Crisis De Representación

ASACOP NEA: la desafección política expone una crisis de vínculo con la ciudadanía

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La desafección política dejó de ser presentada como un problema exclusivamente electoral para convertirse en una discusión sobre el vínculo entre ciudadanía, instituciones y capacidad de respuesta. Esa fue una de las principales conclusiones del primer Encuentro Regional ASACOP NEA “Comunicación política en tiempos de desafección”, realizado este viernes en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), con participación de consultores de Misiones, Corrientes, Chaco y Formosa.

Organizado por la Asociación Argentina de Consultores Políticos (ASACOP), Región NEA, bajo la coordinación de Irina Bondarenco, el encuentro reunió a profesionales de la comunicación, la opinión pública y la estrategia política en un plenario único. La jornada fue declarada de interés provincial por la Cámara de Diputados de Misiones y puso en discusión un fenómeno que atraviesa las campañas, pero también la gestión cotidiana: qué ocurre cuando la ciudadanía deja de encontrar correspondencia entre sus expectativas, las decisiones públicas y su experiencia concreta.

La discusión tuvo un punto de partida común. Para los especialistas que participaron del panel de diagnóstico, la desafección no equivale necesariamente a apatía, desinterés o rechazo de la democracia. Milva Carlino planteó que se trata de un conjunto de actitudes, percepciones y conductas que expresan distanciamiento y desconfianza hacia las instituciones, los dirigentes y las formas tradicionales de interacción pública.

La expectativa incumplida como núcleo del problema

Carlino ubicó el problema en una brecha cada vez más visible entre lo que la ciudadanía espera que la política resuelva y lo que percibe que efectivamente resuelve. Desde esa perspectiva, la discusión sobre confianza no puede separarse de la capacidad de la política para producir respuestas frente a problemas concretos.

La consultora sostuvo que la incorporación acelerada de tecnologías digitales también modificó las expectativas sociales. La experiencia cotidiana de resolver operaciones, acceder a información o comunicarse de manera inmediata genera un parámetro que las instituciones públicas no siempre pueden reproducir. A eso se suman, según su exposición, la hiperconectividad, las burbujas informativas, la desinformación y una ciudadanía que recibe información política en entornos cada vez más fragmentados.

Carlino también presentó indicadores electorales y encuestas como señales para observar el fenómeno en el NEA, aunque advirtió que la participación electoral por sí sola no alcanza para medir la desafección. Su planteo fue que la menor concurrencia a las urnas, el voto en blanco o nulo, la pérdida de identificación partidaria y el alejamiento de ámbitos tradicionales de participación deben ser leídos junto con otros indicadores de confianza y expectativas.

El punto de llegada de su exposición fue una pregunta dirigida particularmente a quienes trabajan en consultoría política: qué experiencia se está ayudando a construir entre dirigentes y ciudadanía. Para Carlino, la tarea profesional no debería limitarse a maximizar las posibilidades de una candidatura, sino incorporar evidencia, datos y criterios éticos que contribuyan a reconstruir el vínculo.

Cuando la comunicación no alcanza

Georgina Paolino llevó el diagnóstico hacia la relación entre representación y comunicación. Su planteo fue que la crisis no puede explicarse solamente por la manera en que los dirigentes comunican ni exclusivamente por las reglas electorales. El problema central, sostuvo, está en el vínculo.

Desde esa perspectiva, una mejor pieza de comunicación no puede compensar una gestión que no responde a las expectativas ciudadanas. Paolino cuestionó la proliferación de mensajes políticos centrados en la propia actividad de los dirigentes, especialmente cuando la ciudadanía aparece como espectadora y no como parte de la conversación.

La consultora también planteó que la construcción de confianza requiere tiempo. Utilizó la metáfora de una relación que no puede saltar directamente de la primera aparición pública al pedido de voto: antes debe existir conocimiento, interacción y experiencias que permitan verificar la consistencia de aquello que se promete.

La conclusión fue que la comunicación política necesita estar subordinada a una definición política y a una gestión capaces de sostenerla. Para Paolino, las estrategias destinadas a reconstruir vínculos deberían apoyarse en tres condiciones: autenticidad, consistencia y coherencia.

Jóvenes: votar no significa necesariamente confiar

Aníbal Gronda incorporó una dimensión generacional al debate. Su exposición partió de una advertencia contra una interpretación frecuente: asumir que los jóvenes abandonaron completamente la política o que existe una ruptura automática entre sus preferencias y las de generaciones anteriores.

Según un dato de una encuesta de Pulsar que citó durante su presentación, el 80% de los jóvenes de entre 16 y 19 años consultados compartiría una orientación política similar a la de sus padres. Gronda utilizó ese resultado para señalar que la diferencia generacional puede estar menos vinculada con las ideas de fondo que con los códigos, los lenguajes y las figuras capaces de captar atención.

El consultor también diferenció participación de confianza. Citó una participación cercana al 55% entre adolescentes habilitados para votar en una elección nacional y, al mismo tiempo, señaló que una proporción elevada de jóvenes manifiesta poca o ninguna confianza en los partidos políticos. Más allá de los porcentajes concretos, su argumento fue que acudir a las urnas no equivale necesariamente a construir un vínculo estable con las estructuras partidarias.

Para Gronda, el problema vuelve a desembocar en los resultados. La comunicación puede formular una promesa, pero no sustituye la experiencia cotidiana de la ciudadanía. Si aquello que se anuncia no encuentra correspondencia en la vida concreta, la confianza pierde sustento.

El planteo adquiere particular relevancia frente a una generación que no necesariamente se moviliza a través de las estructuras tradicionales. El desafío, según la exposición, consiste en comprender qué demandas están detrás de determinadas expresiones electorales y evitar interpretar los cambios de preferencias únicamente como desplazamientos ideológicos.

Formosa: acercarse también significa cambiar el canal

Gonzalo Taboada trasladó la discusión desde el diagnóstico hacia una experiencia concreta de gestión municipal en Formosa. Su presentación partió de una pregunta diferente: si existe desafección ciudadana o si, en algunos casos, son las instituciones las que quedaron desconectadas de la forma en que actualmente se relacionan las personas.

El caso presentado surgió a partir de una necesidad fiscal: ante un escenario de menores recursos disponibles, el municipio buscó incrementar la recaudación propia. El diagnóstico llevó a revisar la relación con los contribuyentes y detectar que buena parte de los procedimientos institucionales seguían suponiendo que el ciudadano debía acercarse físicamente al Estado.

La estrategia, según Taboada, consistió en adaptar los canales de atención al ciudadano digital mediante herramientas web, aplicaciones, códigos QR, comunicación tradicional y presencia territorial. La experiencia incluyó beneficios asociados al uso de canales digitales y oficinas móviles en los barrios para resolver trámites y consultas que requerían atención presencial.

La conclusión del consultor fue que la cercanía no depende únicamente de la distancia geográfica. También implica estar disponible en los canales donde las personas efectivamente interactúan.

La experiencia introduce una dimensión concreta al debate sobre desafección: una institución puede interpretar la baja participación como falta de interés ciudadano cuando, en realidad, existe una demanda de interacción por vías diferentes. Para Taboada, el desafío no consiste solamente en pedir que el ciudadano “vuelva”, sino en que las instituciones comprendan dónde está y cómo se relaciona.

Del diagnóstico a una agenda de reconstrucción

Las cuatro exposiciones convergieron, con diferentes enfoques, en una idea: la comunicación política enfrenta límites cuando intenta resolver por sí misma una crisis cuya raíz también está en la gestión, la representación y la experiencia ciudadana.

El debate adquiere una dimensión regional porque los consultores analizaron problemas comunes desde realidades institucionales diferentes. La pérdida de confianza, la transformación de los canales de participación, el peso de las redes sociales, la distancia entre agenda pública y agenda ciudadana y la dificultad para convertir promesas en resultados aparecieron como dimensiones conectadas.

El segundo panel del encuentro estuvo precisamente orientado a las estrategias para reconstruir ese vínculo, con experiencias sobre comunicación de riesgo, campañas digitales, gestión municipal destinada a jóvenes, comunicación estratégica de gobiernos y cultura como espacio de construcción comunitaria.

El valor de la discusión, en ese marco, no está solamente en encontrar una nueva fórmula de comunicación electoral. El problema planteado por ASACOP NEA es más amplio: cómo recuperar condiciones para que la ciudadanía vuelva a percibir que existe una relación verificable entre participación, representación y respuesta pública.

La consultoría política queda así frente a una tensión que excede el calendario electoral. Puede ayudar a medir expectativas, interpretar demandas y mejorar los canales de comunicación, pero la reconstrucción de confianza depende también de aquello que ocurre después del mensaje: las decisiones, los resultados y la experiencia que esas decisiones producen en la vida cotidiana.

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Milei sigue entre los presidentes con peor imagen de América Latina

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La estabilización económica que el Gobierno exhibe como principal carta política todavía no logra traducirse en una recuperación contundente de la imagen presidencial. Javier Milei mejoró su valoración durante junio, pero continúa ocupando uno de los lugares más rezagados del ranking de mandatarios latinoamericanos, una señal de que la normalización de algunas variables macroeconómicas no ha conseguido disipar el malestar social acumulado tras más de dos años de ajuste.

El relevamiento de CB Global Data ubica al presidente argentino en el puesto 13 entre los 18 jefes de Estado evaluados en América Latina. Su imagen positiva alcanzó el 37,9%, frente a una negativa del 59,6%. Si bien representa una mejora respecto del 34,8% registrado en mayo, el dato sobresaliente es otro: Milei sigue formando parte del grupo de los seis presidentes con peor valoración de toda la región.

La encuesta refleja una realidad incómoda para la Casa Rosada. Mientras el oficialismo insiste en que la inflación dejó de ser el principal problema y que la economía atraviesa una fase de recuperación, la mayoría de los argentinos continúa evaluando negativamente la gestión presidencial.

El rechazo no sólo supera ampliamente a la aprobación, sino que además presenta una intensidad significativa. El 50,5% de los consultados calificó la gestión como “muy mala”, mientras que apenas el 27,2% la consideró “muy buena”. En otras palabras, el núcleo duro opositor aparece considerablemente más amplio que el segmento de adhesión incondicional al Presidente.

La comparación regional tampoco favorece al mandatario argentino. Nayib Bukele lidera el ranking con una aprobación del 69,1%, Claudia Sheinbaum alcanza el 65,5% y Laura Fernández llega al 56,1%. Incluso presidentes que atraviesan escenarios políticos complejos, como Lula da Silva en Brasil, conservan niveles de respaldo superiores a los de Milei.

La ubicación del Presidente resulta particularmente llamativa porque se produce en un contexto donde el Gobierno considera que logró sus principales objetivos iniciales: reducir drásticamente la inflación, sostener el equilibrio fiscal y estabilizar el mercado cambiario. Sin embargo, los resultados sugieren que buena parte de la sociedad aún no percibe esas mejoras como suficientes para compensar los costos sociales del programa económico.

La lectura política del estudio deja una conclusión relevante. Milei parece haber detenido la erosión de imagen que caracterizó buena parte de 2025 y comienzos de 2026, pero todavía está lejos de construir una mayoría social sólida. La mejora registrada en junio muestra capacidad de recuperación, aunque sobre una base relativamente baja y con niveles de rechazo que continúan siendo elevados.

De hecho, entre los presidentes sudamericanos analizados, sólo algunos mandatarios atravesados por fuertes crisis políticas o institucionales exhiben números peores. La Argentina aparece así en una situación paradójica: el Gobierno reivindica logros macroeconómicos que pocos meses atrás parecían difíciles de alcanzar, pero esos avances todavía no encuentran un correlato equivalente en la opinión pública.

Más que una consolidación, los datos parecen describir una tregua. Milei mejora, pero no despega. Recupera algunos puntos, pero continúa lejos de los liderazgos regionales. Y mientras el oficialismo celebra cada indicador económico favorable, la encuesta recuerda que el principal desafío del Presidente sigue siendo político: transformar la estabilización en legitimidad social duradera.

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Universidad Austral proyecta mínima participación desde 1983: “La apatía domina las urnas”

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Un informe del Observatorio de Calidad Institucional (OCI) de la Universidad Austral anticipa que los comicios legislativos del próximo 26 de octubre podrían registrar la tasa de participación más baja desde el retorno de la democracia. El estudio proyecta que apenas el 65% del padrón acudiría a las urnas, marcando un récord de ausentismo y reflejando el creciente desencanto ciudadano con la política.

Participación en caída y desconfianza electoral

El informe, titulado “Proyección de participación y análisis del comportamiento de los oficialismos en elecciones de medio término. Su posible impacto en las elecciones nacionales del 26 de octubre”, fue elaborado por Marcelo Bermolén, director del OCI de la Escuela de Gobierno de la Universidad Austral.

A partir del análisis de diez elecciones provinciales desdobladas realizadas a lo largo de 2025 —entre ellas Chaco, Misiones, Salta, Santa Fe, Buenos Aires y Ciudad de Buenos Aires—, el estudio determinó que la participación promedio fue del 59,37%, con picos mínimos en distritos donde uno de cada dos electores habilitados no asistió a votar.

Si se proyecta ese comportamiento sobre el escenario nacional, considerando el diferencial histórico registrado en 2021, la participación en las elecciones legislativas del próximo domingo se ubicaría en torno al 65,27%, muy por debajo del 71,83% de los comicios de 2021 y del 77,39% observado en 2013.

“La desconfianza, la apatía y la rebeldía frente a las fuerzas políticas tradicionales se expresan hoy también en las urnas vacías”, advirtió Bermolén.

El informe señala que el voto obligatorio pierde eficacia como instrumento de movilización cívica frente al malestar social y político. La tendencia descendente de la participación, que comenzó a consolidarse a partir de 2013, se habría profundizado en un contexto de anomia, crisis económica y desafección institucional.

El voto de medio término como “plebiscito” del gobierno

El trabajo académico también repasa el desempeño de los oficialismos en todas las elecciones legislativas desde 1985. Según el relevamiento, en 9 de las 11 elecciones de medio término celebradas desde el retorno de la democracia, el partido de gobierno perdió votos respecto de la elección presidencial previa, fenómeno que el estudio denomina la “regla del castigo”.

A pesar de ello, en 6 de esas 11 ocasiones, el oficialismo logró imponerse, aunque con menor caudal electoral. En promedio, las pérdidas de apoyo rondaron los 13,79 puntos porcentuales.

Solo dos presidentes lograron revertir esa tendencia y mejorar su desempeño en las elecciones intermedias: Néstor Kirchner, en 2005, con un incremento del 16,49%, y Mauricio Macri, en 2017, con una mejora genuina del 7,6%.

Por el contrario, los descensos más pronunciados correspondieron a Fernando de la Rúa en 2001 (−25,66%), Cristina Fernández de Kirchner en 2013 (−21,28%) y Alberto Fernández en 2021 (−13,68%).

“Las elecciones de medio término funcionan como un plebiscito del rumbo del gobierno”, sostiene el documento. “Determinan si un oficialismo logra amortiguar el castigo o convertirlo en una ratificación de gestión”.

Proyección y posibles impactos políticos

El OCI proyecta que la participación nacional se moverá en una “banda operativa” entre el 65,27% y el 69,11%, confirmando una tendencia de desmovilización electoral que podría impactar sobre la legitimidad de los resultados.

“El ausentismo se convierte en el primer partido político de la Argentina cuando supera el caudal de votos de las principales fuerzas”, advierte el informe.

De confirmarse las proyecciones, el escenario del 26 de octubre podría combinar baja participación ciudadana y voto de desaprobación hacia el oficialismo, en un contexto de recesión económica y desconfianza institucional.

“La apatía electoral —concluye Bermolén— no es solo una expresión de desinterés: es una forma de protesta silenciosa frente a una dirigencia que no logra representar ni entusiasmar al electorado”.

ELECCIONES 2025 Proyeccion de Participacion y Comportamiento de Los Oficalismos en Elecciones de Medio Termino by CristianMilciades

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