Inter Press Service – La COP30 de las Naciones Unidas sobre el clima, que se celebra en Belém, Brasil, debe exigir responsabilidad a las empresas con respecto al cambio climático y limitar a sus grupos de presión, dijeron en una declaración más de 30 expertos de la ONU en derechos humanos.
“Las entidades comerciales tienen obligaciones y responsabilidades con respecto al cambio climático y sus repercusiones en los derechos humanos”, asentó la declaración de los expertos que actúan por mandatos del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en esta ciudad suiza de Ginebra.
Los Estados “deben regular, supervisar y controlar eficazmente a los actores públicos y privados en los sectores con altas emisiones y garantizar una cooperación internacional significativa”, señala el documento.
“Las violaciones pasadas y presentes de estas obligaciones implican la responsabilidad del Estado de reparar los daños”, agrega el texto.
Ese deber de los Estados incluye revocar todas las medidas que constituyen un hecho internacionalmente ilícito, prevenir y responder a las pérdidas y los daños, restaurar los ecosistemas y compensar los daños climáticos, se precisó.
Belém alberga la 30 Conferencia de las Partes (COP30) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en que participan delegados de 196 Estados más la Unión Europea, además de miles de representantes de la sociedad civil, incluidos de las empresas.
Temas centrales de su agenda son incrementar el financiamiento de la acción climática en los países en desarrollo, la adopción de nuevos compromisos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que calientan el planeta y para impulsar el abandono gradual del uso de los combustibles fósiles.
Los expertos advirtieron de que en la COP30 los Estados “deben negociar de buena fe, de conformidad con la Opinión Consultiva de la Corte Internacional de Justicia (del pasado julio) sobre las obligaciones de los Estados en materia de cambio climático, y para prevenir mayores daños al medio ambiente”.
En lo que respecta a las obligaciones y responsabilidades de los actores públicos y privados, ellas “deben implementarse de manera inclusiva y con perspectiva de género, basadas en la igualdad y la no discriminación, reconociendo a los grupos que históricamente se han visto forzados a situaciones de vulnerabilidad”, dice el texto.
Asienta que “la credibilidad de la COP30 sobre el clima depende de que se logren resultados significativos en materia de mitigación y cooperación financiera y tecnológica internacional, con especial referencia a los combustibles fósiles”.
Espera que el Programa de Trabajo para una Transición Justa, que debería adoptarse en Belém, garantice que la acción climática sea justa e inclusiva para los trabajadores y las comunidades, y se desarrolle conjuntamente con ellos.
Finalmente, los expertos reiteran “la necesidad de limitar la presencia de los grupos de presión de la industria de los combustibles fósiles en la COP sobre el clima, y garantizar la transparencia, la participación pública, un diálogo significativo con la sociedad civil y la protección efectiva de las personas defensoras de los derechos”.
“Todas estas son condiciones necesarias para una acción climática más eficaz y justa”, concluyeron.
Entre los más de 30 expertos que firman la declaración figuran los relatores especiales de la ONU para la promoción y protección de los derechos humanos en el contexto del cambio climático; del derecho a un medio ambiente limpio, sano y sostenible, y sobre los derechos de los pueblos indígenas.
También los integrantes de grupos de trabajo sobre campesinos y otras personas que trabajan en medios rurales; sobre personas de ascendencia africana; sobre discriminación contra las mujeres y las niñas, y sobre derechos humanos y empresas trasnacionales y otras empresas comerciales.
Durante dos semanas los Gobiernos de casi todo el mundo tratarán de acordar un enfoque común para afrontar la crisis climática en la COP30 de Belém, en Brasil.
Después del encuentro previo con decenas de primeros ministros y presidentes durante la Cumbre del Clima que se celebró el jueves 6 y viernes 7 de noviembre, comenzó oficialmente en la ciudad amazónica de Belém, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático COP30 que, durante dos semanas los Gobiernos de casi todo el mundo tratarán de acordar un enfoque común para afrontar la crisis climática.
La cita de Belém es la trigésima que se celebra desde que en 1992 se acordó en una cumbre en Río de Janeiro la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva proclamó, “Es urgente proteger los bosques y acelerar la transición energética. Es el momento de imponer una nueva derrota a los negacionistas” y agregó, “Su trabajo aquí no es luchar entre ustedes, sino luchar juntos contra esta crisis climática”.
Hace 10 años, un 12 de diciembre de 1915, 195 países sellaron en París el histórico acuerdo, un tratado internacional legalmente vinculante, por el que se comprometían a que la temperatura no aumentase 2 grados sobre los niveles preindustriales y que en lo Posible no se rebasen los 1,5°C.
En su discurso en Belém, el Cardenal Secretario de Estado de la Santa Sede Pietro Parolin hizo un fuerte llamamiento para que nos comprometamos a afrontar sin vacilar el reto del cambio climático. «Debemos aumentar nuestra voluntad política para emprender conscientemente este camino». El purpurado agregó “Concretemos los compromisos el tiempo se agota”.
Seis temas fundamentales
Desde la reducción de emisiones hasta la protección de los bosques, pasando por el fortalecimiento de la financiación para la adaptación y los sistemas de alerta temprana, estos son seis temas que se espera que los delegados aborden en Belém.
1-Cómo prevenir el calentamiento global descontrolado
El Informe sobre la Brecha de Emisiones 2025 del PNUMA, publicado en vísperas de la COP30, muestra que los compromisos actuales encaminan al mundo hacia un calentamiento de entre 2,3 y 2,5 °C para finales de siglo. Es muy probable que superemos los 1,5 °C en la próxima década; la prioridad ahora es minimizar y agilizar al máximo este sobrecalentamiento.
Por ello, los países participantes en la COP30 estarán bajo presión para demostrar cómo limitarán ese exceso de emisiones y lograrán reducciones más profundas, especialmente en sectores con altas emisiones como la energía, la industria y el transporte.
2-Cómo proteger a las comunidades de los impactos climáticos
Al igual que las COP anteriores, Belém se centrará en cómo los países pueden prepararse para los fenómenos meteorológicos extremos y el aumento del nivel del mar que se prevé que acompañen al cambio climático.
Los países en desarrollo necesitarán más de 310.000 millones de dólares estadounidenses anuales para 2035 para adaptarse a las consecuencias del cambio climático.
Cada dólar invertido en sistemas de alerta temprana puede ahorrar hasta quince dólares en pérdidas evitadas. Resulta esencial que la COP30 establezca un nuevo objetivo global de financiación de la adaptación, creíble, y el marco de indicadores para el Objetivo Global de Adaptación.
3-Cómo cumplir una promesa de un billón de dólares
En los días previos a la COP30, Azerbaiyán, país anfitrión de la COP29, y Brasil presentaron una hoja de ruta para movilizar 1,3 billones de dólares anuales en financiación climática para los países en desarrollo de aquí a 2035. Parte del dinero será destinado a la mitigación y adaptación en los países en desarrollo.
4-Cómo aprovechar las soluciones creativas a la crisis climática
La COP30 destacará los compromisos de varias iniciativas novedosas para contrarrestar el cambio climático.
Esto incluye la iniciativa «Combatir el Calor» , liderada por Brasil y la Coalición Cool, encabezada por el PNUMA. Esta iniciativa emblemática está diseñada para apoyar soluciones locales contra el calor extremo y ampliar el uso de soluciones de refrigeración sostenibles (techos fríos, espacios verdes urbanos, sistemas de alerta temprana en vertederos.
Por último, el Mecanismo para la Conservación de los Bosques Tropicales (Tropical Forests Forever Facility TFFF) es un mecanismo oportuno y transformador que incentiva a los países a mantener sus bosques en pie mediante financiación combinada. Estos lanzamientos forman parte de un esfuerzo más amplio de la COP30 para trazar un camino hacia un futuro más sostenible y resiliente.
5-Cómo garantizar transiciones justas e inclusivas
Los beneficios económicos de la acción climática nunca han sido tan fuertes: las energías renovables ofrecen la electricidad más barata del planeta y permiten a los países proteger sus economías de la volatilidad de los mercados de combustibles fósiles, al tiempo que proporcionan empleo, crecimiento y una mejor salud.
Se espera que en la COP30 se tome una decisión sobre el Mecanismo de Acción de Belém para una Transición Justa. Este documento explicará cómo los gobiernos y el sector privado pueden situar a las personas en el centro de las transiciones nacionales y sectoriales.
6- Cómo recuperar la magia de París
Cuando se adoptó el Acuerdo de París en 2015, trajo consigo la esperanza de que la humanidad pudiera revertir el cambio climático. Hoy, nos acercamos más a los 2,3-2,5 °C. Esta última cifra aún podría resultar devastadora para miles de millones de personas en todo el mundo
“La humanidad aún está a tiempo de evitar los peores impactos del cambio climático”, afirmó Do Coutto, del PNUMA. “Pero debemos actuar ahora, y debemos actuar con decisión, tal como lo hicimos hace una década”.
También se ha pactado avanzar en la elaboración de una hoja de ruta global sobre adaptación climática y en los mecanismos para movilizar hasta 300.000 millones al año para ayudar a los países del sur global a hacer frente a los efectos del caos climático.
Conclusión
Los datos meteorológicos y climáticos fiables son vitales para las alertas tempranas, la resiliencia y la acción climática eficaz. Sin embargo, menos del 10 % de las observaciones de superficie necesarias proceden de los países menos adelantados (PMA) y los pequeños Estados insulares en desarrollo (PEID).
Al fomentar la confianza, el diálogo y la responsabilidad colectiva, los líderes de la COP30 pueden trazar un rumbo estratégico que impulse una acción climática audaz en todo el mundo y beneficie la vida y los medios de subsistencia de todas las personas en nuestro planeta.
«Demasiados dirigentes siguen siendo rehenes de los intereses de los combustibles fósiles», opinó el Secretario General de la ONU, António Guterres
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, llamó este lunes, en la apertura oficial de la trigésima cumbre climática de la ONU (COP30), a imponer “una nueva derrota a los negacionistas” que desdeñan el calentamiento global.
El encuentro sobre clima se realiza en Belém y se celebra con la ausencia por primera vez de Estados Unidos, segundo mayor contaminante mundial. El objetivo de la cumbre de este año es salvar los esfuerzos globales frente al calentamiento.
“En la era de la desinformación, los oscurantistas rechazan no solo las evidencias de la ciencia, sino también los avances del multilateralismo. Controlan algoritmos, siembran el odio y difunden el miedo. Atacan a las instituciones, la ciencia y las universidades. Es el momento de imponer una nueva derrota a los negacionistas”, dijo Lula en un enérgico discurso en la primera sesión plenaria.
Es “mucho más barato” luchar contra el clima que hacer la guerra, añadió, en relación a los conflictos actuales en el planeta, como el de Ucrania. El dirigente progresista realizó además una defensa enfática del Acuerdo de París, del que se cumplen diez años y que Estados Unidos, uno de los países más contaminantes del mundo, volvió a abandonar tras el regreso a la Casa Blanca de Donald Trump, hace nueve meses.
Lento avance
El presidente de Brasil destacó en su discurso que el mundo camina en la “dirección correcta”, pero “a la velocidad equivocada”. “Al ritmo actual, todavía vamos rumbo a un aumento superior a un grado y medio centígrado de la temperatura global. Romper esa barrera es un riesgo que no podemos correr”, advirtió.
En este contexto, llamó a la comunidad internacional a actuar en tres frentes. El primero, cumplir con lo ya pactado anteriormente y presentar metas climáticas “ambiciosas”, además de garantizar la financiación para los países más vulnerables y con menos recursos.
Segundo, instar a los líderes mundiales a acelerar la acción climática mediante un plan para “superar la dependencia de los combustibles fósiles”. Y tercero y último, convocar a la comunidad internacional a “colocar a las personas en el centro de la agenda climática”.
Escribe Nadia Luna / Dialogue Earth – Desde Barcelona hasta Boston, pasando por Buenos Aires y Rosario, los veranos cada vez más intensos obligan a las ciudades a crear refugios climáticos para refrescarse. ¿Qué tan exitosos han sido?
La evidencia científica sobre los impactos del calor en la salud y su relación con el cambio climático es cada vez más contundente. En Europa y América Latina, el calor ya provoca miles de muertes cada verano, muchas de ellas atribuibles al calor adicional que provoca la crisis climática. En una región tan desigual como América Latina, la falta de acceso al agua potable y la atención primaria agravan los riesgos.
El impacto del calor se siente especialmente en las grandes ciudades que, por su densidad de edificios y la falta de zonas verdes, experimentan temperaturas más altas formando “islas de calor urbanas” donde las temperaturas son más altas que en las zonas circundantes. Ante esto, cada vez más ciudades están implementando redes de refugios climáticos: espacios que brindan confort térmico a cualquier habitante que necesite resguardarse del calor. Pueden ser abiertos, como parques, reservas y plazas, o cerrados, como museos, escuelas y centros comunitarios.
“Tener este tipo de espacios es absolutamente necesario porque estamos teniendo olas de calor cada vez más intensas y frecuentes”, explica Pilar Bueno Rubial, subsecretaria de Cambio Climático de la ciudad de Rosario en Argentina.
Algunas de las redes climáticas que han surgido en todo el mundo han tenido un gran éxito, mientras que otras han tenido dificultades para atraer usuarios.
Uninforme de Greenpeace que analizó los refugios de 16 ciudades españolas encontró deficiencias como horarios de apertura limitados, áreas de descanso insuficientes y el hecho de que no todos los refugios son de acceso gratuito. Otros obstáculos son la dificultad de supervisar la eficacia y la relación costo-beneficio de las iniciativas, así como la comunicación adecuada de la existencia de los refugios.
Averiguar qué funciona y qué no es una tarea cada vez más urgente para investigadores y urbanistas.
¿Qué son los refugios climáticos?
Un refugio climático es un espacio donde las personas pueden refugiarse del calor extremo.
Se han implementado redes de estos refugios en muchos lugares donde el calor amenaza la salud humana. Algunas ciudades han definido estos refugios de manera amplia, incluyendo parques, paradas de autobuses con aire acondicionado y edificios públicos existentes. Otras utilizan el término de manera más restrictiva para referirse a instalaciones diseñadas y abiertas específicamente para proporcionar a las personas refugio contra el calor.
Es probable que se necesiten más refugios de todo tipo a medida que el planeta se calienta.
Barcelona: de los centros de enfriamiento a los refugios climáticos
Barcelona fue la primera ciudad en crear una red formal de refugios climáticos en 2019. Sin embargo, Ana Terra Amorim-Maia, investigadora del Basque Centre for Climate Change, cuenta que la idea de abrir espacios para que la gente acuda en una situación de calor extremo ya existía en ciudades de países como Estados Unidos y Canadá, bajo el nombre de cooling centers (centros de enfriamiento).
“Barcelona aprendió del concepto de cooling centers, que estaban más destinados a poblaciones vulnerables, amplió el acceso a cualquiera que necesitara refugiarse del calor y los llamó refugios climáticos”, explica.
Hoy tienen 409 refugios climáticos en la ciudad, a los que se dirige a las personas si necesitan refrescarse. Entre ellos se incluyen bibliotecas, mercados, piscinas, museos y clubes deportivos.
Hoy en día hay 409 refugios climáticos en Barcelona, entre los que se incluyen bibliotecas, mercados, piscinas y museos como el Real Monasterio de Santa María de Pedralbes (Imagen: José Antonio Gil Martínez / Flickr, CC BY)
Un desafío que tuvieron fue llegar a barrios más vulnerables que carecían de espacios públicos. Otro reto fue la difusión. Según un relevamiento realizado por Terra Amorim-Maia en un barrio popular (La Prosperitat), en 2022 solo el 15% de las personas encuestadas los conocía, mientras que en 2023, apenas llegaban al 30%, según otra encuesta realizada por el ayuntamiento.
“Así, en un año, el porcentaje de la población que conocía su existencia se había duplicado aproximadamente, pero aún había un 70% que no sabía nada de ellos”, dijo la investigadora. “Los inmigrantes, principalmente quienes provenían de países del Sur Global, tenían siete veces menos probabilidad de haber escuchado sobre la red de refugios climáticos”.
Las mujeres resultaron ser quienes más los necesitan. “Los hombres hacen recorridos más directos, de la casa al trabajo, mientras que las mujeres hacen un zigzag por la ciudad, por los roles de cuidado que les caen. Entonces van a llevar a los niños al colegio, luego pasan por la farmacia, van al mercado y así”, agrega.
Respecto a la relación costo-beneficio, indica que no hay estudios que lo cuantifiquen pero como son espacios que requieren poca adaptación, y teniendo en cuenta el servicio que brindan, no hay dudas de que “el beneficio existe”.
Boston: muchos refugios, poca concurrencia
En los últimos años, los veranos en la ciudad de Boston, en el noreste de Estados Unidos, no solo han sido más cálidos, sino también más húmedos, con cuatro o cinco olas de calor por temporada.
Las zonas de juegos acuáticos gratuitas para niños (y adultos) forman parte de la red de centros de refrigeración de Boston. Sin embargo, la gente suele preferir refrescarse en sus propios hogares, según afirma una experta (Imagen: City of Boston / City of Boston Heat Plan)
Mientras Barcelona aprendió de las experiencias de América del Norte, Boston, a su vez, aprendió varias cosas de Barcelona para mejorar su propia red de cooling centers, afirma Zoe Davis, jefa de proyectos de la Oficina de Resiliencia Climática de Boston.
Una de ellas fue sumar parques a la red, ya que los cooling centers se caracterizaban por ser edificios públicos. Otros espacios que fueron agregando fueron bibliotecas públicas y juegos acuáticos de uso libre.
Pero, ¿qué se sabe de quiénes y cuántos los utilizan? “Esa es probablemente una de las preguntas más difíciles que hemos buscado responder en los últimos dos años. Tenemos un proceso de registro para llevar un control, pero es algo básico”, considera Davis.
Mientras continúan trabajando en una metodología que pueda registrar mejor la concurrencia, Davis comenta algunas observaciones. “Hemos escuchado que los ciudadanos de Boston prefieren mantenerse frescos en sus casas. Nos han llegado reportes de que hay una subutilización”, cuenta.
Ahora, se están instalandotechos verdes en las paradas de autobús para reducir el impacto del calor y acercar más refugios a las personas.
Boston ha instalado techos verdes, compuestos por un manto de suculentas, en muchas de sus paradas de autobús como forma de reducir la exposición al calor de los usuarios del transporte público (Imagen: City of Boston)
Patricia Fabian y Jonathan Lee son investigadores de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Boston y forman parte de B-COOL, una iniciativa conjunta con el gobierno local para monitorear la temperatura en distintos barrios.
“Está claro que debemos tener opciones para la gente que no tiene aire acondicionado en sus casas, pero es súper difícil ver el impacto que la medida tiene en la salud”, señala Fabian, y agrega que ellos han realizado estudios evaluando las características de los centros pero falta evidencia sobre su eficacia.
En tanto, Lee adelanta que están trabajando junto al gobierno de la ciudad para analizar más en detalle el presupuesto destinado a los refugios. El balance que hacen a priori es que se están gastando muchos recursos para una medida que no está teniendo el público esperado.
¿Fracaso o éxito?
En Chelsea, una ciudad separada de Boston por el río Mystic, también la experiencia con los cooling centers ha sido en gran medida fallida. El primer centro se abrió en una escuela a principios de esta década.
Cuando se inauguró, se llevó a cabo una prueba de tres días en la que solo una familia lo utilizó en un día. Luego se abrieron más refugios, pero tampoco lograron atraer a un gran número de personas.
Flor Amaya, directora de Salud Pública de la ciudad, cuenta que luego de esa experiencia decidieron abrir refugios en espacios que la gente suele frecuentar y en los que hay actividades para hacer, pero aun así no logran captar gran audiencia.
“Las personas tienden a ir a espacios con los que ya tienen un vínculo. Si eso no está, es difícil que digan ‘voy a ir allí nada más para utilizar el aire acondicionado y refrescarme’”, reflexiona Amaya.
A pesar de ello, Chelsea planea continuar con la iniciativa por el momento.
Dos ciudades en las que los refugios han funcionado bien son Nueva Orleans, en el estado de Luisiana, al sureste, y Phoenix, en el estado de Arizona, al suroeste.
En el primer caso, como es una ciudad con apagones recurrentes debido a los huracanes, la organización Together New Orleans impulsó la iniciativa Community Lighthouse (Faro Comunitario), una red de edificios equipados con paneles solares que sirven también como refugios climáticos. Ya hay 15 “faros” y quieren llegar a los 500.
En Phoenix, una red de refugios, incluido este, ofrece camas y aire acondicionado a las personas que viven en las calles de la ciudad durante las olas de calor (Imagen: Eduardo Barraza / ZUMA Press / Alamy)
En tanto, la ciudad de Phoenix está situada en medio del desierto y tiene una red de refugios que la población usa bastante. “Hay mucha gente que vive en las calles y que no tienen adónde ir cuando hace mucho calor. Creo que en Phoenix lograron acoger a esa población vulnerable mejor que en otros lugares”, señala Lee.
Buenos Aires: la sencillez ante todo
Uno de los primeros países latinoamericanos en implementar refugios climáticos para paliar los impactos del calor fue Argentina y lo hizo en dos de sus ciudades más populosas: la Ciudad Buenos Aires, con una red de 69 refugios, y Rosario, con 87.
Patricia Himschoot, gerenta de Cambio Climático de la Ciudad de Buenos Aires, cuenta que el proyecto comenzó en 2017, en una charla con gente de Barcelona y Bogotá durante un evento de la Red C40, una red global de ciudades unidas frente al cambio climático.
“No los llamábamos refugios climáticos pero hablábamos de un lugar donde la gente pueda ir cuando hace mucho calor”, recuerda.
La red de Buenos Aires tiene espacios abiertos y cerrados, como museos, parques, bibliotecas y reservas naturales. Todos están identificados con un cartel y se chequea que tengan características mínimas, como el confort térmico.
La Reserva Ecológica Costanera Sur forma parte de un número cada vez mayor de refugios climáticos en Buenos Aires. Se están llevando a cabo talleres de participación ciudadana para escuchar las necesidades locales, mientras que las autoridades municipales trabajan para ampliar la red (Imagen: Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires)
Actualmente trabajan en ampliar la red y han realizado talleres de participación ciudadana para escuchar sus necesidades. “También se lo ofrecimos a varias empresas pero todavía no se animan”, comenta Himschoot.
En la ciudad de Rosario, situada en la provincia de Santa Fe, la idea surgió en 2022. Primero los llamaron “centros de amortiguación” y estaban pensados para resguardar a personas en situación de calle, pero luego de conocer la experiencia de España, ampliaron el público y cambiaron la denominación a refugios climáticos.
La primera temporada (2023-2024) constó de 25 refugios, todos en edificios públicos con elementos básicos mínimos: que sea de acceso libre y cuente con agua potable, área de descanso e información sobre la crisis climática. Para la segunda temporada (2024-2025), los organizadores de los refugios añadieron casi 50 espacios verdes e incorporaron bebederos de agua potable para mascotas en algunas zonas.
“Hicimos una evaluación sobre qué había funcionado y qué no, pero vimos que hubo una concurrencia muy importante [en ambas temporadas]”, cuenta Bueno Rubial, subsecretaria de Cambio Climático de la ciudad. Ahora están trabajando para ampliar la cobertura en los barrios más vulnerables y mejorar la recolección de datos sobre su uso.
Otra ciudad argentina que está empezando a trabajar en su red de refugios es Mendoza. Investigadoras del Instituto de Ambiente, Hábitat y Energía del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) están construyendo un prototipo para instalar 12 refugios climáticos en distintos puntos de la ciudad. Mientras que otras ciudades han utilizado edificios y espacios ya existentes, estos refugios serán estructuras nuevas de 2×2 metros, similares a las paradas de buses.
Están diseñados para que puedan sentarse dos adultos y dos niños, además de cuatro adultos de pie, y cuentan con una fuente de agua potable y capacidad para cargar teléfonos celulares. Los investigadores están considerando fabricarlos con materiales reciclados y esperan tener el primer prototipo listo para el próximo verano.
“La idea era sumar espacios que permanezcan abiertos sin restricción de horarios”, explica Belén Sosa, investigadora del CONICET y una de las impulsoras del proyecto, que cuenta con financiamiento de la Municipalidad de Mendoza. “Acá los picos de uso van a ser en el horario de la siesta, que es cuando las reparticiones públicas están cerradas”, agrega Silvina López, coordinadora de Ambiente del municipio.
“Creemos que la iniciativa tiene potencial para ser replicada en distintos territorios”, afirma Julieta Villa, jefa del Departamento de Gestión Climática de la ciudad de Mendoza.
Otras ciudades latinoamericanas que están implementando sus refugios para el calor son Santiago de Chile, con una red de 35 espacios que incluye edificios municipales, parques y cuarteles de bomberos; y Medellín, en Colombia, que diseñó un sistema de espacios verdes y jardines verticales que atraviesan espacios densamente poblados.
Residentes de Medellín, Colombia, disfrutando de uno de los muchos corredores verdes instalados en el corazón de la ciudad para reducir el calor urbano (Imagen: Daniel Romero / VWPics / Alamy)
La adaptación salva vidas
Para los y las expertos consultados, es fundamental que cada vez más ciudades se animen a implementar sus redes de refugios. “Es una medida que permite democratizar un derecho: el de poder habitar las ciudades, sin que eso dependa de lo que cada uno tenga en sus viviendas”, apunta Sosa.
Varias lecciones se pueden extraer de las experiencias en marcha.
“Cualquier ciudad puede hacerlo con la información y los recursos que ya están disponibles”, dice Bueno. “¿Y por qué deben hacerlo? Porque la adaptación salva vidas y eso es algo que nos tenemos que grabar en un contexto de crisis climática”.
A medida que el mundo continúa calentándose, cada vez más personas necesitarán algún tipo de refugio para cuidar su salud.
*Nadia Luna es una periodista argentina especializada en ciencia y ambiente con una perspectiva latinoamericana y de género.
Escribe Mario Osava / Inter Press Service – Diez años después de su firma, el tratado intergubernamental no logró reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) para contener en 1,5 grados Celsius el recalentamiento planetario en este siglo. Pero fue “un gran paso adelante”, sostuvo Stiell tras la clausura de la Cumbre de Líderes mundiales, que antecedió a la COP30.
La COP30 (30 Conferencia de las Partes) de la convención sobre el clima, abrirá sus negociaciones el lunes 10 en Belém, que se prolongarán hasta el día 21, ya sin la presencia de jefes de Estado y de gobierno.
Sin el Acuerdo de Paris el mundo tendría “un futuro imposible de calentamiento descontrolado, de hasta cinco grados. Gracias a ello, la curva se inclinó por debajo de los tres grados”, comparó Stiell.
Un total de 57 jefes de Estado y de gobierno, según la cancillería brasileña, estuvieron reunidos en Belém, la capital del estado de Pará, durante dos días, para discutir los temas centrales de la COP30.
El financiamiento climático, acordado en 300 000 millones de dólares anuales pero que los países del Sur global quieren elevar a 1,3 billones (millones de millones) para 2035, “es el gran acelerador” para intensificar las acciones, definió Stiell.
Con esos recursos destinados especialmente a los países pobres y más afectados por la emergencia climática se buscaría cumplir la meta de 1,5 grados acordado en 2015 en la COP21, celebrada en Paris en 2015.
Agenda de la COP30
Ese tema, central en la COP29 de 2024 en Bakú, la capital del Azerbaiyán, vuelve a los debates en Belém, cuyos temas principales definidos anteriormente son la implementación de los acuerdos ya firmados y las medidas de adaptación al cambio climático como nueva prioridad.
La sustitución de los combustibles fósiles, tema central en la COP28 de Dubái, en 2023, también ganó empuje en la Cumbre de Líderes, así también la deforestación, que se busca reducir a través de la propuesta brasileña del Fondo de Bosques Tropicales para Siempre (TFFF, en inglés).
El anfitrión, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, sorprendió por lo menos la audiencia nacional al inaugurar el jueves 6 la cumbre resaltando la necesidad de “superar la dependencia de los combustibles fósiles” como una de las prioridades de la lucha climática, además del financiamiento climático y la preservación forestal.
Apenas 17 días antes él mismo había celebrado la autorización ambiental para la exploración petrolera en la cuenca de la desembocadura del río Amazonas, ante protestas de los indígenas, el movimiento ambientalista e incluso por representantes de la agricultura volcada a los biocombustibles.
La cuenca se extiende por un área marítima de 268 000 kilómetros cuadrados, más grande que el Reino Unido, donde se cree que existen yacimientos muy productivos por la proximidad con Guyana, que triplicó su producto bruto interno desde 2019 gracias al petróleo descubierto em 2015.
Políticos interesados en la nueva frontera de hidrocarburos, incluso miembros del mismo gobierno, argumentan que las ganancias petroleras son necesarias para promover la transición energética, al generar nueva capacidad de inversión en las alternativas.
“Brasil no puede renunciar a esa riqueza”, justificó Lula su apoyo a la búsqueda de petróleo en el mar amazónico por la estatal Petrobras y las presiones sobre las autoridades ambientales para que concedieran la licencia de exploración.
Una de las sesiones de la Cumbre de Líderes de la COP30, anticipada para evitar problemas de alojamiento durante la conferencia climática que tendrá lugar del 10 al 21 de noviembre con cerca de 50 000 participantes en Belém, una ciudad de 1,4 millones de habitantes y situada em la Amazonia brasileña. Imagen: Ricardo Stuckert / COP30
Ambiguedad brasileña
Quedó evidente la contradicción con su posición manifestada en la cumbre, de condena a los combustibles fósiles, en coincidencia con el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres.
“Invertir en combustibles fósiles es apostar contra la humanidad y contra la economía. Es autodestructivo”, dijo Lula en su discurso.
Guterres, por su parte, admitió el fracaso de las acciones climáticas hasta ahora para sostener el límite de 1,5 grados, pero afirmó que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) nunca renunciará a esa meta, “una línea roja”, y que hará todo para alcanzar cero emisiones netas de gases invernadero hasta 2050.
Un rechazo más contundente a la energía fósil manifestó el presidente de Colombia, Gustavo Petro, que defendió la eliminación progresiva de los combustibles fósiles en el mundo, coherente con su política interna que promueve la desactivación de la industria petrolera en el país.
Es un tema de negociación decisiva en las COP porque la producción y consumo de energía representan cerca de 70 % de los gases que recalientan la tierra.
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, con el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, en la Cumbre de Líderes de Belém. Ambos coincidieron en la necesidad de sustituir los combustibles fósiles para evitar el colapso climático del planeta. Imagen: Lucas Landau /COP30
Hoja de ruta del financiamiento
Algún aliento entre gobernantes generó la presentación del informe La Hoja de Ruta de Bakú a Belém, que apunta mecanismos para elevar el financiamiento climático pretendido de 1,3 billones de dólares al año a partir de 2035.
Elaborado por los presidentes de la COP30 y COP29, el brasileño André Corrêa do Lago y el azerbaiyano Muhktar Babayev, el informe de 80 páginas propone cambios en la arquitectura financiera mundial, con la adopción de distintos mecanismos para alcanzar la meta.
El mercado de carbono, el canje de la deuda externa de países pobres por protección ambiental y tributos sobre transacciones financieras internacionales y sobre consumo de los ricos, como pasajes aéreos en primera clase, hacen parte del repertorio de medidas.
Cambios en los subsidios, como la reducción a los concedidos a combustibles fósiles, y reducción de los intereses sobre la financiación de fuentes limpias de energía podrían representar centenares de mil millones de dólares para la mitigación climática, asegura el informe que recibió 227 sugerencias de variados sectores, públicos y privados.
Pero ambientalistas recibieron con muchas críticas la hoja de ruta. Es genérico, no asegura compromisos sino posibilidades, y no define responsabilidades de los países ricos ni responde a las demandas de los países en desarrollo, según los críticos.
Es “un mapa sin brújula”, definió Rebecca Thissen, una activista de la red internacional Climate Action Network, en la publicación digital InfoAmazonia del 5 de noviembre.
Un mecanismo concreto de financiación en beneficio del clima es el Fondo de Bosques Tropicales para Siempre. La propuesta brasileña prevé la captación de 125 000 millones de dólares en un fondo fiduciario que remunerará los países que logren preservar sus bosques.
Los países potencialmente beneficiados suman 74. La meta original es captar 25 000 millones de dólares de gobiernos y bancos públicos, para luego completar el fondo con aportes privados.
No se trata de donaciones ni créditos, sino de un fondo de inversiones cuyas utilidades se distribuirían a los dueños del capital y a los países de bosques preservados. Es una forma de contar con beneficios y utilidades permanentes y por tiempo indeterminado, por eso se considera un mecanismo innovador y sostenible de mantener “los bosques en pie”.
Además, el 20 % de las ganancias se destinarán a los pueblos indígenas y tradicionales, reconocidos como guardianes de la naturaleza en sus territorios demarcados.
La declaración del lanzamiento del TFFF el 6 de noviembre contó con la firma de 53 países y en su primer día cinco países anunciaron un aporte total de casi 5600 millones de dólares, ya que Noruega anunció una inversión de 3000 millones de dólares y Francia 500 millones de euros.
A eso se suman los aportes de Brasil e Indonesia, potenciales beneficiados por disponer de grandes bosques tropicales, de 1000 millones de dólares cada uno. Portugal se juntó el grupo pero con una suma pequeña, un millón de dólares.