crédito al consumo

“Juventud endeudada”: los menores de 35 años concentran la mora más alta y los neobancos ganan peso

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El endeudamiento dejó de ser solamente una cuestión de acceso al crédito y comenzó a funcionar como un indicador de las desigualdades que atraviesan a los hogares argentinos. En junio de 2026, la tasa de mora de la deuda de personas físicas alcanzó el 17,4% a nivel nacional, pero el deterioro se concentra con mayor intensidad entre los menores de 35 años, en particular aquellos con inserción laboral precaria y mayor dependencia de entidades financieras no tradicionales.

El diagnóstico surge del mapa interactivo desarrollado por el Centro de Estudios de la Ciudad (CEC) con apoyo de la Fundación Friedrich Ebert (FES), una herramienta que permite observar la evolución del endeudamiento a escala nacional, provincial y territorial. Los datos muestran que mientras el volumen real del crédito otorgado dejó de crecer desde comienzos de 2026, el monto de deuda en situación irregular continuó aumentando, llevando la morosidad a niveles récord.

El fenómeno adquiere una dimensión particularmente sensible entre los jóvenes. Las personas menores de 35 años presentan tasas de mora superiores al 25% y, dependiendo del tipo de entidad acreedora, pueden alcanzar picos de hasta el 50%. El dato revela una paradoja: quienes tienen mayores dificultades para consolidar ingresos estables son, al mismo tiempo, quienes enfrentan una mayor exposición a mecanismos de financiamiento que pueden resultar más costosos.

La estructura del endeudamiento también permite observar el desplazamiento hacia nuevos actores del sistema financiero. El 36% de los deudores jóvenes concentra sus compromisos en neobancos, una proporción que el estudio vincula con la informalidad laboral y las dificultades de acceso al sistema bancario tradicional. La expansión de estas plataformas se produjo en paralelo con un escenario de mayor desregulación financiera y un fuerte incremento de las tasas aplicadas a determinados préstamos.

El problema, por lo tanto, no se limita al tamaño de la deuda. También importa quién presta, cuánto cobra y qué capacidad tiene el deudor para afrontar el compromiso. Según el relevamiento, los Proveedores No Financieros de Crédito presentan la mayor tasa de mora del mercado, con 47,8%. Le siguen las tarjetas no bancarias, con 33,27%, y los neobancos, con 23,34%.

La banca tradicional exhibe niveles inferiores. Los bancos privados registran una mora de 18,61%, mientras que los bancos públicos presentan 10,13%. Las compañías financieras aparecen con la menor tasa entre los segmentos relevados, con 4,88%. El contraste expone que el riesgo crediticio no se distribuye de manera homogénea y que las condiciones de acceso al financiamiento pueden terminar determinando también las posibilidades de salir del endeudamiento.

La dimensión territorial profundiza esa lectura. A nivel provincial, La Rioja presenta la mayor proporción de mora sobre el monto adeudado, con 23,9%, seguida por San Luis, con 22,2%; Santa Cruz, con 21,9%; Catamarca, con 21,5%; y San Juan, con 20,5%. En el extremo opuesto aparecen La Pampa, con 9%; CABA, con 11,7%; Entre Ríos, con 13,3%; Santa Fe, con 14,3%; y Córdoba, con 15%.

La desigualdad también se reproduce dentro de las propias ciudades. En la Ciudad de Buenos Aires, donde el 81% de la población adulta registra algún tipo de deuda, la mora llega al 11,5% en el conjunto del distrito, pero presenta una brecha marcada entre territorios: en los barrios del sur ronda el 20%, mientras que en los del norte se ubica entre 8% y 10%.

En la provincia de Buenos Aires se repite una dinámica similar. Los mayores niveles de atraso se concentran en el Área Metropolitana de Buenos Aires, alrededor del 25%, frente a porcentajes de entre 10% y 15% en el resto del territorio bonaerense. Una brecha comparable aparece en Santa Fe y Córdoba, donde la morosidad se intensifica en los cordones urbanos que rodean a Rosario y Córdoba Capital.

El mapa permite así cambiar la pregunta: el problema no es solamente cuánto se endeudan las familias, sino bajo qué condiciones lo hacen. La geografía del atraso sugiere que la capacidad de pago está estrechamente relacionada con el mercado laboral, los ingresos disponibles y las alternativas de financiamiento que tiene cada hogar.

Para los jóvenes, el riesgo es todavía mayor. La combinación de ingresos inestables, dificultades para acceder a la banca tradicional y disponibilidad inmediata de crédito digital puede transformar una herramienta destinada a resolver una necesidad de corto plazo en una deuda difícil de cancelar. A esto se suma el uso de algoritmos de segmentación y predicción del comportamiento para orientar ofertas financieras hacia determinados perfiles de consumidores.

El desafío de política pública pasa entonces por evitar que la digitalización financiera se convierta en una nueva vía de exclusión. La solución no consiste necesariamente en cerrar el acceso al crédito, sino en mejorar la información disponible, transparentar el costo financiero, fortalecer la educación financiera y establecer mecanismos de evaluación que contemplen la capacidad real de pago de los hogares.

La herramienta desarrollada por el CEC y la FES aporta una pieza central para ese objetivo: hacer visible dónde se concentra la deuda y quiénes son los grupos más expuestos. Esa información permite pasar de una discusión general sobre el endeudamiento a políticas más precisas, capaces de diferenciar entre acceso al crédito, sobreendeudamiento y mora.

En un contexto en el que el crédito real dejó de expandirse pero la deuda atrasada continúa creciendo, la “juventud endeudada” aparece como una señal de alerta económica y social. El desafío es que el sistema financiero pueda ampliar el acceso sin convertir la precariedad laboral en el principal factor de riesgo para quienes recién ingresan a la vida económica adulta.

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La mora de las familias alcanzó un récord de dos décadas: crecen los atrasos en tarjetas y préstamos

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El último Informe sobre Bancos del Banco Central (BCRA) confirmó que la mora de las familias argentinas volvió a subir en mayo y alcanzó el 12,8%, el registro más elevado en más de dos décadas, reflejando las crecientes dificultades de los hogares para cumplir con sus obligaciones financieras.

El deterioro se explica principalmente por el aumento de los atrasos en los créditos destinados al consumo. Según los datos oficiales, los préstamos personales presentan el mayor nivel de irregularidad, con una mora del 15,9%, mientras que en las tarjetas de crédito el indicador llegó al 13,1%. También crecieron los incumplimientos en préstamos prendarios (7,7%), aunque los créditos hipotecarios mantienen una mora muy reducida, del 1,6%.

En términos generales, el ratio de irregularidad del crédito al sector privado alcanzó el 7,7%, con un incremento de 0,4 puntos porcentuales respecto de abril. El Banco Central señala que prácticamente todo ese aumento provino del segmento de familias, mientras que la mora de las empresas se ubicó en 3,5%, mostrando un deterioro mucho más moderado.

Más crédito, pero también más incumplimientos

Paradójicamente, el aumento de la morosidad ocurre en un contexto donde el crédito comenzó a recuperarse luego de varios meses de caída.

El informe del BCRA destaca que en mayo el saldo real del crédito al sector privado en pesos creció 0,3% mensual y 5,1% interanual, impulsado principalmente por las líneas comerciales y los préstamos con garantía real. En moneda extranjera, el financiamiento privado aumentó 2,6% respecto de abril y acumuló una expansión interanual superior al 52%.

Es decir, mientras más familias y empresas acceden nuevamente al financiamiento, también aumenta la cantidad de deudores que comienza a presentar atrasos en los pagos.

El deterioro se concentra en los hogares

El Banco Central advierte que la mayor parte del deterioro de la cartera corresponde al segmento de personas humanas.

La explicación es sencilla: durante los últimos meses creció con fuerza el financiamiento al consumo mediante tarjetas y préstamos personales, pero la recuperación del ingreso disponible no avanzó al mismo ritmo. El resultado es un incremento de la mora, especialmente en las obligaciones de corto plazo.

No obstante, el propio informe señala que el ritmo de deterioro comenzó a moderarse durante los últimos meses, acompañando una desaceleración en el crecimiento de la cartera irregular.

Los bancos siguen mostrando fortaleza

Pese al incremento de la morosidad, el Banco Central descarta por ahora riesgos para la estabilidad del sistema financiero.

El informe sostiene que las entidades mantienen elevados niveles de liquidez y solvencia, además de una amplia cobertura mediante previsiones para absorber eventuales pérdidas.

Las previsiones constituidas cubren 86,3% de la cartera irregular, mientras que el crédito considerado de mayor riesgo representa apenas 2,2% de la Responsabilidad Patrimonial Computable (RPC) del sistema, lo que refleja una elevada capacidad para enfrentar eventuales incumplimientos.

También se mantiene sólida la integración de capital, que alcanza el 30,7% de los activos ponderados por riesgo, muy por encima de los mínimos regulatorios exigidos por el Banco Central.

Empresas: una situación mucho menos comprometida

El panorama empresarial continúa siendo significativamente más favorable.

La mora de las compañías ascendió apenas al 3,5%, apenas una décima por encima del mes anterior. Si bien el indicador también viene aumentando respecto de 2025, permanece muy lejos de los niveles observados entre las familias.

Una señal de alerta para el consumo

La evolución de la morosidad constituye uno de los indicadores más sensibles de la economía real. El fuerte crecimiento de los atrasos en tarjetas y préstamos personales sugiere que una parte importante del consumo de los hogares continúa sosteniéndose mediante financiamiento, en un contexto donde los ingresos aún no logran recomponerse plenamente.

Para el sistema financiero, la situación continúa bajo control gracias a sus elevados niveles de capitalización y previsiones. Sin embargo, para la economía doméstica, el aumento de la mora refleja una creciente presión sobre el presupuesto familiar y anticipa un escenario donde la capacidad de pago seguirá siendo uno de los principales desafíos del mercado de crédito.

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La otra cara de la recuperación: la deuda de los hogares se triplicó en dos años y crece la morosidad

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Mientras los indicadores macroeconómicos muestran señales de estabilización y algunas variables sociales comienzan a exhibir mejoras, una dinámica menos visible avanza sobre la economía cotidiana de los argentinos: el fuerte crecimiento del endeudamiento de los hogares. Un informe de la Fundación Éforo revela que, entre diciembre de 2023 y enero de 2026, la deuda promedio por persona se triplicó, pasando de 337.000 pesos a más de un millón de pesos, en un contexto donde el acceso al crédito se expandió, pero también lo hicieron las dificultades para cumplir con los compromisos financieros.

El fenómeno pone de relieve una de las tensiones más importantes del actual ciclo económico. La desaceleración de la inflación y la recuperación parcial de algunas líneas de financiamiento conviven con una creciente dependencia del crédito para sostener el consumo, especialmente en los sectores de ingresos medios y bajos.

Los datos recopilados por la Fundación Éforo muestran que el sistema crediticio continúa ampliándose, aunque con señales crecientes de fragilidad. En apenas dos años, la cantidad de personas endeudadas a través de proveedores no financieros pasó de 9,5 millones a 11,3 millones. Se trata de usuarios que acceden a financiamiento mediante fintech, mutuales, billeteras virtuales y tarjetas emitidas fuera del sistema bancario tradicional.

El crecimiento no sólo se refleja en la cantidad de usuarios. El volumen total financiado mediante estos canales aumentó de 3,2 billones de pesos a 11,8 billones, una expansión que evidencia el papel cada vez más relevante de los actores no bancarios dentro del ecosistema financiero argentino.

Sin embargo, la expansión del crédito viene acompañada por un deterioro de la capacidad de pago. La morosidad muestra una tendencia ascendente en prácticamente todos los segmentos. En los préstamos otorgados por bancos privados, el incumplimiento pasó del 4,5% al 10,6%, más que duplicándose en el período analizado. La situación es aún más delicada entre los proveedores no financieros, donde la mora alcanzó el 16,2%, mientras que las tarjetas no bancarias registraron un incumplimiento del 14,5%.

La relevancia de estos números radica en que estos instrumentos se han convertido en una de las principales herramientas de financiamiento para el consumo cotidiano. En muchos hogares, especialmente aquellos con dificultades para acceder al sistema bancario formal, las fintech y las tarjetas alternativas funcionan como una vía indispensable para afrontar gastos corrientes.

Para Carla Pitiot, vicepresidenta de la Fundación Éforo, los datos reflejan una situación compleja y contradictoria. Según señaló, el sistema muestra una mayor inclusión financiera, pero al mismo tiempo evidencia un aumento de la vulnerabilidad económica de numerosos hogares.

“Los datos muestran una realidad ambivalente. Más argentinos acceden al crédito, pero una parte creciente de los hogares lo hace en condiciones cada vez más exigentes y con mayores dificultades para sostener sus compromisos financieros. El aumento simultáneo de la deuda promedio y de la morosidad sugiere que estamos frente a una señal de alerta que merece seguimiento, especialmente en los sectores de menores ingresos”, sostuvo.

Uno de los factores que explican este deterioro es el elevado costo del financiamiento. Aunque las tasas de interés han descendido respecto de los picos registrados durante los años de alta inflación, continúan siendo significativamente elevadas. Durante 2025 y comienzos de 2026, los préstamos personales otorgados por bancos operaron con tasas nominales anuales de entre 70% y 90%.

La situación resulta aún más exigente en el universo de los proveedores no financieros, donde el costo promedio del crédito alcanzó el 129% nominal anual. Este diferencial impacta principalmente sobre los sectores con menor bancarización, que terminan accediendo a financiamiento más caro y enfrentan mayores riesgos de sobreendeudamiento.

La fotografía del endeudamiento adquiere especial relevancia en momentos en que diversos indicadores sociales muestran mejoras parciales. Recientemente, UNICEF informó una reducción de la pobreza infantil durante 2025, aunque advirtió sobre posibles retrocesos para 2026. El crecimiento del crédito permitió amortiguar parte de las dificultades económicas de los hogares, pero los datos de morosidad sugieren que una porción creciente de ese financiamiento podría estar funcionando como mecanismo de supervivencia más que como herramienta de inversión o consumo sostenible.

No todas las líneas crediticias presentan el mismo comportamiento. El informe destaca una excepción significativa: el crédito hipotecario. Impulsado por la estabilización macroeconómica y la reaparición de préstamos ajustados por inflación, este segmento registró un crecimiento real superior al 50% interanual y mantiene niveles de mora considerablemente inferiores al promedio del sistema financiero.

La diferencia pone en evidencia una creciente segmentación del mercado crediticio. Mientras los sectores con capacidad de ahorro y acceso al sistema financiero formal comienzan a recuperar instrumentos de financiamiento de largo plazo, los hogares más vulnerables enfrentan costos más elevados y una carga financiera cada vez más difícil de sostener.

Desde la Fundación Éforo advierten que esta evolución configura una estructura crediticia dual. Por un lado, un sistema financiero que muestra signos de recuperación y expansión. Por otro, una creciente concentración del endeudamiento riesgoso en los segmentos de menores ingresos.

La preocupación trasciende el plano individual. El aumento simultáneo de deuda, morosidad y financiamiento de alto costo plantea desafíos para las políticas de inclusión financiera, la protección de consumidores y la estabilidad económica de mediano plazo. Si bien el crédito continúa siendo una herramienta clave para sostener la actividad económica y el consumo, la velocidad con la que crecen los incumplimientos comienza a encender señales de alerta sobre la capacidad real de los hogares para absorber nuevas obligaciones.

En una economía que busca consolidar la estabilidad luego de años de volatilidad, el endeudamiento de las familias emerge como una de las variables a monitorear. Porque detrás de los indicadores de recuperación macroeconómica, la situación financiera de millones de hogares sigue mostrando signos de fragilidad que podrían condicionar la sostenibilidad de la mejora económica en los próximos años.

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Morosidad en alza: el crédito familiar tensiona el discurso del Gobierno y expone límites del consumo

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En febrero de 2026, el sistema financiero argentino registró un nuevo salto en la morosidad de las familias, que alcanzó el 11,2% y acumuló 16 meses consecutivos de subas, según el último informe del Banco Central. El dato no es menor: en octubre de 2024 ese ratio era de apenas 2,5%. La dinámica, que se profundiza en préstamos personales (13,8%) y tarjetas de crédito (11,6%), instala una tensión de fondo en el relato oficial sobre la recuperación del consumo. ¿Se trata de un desfasaje transitorio o de un límite estructural del modelo económico en curso?

Crédito que se desacelera y capacidad de pago en retroceso

El dato se inscribe en un contexto donde el crédito pierde dinamismo y las condiciones financieras se endurecen. El ratio de irregularidad del crédito al sector privado llegó al 6,7% en febrero, con un incremento mensual de 0,3 puntos porcentuales y un salto interanual de 4,9 p.p. Sin embargo, el núcleo del problema está en los hogares: la mora pasó de 2,9% en febrero de 2025 a 11,2% un año después.

La explicación no requiere tecnicismos: los ingresos reales muestran deterioro y el consumo se enfría. A esto se suma que la expansión del crédito al consumo se frenó hacia fines de 2025, lo que deja a muchas familias con compromisos asumidos en un escenario más favorable, pero con menor capacidad actual para cumplirlos.

El comportamiento del sistema financiero también aporta señales. Aunque la exposición al sector privado creció hasta el 44,4% del activo total (+6,3 p.p. interanual), ese aumento responde más a efectos nominales que a una expansión real del crédito. En paralelo, los bancos endurecieron condiciones, mientras la demanda cayó en todos los segmentos, tanto en empresas como en hogares.

Consumo, crédito y relato: una brecha que se amplía

La evolución de la morosidad impacta directamente sobre el frente político-económico. Mientras algunos indicadores muestran mejoras mensuales, el consumo continúa en terreno negativo en la comparación interanual, con caídas de hasta 2,6%.

El contraste con las afirmaciones oficiales sobre niveles récord de consumo introduce una disonancia que no pasa desapercibida en el mercado. Parte del repunte reciente se explica por el uso del crédito, especialmente en bienes durables y turismo, lo que agrega presión sobre la capacidad de pago de los hogares.

En este escenario, el sistema financiero aparece en una posición ambivalente. Por un lado, mantiene niveles elevados de cobertura; por otro, enfrenta un deterioro sostenido en la calidad de su cartera, particularmente en los segmentos más sensibles al ciclo económico.

Señales a monitorear

El aumento de la morosidad no es solo un dato técnico. Funciona como termómetro de la economía real y, al mismo tiempo, como indicador adelantado de tensiones más profundas. La persistencia de la tendencia —16 meses consecutivos— sugiere que no se trata de un fenómeno aislado.

Hacia adelante, el foco estará puesto en la evolución del ingreso real, la dinámica del crédito y la capacidad del sistema para absorber el deterioro sin trasladarlo a mayores restricciones. También en cómo impacta este proceso sobre el consumo masivo, que sigue mostrando debilidad.

La pregunta de fondo permanece abierta: si el crédito deja de ser el sostén del consumo, ¿qué motor tomará ese lugar en el corto plazo?

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El BCRA lanza el Cobro con Transferencia y redefine el pago de cuotas de préstamos

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El Banco Central de la República Argentina habilitó un nuevo instrumento para el sistema financiero: el Cobro con Transferencia (CCT), una modalidad que permitirá debitar cuotas de préstamos mediante transferencias inmediatas. El esquema deberá estar operativo a partir del 31 de agosto de 2026 y, en una segunda etapa, incluirá el cobro de servicios públicos.

El dato central no es solo tecnológico. El CCT fija reglas estrictas: las cuotas deberán ser fijas e iguales durante todo el contrato y no podrán superar el 30% del ingreso del deudor al momento de originarse el crédito. Además, el prestamista asumirá la responsabilidad ante eventuales fraudes.

La decisión combina impulso al crédito con límites prudenciales. La pregunta es si el nuevo mecanismo ampliará el acceso al financiamiento sin incrementar riesgos de sobreendeudamiento en un mercado todavía sensible.

Un diseño con reglas cerradas y foco en prevención de fraude

El CCT se apoya en el sistema de transferencias inmediatas y adopta mecanismos similares a experiencias internacionales como Pix automático en Brasil, AutoPay en India y PayTo en Australia. El BCRA tomó en cuenta propuestas presentadas por el ecosistema de pagos durante 2025.

El instrumento admite únicamente cuotas fijas e iguales. En la originación del crédito, la relación cuota/ingreso no podrá superar el 30%. La norma también establece un límite operativo: un intento inicial de cobro y hasta dos reintentos, a las 48 y 96 horas. Busca evitar prácticas reiterativas o abusivas.

El consentimiento del cliente será explícito y por única vez antes de cualquier débito. El prestamista deberá notificar electrónicamente el día hábil previo a cada impacto en cuenta. El usuario podrá revocar el consentimiento de manera inmediata tanto ante el prestamista como ante el proveedor de la cuenta.

La herramienta queda restringida a entidades financieras y proveedores no financieros de crédito habilitados por el BCRA. El esquema de remuneración fija un arancel mínimo del 0,6% a cargo del prestamista, con distribución proporcional entre participantes.

Un elemento central es la asignación de responsabilidad ante fraude al prestamista. La autoridad monetaria alinea incentivos: quien otorga el crédito asume el riesgo del mecanismo de cobro.

Entre sus principales características, el CCT:

  • – Admite solamente el cobro de cuotas que sean fijas e iguales durante la extensión del contrato.
  • – Limita la relación cuota/ingreso al 30% en la originación del crédito, para prevenir el sobreendeudamiento.
  • – Establece topes en los intentos de cobro de cada cuota: un intento inicial y hasta dos reintentos (a las 48 y 96 horas), evitando prácticas abusivas.
  • – Garantiza el consentimiento explícito y por única vez del cliente para debitar su cuenta previamente a la realización de los débitos de las cuotas.
  • – Exige que los prestamistas notifiquen por medios electrónicos a sus clientes el día hábil previo a que el débito impacte en la cuenta.
  • – Asegura la posibilidad de baja inmediata del consentimiento de las personas, tanto en el prestamista como en el proveedor de la cuenta a ser debitada.
  • – Restringe el uso a entidades financieras y proveedores no financieros de crédito (PNFC) habilitados por el BCRA.
  • – Define un esquema de remuneración con un arancel mínimo del 0,6% a pagar por los prestamistas y distribución proporcional entre los participantes, incentivando la competencia y la oferta del servicio.
  • – Asigna la responsabilidad ante fraude al prestamista, alineando incentivos para un uso responsable del nuevo mecanismo de cobro.

Nueva figura institucional y competencia en pagos

El sistema incorpora la figura del “aceptador de CCT”, único autorizado para ofrecer este mecanismo. El diseño apunta a fomentar competencia e interoperabilidad dentro de las transferencias inmediatas.

Desde una lectura institucional, el BCRA avanza en la arquitectura de finanzas abiertas y digitalización de medios de pago. La iniciativa refuerza su rol regulador en un terreno donde conviven bancos tradicionales y proveedores no financieros.

En términos económicos, el instrumento podría reducir costos operativos y morosidad, al asegurar un canal directo y transparente de cobro. También puede ordenar la oferta crediticia, al imponer condiciones uniformes sobre relación cuota-ingreso y modalidad de débito.

Cómo funciona el cobro de cuotas por transferencia inmediata

El sistema establece una serie de condiciones para proteger al usuario: La cuota no podrá superar el 30% de los ingresos del cliente. Se podrán realizar hasta tres intentos de cobro por cada vencimiento. El consentimiento será único y podrá revocarse en cualquier momento. El cliente deberá recibir notificación previa antes de cada débito.

De esta manera, el BCRA busca reducir la morosidad y brindar mayor transparencia en el proceso de pago de créditos personales. El Banco Central estableció que la herramienta deberá estar disponible a partir del 31 de agosto de 2026.

Se espera que, además del cobro de préstamos, el mecanismo pueda ampliarse en el futuro a otros pagos recurrentes, como servicios o facturas.

Impacto en el sistema financiero y el crédito

El lanzamiento del CCT fortalece a los actores que operan con transferencias inmediatas y empuja a los prestamistas a ajustar procesos internos. La responsabilidad ante fraude y los límites de reintentos obligan a robustecer controles.

Al mismo tiempo, el tope del 30% en la relación cuota/ingreso introduce un estándar prudencial explícito en la originación. Esa regla puede moderar prácticas agresivas de otorgamiento de crédito.

El arancel mínimo del 0,6% genera un esquema de incentivos económicos para que los participantes adopten el sistema. Si la competencia se activa, el costo financiero podría redistribuirse en mejores condiciones para usuarios.

Expansión del crédito bajo nuevas reglas

El CCT se presenta como herramienta para expandir el crédito y modernizar cobros. Su efectividad dependerá de la adopción por parte de entidades financieras y proveedores no financieros, así como de la respuesta de los usuarios.

En los próximos meses será clave observar el nivel de adhesión antes del 31 de agosto y la incorporación posterior de servicios públicos al esquema. También cómo interactúa el instrumento con la evolución del crédito al consumo.

El BCRA movió una pieza relevante en el tablero financiero. El marco normativo ya está definido. Lo que resta es medir si el sistema lo convierte en una palanca de inclusión y eficiencia o si se mantiene como un canal más dentro de un mercado en transformación.

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