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Starlink, ARSAT, Marandú y la conectividad rural: el caso Misiones sobre cuánto cuesta llevar Internet a una escuela

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La decisión del Gobierno nacional de avanzar con Starlink para conectar 6.000 establecimientos educativos rurales abrió una discusión que, presentada únicamente en dólares, parece sencilla: ¿por qué pagar alrededor de 160 dólares mensuales por una conexión si la empresa estatal ARSAT puede ofrecer un servicio por 60 o 70?

La diferencia es suficientemente grande como para encender las alarmas. A simple vista, Starlink costaría entre 2,3 y 2,7 veces más. Y el interrogante se vuelve todavía más relevante porque, después del período inicial contemplado por el programa, el sostenimiento de las conexiones terminará recayendo sobre provincias y municipios.

Pero la experiencia acumulada por Misiones con conectividad satelital obliga a incorporar otra pregunta antes de cerrar la ecuación: ¿se están comparando servicios equivalentes?

Francisco Arizaga, analista universitario en Sistemas de Información, consultor tecnológico independiente y conocedor de la infraestructura digital desarrollada en Misiones, a través de Marandú, sostiene que no. Su planteo no pasa por negar el valor estratégico de ARSAT ni por minimizar la discusión sobre la forma en que Nación estructuró el acuerdo con la compañía de Elon Musk. Al contrario: considera indispensables la transparencia, la competencia y la preservación de las capacidades tecnológicas argentinas.

El punto es otro. Para determinar cuánto cuesta realmente conectar una escuela no alcanza con comparar dos facturas mensuales. Hay que comparar qué recibe esa escuela por ese dinero, cuánto cuesta instalar el servicio, qué infraestructura adicional necesita, cuánto cuesta mantenerla y durante cuánto tiempo permanece efectivamente conectada.

Ahí comienza una discusión mucho más interesante que Starlink versus ARSAT.

El programa nacional prevé incorporar 6.000 kits de conectividad satelital de Starlink. La compañía aportaría equipos, accesorios, logística y los primeros 24 meses de servicio prioritario, mientras que el Fondo del Servicio Universal financiaría instalación, soporte, monitoreo y el tercer año.

La inversión conjunta rondaría los 22 millones de dólares: unos US$10 millones correspondientes al aporte de Starlink y aproximadamente US$12 millones provenientes del Fondo del Servicio Universal.

El interrogante aparece después.

Una vez terminado ese período, provincias y municipios adheridos deberían hacerse cargo de un servicio cuyo valor fue estimado en alrededor de US$160 mensuales por establecimiento.

ARSAT, en cambio, presta actualmente conexiones satelitales a escuelas rurales por aproximadamente US$60 a US$70 mensuales.

Tomando solamente esos números, la conclusión parece contundente.

A US$160 mensuales, sostener las 6.000 conexiones demandaría unos US$960.000 por mes y US$11,52 millones por año.

A US$60, la misma cantidad de conexiones representaría US$360.000 mensuales y US$4,32 millones anuales. Incluso tomando US$70, serían US$5,04 millones por año.

La brecha potencial, por lo tanto, oscila entre US$6,48 millones y US$7,2 millones anuales. Es mucho dinero.

Pero todavía no alcanza para determinar cuál sistema resulta económicamente más conveniente.

El dato que cambia la comparación: qué conexión recibe la escuela

El propio debate nacional introduce una diferencia tecnológica central. Las conexiones que actualmente presta ARSAT en algunos establecimientos rurales operan, según lo consignado en el artículo que disparó la discusión, con velocidades de entre 3 y 5 Mbps.

Arizaga plantea que una conexión satelital LEO (Low Earth Orbit u órbita terrestre baja) puede ofrecer prestaciones muy superiores, particularmente en velocidad y latencia. Y eso modifica radicalmente qué puede hacerse con la conexión.

No es una discusión menor.

Una conexión de pocos megabits puede resolver correo electrónico, mensajería, trámites administrativos y navegación relativamente básica. Pero una escuela conectada hoy necesita potencialmente videoconferencias, plataformas educativas, contenidos audiovisuales, almacenamiento en la nube, sistemas administrativos, aplicaciones interactivas y, cada vez más, herramientas vinculadas con inteligencia artificial.

La velocidad es solamente una variable. La otra es la latencia.

Los ARSAT-1 y ARSAT-2 son satélites geoestacionarios. Orbitan aproximadamente a 36.000 kilómetros sobre la Tierra. Starlink funciona mediante una constelación de satélites de órbita baja -LEO-, mucho más cercanos a la superficie terrestre.

Esa diferencia física reduce considerablemente el tiempo que tarda la información en viajar entre usuario, satélite y red terrestre.

Por eso Arizaga advierte que comparar ambos servicios exclusivamente por precio mensual equivale a comparar dos productos sin mirar sus prestaciones.

Para hacer una evaluación económica rigurosa habría que poner sobre la mesa velocidad efectiva, latencia, volumen de datos disponible, disponibilidad, instalación, mantenimiento, reparaciones, tiempos de reposición y monitoreo.

En telecomunicaciones, como en cualquier infraestructura, precio y costo no necesariamente son lo mismo.

Misiones ya hizo parte de ese experimento

Es precisamente ahí donde la discusión nacional encuentra en Misiones un caso particularmente interesante.

La provincia comenzó a incorporar Starlink después del desembarco oficial del servicio en Argentina en 2024 para resolver un problema muy concreto: establecimientos rurales y puntos remotos a los que llevar infraestructura terrestre podía resultar costoso, lento o directamente inviable en el corto plazo.

La ventaja inicial fue el tiempo.

Una terminal puede ponerse operativa rápidamente siempre que tenga alimentación eléctrica, una instalación adecuada y una visión suficientemente despejada del cielo. Eso reduce considerablemente la obra necesaria para conectar un punto aislado.Y el tiempo también tiene precio.

Si una escuela puede conectarse ahora mediante una terminal satelital o debe esperar meses -o años- hasta que una red terrestre llegue al lugar, la comparación económica debería incorporar el costo de esa espera.

Ese concepto es especialmente relevante para Misiones.

La dispersión de la población rural, la geografía, la vegetación, las distancias y el costo de extender infraestructura hacen que el último tramo de conectividad sea muchas veces el más caro.

La fibra óptica de Marandú continúa siendo la infraestructura deseable cuando existe escala y condiciones para desplegarla. Pero extender kilómetros de red exclusivamente para alcanzar un establecimiento aislado puede alterar completamente la ecuación económica.

Ahí el satélite deja de competir necesariamente contra la fibra. Puede transformarse en el puente hasta que la fibra llegue.

El costo invisible: mantener conectado lo que ya se conectó

Arizaga introduce otra variable que suele desaparecer de las comparaciones: el mantenimiento.

Instalar infraestructura es solamente el comienzo. Las soluciones satelitales geoestacionarias requieren una orientación precisa y una infraestructura correctamente mantenida. En un ambiente como el misionero, tormentas, humedad, vegetación, descargas eléctricas y condiciones climáticas intensas elevan las exigencias operativas.

Las terminales LEO tampoco son invulnerables. Necesitan protección eléctrica, cableado adecuado, soporte, espacio libre de obstáculos y una instalación profesional.

Pero su simplicidad operativa puede disminuir la necesidad de intervenciones técnicas.

Y mandar un técnico a una escuela situada a decenas de kilómetros de un centro urbano cuesta dinero.

Combustible, vehículo, horas de trabajo, equipamiento y tiempo fuera de servicio forman parte del costo real de una conexión, aunque ninguno aparezca en la factura mensual del proveedor.

La experiencia misionera aporta incluso un dato práctico.

Arizaga recuerda que, durante el despliegue provincial, de Marandú dos terminales sufrieron inconvenientes: una asociada a un evento atmosférico y otra a un problema eléctrico durante la instalación. Según relata, Starlink reemplazó los equipos sin costo al tratarse de un proyecto educativo.

No significa que esa política comercial vaya a mantenerse indefinidamente. Pero sirve para mostrar por qué la comparación económica necesita contemplar también garantías, reposiciones y soporte.

ECONOMIS | EL COSTO DE LA CONECTIVIDAD

¿Cuánto costaría sostener 6.000 escuelas conectadas?

Proyección del gasto acumulado si los abonos se mantuvieran constantes en US$160, US$70 y US$60 mensuales por establecimiento.

Abono por escuela 1 año 3 años 5 años 10 años
US$160/mes
Valor atribuido a Starlink
US$11,52 M US$34,56 M US$57,60 M US$115,20 M
US$70/mes
Banda superior del valor atribuido a ARSAT
US$5,04 M US$15,12 M US$25,20 M US$50,40 M
US$60/mes
Banda inferior del valor atribuido a ARSAT
US$4,32 M US$12,96 M US$21,60 M US$43,20 M
LA BRECHA EN 10 AÑOS
US$64,8 M a US$72 M
Es la diferencia acumulada entre pagar US$160 mensuales y un abono de US$70 o US$60 por cada una de las 6.000 conexiones.
Starlink | US$160
US$960.000
por mes para 6.000 escuelas
ARSAT | US$70
US$420.000
por mes para 6.000 escuelas
ARSAT | US$60
US$360.000
por mes para 6.000 escuelas

Nota metodológica: cálculo teórico de Economis sobre 6.000 establecimientos y abonos mensuales constantes. No contempla inflación, variaciones futuras de tarifas, instalación, equipamiento, mantenimiento, reparaciones ni diferencias de velocidad, latencia, capacidad o calidad del servicio. Por lo tanto, compara gasto en abonos y no costo total de propiedad (TCO).

Misiones encontró además otra forma de comprar conectividad

Hay otra diferencia importante entre la discusión nacional y la experiencia provincial.

Según explica Arizaga, Misiones avanzó este año en un convenio con Telespazio, proveedor internacional de servicios vinculados con Starlink, para mejorar las condiciones económicas de la conectividad utilizada por el sistema educativo.

Una de las particularidades es que las terminales no necesariamente deben adquirirse como un activo definitivo: pueden entregarse bajo un esquema de comodato.

Eso modifica nuevamente la ecuación.

Comprar un equipo implica inversión inicial, amortización, reposición y riesgo de obsolescencia. Un esquema de servicio o comodato puede trasladar parte de esos riesgos al proveedor.

Por eso la comparación nacional debería incorporar no solamente el precio del abono, sino también quién es propietario del equipamiento, quién paga cuando se rompe y quién absorbe su obsolescencia tecnológica.

Arizaga encuentra, sin embargo, una debilidad importante en el diseño nacional.

No cuestiona que Nación aproveche 6.000 terminales para conectar escuelas. Cuestiona que las provincias no tengan un papel central en la definición de dónde deben instalarse.

Ese detalle puede determinar buena parte de la eficiencia económica del programa.

Misiones ya desplegó soluciones propias en establecimientos rurales. Si Nación utiliza exclusivamente su mapa histórico de escuelas sin conectividad o con viejas instalaciones de ARSAT, existe el riesgo de enviar equipamiento a lugares donde la provincia ya solucionó el problema. El resultado sería una duplicación de infraestructura.

“Lo que tenés que reclamar a Nación es que te incluyan en la decisión de dónde instalarla”, sintetiza Arizaga.

Para Misiones, recibir terminales del programa nacional permitiría además liberar recursos provinciales: si Nación conecta una escuela que actualmente paga la Provincia, esa conectividad puede trasladarse hacia otro establecimiento todavía sin servicio.

Es una lógica de reasignación de recursos que podría multiplicar el efecto de las mismas inversiones.

Una antena, tres servicios

La experiencia misionera introduce incluso una lógica territorial diferente.

En algunos lugares, explica Arizaga, la conectividad fue pensada alrededor de un núcleo.

Ese núcleo podía ser una escuela, un centro de salud o una dependencia policial. Desde allí podía analizarse cómo extender o compartir infraestructura hacia otros servicios públicos cercanos, evitando la irracionalidad de colocar tres soluciones independientes a pocos metros unas de otras.

La unidad económica deja de ser “una antena por escuela”. Pasa a ser un punto de conectividad por comunidad.

En territorios rurales dispersos, esa lógica puede mejorar sustancialmente el retorno social de cada dólar invertido.

Una conexión deja de financiar solamente educación y puede transformarse en infraestructura para educación, salud, seguridad y administración pública.

Ese es probablemente uno de los aprendizajes más relevantes que Misiones podría aportar al diseño nacional.

ARSAT: el precio de la soberanía y el costo de no invertir

Nada de esto elimina la discusión sobre ARSAT. Argentina construyó durante décadas capacidades satelitales propias. ARSAT-1, lanzado en 2014, y ARSAT-2, en 2015, representan infraestructura, posiciones orbitales, ingeniería, conocimiento y autonomía tecnológica.

Para Arizaga, preservar esa capacidad es estratégico. Pero existe un problema temporal.

La próxima generación, representada por el proyecto ARSAT-SG1, debería ampliar sustancialmente la capacidad mediante un satélite geoestacionario de alto rendimiento en banda Ka. Sin embargo, los plazos mencionados por Arizaga ubican su lanzamiento hacia fines de 2028 y el inicio de servicios comerciales durante 2029.

Y ahí aparece el dilema de política pública.

¿Debe una escuela sin Internet esperar a que Argentina tenga disponible su próxima generación satelital?

Para Arizaga, la respuesta es no.

El desarrollo soberano puede continuar mientras se utilizan soluciones disponibles para resolver necesidades inmediatas. Eso tampoco convierte al modelo de Starlink en inocuo.

Existe un riesgo estratégico evidente cuando una infraestructura pública esencial depende de una compañía privada extranjera.

Arizaga utiliza el caso de Ucrania para ilustrar hasta dónde puede llegar esa dependencia: una red técnicamente extraordinaria sigue siendo una infraestructura administrada por un tercero que conserva capacidad sobre su funcionamiento.

Para una escuela rural argentina la situación es incomparable con un conflicto militar, pero el principio tecnológico permanece. Quien controla la infraestructura posee poder.

Por eso el debate sobre soberanía no desaparece con las constelaciones LEO. Se vuelve más complejo.

El desafío es evitar que resolver rápidamente una brecha de conectividad genere una nueva dependencia estructural.

Y allí aparece uno de los puntos débiles del programa nacional: qué ocurrirá después de los primeros tres años y bajo qué condiciones económicas podrán continuar las escuelas conectadas.

Si toda la infraestructura queda atada a un único proveedor, la capacidad negociadora del Estado puede disminuir justamente cuando termina el período promocional.

Ni Starlink ni ARSAT: competencia

La alternativa que plantea Arizaga es mucho más ambiciosa que elegir una empresa. Propone que Argentina piense una política nacional de conectividad rural basada en distintas tecnologías y distintos proveedores.

Starlink hoy. Amazon Leo a medida que despliegue su constelación. Qianfan/SpaceSail desde China. ARSAT donde resulte competitivo. Fibra óptica siempre que económicamente tenga sentido. Radioenlaces y redes móviles donde sean la solución más eficiente.

El principio económico sería sencillo: el Estado define el servicio que necesita y los proveedores compiten por ofrecerlo.

No se licita una tecnología, sino un resultado. Velocidad mínima, latencia máxima, disponibilidad, volumen de datos, tiempos de reparación, costo total, soporte y condiciones de salida.

Eso permitiría evitar dos extremos: sostener una tecnología solamente porque es nacional aunque exista una alternativa considerablemente más eficiente, o entregar toda la infraestructura pública a una multinacional simplemente porque hoy posee la tecnología más avanzada.

Satélite ahora, fibra después

La propuesta tiene una segunda pata todavía más interesante para Misiones.

Arizaga imagina las constelaciones LEO como una solución de última milla inmediata, no necesariamente permanente.

Nación podría garantizar conectividad satelital a los lugares que hoy están fuera de las redes terrestres. Las provincias, mientras tanto, continuarían expandiendo fibra óptica y otras infraestructuras.

Cuando la fibra llega a una comunidad, la terminal satelital se retira. Y se traslada al siguiente punto desconectado. De esa manera, el satélite no reemplaza la construcción de infraestructura. La acelera.

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La pavimentación del acceso a Fachinal entra en etapa de consulta pública

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La Dirección Provincial de Vialidad (DPV) puso en marcha una nueva instancia de participación ciudadana para avanzar con una de las obras de infraestructura vial más esperadas por la comunidad de Fachinal. Se trata del proyecto de construcción de obra básica, desagües y pavimento sobre la Ruta Provincial N° 205, que conectará de manera asfaltada la Ruta Nacional N° 105 con la zona urbana de la localidad.

En el marco del proceso de Evaluación de Impacto Ambiental, el organismo vial convocó a una Consulta Pública abierta para el próximo 19 de junio, una herramienta que busca garantizar la participación de vecinos, instituciones y actores locales antes de la ejecución definitiva de la obra.

La reunión se desarrollará a las 9.30 en el Salón de Usos Múltiples de la Municipalidad de Fachinal y tendrá como finalidad exponer los principales alcances técnicos del proyecto, además de brindar información sobre sus efectos ambientales y sociales. Asimismo, los responsables de la iniciativa responderán consultas e inquietudes de los participantes.

La obra representa un paso estratégico para mejorar la conectividad de Fachinal con los principales corredores viales de la provincia. El asfaltado de la RP 205 permitirá optimizar las condiciones de transitabilidad, reducir costos logísticos y fortalecer la integración territorial de una zona con fuerte potencial productivo y residencial.

Desde Vialidad Provincial destacaron que la instancia de consulta forma parte de los procedimientos exigidos para proyectos financiados por organismos internacionales y apunta a garantizar transparencia en la gestión de la obra, así como la incorporación de observaciones y aportes de la comunidad.

Como parte del proceso, desde el pasado 5 de junio se encuentra disponible para consulta pública el Resumen Ejecutivo del Estudio de Impacto Ambiental. La documentación puede revisarse en la Mesa de Entradas de la Municipalidad de Fachinal, donde además se habilitó un Libro de Consultas, Sugerencias y Reclamos para que los ciudadanos puedan expresar opiniones y plantear observaciones vinculadas al proyecto.

La información también puede consultarse de manera digital a través del sitio oficial de la Dirección Provincial de Vialidad y en la plataforma del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), organismo que financia la iniciativa. La participación del BID refuerza la relevancia institucional del proyecto y exige el cumplimiento de estándares ambientales y sociales específicos durante todas las etapas de ejecución.

La convocatoria se inscribe en una política de infraestructura que busca fortalecer la red vial secundaria de Misiones, una herramienta considerada clave para mejorar la conectividad rural, impulsar el desarrollo económico local y facilitar el acceso de las comunidades a servicios esenciales.

Para ampliar el acceso a la información, la DPV también habilitó canales de consulta mediante WhatsApp y correo electrónico, permitiendo que los interesados puedan realizar preguntas y acceder a detalles técnicos antes de la audiencia.

Con esta instancia participativa, el proyecto de pavimentación del acceso a Fachinal comienza a transitar una etapa decisiva. Más allá de su impacto sobre la movilidad diaria de los vecinos, la obra aparece como una inversión estratégica para consolidar la integración territorial del sur misionero y potenciar nuevas oportunidades de desarrollo para la localidad.

Link de acceso al material de consulta: Vialidad Fachinal

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Obercom acelera su expansión: invertirá $2.000 millones para llevar fibra óptica al interior de Misiones

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La empresa misionera Obercom avanza con una de las mayores apuestas privadas en infraestructura tecnológica de los últimos años en la provincia: una inversión de 2.000 millones de pesos destinada a ampliar su red de fibra óptica en localidades del interior, tanto en zonas urbanas como rurales, con el objetivo de mejorar la conectividad y consolidar el acceso a internet como un servicio esencial.

Así lo confirmó Richard Hultgren, uno de los directivos de la firma, durante una entrevista en Canal 12, donde destacó que la compañía ya lleva 16 años de trabajo en el sector de las telecomunicaciones y actualmente tiene presencia en Oberá, San Pedro, Campo Viera, Wanda y otras localidades, mientras prepara una fuerte expansión en Eldorado.

“Estamos conectando municipios. Hoy tenemos presencia en Oberá y alrededores, en San Pedro y alrededores, y la localidad de Wanda fue una de las más recientes. Ahora estamos iniciando una fuerte inversión también en la localidad de Eldorado para cumplir con nuestra visión, que es mejorar la calidad de vida de las personas a través de la conectividad”, explicó Hultgren.

La empresa inició hace década y media con la venta de insumos informáticos y reparación de computadoras, en avenida Tucumán, en el centro de Oberá, (donde aún continúan). Hoy brinda la prestación del servicio de internet a un alto porcentaje de la comunidad obereña; siendo pionera a lo que refiere a el despliegue de fibra óptica.

El proyecto está basado en tecnología FTTH (Fiber to the Home), es decir, fibra óptica directa hasta cada vivienda, considerada actualmente la tecnología más avanzada para acceso a internet.

“Antes la conectividad era un lujo y hoy pasó a ser una necesidad básica. Nosotros trabajamos con fibra óptica hasta el hogar, con tecnología de tope de gama. Hoy no hay nada que compita con la fibra óptica”, sostuvo el empresario.

Según adelantó, las primeras conexiones en las nuevas zonas de expansión comenzarían entre julio y agosto.

Más de 100 familias con empleo directo e indirecto

La expansión de Obercom también tiene un fuerte impacto en la generación de empleo local. Actualmente, la empresa sostiene trabajo para más de 100 familias de manera directa y alcanza a unas 150 a través de servicios tercerizados y contrataciones indirectas.

“En cada municipio armamos una estructura local. Si bien enviamos algún encargado desde nuestra casa matriz, empleamos personas de cada lugar. Eso también forma parte de nuestra apuesta”, remarcó.

La inversión de 2.000 millones de pesos se financia a través de una línea crediticia del Banco Nación orientada a este tipo de desarrollos estratégicos.

Además, Hultgren destacó la articulación con la provincia mediante el uso de la infraestructura de Marandú Comunicaciones, una herramienta clave para llegar a zonas rurales donde el tendido tradicional de fibra todavía no existe.

“Gran parte de nuestra operación está apoyada sobre la estructura de Marandú para poder llegar a distintas zonas, no solo ciudades sino también conexiones rurales, donde no hay tendido de fibra y va a tardar mucho tiempo en llegar”, señaló.

El joven empresario subrayó que la demanda de conectividad cambió radicalmente después de la pandemia, especialmente en el ámbito educativo y productivo.

“Hoy gran parte de la educación está apoyada en el servicio de internet. Eso también es calidad de vida. Llegar a las zonas rurales es vital”, afirmó.

En ese sentido, la expansión de Obercom se alinea con la estrategia provincial de fortalecer la conectividad en la chacra y en los municipios alejados de los grandes centros urbanos.

Hultgren participó del Encuentro Misionero, donde jóvenes empresarios de distintos sectores debatieron junto a actores del sector público sobre desarrollo económico y generación de empleo.

“El contexto actual exige articulación entre el sector privado y el sector público. Nosotros creemos que somos esta generación que tiene que hacer algo para generar cambios. Está bueno que exista este espacio para escuchar, construir y pensar una provincia de vanguardia”, concluyó.

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Misiones activa obra vial por $9.000 millones con fondos propios

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En medio de la parálisis de la obra pública nacional, Misiones vuelve a marcar una línea de acción propia: ejecutar infraestructura estratégica con recursos provinciales. En ese marco, abril marca el inicio formal de una obra vial clave en el Alto Uruguay: la construcción de la Ruta Provincial N° 15 en el tramo que une la Ruta Provincial N° 2 con Colonia La Flor, en El Soberbio.

La inversión asciende a nueve mil millones de pesos y contempla una intervención integral sobre 16,6 kilómetros, con trabajos de movimiento de suelo, ejecución de desagües transversales y laterales, pavimentación, instalación de elementos de contención y señalización.

Se trata de una obra estructural que apunta a resolver uno de los principales déficits históricos de la zona: la conectividad vial en un territorio con alta densidad de producción agraria. La traza permitirá mejorar la circulación, reducir tiempos logísticos y, sobre todo, garantizar condiciones de transitabilidad estables durante todo el año.

La ejecución estará a cargo de la empresa Enriquez Construye, bajo la supervisión de la Dirección Provincial de Vialidad (DPV), organismo que impulsó el proyecto desde su etapa inicial.

El inicio de la obra es parte de una estrategia más amplia de la provincia para sostener el ritmo de inversión en infraestructura en medio de la fuerte retracción de la inversión nacional en obra pública.

Misiones prioriza corredores productivos y rutas secundarias que cumplen un rol clave en la economía real: sacar la producción de las chacras, conectar colonias con centros urbanos y facilitar el acceso a servicios básicos.

La Ruta Provincial 15 se inscribe precisamente en esa lógica. El tramo a intervenir atraviesa una zona con fuerte presencia de unidades productivas rurales, donde la falta de pavimento impacta directamente en los costos de transporte, la competitividad y la calidad de vida de los habitantes.

El proyecto comenzó a tomar forma en enero, cuando el presidente de la DPV, Nicolás Mazal Bazán, se reunió con vecinos de Colonia La Flor. En ese encuentro, productores y familias de la zona plantearon las dificultades cotidianas derivadas del estado del camino y la necesidad urgente de una solución definitiva.

A partir de ese diálogo, Vialidad avanzó con las etapas administrativas: licitación, adjudicación, firma de contrato y acta de inicio. Los trabajos comenzaron a fines de febrero y ahora ingresan en una fase de mayor despliegue operativo.

El diseño contempla no solo la pavimentación, sino una obra hidráulica integral para asegurar la durabilidad del camino, un aspecto clave en una región con lluvias intensas y suelos complejos.

La nueva ruta tendrá un impacto directo en la matriz económica local. Al mejorar el acceso desde las chacras hacia El Soberbio y la red vial primaria, se reducen costos logísticos, se optimiza la salida de la producción y se fortalece la integración territorial.

Pero el alcance va más allá de lo económico. La nueva traza facilitará el acceso a servicios esenciales como salud, educación y transporte, al tiempo que potenciará actividades vinculadas al turismo, especialmente en una zona cercana a los Saltos del Moconá.

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