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PyMEs industriales en retroceso: la producción cayó 11% y el empleo 4,5% en el segundo trimestre

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La recuperación de la industria PyME argentina sigue sin aparecer. El segundo trimestre de 2026 cerró con nuevas caídas de producción y empleo, mientras que los dos indicadores que permiten mirar algunos meses hacia adelante —actividad y confianza empresarial— continúan enviando señales de cautela.

La Encuesta Coyuntural de la Fundación Observatorio PyME, realizada sobre unas 400 empresas manufactureras de todo el país, registró entre abril y junio una contracción interanual de la producción del 11% y una reducción del empleo del 4,5%. El deterioro, además, no fue homogéneo: golpeó con mayor intensidad a las empresas pequeñas que a las medianas.

El dato adquiere otra dimensión cuando se observa lo que esperan los propios industriales. El PMI-PyME, índice anticipatorio del ciclo de actividad, cerró el trimestre en 44,3 puntos sobre 100. Aunque recuperó 10,3 puntos respecto del muy débil primer trimestre, todavía quedó 0,7 puntos por debajo del nivel de un año atrás y, fundamentalmente, permaneció lejos del umbral de 50 que marca el ingreso a una fase expansiva.

Es decir: hubo rebote respecto del piso de comienzos de año, pero todavía no recuperación.

Los cinco motores del PMI siguen en rojo

El detalle del indicador ofrece una fotografía todavía más elocuente. Ninguno de los cinco componentes que integran el PMI logró superar los 50 puntos durante el segundo trimestre.

La señal más delicada proviene del stock de materias primas e insumos, que quedó en apenas 39,4 puntos. Este indicador refleja las decisiones anticipadas de compra: cuando las empresas reducen inventarios, generalmente están preparando una menor actividad futura.

La cartera de pedidos, el componente con mayor peso dentro del índice porque funciona como una señal temprana de la demanda que deberán atender las fábricas, alcanzó 42,6 puntos. De las empresas consultadas, 41,1% indicó que sus pedidos disminuyeron respecto del trimestre anterior, contra apenas 26,4% que informó un aumento.

La producción marcó 45,4 puntos y el empleo, 44,7. En este último caso hay un elemento relevante: a diferencia de otros componentes del PMI, no surge de una percepción empresarial sino de la evolución concreta de las dotaciones. El 23,8% de las firmas redujo personal respecto del trimestre previo, frente a sólo 13,1% que aumentó su plantilla.

El componente más cercano a la neutralidad fue el tiempo de entrega de proveedores, con 48,9 puntos, aunque también permaneció en terreno contractivo. El cuadro de la página 2 del informe del Observatorio PyME muestra así una particularidad contundente: pedidos, producción, empleo, entregas y stocks están simultáneamente debajo de 50.

PMI-PyME | II trimestre 2026

IndicadorPuntosSeñal
PMI general44,3Contracción
Cartera de pedidos42,6Contracción
Producción45,4Contracción
Empleo44,7Contracción
Tiempo de entrega48,9Contracción
Stock de insumos39,4Contracción
Umbral de expansión50,0

El PMI tiene precisamente valor predictivo porque sintetiza variables —pedidos, producción, empleo, entregas y stocks— que suelen reaccionar antes de que los cambios aparezcan plenamente reflejados en las estadísticas tradicionales de actividad.

La confianza mejora, pero sigue dominando el pesimismo

La otra señal de alerta surge del Índice de Confianza Empresaria PyME (ICE-PyME). En el segundo trimestre se ubicó en 43 puntos, con una recuperación de 2,7 puntos frente al trimestre anterior pero una caída de 4,5 puntos respecto del mismo período de 2025.

Es el cuarto trimestre consecutivo por debajo de los 50 puntos, nivel a partir del cual predominan las percepciones optimistas entre los empresarios industriales.

Aquí, sin embargo, aparece una grieta interesante entre presente y futuro.

Las condiciones actuales recibieron apenas 32,2 puntos, pese a mejorar dos puntos respecto del trimestre anterior. En la comparación interanual, están 6,8 puntos por debajo del segundo trimestre de 2025.

Las expectativas, en cambio, alcanzaron 52,1 puntos, recuperaron 3,8 puntos trimestrales y consiguieron atravesar nuevamente la frontera del optimismo.

La diferencia entre ambos indicadores alcanza prácticamente 20 puntos.

En otras palabras, los empresarios PyME describen un presente muy deteriorado, pero todavía conservan expectativas de que la situación mejore durante el próximo año.

La paradoja: esperan una mejora, pero no invierten

El dato probablemente más revelador del relevamiento aparece cuando se pregunta si éste es un buen momento para invertir en maquinaria y equipos.

La respuesta arroja apenas 34,6 puntos, una caída de 1,7 puntos respecto del trimestre anterior y de 5,7 puntos en comparación con un año atrás. Fue, de hecho, el único componente del ICE que empeoró durante el segundo trimestre.

La aparente contradicción es significativa. Las expectativas generales volvieron a terreno positivo y las expectativas de rentabilidad alcanzaron 52,5 puntos, pero esa mejora todavía no consigue transformarse en decisiones concretas de inversión productiva.

También persiste una diferencia importante según qué evalúe el empresario. El índice referido a la situación de la propia empresa alcanzó 47,5 puntos; la percepción sobre el país, 42; y la correspondiente al sector industrial en el que opera, apenas 39,3 puntos. Los tres permanecen debajo del nivel neutral y todos están peor que hace un año.

Rebote no es recuperación

La lectura conjunta de los indicadores dibuja una industria PyME que atravesó un segundo trimestre todavía contractivo, aunque algo menos pesimista que el comienzo del año.

El PMI recuperó más de diez puntos trimestrales, pero el propio Observatorio PyME advierte que parte de esa mejora responde al patrón estacional habitual del segundo trimestre: entre 2023 y 2025, el rebote promedio entre el primero y segundo trimestre había sido de 7,7 puntos. Aun después de la recuperación reciente, el indicador quedó en 44,3 y por debajo del nivel registrado doce meses atrás.

Algo similar ocurre con la confianza. El empresario empieza a imaginar un escenario futuro algo mejor, pero todavía observa condiciones actuales muy débiles y posterga inversiones.

Esa combinación —producción en baja, menor ocupación, pedidos débiles, reducción de stocks y escasa predisposición a invertir— muestra que la industria PyME continúa atravesando una fase defensiva. Antes que ampliar capacidad o incorporar trabajadores, buena parte de las empresas parece concentrada en adecuar estructuras y capital de trabajo a un nivel de demanda todavía insuficiente.

Y allí reside probablemente la principal señal hacia los próximos meses: las expectativas comenzaron a recuperarse antes que la economía real de las fábricas. Para hablar de un cambio de ciclo, esa mejora deberá finalmente traducirse en más pedidos, producción, inversión y empleo.

El relevamiento de la Fundación Observatorio PyME comprende un panel representativo de alrededor de 400 PyMEs manufactureras de entre 10 y 249 ocupados, relevadas mediante muestreo probabilístico estratificado en todo el país.

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La industria sigue sin encontrar piso: falta de demanda y empleo en alerta crítica

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La industria argentina encara el tercer trimestre con pocas señales de recuperación. La confianza empresarial mejoró levemente en junio, pero continúa profundamente en terreno negativo, en un escenario marcado por la falta de pedidos, la debilidad del consumo interno y expectativas contractivas para la producción y el empleo.

El Indicador de Confianza Empresarial de la industria manufacturera se ubicó en -17,8%, después de haber caído a -19,6% en mayo. La recuperación mensual fue insuficiente para modificar el diagnóstico de fondo: desde que comenzó la serie, en enero de 2025, el indicador nunca consiguió ingresar en terreno positivo.

El índice combina las expectativas de producción para los próximos tres meses, la situación actual de la cartera de pedidos y el nivel de stocks de productos terminados.

La mitad de las fábricas tiene pocos pedidos

La señal más preocupante aparece en la cartera de pedidos. El 49,7% de las industrias afirmó que su volumen de encargos se encontraba por debajo de lo normal, mientras que solo el 2,7% lo consideró superior. El balance fue de -47 puntos porcentuales.

En otras palabras, por cada empresa con pedidos superiores a los habituales existen más de 18 con una demanda insuficiente. El dato revela que el problema industrial no es principalmente la falta de capacidad productiva, sino la ausencia de compradores.

La demanda externa tampoco ofrece un contrapeso suficiente. Un 33,4% de las firmas declaró exportaciones por debajo de lo normal y apenas el 5,5% informó niveles superiores, con un balance negativo de 27,9 puntos.

La evaluación general de los negocios acompaña ese deterioro: solo el 6,2% de los empresarios calificó como buena la situación actual, frente al 29,2% que la consideró mala. El 64,7% respondió que era normal.

El mercado interno es el principal freno

El 52,1% de las empresas identificó a la demanda interna insuficiente como el principal factor que limita la posibilidad de aumentar la producción. Es, por amplio margen, el mayor obstáculo para el sector.

En segundo lugar aparece la competencia de productos importados, mencionada por el 10% de las firmas. Le siguen la incertidumbre económica, con el 7%; la escasez de materias primas, insumos o componentes, con el 4,8%; y la falta de demanda externa, con el 4,7%.

Los problemas financieros fueron señalados por el 3,9%, mientras que solo el 7,3% respondió que no enfrenta ninguna restricción para ampliar su actividad.

El resultado dibuja una industria condicionada por dos fuerzas simultáneas: un mercado interno que no logra recuperar volumen y una mayor presión competitiva de los bienes importados. La combinación reduce ventas, desalienta inversiones y obliga a las empresas a administrar cuidadosamente sus niveles de producción.

Producción y empleo, con perspectivas negativas

Las expectativas para julio-septiembre tampoco anticipan un giro expansivo. El 17,1% de las empresas prevé reducir su producción, frente al 14,1% que espera aumentarla. El 68,8% considera que permanecerá sin cambios, lo que arroja un balance de -2,9 puntos.

La previsión sobre los pedidos internos es todavía más negativa: el 21,6% espera una disminución y el 14,6% proyecta una mejora. El balance se ubicó en -7 puntos porcentuales.

Ese escenario comienza a trasladarse al mercado laboral. El 18,2% de las industrias anticipa reducir las horas trabajadas, mientras solo el 5,6% planea aumentarlas. En cuanto al personal, el 15,1% prevé disminuir su dotación y apenas el 3,8% espera incorporar trabajadores.

Aunque el 81% proyecta mantener sin cambios el número de empleados, el balance laboral fue negativo en 11,3 puntos. Por cada empresa que piensa contratar, casi cuatro anticipan recortes.

Las exportaciones, la única señal favorable

El frente externo presenta una moderada expectativa positiva. El 16% de las firmas espera aumentar sus exportaciones durante el tercer trimestre, contra el 12,4% que prevé una disminución. El balance fue favorable en 3,6 puntos.

Sin embargo, esa mejora potencial no alcanza para compensar la debilidad del mercado interno, que sigue siendo el principal destino de buena parte de la producción manufacturera.

En materia de precios, el 61% de las empresas espera mantenerlos sin cambios, el 30,8% proyecta aumentarlos y el 8,2% anticipa reducciones. Esto sugiere que la industria enfrenta límites cada vez mayores para trasladar sus costos a los compradores.

El informe muestra una economía fabril que evita un deterioro más abrupto, pero permanece atrapada en una meseta baja. Sin recuperación firme del consumo, con pedidos escasos y mayor competencia importada, las empresas optan por contener producción, horas trabajadas y empleo.

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Supermercados en alerta: seis de cada diez empresas señalan que la falta de demanda frena la actividad

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Los supermercados y autoservicios mayoristas atraviesan la segunda mitad de 2026 con una combinación difícil de disimular: ventas debilitadas, márgenes bajo presión, crédito todavía restrictivo y expectativas de empleo en retroceso. Aunque una parte del sector espera una mejora moderada durante el trimestre julio-septiembre, las decisiones concretas de las empresas muestran una cautela mucho mayor que la reflejada en sus declaraciones generales.

La Encuesta de Tendencia de Negocios difundida por el Instituto Nacional de Estadística y Censos ubicó en junio el Indicador de Confianza Empresarial del sector en -0,4%. El resultado se construye a partir de la evaluación de la situación comercial actual, las expectativas para los próximos tres meses y la percepción sobre el nivel de stocks.

Debajo del promedio conviven una evaluación muy negativa del presente, expectativas apenas favorables para el futuro y existencias inferiores a las consideradas normales. En otras palabras, los empresarios no observan todavía una recuperación firme, aunque algunos esperan que el deterioro deje de profundizarse.

Solo el 8,4% de las empresas calificó como buena su situación comercial en junio. El 62,7% respondió que era normal y el 28,9% la consideró mala.

La diferencia entre opiniones positivas y negativas produjo un balance de -20,5 puntos porcentuales, una señal de que la percepción empresarial sigue ampliamente inclinada hacia el deterioro.

El dato resulta significativo porque la cantidad de empresas que describen una mala situación comercial más que triplica a las que observan un desempeño favorable

La desaceleración inflacionaria no se tradujo automáticamente en una recomposición homogénea del consumo. Los hogares siguen administrando el gasto con cautela, priorizan productos esenciales, sustituyen marcas y concentran compras en promociones, descuentos bancarios y canales mayoristas.

El 61,4% señaló a la demanda como el principal obstáculo. Tres meses antes, esa proporción era del 58,7%, por lo que la restricción no solo continúa encabezando las preocupaciones, sino que ganó otros 2,7 puntos porcentuales.

La cifra implica que casi dos de cada tres empresas consideran que no pueden crecer porque no encuentran compradores suficientes, no porque carezcan de productos, espacio físico o capacidad de almacenamiento.

La debilidad de la demanda se ubica muy por encima del resto de las limitaciones. El costo laboral fue mencionado por el 19,3%, frente al 17,3% registrado tres meses atrás. El costo del financiamiento pasó del 6,7% al 9,6%.

El nivel de existencias ofrece una lectura ambivalente. El 63,9% de las empresas informó que sus stocks se encontraban en valores normales, mientras que el 22,9% los ubicó por debajo de lo habitual y solamente el 13,3% por encima.

La situación financiera también permanece deteriorada. Solo el 8,4% de las compañías la calificó como buena; el 69,9% la consideró normal y el 21,7%, mala. El balance financiero se ubicó en -13,3 puntos.

Casi la mitad volvió a aumentar precios

El 49,4% de las empresas informó que sus precios promedio de venta aumentaron durante junio. Otro 47% señaló que no hubo variaciones y apenas el 3,6% registró bajas.

La mirada hacia el trimestre julio-septiembre muestra una mejora respecto de la evaluación actual.

El 16,9% de las empresas espera que la situación comercial mejore, el 75,9% considera que permanecerá igual y el 7,2% anticipa un empeoramiento. Tres de cada cuatro compañías no esperan modificaciones sustanciales.

Cuando se consulta por el volumen de pedidos previsto para los próximos tres meses, solo el 1,2% de las empresas espera aumentarlo. El 85,5% considera que no habrá cambios y el 13,3% anticipa una reducción. El balance fue negativo en 12 puntos porcentuales.

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Supermercados y mayoristas no ven un consumo firme ni recuperación en el corto plazo

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El consumo masivo continúa sin mostrar una recuperación sólida. Pese a la desaceleración inflacionaria y cierta estabilización macroeconómica, las empresas vinculadas al comercio supermercadista y mayorista mantienen una visión prudente sobre la evolución del mercado interno y siguen operando bajo un escenario de demanda debilitada.

Así surge de la última Encuesta de Tendencia de Negocios del INDEC para supermercados y autoservicios mayoristas, donde el Indicador de Confianza Empresarial (ICE) se ubicó en -4,4%, todavía en terreno negativo aunque bastante menos deteriorado que el observado en la industria manufacturera.

La percepción sobre la situación actual sigue siendo predominantemente desfavorable. El 32% de las empresas calificó como mala su situación comercial, mientras apenas 5,3% la consideró buena. El balance general quedó en -26,7%.

La demanda vuelve a aparecer como el principal problema estructural. El 57,3% de las firmas señaló que la falta de consumo limita la capacidad para aumentar la actividad comercial, muy por encima de otros factores como el costo laboral (21,3%), el costo financiero (6,7%) o la competencia sectorial (5,3%).

El relevamiento muestra además que muchas empresas continúan operando con niveles ajustados de mercadería. El 25,3% aseguró tener stocks por debajo de lo normal y solo 13,3% afirmó contar con inventarios superiores a los habituales.

En paralelo, persisten dificultades financieras relevantes. Apenas 2,7% considera fácil acceder al crédito, mientras más del 30% califica el financiamiento como difícil.

Otro dato relevante es que el 73,3% de las empresas afirmó haber aumentado precios promedio de venta durante el último mes, señal de que la presión inflacionaria todavía continúa presente en buena parte de la cadena comercial.

Sin embargo, esas subas de precios no se traducen necesariamente en mejores perspectivas de negocios. Para el trimestre mayo-julio, solo 18,7% de las empresas espera una mejora de la situación comercial, mientras 17,3% proyecta un empeoramiento. El balance queda prácticamente neutro, en apenas 1,3%.

Más delicado aún aparece el vínculo con proveedores. Apenas 4% de las firmas prevé aumentar pedidos, mientras una de cada cuatro anticipa una reducción, una señal que refleja la cautela empresarial respecto de la evolución futura del consumo masivo.

El informe confirma que, aunque la economía comienza a estabilizar algunas variables macro, el consumo todavía no logra recomponerse con fuerza. El comercio percibe un mercado más ordenado que en 2024, pero todavía lejos de una recuperación vigorosa capaz de impulsar expansión sostenida de ventas y actividad.

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Industria: la recuperación no llega a las fábricas y el empresariado sigue viendo una demanda débil

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La industria argentina atraviesa una recuperación parcial y todavía frágil. Aunque algunos indicadores macroeconómicos comenzaron a estabilizarse y ciertas ramas vinculadas al agro y la minería muestran señales de mejora, el clima empresario dentro del sector manufacturero continúa dominado por la cautela, la debilidad del mercado interno y las dificultades financieras.

Así lo refleja la última Encuesta de Tendencia de Negocios del INDEC correspondiente al trimestre mayo-julio de 2026, donde el Indicador de Confianza Empresarial (ICE) industrial se ubicó en -16,9%, todavía claramente en terreno negativo pese a cierta mejora respecto de los meses más críticos de 2025.

La principal preocupación de las empresas sigue siendo la falta de demanda. El 51,8% de los industriales señaló que la “demanda interna insuficiente” es el principal factor que limita la capacidad para aumentar la producción. Muy por detrás aparecen la competencia de productos importados (11%), la incertidumbre económica (7,3%) y los problemas financieros (4,8%).

El dato confirma un cambio estructural en la dinámica de la crisis industrial. A diferencia de otros períodos marcados por restricciones de insumos, energía o problemas logísticos, hoy el principal obstáculo es la debilidad del consumo y la desaceleración de los pedidos.

La cartera de órdenes empresarias refleja con claridad ese fenómeno. La mitad de las firmas manufactureras considera que sus pedidos se encuentran “por debajo de lo normal”, mientras apenas 2,8% asegura tener niveles superiores a los habituales. El balance negativo alcanza así el 47,3%, uno de los registros más bajos del relevamiento reciente.

Las exportaciones muestran una situación algo menos comprometida, aunque todavía insuficiente para compensar plenamente el deterioro doméstico. El 33,5% de las empresas considera que el volumen exportado está por debajo de lo normal y solo 6,7% lo ubica por encima.

El frente financiero continúa siendo otro foco de tensión. Un cuarto de las empresas calificó como “mala” su situación financiera actual y un tercio consideró difícil el acceso al crédito. El balance financiero se ubicó en -14,5%, mientras el de acceso al financiamiento cayó a -26,3%.

Pese a ese contexto, las expectativas futuras muestran un moderado alivio frente al pesimismo extremo observado durante buena parte de 2025. Para el trimestre mayo-julio, el 15,5% de las empresas espera aumentar producción y el balance de expectativas se ubicó en -3,8%, bastante menos negativo que meses atrás.

Sin embargo, cuando se consulta específicamente sobre demanda interna, el optimismo vuelve a diluirse: 23,1% espera una caída de pedidos y apenas 14,4% proyecta aumentos.

El informe deja una conclusión central para el sector privado: la estabilización macroeconómica todavía no logró consolidar un proceso de recuperación sostenida del mercado interno. La industria comienza a salir del piso recesivo, pero el rebote sigue siendo heterogéneo y con escaso derrame sobre buena parte del entramado fabril.

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