DESASTRES NATURALES

Terremoto de magnitud 7,4 sacude Colombia y deja graves daños materiales en varias regiones

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El sismo tuvo su epicentro en Chocó y se sintió con fuerza en grandes ciudades como Cali, Bogotá y Medellín, además de países vecinos como Ecuador y Panamá.

Un terremoto de magnitud 7,4 sacudió este lunes 10 de agosto a Colombia a las 07:34 hora local (12:34 GMT). De acuerdo con los reportes del Servicio Geológico Colombiano (SGC) y el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), el temblor se registró a una profundidad de casi 100 kilómetros, con epicentro cerca del municipio de San José del Palmar, en el departamento del Chocó.

El movimiento telúrico generó una sacudida prolongada que afectó al centro y occidente del país. Se reportaron evacuaciones masivas y escenas de pánico en distintas capitales departamentales, así como percepciones del sismo en regiones fronterizas de Ecuador, Panamá y Venezuela.

Daños estructurales y reportes regionales

Las principales afectaciones se registran en el departamento del Chocó y la región del Eje Cafetero. La gobernadora de Chocó informó sobre personas heridas y severos daños en edificaciones de la zona.

En la ciudad de Cali, las autoridades reportaron el desprendimiento de fachadas y agrietamientos en múltiples edificios. Por su parte, en Manizales y Pereira se registraron colapsos parciales de estructuras y afectaciones en infraestructuras clave como la catedral de Manizales y la terminal aérea de Pereira.

Activación de protocolos y monitoreo de emergencias

Los organismos de socorro y comités de gestión del riesgo activaron protocolos de emergencia a nivel nacional para evaluar el impacto en zonas rurales y urbanas.

En Bogotá, el gobierno local indicó que no se registran daños estructurales mayores en la capital, aunque continúan los barridos de inspección técnica en edificaciones altas. Las autoridades nacionales mantienen el monitoreo en el área epicentral ante la posibilidad de réplicas.

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Treinta y nueve segundos que partieron en dos la historia de Venezuela

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El miércoles, dos terremotos de magnitud superior a 7 sacudieron el centro-norte de Venezuela con apenas 39 segundos de diferencia. No es una réplica grande. Es un fenómeno mucho más raro y revelador, que un geólogo misionero ayuda a entender desde la otra punta del continente.

Fotos El Nacional de Venezuela.

A las 18:04:32 del miércoles, la tierra se movió cerca de Montalbán, en el centro-norte de Venezuela. Treinta y nueve segundos después, antes de que la mayoría de la gente terminara de reaccionar al primer sacudón, se movió otra vez, más fuerte, cerca de Morón. El Servicio Geológico de Estados Unidos terminó registrando dos eventos: uno de magnitud 7,2 y otro de 7,5.

Los sistemas automáticos, en un primer momento, leyeron todo como un solo terremoto de magnitud 7,8. Se equivocaron, pero no por error humano, sino por algo más interesante sobre cómo funciona la sismología en tiempo real.

“Cuando dos rupturas ocurren con pocos segundos de diferencia, las ondas sísmicas pueden superponerse. Al principio, el sistema puede leer una señal compleja como si fuera un solo terremoto más grande. Luego, con más estaciones, más datos y revisión de las ondas, se pueden separar dos orígenes distintos: dos hipocentros, dos tiempos de inicio y dos magnitudes”, explica el licenciado Francisco Kovalski, geólogo misionero formado en la Universidad Nacional de la Plata

Lo que ocurrió en Venezuela tiene nombre técnico: terremoto doble. Y vale la pena detenerse en la diferencia, porque la mayoría de la gente asume que se trató de un sismo seguido de una réplica grande. No es lo mismo.

Una réplica típica sigue una lógica clara: primero el sismo principal, después movimientos menores de reajuste. En un terremoto doble, dos eventos de magnitud parecida ocurren casi en simultáneo, y en este caso, el segundo fue incluso más grande que el primero. Eso significa que, técnicamente, el de magnitud 7,2 podría reclasificarse como sismo precursor y el de 7,5 como el evento principal. Para el público, la diferencia se sintió como dos sacudidas mayores encadenadas, no como una sacudida y un eco.

¿Cómo puede pasar algo así? Kovalski lo explica con una imagen que cualquiera puede visualizar.

“La corteza terrestre ya estaba cargada de tensión. El primer sismo rompió una parte del sistema y modificó el equilibrio de esfuerzos. Si otro tramo de la falla estaba maduro para romperse, esa transferencia rápida pudo activar el segundo evento. Es como empujar una ficha de dominó que estaba a punto de caer: el primer movimiento no crea de la nada el segundo terremoto, pero puede terminar de dispararlo.”

Hay un detalle que ayuda a entender por qué una diferencia de apenas 0,3 en la escala de magnitud no es menor. La escala sísmica no es lineal: cada punto entero representa unas 32 veces más energía liberada. La distancia entre 7,2 y 7,5, aunque parezca chica en el papel, implica una diferencia energética considerable entre ambos eventos.

El resultado físico ya se conoce: derrumbes en barrios de Caracas como Los Palos Grandes y Altamira, alerta de tsunami emitida para Puerto Rico, Islas Vírgenes, Aruba, Curazao y Bonaire, y un país que, según informó la presidenta interina Delcy Rodríguez, entró en estado de emergencia.

Hay un dato que pone esto en perspectiva histórica: estos terremotos figuran entre los más fuertes registrados en Venezuela en más de un siglo, solo por debajo del terremoto de 1812 en Jueves Santo, que destruyó gran parte de Caracas y se estima en magnitud 7,7; y por encima del de Sucre en 2018, de magnitud 7,3.

Ahora bien: ¿terminó el peligro cuando dejó de temblar? El geólogo Kovalski lo explica con claridad:

“La actividad de réplicas puede durar días, semanas, meses e incluso años, aunque la frecuencia suele disminuir con el tiempo. No existe un umbral único a partir del cual una réplica se vuelve peligrosa, porque el riesgo no depende solo de la magnitud. En una ciudad con edificios ya debilitados, una réplica de magnitud 5 puede causar derrumbes adicionales. Un edificio que resistió el primer impacto puede no resistir una réplica moderada si ya sufrió grietas, desplazamientos o pérdida de capacidad portante”. 

Eso explica por qué el ministro del Interior, Diosdado Cabello, instó a la población a permanecer al aire libre: no es precaución genérica. Es la consecuencia directa de que el daño estructural se acumula de manera invisible, y una segunda sacudida, aunque sea más débil que la primera, puede ser la que finalmente derribe lo que ya estaba comprometido.

Hay todavía una pregunta que conecta este terremoto con un error de percepción muy extendido. Venezuela no está en el Cinturón de Fuego del Pacífico. Esa franja que sí incluye a Chile, Perú, México o Centroamérica. Entonces, ¿por qué tiembla con esta intensidad?

El error común es asociar todos los grandes terremotos de América Latina con el Cinturón de Fuego del Pacífico, que afecta a países como Chile, Perú o México por la interacción de placas alrededor del océano Pacífico. Venezuela pertenece a otro contexto tectónico completamente distinto: la frontera entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana, donde domina un movimiento lateral, de deslizamiento horizontal, a través de sistemas de fallas como Boconó, San Sebastián y El Pilar.

“Venezuela no necesita estar en el Cinturón de Fuego para ser sísmicamente activa. Está sobre otra frontera tectónica importante, donde dos grandes bloques de la corteza se empujan, se traban y finalmente liberan energía en forma de terremotos.” – Francisco Kovalski – Geólogo UNLP

Esa distinción no es un tecnicismo menor. El Cinturón de Fuego concentra, según el USGS, alrededor del 90% de los terremotos del planeta, pero ese 10% restante incluye fronteras de placas como la que atraviesa el norte de Venezuela, capaces de producir eventos tan destructivos como los del Pacífico, aunque con mucha menor frecuencia. En los últimos cien años, solo se registraron siete sismos de magnitud 6 o superior en un radio de 250 kilómetros de esta zona. Eso no la vuelve menos peligrosa: la vuelve menos predecible, porque la tensión se acumula durante décadas antes de liberarse de golpe.

De hecho, en septiembre de 2025 ya había ocurrido otro doblete sísmico cerca de esta misma región, de magnitud 6,2 y 6,3, que causó al menos una víctima y más de 110 heridos en los estados de Zulia y Lara. No hay certeza científica de que ese evento esté directamente conectado con el de esta semana, pero la coincidencia geográfica reabre una pregunta que los sismólogos venezolanos van a estudiar en los próximos meses: si el sistema de fallas del norte del país entró en una fase de mayor actividad.

¿Y por qué debería importarle todo esto a alguien que lee esta columna desde Misiones, a miles de kilómetros de cualquier falla activa?

“A alguien en Misiones no debería importarle porque pueda pasar lo mismo mañana en su provincia. Pero sí debería importarle por tres razones: primero, porque estos desastres muestran que el daño no lo produce solo la naturaleza, sino la combinación entre un fenómeno extremo y una sociedad vulnerable. Segundo, porque América Latina está conectada — una emergencia en Venezuela puede impactar en redes migratorias, ayuda humanitaria, precios y cooperación regional. Y tercero, porque obliga a pensar en prevención: en Misiones, la prioridad no es el riesgo sísmico, sino la gestión de lluvias intensas, arroyos desbordados, rutas, puentes y comunicación de emergencia. La enseñanza de Venezuela es que la preparación previa vale más que la reacción tardía.”

Francisco Kovalski · Geólogo (UNLP) · Misiones

Esa es, probablemente, la idea más importante de toda esta historia: más que la magnitud, más que los 39 segundos, más que la corrección técnica de 7,8 a dos eventos separados. Y hay un contraste que la vuelve todavía más nítida.

Infografía Economis | Actualizado al 27 de junio de 2026

Venezuela bajo escombros: el costo humano del doble terremoto

Dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron el norte venezolano con apenas segundos de diferencia. La emergencia golpea especialmente a Caracas y La Guaira.

1430 muertos confirmados
3.238 heridos reportados
+65.000 personas no localizadas

Zonas más afectadas

  • La Guaira, epicentro de los daños más severos.
  • Caracas, con derrumbes y edificios comprometidos.
  • Miranda, Aragua, Carabobo y Falcón, bajo evaluación de daños.

Daños críticos

  • Colapso de viviendas y edificios antiguos.
  • Infraestructura sanitaria y de transporte afectada.
  • Restricciones de acceso en zonas de rescate.

Una emergencia todavía abierta

El balance puede agravarse a medida que avancen las tareas de búsqueda entre los escombros. Equipos de rescate y ayuda internacional trabajan en las zonas de mayor destrucción.

17 países y la ONU enviaron asistencia

Menos de una hora después del segundo sismo venezolano, a 13.000 kilómetros de distancia, otro terremoto remeció la costa norte de Japón. Magnitud 6,9. Frente a la prefectura de Iwate, con epicentro a 50 kilómetros de profundidad. Suspendió el servicio del tren bala. Activó inspecciones preventivas en instalaciones nucleares cercanas. Y no provocó víctimas ni daños de consideración. El único damnificado que la prensa pudo registrar fue una mujer en la localidad de Hashikami: se le cayó una foto enmarcada de la pared.

Dos terremotos de magnitud comparable (7,2/7,5 en Venezuela, 6,9 en Japón) con menos de una hora de diferencia entre sí, y resultados completamente distintos. En Caracas, edificios colapsados, barrios sin electricidad, estado de emergencia nacional. En Hachinohe, semáforos funcionando con normalidad y tráfico circulando como un día cualquiera, según mostraron las cámaras de la televisión pública NHK. La diferencia no estuvo en la energía liberada por la tierra. Estuvo en lo que cada país construyó encima de ella.

Japón está, literalmente, sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico. Su normativa de construcción antisísmica se desarrolló durante décadas, endurecida después de cada gran catástrofe, incluido el terremoto y tsunami de Tōhoku de 2011, que dejó cerca de 20.000 muertos y obligó a repensar estándares de ingeniería en todo el país. Cuando tiembla, los edificios japoneses están diseñados para oscilar, absorber la energía y seguir en pie. Por eso un sismo de magnitud 6,9 termina en una foto caída y no en un derrumbe.

Venezuela, en cambio, no está sobre el Cinturón de Fuego, eso ya lo explicó Kovalski, pero tampoco tuvo, durante las últimas décadas, la misma inversión sostenida en normativa sísmica, mantenimiento de infraestructura y control de construcción. La frecuencia de grandes terremotos es mucho menor que en Japón. Y esa menor frecuencia, paradójicamente, es parte del problema: cuando un país tiembla cada pocos meses, construye con la sismicidad en mente todos los días. Cuando tiembla una vez por generación, la memoria institucional y constructiva se diluye entre un evento y el siguiente.

No es una cuestión de magnitud. Es una cuestión de preparación acumulada.

Y en el caso venezolano, esa falta de preparación no nació esta semana.

El balance de víctimas creció de manera dramática en menos de 48 horas. Lo que el jueves eran 188 muertos y 971 heridos se convirtió, hacia el sábado, en al menos 1.430 muertos confirmados, más de 3.360 heridos y 51.681 personas reportadas como desaparecidas sin contacto con sus familias, según la plataforma ciudadana Desaparecidos Terremoto Venezuela y el balance oficial del ministro de Salud, Carlos Alvarado. El jefe de ayuda humanitaria de la ONU, Tom Fletcher, advirtió que la cifra de fallecidos “aumentará considerablemente” a medida que avancen los rescates entre los escombros. La Guaira concentra la mayor devastación: más de 100 edificios colapsados y comparaciones que ya circulan con los grandes terremotos urbanos de las últimas décadas. 

A eso se suma un dato que confirma exactamente lo que Kovalski explicó sobre la duración de las réplicas: la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) registró más de 214 réplicas desde la tarde del miércoles, incluyendo una de magnitud 4,5 detectada en la madrugada del viernes, a pocos kilómetros de San Felipe. El propio Diosdado Cabello lo describió como evidencia de que la actividad sísmica en la zona sigue siendo intensa. Es el proceso de reajuste de la falla que la entrevista anticipaba y que explica por qué cientos de personas siguen sin animarse a volver a edificios que técnicamente quedaron en pie, pero que nadie puede garantizar que sigan así después de la próxima sacudida.

Ese derrumbe no ocurrió sobre una infraestructura cualquiera. Ocurrió sobre un país que llevaba más de una década en colapso económico e institucional antes de que la tierra se moviera. Venezuela atraviesa una inflación proyectada en 682% para 2026, según el FMI. El Banco Central dejó de publicar estadísticas oficiales hace más de un año. Los servicios públicos -agua, electricidad, salud- funcionan con fallas crónicas en buena parte del territorio, independientemente de cualquier sismo. Y todo esto ocurre apenas meses después de la caída de Nicolás Maduro, capturado por fuerzas estadounidenses en enero, en medio de una transición política todavía sin rumbo claro, con estructuras de poder fracturadas y un Estado que ya estaba operando al límite de su capacidad antes de que llegara la emergencia.

Un edificio construido durante años de desinversión, en un país con escasez de cemento de calidad, mantenimiento postergado y controles de obra debilitados, no responde igual a un sismo que uno construido bajo normativa actualizada y fiscalizada. La vulnerabilidad sísmica de Venezuela esta semana no se explica solo con geología. Se explica también con presupuestos públicos vaciados, hospitales que ya estaban en crisis antes del terremoto, y un Estado que llega a esta tragedia después de gestionar, durante más de una década, una emergencia distinta pero igualmente profunda.

Un terremoto no se puede evitar.

Pero la tragedia que produce sí puede reducirse con construcción de calidad, planificación urbana, educación pública y un Estado capaz de responder antes de que la tierra vuelva a moverse.

Venezuela está aprendiendo esa lección ahora, en tiempo real, con más de 1.400 muertos, decenas de miles de desaparecidos sin confirmar y un país que ya no tenía margen para absorber otro golpe.

Japón la aprendió hace generaciones, a fuerza de terremotos, y hoy se nota en algo tan simple como una foto que se cae de la pared en lugar de una pared que se cae entera.

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AlertAR: ENACOM lanzó el nuevo sistema nacional de alertas móviles para emergencias

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El Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM) puso en marcha AlertAR, el nuevo Sistema de Alerta Temprana que permitirá emitir notificaciones inmediatas a todos los teléfonos móviles ubicados dentro de áreas geográficas específicas ante desastres naturales, alertas meteorológicas extremas o situaciones de seguridad pública. La iniciativa quedó formalizada mediante resolución publicada en el Boletín Oficial y asigna $12.000 millones del Fondo del Servicio Universal (FSU) para financiar la infraestructura necesaria. El objetivo es fortalecer la capacidad estatal de responder ante eventos críticos y garantizar información preventiva en tiempo real a la población.

Un sistema nacional basado en Cell Broadcast: alcance, normativa y financiamiento

El proyecto AlertAR se apoya en la tecnología Cell Broadcast, un estándar que permite enviar mensajes simultáneos y segmentados a todos los teléfonos móviles presentes en zonas definidas, sin necesidad de instalar aplicaciones, estar conectado a datos o suscribirse a ningún servicio. La normativa explica que estos avisos buscan “poner en estado de alerta a la población en virtud de desastres naturales, alertas meteorológicas extremas y/o advertencias de seguridad pública”, de acuerdo con la Resolución ENACOM Nº 960/2025.

El sistema forma parte del Programa Conectividad de Interés Público (CIP) y fue solicitado por el Ministerio de Seguridad Nacional, que demandó una herramienta eficaz para la difusión inmediata y masiva de información ante emergencias.

ENACOM respondió con la elaboración del Proyecto Específico AlertAR, que contempla: Infraestructura activa: servidores, routers, software, sistemas de conmutación. Infraestructura pasiva: torres, antenas, cableado y sistemas eléctricos. Adaptaciones tecnológicas por parte de los prestadores móviles. Un esquema de financiamiento integral desde el FSU que cubre instalación, operación, mantenimiento y soporte durante 36 meses.

El organismo también aprobó los convenios de colaboración necesarios para su ejecución: Acuerdos entre ENACOM y organismos competentes. Convenios con empresas prestadoras de servicios móviles. Un acuerdo específico con el Ministerio de Seguridad Nacional.

Este andamiaje interinstitucional permitirá activar, operar y supervisar el sistema en todo el país, garantizando un funcionamiento uniforme y estándares de calidad.

Implementación, control operativo y protocolos de emisión

La resolución establece que AlertAR debe asegurar su disponibilidad ante cualquier evento crítico. Para ello, se definieron tres etapas operativas: Licitación pública para seleccionar al proveedor responsable de la tecnología. Instalación de equipamiento, integración con redes móviles y adecuación de infraestructura. Período de prueba de 60 días, bajo supervisión técnica y jurídica del ENACOM.

    Una vez activado, el “usuario administrativo” —la autoridad responsable designada por Seguridad— será quien emita, monitoree y defina el contenido de los mensajes conforme a protocolos específicos.

    La normativa también prevé la actualización permanente de los programas asociados y la fijación de mecanismos de control para asegurar el cumplimiento de las metas por parte de todos los actores involucrados.

    Con este diseño, AlertAR apunta a convertirse en un componente estratégico de la gestión de riesgo nacional, centralizando los canales de advertencia y ampliando la capacidad estatal para proteger a los habitantes y sus bienes.

    Impacto institucional y desafíos de implementación

    La puesta en marcha de AlertAR marca un cambio estructural en la política pública de comunicaciones de emergencia. Con financiamiento asegurado, cobertura nacional y tecnología estandarizada, el sistema se alinea con prácticas internacionales utilizadas en países con alta exposición a fenómenos meteorológicos extremos o crisis de seguridad.

    En lo inmediato, el desafío central será la coordinación entre organismos de Seguridad, ENACOM y prestadores móviles. Para garantizar: Emisión oportuna de alertas sin demoras en eventos críticos. Capacitación interjurisdiccional, especialmente en provincias y municipios. Pruebas periódicas para asegurar el funcionamiento durante todo el año. Actualización tecnológica constante, tal como prevé la resolución 1387/2025.

    Para el sector privado —operadores móviles— el proyecto implica adaptar parte de su infraestructura, un proceso que demandará inversiones y coordinación técnica. Para el sector público, supone consolidar un sistema que puede reducir daños, mejorar tiempos de respuesta y fortalecer la gestión de riesgos. En un país con alta recurrencia de eventos climáticos severos.

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    Pérdidas por desastres naturales se disparan en 2023 y ya han costado más de 120,000 millones de dólares a nivel mundial

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    En el primer semestre del 2023, las catástrofes naturales ya han costado más de 120,000 millones de dólares a nivel mundial, de acuerdo con Swiss Re, siendo Latinoamérica y el Caribe una de las regiones más impactadas. Tan solo en lo que llevamos de 2023 se contabilizan siete grandes desastres naturales en la región, entre los que se encuentran los incendios de Chile, las seguías de Uruguay, las inundaciones de Argentina, entre otros. 

    Ante este panorama y en el marco del Día Mundial de la Prevención de Catástrofes Naturales (13 de octubre), vuelve a ser relevante algunas conclusiones del Informe Global de Riesgos 2023, publicado por el World Economic Forum y Marsh Mclennan, donde las empresas latinoamericanas coinciden en que la principal amenaza para sus negocios en los próximos diez años son los fenómenos meteorológicos extremos, siendo crítica la preparación y construcción de resiliencia para una región que, a lo largo de la historia, ha enfrentado una serie de desastres naturales devastadores que han dejado cicatrices profundas y costos económicos considerables. 

    Tan solo hay que ver que, en 2022, las pérdidas materiales a nivel mundial ocasionados por los desastres naturales ascendieron a 270.000 millones de dólares. Una gran parte de esos daños se concentraron en Estados Unidos y Cuba, donde solo el huracán Ian, que afectó a ambos países, causó daños valorados en más de 100.000 millones.

    A esto sumemos que la inflación se ha disparado en los dos últimos años, alcanzando un promedio del 7% en las economías avanzadas y del 9% en las economías emergentes, lo que ha tenido como consecuencia el incremento en  el valor nominal de los edificios, equipos y otros bienes asegurables.

    El costo que estos desastres naturales no es solamente en propiedades sino también en vidas y el total es realmente impactante, más de 10.000 personas en 2021 y pérdidas materiales por $280.000 millones en 2021, de los cuales solo aproximadamente $120.000 (43%) fueron cubiertos por (rea)seguros, de acuerdo a Guy Carpenter, líder global de corretaje de reaseguros y negocio de Marsh McLennan.

    “A pesar del creciente interés en gobiernos de todo el mundo por situar la vulnerabilidad climática en la agenda pública, así como de las evidencias científicas sobre el impacto de la actividad humana en el cambio climático, la realidad es que los riesgos Medioambientales no están siendo identificados ni cuantificados correctamente, por lo que la capacidad de resiliencia y respuesta antes crisis es, en términos generales, sigue siendo aún muy limitada”, comenta Gerardo Herrera Perdomo, líder regional de Consultoría de Riesgos y Riesgos ESG para Marsh  Latinoamérica y El Caribe. “El camino hacia la verdadera sostenibilidad no es posible sin un manejo adecuado de los riesgos “E“, añade. 

    La clave es la colaboración público-privada

    La capacidad de anticipación, prevención, protección y respuesta ante los eventos catastróficos debe ser parte del compromiso con la sostenibilidad global, y un objetivo prioritario para gobiernos y como sector privado. 

    “El pequeño comercio, la gran industria, los gobiernos, las personas… ninguno podemos hacer frente a estas catástrofes solos. Por eso la colaboración es más necesaria que nunca. Estamos convencidos de que una distribución apropiada del riesgo entre asegurados, re/aseguradores y Estados, es la mejor respuesta a estos riesgos”, aclaró Country Head País.

    Marsh McLennan, firma líder global en riesgos, estrategia y personas, lleva 40 años promoviendo esta colaboración público-privada, desarrollando herramientas y soluciones capaces de mitigar y gestionar mejor estos riesgos catastróficos y complejos, que se han mostrado especialmente efectivas para terremotos, inundaciones, huracanes y terrorismo, entre otras. Todas estas soluciones de mitigación facilitan:

    • Acceso a capital y coberturas de seguro para empresas y particulares
    • Acceso de las aseguradoras a nuevos esquemas de reaseguro
    • Retorno de inversión, al aportar mayor confianza al mercado de capitales
    • Implantación de mejores medidas de prevención y de entendimiento/modelación del riesgo 

    Respaldo de parte de las pérdidas (de forma más o menos limitada) por los gobiernos.

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    El Banco Mundial anunció un conjunto integral de herramientas para ayudar a los países tras los desastres naturales

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    El Grupo Banco Mundial dio a conocer un conjunto de medidas nuevas y ampliadas para ayudar a los países a responder con rapidez y eficacia al creciente embate de las crisis.

    En la Cumbre para un Nuevo Pacto Financiero Mundial, Ajay Banga anunció un conjunto ampliado de herramientas para la preparación frente a las crisis, la respuesta y la recuperación posterior, que abarca: 1) suspender el pago de la deuda; 2) reasignar el financiamiento; 3) vincular la preparación frente a las crisis y el financiamiento; 4) respaldar proyectos de desarrollo con apoyo del sector privado, y 5) elaborar mejores seguros contra catástrofes sin elevar el endeudamiento.

    El Grupo Banco Mundial tiene como objetivo crear un mundo sin pobreza en un planeta habitable. Trabajamos para que las personas estén mejor preparadas frente a amenazas de todo tipo, compartiendo nuestros conocimientos especializados, generando resiliencia y desarrollando seguros contra riesgos.

    Entre los elementos que conforman el nuevo conjunto integral de herramientas se incluyen los siguientes:

    1.    Suspender los pagos de la deuda para que los países puedan concentrarse en lo que importa, sin preocuparse por la factura: El Grupo Banco Mundial implementará cláusulas de suspensión temporaria de la deuda tras una crisis climática para que los países puedan abocarse a satisfacer las necesidades urgentes de su población y no a reembolsar los préstamos. Esto permitirá a los países más vulnerables pausar los pagos de la deuda en momentos de crisis o de catástrofes. Comenzaremos a aplicar estas nuevas cláusulas con nuestros clientes más vulnerables, y tenemos la intención de aprender y trabajar con todas las partes interesadas para ampliar esta cobertura.

    2.    Dar a los países mayor flexibilidad para que puedan redirigir rápidamente una parte de sus fondos hacia la respuesta frente a la emergencia, de modo que accedan al efectivo de inmediato: El Grupo Banco Mundial pondrá en marcha una nueva opción de respuesta rápida, con la que se ofrecerá a todos los países clientes la posibilidad de reorientar de inmediato una parte de su cartera de financiamiento para cubrir necesidades urgentes cuando se produzca una crisis; por ejemplo, reasignar fondos no desembolsados de proyectos de infraestructura a largo plazo para responder de inmediato frente a un desastre.

    3.    Ayudar a los Gobiernos a establecer sistemas de emergencia avanzados, de modo que estén listos para responder desde el primer día: A fin de que más países puedan establecer sistemas de emergencia y disponer de financiamiento de desembolso rápido en momentos de crisis, el Grupo Banco Mundial buscará vincular en mayor medida las inversiones en prevención y preparación con el financiamiento de iniciativas de asistencia en caso de catástrofes y de respuesta ante las crisis. También aumentaremos el apoyo analítico y los conocimientos especializados que ponemos a disposición de todos los países para que diseñen una estrategia de financiamiento de las medidas de preparación y respuesta ante las crisis.

    4.    Ofrecer nuevos tipos de seguros que respalden los proyectos de desarrollo y permitan que la labor se reanude rápidamente: El Grupo Banco Mundial introducirá modificaciones en sus herramientas para apoyar más eficazmente a los clientes del sector privado en la preparación y respuesta ante las crisis. Esto permitirá a las empresas sostener sus operaciones y proteger el empleo, generando así resiliencia y sostenibilidad a largo plazo. El Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones se asociará con el sector de los seguros privados a través del Foro para el Desarrollo de los Seguros, una asociación público-privada, con el objetivo de diseñar un producto innovador de seguros paramétricos, mientras que la Corporación Financiera Internacional ha diseñado una solución de respuesta a las crisis impulsada por el sector privado para ayudar a las instituciones financieras a abordar el impacto de los desastres naturales derivados del cambio climático.

    5.    Crear mejores seguros contra catástrofes para proporcionar recursos sin incrementar la deuda: El Grupo Banco Mundial aprovechará sus instrumentos de seguros contra desastres, como los bonos para casos de catástrofe, y ofrecerá a todos los países la opción de incorporar estos seguros en sus productos crediticios. Dado que no todos los países pueden costear estos instrumentos, trabajaremos con los donantes para que los países de ingreso bajo logren acceder a ellos, por ejemplo, mediante fondos que permitan reducir las primas. De este modo, se elaborarán productos de seguro contra catástrofes más adecuados, que podrán brindar recursos a los países afectados por desastres sin incrementar su deuda.

    Como resultado del conjunto de estas medidas, se podría disponer de miles de millones de dólares para responder a las crisis en todos los países. 

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