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Desgaste de la gestión económica: un 63% pide cambios en el rumbo

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El Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora muestra que el malestar económico ya no se expresa sólo como una evaluación negativa sobre el país, sino como una experiencia directa sobre la vida cotidiana de los hogares. El 59,5% considera que la situación económica nacional es mala o muy mala, pero el dato más delicado aparece cuando esa mirada se traslada al plano personal: el 42,4% también evalúa negativamente su propia situación económica. Esa diferencia es clave porque la economía del país puede ser leída como diagnóstico general, pero la economía personal se mide en ingresos, consumos, cuentas a pagar y capacidad para sostener el mes. Cuando casi la mitad de la población ya ubica su situación individual en terreno negativo, el ajuste deja de ser una abstracción macroeconómica y pasa a formar parte de la administración diaria del hogar.


El informe también marca una fuerte distancia entre los datos oficiales y la percepción social de los precios. El 70,6% de los encuestados considera que el dato de inflación publicado por el INDEC no refleja adecuadamente la variación de precios que percibe en su vida cotidiana, mientras que el 85,1% afirma que su salario no le está ganando a la inflación. La combinación de ambos datos muestra que el problema no es únicamente la inflación, sino la relación entre precios, ingresos y credibilidad. Para una mayoría el salario sigue corriendo detrás del costo de vida y eso debilita la capacidad del dato oficial para ordenar la experiencia económica. La percepción de pérdida se vuelve todavía más visible según los estratos sociales: 50,7% se identifica como clase baja o media baja, lo que implica que más de la mitad de los encuestados se percibe en los segmentos más vulnerables de la estructura social.


La presión sobre la economía doméstica también aparece en la capacidad de llegar a fin de mes. Según el MOP, el 64,4% llega como máximo hasta el día 20 con sus ingresos, lo que refleja que la restricción no se concentra solamente en los últimos días del mes, sino que se instala antes y obliga a reorganizar consumos, postergar gastos y ajustar decisiones familiares. Incluso entre los votantes oficialistas de 2025, el 66,2% sostiene que su salario no le gana a la inflación, un dato políticamente sensible porque muestra que el malestar económico atraviesa también al propio electorado de La Libertad Avanza. La diferencia no está en la existencia del problema, sino en su interpretación: mientras en la oposición tiende a transformarse en rechazo al rumbo económico, dentro del oficialismo todavía puede convivir con apoyo político, aunque bajo una tolerancia cada vez más condicionada.


Rumbo al 2027
 

El MOP también muestra que el debate sobre el rumbo económico empieza a proyectarse directamente sobre el escenario presidencial de 2027. Ante la pregunta sobre qué debería hacer el Gobierno con el plan económico actual, el 63% de los encuestados respondió que debería cambiarlo, mientras que el 34,8% sostuvo que debería mantenerlo. La lectura política es clara: el plan conserva una base de apoyo relevante, pero enfrenta una mayoría social que ya demanda algún tipo de corrección. No se trata necesariamente de un rechazo completo al Gobierno, sino de una señal de desgaste sobre la estrategia económica vigente, en un contexto donde el malestar cotidiano aparece asociado a salarios que no alcanzan, pérdida de poder adquisitivo y dificultades para llegar a fin de mes.
 


Proyectando hacia 2027, esa discusión empieza a transformarse en criterio electoral. El 28,3% afirma que definirá su voto por la situación económica del país, el 17,9% por el cambio de rumbo y el 14,2% por la situación económica de su hogar. En conjunto, esos factores muestran que más de 6 de cada 10 electores miran la próxima presidencial desde una clave económica, ya sea por el rumbo general, por el impacto sobre su economía personal o por la expectativa de una corrección del modelo. La continuidad del gobierno actual, en cambio, aparece como principal factor para el 15,8%, lo que confirma que la elección no se perfila únicamente como una disputa de liderazgos o pertenencias partidarias, sino como un plebiscito sobre resultados económicos concretos.

De cara a las reformas electorales que comenzarán a debatirse en el Congreso de la Nación, el 46,1% de los encuestados considera que las PASO deberían eliminarse, mientras que otro 14,6% cree que deberían mantenerse, pero sin carácter obligatorio. El dato marca una señal relevante: existe una mayoría social abierta a revisar el funcionamiento del sistema electoral, ya sea por rechazo directo a las PASO o por una demanda de menor obligatoriedad y menor carga institucional sobre el votante.
 


La división aparece con más fuerza cuando se observa el corte político. Entre votantes oficialistas, la eliminación de las PASO encuentra mayor adhesión, en línea con una mirada más favorable a simplificar el calendario electoral y reducir instancias de competencia previa. Entre votantes opositores, en cambio, crece la resistencia a eliminarlas, probablemente porque las primarias son vistas como una herramienta para ordenar candidaturas, ampliar participación y evitar decisiones cerradas por las dirigencias partidarias. Así, el debate sobre las PASO deja de ser sólo una discusión técnica y pasa a expresar una diferencia política más profunda sobre cómo debería organizarse la competencia de cara a 2027.


INDEC
 

En mayo, la distancia entre la inflación informada y la inflación percibida se mantiene en niveles altos y deja de aparecer como un salto aislado. El 70,6% de los consultados considera que el dato del INDEC no refleja adecuadamente la variación de precios que percibe en su vida cotidiana, prácticamente en línea con el 70,3% registrado en abril y muy por encima del 56,4% de enero. La serie muestra que el problema ya no es sólo una reacción puntual frente a un mes determinado, sino una desconfianza más estable sobre la capacidad del dato oficial para representar la experiencia económica de los hogares. Cuando 7 de cada 10 personas no validan el índice como reflejo de su realidad cotidiana, el Gobierno enfrenta un problema que excede la comunicación económica, porque la desaceleración estadística pierde fuerza si no logra ser reconocida socialmente.
 


Esa desconfianza se explica mejor cuando se cruza con la evolución del salario. En mayo, el 85,1% afirmó que su salario no le ganó a la inflación, apenas por debajo del 86,6% de abril, pero todavía en un nivel extremadamente alto. El dato muestra que el núcleo del problema no está únicamente en si la inflación baja o sube, sino en si los ingresos recuperan capacidad de compra frente a los precios que las personas enfrentan todos los días. Para la mayoría, la inflación no se evalúa mirando el índice, sino midiendo cuánto dura el sueldo, qué gastos se recortan y hasta qué momento del mes alcanzan los ingresos. Por eso, mientras el salario siga siendo percibido como insuficiente, el dato oficial puede ordenar el discurso macroeconómico, pero no alcanza para reconstruir confianza en la economía cotidiana.
 


Principales preocupaciones
 

El MOP muestra que la agenda de preocupaciones públicas combina malestar económico, deterioro material y pérdida de confianza política. La incertidumbre económica aparece como el principal tema señalado por los encuestados con el 58,1%, seguida por la corrupción con el 52,9% y los ingresos y salarios con el 46,5%. Más atrás aparecen el desempleo con el 39,9% y las deudas con el 31,9%. El orden de las respuestas muestra que la preocupación social ya no se concentra en un solo problema económico, sino en un cuadro más amplio donde el ingreso, el empleo, la deuda y la credibilidad pública aparecen conectados. La inflación sigue pesando, pero no aparece aislada: forma parte de una percepción más general de incertidumbre sobre la capacidad de sostener la economía cotidiana.
 


El corte por voto 2025 muestra dos formas distintas de ordenar ese malestar. Entre votantes oficialistas, las principales preocupaciones son la incertidumbre económica con el 21%, la corrupción con el 18,2% y los ingresos y salarios con el 18,6%. Esto indica que incluso dentro del electorado que acompaña al Gobierno hay preocupación por el rumbo económico y por la credibilidad institucional. Entre votantes opositores, en cambio, la agenda aparece más asociada al costo material directo: las deudas con el 20%, la corrupción con el 13,8%, la incertidumbre económica con el 13,4%, el desempleo con el 12,2% y la inflación con el 10%. La diferencia central no está en que unos estén preocupados y otros no, sino en cómo se organiza la preocupación: el oficialismo combina apoyo político con dudas sobre economía y corrupción, mientras que la oposición traduce el malestar en una lectura más dirigida al impacto económico concreto sobre la vida diaria.
 


Imágenes políticas
 

En mayo, la imagen de Javier Milei continuó en terreno negativo y confirmó que el deterioro registrado en los meses previos no fue un movimiento aislado. Su imagen positiva se ubicó en el 35,6%, mientras que la negativa alcanzó el 59,6%, con un diferencial adverso de 24 puntos. El dato político más relevante es que la figura presidencial parece haber dejado atrás la zona de equilibrio que había mostrado a comienzos del año y empieza a estabilizarse en un nivel de rechazo alto. En un contexto donde la mayoría evalúa negativamente la situación económica del país, gran parte de los hogares siente que su salario pierde contra la inflación y crece la demanda de cambios en el plan económico. Así, la imagen presidencial queda cada vez más atada a los resultados concretos de la economía cotidiana.
 


Hacia los próximos meses, el escenario muestra poco margen para una recuperación espontánea si no aparece una mejora visible en los ingresos, en el consumo y en la capacidad de llegar a fin de mes. Con este nivel de preocupación y de pesimismo sobre el presente económico, Milei parece sostenerse principalmente sobre su núcleo más firme, asociado al electorado más antiperonista y más dispuesto a tolerar el costo del ajuste. El riesgo aparece en el electorado más blando, que acompañó por expectativa de ordenamiento, por rechazo al pasado o por promesa de mejora económica, pero que es mucho más sensible a los resultados materiales. Si esa franja no percibe una recuperación concreta, la imagen presidencial puede seguir perdiendo capacidad de expansión y quedar cada vez más encerrada en su base dura.
 


Por su parte, Axel Kicillof muestra una recuperación relevante de imagen y logra salir del momento más débil de la serie reciente. Después de haber tocado en febrero un piso de imagen positiva, en mayo volvió a ubicarse cerca de los 40 puntos, mientras que su imagen negativa se mantuvo elevada, en el 53%. El dato no alcanza para hablar de una consolidación plena, porque el diferencial sigue siendo negativo, pero sí marca un cambio de tendencia políticamente significativo: en un contexto de creciente descontento con el Gobierno nacional, Kicillof recupera volumen como figura opositora y aparece en el informe como el principal líder de la oposición con 32,3%.

Esa mejora parece apoyarse menos en una adhesión plenamente consolidada y más en un corrimiento del clima político frente al desgaste del oficialismo. La presión sobre la microeconomía de los hogares, la percepción negativa sobre la situación del país y la demanda de cambios en el rumbo económico abren espacios para dirigentes opositores con perfil de gestión y capacidad de representación institucional. En ese escenario, Kicillof empieza a afirmarse como una de las figuras con mayor capacidad para canalizar el malestar, aunque todavía enfrenta un límite claro: su crecimiento convive con niveles altos de imagen negativa y con una oposición que sigue fragmentada, sin una conducción única ordenada de cara a 2027.
 


Mientras tanto, Patricia Bullrich logra sostener una imagen positiva relevante y muestra una resistencia mayor al desgaste que hoy afecta a otras figuras del oficialismo. En mayo alcanzó el 40,6% de imagen positiva frente al 54,2% de negativa, un diferencial adverso, pero menos crítico que el de otros nombres asociados al Gobierno nacional. Su perfil aparece relativamente menos golpeado por la coyuntura inmediata, algo que puede leerse en relación con el lugar político que ocupa: su figura queda más asociada a una idea general de orden, autoridad y firmeza que a la gestión económica cotidiana. En ese marco, los problemas de la microeconomía parecen afectarla menos que a los dirigentes más directamente vinculados con la conducción diaria del oficialismo.

Más que como ejecutora directa del presente económico, Bullrich sigue siendo leída por una parte del electorado como una expresión política de rumbo, control y decisión. Esa diferencia le permite preservar mejor su capital simbólico en un contexto general de desgaste, aunque sin quedar fuera del clima negativo que atraviesa al oficialismo. Su imagen sigue siendo mayoritariamente desfavorable, pero conserva un piso competitivo que la distingue de figuras más expuestas al costo económico, a la dinámica interna del Gobierno y a las tensiones reputacionales que hoy golpean con más fuerza al núcleo presidencial.
 


Por su parte, Myriam Bregman aparece como una de las novedades más significativas del escenario político. En un contexto de ajuste, desgaste del relato oficial y creciente malestar frente al rumbo económico, su figura empieza a expandirse como canal de una oposición más frontal a Javier Milei. Con 44,6% de imagen positiva y 43,4% de negativa, es la única figura medida que presentó diferencial favorable. El dato es políticamente relevante porque muestra que el descontento no está siendo capitalizado únicamente por perfiles opositores con mayor volumen institucional, como Axel Kicillof, sino también por referencias con una identidad ideológica más nítida y una crítica más directa al oficialismo.

Ese crecimiento no implica todavía una centralidad electoral consolidada, pero sí marca un cambio en el clima opositor. A medida que se acumulan las tensiones por la economía cotidiana, la pérdida de poder adquisitivo y la demanda de cambios en el plan económico, también empieza a abrirse espacio para discursos que no plantean sólo una corrección del rumbo, sino una impugnación más amplia del proyecto libertario. En ese sentido, Bregman parece captar una parte del malestar que no busca únicamente alternancia de gestión, sino confrontación política, económica y simbólica con el mileísmo.
 


En el caso de Manuel Adorni, el deterioro aparece todavía más pronunciado y lo ubica como el principal foco de vulnerabilidad reputacional del oficialismo. Con apenas 17,9% de imagen positiva y 73,6% de negativa, registró el diferencial más adverso entre las figuras medidas por el MOP. El dato se vuelve especialmente sensible por el contexto político que lo rodea: los escándalos vinculados a presuntos hechos de corrupción, las dudas sobre su evolución patrimonial y el hecho de que todavía no haya presentado su declaración jurada lo colocan en una zona de alta exposición pública. Para una fuerza que construyó buena parte de su legitimidad sobre el discurso anticasta, el problema excede a la figura individual de Adorni y golpea sobre la credibilidad moral del oficialismo.
 


Finalmente, Diego Santilli queda ubicado en una zona intermedia del tablero político. Como ministro del Interior, su figura tiene hoy un rol central en la articulación política del Gobierno con gobernadores y Congreso de la Nación, pero su imagen todavía no aparece plenamente asociada al núcleo más expuesto del oficialismo. Con el 36,7% de imagen positiva y el 50,6% de negativa, conserva un nivel de conocimiento y competitividad relevante, aunque con diferencial adverso. Su caso muestra una tensión particular: puede funcionar como puente político para ampliar gobernabilidad y ordenar acuerdos, pero también corre el riesgo de quedar alcanzado por el desgaste general del rumbo económico si la gestión nacional no logra resultados concretos.
 


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El Partido Libertario de Misiones busca capitalizar el descontento agrario con una agenda de “limpieza fiscal”

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A dos años de su institucionalización y con el pedigrí de haber sido la matriz originaria que trajo a Javier Milei a Posadas en 2018, el Partido Libertario de Misiones ha decidido mover sus piezas hacia el tablero más sensible de la economía regional: la estructura de costos y la productividad de la chacra. En un encuentro celebrado en el Hotel Julio César —el mismo sitio donde la retórica de la “superioridad estética y moral del capitalismo” germinó hace ocho años—, la fuerza liderada por Nicolás Sosa Wolhein presentó su plataforma “Producción, Innovación y Libertad”.

La estrategia es clara: realizar una disección técnica de por qué la chacra misionera, atrapada en la inercia del complejo yerba-tabaco-té, ha derivado en lo que Sosa Wolhein califica como una “situación paupérrima” e “ineficiente”.

Para la conducción libertaria, la crisis de rentabilidad del productor no es solo un fenómeno de precios internacionales o ciclos biológicos, sino la consecuencia directa de una presión fiscal asimétrica. Sosa Wolhein apunta contra la carga tributaria misionera (Aduana Interna y tasas municipales) como el principal lastre que impide la capitalización del colono.

“Queremos liberar a Misiones apuntando a la producción, que hoy está pasando una situación paupérrima por los altos costos y la carga fiscal. Buscamos representar al que arriesga un capital y se levanta pensando en cómo ser eficiente”, disparó el dirigente, marcando una frontera nítida con el modelo de “Encuentro Misionero” (ex Renovación), al que acusan de asfixiar el potencial privado.

Genética y agronomía: El “upgrade” técnico para salir de la yerba

El evento no se limitó a la retórica política; buscó dotar de densidad técnica al discurso liberal a través de sus cuadros propios. El Lic. Eric Stolar (genetista vinculado al INTA) y el Ing. Agr. Richard Heppner fueron los encargados de plantear el cambio de paradigma productivo.

La tesis central de los especialistas del PLM sostiene que la topografía y el clima de Misiones están subexplotados debido a un sesgo cultural hacia cultivos tradicionales que hoy operan con márgenes negativos o nulos para el pequeño productor. La propuesta libertaria incluye: Innovación genética: Mejora de rendimientos para maximizar la producción en superficies reducidas (minifundio). Diversificación disruptiva: Explorar nichos productivos con mayor valor agregado que permitan saltar la intermediación de los grandes molinos o cooperativas burocratizadas. Eficiencia de insumos: Reducción de costos operativos mediante tecnología aplicada, una necesidad imperante en un contexto de precios de “abandono” para la hoja verde.

Nicolás Sosa Wolhein presidente del Partido Libertario

¿Un frente anti-renovador para 2026?

Con la mirada puesta en las elecciones legislativas y municipales del próximo año, Sosa Wolhein envió un mensaje pragmático a la atomizada oposición misionera. Si bien subrayó la identidad propia del Partido Libertario —diferenciándose orgánicamente de la estructura de La Libertad Avanza (LLA) que conducen Adrián Núñez y los hermanos Cartes—, no descartó una confluencia electoral bajo el formato de un gran frente de centro-derecha.

“La única forma de no terminar con los mismos resultados de siempre es juntándonos todos. Si no nos juntamos, la Renovación seguirá ganando por pocos puntos ante una oposición fragmentada”, advirtió. El objetivo es ambicioso: presentar candidatos en los 79 municipios, priorizando las grandes intendencias donde el voto urbano-productivo es más permeable a las ideas de desregulación.

Entre la pureza ideológica y la competitividad

El Partido Libertario se siente cómodo en el nuevo eje ideológico que se desplazó hacia la derecha tras el triunfo nacional de Milei. Sin embargo, el desafío local es mayúsculo. En una provincia donde el empleo público y la obra pública han sido históricamente los motores de la movilidad social, el discurso de “liberar el potencial productivo” requiere convencer a un electorado que aún teme la volatilidad del libre mercado sin redes de contención estatales.

La apuesta del libertarismo misionero es transformar ese miedo en una demanda de independencia económica, apelando al “ciudadano de a pie” y al emprendedor que hoy siente que “rema en dulce de leche”. Si logran articular el rigor técnico de sus cuadros agrarios con una oferta electoral unificada, el 2026 podría ser el año en que el “grito de la chacra” deje de pedir subsidios y comience a exigir libertad de mercado.

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Las claves de la derogación de la Ley de Etiquetado Frontal

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El Poder Ejecutivo Nacional envió al Congreso de la Nación un proyecto de ley para derogar la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable N° 27.642, conocida popularmente como la Ley de Etiquetado Frontal. 

Según supo la Agencia Noticias Argentinas, la iniciativa ingresó este sábado al Senado. El texto lleva las firmas del presidente Javier Milei, el jefe de Gabinete Manuel Adorni, y el ministro de Salud Mario Lugones.

El texto oficial argumenta que la aplicación de la normativa vigente, basada en los parámetros de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), evidenció severas “limitaciones técnicas, regulatorias, operativas y económicas” que justifican su eliminación total.

A continuación, los puntos principales y fundamentos del proyecto oficial:

Derogación total: El proyecto consta de un articulado directo que establece la derogación de la Ley N° 27.642 en su totalidad, la cual entraría en vigencia a partir del día de su publicación en el Boletín Oficial. Esto incluye la quita de los octógonos negros de advertencia y las restricciones asociadas a publicidad, entornos escolares y uso de personajes infantiles en los envases.

Críticas al sistema “binario” y confusión al consumidor: El Gobierno señala que el modelo de perfil de nutrientes actual aplica parámetros homogéneos sobre matrices alimentarias muy diferentes, sin considerar las porciones reales consumidas ni la densidad nutricional. 

Según el Ejecutivo, esto genera situaciones inconsistentes donde alimentos tradicionales y saludables reciben advertencias equivalentes a las de productos ultraprocesados, provocando “interpretaciones simplificadas o poco precisas” y confusión en el comprador.

Falta de incentivos para la industria: La Casa Rosada argumenta que la estructura binaria del sistema (contiene o no contiene la advertencia) no premia los esfuerzos de las empresas por realizar mejoras parciales o graduales en la composición nutricional de sus productos dentro de una misma categoría.

Asimetrías en el Mercosur y perjuicios a PyMEs: El mensaje enviado al Parlamento advierte que la falta de armonización regional en materia de rotulado frontal genera trabas operativas dentro del Mercosur, obligando al sector a fabricar envases diferenciados. 

Esta situación afecta especialmente a las Pequeñas y Medianas Empresas (PyMEs), que enfrentan costos fijos de cumplimiento proporcionalmente más elevados, lo que podría incentivar la concentración del mercado.

Rigidez normativa: Se cuestiona que numerosos aspectos metodológicos y técnicos hayan sido incluidos directamente en el cuerpo de la ley, lo que impide que el sistema se adapte de forma ágil y dinámica a los nuevos consensos científicos internacionales o a las actualizaciones de las Guías Alimentarias para la Población Argentina (GAPA).

Garantía de la información tradicional: El Ejecutivo aclaró que la medida no elimina las obligaciones de información nutricional de los alimentos envasados. La declaración obligatoria de valor energético, azúcares, grasas y sodio continuará plenamente vigente bajo el Código Alimentario Argentino y el sistema armonizado del Mercosur (Resoluciones GMC N° 44/03 y 46/03), complementado por las leyes de lealtad comercial y defensa del consumidor.

Con este envío, el Gobierno solicitó al Congreso el “pronto tratamiento y sanción” de la norma para avanzar hacia un esquema que califica como “técnicamente más consistente, uniforme y adaptable”.

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Irán acusó a Estados Unidos de “sabotear” las negociaciones para frenar la guerra

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El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, afirmó que Estados Unidos está “saboteando” las conversaciones orientadas a poner fin a la guerra en Medio Oriente debido a sus “persistentes exigencias maximalistas”.

​La dura acusación fue transmitida de manera directa por el funcionario persa al secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Antonio Guterres, durante una conversación telefónica en la que analizaron el complejo escenario regional.

​”La mala fe de Washington, sus posiciones contradictorias, sus repetidas traiciones y sus exigencias excesivas bloquearon el proceso de diálogo”, subrayó el jefe de la diplomacia iraní, según declaraciones reproducidas por la agencia local de noticias Tasnim.

​A pesar de manifestar una “profunda desconfianza” hacia la administración estadounidense, Araghchi aseguró que la República Islámica “abordó este proceso diplomático con responsabilidad y la máxima seriedad”, al tiempo que remarcó que su país continúa trabajando para lograr un resultado “razonable y justo”.

Mediación y contactos clave en la región

​En paralelo al reclamo ante la ONU, el canciller iraní mantuvo anoche una reunión clave en Teherán con el jefe del Estado Mayor del Ejército pakistaní, el general Asim Munir. El eje de las deliberaciones se centró en las iniciativas diplomáticas activas para prevenir una escalada mayor en la región y destrabar el cese de las hostilidades.

​El rol de Pakistán: el general Munir arribó el viernes a la capital iraní en su rol de mediador formal en las negociaciones secretas y abiertas que mantienen Teherán y Washington. ​Frente regional: durante la misma jornada, Araghchi se comunicó telefónicamente y por separado con sus homólogos de Qatar, Turquía e Irak.

​Los intercambios con los cancilleres vecinos apuntaron a coordinar posiciones comunes ante la creciente disputa entre Irán y Estados Unidos, en un intento por contener los focos de conflicto que amenazan la estabilidad de todo Medio Oriente.

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Bolivia: el Gobierno despliega un “corredor humanitario” y vuelven los choques con manifestantes en accesos a La Paz

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La tensión volvió a escalar este sábado en Bolivia cuando policías antimotines se enfrentaron con manifestantes que intentaron retomar puntos de bloqueo en El Alto y en la carretera hacia Oruro, mientras el Gobierno activaba un operativo bautizado “Corredor humanitario de las banderas blancas” para abrir rutas y permitir el ingreso de alimentos, medicamentos, combustibles y oxígeno a las ciudades de La Paz y El Alto, parcialmente cercadas por cortes desde hace casi tres semanas.

Según imágenes difundidas por medios locales y reportes de agencias, las fuerzas de seguridad lanzaron gases lacrimógenos cuando grupos de manifestantes, algunos con hondas y petardos, intentaron reorganizarse tras el paso de la caravana, de acuerdo a lo que pudo saber la Agencia Noticias Argentinas.

En El Alto, al menos dos autopistas permanecían tomadas y en otra vía los vehículos circulaban entre escombros, mientras maquinaria y tractores avanzaban lentamente para retirar piedras y bloques de cemento acumulados desde hace 18 días.

El operativo comenzó de madrugada en El Alto—ciudad donde se ubica el aeropuerto internacional y un nodo clave de conexión hacia Chile y Perú—con un convoy estimado en alrededor de 150 vehículos entre camiones, autobuses y tractores, en una ruta de 227 kilómetros hacia Oruro. De acuerdo con la cobertura local, a medida que el convoy despejaba tramos, algunos grupos volvían a rearmar bloqueos tras su paso.

El ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora, encabezó la caravana y aseguró que la estrategia prioriza el diálogo y el uso de medios no letales. “Diálogo ante todo”, afirmó, al señalar que el despliegue se realiza con policías y militares “sin armas letales” y con la expectativa de una salida que “pacifique el país”.

Oxígeno y hospitales: alertas por insumos críticos

La decisión de abrir un “corredor humanitario” se produce en medio de advertencias crecientes desde el sistema de salud. En Oruro, el ministro de Gobierno, Marco Antonio Oviedo, alertó que las reservas de oxígeno alcanzaban “para apenas un día más”, un mensaje que el Ejecutivo utilizó para justificar la urgencia del operativo.

Medios internacionales y locales han informado además sobre racionamientos y postergación de cirugías en hospitales públicos. Una crónica de Associated Press describió la situación en el Hospital del Niño de La Paz, donde—según su director—había oxígeno garantizado para 36 horas para 57 niños internados, mientras la Cruz Roja gestionaba un paso humanitario de un carro cisterna con oxígeno varado en Guaqui, en la frontera con Perú, para abastecer por unos diez días.

En paralelo, reportes sobre la crisis señalan que 12 hospitales en La Paz y cuatro en El Alto se estaban quedando sin oxígeno y que había hasta cuatro toneladas de oxígeno medicinal retenidas en rutas hacia Oruro y Desaguadero.

Suba de precios y medidas de emergencia

El desabastecimiento comenzó a sentirse con fuerza en mercados de La Paz, donde se registraron puestos cerrados—en especial de carne—y una oferta reducida de verduras. En el mercado de Villa Fátima, una compradora contó a AP que pagó 23 bolivianos (unos tres dólares) por un cuarto de kilo de carne con hueso, cuando antes le costaba alrededor de un dólar.

Ante el faltante de alimentos, el Gobierno desplegó vuelos con carne de res y pollo, utilizando dos aviones Hércules enviados por Argentina la semana anterior, mientras en puntos de venta estatales se observaron largas filas, según la misma cobertura.

Bloqueos, violencia y un intento previo fallido

El Ejecutivo ya había intentado un operativo similar el sábado anterior, pero fracasó: solo pudo avanzar “poco más de 50 kilómetros” hacia Oruro, en medio de enfrentamientos con manifestantes que utilizaron piedras y cargas de dinamita en El Alto, de acuerdo con reportes difundidos por prensa regional. [infobae.com], [noticiassin.com]

Este fin de semana, aunque el Gobierno remarcó el uso de banderas blancas para facilitar el diálogo, se registraron ataques puntuales contra la caravana: en algunos sectores se arrojaron piedras y se dañaron vidrios de maquinaria sin detener el avance del convoy.

La actual ola de protestas se alimenta de una combinación de demandas económicas y tensión política. Un resumen de antecedentes elaborado a partir de reportes de Agencia EFE indica que el conflicto comenzó a inicios de mayo con reclamos por demandas salariales, calidad de combustibles y rechazo a medidas en materia de tierras, y escaló hasta pedidos de renuncia del presidente Rodrigo Paz, quien asumió el poder hace seis meses.

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