indispensables”, sostuvo Farina, al tiempo que remarcó que el proyecto “termina con mecanismos compulsivos que solo encarecen el empleo y desalientan la inversión”.

El respaldo de CADAM suma presión al debate legislativo en el Senado, donde la reforma laboral se analiza como una herramienta para dinamizar el mercado de trabajo. Si bien el texto final aún está en discusión, el posicionamiento de los empresarios del comercio mayorista anticipa un alineamiento del sector con aquellas medidas que reduzcan costos, introduzcan flexibilidad y limiten los aportes obligatorios. El resultado de ese debate será clave para definir el impacto real de la reforma sobre la competitividad de las pymes y la creación de empleo formal en los próximos años.

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