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Uruguay también vota: como en Argentina, la izquierda lidera los sondeos y el centro busca el ballotage

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El domingo se define si seguirá la izquierda o volverá la derecha. Las encuestas marcan una probable segunda vuelta entre Daniel Martínez (Frente Amplio) y Luis Lacalle Pou (Partido Nacional).

El panorama electoral en Uruguay de cara a las próximas elecciones del 27/10 es un tanto parecido al de Argentina, excepto por que en el caso uruguayo, quien lidera las encuestas y quien sacó la mayoría de los votos en las elecciones primarias fue el oficialismo, es decir el Frente Amplio hoy liderado por el presidente Tabaré Vázquez, y representado en los comicios por Daniel Martínez. Por otro lado y en segundo lugar en las encuestas aparece el Partido Nacional, o Blanco, es decir el partido que representa el centro derecha en Uruguay, encarnado en estas elecciones por Luis Lacalle Pou. Claro que las elecciones uruguayas son un punto clave para el escenario político argentino y latinoamericano.

Algo menos de tres millones de uruguayos están convocados para elegir este domingo al presidente que sucederá al socialista Tabaré Vázquez a partir de marzo de 2020, aunque, según todas las previsiones, la definición deberá esperar hasta el 24 de noviembre, ya que ninguno de los candidatos estaría en condiciones de imponerse por el 50% de los votos que evitaría el balotaje.

Para el gobernante Frente Amplio (FA) la elección marca un cambio generacional que implica llevar como candidato a Daniel Martínez, ex intendente de Montevideo de 62 años, que intentará mantener a la alianza de izquierda en el poder por un cuarto período consecutivo dejando atrás a las máximas figuras partidarias: Tabaré Vázquez, José “Pepe” Mujica y Danilo Astori.

La incógnita acerca de si el FA estará a la altura del desafío está abierta, al menos por lo que marcan las encuestas: las más entusiastas le asignan a Martínez 44 puntos porcentuales, pero en su gran mayoría no le dan más de 40, lo cual le haría muy difícil al oficialista escalar los 10 puntos que le faltarían para alzarse con el triunfo en el balotaje.

En esa probable segunda vuelta el ex jefe comunal montevideano tendrá una cita de riesgo para sus intereses electorales con el candidato del derechista Partido Nacional (PN), Luis Lacalle Pou, actual senador, de 46 años, que se muestra como un dirigente moderado y moderno, que no escapa al molde del político pragmático que califica al gobierno de Venezuela como una dictadura y admite que sea quien fuere el próximo presidente argentino, será “un amigo” de su país.

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Derechas e izquierdas

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El simplismo extremo de clasificar como de izquierdas o derechas los enfoques y políticas económicas de cada país y de cada gran región del mundo, lleva a profundas confusiones e imprecisiones conceptuales.
Esas confusiones e imprecisiones, muchas veces incurridas sin mala fe, terminan siendo muy funcionales a los que mueven los resortes del poder real. A los poderes detrás de los tronos, a los que les interesa sembrar confusiones, para evitar que se razone y actúe sobre los problemas reales.
Con todo eso, muchos entusiastas analistas y militantes políticos bien intencionados, terminan agotándose en el pantano de las naderías, mientras el eje central de las decisiones y acciones político – económicas transita sin obstáculos por otros andariveles.
La propia clasificación en derechas e izquierdas puede considerarse un anacronismo, habida cuenta que nació en la Revolución Francesa, a fines del siglo XVIII.
Es una clasificación que fue clara y precisa en aquellos tumultuosos años, regados de sangre y con los dolores del parto de aquellos profundos cambios en el poder político fáctico, con la creación y aplicación de nuevas formas y estructuras de gobierno que reemplazaron por la fuerza a la anquilosada monarquía absolutista.
Pero para comprender mejor las limitaciones o estrecheces de miras de quienes a voz en cuello proclamaban “libertad, igualdad y fraternidad”, esos elevados ideales nunca fueron aplicados en los vastos territorios coloniales franceses.
Los procesos independentistas de las hoy excolonias francesas, demoraron desde casi tres décadas en Haití, a casi dos siglos en África y Asia, y aun quedan posesiones de tipo imperial francés en varios lugares del mundo, como ese anacronismo que es la Guyana Francesa. Claro está que con los años, lo peor de Francia afloró en Argelia, donde se especializaron macabramente en nuevas y brutales de torturas, las que luego serían aplicadas en las dictaduras íbero americanas, como el siniestro y apátrida “proceso” en Argentina.
Volviendo al eje del tema, hoy definir a políticos, sectores políticos, o medidas de gobierno como “de derechas” o “de izquierdas”, es no solo anacrónico, sino burdo, parcializado, e inductor de confusiones.
Ya hace medio siglo, años más o menos, que nuestro genial analista y gran patriota Arturo Jauretche definió y fundamentó con su habitual contundencia, que en países sometidos a profundos sistemas de colonización cultural y sutil (o no tanto) vasallaje político – económico, insistir en pretender moldear todo el accionar político en “derechas e izquierdas” es inaplicable.
En nuestros países y nuestros pueblos, lo relevante e incluso definitorio es precisar quienes estamos en la vereda de Lo Nacional, en contraposición a quienes bajo distintos ropajes operan en contra de los Intereses Nacionales.
Sin duda, Don Arturo, como historiador y perspicaz analista de la
sociología y la política argentina, no solo comprendió, sino que también desnudó el accionar sinuoso y retorcido de “izquierdas” agresivas, como los trotskos y del hoy casi desaparecido PC (Partido Comunista) de Argentina –que desfiló del brazo junto al injerencista embajador de EEUU Spruille Braden en 1945-, junto a “izquierdas” de “buenos modales”, como el acomodaticio socialismo argentino, -ese que clamó “terminar con la leche de la clemencia” promoviendo fusilamientos en 1955/56, apoyando activamente a los genocidas de la revolución fusiladora pro británica-; o como los violentos de las guerrillas, que de hecho fueron sumisos operadores al servicio de la disolución nacional.
Operando como el otro brazo de las tenazas del neocolonialismo del siglo XXI, están los de la retrógrada oligarquía rancia y tradicional, de la oligarquía diversificada (la que incurre en otras actividades no agropecuarias), los violentos y agresivos del gorilaje (*) cerrado, compuesto por civiles y militares, muy propensos todos ellos a las represiones brutales, a las segmentaciones sociales estigmatizantes y racistas, y a la exclusión social.
Lucrando desmedidamente bajo las coberturas de “las izquierdas” y
“derechas” antinacionales –claramente cipayas-, actúan los especuladores varios, como los de las finanzas, las importaciones, las intermediaciones internas y otros mercenarios y oportunistas varios.
A todas esas “izquierdas y derechas” cipayas, el país y el pueblo, la Patria Argentina y la Patria Grande, no les interesa ni conmueve.
Tampoco los análisis internacionales son correctos, si se los simplifica burdamente en “derechas e izquierdas”. Por caso, los que “desde las progresías” huecas de Argentina, se “emocionaron” en su momento con los triunfos de “socialistas” en España y Francia, luego no reaccionaron en forma acorde ante las agresiones militares que desde esos gobiernos y países perpetraron en Yugoeslavia, Libia, Iraq, Siria, y en países muy pobres del África Subsahariana. Tampoco esas “izquierdas y derechas” se manifestaron (o lo hicieron tibiamente), ante las múltiples agresiones económico – financieras perpetradas contra Argentina y otras naciones de la Patria Grande.
Lo esencial pasa por definir quienes en los hechos defienden los Intereses Nacionales, y quienes desembozada o encubiertamente operan contra Nuestra Patria y contra la Patria Grande.
(*) Gorilas se llama a los viscerales antiperonistas, identificados con los genocidas del golpe de Estado oligárquico y pro británico de 1955, y sus continuadores.

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