costo de vida

Criar y sostener a un hijo: la canasta de crianza llegó hasta casi $700.000 en julio

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El costo económico de criar a un niño volvió a mostrar en julio la magnitud de los recursos que demanda una familia para sostener su desarrollo. Según el último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la canasta de crianza alcanzó los $545.683 para los menores de un año, trepó a $649.935 para quienes tienen entre 1 y 3 años, se ubicó en $554.646 para el tramo de 4 y 5 años y llegó a $697.268 para niños, niñas y adolescentes de 6 a 12 años.

La estadística incorpora una particularidad que resulta central para interpretar el dato: la canasta no representa solamente el dinero necesario para comprar alimentos, ropa, transporte, educación, salud y otros bienes y servicios. También incorpora una valorización monetaria del tiempo destinado al cuidado, es decir, una aproximación económica al trabajo que realizan las familias para garantizar la atención cotidiana de sus hijos.

En el caso de los menores de un año, los $545.683 mensuales se componen de $177.233 correspondientes a bienes y servicios y $368.450 vinculados al costo del cuidado. Para los niños de 1 a 3 años, el total de $649.935 surge de $228.850 en bienes y servicios y $421.086 en cuidados. En el tramo de 4 a 5 años, los $554.646 se dividen entre $291.467 y $263.179, respectivamente. Para los chicos de 6 a 12 años, el costo total de $697.268 incluye $361.566 en bienes y servicios y $335.702 en cuidado.

La estructura del indicador permite observar por qué el costo de crianza no sigue una trayectoria lineal según la edad. El INDEC calcula los bienes y servicios a partir de la Canasta Básica Total (CBT) del Gran Buenos Aires y aplica coeficientes de adulto equivalente para cada grupo etario. Allí se contemplan tanto consumos alimentarios como gastos no alimentarios, entre ellos vestimenta, transporte, educación, salud y vivienda.

El segundo componente es el cuidado. Para valorizarlo, el organismo estima las horas teóricas necesarias y las multiplica por una remuneración de referencia correspondiente a la categoría de “Asistencia y cuidado de personas” del régimen de trabajadores de casas particulares. En julio, el cálculo contempló 147 horas mensuales para menores de un año, 168 horas para niños de 1 a 3 años, 105 horas para el grupo de 4 a 5 años y 84 horas para quienes tienen entre 6 y 12 años.

El dato también permite dimensionar la evolución del costo durante el último año. En julio de 2025, la canasta estaba valuada en $427.889 para menores de un año y en $536.830 para el grupo de 6 a 12 años. Un año después, esos valores ascendieron a $545.683 y $697.268, respectivamente. Para el tramo de 1 a 3 años pasó de $508.333 a $649.935, mientras que para los niños de 4 y 5 años aumentó de $426.741 a $554.646.

Más allá de su utilización como referencia económica, la canasta de crianza ofrece una herramienta para discutir políticas públicas y familiares con una mirada más amplia sobre los costos reales de la infancia. Al incorporar el trabajo de cuidado, el indicador reconoce que una parte sustancial del esfuerzo necesario para criar no aparece en las transacciones de mercado, aunque tiene un valor económico concreto.

El INDEC calcula esta referencia para cuatro grupos de edad y hasta los 12 años inclusive. La metodología combina el costo de bienes y servicios con el tiempo requerido para el cuidado, siguiendo los lineamientos elaborados por la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género y UNICEF.

En términos sociales, el indicador permite trasladar una discusión habitualmente abstracta —cuánto cuesta criar— a una magnitud monetaria concreta. Para hogares que deben distribuir ingresos entre alimentación, vivienda, educación, salud y cuidados, los valores publicados por el INDEC funcionan como una referencia para dimensionar la presión económica asociada a la crianza y para evaluar la suficiencia de ingresos, transferencias y políticas de cuidado.

Canasta Crianza 08 26 INDEC by CristianMilciades

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El umbral de la pobreza se mide en $1,56 millones, la Canasta Básica Total subió 19,6% en siete meses

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El dato más visible del informe publicado este jueves por el INDEC es contundente: una familia de cuatro integrantes necesitó $1.564.715,90 en julio para superar la línea de pobreza. El umbral aumentó 2,2% respecto de junio, acumuló una suba de 19,6% desde diciembre y avanzó 36,1% en términos interanuales. Pero detrás de esos porcentajes hay una dinámica más compleja: el costo de la canasta básica total continúa aumentando, aunque lo hace a un ritmo mensual considerablemente menor que al comienzo del año.

La comparación mensual permite observar con mayor claridad esa desaceleración. La Canasta Básica Total para el hogar de referencia aumentó 3,9% en enero, 2,7% en febrero, 2,6% en marzo, 2,5% en abril, 2% en mayo, 2,2% en junio y 2,2% en julio. El movimiento es relevante: el incremento mensual se redujo casi a la mitad respecto de enero, pero el menor ritmo de crecimiento no significó una reducción del costo de la canasta. En términos nominales, el umbral siguió subiendo todos los meses.

El resultado acumulado muestra la otra cara de esa desaceleración. Entre enero y julio, el costo necesario para que ese hogar supere la línea de pobreza pasó de $1.430.735,12 a $1.564.715,90. Son $133.980,78 adicionales en seis meses, equivalentes a un aumento de aproximadamente 9,4% desde enero. La cifra permite dimensionar que una desaceleración de la variación mensual no implica necesariamente una mejora inmediata del poder adquisitivo: el nivel de precios alcanzado permanece incorporado en la nueva base.

Hay además una señal relevante en la composición del aumento. La Canasta Básica Alimentaria (CBA) subió 37,4% interanual, mientras que la Canasta Básica Total (CBT) lo hizo 36,1%. La diferencia de 1,3 puntos porcentuales indica que el componente alimentario tuvo una dinámica de precios ligeramente superior al conjunto de bienes y servicios adicionales que integran la CBT. En julio, la CBA aumentó 2,6% mensual, frente al 2,2% de la CBT.

La diferencia no es menor desde una perspectiva social. La CBA representa el piso alimentario: su composición responde a requerimientos kilocalóricos y proteicos considerados imprescindibles para un adulto equivalente y utiliza hábitos de consumo derivados de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares. La CBT, en cambio, incorpora a esa estructura los bienes y servicios no alimentarios mediante el coeficiente de Engel. Por lo tanto, cuando la CBA crece más que la CBT, la presión relativa se concentra en una de las partidas más difíciles de postergar para los hogares de menores ingresos: la alimentación.

El dato acumulado también permite poner en perspectiva la evolución de los últimos meses. La CBT aumentó 19,6% entre diciembre de 2025 y julio de 2026, mientras que en el mismo período la CBA avanzó 20,1%. Es decir, en lo que va del año el costo de los alimentos incluidos en la canasta creció 0,5 puntos porcentuales más que el conjunto de la canasta utilizada para establecer la línea de pobreza.

Esto introduce un matiz importante frente a una lectura superficial del 36,1% interanual. El indicador no significa que todos los hogares hayan gastado exactamente esa proporción más que hace un año ni que una familia necesite necesariamente $1,56 millones para vivir. El valor representa un umbral estadístico construido para una composición familiar determinada. En el caso informado por el INDEC, se trata de un varón de 35 años, una mujer de 31 y dos hijos de 6 y 8 años, que en conjunto equivalen a 3,09 adultos equivalentes.

Esa metodología explica por qué el número cambia de acuerdo con la composición del hogar. Para una familia de tres integrantes, el INDEC calculó una CBT de $1.245.696,15; para el hogar de cuatro integrantes, $1.564.715,90; y para el hogar de cinco integrantes, $1.645.736,79. Por eso, extrapolar mecánicamente el dato de $1,56 millones a cualquier familia sería metodológicamente incorrecto. El indicador mide el costo de una canasta determinada para un hogar determinado.

La lectura más relevante para el debate económico aparece entonces en la relación entre desaceleración y nivel de precios. El hecho de que la CBT haya pasado de aumentos mensuales cercanos al 4% en enero a una variación del 2,2% en julio es consistente con una menor velocidad de incremento. Pero, al mismo tiempo, la canasta acumula casi 20% de aumento desde diciembre y todavía registra una variación interanual superior al 36%. En otras palabras, la velocidad del deterioro se moderó, pero el nivel de costos que enfrentan los hogares sigue siendo sustancialmente más elevado que un año atrás. Esta distinción resulta central para analizar ingresos y capacidad de compra.

El indicador también permite advertir que la discusión sobre pobreza no se agota en la inflación mensual. Para un hogar cuyos ingresos evolucionan por debajo de la CBT, incluso una inflación descendente puede mantener o ampliar la vulnerabilidad si los ingresos no recuperan el terreno perdido. A la inversa, si salarios, jubilaciones, transferencias y otros ingresos crecen por encima de la canasta, una desaceleración de los precios puede comenzar a traducirse en recuperación del poder adquisitivo. El informe del INDEC, por sí solo, no permite establecer cuál de esos escenarios está ocurriendo para cada grupo de hogares, porque no mide ingresos: mide el costo de la canasta.

El dato de julio, por lo tanto, ofrece una fotografía precisa de dónde se encuentra el umbral, pero también deja planteada la pregunta económica de fondo: cuánto de los ingresos de los hogares logra acompañar la evolución de una canasta que aumentó 36,1% en doce meses y casi 20% en apenas siete meses de 2026. Esa relación entre precios, ingresos y capacidad de consumo es la que finalmente determinará si la desaceleración observada en la canasta se transforma en una mejora social concreta.

El informe corresponde a Gran Buenos Aires y fue publicado por el INDEC el 13 de agosto de 2026. La CBA se valoriza mensualmente con los precios relevados por el IPC-GBA, mientras que la CBT amplía la canasta alimentaria mediante la incorporación de bienes y servicios no alimentarios.

INDEC canasta básica_08_26 by CristianMilciades

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La inflación volvió al terreno ascendente: 2,1% en julio y el NEA mantiene la mayor suba interanual

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La inflación argentina volvió a moverse hacia arriba. No fue un salto brusco, pero sí un cambio en la trayectoria que venía mostrando el Índice de Precios al Consumidor: después de tres meses consecutivos de desaceleración, el IPC aumentó 2,1% en julio, dos décimas por encima del 1,9% de junio, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).

Con ese resultado, los precios acumularon un incremento de 19,3% durante los primeros siete meses de 2026, mientras que la inflación interanual llegó al 33,8%. También en esta última medición hubo una leve aceleración respecto de junio, cuando había sido de 33,5%.

La secuencia mensual permite dimensionar el cambio. Después del pico de 3,4% de marzo, el IPC descendió a 2,6% en abril, 2,1% en mayo y 1,9% en junio. Julio, con 2,1%, interrumpió así tres meses consecutivos de desaceleración.

El movimiento no alcanza por sí solo para definir un cambio de tendencia, pero sí revela una resistencia: la inflación todavía encuentra componentes capaces de correr bastante más rápido que el promedio.

Turismo y recreación encabezaron las subas

La división con mayor incremento a nivel nacional fue Recreación y cultura, con 5%. Le siguieron Restaurantes y hoteles, con 2,8%; Salud, 2,5%; Comunicación, 2,4%; Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, 2,2%; Bienes y servicios varios, 2,2%; y Equipamiento y mantenimiento del hogar, 2,1%.

Los Alimentos y bebidas no alcohólicas aumentaron 2%, una décima por debajo del nivel general.

En el otro extremo apareció un dato poco habitual: Prendas de vestir y calzado cayó 1,3%, convirtiéndose en la única de las doce divisiones del IPC nacional que registró una variación negativa durante julio. Bebidas alcohólicas y tabaco, con 1,5%, mostró la segunda variación más baja.

La composición del índice aporta otra señal significativa. Mientras los bienes aumentaron 1,6%, los servicios avanzaron 3,1%, prácticamente el doble. En la comparación interanual la brecha también es marcada: los bienes acumulan un incremento de 29,7%, frente al 42,5% de los servicios.

La inflación, de ese modo, ya no pasa exclusivamente por las góndolas. Los servicios mantienen una velocidad considerablemente mayor.

El núcleo quedó debajo del 2%, pero los estacionales saltaron 4,5%

La apertura por categorías permite afinar todavía más la lectura. Los precios estacionales aumentaron 4,5% en julio, mientras que los regulados avanzaron 2,1% y el IPC Núcleo subió 1,8%.

Que el núcleo haya permanecido debajo del nivel general es uno de los datos relevantes del informe. Pero al mismo tiempo, la aceleración de los estacionales y el comportamiento de distintos servicios terminaron llevando nuevamente al IPC general por encima del 2%.

NEA: una décima debajo en julio, pero primero en el acumulado

En julio, el NEA registró una inflación de 2%, una décima por debajo del promedio nacional. Compartió ese nivel con las regiones Pampeana, Noroeste y Patagonia. El GBA tuvo la mayor inflación mensual, con 2,3%, mientras que Cuyo presentó la menor, con 1,9%.

Si se mirara únicamente julio, el Nordeste aparecería en una posición intermedia.

Pero la fotografía cambia radicalmente al ampliar el horizonte.

Entre diciembre de 2025 y julio de 2026, los precios acumularon en el NEA un incremento de 22,3%, exactamente tres puntos porcentuales por encima del 19,3% nacional.

Es, además, la inflación acumulada más alta de todas las regiones argentinas.

Detrás aparecen el Noroeste, con 20,2%; GBA, 19,4%; Pampeana, 19%; Cuyo, 18,6%; y Patagonia, 17,5%.

La distancia entre los extremos es considerable: entre el 22,3% del Nordeste y el 17,5% de Patagonia existen 4,8 puntos porcentuales de diferencia en apenas siete meses.

El NEA también tiene la inflación interanual más alta

La misma señal aparece al comparar los precios contra julio del año pasado.

La inflación interanual del NEA alcanzó 36,9%, frente al 33,8% del promedio nacional: una brecha de 3,1 puntos porcentuales.

Nuevamente, se trata del registro más alto entre las seis regiones relevadas por el INDEC.

Le siguen el Noroeste, con 34,2%; GBA y Cuyo, ambos con 34%; Pampeana, con 33,4%; y Patagonia, con 31,8%.

El dato permite poner en perspectiva el 2% de julio. Aunque durante el último mes el NEA se ubicó apenas debajo del promedio nacional, la inflación acumulada previamente continúa colocando al Nordeste en la parte superior del mapa inflacionario argentino.

Y detrás de esa diferencia aparecen algunos componentes muy concretos.

Vivienda, el gran diferencial inflacionario del Nordeste

Uno de los datos más contundentes del informe está en Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles.

Durante julio, esta división aumentó 3,9% en el NEA, contra 2,2% a nivel nacional. Pero la diferencia se vuelve mucho más profunda cuando se amplía la comparación.

Desde diciembre, los precios vinculados a vivienda acumulan un incremento de 51,7% en el Nordeste, frente al 27,9% nacional.

Es decir, la suba regional prácticamente duplica el promedio del país.

En términos interanuales, la diferencia es todavía más contundente: Vivienda aumentó 72,8% en el NEA, contra 48,9% nacional.

Ese comportamiento ayuda a explicar una parte importante de la brecha inflacionaria acumulada entre el Nordeste y el resto de la Argentina.

Educación saltó 7,5% en un solo mes

El otro movimiento que sobresale en julio es Educación.

Mientras a nivel nacional aumentó 1,9%, en el NEA trepó 7,5%, convirtiéndose en la división con mayor aumento mensual de la región.

Desde diciembre, Educación acumula una suba de 41,1% en el Nordeste, frente al 26,9% nacional. En doce meses, el incremento regional alcanza 45,8%, contra 40% para el conjunto del país.

También hay componentes que mostraron una dinámica diferente. Los Alimentos y bebidas no alcohólicas aumentaron 1,5% en el NEA durante julio, medio punto menos que el 2% nacional.

Sin embargo, otra vez aparece el peso de la inflación acumulada: desde diciembre, los alimentos aumentaron 23,2% en el Nordeste, contra 20,1% nacional; y en doce meses acumulan 40,7%, frente al 34,5% del país.

Alimentos y vivienda explicaron más de la mitad de la inflación de julio en el NEA

La incidencia permite ir un paso más allá de observar qué precio aumentó más. Mide cuánto aportó cada división al resultado general.

En julio, Alimentos y bebidas no alcohólicas aportaron 0,56 puntos porcentuales a la inflación del Nordeste. Vivienda sumó otros 0,49 puntos.

Entre ambos explicaron 1,05 puntos de los 2 puntos de inflación regional del mes: algo más de la mitad del IPC del NEA.

El fenómeno es todavía más visible en el acumulado.

De los 22,3 puntos de inflación que acumula el Nordeste desde diciembre, Alimentos explican 8,51 puntos y Vivienda otros 5,32 puntos. En conjunto aportaron 13,83 puntos, aproximadamente el 62% del aumento acumulado del nivel general.

Ahí aparece probablemente la clave económica más relevante del informe: la mayor inflación del Nordeste no surge únicamente de consumos secundarios o movimientos estacionales. Una porción decisiva está asociada a alimentos y al costo de la vivienda y sus servicios, dos componentes con fuerte impacto sobre el presupuesto cotidiano de los hogares.

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Una familia tipo ya necesita más de $1,53 millones para no ser pobre: la canasta básica subió 35,7% en un año

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El costo de vida vinculado a los consumos esenciales continúa en ascenso, aunque a un ritmo menor que el registrado durante gran parte de 2024 y 2025. En junio, una familia tipo integrada por dos adultos y dos hijos necesitó $1.531.473 para no ser pobre, un incremento del 2,2% respecto de mayo y del 35,7% en comparación con igual mes del año pasado, según informó el INDEC.

La cifra surge de la actualización de la Canasta Básica Total (CBT), indicador que además de los alimentos incorpora bienes y servicios indispensables como transporte, indumentaria, salud, educación y vivienda. Su evolución constituye una referencia clave para empresas, negociaciones salariales y el diseño de políticas sociales, ya que determina el umbral estadístico para superar la línea de pobreza.

En paralelo, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) —que fija la línea de indigencia— alcanzó los $689.853 para ese mismo hogar, tras registrar una suba mensual del 1,3% y un incremento interanual del 36,3%. Para un adulto equivalente, el costo mensual de la alimentación básica ascendió a $223.253, mientras que la canasta total llegó a $495.622.

Más allá del dato estadístico, las cifras reflejan un escenario de fuerte presión sobre los ingresos de los hogares. Aunque la variación mensual de la canasta alimentaria volvió a ubicarse por debajo de la de la canasta total, el encarecimiento de los servicios y de los componentes no alimentarios explica que el costo para no caer bajo la línea de pobreza haya crecido por encima del de los alimentos básicos.

Para el sector privado, especialmente en actividades intensivas en mano de obra, la evolución de la CBT constituye un indicador que trasciende el plano social. Su comportamiento suele influir en las discusiones paritarias, en la actualización de escalas salariales y en las proyecciones de consumo interno. En las economías regionales, donde una parte importante del empleo depende de actividades agroindustriales, forestales, comerciales y de servicios, la capacidad de compra de los hogares continúa siendo un factor determinante para la dinámica del mercado interno.

Los datos del primer semestre muestran, además, que la canasta básica total acumuló un incremento del 17% entre enero y junio, mientras que la alimentaria registró la misma variación en ese período. La convergencia entre ambos indicadores evidencia que, tras varios meses de desaceleración inflacionaria, los gastos esenciales mantienen una trayectoria ascendente, aunque con una velocidad considerablemente menor a la observada un año atrás.

El desafío hacia la segunda mitad del año será determinar si la desaceleración de la inflación logra consolidarse también en el costo de las canastas básicas. Para el Gobierno, una menor velocidad de crecimiento de estos indicadores fortalece la estrategia de estabilización. Para empresas y trabajadores, el foco seguirá puesto en la evolución del poder adquisitivo real, una variable que continúa condicionando el nivel de actividad y las decisiones de consumo.

Canasta 07 26 INDEC by CristianMilciades

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El changuito misionero acelera: subió casi 3% en mayo y sumó $45 mil en un mes

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El changuito familiar volvió a presionar sobre los bolsillos en mayo y Misiones quedó entre las provincias donde el aumento se sintió con más fuerza. Según el relevamiento federal de Analytica, la canasta de alimentos y bebidas representativa del consumo mensual de una familia de clase media, compuesta por dos adultos y dos menores, alcanzó en la provincia los $912.236 a fin de mayo.

El dato no sólo ubica a Misiones por encima de Corrientes y Formosa dentro del NEA, sino que además la coloca entre las jurisdicciones con mayor aceleración mensual del país. El changuito misionero aumentó 2,9% en mayo, una variación superior a la registrada en Chaco, Corrientes y Formosa, y apenas por debajo de los distritos que lideraron el ranking nacional: Río Negro, Neuquén, Ciudad de Buenos Aires, Jujuy y el resto de la provincia de Buenos Aires.

La foto es todavía más contundente cuando se mira el salto en pesos. En apenas un mes, la canasta misionera se encareció $44.963. Fue el segundo mayor aumento absoluto del país, sólo detrás de Río Negro, donde el incremento fue de $62.947. Córdoba completó el podio, con una suba de $42.339.

Provincia Costo del changuito Variación mensual Variación interanual Peso sobre dos salarios
Chaco $912.578 2,0% 31,9% 36,2%
Misiones $912.236 2,9% 31,2% 29,0%
Corrientes $910.454 2,4% 32,9% 37,2%
Formosa $902.719 1,2% 31,8% 34,0%

En la comparación interanual, Misiones acumuló una suba de 31,2%. No está entre las provincias con mayor aumento anual, posición dominada por la Patagonia y por Jujuy, pero el incremento sigue marcando una presión sostenida sobre el consumo cotidiano. En el NEA, Corrientes mostró una suba anual más alta, de 32,9%; Formosa llegó a 31,8%; Chaco a 31,9%; y Misiones quedó apenas por debajo, con el mismo registro que Santa Fe.

El informe también muestra una diferencia relevante dentro del Norte Grande. El changuito misionero resultó más caro que el de Corrientes, Formosa, Tucumán, Entre Ríos, Mendoza, Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe, La Rioja y el Conurbano bonaerense. Al mismo tiempo, quedó prácticamente empatado con Chaco y apenas por debajo de San Juan, Catamarca y Jujuy.

A nivel nacional, las canastas más caras se concentraron en la Patagonia. Santa Cruz encabezó el ranking con $1.013.092, seguida por Chubut, Río Negro, Tierra del Fuego y Neuquén. En el otro extremo, las compras más económicas se registraron en el Conurbano bonaerense, Santa Fe y La Rioja, todas por debajo de los $888 mil.

El comportamiento por productos ayuda a explicar parte del movimiento. Analytica detectó subas generalizadas en el aceite de girasol, con incrementos de entre 3% y 5% en casi todas las provincias. También hubo aumentos fuertes en las galletitas de agua, con variaciones de entre 4% y 6% en todo el país. En cambio, los productos cárnicos incluidos en la canasta, como asado y supremas de pollo empaquetadas, no mostraron variaciones significativas en la mayoría de las jurisdicciones. Las hamburguesas tuvieron incrementos leves, con excepciones más marcadas en provincias patagónicas.

Ranking Jurisdicción Costo a fin de mayo
1Santa Cruz$1.013.092
2Chubut$1.001.181
3Río Negro$994.315
4Tierra del Fuego$981.913
5Neuquén$939.213
14Misiones$912.236
ÚltimoConurbano bonaerense$886.730

El dato que suaviza parcialmente el diagnóstico aparece en la relación entre precios y salarios. En Misiones, el changuito representa el 29% de dos salarios promedio registrados. Esa proporción cayó un punto porcentual respecto de mayo del año pasado, lo que indica una mejora relativa del poder adquisitivo formal frente a esta canasta específica.

Pero esa mejora estadística no borra la magnitud del esfuerzo familiar. En una provincia donde buena parte del empleo no se mueve al ritmo del salario registrado promedio, una compra mensual de supermercado por encima de los $912 mil sigue funcionando como termómetro del deterioro cotidiano. La inflación puede mostrar señales de moderación, pero el changuito sigue cerca del millón de pesos y cada salto mensual vuelve a tensar la economía doméstica.

Indicador Dato de Misiones
Costo del changuito a fin de mayo $912.236
Variación mensual 2,9%
Variación interanual 31,2%
Aumento absoluto mensual $44.963
Peso sobre dos salarios promedio 29,0%
Variación interanual del peso sobre salarios -1,0 punto porcentual
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