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Yerba mate: cooperativas sostienen precios, pero advierten que el mercado “aplasta” al productor

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En pleno inicio de zafra y con el precio de la hoja verde en caída, el presidente de la Federación de Cooperativas Agrícolas de Misiones (FEDECOOP), Gustavo Hein, puso en evidencia el límite estructural del sistema cooperativo frente al nuevo escenario de mercado: aun sosteniendo mejores valores para sus socios, la competencia con operadores que compran más barato termina “aplastando” los precios.

El dato central es contundente: mientras el costo de producción ronda los 465 pesos (dato brindado por el INYM en septiembre de 2025), el mercado paga entre 210 y 250 pesos, con plazos de hasta 120 días. La tensión queda planteada: ¿puede el cooperativismo resistir en un esquema donde el precio lo fija el eslabón con mayor poder de compra?

El cooperativismo como amortiguador: hasta dónde alcanza

El planteo que Hein brindó a Economis no se limita a una queja coyuntural. Expone una dinámica que atraviesa a toda la cadena yerbatera. Las cooperativas, explicó, intentan trasladar la mayor cantidad de beneficios al productor, evitando intermediación y sosteniendo valores más altos para sus socios. Así quedó observado en los precios que pagan Las Tunas o la cooperativa que produce la marca Piporé que marcan los precios más elevados de la región entre 380 y 450

Ese esquema, que históricamente funcionó como regulador informal del mercado, hoy muestra fisuras. La razón es simple: “cuando otros actores acceden a materia prima más barata, logran competir con ventaja en la góndola”. Esa diferencia termina presionando a la baja los precios generales, explicó Hein.

El mecanismo es progresivo. “Primero cae el precio de referencia. Luego se reduce la capacidad de las cooperativas para sostener valores diferenciales. Finalmente, aparece la pérdida de mercado”.

Costos, precios y ecuación inviable

Los números que describe el sector muestran una brecha crítica. El último costo de producción sin rentabilidad se ubicaba en torno a los 465 pesos por kilo de hoja verde. A ese valor debería sumarse entre un 25% y un 30% de margen para alcanzar un precio sustentable, cercano a los 700 pesos.

Sin embargo, el mercado opera muy por debajo. En términos generales, los productores reciben entre 210 y 250 pesos. En algunos casos, incluso menos. Esto también se observa en la comercialización de yerba canchada que es otra opción que usan algunas cooperativas o pequeños molinos, allí el valor de comercialización oscila en los 800 pesos por kilo de canchada, cuando el valor no debería ser inferior a los 1440 pesos.

El problema no es solo el precio, sino la estructura de costos. Para producir un kilo de yerba canchada se requieren tres kilos de hoja verde, a lo que se suman los costos de secanza. Con valores deprimidos en origen, la ecuación se vuelve directamente inviable.

A eso se agrega otro factor crítico: los plazos de pago. La extensión a 120 días traslada la carga financiera al productor, que debe sostener costos sin ingresos inmediatos.

Gustavo Hein, presidente de Fedecoop

Competencia desigual y pérdida de referencia

El análisis de Hein introduce un concepto clave: la competencia desleal dentro del propio mercado. No se trata solo de diferencias de eficiencia, sino de estructuras de compra que permiten acceder a materia prima a valores más bajos.

Ese diferencial se traslada a la comercialización. Quien compra más barato puede vender más barato. Y quien intenta sostener precios más altos pierde competitividad (o mercados).

El efecto es sistémico. Las cooperativas, aun con voluntad de sostener precios justos, quedan atrapadas en una lógica de mercado que no controlan. El resultado es una pérdida progresiva de referencia en los valores.

Un modelo en tensión y un debate abierto

La situación del cooperativismo yerbatero refleja una discusión más amplia sobre el funcionamiento del mercado en las economías regionales. Sin herramientas de regulación, el precio se define por la capacidad de compra, no por los costos de producción.

En ese contexto, el sistema cooperativo intenta sostener un equilibrio que se vuelve cada vez más frágil. La zafra en curso será una prueba concreta de hasta dónde puede resistir ese modelo.

Las próximas semanas estarán marcadas por dos variables: la evolución de los precios en plena cosecha y la capacidad del sector para sostener estrategias colectivas frente a la presión del mercado.

El interrogante no es solo económico. También es político: si el precio deja de ser una variable acordada y pasa a ser una imposición de mercado, el rol de cada actor dentro de la cadena vuelve a quedar en discusión.

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Un sirio rompe el mercado: pagará 350 pesos y quiere 10 millones de kilos de yerba

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Mientras el mercado amagaba con empezar la zafra gruesa con un precio promedio de 240 pesos con pagos a largo plazo, la yerbatera Hoja Verde SRL anunció que pagará $350 por kilo de hoja verde a partir del lunes 30 de marzo de 2026. La decisión, comunicada desde su base operativa en Comandante Andresito, irrumpe en un mercado que llega a la zafra sin referencias claras y con tensiones abiertas entre productores, secaderos y molinos. El precio de oferta fue confirmado a Economis por Omar Kassab, uno de los empresarios sirios que compite por la yerba mate en Andresito. “Hoja verde ofrece comprar a 350 pesos el kilo para la zafra que arranca ahora en abril”, confirmó Kassab en diálogo con este medio.

El anuncio se inscribe en un escenario donde el precio de la hoja verde dejó de tener un anclaje institucional fuerte y pasó a depender de acuerdos bilaterales y decisiones empresariales. En ese marco, la empresa no solo fijó un valor, sino que además definió condiciones: el pago combinará efectivo -para cubrir costos de cosecha- y cheques a plazos aún en definición, con un horizonte de 30 a 70 días. “Vamos a pagar el costo de cosecha en efectivo y el resto probablemente con cheques a 30, 60 o 90 días. No vamos a ir a 120 o 180 días, como se está hablando”.

La estrategia incluye volumen. La firma proyecta acopiar alrededor de 10 millones de kilos de hoja verde y entre 7 y 8 millones de kilos de yerba canchada durante la zafra que se extenderá hasta septiembre. A eso se suma un esquema de acuerdos con cooperativas y secaderos del norte de Misiones, donde se aplicaría el mismo precio.

Pero hay un elemento que introduce una lógica distinta: la exigencia de calidad. La empresa condiciona el precio a parámetros productivos más estrictos, en un intento por corregir -según plantean- uno de los problemas estructurales del mercado: la heterogeneidad del producto que impacta en toda la cadena. “Vamos a pagar este precio, pero vamos a exigir calidad. Tenemos que empezar a cuidar nuestra calidad, que es lo único que nos va a llevar a un buen camino”, remarcó Kassab. En ese sentido, planteó la necesidad de respetar parámetros técnicos como el porcentaje de hoja y el grosor de palo, en línea con las regulaciones vigentes.

Impacto en la cadena: productores, cooperativas y competencia en alerta

El anuncio tiene efectos inmediatos sobre la correlación de fuerzas. Para los productores, establece una referencia concreta en la previa de la cosecha, algo que no abundaba en las últimas campañas. Para cooperativas y secaderos, implica un incentivo -y al mismo tiempo una presión- para alinearse a un esquema que combina precio competitivo con mayores exigencias técnicas. También marca un punto de referencia para la “pizarra” de valores que impulsa el Gobierno, con precios de referencia para que el productor pueda decidir a quién venderle. En el sector industrial aseguran que no puede utilizarse esa sugerencia como regla de un mercado desregulado, pero los productores buscan desesperadamente un precio que al menos cubra los costos.

Al mismo tiempo, el movimiento interpela al resto de las empresas. Si otras firmas no convalidan ese valor, el mercado podría fragmentarse aún más. Si, en cambio, lo toman como referencia, se configuraría un nuevo piso de negociación con impacto directo en toda la cadena yerbatera.

La apuesta también tiene una dimensión industrial. La empresa avanza en paralelo con el desarrollo de un molino propio en articulación con productores del norte, con la expectativa de comenzar operaciones hacia fin de año o inicios del próximo. Ese dato no es menor: implica integración vertical y mayor capacidad para capturar valor agregado dentro de la provincia.

La fijación de $350 por kilo no cierra la discusión. La abre. En un sector donde históricamente el precio fue resultado de negociación institucional, la irrupción de decisiones empresariales directas redefine reglas y tiempos. Más allá del volumen o del precio puntual, la decisión de Kassab tiene un impacto simbólico: marca un piso en un mercado desregulado y presiona al resto de la industria.

Ojalá que todas las empresas puedan hacer lo mismo. Este es el camino que va a llevar a todo a un buen punto”, marcó el empresario.

Lo que ocurra en las próximas semanas será clave. Si aparecen otros precios de referencia, si las cooperativas logran sostener condiciones de pago más favorables o si la calidad se convierte en un factor determinante, el mercado podría entrar en una nueva fase.

Por ahora, la señal está dada. Falta ver si se transforma en tendencia o si queda como una jugada aislada en un escenario que todavía no termina de ordenarse.

Molino de Andresito, obras en marcha y acopio de canchada

Otra de las cuestiones que confirmó a Economis, Kassab fue que las obras en el Molino Cooperativo de Andresito están en marcha. Por ahora usarán los depósitos como “centro de acopio de yerba mate canchada, que iremos comprando a las cooperativas y secaderos. Yerba canchada de calidad”, remarcó el empresario.

“La obra del molino sigue adelante y esperamos terminarla para septiembre de este año y poder ponerlo en funcionamiento”, explicó Kassab. Quien considera que podrán tenerlo a pleno funcionamiento para el año 2027.

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