Consumo Argentina 2026

“Hay que resignar rentabilidad”: el diagnóstico del dueño de Antares sobre la crisis del consumo

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El socio de Antares Posadas y Larronda advierte sobre la fuerte caída del consumo, el impacto de tarifas y la presión fiscal, y plantea que la clave pasa por la eficiencia: “Hay que resignar rentabilidad para sostenerse”. En medio de una seguidilla de cierres de comercios en Posadas y un escenario de enfriamiento económico que se replica en todo el país, el empresario gastronómico Juan Pablo Fantini traza un diagnóstico directo, sin eufemismos: la rentabilidad desapareció y el objetivo dejó de ser crecer.

Hoy el desafío no es vender más, es ser más eficiente”, resume el socio propietario de Antares Posadas y Larronda, dos referencias del polo gastronómico de la Costanera.

Su análisis combina macroeconomía, costos operativos y dinámica empresarial. Y deja una conclusión contundente: el modelo de negocios cambió.

En una entrevista concedida a Open1017, Fantini describe un estado de situación de la economía con tasas altas -que encarecen el dinero- y tensiones comerciales que impactan en los costos. Pero el golpe más fuerte se siente en el plano local.

“Venimos de un período de alta inflación, caída del consumo y enfriamiento de la economía. Y ahora se suma el ajuste de precios relativos”, explica.

En ese esquema, el impacto en el sector gastronómico es particularmente severo, con aumento de tarifas energéticas de hasta 900%, suba generalizada de costos operativos, caída del poder adquisitivo y la imposibilidad de trasladar precios al consumidor.

“El margen se comprimió completamente. Estamos trabajando prácticamente sin rentabilidad, solo para mantenernos”, señala.

El empresario plantea que la lógica tradicional del negocio quedó obsoleta. Durante años, el crecimiento y el traslado de inflación a precios eran mecanismos habituales. Hoy ya no funcionan.

“Antes cualquier aumento se trasladaba a precios. Hoy eso no es posible”, advierte.

En ese nuevo escenario, el foco pasa por la estructura interna, que tiene que enfocarse en optimización de costos, reducción de stock, análisis fino del mix de ventas, priorización de productos más rentables y mejora de la productividad.

Hay que resignar rentabilidad. No hay otra opción”, afirma. Incluso redefine el objetivo empresarial: “Antes uno proyectaba crecer. Hoy el objetivo es mantenerse”.

En este proceso de adaptación, Fantini reconoce un cambio clave: la incorporación de herramientas tecnológicas.

“Hoy no hay comercio que no tenga sistemas de gestión. Y la inteligencia artificial llegó para quedarse”, sostiene.

En su caso, la utilizan para analizar el mix de ventas, calcular puntos de equilibrio, optimizar la carta y reducir costos operativos.

“Nos permitió tomar decisiones más rápidas y bajar costos. Es una herramienta clave en este contexto”, destaca.

Fantini también aporta una mirada interesante sobre el modelo de franquicias, donde Antares es un caso testigo.

Según explica, el problema central es la rigidez, ya que “las decisiones deben aplicarse a toda la red”, lo que deriva en que “los cambios son más lentos” y “no se adaptan fácilmente a realidades locales”.

“El dinamismo que requiere hoy la situación hace que el modelo de franquicias esté más afectado”, afirma.

En contraposición, destaca la flexibilidad de los emprendimientos propios, como La Ronda, que permiten respuestas más rápidas ante el cambio constante.

Con operaciones en Misiones y Corrientes, Fantini introduce un dato clave para el análisis regional: el costo de operar no es el mismo.

“Siento que es mucho más costoso mantener una empresa en Misiones que en Corrientes, principalmente por la carga impositiva”, señala.

Aunque el perfil del consumidor es similar, el diferencial fiscal impacta directamente en la competitividad.

Uno de los puntos más críticos es el costo laboral, que depende de los impuestos nacionales que no han bajado. El 57 por ciento de los costos es laboral. “Es demasiado alto. En este contexto es insostenible”, advierte.

La ecuación se vuelve más compleja cuando se combina con tarifas energéticas disparadas y caída de ingresos. 

“Es muy difícil sostener 32 empleados en este escenario”, reconoce.

De cara al futuro, el empresario evita el optimismo fácil. Su proyección es moderada. “Habrá una recuperación muy lenta, dependiente del poder adquisitivo y atada a la llegada de inversiones”.

“Sin mejora en los ingresos reales de la gente, esto va a seguir complicado”, advierte.

Fantini cierra con una mirada estructural sobre el tejido empresarial, en un contexto donde -según datos que menciona- cerraron miles de pymes en el último año.

“Los que tienen más chances de sostenerse son los que logren optimizar sus costos y su estructura”.

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Encarnación siente la crisis argentina: caen ventas y se retrae el consumo en la frontera

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La crisis económica argentina ya no es un fenómeno aislado dentro de sus fronteras. En ciudades limítrofes como Encarnación, en Paraguay, el impacto se siente con claridad en el comercio, históricamente sostenido por el flujo de compradores argentinos. Así lo describió el presidente de la Cámara de Comercio de Encarnación, Conrado Kiener, quien trazó un diagnóstico directo: la caída del consumo del lado argentino está afectando de lleno a la actividad comercial en la ciudad.

“Somos dependientes directos de los compradores argentinos”, explicó, al señalar que la falta de dinero circulante y las dificultades financieras —como el uso restringido de tarjetas de crédito— redujeron de manera significativa las ventas.

Aunque no cuentan con estadísticas precisas, desde el sector aseguran que la baja es generalizada y atraviesa todos los rubros. El termómetro es el “boca a boca”, una herramienta informal pero contundente en el comercio local. “Todos los rubros están involucrados en esta situación”, sintetizó Kiener.

Uno de los aspectos más relevantes es el cambio en el comportamiento del consumidor argentino. Si bien todavía existe una ventaja de precios en algunos productos en Encarnación -especialmente en supermercados-, la dinámica de compra se transformó.

Hoy, quienes cruzan la frontera lo hacen con un objetivo claro: adquirir lo estrictamente necesario. Los bienes considerados secundarios, como indumentaria o electrodomésticos, quedan relegados. “La gente viene, pero no compra como antes”, resumió Kiener.

Este fenómeno refleja una contracción más profunda del poder adquisitivo: incluso cuando hay oportunidades de precios, la demanda no responde por falta de ingresos disponibles.

Macroeconomía sólida, bolsillo ajustado

El dirigente también introdujo una distinción clave: la estabilidad macroeconómica de Paraguay no se traduce necesariamente en bienestar cotidiano. “Una cosa es la macroeconomía y otra el bolsillo de la gente”, señaló, reconociendo que también existen tensiones internas en el consumo local.

A este escenario se suman factores externos, como el encarecimiento de los combustibles a nivel global, vinculado a conflictos internacionales. El aumento de los costos logísticos impacta directamente en los precios finales de las mercaderías, agravando la situación comercial.

La relación comercial entre Encarnación y Posadas vuelve a mostrar su carácter pendular. Cuando la brecha cambiaria favorece a Paraguay, el flujo de argentinos impulsa el comercio encarnaceno. En sentido inverso, cuando las condiciones cambian, el impacto es inmediato.

Kiener planteó la necesidad de construir un “piso de consumo” interno que permita estabilizar la actividad económica sin depender exclusivamente de la demanda argentina. “No podemos ir para atrás, tenemos que quedar en un punto de sustento”, advirtió.

El diagnóstico deja en evidencia que la crisis no reconoce fronteras. La caída del consumo en Argentina repercute directamente en el comercio paraguayo, mientras que los problemas estructurales -costos, salarios y presión económica- afectan a ambos lados del río Paraná.

Lejos de una competencia directa, desde Encarnación plantean la necesidad de cooperación regional. “Deberíamos trabajar juntos para prosperar todos”, sostuvo Kiener, en un llamado a repensar la lógica económica de una región que, en los hechos, funciona como un mismo sistema.

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El consumo no despega: la confianza comercial apenas se sostiene en 1,3%

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El comercio minorista argentino comenzó 2026 con una sensación dominante de cautela. No hay desplome, pero tampoco recuperación. El último relevamiento del INDEC sobre supermercados y autoservicios mayoristas muestra un Indicador de Confianza Empresarial (ICE) de apenas 1,3%, un valor que lo deja técnicamente en terreno positivo pero sin margen para el entusiasmo.

Detrás de ese número hay un clima empresarial que oscila entre la normalidad forzada y la preocupación contenida. Dos de cada tres empresas describen su situación comercial como “normal”, pero una de cada cuatro la considera directamente “mala”. El balance arroja -16,3%, confirmando que el humor sectorial todavía arrastra el desgaste de meses previos.

La fotografía financiera tampoco muestra alivio contundente. Predomina la estabilidad, aunque con sesgo negativo, y el acceso al crédito sigue siendo una de las principales restricciones: un tercio de las firmas lo considera difícil y casi nadie lo percibe como fácil. En un contexto de tasas reales altas y financiamiento selectivo, la liquidez no fluye con naturalidad hacia el canal comercial.

Sin embargo, el dato más revelador no está en la confianza sino en la demanda. Más de la mitad de las empresas identifica la debilidad del consumo como el principal factor que limita su capacidad de expansión. El comercio no enfrenta un problema de oferta ni de infraestructura: enfrenta un problema de compradores.

En ese escenario, los precios siguen ajustándose. El 57,5% de las empresas informó aumentos en el último mes, lo que sugiere que la desaceleración inflacionaria no elimina la necesidad de recomposición de márgenes o cobertura de costos.

De cara al trimestre febrero-abril, las expectativas mejoran levemente: uno de cada cinco empresarios espera una mejora y solo una minoría anticipa un deterioro. Pero la mayoría cree que todo seguirá igual. Y ese “igual” es, en realidad, el verdadero dato político y económico: estabilidad sin dinamismo.

La recuperación del consumo, si llega, será gradual y dependerá más del poder adquisitivo que de la confianza empresarial.

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