Corredor Verde

El valor del corredor verde: biólogos invierten en San Pedro para crear un nodo de investigación y conexión de fauna

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La reserva Rojaijú Yvórasá, ubicada estratégicamente frente al Parque Piñalito Sur, busca financiamiento internacional para instalar la segunda estación biológica más importante de la provincia. Un proyecto que combina capital privado, ciencia y el soporte institucional del Ministerio de Ecología.

Misiones sumó un nuevo actor clave en su red de conservación privada, pero con una vuelta de tuerca científica. Camila Miravalles Stasta, bióloga y doctoranda, lidera junto a su socio un proyecto de 350 hectáreas en Piñalito Sur (San Pedro) que no solo busca proteger el monte, sino transformar la zona en un hub de investigación y un paso crítico para la fauna regional.

El proyecto apunta a fortalecer la conexión entre áreas clave de conservación. “Nuestros esfuerzos van a ir más que nada para poder conectar la reserva de biosfera de Yabotí con el área la reserva del Urugua-í, ya que estamos en un lugar bastante estratégico para el corredor verde que se podría generar entre ambas áreas”, sostuvo Miravalles Stasta en dialogo con Economis.

Un enclave estratégico entre dos gigantes

La ubicación de Rojaijú Yvórasá no es azarosa. Se encuentra frente a la Ruta Nacional 14, justo en el punto donde el Parque Piñalito Sur (vinculado a la reserva de biosfera de Yabotí) se encuentra con el área de la reserva del  Urugua-í.

El Corredor Verde: La reserva funciona como el eslabón perdido para generar un corredor entre ambos bloques boscosos.

Infraestructura vial y fauna: El proyecto contempla, en una primera etapa, la creación de un paso de fauna aéreo (de menor costo y rápida ejecución) para evolucionar hacia un ecoducto a largo plazo, que mitigue la fragmentación del hábitat causada por la traza vial.

El proyecto cobra especial relevancia ante los riesgos que implica la circulación vehicular en áreas de alta biodiversidad. En ese sentido, Miravalles Stasta recordó un hecho reciente “hace poco hubo el atropellamiento de un mono carayá rojo, que es uno de los últimos individuos que queda en Argentina y es un monumento natural para Misiones”.

Los tres pilares del modelo de gestión

El proyecto se diferencia por una visión de mediano plazo estructurada en tres unidades de impacto:

Conectividad Biológica: Restauración y mantenimiento del flujo de especies entre parques provinciales.

Investigación de Nicho: La ambición es crear una estación biológica en un sistema de Araucarias. Actualmente, el único centro de peso está en Iguazú; este nuevo nodo permitiría estudiar especies únicas del sistema de altura de San Pedro.

Educación Ambiental con enfoque productivo: El trabajo con las cuatro escuelas rurales de la zona busca cambiar la narrativa local: que el niño vea el monte no solo como una unidad de producción extractiva, sino como un activo de valor recreativo y ecosistémico.

Financiamiento y seguridad jurídica

La creación de la reserva también tiene una historia personal detrás. “Soy bióloga, mi pareja también es biólogo, y siempre fue un sueño tener una reserva para conservar la selva y los animales”, relató. La oportunidad surgió cuando su padre decidió radicarse en Misiones y le ofreció las tierras para concretar ese objetivo.

El proceso no fue inmediato. Según detalló, la adquisición se realizó en 2021 y demandó varios años de gestiones y adecuaciones hasta lograr la firma del convenio que formaliza la reserva privada. “Fueron muchos esfuerzos hasta poder firmar este convenio que finalmente nos permite ser una reserva privada”, expresó.

Actualmente, el proyecto se sostiene con el “pulmón” de sus fundadores mediante becas de doctorado, lo que subraya el desafío del autofinanciamiento en la conservación privada.

“La idea es mandar proyectos al exterior y traer financiamiento. Recientemente aplicamos a fondos en Australia”, explica Miravalles Stasta, marcando una hoja de ruta clara: exportar servicios ambientales e investigación para captar divisas.

La formalización como reserva privada otorgó al proyecto un marco de seguridad jurídica frente a la tala y la caza furtiva. Según la bióloga, el respaldo del Ministerio de Ecología es fundamental: “Los vecinos, cuando escuchan Ministerio de Ecología, tienen más respeto; ya no es ‘entro, cazo y tiro árboles’”, destaca respecto a la disuasión del delito ambiental.

Lo que hay que seguir de cerca

El éxito de Rojaijú Yvórasá será un termómetro para ver si Misiones puede atraer más inversión de “capital intelectual” (científicos que compran tierras para investigar). La clave reside en la captación de fondos globales y en la ejecución de la infraestructura vial para fauna, un activo que fortalecerá la marca “Misiones” como líder en servicios ecosistémicos.

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Misiones habilita la primera fase del plan para recuperar al yaguareté en Yabotí

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El Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables de Misiones dio un paso clave en la estrategia de conservación del yaguareté al otorgar la viabilidad ambiental preliminar al proyecto de “Plan de suplementación poblacional” en la Reserva de Biosfera Yabotí. La medida, formalizada mediante la Resolución Nº 113 del 17 de abril de 2026, habilita el avance de una iniciativa que busca recuperar la población silvestre del felino más emblemático de la región.

El proyecto se desarrollará en el Parque Provincial Esmeralda, en el municipio de San Pedro, dentro de un predio de 30.000 hectáreas. Allí se prevé la construcción de recintos de manejo en una superficie cubierta de 707,89 metros cuadrados, como parte de una intervención de largo plazo con una vida útil estimada en 20 años. La Reserva de Biósfera Yabotí se extiende sobre unas 250,000 hectáreas de selva, donde aún sobreviven especies en peligro como el Águila Harpía y el propio yaguareté. Estudios recientes muestran que el Parque Provincial Esmeralda, situado dentro de la reserva, cuenta con una abundancia de presas que podría sostener a una población mayor de estos felinos, en caso de que se concrete el refuerzo poblacional.

El eje del plan es la suplementación poblacional con ejemplares de ADN misionero, con el objetivo de fortalecer la base genética de la especie y asegurar su permanencia en el hábitat natural. Según se desprende del expediente técnico, la iniciativa busca consolidar la recuperación del yaguareté dentro del Corredor Verde misionero.

La estrategia se inscribe en el Plan de Gestión de la Reserva de Biosfera (2025–2034), que prevé implementar el manejo activo de la especie hacia 2027. En esta primera etapa, el foco estará puesto en el desarrollo de técnicas de cría en cautiverio bajo condiciones naturales controladas, con vistas a la futura reintroducción en ambientes adecuados.

El proyecto no solo busca reintroducir ejemplares en Yabotí, sino también crear políticas de restauración y conservación de los corredores de biodiversidad. “No podemos realizar una reintroducción sin abordar los factores que llevaron a la disminución de la especie. Estos factores incluyen la cacería, la pérdida de hábitat y los atropellamientos,” indicó el director del IMiBio.

Misiones, según estudios del IMiBio, podría potencialmente albergar entre 250 y 300 yaguaretés en total si se optimiza el entorno y se controlan las amenazas. La reserva de Yabotí, junto con áreas aledañas, tiene suficiente superficie y fauna de presas para soportar una población considerable de estos grandes felinos.

La Comisión Técnica de Evaluación de Impacto Ambiental consideró “oportuno, meritorio y conveniente” avanzar con la viabilidad preliminar, aunque estableció un conjunto de exigencias que el proponente -la Subsecretaría de Obras y Servicios Públicos de la provincia- deberá cumplir en un plazo de 60 días.

Entre las principales obligaciones figuran:

  • Presentar información técnica complementaria con mayor nivel de detalle.
  • Cumplir con planes de contingencia, gestión ambiental y monitoreo mensual.
  • Informar cualquier modificación del proyecto antes de su ejecución.
  • Minimizar impactos ambientales durante todas las etapas de la obra.

Además, se impusieron restricciones ambientales estrictas, como la prohibición de introducir especies exóticas, la obligación de restaurar áreas intervenidas y la preservación absoluta de cursos de agua y nacientes.

La estrategia no es una reintroducción o rewilding, como ocurrió en Corrientes. En Misiones el animal nunca desapareció completamente. Lo que se busca es reforzar la población. Si el proyecto prospera, la reserva Yabotí podría albergar entre 20 y 30 yaguaretés en el futuro. Pero el objetivo va más allá de los números.

Mientras que en Corrientes la fundación Rewilding ha tenido éxito en la reintroducción de yaguaretés en los Esteros del Iberá, donde actualmente hay 50 ejemplares en libertad, Misiones aún no ha implementado programas masivos de este tipo. En esta ocasión, el proyecto de refuerzo poblacional en Yabotí busca desarrollar técnicas de suplementación de individuos siguiendo normas técnicas internacionales y bajo el cumplimiento de la legislación vigente.

Un proyecto bajo el paraguas constitucional y ambiental

La resolución se apoya en el artículo 41 de la Constitución Nacional -que consagra el derecho a un ambiente sano- y en la Ley General del Ambiente (Nº 25.675), que establece la Evaluación de Impacto Ambiental como herramienta obligatoria para la toma de decisiones.

En ese marco, el Ministerio remarcó que la EIA es un procedimiento “técnico-administrativo con carácter preventivo” que permite analizar la viabilidad ambiental antes de ejecutar cualquier proyecto, garantizando que no comprometa los recursos para futuras generaciones.

La viabilidad otorgada no implica una autorización definitiva, sino el inicio de un proceso de evaluación más profundo. El proyecto deberá cumplir con todas las exigencias técnicas y ambientales para avanzar hacia su aprobación final.

Con esta resolución, Misiones refuerza su posicionamiento como una de las provincias líderes en políticas de conservación, apostando a la recuperación de una especie clave para el equilibrio ecológico de la Selva Paranaense.

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Con más de 250 cámaras, activan un nuevo monitoreo del yaguareté en el Corredor Verde

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Una estrategia científica que impacta en la agenda ambiental y territorial. Con más de 250 cámaras, monitorean al yaguareté en Misiones: la población se estabiliza pero surgen alertas sobre su futuro.

Con más de 250 cámaras trampa desplegadas en el norte de Misiones y el Parque Nacional de Brasil, la ONG Proyecto Yaguareté puso en marcha en 2026 un nuevo esquema de monitoreo sobre la principal especie emblema de la selva paranaense. El operativo, que abarca más de 500 mil hectáreas y se realiza de manera sostenida desde hace más de dos décadas, busca medir la evolución de la población en un momento donde los datos muestran una señal ambigua: estabilidad con leve tendencia a la baja. ¿Se trata de un freno en la recuperación o del inicio de un nuevo retroceso?

La iniciativa, articulada con investigadores del Conicet y equipos brasileños, introduce además una novedad operativa: un seguimiento a lo largo de todo el año, que se complementará con el relevamiento intensivo previsto para la segunda mitad de 2026.

La investigadora asistente del Conicet en el Instituto de Biología Subtropical Nodo Iguazú, Paula Cruz, explicó en LT17 Radio Provincia los detalles sobre el monitoreo binacional con más de 250 cámaras trampa a lo largo del Corredor Verde, iniciado por la ONG Proyecto Yaguareté. 

Monitoreo científico y decisiones de política pública

El estudio, coordinado desde el Instituto de Biología Subtropical Nodo Iguazú, se inscribe en un esquema de monitoreo bienal que permite estimar la cantidad de individuos y, sobre todo, observar la tendencia poblacional del yaguareté en la región.

Cruz detalló que este año la propuesta es diferente a las anteriores. “Buscamos realizar un monitoreo a lo largo de todo el año, es un trabajo más concentrado, unos tres meses, que lo vamos a iniciar a partir de la segunda mitad del año”, precisó. El censo se realiza cada dos años y se convirtió en uno de los seguimientos de grandes felinos más prolongados del mundo, con más de dos décadas de historia.

El último relevamiento, realizado en 2024, estimó una media de 84 individuos, con un rango que va de 64 a 110 ejemplares en todo el Corredor Verde. La cifra marca una mejora respecto de los inicios del programa, cuando la población rondaba los 40 ejemplares, pero aún se mantiene lejos del umbral considerado sostenible, que se ubica en torno a los 250 individuos.

El método combina cámaras trampa y modelos matemáticos. Cada ejemplar se identifica por su patrón único de manchas, lo que permite construir una base de datos precisa sin intervención directa sobre los animales. Esta información no solo describe la población: define el insumo central para diseñar políticas de conservación.

Una población que creció, pero no despega

El seguimiento de más de veinte años muestra una curva clara: crecimiento sostenido hasta aproximadamente 2018 y, desde entonces, una estabilización en torno a los 80 o 90 individuos. En los últimos relevamientos aparece una leve caída en el valor medio, aunque todavía dentro de márgenes estadísticos superpuestos.

Sobre el objetivo del relevamiento, Cruz fue clara. “Queremos entender cómo está la población de yaguaretés de nuestra región”, afirmó. Gracias a las cámaras trampa, los científicos pueden estimar la cantidad de individuos y analizar la tendencia de la población, si aumenta, disminuye o se mantiene estable.

Ese dato, en términos políticos, introduce una señal de alerta. La recuperación lograda no logra consolidarse en una fase de expansión sostenida. Y eso ocurre en un territorio que, aun con áreas protegidas y bosque continuo, ya muestra límites para sostener el crecimiento de la especie.

A pesar de la mejora, la investigadora advirtió que la situación sigue siendo delicada. “Estamos mejor que hace 20 años, pero sigue siendo una población crítica”, afirmó. Para que la población esté bien y no necesite acciones de conservación adicionales, se estima que debería haber unos 250 individuos.

El yaguareté necesita grandes extensiones para sobrevivir. La fragmentación del hábitat y la presión sobre el territorio empiezan a tensionar esa dinámica.

Conflicto humano y límite territorial

El principal factor de riesgo identificado no es biológico sino social: el conflicto con actividades humanas. A medida que los animales amplían su rango de movimiento fuera de áreas protegidas, aumenta la interacción con zonas productivas y rurales.

En ese contexto, la depredación de animales domésticos genera tensiones directas con productores, que en algunos casos derivan en la eliminación de ejemplares. Este fenómeno aparece como una de las amenazas más concretas para la especie en la región.

La situación expone un punto sensible para la política ambiental: la conservación deja de ser un problema exclusivamente ecológico y pasa a ser un tema de ordenamiento territorial, convivencia productiva y gestión del conflicto.

Un sistema en vigilancia permanente

El despliegue de más de 250 cámaras en una superficie de más de 500 mil hectáreas configura uno de los sistemas de monitoreo más extensos de la región. Además, el trabajo conjunto con equipos de Brasil refuerza el carácter transfronterizo del problema.

La continuidad del programa —con relevamientos cada dos años— apunta a reducir la incertidumbre sobre la tendencia poblacional. En este escenario, el nuevo monitoreo anual busca anticipar movimientos y detectar cambios antes de que se consoliden.

La clave estará en lo que muestren los próximos datos. Si la población logra retomar una senda de crecimiento o si la estabilización deriva en retroceso. En ese margen se juega no solo el futuro del yaguareté, sino también la capacidad de sostener políticas ambientales en un territorio donde la presión productiva y la conservación conviven en tensión.

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