Alerta en el sistema financiero: la morosidad marca un récord y afecta al 17% de los deudores
La morosidad en el sistema financiero argentino alcanzó en enero de 2026 un nivel récord, reflejando el deterioro de la capacidad de pago de los hogares en un contexto de ingresos que no logran recomponerse al ritmo de las deudas.
Según los últimos datos disponibles, 2.663.953 personas presentan atrasos de tres meses o más en sus obligaciones, lo que configura el nivel más alto de mora registrado en la serie reciente. La cifra equivale al 17% del total de deudores del sistema, consolidando una tendencia creciente que se profundiza mes a mes.
El salto interanual es significativo: hay 1.181.718 deudores morosos más que en enero de 2025, lo que representa un incremento del 79%. Este crecimiento no está acompañado por un aumento equivalente en la cantidad total de deudores, lo que implica que la morosidad gana peso dentro del sistema financiero.
Un año atrás, los deudores en situación irregular representaban el 10% del total. Hoy, ese porcentaje escaló siete puntos, evidenciando un deterioro acelerado en la cadena de pagos.
Deudas pequeñas, problema estructural
Uno de los datos más relevantes del fenómeno es que la morosidad está fuertemente concentrada en deudas de bajo monto. El 50% de los deudores en mora debe $484.295 o menos, lo que indica que el problema no se limita a grandes compromisos financieros, sino que afecta principalmente a sectores medios y bajos.
Esto refuerza la idea de que la crisis no está asociada a decisiones de inversión o apalancamiento, sino a la dificultad de sostener gastos cotidianos financiados, en un contexto de ingresos reales debilitados.
Sin embargo, el monto de las deudas impagas viene en aumento en los últimos meses, lo que agrega presión sobre los ingresos disponibles. A diferencia de las tasas de interés y las obligaciones financieras, los salarios no han logrado crecer por encima de la inflación, lo que profundiza la brecha y complica la capacidad de repago.
Un deterioro que se amplía
El crecimiento de la morosidad se da en paralelo a otros indicadores de fragilidad económica, como la caída del empleo formal y el aumento del desempleo, configurando un escenario en el que cada vez más personas quedan expuestas a situaciones de endeudamiento crítico.
El dato de enero no solo marca un pico estadístico, sino que también refleja una tendencia estructural: los sectores más vulnerables son los que presentan mayores dificultades para cumplir con sus obligaciones financieras, incluso cuando se trata de montos relativamente bajos.
En este contexto, la morosidad deja de ser un fenómeno marginal para convertirse en un indicador clave del estado de la economía real, con impacto directo en el consumo, el crédito y la estabilidad del sistema financiero.
