Conservación

Avanza con éxito el Proyecto de Gestión Responsable de Residuos en el Parque Nacional Iguazú

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El Proyecto de Gestión Integral de Residuos Sólidos y Urbanos (GIRSU), implementado a principios de año bajo el lema “Separar para conservar”, avanza según el cronograma establecido y se consolida como una iniciativa que busca reducir el impacto producido por la generación de residuos en el Parque Nacional Iguazú.

Este proceso inició hace más de un año mediante un diagnóstico sobre cómo es la gestión de residuos en el Área Cataratas, realizada por la Administración de Parques Nacionales (APN). Los resultados arrojados motivaron la convocatoria de una mesa de trabajo conformada por las empresas Iguazú Argentina S.A. -Concesionaria del Área Cataratas-, Iguazú Jungle -Concesionaria del servicio de navegación-, el Restaurante El Fortín y el Hotel Gran Meliá Iguazú. “Estuvimos reuniéndonos casi todo el 2025, poniéndonos de acuerdo respecto a las etapas de separación de residuos en origen, el diseño de los puntos limpios y su cartelería”, comentaron desde el Departamento de Conservación y Educación Ambiental de APN.

Una vez convocados los actores, cada uno de ellos avanzó según los lineamientos acordados. Iguazú Argentina S.A., empresa concesionaria del Área Cataratas, llevó adelante la instalación de los puntos limpios en distintas áreas clave del parque: “El principal desafío fue diseñar un sistema que funcione en la dinámica real del Área Cataratas, donde los flujos de visitantes cambian según horarios, recorridos y temporadas. Cada punto limpio fue ubicado estratégicamente para acompañar la circulación de los visitantes y facilitar la correcta separación de residuos en su origen”, señalaron desde el Área de Sostenibilidad de la concesionaria. 

En total, se instalaron 40 puntos limpios en todos los sectores del Área Cataratas, cada uno con dos cestos (uno con etiqueta verde para residuos secos reciclables y otro con etiqueta negra para residuos húmedos no reciclables), para que cada visitante pueda separar de manera apropiada. El despliegue de los puntos limpios se realizó en paralelo a las instancias de capacitación dirigidas a todo el personal, que incluyó, en una primera etapa, a 150 colaboradores de todas las áreas de Iguazú Argentina S.A.

El Área Cataratas contempla el desarrollo de diferentes actividades y servicios, por lo que el diseño de este proyecto de gestión debió contemplar obligatoriamente todas ellas, incluidas las áreas de servicio gastronómico. “El mayor desafío de la gestión responsable de residuos en la plaza de comidas es sostener una correcta separación en origen en un espacio de alta circulación, donde la generación de residuos es constante. A esto se suma la presencia de fauna, atraída principalmente por la comida, lo que puede generar dispersión de residuos, contaminación del área y posibles riesgos tanto para los visitantes como para el entorno natural”, describieron desde Sostenibilidad y Desarrollo del Restaurante ‘El Fortín’. 

La interacción de la fauna con los puntos donde hay cestos es un factor ampliamente documentado, es por esto que en el diseño actual se incluyó una traba metálica rebatible, para minimizar la posibilidad de que los cestos sean abiertos por la fauna local.

La implementación del sistema GIRSU también contempló una etapa de capacitación al personal de las distintas prestadoras de servicios, incluyendo a guías de turismo que forman parte del servicio de paseos náuticos. Desde la Asistencia de Gestión de Sostenibilidad de Iguazú Jungle, comentaron que “la decisión de brindar capacitaciones a nuestros guías de turismo tiene que ver con el rol clave que ellos cumplen en el contacto con los visitantes. Tienen un contacto directo y pueden transmitir buenas prácticas, generar conciencia y acompañar activamente en el cuidado del entorno del parque”.

La concreción de los objetivos planteados involucra no solo a los actores que operan y brindan servicios dentro del parque, sino también a cada visitante y público en general que pueda hacerse eco del mensaje: “Separar para conservar”. Los testimonios hablan de un camino iniciado y demuestran que las acciones en torno a la gestión de residuos deben ser constantes y solo son posibles a través del trabajo en conjunto, porque al Parque Nacional Iguazú lo cuidamos entre todos.

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Operativos simultáneos en áreas protegidas: guardaparques detienen a cazadores, secuestran vehículos, armas y desarman campamentos

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Con trabajo coordinado y presencia activa en zonas clave, el Cuerpo de Guardaparques del Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables llevó adelante una serie de operativos simultáneos en distintas áreas protegidas. Las acciones incluyeron patrullajes terrestres y fluviales, recorridas preventivas, desarticulación de campamentos ilegales y procedimientos ante infracciones vinculadas a la caza furtiva y el uso indebido de recursos naturales.

Uno de los procedimientos tuvo lugar en la Reserva de Biosfera Yabotí, donde durante tres días el Grupo de Operaciones en Selva (GOS) patrulló sectores sensibles en el límite con Brasil. Allí se logró el secuestro de cinco motovehículos y tres armas de fuego, además de la destrucción de siete cebas para caza ilegal, una trampa con puesto de espera para aves y sistemas clandestinos de captación de agua que derivaban el recurso hacia el país vecino. Este operativo implicó la participación de 15 guardaparques y tres vehículos oficiales, en un despliegue estratégico en plena selva.

A su vez, en la Reserva de Usos Múltiples Cabure-í, guardaparques de la zona norte junto a la Dirección de Defensa de Medio Ambiente y Delitos Rurales realizaron patrullajes fluviales en kayak sobre el río Iguazú, en el sector del Parque Provincial Complejo de Islas Grandes. Durante la recorrida se identificaron indicios de actividades no autorizadas, como fogones recientes, restos de campamentos y una embarcación precaria en una propiedad lindante.

Finalmente durante patrullajes realizados este fin de semana, guardaparques del GOS sorprendieron a dos personas cazando ilegalmente en la zona de amortiguación del Parque Provincial Urugua-í, quienes fueron demoradas y puestas a disposición de la Justicia. El operativo implicó más de 200 km en vehículo, 10 km a pie y 30 horas de patrullaje.

Estos resultados son el reflejo de un trabajo constante, donde los guardaparques no solo protegen la biodiversidad, sino que también cumplen un rol clave en el control del territorio. Su labor diaria, en distintos frentes y de manera articulada, es fundamental para garantizar la conservación de las áreas naturales protegidas de Misiones.

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Misiones habilita la primera fase del plan para recuperar al yaguareté en Yabotí

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El Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables de Misiones dio un paso clave en la estrategia de conservación del yaguareté al otorgar la viabilidad ambiental preliminar al proyecto de “Plan de suplementación poblacional” en la Reserva de Biosfera Yabotí. La medida, formalizada mediante la Resolución Nº 113 del 17 de abril de 2026, habilita el avance de una iniciativa que busca recuperar la población silvestre del felino más emblemático de la región.

El proyecto se desarrollará en el Parque Provincial Esmeralda, en el municipio de San Pedro, dentro de un predio de 30.000 hectáreas. Allí se prevé la construcción de recintos de manejo en una superficie cubierta de 707,89 metros cuadrados, como parte de una intervención de largo plazo con una vida útil estimada en 20 años. La Reserva de Biósfera Yabotí se extiende sobre unas 250,000 hectáreas de selva, donde aún sobreviven especies en peligro como el Águila Harpía y el propio yaguareté. Estudios recientes muestran que el Parque Provincial Esmeralda, situado dentro de la reserva, cuenta con una abundancia de presas que podría sostener a una población mayor de estos felinos, en caso de que se concrete el refuerzo poblacional.

El eje del plan es la suplementación poblacional con ejemplares de ADN misionero, con el objetivo de fortalecer la base genética de la especie y asegurar su permanencia en el hábitat natural. Según se desprende del expediente técnico, la iniciativa busca consolidar la recuperación del yaguareté dentro del Corredor Verde misionero.

La estrategia se inscribe en el Plan de Gestión de la Reserva de Biosfera (2025–2034), que prevé implementar el manejo activo de la especie hacia 2027. En esta primera etapa, el foco estará puesto en el desarrollo de técnicas de cría en cautiverio bajo condiciones naturales controladas, con vistas a la futura reintroducción en ambientes adecuados.

El proyecto no solo busca reintroducir ejemplares en Yabotí, sino también crear políticas de restauración y conservación de los corredores de biodiversidad. “No podemos realizar una reintroducción sin abordar los factores que llevaron a la disminución de la especie. Estos factores incluyen la cacería, la pérdida de hábitat y los atropellamientos,” indicó el director del IMiBio.

Misiones, según estudios del IMiBio, podría potencialmente albergar entre 250 y 300 yaguaretés en total si se optimiza el entorno y se controlan las amenazas. La reserva de Yabotí, junto con áreas aledañas, tiene suficiente superficie y fauna de presas para soportar una población considerable de estos grandes felinos.

La Comisión Técnica de Evaluación de Impacto Ambiental consideró “oportuno, meritorio y conveniente” avanzar con la viabilidad preliminar, aunque estableció un conjunto de exigencias que el proponente -la Subsecretaría de Obras y Servicios Públicos de la provincia- deberá cumplir en un plazo de 60 días.

Entre las principales obligaciones figuran:

  • Presentar información técnica complementaria con mayor nivel de detalle.
  • Cumplir con planes de contingencia, gestión ambiental y monitoreo mensual.
  • Informar cualquier modificación del proyecto antes de su ejecución.
  • Minimizar impactos ambientales durante todas las etapas de la obra.

Además, se impusieron restricciones ambientales estrictas, como la prohibición de introducir especies exóticas, la obligación de restaurar áreas intervenidas y la preservación absoluta de cursos de agua y nacientes.

La estrategia no es una reintroducción o rewilding, como ocurrió en Corrientes. En Misiones el animal nunca desapareció completamente. Lo que se busca es reforzar la población. Si el proyecto prospera, la reserva Yabotí podría albergar entre 20 y 30 yaguaretés en el futuro. Pero el objetivo va más allá de los números.

Mientras que en Corrientes la fundación Rewilding ha tenido éxito en la reintroducción de yaguaretés en los Esteros del Iberá, donde actualmente hay 50 ejemplares en libertad, Misiones aún no ha implementado programas masivos de este tipo. En esta ocasión, el proyecto de refuerzo poblacional en Yabotí busca desarrollar técnicas de suplementación de individuos siguiendo normas técnicas internacionales y bajo el cumplimiento de la legislación vigente.

Un proyecto bajo el paraguas constitucional y ambiental

La resolución se apoya en el artículo 41 de la Constitución Nacional -que consagra el derecho a un ambiente sano- y en la Ley General del Ambiente (Nº 25.675), que establece la Evaluación de Impacto Ambiental como herramienta obligatoria para la toma de decisiones.

En ese marco, el Ministerio remarcó que la EIA es un procedimiento “técnico-administrativo con carácter preventivo” que permite analizar la viabilidad ambiental antes de ejecutar cualquier proyecto, garantizando que no comprometa los recursos para futuras generaciones.

La viabilidad otorgada no implica una autorización definitiva, sino el inicio de un proceso de evaluación más profundo. El proyecto deberá cumplir con todas las exigencias técnicas y ambientales para avanzar hacia su aprobación final.

Con esta resolución, Misiones refuerza su posicionamiento como una de las provincias líderes en políticas de conservación, apostando a la recuperación de una especie clave para el equilibrio ecológico de la Selva Paranaense.

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IMiBio pone en agenda el ADN como herramienta de política pública: ciencia, salud y biodiversidad en el centro del debate

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Este 23 de abril, en Posadas, la jornada que se realiza en su sede no solo reúne a investigadores, sino que pondrá sobre la mesa una discusión de fondo: cómo el conocimiento genético puede influir en decisiones de gobierno vinculadas a la conservación y la salud. En ese marco, el investigador Diego Cadena Mantilla anticipó parte del enfoque: el ADN como puente entre biodiversidad, desarrollo y políticas públicas. La tensión es clara: ¿puede la ciencia convertirse en insumo efectivo para la toma de decisiones estatales?

Del laboratorio al territorio: el ADN como herramienta de gestión

El encuentro, abierto con inscripción previa y enmarcado en el Día Internacional del ADN (25 de abril), busca mostrar cómo una herramienta técnica puede tener impacto concreto en la gestión pública. Desde el IMiBio, el enfoque apunta a integrar investigación, conservación y desarrollo productivo.

Cadena Mantilla explicó que una de las líneas centrales es el uso del llamado ADN ambiental, una metodología que permite detectar especies a partir de rastros genéticos en el entorno —como pelos o residuos biológicos— sin intervenir directamente en el hábitat. El dato no es menor: habilita monitoreos no invasivos y la detección temprana de especies invasoras, lo que puede traducirse en decisiones más rápidas en materia de control ambiental.

La lógica institucional detrás de este enfoque es clara: generar información precisa para anticipar problemas, en lugar de reaccionar cuando el daño ya está consolidado. En ese esquema, el ADN deja de ser solo una herramienta de laboratorio y pasa a ser un insumo estratégico para la gestión.

Diego Cadena Mantilla, investigador del IMiBio

Biodiversidad y salud: un vínculo en construcción

El evento también busca ampliar el alcance del debate hacia el campo de la salud. Durante la jornada se presentarán avances sobre el uso de compuestos derivados de la biodiversidad misionera, en particular a partir de hongos, con potencial aplicación en tratamientos vinculados al virus del papiloma humano.

Según lo expuesto, las investigaciones se encuentran en una etapa inicial, centrada en revisión y delimitación de los proyectos, a la espera de validaciones institucionales para avanzar en ensayos. Sin embargo, el planteo introduce un punto clave: la biodiversidad como activo estratégico, no solo ambiental sino también sanitario.

En términos de política pública, esto abre una discusión sobre cómo transformar recursos naturales en desarrollos aplicados, bajo criterios de sustentabilidad. La ecuación no es lineal: requiere inversión, articulación institucional y marcos regulatorios adecuados.

El rol del biobanco y la disputa por el conocimiento

Otro de los ejes que emergen del planteo del IMiBio es el resguardo de material genético. El biobanco aparece como una pieza central para conservar información que, en muchos casos, podría perderse con la desaparición de especies.

La lógica es preventiva, pero también estratégica. Contar con ese material permite, a futuro, desarrollar investigaciones, comparar poblaciones y entender cambios ambientales. En términos de poder, implica resguardar conocimiento propio frente a un escenario global donde la biodiversidad adquiere valor económico y científico.

El propio investigador señaló que muchas veces la valoración de estos recursos llega tarde, cuando ya no están disponibles. En ese punto, el biobanco se posiciona como una herramienta de soberanía científica.

Ciencia, alianzas y capacidad de incidencia

El evento también apunta a fortalecer vínculos con otras instituciones, como la Universidad Nacional de Misiones, en un intento de consolidar redes de trabajo que permitan escalar investigaciones. La lógica es clara: sin articulación, los desarrollos quedan limitados; con alianzas, pueden transformarse en innovación aplicada.

A la vez, el planteo reconoce una limitación estructural: la falta de herramientas o recursos para avanzar en determinadas líneas de investigación. En ese contexto, el resguardo de material genético aparece como una forma de sostener potencial futuro, incluso cuando las condiciones actuales no permiten desarrollarlo plenamente.

Un debate que recién comienza

La jornada del 23 de abril se presenta como un punto de partida más que como una síntesis. El desafío es traducir el conocimiento científico en políticas concretas, en un terreno donde intervienen múltiples variables.

Habrá que observar si este tipo de iniciativas logra consolidarse como un canal efectivo de incidencia en la toma de decisiones o si permanece dentro del circuito técnico. Por ahora, el movimiento es evidente: la ciencia busca ocupar un lugar en la construcción de agenda pública. El alcance real de esa intervención todavía está en disputa.

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Retiran 383 kilos de monedas de las Cataratas del Iguazú

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El lecho del río Iguazú volvió a mostrar una intervención silenciosa pero significativa: durante una jornada de trabajo coordinada, se retiraron 383 kilos de monedas arrojadas por visitantes en las Cataratas del Iguazú. La tarea se realizó esta semana, aprovechando la estabilidad del caudal, en una zona de difícil acceso del lado brasileño del parque.

El dato no es menor. La magnitud del material extraído expone el volumen acumulado de una práctica prohibida dentro del área protegida y coloca en primer plano una tensión persistente entre turismo masivo y conservación ambiental.

Un problema que excede lo simbólico

La recolección fue llevada adelante por trabajadores y voluntarios de la empresa que administra el atractivo en Brasil, quienes descendieron a sectores donde habitualmente no acceden los visitantes. Entre rocas y corrientes, además de monedas, aparecieron objetos como gafas, botellas y gorras.

Aunque el gesto de arrojar monedas suele asociarse a rituales de deseo, su impacto dista de ser simbólico. Según lo informado, muchas de las piezas presentan corrosión, lo que implica la liberación de metales en el agua, con efectos potenciales sobre el ecosistema acuático.

La práctica, heredada de tradiciones como la de la Fontana de Trevi, está explícitamente prohibida dentro del parque. Sin embargo, continúa replicándose de forma sostenida, lo que sugiere límites en la efectividad de los controles o en la concientización de los visitantes.

Qué cambia tras la intervención

Del total recolectado, las monedas fueron clasificadas según su estado. Aquellas que aún conservan valor serán reutilizadas para financiar acciones ambientales dentro del parque, mientras que las deterioradas no podrán reintegrarse al circuito económico.

La operación solo fue posible por las condiciones excepcionales del río, ya que niveles más altos de caudal impiden el acceso seguro a esas zonas. Esto introduce una variable operativa clave: la limpieza no puede realizarse de manera continua, lo que favorece la acumulación progresiva de residuos.

Gestión ambiental bajo presión turística

El episodio vuelve a poner en discusión la capacidad de gestión ambiental en áreas de alta presión turística. Las Cataratas del Iguazú no solo son un emblema natural, sino también un activo económico estratégico para la región de las Tres Fronteras.

En ese marco, la persistencia de prácticas prohibidas plantea un desafío para los administradores del parque: equilibrar la experiencia turística con la preservación del entorno. La evidencia recogida en esta intervención muestra que, más allá de la normativa vigente, el comportamiento de los visitantes sigue siendo un factor crítico.

Al mismo tiempo, la reutilización parcial de lo recolectado para financiar acciones ambientales introduce una lógica de reinversión, aunque condicionada por la calidad del material recuperado.

Impacto ambiental

El retiro de residuos no solo implica un esfuerzo logístico y operativo, sino también costos asociados a la conservación. La acumulación de metales en el agua puede afectar la biodiversidad, lo que a largo plazo impacta en el valor ambiental del destino.

En términos económicos, el turismo en la región depende en gran medida de la calidad del entorno natural. Cualquier deterioro sostenido podría traducirse en una pérdida de atractivo, con efectos indirectos sobre la actividad.

Alerta para Misiones

Aunque la intervención se realizó del lado brasileño, el sistema de Cataratas es compartido con Argentina. Lo ocurrido funciona como señal de alerta para la gestión del lado misionero, donde el flujo turístico también es elevado.

Sin datos específicos sobre intervenciones similares en el parque argentino, el episodio sugiere un impacto potencial que trasciende fronteras administrativas y obliga a pensar estrategias coordinadas en toda la región.

La continuidad de estas prácticas abre interrogantes sobre la efectividad de las campañas de concientización y los mecanismos de control dentro del parque. También pone en agenda la necesidad de reforzar políticas de educación ambiental orientadas al visitante.

A futuro, variables como el volumen de turistas, las condiciones del río y la capacidad operativa para realizar nuevas extracciones serán determinantes para evaluar si el problema se contiene o se profundiza.

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