demanda interna

Cae al 54% de uso de capacidad industrial y marca su peor nivel desde 2002

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La industria manufacturera operó en febrero al 54,6% de su capacidad instalada, según informó el INDEC, con una caída de cuatro puntos porcentuales respecto al mismo mes de 2025. El dato no es aislado: en el promedio del primer bimestre, el nivel de uso de la capacidad se ubicó en 54,1%, el registro más bajo desde 2002, en plena salida de la crisis de la convertibilidad.

El número condensa un deterioro que excede la estacionalidad habitual de inicio de año. Aunque los analistas suelen consolidar enero y febrero por las paradas técnicas de planta, la comparación interanual muestra un retroceso de 2,7 puntos porcentuales frente al mismo período de 2025. La señal es clara: el aparato productivo está funcionando muy por debajo de su potencial.

Demanda débil y presión importadora

El cuadro que traza el informe oficial combina dos vectores que explican la dinámica actual. Por un lado, la debilidad de la demanda interna aparece como el principal condicionante: el 51,9% de los empresarios industriales la identifica como el factor que más limita la producción.

Por otro, comienza a ganar peso la competencia externa. Según la Encuesta de Tendencia de Negocios del propio organismo, el 11,8% de los industriales ya señala a las importaciones como el principal problema, una proporción en crecimiento respecto a meses anteriores.

En términos estructurales, el indicador de utilización de la capacidad instalada mide cuánto del potencial productivo real está siendo aprovechado. Con un nivel cercano al 50%, la economía industrial opera en una zona históricamente asociada a crisis o fuertes recesiones.

Sectores en retroceso y pocos motores activos

El deterioro no es homogéneo, pero sí generalizado en los sectores más sensibles al ciclo económico.

La principal incidencia negativa se registró en la metalmecánica, que operó al 33,9% de su capacidad, contra el 44% del año anterior. La caída está vinculada a la fuerte retracción en la producción de maquinaria agropecuaria (–37,7%) y de electrodomésticos (–38%).

En la misma línea, la industria automotriz mostró un uso del 38,9% de su capacidad instalada, con una baja significativa frente al 54,6% de febrero de 2025. La menor producción de unidades explica el retroceso.

Las industrias metálicas básicas también reflejaron la contracción, con un nivel de uso del 59,7% y una caída interanual del 14% en la producción de acero.

Incluso sectores con mayor estabilidad relativa, como alimentos y bebidas, operaron por debajo del año anterior (58,6%), afectados por la menor molienda de oleaginosas (–21,9%) y la caída en la producción de carne vacuna (–8,2%).

En contraste, pocos rubros lograron ubicarse por encima del promedio general. La refinación de petróleo lideró con un 88,9% de utilización, seguida por papel y cartón (65,9%) y químicos (64,4%). Sin embargo, estos segmentos no alcanzan a compensar la debilidad del resto del entramado industrial.

Industria en retroceso y cambio de prioridades

El dato refuerza una tensión central en la política económica: el equilibrio entre apertura comercial y sostenimiento del entramado productivo local.

Con más de la mitad de los industriales señalando la falta de demanda como principal problema, el escenario expone límites en la recuperación del consumo. Al mismo tiempo, el crecimiento de la preocupación por importaciones introduce un factor adicional de presión sobre sectores sensibles como metalmecánica, automotriz y textiles.

En términos de poder económico, el retroceso industrial debilita a los actores vinculados a la producción manufacturera, mientras gana terreno la lógica de sectores menos intensivos en empleo o más integrados a cadenas globales.

La dinámica también condiciona la agenda pública: con capacidad ociosa elevada, la inversión productiva pierde incentivos, lo que puede retroalimentar el estancamiento.

Capacidad ociosa, menor producción y empleo en tensión

Un nivel de utilización en torno al 54% implica que casi la mitad de la capacidad industrial permanece sin uso. En términos concretos, esto se traduce en menor producción, caída de escala y presión sobre costos.

El impacto potencial se extiende a variables clave: empleo industrial, salarios y niveles de actividad en cadenas asociadas. Sectores como la metalmecánica y la automotriz, con fuerte efecto multiplicador, son particularmente sensibles a estos movimientos.

La contracción en alimentos, madera, papel y productos industriales tiene implicancias para economías del NEA, donde estas actividades tienen peso relativo.

En provincias como Misiones, la dinámica de la industria alimenticia, forestal y de manufacturas vinculadas al consumo interno podría verse condicionada por la debilidad de la demanda y la mayor competencia externa.

Entre la recuperación y la consolidación de la caída

El comportamiento de la demanda interna y la evolución de las importaciones aparecen como variables clave a monitorear en los próximos meses.

También será determinante observar si los sectores que hoy muestran mayor utilización —como energía o químicos— logran sostener su dinamismo o si la contracción se profundiza y se generaliza.

Con la industria operando en niveles mínimos históricos, el margen para una recuperación dependerá no solo del ciclo económico, sino de decisiones de política que impacten sobre el consumo, la producción y la competitividad.

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El consumo no despega, caen supermercados y mayoristas, y los shoppings crecen con límites

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Las ventas en supermercados, autoservicios mayoristas y centros de compras volvieron a mostrar un desempeño débil en noviembre, según los últimos datos difundidos por el INDEC. En un contexto de ajuste del poder adquisitivo y cambios en los hábitos de consumo, el indicador consolida una tendencia de bajo dinamismo, con caídas interanuales en los canales masivos y una recuperación parcial y heterogénea en los shoppings. El desempeño del consumo interno vuelve así a ubicarse en el centro del debate económico, por su impacto directo en la actividad, el empleo y la recaudación.

Supermercados: caída interanual y la mayor baja mensual desde diciembre de 2023

De acuerdo con el informe oficial del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), las ventas totales en supermercados a precios constantes cayeron 2,8% interanual en noviembre, mientras que en la comparación mensual registraron una baja de 3,8% respecto de octubre, el retroceso más pronunciado desde diciembre de 2023.

Pese a ese resultado, el acumulado del año muestra una variación positiva de 2,2% frente a igual período de 2024. Sin embargo, la dinámica mensual refleja una clara fragilidad: solo cuatro meses del año cerraron con subas interanuales —enero (1,6%), febrero (0,7%), marzo (1,4%) y octubre (1,8%)— mientras que el resto presentó caídas.

A precios corrientes, las ventas en supermercados superaron los $2.211 millones, lo que implicó un incremento nominal del 21,2% interanual, una suba que no logra compensar la pérdida de volumen real.

En cuanto a los medios de pago, el informe detalla:

  • Efectivo: más de $359 millones (+20,8% interanual).
  • Tarjeta de débito: más de $557 millones (+22,1%).
  • Tarjeta de crédito: más de $986 millones (+13,7%).
  • Otros medios de pago: más de $307 millones (+52%).

La composición de los pagos refleja un consumo más administrado, con mayor uso de instrumentos alternativos y una moderación en el financiamiento con tarjeta de crédito.

Shoppings: suba interanual, pero retroceso mensual y consumo concentrado

En los centros de compras, el comportamiento fue diferente. Las ventas crecieron 17,3% interanual, aunque cayeron 2,3% respecto de octubre, lo que confirma una recuperación incompleta y sujeta a vaivenes mensuales.

En noviembre, los shoppings alcanzaron ventas por $572 millones a precios corrientes y $6.587 millones a precios constantes. Las ventas promedio por metro cuadrado se ubicaron en $554.631, mientras que el promedio por local fue de $108.076 millones.

El consumo se concentró principalmente en:

  • Indumentaria, calzado y marroquinería: 39,3%.
  • Patio de comidas, alimentos y kioscos: 17,1%.
  • Ropa y accesorios deportivos: 12,3%.

Estos datos sugieren que la recuperación en los shoppings se apoya más en consumos puntuales y estacionales que en una expansión generalizada del gasto.

Autoservicios mayoristas: fuerte caída interanual y señales mixtas en el acumulado

En los autoservicios mayoristas, las ventas a precios constantes disminuyeron 8,3% interanual en noviembre, aunque mostraron un leve repunte mensual del 1,3% frente a octubre.

En el acumulado de los once meses del año, el sector registra una caída del 7,7% interanual, reflejo de un consumo retraído y de estrategias defensivas tanto de comercios como de consumidores.

No obstante, el informe del INDEC señala que seis de los once meses mostraron subas mensuales, mientras que cinco registraron caídas, a la espera de conocer el desempeño de diciembre.

A precios corrientes, las ventas mayoristas superaron los $356 millones, con un aumento nominal del 13,3% interanual. Por medio de pago:

  • Efectivo: más de $83 millones (+1,9%).
  • Tarjeta de débito: más de $55 millones (–14,7%).
  • Tarjeta de crédito: más de $98 millones (+7,7%).
  • Otros medios de pago: más de $119 millones (+55,2%).

La caída en el uso de tarjetas de débito y el fuerte crecimiento de otros instrumentos refuerzan la idea de un consumo más selectivo y condicionado por el ingreso disponible.

Un consumo que sigue siendo el eslabón débil de la economía

Los datos de noviembre confirman que el consumo interno continúa sin mostrar una recuperación sostenida, a pesar de algunos repuntes puntuales. La caída en supermercados y mayoristas, sumada al comportamiento irregular de los shoppings, plantea un escenario de demanda frágil, con impacto directo en sectores clave de la economía.

Para el corto plazo, el desempeño del consumo seguirá siendo una variable crítica, tanto para la actividad comercial como para la recaudación fiscal y el empleo, en un contexto donde los hogares priorizan gastos esenciales y ajustan su patrón de compras.

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