COP30

Agricultores pueden ahora medir y beneficiarse del comercio de carbono de árboles frutales

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Escribe Wilson Odhiambo / Inter Press Service – Los agricultores ahora pueden conocer y beneficiarse de su contribución al cambio climático gracias a una fórmula que se puede utilizar para calcular la cantidad de carbono almacenado en los árboles frutales, como muestra una iniciativa desarrollada en Kenia.

En un proyecto denominado «Árboles frutales para la mitigación y adaptación al cambio climático en África Oriental», la Universidad de Agricultura y Tecnología Jomo Kenyatta (Jkuat), en colaboración con el Instituto Internacional de Agroforestería (Icraf, en inglés), desarrolló una fórmula matemática que permite a los agricultores calcular y determinar la cantidad de carbono que almacenan sus árboles frutales.

La fórmula implica el uso de ecuaciones alométricas, mediante las cuales el agricultor introduce el diámetro del árbol para obtener su biomasa, que luego se utiliza para determinar la cantidad de carbono que contiene.

El objetivo de este proyecto es animar a los agricultores a plantar más árboles frutales para promover la mitigación del cambio climático.

La fórmula se centra principalmente en los árboles de aguacate y mango, que son los tipos de árboles frutales más comunes cultivados por los agricultores que practican la agrosilvicultura en Kenia.

Tradicionalmente, había que talar los árboles para determinar la cantidad de carbono que contenían. Ahora, los agricultores pueden evaluar la cantidad de carbono almacenada en un árbol simplemente tomando medidas y haciendo un pequeño cálculo, en lugar de talarlo.

Con este conocimiento, los agricultores pueden mantenerse informados sobre su contribución al cambio climático mientras mantienen su medio de vida, lo que también les ayudará a negociar adecuadamente los créditos de carbono en el mercado de comercio de carbono, en rápido crecimiento.

Tierras agrícolas necesarias para el control del cambio climático

Según Shem Kuyah, el investigador responsable de la fórmula, la captura de carbono se realiza principalmente en los bosques, pero el aumento de la población humana ha dado lugar a actividades humanas que causan continuamente la destrucción y la disminución de los bosques.

Como resultado, se hizo urgente la necesidad de encontrar otras alternativas para la absorción de carbono, y las tierras agrícolas se consideraron una alternativa de conservación a través de la agrosilvicultura.

Kuyah es profesor en la Jkuat, en el departamento de agrosilvicultura.

«Uno de los principales objetivos del proyecto es formar y concienciar a los agricultores sobre la importancia de plantar árboles para el control del clima», afirmó Kuyah a IPS.

Anteriormente, la contribución al secuestro de carbono y a la mitigación del cambio climático se asociaba principalmente a los bosques.

«Sin embargo, con el aumento de la población humana, las reservas forestales comenzaron a disminuir, a pesar de la necesidad de más árboles para combatir el cambio climático. Por lo tanto, se consideró que las tierras agrícolas podían proporcionar espacio para plantar más árboles mediante la agrosilvicultura», explicó Kuyah.

Los agricultores dependen de sus tierras y cultivos para obtener ingresos, por lo que el proyecto tenía que promover la agrosilvicultura teniendo en cuenta los árboles más beneficiosos desde el punto de vista económico.

«Descubrimos que los agricultores preferían plantar árboles frutales y que los mangos y los aguacates eran las especies arbóreas más comunes», afirmó.

Beneficiarse del comercio de carbono igual a plantar más árboles frutales

Dada la importancia de los árboles frutales para el sustento de los agricultores, este proyecto no solo les dio una razón para cultivar árboles frutales para controlar el cambio climático, sino que también les proporcionó un incentivo financiero adicional: aprovechar el comercio de créditos de carbono.

Los créditos de carbono son certificados negociables en los que un crédito de carbono representa una tonelada métrica de CO₂ (u otro gas de efecto invernadero equivalente) reducida o eliminada de la atmósfera.

Permiten a las empresas y gobiernos altamente contaminantes compensar sus emisiones de gases de efecto invernadero financiando proyectos que reducen o eliminan la contaminación, como iniciativas de reforestación o de energía renovable.

Más allá de su impacto climático, estos proyectos suelen aportar beneficios adicionales, como el empoderamiento de las comunidades, la protección de la biodiversidad o la mejora de la salud pública.

«Tenemos dos fórmulas que se utilizan para determinar la cantidad de carbono en los árboles. La fórmula general, que se puede aplicar a cualquier tipo de árbol, y la fórmula específica para cada especie, desarrollada para satisfacer las necesidades de los agricultores, determinan la cantidad de carbono en los árboles frutales», dijo Kuyah.

Esta última, precisó, «es más precisa en la cuantificación del carbono, ya que solo permite un error marginal (alrededor de 5 %) en comparación con la fórmula general (hasta un 40 % de error)».

Dado que los agricultores pueden determinar la cantidad de carbono sin talar sus árboles, la fórmula les anima a plantar más árboles frutales, lo que beneficia su sustento a través del comercio de créditos de carbono y contribuye a la mitigación del cambio climático.

Acuerdos de la COP30

El hecho de que las plantas sean la principal fuente de sustento de los agricultores convierte este proyecto en un activo importante para la mitigación del cambio climático, especialmente ahora, en un momento en el que las naciones parecen discrepar sobre las medidas de control del clima.

Han pasado diez años desde el Acuerdo de París de 2015, cuyo objetivo era limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 grados centígrados, con 2 grados como máximo absoluto, lograr emisiones netas de carbono cero a mediados de siglo y proporcionar apoyo económico a los países vulnerables al cambio climático.

Sin embargo, la financiación de esta iniciativa sigue siendo un reto.

Muchos países no han cumplido sus objetivos y, según la Organización Meteorológica Mundial, las emisiones de carbono alcanzarán un máximo histórico en 2024.

Los líderes mundiales aún no han llegado a un acuerdo amistoso sobre el camino a seguir en cuanto a las medidas y han puesto un énfasis considerable en encontrar formas de financiar la mitigación.

En la 30 Conferencia de las Partes (COP3) sobre cambio climático, celebrada en la ciudad brasileña de Belém en noviembre, se anunció la plena puesta en marcha del Mecanismo de Créditos del Acuerdo de París (PACM, en inglés), que regula los mercados de carbono.

Además, la Coalición para el Crecimiento de los Mercados de Carbono, lanzada en septiembre por los copresidentes de Singapur, el Reino Unido y Kenia, recibió el respaldo de 11 países y el apoyo de otros más durante las deliberaciones en Belém.

Los objetivos declarados de la coalición son armonizar, integrar y estandarizar dichos mercados para movilizar una mayor financiación para una acción climática más rápida y proporcionar un conjunto coherente de principios y salvaguardias requeridos por las empresas.

¿Cómo se beneficiarán los agricultores de árboles frutales?

El proyecto de Jkuat no solo aborda las medidas contra el cambio climático, sino que también fomenta la participación pública y la educación mediante la formación de los agricultores.

Desde que Kenia se unió al comercio de créditos de carbono en 2023, varios agricultores y propietarios de tierras se han quejado de haber sido estafados o de no haber recibido una compensación adecuada por su contribución a la reducción de carbono.

En un documental reciente, Carbon Contract, realizado por un medio de comunicación local de Kenia, los habitantes del noreste del país se quejaban de que solo recibían 20 % de la venta total de carbono de sus tierras, como parte de un acuerdo que preveía que un proyecto de compensación de carbono utilizara sus tierras durante un máximo de 30 años.

Los participantes se quejaban de la falta de transparencia del proyecto.

Sin embargo, el proyecto de «Árboles frutales para la mitigación y adaptación al cambio climático en África Oriental» tiene entre sus objetivos formar a las organizaciones cooperativas de ahorro y crédito de los agricultores y a los agentes de extensión sobre cómo utilizar la fórmula para calcular la cantidad de carbono de sus árboles.

Esa formación les da una ventaja a la hora de negociar los créditos de carbono.

La formación también incluye la comprensión de qué es el comercio de carbono y cómo funciona.

«Nuestra fórmula puede ayudar a los agricultores a negociar los créditos de carbono desde un punto de vista consciente», explicó Kuyah.

Destacó que «con una simple cinta métrica y una calculadora, los agricultores pueden determinar el valor de carbono de sus árboles, de modo que cuando se les acerquen programas relacionados con el comercio de créditos de carbono, sabrán exactamente cuánto deben recibir».

«También intentamos que nuestra fórmula fuera lo más fácil de entender posible para los agricultores, pidiéndoles solo que midieran el diámetro del árbol y lo utilizaran para calcular la cantidad de carbono con una calculadora», detalló.

«Estamos desarrollando una aplicación/interfaz que generará automáticamente la cantidad de carbono después de que el agricultor introduzca la especie y el diámetro del árbol. Actualmente, les hemos proporcionado una plataforma Excel que realiza los cálculos», amplió Kuyah.

El programa de formación para agricultores llevado a cabo por la Jkuat y el Icraf puede ser, por lo tanto, una de las muchas soluciones al cambio climático que se buscaron en Belém, durante la cumbre climática, la COP30, desarrollada entre el 10 y el 22 de noviembre.

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La COP30 terminó sin abordar los combustibles fósiles

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Fermín Koop, Tom Baxter, Qiwen Cui, Lin Zi, Dialogue Earth. En una dramática sesión plenaria final, los países participantes de la conferencia sobre el clima COP30 celebrada en Belém, Brasil, llegaron a un compromiso. Su acuerdo estableció un nuevo objetivo de triplicar la financiación para adaptarse a los efectos de la crisis climática y creó un mecanismo para una transición justa hacia la energía limpia, pero evitó hacer referencia a los minerales críticos y a una hoja de ruta para los combustibles fósiles y la deforestación.

La cumbre climática, la primera que se celebra en el bioma amazónico, tuvo lugar diez años después de la adopción del Acuerdo de París. Con ese tratado, los países acordaron evitar que la temperatura media mundial aumentara más de 2 °C por encima de los niveles preindustriales y, en el mejor de los casos, mantener este aumento por debajo de 1,5 °C.

Al comienzo de la COP30, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva pidió a los países que acordaran una hoja de ruta para la transición de los combustibles fósiles. Hace dos años, en la COP28, los países incluyeron la primera referencia a esa transición en el acuerdo final de la cumbre, pero no se pusieron de acuerdo sobre cómo llevarla a cabo. Se esperaba que esto se acordara en la COP30.

Un grupo de más de 80 países apoyó la petición de Lula en Belém, pero no fue suficiente para que la hoja de ruta se incluyera en el texto final. En su lugar, el presidente de la COP30, André Corrêa do Lago, anunció en la sesión plenaria final que creará la hoja de ruta durante el resto de su presidencia, que durará hasta la COP31 el próximo noviembre.

“Algunos de ustedes mostraron una gran ambición en algunos de los temas, pidiéndonos que hiciéramos más para luchar contra el cambio climático. Intentaré no decepcionarlos durante mi presidencia”, afirmó.

Cuando se hizo evidente que los combustibles fósiles no aparecerían en el documento de decisión de la COP30, Colombia y los Países Bajos anunciaron que el próximo abril acogerán la Primera Conferencia Internacional para la Eliminación Global de los Combustibles Fósiles. Esta reunión, que se celebrará en Santa María, Colombia, será independiente del proceso climático de las Naciones Unidas, pero está diseñada para complementar los esfuerzos para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París.

Se lograron avances en materia de adaptación, ya que la COP30 adoptó el primer conjunto mundial de indicadores para medir los progresos en la adaptación al cambio climático.

Los 59 indicadores se redujeron a partir de una lista de 100 que los expertos habían presentado en los últimos dos años. Ayudarán a mostrar dónde y cómo se están aplicando las medidas de adaptación, y si son suficientes o no. Observadores dijeron a Dialogue Earth que la lista se acordó a puertas cerradas y que se habían eliminado algunos indicadores clave, como por ejemplo uno que mide cómo los gobiernos integran la adaptación en sus políticas públicas. También, según ellos, se debilitó la fuerza de otros puntos.

Los países tampoco dispondrán de financiación para utilizar realmente los indicadores para medir los progresos, algo que han cuestionado los observadores y los negociadores. La negociadora principal de Colombia, Daniela Durán, afirmó en la sesión plenaria de clausura que “el resultado en materia de adaptación es insuficiente” y que la lista de indicadores “no se basa en una decisión inclusiva, ya que no ha habido tiempo suficiente para revisarla”.

Además de los indicadores, los países acordaron triplicar el apoyo de los países desarrollados a los países en desarrollo para adaptarse a los efectos del cambio climático, pasando de 40.000 millones de dólares a 120.000 millones de dólares al año. Los países en desarrollo habían pedido que el nuevo objetivo se fijara para 2030, lo que se incluyó en borradores anteriores, pero al final los nuevos fondos tendrán que entregarse antes de 2035.

Hoja de ruta para la financiación climática

El año pasado, en la COP29 celebrada en Azerbaiyán, los países acordaron triplicar la financiación climática de 100.000 millones de dólares a 300.000 millones de dólares al año para 2035, y que los países desarrollados “tomaran la iniciativa” para aportar esos recursos. En la misma conferencia, los países también acordaron elaborar una hoja de ruta sobre cómo alcanzar los 1,3 billones de dólares anuales para 2035. Los fondos para este objetivo más ambicioso provendrían de “todas las fuentes”, es decir, no solo de los gobiernos desarrollados, sino también de fuentes privadas, bancos multilaterales de desarrollo y otras vías.

Esa hoja de ruta se presentó en Belém. Las medidas que sugería incluyen impuestos internacionales sobre las emisiones de carbono y sobre el transporte aéreo y marítimo, reformas de la arquitectura financiera mundial y el uso de canjes de deuda para la acción climática.

El texto final de la COP30 “decide avanzar urgentemente en las acciones” para aumentar la financiación hasta alcanzar el objetivo de 1,3 billones de dólares. También “destaca la urgente necesidad” de alcanzar al menos 300.000 millones de dólares al año para los países en desarrollo para 2035.

El texto también creó un programa de trabajo de dos años sobre financiación climática y acordó organizar una mesa redonda ministerial de alto nivel. Carola Mejía, coordinadora de justicia climática de LATINDADD, una red de la sociedad civil latinoamericana, dijo que estas decisiones “solo se suman a un proceso burocrático que, en 30 años, no ha logrado resolver una crisis urgente que se cobra vidas, se agrava cada día y para la que se está acabando el tiempo”.

Grandes expectativas, pocos resultados en materia forestal

La presidencia brasileña había presentado el Fondo Bosques Tropicales para Siempre como una de las iniciativas emblemáticas de esta COP. Sin embargo, no recibió el apoyo que la presidencia esperaba, ya que solo se recaudaron alrededor de 5.600 millones de dólares de los 10.000 millones inicialmente previstos.

A diferencia de los fondos de conservación tradicionales, que dependen de subvenciones temporales o basadas en proyectos, este fondo está diseñado para ser un fondo de inversión permanente y autofinanciado, destinado a reembolsar a los inversores y recompensar a los países por conservar sus bosques.

Brasil e Indonesia se comprometieron a aportar 1.000 millones de dólares cada uno, Alemania 1.150 millones y Noruega 3.000 millones. Sin embargo, varios países desarrollados no hicieron compromisos sustanciales. Francia prometió solo 500 millones de dólares, mientras que el Reino Unido no prometió nada.

Informes anteriores habían indicado que China probablemente asumiría compromisos financieros, pero al final el país ofreció apoyo en lugar de dinero. 

“Es posible que China tenga una serie de preguntas sobre el diseño y el funcionamiento del fondo, en particular sobre si realmente ofrecerá el rendimiento de la inversión prometido”, afirma Li Shuo, director del China Climate Hub del Asia Society Policy Institute. Es probable que China considere que los países desarrollados deberían haber tomado la iniciativa en cuanto a los compromisos financieros.

Al principio de la conferencia, el presidente Lula había pedido que se incluyera en el texto de la COP30 una hoja de ruta para detener la deforestación. Eso no sucedió. El texto final “destaca” la importancia de detener y revertir la deforestación y la degradación forestal para 2030, sin hacer referencia a ninguna hoja de ruta.

Una de las decepciones de la COP fue que no se incluyeran referencias a minerales críticos, como el litio, el cobalto y el cobre, en la vía de negociación del Programa de Trabajo para una Transición Justa.

Esto sucedió a pesar del apoyo expreso de bloques negociadores como el Grupo Africano de Negociadores, la Alianza de Pequeños Estados Insulares y el Grupo de Integridad Ambiental, así como de países del Sur Global como Sudáfrica, Tanzania, Etiopía y Uruguay, y de la presión concertada de las organizaciones de la sociedad civil.

A fecha de 18 de noviembre, el borrador del texto del programa incluía dos puntos sobre los minerales críticos, uno en el que se hacía hincapié en los “riesgos sociales y medioambientales asociados a la ampliación de las cadenas de suministro”, como los derivados de la minería, y otro en el que se destacaba la necesidad de una minería y un procesamiento “responsables” de los minerales. Sin embargo, en la versión final, publicada el 21 de noviembre, se eliminaron ambas referencias.

“Los minerales son la columna vertebral del abandono de los combustibles fósiles; dejar su gobernanza fuera de la planificación de una transición justa socavará los esfuerzos para acelerar las energías renovables para 2030, un objetivo clave que ya ha fijado la COP”, afirmó Antonio Hill, asesor del Natural Resource Governance Institute, una organización sin ánimo de lucro con sede en Estados Unidos.

La principal oposición a la inclusión de los minerales críticos en el texto provino de China, cuyas empresas mineras y metalúrgicas dominan las cadenas de suministro mundiales de este tipo de minerales. La delegación china argumentó que no debía incluirse ninguna mención debido a la falta de acuerdo sobre la definición de minerales críticos, según informaron observadores a Dialogue Earth.

Una fuente cercana a la delegación china afirmó que el país no estaba preparado para debatir la cuestión, ya que no esperaba que se planteara con tanta fuerza en el contexto de las negociaciones climáticas de la ONU. Además, consideraba que la redacción propuesta perjudicaba los intereses empresariales chinos y beneficiaba a la UE.

El texto final de la COP30 afirma que las partes “deberían cooperar” para promover un sistema económico “favorable y abierto”. Señala que las medidas adoptadas para hacer frente al cambio climático “no deberían constituir un medio de discriminación arbitraria o justificable ni una restricción encubierta” del comercio. También pide que se celebren dos diálogos en 2027 y 2028, con la participación de la Organización Mundial del Comercio y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, para debatir las barreras comerciales y aumentar la cooperación internacional.

En un evento paralelo del Pabellón de China sobre “Colaboración empresarial y transición justa”, Wang Mou, de la Academia China de Ciencias Sociales, afirmó que las medidas unilaterales, como el impuesto sobre el carbono de la Unión Europea, denominado Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM, por sus siglas en inglés), son preocupantes.

“Se supone que los flujos financieros deben desplazarse de los países desarrollados a los países en desarrollo. Sin embargo, medidas unilaterales como el CBAM pueden invertir esta tendencia, provocando que el dinero fluya de los países en desarrollo hacia los países desarrollados”, afirmó.

China no fue la única en expresar su oposición a las medidas comerciales unilaterales en la COP de este año. Otras economías en desarrollo, como Pakistán, Vietnam y Turquía, también manifestaron su preocupación. El 7 de noviembre, la presidencia de la COP puso en marcha el Foro Integrado sobre el Cambio Climático y el Comercio, una nueva iniciativa para abordar cuestiones relacionadas con el clima y el comercio, que actualmente no tienen un lugar claro en el sistema de las Naciones Unidas. El foro será independiente, pero estará vinculado a los procesos de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y la Organización Mundial del Comercio. El jefe de la delegación china, Li Gao, recibió con satisfacción la nueva iniciativa.

Un mecanismo de transición justa

Durante la primera semana de negociaciones, el Grupo de los 77 y China pidió el establecimiento de un nuevo mecanismo de transición justa, que incluiría financiación, apoyo tecnológico y creación de capacidad.

La propuesta fue bien recibida por la Alianza Independiente de América Latina y el Caribe, el Grupo Africano, los Países Menos Adelantados, los Países en Desarrollo Afines, la Asociación de Pequeños Estados Insulares y el Grupo Árabe. Sin embargo, se enfrentó a la oposición principalmente de las economías desarrolladas, que argumentaron que un nuevo mecanismo duplicaría las instituciones existentes del Acuerdo de París y añadiría complejidad burocrática.

El texto final de la COP30 creó dicho mecanismo para “mejorar la cooperación internacional, la asistencia técnica, el desarrollo de capacidades y el intercambio de conocimientos, y permitir transiciones equitativas, inclusivas y justas”. Ahora, los países tendrán que elaborar los detalles del mecanismo antes de la COP31.

Teresa Anderson, responsable mundial de justicia climática en ActionAid International, afirmó que se trata de un importante legado para el mundo: “Es una gran victoria para los trabajadores, las mujeres y los grupos de la sociedad civil que vinieron a pedir un marco que garantice que la acción climática también proteja los puestos de trabajo y mejore la vida de las personas”.

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Para sobrevivir dependemos de los bosques y/o selvas tropicales

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El “Fondo de Bosques Tropicales para Siempre” es una iniciativa única que se lanzó oficialmente en la COP30 buscando asegurar el futuro de las selvas tropicales y subtropicales mediante un mecanismo financiero innovador

Origen

Brasil lidera los esfuerzos por la carrera del Tropical Forest Forever Facility – TFFF, (Fondo Bosques tropicales para Siempre), desde la COP28, realizada en Dubái en 2023, cuando el tema fue abordado públicamente por primera vez por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Hasta el momento, otros cinco países que poseen selvas tropicales integran la iniciativa: Colombia, Ghana, Indonesia, Malasia y la República Democrática del Congo. Además, cinco países potencialmente inversionistas también participan en el proceso de fundación del mecanismo: Alemania, Emiratos Árabes Unidos, Francia, Noruega y el Reino Unido.

Los gobiernos nacionales que administran las selvas tropicales serán los principales beneficiarios de los pagos del TFFF, pero los pueblos originarios locales tendrán acceso directo al 20 por ciento de la financiación total para la protección de los bosques en virtud del acuerdo.

En total, 53 países firmaron la Declaración de lanzamiento, un hito importante para el fondo, que inaugura una nueva era de colaboración global entre inversiones públicas y privadas para impulsar estrategias permanentes de conservación y fortalecer
alianzas en todo el mundo con el fin de proteger los ecosistemas tropicales más críticos.

Valor a los bosques en pie

La Tropical Forest Forever Facility – TFFF, (Fondo Bosques tropicales para Siempre) es una iniciativa que incentiva la conservación y expansión de los bosques y selvas tropicales y subtropicales. Busca fortalecerlos manteniendo en pie esas masas forestales demostrando mediante pagos anuales, que su protección vale más que la tala.

Unos 70 países en desarrollo con bosques tropicales y subtropicales pueden recibir los recursos de lo que sería uno de los mayores fondos multilaterales creados en el planeta.

La destrucción rápida de los bosques tropicales amenaza la producción de alimentos, el agua, la biodiversidad y la vida de millones de personas, y nos acerca a puntos críticos climáticos. Lo que sucede en la Cuenca del Congo, la Amazonía, el Bosque Atlántico, la foresta del sur de Asia y otras regiones del Sur Global afecta a todo el planeta.

La valoración de la preservación ambiental en términos monetarios por parte del TFFF se basa en el comprensión de que biomas como el Bosque Atlántico o Selva Paranaense o Selva Misionera, la Amazonía la Cuenca del Congo y del Mekong/Borneo son fundamentales para el mantenimiento de la vida como la conocemos hoy.

“Sabemos que estos biomas a nivel mundial, dijo André Aquino, asesor económico especial principal del Ministerio de Medio Ambiente de Brasil, son fuente de estabilidad climática, porque retienen carbono y son fuente de ciclos hídricos –los ríos voladores que conocemos muy bien en Brasil, por ejemplo-. Más del 80% de la biodiversidad de todo el mundo está en las selvas tropicales. Por lo tanto, cumplen servicios ecosistémicos para la humanidad a nivel global. Lo que busca la TFFF es que el mundo remunere parte de estos servicios. Se trata de remunerar al bosque como base de la vida, como base de la economía, para nuestro bienestar”.

Para Natalie Unterstell, fundadora y presidenta de Talanoa, un grupo de expertos en política climática con sede en Río de Janeiro y presencia en todo Brasil, el valor añadido del TFFF reside en que no promueve las compensaciones de carbono ni los planes de reforestación usados para compensar dichas emisiones.

El primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Støre declaró: “Es fundamental detener la deforestación para reducir el impacto del cambio climático y limitar la pérdida de biodiversidad. No hay tiempo que perder si queremos salvar las selvas tropicales del mundo”.

“Se debe detener y revertir la deforestación y la degradación forestal. La selva es un bien público” dijo María Netto, directora ejecutiva de la ONG Instituto Clima e Sociedade (ICS) de Brasil y aclaró “el fondo no es para pagar cosas que los gobiernos ya deberían hacer, es un incentivo para los países que tienen políticas de conservación”.

“La transparencia y trazabilidad (de los fondos) es clave. Muchas veces los Estados firman acuerdos y cuando van a aplicarlos, se quedan con los fondos”.

El único latinoamericano que podría aplicar actualmente es Brasil, que recibiría unos 841 millones. Perú, Colombia, Venezuela y Bolivia estarían cerca de cumplirlos, por un monto total de 630.5 millones. Los sistemas transparentes de verificación satelital comprueban la cubierta boscosa de las naciones participantes.

Funcionamiento

La TFFF tiene el potencial de apoyar la protección de más de mil millones de hectáreas de selvas tropicales en más de 70 países en desarrollo.

Los países con foresta tropical que se adhieran a la TFFF deberán presentar al Consejo del Fondo informes anuales que comprueben la conservación de las selvas, con monitoreo satelital.

Las cifras destinadas a las naciones con selvas siguen el cálculo de 4 dólares por hectárea preservada. Los desembolsos podrán ser suspendidos en caso de constatarse degradación forestal. Los países beneficiarios tendrán autonomía para definir el destino final de los recursos.

El TFFF apoya a los países que ya tienen una baja tasa de deforestación, aumentando los recursos para sus programas y políticas de conservación, uso sostenible y restauración.

El TFFF tiene reglas de elegibilidad. Los países deben tener sistemas de gestión financiera transparentes y aceptar destinar el 20% de los recursos específicamente a los pueblos indígenas y las comunidades tradicionales.

Conclusión

La última Evaluación de la Declaración Forestal revela que la deforestación global sigue lejos de alcanzar su objetivo.

Las tasas de deforestación y degradación se mantuvieron obstinadamente altas en 2024, alejando aún más al mundo del objetivo compartido de detener y revertir la pérdida forestal para 2030.

Estamos a mitad de camino hacia 2030, el mundo debería estar presenciando una marcada disminución de la deforestación. Sin embargo, la curva de deforestación global no ha comenzado a reducirse.

El TFFF contribuiría directamente a los objetivos de emisiones a través de la conservación de la foresta, la preservación y la conservación de la biodiversidad, entre otros. El TFFF ofrece una nueva forma de avanzar, un cambio de paradigma. En pocas palabras, funcionará movilizando capital filantrópico, público y privado.

El TFFF es donde la conservación se encuentra con la generación de capital.

Fuente: TFFF/AAPN

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En COP30 fracasa la misión indígena: reconciliar humanidad y naturaleza

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Por Mario Osava / Inter Press Service – La exuberancia de la Amazonia y la masiva participación indígena no fueron suficientes para reconciliar la humanidad con la naturaleza en la 30 Conferencia de las Partes (COP30) de la convención climática mundial en la ciudad de Belém, en el norte amazónico de Brasil.

No se logró aprobar como era lo esperado una hoja de ruta para la reducción de los combustibles fósiles. Las 29 resoluciones de la COP30 ni siquiera mencionan ese factor clave de la crisis climática, responsable de cerca de 68 % de los gases del efecto invernadero, según las Naciones Unidas.

Hubo decisiones positivas, como triplicar el financiamiento de la adaptación al cambio climático hasta 2035, indicadores para monitorear esa adaptación, la creación futura de un mecanismo institucional para promover una transición climática justa y medidas como un acelerador global de implementación para apoyar los países en el cumplimiento de sus metas.

Pero “soñábamos con muchos resultados más”, admitió la ministra brasileña de Medio Ambiente, Marina Silva, aplaudida durante varios minutos en su discurso de clausura el sábado 22, en que reconoció que la cumbre tuvo «avances modestos».

Un “paso relevante” fue reconocer la importancia de los pueblos indígenas y tradicionales en la lucha climática, destacó.

“Pero la COP termina sin que los gobiernos del mundo, que tanto insisten en defender que este es un proceso liderado por las Partes de la Convención, dieran muestra de falta de ambición e incluso, interés, por el llamado a la acción urgente”, señaló la “Declaración de los Pueblos Indígenas de la Amazonia en respuesta a los resultados de la COP30”.

La ministra de Medio Ambiente y Cambio Climático de Brasil, Marina Silva, emocionada en la plenaria conclusiva de la COP30, el 22 de noviembre, cuando admitió «avances modestos» en la cumbre y la necesidad de seguir en la lucha climática. Imagen: Ueslei Marcelino / COP30

La demanda de protagonismo

“La respuesta somos nosotros” es la consigna con que las nueve afiliadas a la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (Coica) concluyen el balance de la conferencia que tuvo lugar en Belém, del 10 al 22 de noviembre, prorrogada por un día en un intento frustrado de ampliar los consensos.

La Coica articula asociaciones de los ocho países que comparten el bioma amazónico, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Suriname y Venezuela, además del territorio de la Guayana Francesa. Afirma representar 511 pueblos indígenas, entre ellos 66 Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario y Contacto Inicial (Piaci).

El balance empieza por saludar el reconocimiento de los derechos territoriales de los indígenas en el documento más político de la COP30, pero lamenta su insuficiencia en asegurar la protección, incluso por la ausencia del tema en “la parte operativa” de las resoluciones.

También saluda el Fondo de Bosques Tropicales para Siempre (TFFF, en inglés), una iniciativa brasileña que ya captó 6700 millones de dólares en aportes gubernamentales, por destinar 20 % de las utilidades a los pueblos indígenas.

Pero considera esa remuneración “desproporcionadamente pequeña frente al papel que cumplimos en la protección de los bosques”. Además, quieren a sus tierras “libres de petróleo, gas, minería y monocultivos, especialmente los territorios Piaci”.

Avances insatisfactorios identifican los indígenas amazónicos en varios temas discutidos en la COP30. En el financiamiento climático reclaman acceso directo, tanto para mitigación como la adaptación a los cambios.

Es que reclaman un protagonismo imposible en el mundo como está institucionalizado actualmente. Querían, por ejemplo, la copresidencia de la COP30, además de la participación propia y directa en las negociaciones.

Indígenas brasileñas celebran la demarcación de cuatro territorios indígenas por parte del gobierno, en el marco de la COP30. Otras áreas fueron identificadas como indígenas en el proceso de demarcación, luego de algunos años de derechos indígenas bloqueados por un gobierno de extrema derecha. Imagen: Ueslei Marcelino / COP30

Participación, no solo presencia

Las nueve organizaciones amazónicas agradecieron los gobiernos de Brasil, Colombia y Panamá por incluir indígenas en sus delegaciones oficiales en la COP30.

La organización de la conferencia acreditó a más de 900 representantes indígenas de todo el mundo, con acceso a la Zona Azul, donde tuvieron lugar las negociaciones y eventos oficiales, según uno de los lideres brasileños, Kleber Karipuna.

Otros 3500 estuvieron en la llamada Aldea COP30, un campamento instalado para ellos en Belém, y participaron en varias manifestaciones por la demarcación de territorios indígenas y mayor participación en las decisiones.

En una de ellas, indígenas y activistas sociales forzaron la entrada en la Zona Azul, la noche del 11 de noviembre, con actos de violencia contenidos por agentes de seguridad. Protestaban contra su exclusión de las negociaciones.

El trasfondo es la convicción de que el mundo institucional “no reconoce nuestro papel fundamental en la mitigación y adaptación al cambio climático”, como sostiene la declaración de la Coica. “La presencia no es participación plena y efectiva”, constatan los indígenas amazónicos.

“Como titulares de derechos y actores fundamentales de la acción climática necesitamos acceso oportuno a la información, participación directa en los espacios de negociación, reconocimiento de nuestras estructuras propias de gobernanza, y la incorporación generalizada de negociadores indígenas en las delegaciones oficiales”, demandan en su declaración.

Se quejan de que la presidencia brasileña de la COP30 no les aseguró “un diálogo sustantivo y continuo” ni se hizo eco de sus prioridades y propuestas, como había propuesto antes de que comenzase la cumbre el día 10 y que se cerró el sábado 22, un día después de lo pautado para sacar adelante el limitado paquete de acuerdos.

Reunión plenaria conclusiva de la COP30, el 22 de noviembre, en que los indígenas no lograron su objetivo de participar con voz propia dentro de las negociaciones. Imagen: Rafa Neddermeyer / COP30

Más que guardianes

No se trata solo de demarcar los territorios indígenas, reconocidos como los que mejor protegen la naturaleza contra la deforestación, los incendios y otras  formas de destrucción, como la extracción ilegal de madera y minerales.

Durante la COP30 el gobierno brasileño homologó cuatro tierras indígenas (como se llaman los resguardos en Brasil), declaró como indígenas otras diez áreas y avanzó en los pasos iniciales de la demarcación de otras 24 áreas.

Atendió así al reclamo de los pueblos originarios por la aceleración en el proceso de demarcación. Brasil tiene 535 tierras indígenas demarcadas y 289 en distintas etapas del proceso de demarcación, según el Instituto Socioambiental, que tiene una amplia base de datos sobre el tema.

La población indígena, según el censo de 2022, se limita a 1,7 millones de personas, 0,8 % de los 213 millones de habitantes de Brasil.

Esas cifras resultan del genocidio sufrido por la población originaria, tal como ocurrió en todo el mundo, donde suman entre 370 millones y 500 millones distribuidos en 90 países, según las Naciones Unidas.

En América Latina había cerca de 45 millones de indígenas en 2010, correspondiente a solo 8,3 % de la población total. Ese porcentaje alcanza 62,2 % en Bolivia, 41 % en Guatemala, 24 % en Perú y 15,1 % en México, países donde más sobrevivieron al genocidio colonial, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Pese a la ínfima minoría disfrutan de una fuerte legitimidad en las cuestiones ambientales y climáticas, por su convivencia con la naturaleza, generalmente en armonía.

El casi exterminio que sufrieron en muchos países, como Brasil y Estados Unidos, acompañó la destrucción de la naturaleza, en la guerra impuesta por la expansión económica y de la civilización occidental hacia el oeste, en el caso de los dos países.

Pueblos originarios, a los que se sumaron las comunidades tradicionales, y la naturaleza sufrieron el mismo proceso exterminador. “Salvajes” y la selva eran obstáculos al progreso económico.

Un vuelco en esa marcha ocurrió en la segunda mitad del siglo XX, con la puesta en marcha de la vigencia de los derechos humanos, de la diversidad en todas las dimensiones y del ambientalismo, acentuado luego por la emergencia climática.

Ahora que la humanidad trata de reconciliarse con la naturaleza en rebelión, los indígenas aparecen como los mediadores. La simple presencia en las COP en un papel simbólico o como guardianes de los bosques es insuficiente, quieren participar en las decisiones.

“Persiste una falta de comprensión entre sistemas de conocimiento indígena y conocimientos tradicionales, conceptos distintos y con implicancias distintas, incluso jurídicas”, advierten las organizaciones indígenas amazónicas.

“Los sistemas de conocimiento indígena incluyen nuestra relación con el territorio, las tierras y las aguas, nuestra gobernanza y espiritualidad, y todo ello resulta en la conservación de nuestros territorios y en nuestra resiliencia, por lo que deben ser reconocidos en su totalidad, no fragmentados ni reducidos a un componente técnico de adaptación”, concluyen.

En la Amazonia, los indígenas hicieron más que conservación, ya que “domesticaron” los bosques en muchos sitios, con fertilización del suelo reflejada en la llamada tierra negra y mayor productividad vegetal, apunta un grupo de investigadores del brasileño Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia en un artículo que revisa varios estudios recientes.

Esos estudios concluyen que la Amazonia tuvo probablemente una población que ascendía a 10 millones de indígenas cuando llegaron los colonizadores, el triple o cuádruplo de la población rural actual. Uno de los investigadores cree que posiblemente alcanzaron 20 millones, basado en las transformaciones que promovieron en el paisaje amazónico.

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La COP30 concluye sin un acuerdo para eliminar gradualmente el uso de los combustibles fósiles

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En la ciudad de Belém, Brasil, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, denominada COP30, concluyó sin que se alcanzara un acuerdo para eliminar gradualmente el uso del carbón, el petróleo y el gas, que son, por un amplio margen, los principales impulsores del cambio climático. Más de 80 países habían apoyado una transición hacia la eliminación del uso de combustibles fósiles, pero países productores de petróleo, entre ellos Rusia, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, bloquearon la propuesta.

El acuerdo alcanzado en la COP30 tampoco incluye nuevos compromisos para frenar la deforestación ni aborda el consumo de carne a nivel mundial, otro factor importante del aumento de la temperatura global. Más de 1.600 cabilderos de la industria de los combustibles fósiles y 300 del sector agroindustrial asistieron a la COP30. Por su parte, el Gobierno de Trump no envió ninguna delegación formal a la cumbre climática después de que Estados Unidos se retirara en enero, por segunda vez, del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático.

En su lugar, el acuerdo propone una iniciativa voluntaria para acelerar la implementación de los planes climáticos nacionales y fomentar la cooperación internacional para mantener vivo el objetivo del Acuerdo de París de no sobrepasar un aumento promedio de 1,5 grados Celsius. Los países también acordaron un diálogo anual para monitorizar los avances hacia mantener las temperaturas por debajo de ese umbral, que el mundo está en camino de superar pronto.

En la sesión de clausura, el presidente de la COP30, André Correa do Lago, anunció que lideraría dos hojas de ruta voluntarias: una para la transición de los combustibles fósiles de manera justa, ordenada y equitativa, y otra para detener y revertir la deforestación.

Aunque estas hojas de ruta no forman parte del acuerdo formal de la ONU, se invita a todos los países a unirse a ellas. También anunció la primera conferencia sobre el fin de la dependencia del petróleo, gas y carbón, que se celebrará en Colombia en abril del próximo año.

El principal negociador de Panamá, Juan Carlos Monterrey Gómez, dijo que la COP y el sistema de la ONU están fallando a las personas “a una escala histórica” y que los negociadores están defendiendo “las mismas industrias que crearon esta crisis: la industria de los combustibles fósiles y las fuerzas que impulsan la deforestación mundial”.

El comisario europeo de Clima, Cero Emisiones y Crecimiento Limpio, Wopke Hoekstra, dijo que Europa habría querido un acuerdo más ambicioso, pero que al menos iba “en la dirección correcta” porque estaba “dando un paso muy significativo hacia adelante” en términos de financiamiento para la adaptación climática, que beneficiará a las naciones más pobres que sufren los efectos del cambio climático.

Más dinero para la adaptación climática

El acuerdo final incluye un llamado para que las naciones ricas tripliquen al menos el financiamiento desde los 34.700 millones de euros anuales para 2035, para ayudar a los países vulnerables a adaptarse a un clima extremo cada vez peor. La cuestión era uno de los principales puntos de discordia en la COP30.

“El mundo en desarrollo no puede seguir asumiendo por sí solo el creciente costo de la adaptación”, afirmó un miembro de la delegación colombiana. Para financiar proyectos como el refuerzo de edificios o la modernización de infraestructura frente a las tormentas, los países en desarrollo más afectados por el cambio climático necesitarán alrededor de 310.000 millones de dólares al año para 2035, según un informe del Programa de la ONU para el Medio Ambiente.

Algunos países en desarrollo se indignaron por la insistencia en condicionar el aumento del financiamiento para la adaptación con la reducción de los combustibles fósiles, acusando a los países ricos, incluida la UE, de chantajear a los Estados más pobres con esta cuestión.

Richard Muyung, enviado ante el presidente de Tanzania y actual presidente del Grupo Africano de Naciones, afirmó que el continente emite 4 % del total mundial de gases de efecto invernadero y ha hecho poco para contribuir al calentamiento global.

“Es como si estuvieras negociando con nuestras vidas por algo que nunca causamos. Así que decían: ‘Si no aceptas la eliminación gradual, no podemos darles el triple de fondos para adaptación’. Dijimos: ‘No podemos aceptar eso”, contó Muyung, cuyo país tiene importantes reservas de combustibles fósiles que quiere desarrollar con la ayuda de Arabia Saudita.

Primeros logros para los bosques y derechos indígenas

Los bosques, vitales para la estabilidad climática y la biodiversidad, ocuparon un lugar destacado en las negociaciones, mantenidas a las puertas de la mayor selva tropical del mundo, la selva Amazónica, que también es un depósito vital de CO₂.

“Sin bosques, no podemos alcanzar los objetivos del Acuerdo de París”, dijo un portavoz de la delegación que impulsa la inclusión de una hoja de ruta para detener la deforestación en el acuerdo. Una victoria llegó temprano con la creación del Fondo para los Bosques Tropicales para Siempre (TFFF), que pretende recaudar 125.000 millones de dólares mediante inversiones en bonos para recompensar a países que conservan sus bosques, al tiempo que se pagan intereses a los inversores privados.

De este total, unos 25.000 millones de dólares provendrán de fondos públicos en forma de garantías, diseñadas para aprovechar y atraer 100.000 millones adicionales de capital privado. Brasil, Indonesia y Alemania prometieron 1.000 millones de euros cada uno, mientras que Noruega prometió unos 3.000 millones de euros. También llegaron compromisos de Portugal, Francia, Países Bajos y otros.

Este también es el primer acuerdo COP que menciona a comunidades afrodescendientes. Ocurre poco después de que el presidente Lula firmara 28 decretos que reconocían las tierras quilombo, gestionadas por descendientes de esclavos liberados en todo Brasil.

Conceder derechos sobre la tierra a los pueblos y comunidades indígenas se considera una forma clave de combatir la crisis climática. Las tasas de deforestación tienden a ser mucho más bajas en las tierras ancestrales que gestionan.

Mantener el clima en la agenda

Celebrada una década después del histórico Acuerdo de París, la COP30 también sirvió como un recordatorio contundente de lo lejos que está el mundo de alcanzar sus objetivos. Los científicos proyectan un calentamiento catastrófico, de entre 2,6 ºC y 2,8 ºC para 2100 si no cambian las políticas.

Los planes nacionales de acción climática (conocidos como NDC, que la ONU exigió a los países presentar antes de la COP30) han sido criticados por quedar muy lejos de alcanzar el objetivo acordado en 2015.

Turquía acogerá la cumbre el año que viene y compartirá la responsabilidad de organizarla con Australia, después de que ambos países alcanzaran un compromiso en un largo enfrentamiento sobre dónde se celebraría la COP31.

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