CORRIDA

La columna de Hartfield después de las nuevas medidas: Volvió la calma, pero no es suficiente

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CALMA CALMA! Volvimos a convencer al FMI. No había dudas de que había que actuar. Si me pongo a recordar cómo estaba el viernes pasado cuando escribía mi nota anterior, no me hubiera imaginado nunca el alivio que estoy sintiendo en estos momentos. No quería exagerar un nerviosismo, pero estoy seguro de que si el tipo de cambio se hubiera espiralizado al alza, podía tranquilamente haber ocasionado una corrida hacia el dólar y también hacia los depósitos bancarios como tantas veces sucedió.
¿Qué fue lo que pasó? El pánico contra el peso argentino se estaba desmadrando y se avecinaba una nueva tormenta financiera como la vivida en septiembre pasado. Al fin, la administración actual aprendió de sus errores y esta vez actuó sin dudar y consiguió el apoyo del FMI en un nuevo cambio de estrategia.
El lunes pasado, unos minutitos antes de que abriera el mercado del dólar, el BCRA emitió un comunicado en el que avisaba que a partir de ahora, se podían usar reservas para intervenir movimientos disruptivos en el tipo de cambio -aun si este se encontrara dentro de la zona de no intervención delimitada anteriormente-. Lo mejor de esto, fue que minutos después el mismo Gerry Rice, vocero del FMI, tuiteó desde su cuenta el apoyo a la medida, para que el Mercado no creyera que se trataba de un acto de rebeldía.


 
La medida fue tomada de muy buena manera: el BCRA no precisó vender dólares para que se calmaran las expectativas y volviera la oferta genuina, de modo que el tipo de cambio tuvo una semana con cierta volatilidad, pero cerró a la baja.
¿Es suficiente esto? NO, en absoluto. Fue una buena primera medida como para frenar el caos, pero sin dudas el Gobierno tiene que asumir todos sus errores y empezar a ceder espacios con otras fuerzas, evitando así el pánico de que el populismo (lo que más teme el mercado) vuelva a tomar las riendas del país. Ya tuvimos algo de éso esta semana, con los supuestos diez puntos que está negociando parte del Gobierno con sectores del peronismo menos duro (algo que, imagino, a Marcos Peña no le debe simpatizar mucho).
Hubo un fuerte rebote en las acciones y bonos. Entiendo que ustedes pueden pensar que éso influye poco en nuestra vida cotidiana, pero absolutamente todo termina golpeando a la sociedad si no se normaliza la totalidad de las variables macroeconómicas y financieras.

Veremos cómo sigue la historia. Seguramente seguiremos condenados a mucha volatilidad, pero la reacción del fin de semana pasado me empieza a dar algo de alivio mirando hacia el futuro.

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Despiértame cuando llegue el temblor

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Desde finales del año pasado que se viene repitiendo, casi como un mantra, que la dinámica cambiaria del 2019 dependerá de los vaivenes políticos. Luego de un marzo agitado, donde el tipo de cambio escaló más de 10% y rozó los 45 ARS/USD, el dólar se estabilizó a comienzos de abril, producto del buen comienzo de la liquidación de agrodólares y las subastas diarias de USD 60 millones del Tesoro Nacional autorizadas por el FMI. En el mismo sentido, la última semana el Banco Central congeló nominalmente la Zona de No Intervención (ZNI) en 39,8 ARS/USD y 51,5 ARS/USD hasta fin de año (eliminó el piso hasta fines de junio). Tras el anuncio del BCRA, la divisa y los mercados de futuro reforzaron la baja, reduciendo la inestabilidad observada en marzo.

 

Ante este contexto de relativa calma, cabe preguntarse si la estabilización será transitoria o permanente. Para responder a este interrogante nos remontamos a contextos similares recientes y los comparamos con el actual, en pos de dimensionar qué magnitud podría alcanzar la dolarización de carteras en la previa electoral.

 

En 2011, la fuga de capitales del sector privado superó USD 18.000 millones en los primeros nueve meses del año. En una dinámica típica de año electoral, el volumen fue in crescendo: USD 3.700 millones en el primer trimestre, USD 6.100 millones en el segundo y USD 8.500 millones en el tercero. Por su parte, en el acumulado enero-septiembre de 2017 la formación de activos externos totalizó USD 15.500 millones. Este número se compone de USD 4.800 millones en el primer trimestre, USD 2.900 millones en el segundo y USD 7.800 millones en el tercero.

 

La dolarización de carteras habría rondado los USD 4.500 millones en el primer trimestre de 2019 (todavía no hay números de marzo), montos similares a los registrados en los primeros tres meses de 2011 y de 2017.

 

Sin embargo, al comparar dichos montos en términos de activos en Pesos que están “haciendo tasa”, los valores de este primer trimestre representaron 12,5% del total de stock de Plazos Fijos del sector privado y de Letras en Pesos (alrededor de USD 28.000 y de USD 7.000 millones, respectivamente), porcentaje significativamente mayor al de comienzos de 2011 (8,8%) y los primeros tres meses de 2017 (6,5%), producto de la significativa depreciación del Peso.

 

Este análisis sería incompleto si no considerásemos el lado de la oferta. La misma se compondrá principalmente de liquidaciones de agrodólares y subastas diarias de USD 60 millones del Tesoro Nacional. Según nuestras estimaciones, las primeras totalizarían USD 6.500 millones en el segundo trimestre y USD 5.500 millones en el tercero. De este modo, la oferta de divisas por agrodólares y licitaciones del Tesoro rondaría USD 10.000 millones del segundo trimestre y USD 9.000 millones en el tercero. Además, si la divisa superara de manera permanente 51,5 ARS/USD, este número se elevaría a USD 18.000 millones, producto de las intervenciones diarias de USD 150 millones del Banco Central.

 

Siguiendo la dinámica de años anteriores, en el segundo trimestre no estimamos que se materialicen mayores presiones cambiarias. Sí es posible que existan fricciones puntuales que anticipen futuras tensiones –por caso el cierre de candidaturas el sábado 22 de junio-, pero las mismas no alcanzarían para llevar al tipo de cambio por encima del techo de la ZNI.

 

En contraposición, durante el tercer trimestre el panorama será más agitado. Las presiones cambiarias se incrementarían por una menor oferta y la dolarización trepará ante la inminencia de elecciones con resultado abierto. En este marco, descartamos que la demanda de divisas del sector privado sea menor a USD 1.200 millones mensuales lo que redundaría en un escenario calmo, con un tipo de cerca del piso de la ZNI.

 

Por el contrario, proyectamos que la dolarización de carteras podría rondar los USD 3.000 millones mensuales. En consecuencia, las luces de alerta serían “amarillas”, con un tipo de cambio que se posaría cerca del techo “congelado” de la ZNI. La divisa podría perforar el límite de 51,5 ARS/USD pero sólo transitoriamente.

 

Para que el tipo de cambio se ubique sistemáticamente por encima del techo de la ZNI, la fuga de capitales debería ser más intensa (USD 6.000 millones mensuales), lo que implica una fuga de más del 15% de los activos en pesos durante un mes. Siguiendo las experiencias anteriores, este desenlace luce poco probable. No obstante, considerando lo “novedoso” de estas elecciones (un resultado muy incierto y mucha divergencia en la orientación económica de los posibles candidatos), no es posible descartarlo.

 

En este sentido, al congelar el techo de la ZNI en 51,45 ARS/USD el Banco Central apunta a intervenir antes frente a las presiones alcistas –por caso, esperábamos un techo de 55 ARS/USD para las PASO -, de manera de contenerlas antes de que provoquen una mayor depreciación del peso y, consecuentemente, suba de precios.

 

A modo de conclusión, podemos afirmar que la calma cambiaria de los últimos días obedece en buena medida a factores estacionales, que se revertirán en la proximidad de los comicios. Esto explica porque, pese a que el dólar está calmo en los últimos días, el riesgo país adoptó un curso ascendente. Asimismo, congelar nominalmente las bandas cambiarias puede acotar la volatilidad y reducir la inflación, pero a costa de un mayor atraso cambiario.

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El patentamiento de 0km se desplomó 58,2 por ciento en marzo en Misiones

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La venta de autos en la Argentina registró otro mes para el olvido y para encontrar una caída semejante hay que retroceder al primer trimestre de 2006. En promedio, el patentamiento sufrió una caída contra marzo de 2018 de 54,5 por ciento. En Misiones la caída fue incluso más pronunciada, con 58,2 por ciento, aunque con el “alivio” de registrar un crecimiento de 2,4 por ciento en relación con febrero, a la sazón, una de los pocos brotes verdes contados con dedos de la mano.
El primer trimestre cerró con una contracción del 49,5%, debido a la ausencia de financiamiento razonable y el acoso impositivo, señalaron los directivos de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina para quienes “el panorama es alarmante”.
La cifra representa un descenso del 3,1% comparado con febrero, en el que se habían registrado 40.115 unidades. “Hace más de 17 años que no se muestra un mes de marzo inferior a febrero”, resaltaron desde Acara.

El presidente de la Asociación, Dante Álvarez, señaló que “son meses extremadamente preocupantes ya que para encontar un primer trimestre como éste, donde los patentamientos no superan las 140.000 unidades, debemos remitirnos al 2006, año que finalizó con 450.000 patentamientos”.
 
Por otra parte, la división Motovehículos de la ACARA informó que los patentamientos realizados durante marzo fueron de unas 31.479 motos. Esto muestra una baja del orden del 5,5% en comparación con febrero, en el que se habían registrado 33.310 unidades.
En tanto, el informe muestra que en la comparación interanual se derrumbó un 54,7%, cuando se habían patentado unos 69.483 motovehículos.

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Dólar, Lebac y riesgo país: definiciones de Caputo en otro día caliente

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Corrido  nuevamente por las circunstancias, el Gobierno lanzó hoy una batería de medidas con las que intentará recuperar la estabilidad cambiaria en medio del impacto amplificado que el tsunami financiero global desatado por la crisis turca ya mostró que puede tener sobre el mercado local.
En este ambiente, el presidente del Banco Central (BCRA), Luis Caputo , convocó de urgencia a los medios para tratar de explicar las medidas con que espera llevar calma al mercado. En el encuentro, dejó una importante serie de definiciones respecto de la necesidad de reordenar al mercado para tener posibilidades de recuperar instrumentos de política monetaria que lo dejen en condiciones, en los próximos meses, para luchar contra la inflación.
A continuación, sus definiciones más importantes sobre dólar, inflación, tasas, riesgo país y la deuda en Lebac, entre otros temas

  • “El esquema de cancelación de las Lebac está pensando para no afectar decisiones de inversión pasadas. Los bancos podrán tomar Letras de Liquidez (Leliq) o Notas del Banco Central (Nobac) a un año o más y mantener la relación. El resto de los inversores deberá buscar alternativas: les daremos la opción de pasar a dólares o podrán suscribir Letras del Tesoro (Letes) en pesos o migrar a plazos fijos, si quieren mantenerse en pesos”.

 

  • “Tenemos aval del FMI para cancelar Lebac con reservas. Saben que, al hacerlo, estamos teniendo además ganancias importantes, porque, de última, vendemos a $30 lo que compramos a $15 o $16. La subasta de mañana está relacionada con eso. Ellos, como dijeron en su comunicado, coinciden con nosotros en que esa deuda causó problemas y que el pago de sus intereses es la fuente del único factor de expansión monetaria que queda”.

 

  • “Veníamos hablando con el FMI la cancelación de Lebac con reservas y pensábamos hacerlo desde septiembre. Decidimos hacerlo ahora porque se filtró la novedad. ¿Para qué dilatar algo que el mercado estaba esperando? Además, porque terminar con las Lebac será un cambio fundacional”

 

  • “Terminar con las Lebac en manos de privados y entidades no bancarias nos permitirá ganar eficacia en el manejo de la política monetaria. Hay instrumentos que se habían vuelto estériles para la lucha contra la inflación por las distorsiones que genera tener una deuda en pesos con capacidad de expandir en forma dramáticas los agregados monetarios”.
  • “Si hay algo que no tiene sentido es permitirle a cualquier persona mantener una cuenta remunerada en el Banco Central. Nuestra relación tiene que ser con los bancos. Para nosotros es clave terminar con las Lebac. Nos facilitará mucho no solo la ejecución de política monetaria sino también la efectividad en el control de la inflación”.

 

  • “Nuestro mecanismo de intervención cambiaria será a través de licitaciones, como ya hicimos y hacen otros bancos centrales y no el de intervenciones esporádicas decididas desde la mesa de dinero: la idea es dar transparencia al mercado. En principio, estarán muy relacionadas con las licitaciones de Lebac toda vez que estaremos liberando pesos al mercado. Pero también haremos subastas si leemos movimientos disruptivos en el mercado de cambios”.

 

  • “Nuestro política fue y es la de flotación cambiaria. En circunstancias como las de estos días muestra que es muy útil para evitar el impacto pleno de shocks externos. Pero actuaremos de ser necesario para evitar volatilidades, porque necesitamos recuperar estabilidad financiera”.

 

  • “Una de las razones que impulsó la tasa de riesgo país son las lecturas erróneas que se hicieron del acuerdo con el FMI. Por ejemplo, se tomó como ‘meta’ un objetivo que se había propuesto el propio Gobierno, que era el de sanear el balance del BCRA recomprándoles las Letras Intransferibles. Eso hacía que algunos analistas crean que a las necesidades netas de financiamiento por US$8000 millones para 2019 había que sumar los US$15.000 millones que se pensaban comprar de estas letras. Por eso suspendimos este programa que se aplicará cuando el Gobierno recupere acceso al financiamiento en condiciones que lo justifiquen”. (La Nación)
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Comprar tiempo (caro)

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El SuperMartes no se desactivó la bomba. Es tan complejo el mecanismo de relojería que hay que respirar profundo, rogar que nadie se equivoque y esperar. El Gobierno compró tiempo. A precio abultado y tasa cara. Los problemas que provocaron la corrida y el susto, siguen ahí. Latentes. A la vista.
Sortear las turbulencias significó más deuda, un dólar más caro de apuro, más inflación y menos crecimiento, con unas tasas financieras insoportables para la economía real. Eso es lo que costó el exceso de optimismo presidencial y los problemas de coordinación del equipo económico, que se hicieron evidentes a fines del año pasado. Se celebra que no haya sido peor.
La síntesis del SuperMartes puede explicarse con varios datos: la devaluación fue del 25 por ciento, se perdieron más de diez mil millones de dólares de reservas y las tasas se elevaron al 40 por ciento –el doble para empresas y hasta el cien por ciento para tarjetas de crédito-. La deuda por 617.000 millones en LEBAC fue canjeada a 30 días con una tasa del 40 por ciento nominal y se sumaron 5.000 millones adicionales con las mismas características. 
Se emitieron 73.250 millones de pesos en Botes (no hay doble sentido: los Bonos del Tesoro fueron apodados Botes por el ministerio de FInanzas) a 5 y 8 años con una tasa del 20 por ciento anual y comprada por el Fondo Buitre Franklin Templeton, que es dirigido por Michael Hasenstab, un amigo de Luis Caputo.
Se salió de la turbulencia financiera, pero en el campo de batalla queda una economía agobiada. Las tasas financieras hacen imposible tomar un crédito para la producción y quien tiene el dinero, obtiene mayor rentabilidad en el juego financiero que en una industria real. La inflación se volverá a disparar detrás del dólar y afectará a miles de familias que dependen de un ingreso fijo cada vez más devaluado.
El panorama es complejo, con ganadores y perdedores. Un dólar más alto que favorece el comercio doméstico. Este nuevo valor de 25 pesos se recupera la competitividad  para que la actividad económica muestre señales de recuperación.
Pero la macro nacional mostrará menos crecimiento y por ende menos recaudación. La inflación podría superar la pauta y disparar reclamos salariales más adelante. Las elevadas tasas de interés castigan a la economía y se suma el ajuste fiscal que hará la Nación per se o a pedido del FMI. Hasta ahora hay un esmero en aclarar que el ajuste es receta propia y no una imposición de Christine Lagarde, como si eso cambiara el resultado de la medicina.
La tensión extrema de este martes tiene sus orígenes en la propia política económica que acumuló vencimientos de corto plazo para financiar un “gradualismo” que sólo benefició a los tenedores de bonos. La falta de dólares se hizo acuciante, pero previamente el Gobierno había liberado todas las trabas que prevenían las fugas y quitó la obligación de liquidar exportaciones en el país. Los dólares viajan libremente.
La deuda externa ya roza el 60 por ciento del Producto Bruto Interno de la Argentina y podría crecer por efecto de la devaluación.  
El presidente Mauricio Macri siente que lo peor ha pasado. “Pusimos metas demasiado optimistas y mucha gente se irritó” y “hemos tenido problemas de coordinación entre el gabinete económico y el Banco Central”, fueron las únicas autocríticas.
Pero en un mes habrá otro vencimiento de Lebacs que volverá a poner a prueba la solvencia del sistema financiero. Para este entonces se espera haber conseguido el salvataje “excepcional” del Fondo Monetario Internacional, que servirá como garantía de pago a los mercados que, como reconoció el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, “nos está diciendo que no confía en nuestra política monetaria”.
El presidente del Banco Central volverá a tener a su cargo exclusivo las metas de inflación. Pero para explicar el escenario, viene a cuento una frase suya de cuando todavía no estaba en el Gobierno. “La alta tasa de interés que paga el BCRA se convierte en un proceso de generación de inflación futura: si ya colocó títulos que pagan una tasa de 30%, habrá que emitir… ¡Sólo para financiar estos intereses!”, decía Szturzenegger en febrero de 2014. Hoy las tasas están diez puntos porcentuales arriba de aquellas.
Los “errores” que llevaron a la corrida cambiaria y al pedido de auxilio del FMI fueron críticados hasta por los más ortodoxos economistas. Domingo Cavallo aseguró que “el error más grave” que cometió la actual gestión fue la eliminación del cepo sin una corrección previa de las tarifas en los servicios públicos. También consideró que otra falla fue “haber anunciado metas de inflación demasiado optimistas”, algo que fue reconocido por el Presidente.
En una nota titulada “Argentina puso el carro económico por delante del caballo”, Desmond Lachman, ex FMI, plantea que no fue una buena idea que el Presidente argentino decidiera levantar todas las restricciones a los capitales en el país, antes de haber estabilizado la economía. Para el economista,  “la caída libre del peso está proporcionando una dolorosa lección económica al Presidente”, además de introducir la posibilidad -cada vez más probable- de que Macri se vea pronto forzado a reintroducir las restricciones a los capitales, para detener la caída libre del peso.
El ex presidente del Banco Central, Martín Redrado, alertó sobre el peligro de “atar el día a día con parches” y recomendó desactivar la bomba de las Lebac, al mismo tiempo que criticó que se haya recurrido al FMI “sin un plan”.
Hay mucho equipo, pero escasa política. La oposición, menospreciada, es ahora un necesario respaldo para sostener el timón.
Del otro lado, el Papa Francisco a través del documento titulado Oeconomicae et pecuniariae quaestiones y redactado por la Congregación para la Doctrina de la Fe y por el Dicasterio para el Servicio al Desarrollo Humano Integral del Vaticano, envió un fuerte mensaje en el que cuestionó que “los procesos de endeudamiento son el resultado de una “gestión imprudente – cuando no dolosa – del sistema de administración pública” que llevan a “hacer ajustes estructurales” para afrontar el “pago de los intereses”.
“Numerosas economías nacionales se ven agobiadas por el pago de los intereses que provienen de esa deuda y, por lo tanto, se ven en la necesidad de hacer ajustes estructurales con ese fin”, sentencia.
En el texto, Francisco pide más reglas para que todos tengan garantías, propone un impuesto a las cuentas offshore y avala “la imposición tributaria, cuando es justa” ya que es una herramienta fundamental para la distribución de la riqueza.
La economía argentina está nuevamente a merced de los mercados que forzaron la corrida y la devaluación. Será, sin embargo, la excusa perfecta para forzar un ajuste que hasta ahora solo se hizo vía tarifas. El Presidente anunció que quiere achicar el déficit en el presupuesto 2019 y compartir el costo político con los gobernadores a través de un gran “pacto” que reparta las culpas.
Los mandatarios están dispuestos a dar gobernabilidad. Pero no a inmolarse con decisiones que tendrán un fuerte impacto económico. “Más que en recortes hay que pensar en que la economía crezca y con estas tasas no están dadas las condiciones”, argumentó Domingo Peppo, el gobernador de El Chaco, de paso por Misiones. El nacido en Corrientes insistió en que “gobiernan ellos” y las decisiones son “de ellos”. La responsabilidad es de Cambiemos y la caída de la imagen también. Del Presidente y de la gestión. Hasta la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, se escondió para evitar ser arrastrada durante los días de crisis. Los sueños de reelección asegurada de Macri, la propia Vidal y Horacio Larreta, se ven de pronto en duda.
La lógica de los gobernadores es de autodefensa. El año pasado el Presidente había lanzado los “consensos básicos” que incluían responsabilidad fiscal, la baja de la inflación, menos gasto público, baja de impuestos y reforma previsional y laboral. Hasta ahora las provincias han corrido con el costo, pero la Nación no solo no achicó sus gastos, sino que los aumentó. El nombramiento de funcionarios y colaboradores particulares en cargos inverosímiles siguen siendo una constante que irrita.
El dato adicional es que muchas provincias se han endeudado por imitación a la política nacional. Quienes tomaron deuda a un dólar a 17, hoy deben a 25 pesos y eso genera una enorme presión sobre las finanzas públicas con servicios de deuda que crecieron 47%. Misiones es una de las pocas que no ha tomado deuda y que tiene una escasa exposición en dólares.
El gobernador Hugo Passalacqua sostuvo que “hay que respaldar las negociaciones con el FMI y asumir una posición patriótica” para que “sea lo más beneficioso para los argentinos”.
En línea con el Papa Francisco, el mandatario misionero marcó diferencias con Macri.  “Él sostiene que hay que bajar impuestos y eliminar otros para atraer inversiones y nosotros desde el Frente Renovador, destacamos el cobro de los impuestos como un  igualador social por excelencia”. La reducción de ingresos brutos, acordado en el pacto fiscal firmado en diciembre, “desfinancia a las provincias”, aseguró.
Misiones marca la diferencia con el modelo económico nacional. Mientras el rumbo se juega a la renovación de bonos y deuda externa en un negocio en el que interviene no más del dos por ciento de la población, la Provincia mantiene el desendeudamiento como emblema y protege la economía real. Pese a la disparada de las tasas, el Gobierno decidió que el Fondo de Crédito, que asiste a pequeños emprendedores e industriales con financiación local, sostendrá las tasas de interés y las líneas de crédito vigentes. También se conoció la decisión de bajar Ingresos Brutos a la venta de medicamentos a personas particulares y a hospitales, para bajar costos en los sectores más necesitados.
La Provincia mantiene el acuerdo de gobernabilidad, pero también requiere reciprocidad. La presencia de los ejecutivos de la Unidad de Información Financiera, el director de la ANSES, Emilio Basavilbaso y el subsecretario de Derechos Humanos de la Nación debe leerse en clave de diálogo para corregir las cosas que no funcionan bien, pero también como inicio de conversaciones para el presupuesto 2019, que demandará mucha negociación política para que el impacto del recorte sea menor.
La Legislatura misionera, lejos de retroceder avanza con más derechos, como la ley de  protección integral de las personas con Trastornos del Espectro Autista. También genera herramientas para la protección del valor distintivo de Misiones: la naturaleza. La provincia contará con un Instituto Misionero de Biodiversidad. No es casual que ambas iniciativas sean de la Renovación, la primera del diputado Juan Pablo Ramírez, la segunda del presidente de la Legislatura, Carlos Rovira. La oposición, encarnada básicamente por Cambiemos, hace gala de ocuparse únicamente de buscar elementos para cuestionar al Gobierno provincial. Lejos de la gobernabilidad que aporta la Provincia con la Nación, los opositores se esmeran por quien es más cuestionador. El radical Javier Mela heredó los modales del ex diputado Germán Bordón, denunciado por su propia colega de bloque, María Losada por violencia de género. Mela ahora protagonizó un escándalo filmado, a los gritos en una reunión de comisión, contra la renovadora Silvana Giménez. Lo que se dice, un caballero.

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