costo de vida argentina

Repartidores necesitan 453 pedidos para sostener un hogar tipo: el ingreso por viaje apenas compensa la inflación

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El trabajo en plataformas digitales sigue mostrando una fuerte pérdida de poder adquisitivo frente al aumento del costo de vida. Así lo refleja el nuevo Índice APP (Coeficiente de Alcance del Pedido Promedio), elaborado por la Fundación Encuentro, que calcula cuántos pedidos debe realizar un repartidor para cubrir distintos gastos esenciales.

La tercera medición del indicador, correspondiente al primer trimestre de 2026, revela que en marzo un repartidor necesitó completar 453 pedidos promedio para sostener una Canasta Básica Total de un hogar de cuatro integrantes, prácticamente el mismo nivel que a fines de 2025, aunque con un mayor esfuerzo para afrontar otros gastos cotidianos.

El estudio toma como referencia el valor promedio de un pedido en las dos principales plataformas de delivery del país. En marzo, ese monto se ubicó en $3.165,20, sin considerar propinas ni descontar los costos que afronta el trabajador, como combustible, mantenimiento del vehículo, telefonía o monotributo.

El costo de vivir, medido en pedidos

El informe traduce distintos indicadores económicos a una unidad fácilmente comprensible: la cantidad de pedidos necesarios para alcanzar ingresos o cubrir gastos básicos.

Los principales resultados muestran que un repartidor necesitó realizar:

  • 453 pedidos para sostener un hogar tipo de cuatro integrantes.
  • 320 pedidos para alcanzar el ingreso promedio individual de Argentina.
  • 147 pedidos para cubrir la Canasta Básica Total individual (sin alquiler).
  • 67 pedidos para pagar únicamente la Canasta Básica Alimentaria.
  • 175 pedidos para afrontar la canasta de crianza de un niño promedio.
  • 156 pedidos para cubrir la crianza de un bebé.
  • 250 pedidos para pagar un alquiler promedio en la Ciudad de Buenos Aires.
  • 111 pedidos para alcanzar el Salario Mínimo Vital y Móvil.
  • 13 pedidos para abonar el Monotributo categoría A.
  • Apenas 2 pedidos para llenar un tanque de combustible de 3,5 litros.

Más pedidos para cubrir los mismos gastos

La comparación con diciembre de 2025 muestra que la estabilidad del indicador general esconde un deterioro en varios componentes del costo de vida.

En apenas tres meses:

  • La Canasta Básica Total individual pasó de requerir 140 a 147 pedidos.
  • La Canasta Básica Alimentaria aumentó de 63 a 67 pedidos.
  • La crianza de un niño pasó de 170 a 175 pedidos.
  • La de un bebé, de 152 a 156 pedidos.
  • El alquiler promedio subió de 244 a 250 pedidos.
  • El Monotributo A pasó de 12 a 13 pedidos.

En cambio, la cantidad de pedidos necesaria para sostener un hogar tipo prácticamente no varió: pasó de 454 a 453 gracias a una actualización del valor promedio del pedido durante marzo.

PedidosYa amortiguó la caída; Rappi quedó rezagada

Uno de los aspectos más relevantes del informe es la creciente diferencia entre plataformas.

Mientras PedidosYa actualizó el valor promedio abonado por pedido en marzo, elevándolo de $3.659 a $3.924, Rappi mantuvo sin cambios sus valores desde octubre de 2025.

Como consecuencia, el promedio general aumentó hasta los $3.165,20, lo que permitió compensar parcialmente el impacto de la inflación sobre los ingresos de los repartidores.

Sin embargo, la Fundación Encuentro advierte que esa mejora responde exclusivamente a una de las empresas y que el comportamiento agregado oculta realidades muy distintas entre quienes trabajan para cada plataforma.

El Índice APP fue desarrollado como una herramienta para medir el poder adquisitivo del trabajo en plataformas digitales, un sector caracterizado por ingresos variables y sin convenios colectivos que establezcan referencias salariales.

El coeficiente relaciona el valor promedio de un pedido con distintos indicadores económicos —como las canastas básicas, alquileres, salario mínimo o costos de crianza— para estimar cuántos viajes necesita realizar un repartidor para sostener distintos niveles de consumo.

La metodología aclara que el cálculo se realiza sobre el ingreso bruto por pedido, sin incluir propinas ni descontar los gastos operativos que asume cada trabajador, por lo que el ingreso efectivo disponible resulta inferior.

Inflación versus actualización de tarifas

La serie construida entre julio de 2025 y marzo de 2026 permite identificar un patrón claro: cuando las plataformas mantienen congelado el valor del pedido, la cantidad de viajes necesarios para sostener el mismo nivel de vida aumenta rápidamente.

En cambio, las actualizaciones del pago por pedido generan una mejora inmediata en el indicador, aunque esa recuperación se va diluyendo con el avance de la inflación.

Para la Fundación Encuentro, el APP se consolida como una herramienta útil para traducir los efectos de la inflación y las decisiones empresariales en un indicador simple y comparable, especialmente en un sector donde no existen negociaciones paritarias ni referencias salariales formales.

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Inflación de alimentos bajo control: mayo cerraría en torno al 2,5% pese al salto de las verduras

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La desaceleración inflacionaria encontró en mayo una nueva señal de estabilidad. Según el relevamiento semanal de precios de alimentos y bebidas de la consultora Analytica, durante la cuarta semana del mes la variación fue de apenas 0,3%, mientras que el promedio acumulado de las últimas cuatro semanas alcanzó el 2,5%, nivel que también coincide con la proyección para el Índice de Precios al Consumidor (IPC) general del mes.

El dato resulta relevante porque consolida una tendencia de moderación de precios en uno de los rubros de mayor impacto sobre el consumo cotidiano de los hogares. A diferencia de los meses de fuertes oscilaciones registradas durante 2024 y parte de 2025, el actual escenario muestra una inflación de alimentos que comienza a moverse en niveles compatibles con el proceso de estabilización macroeconómica impulsado por el Gobierno nacional.

Sin embargo, detrás del promedio aparecen comportamientos muy dispares entre categorías. El principal factor de presión continúa siendo el segmento de verduras, que acumuló una suba del 12,7% en las últimas cuatro semanas. Se trata de un incremento asociado principalmente a factores estacionales, problemas climáticos y variaciones en la oferta de productos frescos, un fenómeno recurrente en la economía argentina.

También se observó una aceleración moderada en los lácteos, con un aumento promedio del 3%, por encima del nivel general. En contraste, otros rubros tradicionalmente sensibles mostraron una dinámica mucho más contenida. Las carnes y derivados registraron una suba de apenas 1%, mientras que la categoría de otros alimentos —que incluye salsas, condimentos, snacks y productos procesados— avanzó 1,6%.

Un dato que contribuyó a amortiguar la evolución del índice fue la caída de las frutas, cuyos precios descendieron 4,9% en el promedio de cuatro semanas, compensando parcialmente el fuerte encarecimiento de las verduras.

Las diferencias regionales también reflejaron un comportamiento relativamente homogéneo. El Noroeste Argentino (NOA) registró la menor variación semanal con un aumento de 0,2%, mientras que el Gran Buenos Aires (GBA) y la región de Cuyo encabezaron los incrementos con alzas de 0,4%.

Para las provincias del NEA, donde el peso de los alimentos en la estructura de gasto familiar suele ser superior al promedio nacional, la moderación de los precios constituye un dato relevante. No obstante, el comportamiento de los productos frescos sigue siendo un factor de incertidumbre para los consumidores, especialmente en ciudades fronterizas donde la dinámica comercial también está influenciada por los movimientos cambiarios y los precios de países vecinos.

El relevamiento confirma que el proceso de desaceleración inflacionaria continúa avanzando, aunque de manera heterogénea. La clave para los próximos meses estará en determinar si la estabilidad cambiaria, la reducción de la emisión monetaria y la caída de las expectativas inflacionarias logran trasladarse de forma más uniforme a toda la cadena de alimentos, uno de los principales termómetros del costo de vida de los argentinos.

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¿Cuánto cuesta irse a vivir sólo?

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Independizarse en Argentina dejó de ser una transición natural hacia la adultez para convertirse en un desafío económico de alta complejidad. Un informe de la consultora Focus Market revela que el costo de vida para un joven que busca vivir solo supera ampliamente los ingresos promedio, en un contexto atravesado por la informalidad laboral, el aumento sostenido de los alquileres y servicios, y una dinámica de ingresos que no logra acompañar ese ritmo.

El estudio, basado en la construcción de una “Canasta Joven”, estima el gasto mensual necesario para una persona de entre 20 y 30 años. Para ello, se dividieron los consumos en dos grandes grupos: gastos imprescindibles y consumos variables asociados al estilo de vida urbano.

En el primer nivel, el de los costos básicos para sostener una vida independiente, el monto asciende a $2.085.853 mensuales. La vivienda es el principal componente: alquilar un departamento de dos ambientes en un barrio porteño como Belgrano implica un gasto total de $912.038 por mes, incluyendo alquiler, expensas, servicios y el prorrateo del depósito inicial.

A este núcleo se suman los gastos de consumo cotidiano. La categoría de alimentos, bebidas, higiene y limpieza alcanza los $466.299 mensuales, una cifra que más que duplica la Canasta Básica Alimentaria oficial, al incorporar hábitos reales de consumo urbano como comidas fuera del hogar y productos procesados.

El acceso a la salud también representa una carga significativa. Ante la alta informalidad laboral —que limita el acceso a obras sociales—, muchos jóvenes deben recurrir a sistemas privados. En ese marco, un plan básico de medicina prepaga ronda los $238.377 mensuales, a lo que se agregan alrededor de $50.000 en medicamentos.

El transporte, mayormente resuelto mediante transporte público, demanda unos $143.123 mensuales, mientras que los servicios de conectividad —internet, telefonía y cable— suman más de $200.000. Incluso en educación pública, como la Universidad de Buenos Aires, existen costos asociados que elevan el gasto mensual.

A partir de ese piso, el informe incorpora un segundo nivel de consumos, vinculados a la vida social, cultural y educativa. Allí aparecen gastos como terapia psicológica, estudios en universidades privadas, plataformas de streaming, herramientas digitales, ocio y vacaciones. Este conjunto eleva la canasta en $1.457.773 adicionales, llevando el costo total a $3.543.626 mensuales.

En este escenario, la brecha entre ingresos y costo de vida se convierte en el principal obstáculo. Según explicó Damián Di Pace, director de Focus Market, la informalidad laboral —que alcanza al 36% de los jóvenes— no solo limita el acceso al alquiler, sino que también condiciona la posibilidad de proyectar una vida autónoma.

El diagnóstico es claro: incluso quienes trabajan encuentran dificultades para sostener la independencia económica. La falta de ingresos estables, combinada con exigencias del mercado inmobiliario y un costo de vida en ascenso, empuja a muchos jóvenes a postergar la salida del hogar familiar.

En ese contexto, el informe advierte que revertir esta tendencia requiere políticas estructurales: promover la formalización del empleo joven, facilitar el acceso a la vivienda mediante garantías alternativas o créditos accesibles, y lograr que los ingresos evolucionen en línea con el costo de vida. Sin esos cambios, la independencia seguirá siendo más una aspiración que una realidad para gran parte de la juventud argentina.

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