desempleo
El desempleo se mantuvo estable en el segundo trimestre en Posadas
El Instituto Nacional de Estadística y Censos dio a conocer los datos de la desocupación del segundo trimestre. En Posadas el desempleo se estancó en 5,1 por ciento, en comparación con el mismo período del año pasado, pero creció un punto en relación con el primer trimestre de este año y casi duplica la tasa del cuarto trimestre del año pasado.
Sin embargo, la tasa de empleo cayó de 42,2 a 39,8 por ciento en el segundo trimestre, lo que revela que hay menos gente buscando empleo, quizás por el efecto desaliento ante el incesante cierre de comercios en la capital misionera, azotada por las asimetrías con Encarnación. La tasa de actividad también se redujo de 44,5 a 42 por ciento.
En paralelo, creció el porcentaje de ocupados que demandan un nuevo empleo de 7,8 a 8,2 por ciento.
La falta de empleo se percibe también en que la subocupación se redujo de 8,1 a 7,6 por ciento.
El desempleo se mantuvo estable en el segundo trimestre en Posadas by Juan Carlos Arguello on Scribd
En el país, el Índice de Desocupación se ubicó en el 8,7% al término del segundo trimestre del año, seis décimas por debajo del 9,3% registrado en igual período de 2016, informó hoy el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).
En tanto la tasa de subocupación horaria demandante se ubicó en el 7,4 % entre abril y junio de este año, contra el 7,7 % de igual período del 2016, mientras que la no demandante fue de 3,6 % contra 3,5 % del período anterior.
El Gran Buenos Aires se mantiene como la región con más desempleo a nivel nacional, donde la tasa de desocupación escala al 10%. Y dentro de esa región, el desempleo llega a casi el 11% en los partidos del conurbano bonaerense, mientras en la Ciudad de Buenos Aires es del 7%.
La Pampa posee un desempleo del 8,8% en el segundo trimestre del año, pero cuando se pone la lupa dentro de la región, hay tres focos de preocupación. El desempleo en La Plata llega al 10,2%, en Rosario es del 10,8% y en Mar del Plata escala al 11,9 por ciento. Y en estos aglomerados, el lento despegue de la industria es el análisis general que permite explicar los números.
Mar del Plata es la ciudad del país con el índice más alto de desocupación (11,9%). El resto de las zonas que registran desocupación de dos cifras son los aglomerados urbanos de las grandes ciudades: Gran Buenos Aires (10,9%), Gran Rosario (10,8%) y Gran La Plata (10,2%).
Las comparaciones de estos aglomerados respecto del año pasado son mixtas. Mientras que en Gran La Plata y Mar del Plata se registró un aumento de la cantidad de personas que buscaron empleo y no lo encontraron (en el primer caso pasó de 6,9% a 10,2%; y en las tierras de Arroyo pasó de 11,6% a 11,9%) en el Gran Buenos Aires y en Gran Rosario, los indicadores se modificaron a la baja (de 11,2% a 10,9% en territorio bonaerense, y del 11,7% a 10,8% en las zonas aledañas a Rosario).
En términos generales, ¿por qué creció el empleo pero cae la tasa de empleo, que son los ocupados cada 100 habitantes? El empleo creció 0,5%, pero por debajo del crecimiento demográfico (1%). Es por esa razón que la tasa de empleo cayó levemente del 41,7% al 41,5%.
Jim Yong Kim: “La inteligencia artificial va a eliminar entre 50% y 65% de todos los trabajos existentes”
En una charla en Buenos Aires, el presidente del Banco Mundial aseguró que los cambios tecnológicos también traerán nuevas oportunidades de empleo.
“La inteligencia artificial va a eliminar entre 50% y 65% de todos los trabajos existentes en los países en vías de desarrollo, incluyendo la Argentina”, afirmó el presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, durante su participación en el panel Invirtiendo en los empleos del futuro, realizado en la sede del Ministerio de Ciencia y Tecnología.
A pesar de este diagnóstico, el directivo se mostró esperanzado. “Esta dinámica vibrante va a generar nuevos trabajos porque nuestra tarea no es tratar de preservar los empleos antiguos, sino crear nuevos que van a necesitar nuevas capacidades. Entonces, vivimos un período de grandes preocupaciones, pero también de grandes oportunidades”, sostuvo.
Kim confió en que estas nuevas oportunidades “van a estar disponibles” y aseguró que “la carrera para ser competitivos en el futuro va a estar muy relacionada con la innovación”. Durante su presentación, exhortó también a los gobiernos a promover políticas que impulsen la aparición de nuevos ecosistemas de emprendedores.
“Silicon Valley es un gran ejemplo de la creación de un ecosistema empresarial que ha permitido y permite mayor actividad inversora”, señaló. En este marco, aseguró que la entidad que dirige está ayudando actualmente a “construir un ecosistema de innovación y tecnología para crear empleos en la Argentina”.
Asimismo, Kim pidió que los esfuerzos se vuelquen al desarrollo de una educación de mayor calidad, capaz de fomentar el pensamiento crítico y la solución de problemas. “Los países deben preparar a su población para el futuro del trabajo, aquellos que no estén listos quedarán excluidos.”
El directivo, que durante su alocución conversó con un grupo de emprendedores locales, también se refirió al tema de la diversidad. “Hay que actuar para eliminar el sesgo”, aseguró en relación a los problemas que enfrentan las mujeres en diversos campos de la sociedad y admitió que el Banco Mundial tiene la meta de tener un 50% de cupo femenino.
Fuente LaNación
En el último año y medio se creó un puesto de trabajo en el sector primario, por cada quince destruidos en la industria
La cuestión del empleo es central para el bienestar social, siendo uno de los terrenos donde más disputa política podemos encontrar. El trabajo es un organizador social, que consolida la vida en comunidad, además de ser una actividad determinante para la salud física y psíquica del individuo y su entorno familiar. Que los trabajadores puedan contar con un empleo estable que les permita obtener una remuneración necesaria para afrontar los gastos de la vida cotidiana es una conquista de una lucha histórica.
Si miramos un poco hacia atrás, vemos que Argentina tuvo hacia mediados de la década del ’70, niveles de desocupación menores al 5%, los cuales son virtualmente considerados como de “pleno empleo”. En paralelo, se verificaban promedios salariales más elevados que los que se registraron en las tres décadas posteriores. A partir de la llegada del neoliberalismo, en particular de la década de los ’90, las reformas económicas y laborales impactaron de lleno en el empleo, dando como resultado niveles de desocupación que alcanzaron al veinte por ciento de la población económicamente activa, cifra inédita para el país. El pico de la desocupación se vio a partir de la crisis de diciembre de 2001, cuando el desempleo superó el 25%, en medio de una crisis socioeconómica de magnitud sin precedentes Desde del año 2004, con las transformaciones que se irían produciendo en la economía, el empleo se empezó a recuperar. Si bien hubo períodos en donde la tasa de creación de empleo (público y privado) tuvo buen ritmo de crecimiento, también se vieron otros en donde se produjo un efecto de amesetamiento. La creación de puestos de trabajo vino acompañada de una notable expansión del empleo industrial, que creció a tasas mayores que el promedio. La fábrica pyme tradicional fue la gran protagonista de tracción de actividad económica y empleo en la época, dada su cualidad de ser un sector intensivo en mano de obra. No obstante, a pesar del incremento de la demanda, el mercado mostró un núcleo duro de desocupación que persistió durante toda la década, cuestión que, para encontrar una solución, requiere de políticas transversales.
En la actualidad, el mercado de trabajo está mostrando modificaciones en su composición. La dinámica de la actividad económica impacta en la demanda de trabajo y afecta el nivel de empleo.
En primer lugar, se observa que en el último año y medio ha habido un incremento en la desocupación, si bien no explosivo, pero que afectó a miles de personas. Los cambios más notorios se están registrando en el empleo industrial, por la crisis que está afectando al sector. El alto nivel de importaciones en algunos rubros que generan muchos puestos de trabajo, está ocasionando una significativa pérdida de empleos. El escenario se ve complicado porque las encuestas que realizan las cámaras sectoriales no muestran una buena perspectiva de cara al futuro. Muchos establecimientos han sentido el impacto de la caída en las ventas y el aumento de los costos, pero por el momento han decidido no despedir empleados, tratando de extender al máximo la posibilidad de una recuperación. Sin embargo, muchas fábricas no tienen certezas de hasta cuándo podrán seguir así.
Asimismo, se observa un sensible aumento del empleo en condiciones de monotributo. Este tipo de empleo tiene características particulares, pero en términos generales, se considera una situación de empleabilidad de menor calidad que la del empleo registrado en relación de dependencia. El aumento en el monotributo puede tener origen en que la persona despedida recibe algún tipo de indemnización y decide encarar algún proyecto laboral de cuentapropismo, con todos los cambios que ello conlleva. Por otro lado, esta transformación en la dinámica de empleo también puede estar denotando un cambio en la modalidad contractual de las empresas. Por caso, muchas firmas optan por contratos de servicios tercerizados, a fin de diluir el atamiento formal y maquillar una relación laboral entre las partes. Este esquema de relación laboral encubierta no es nuevo, pero ha mostrado n notorio crecimiento en los últimos meses, a partir de un Ministerio de Trabajo muy alejado de su rol de tutelar los derechos de los trabajadores. No obstante, el origen del crecimiento del monotributo no necesariamente es un buen síntoma en materia de calidad de empleo.
Así las cosas, según algunos datos publicados en las últimas semanas, la economía mostró signos de recuperación en sectores puntuales, como construcción, agropecuario y algunas ramas industriales, muy focalizadas en la cadena de valor automotriz. No obstante, el crecimiento observado no motoriza la suficiente creación de empleo, como para revertir lo sucedido en el último año y medio. Esto ocurre porque el modelo dinamiza sectores primarios de baja elasticidad de empleo, mientras muchas industrias pymes se ven afectadas por las importaciones, como el sector textil, calzado, alimentos, etc.
Las pymes son las principales empleadoras del país, por cada fábrica que cierra se pierden decenas de puestos de trabajo que son muy difíciles de reemplazar en los sectores económicos que están creciendo. Los sectores primarios son altamente intensivos en el uso de tierra y/o capital, por lo que no requieren gran cantidad de mano de obra para su funcionamiento, en comparación con un establecimiento fabril que en pocos metros cuadrados puede emplear a cientos de trabajadores. Por tales motivos, la defensa de un modelo económico que tenga en cuenta la situación de este tipo de actores económicos, muchos de los cuales forman parte de las economías regionales del país, es crucial para lograr un equilibrio en términos sociales. La década de los ‘90 es aleccionadora en ese sentido. La destrucción de miles de fábricas dejó en la calle a un sinnúmero de personas que, en el mejor de los casos, contaba con una indemnización. A partir de eso, proliferaron muchísimas actividades cuentapropistas, pequeños negocios que vendían bienes y servicios, de los cuales solo sobrevivieron unos pocos. Pasado el tiempo, los trabajadores despedidos se encontraban sin empleo y sin dinero, los índices de desocupación crecieron significativamente y la distribución del ingreso sufrió un fuerte retroceso.
El bajo flujo de capitales extranjeros en forma de inversiones reales directas aplicados a actividades productivas generadoras se vincula con el lento proceso de creación de empleos registrados, a tal punto que en muchas ramas de la economía la tendencia pasó a ser de una disminución de los puestos laborales. A partir de las estadísticas del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, se puede analizar la serie de empleo privado registrado, a los fines de analizar cómo se desenvuelve la recuperación de empleo genuino.
En los primeros 18 meses de gestión de la nueva administración, el empleo privado presentó una trayectoria errática, acumulando una pérdida de más de 45 mil puestos de trabajo registrados. Dentro del sector privado, la industria manufacturera vio relegada su planta laboral (también con 18 meses de merma de puestos laborales) en 57.977 trabajadores, es decir un promedio de 3.221 despidos por mes (la masa laboral se redujo un 5% en relación a fines de 2015). Un comportamiento análogo se registra en otros sectores relevantes en la economía como ser la industria de la construcción, que perdió de diciembre de 2015 a mayo de 2017 un total de 11.177 obreros, es decir que se despidieron en promedio 21 trabajadores de la construcción por día (se contrajo un 3% la cantidad de trabajadores totales del sector). Otro sector comprometido fue el de las actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler, que expulsaron un total de 23.060 trabajadores en el periodo analizado, es decir a 43 trabajadores por día (la masa laboral del sector se redujo un 3%). Por su parte, entre los sectores que sumaron (escasamente) trabajadores se encuentran los ligados a las actividades primarias como la agricultura, ganadería, caza y silvicultura con un aumento de 3.740 trabajadores y los relacionados con la intermediación financiera (1.515 trabajadores).
Como se desprende del análisis anterior, la pérdida de puestos de trabajo se dio con mayor intensidad en la industria manufacturera, superando ampliamente al promedio perdido por el sector público a nivel global. En efecto, se ven relegadas en la participación total del empleo agregado las actividades industriales), al mismo tiempo que las actividades primarias crecen (esta relación se expresa en que por cada empleo que se creó en el sector primario, se perdieron 15 en la industria manufacturera). Por otro lado, a nivel agregado existe un crecimiento del empleo público de 54.180 que sirve de fundamento para aplacar la pérdida del sector privado. Si tenemos en cuenta el crecimiento de los trabajadores monotributistas autónomos, independientes y monotributo social, los mismos suman 106.051 “nuevos empleos”. Detrás del número arrojado por el Régimen Simplificado, se esconde la precarización de muchos empleados que antes se encontraban en relación de dependencia, por parte de las patronales, con la modalidad de contratos laborales encubiertos. Los trabajadores contratados bajo éste régimen no pueden considerarse como creación de trabajo genuino y de calidad, ya que no gozan con los mismos derechos que aquellos que se encuentran debidamente registrados bajo la relación de dependencia. Asimismo, se debe tener en cuenta que, dentro de las cifras del régimen simplificado, se encuentran aquellos beneficiarios del monotributo social, dados de alta para ser beneficiarios de la AUH, pero no necesariamente significa la creación de un puesto laboral.
A nivel salarial, los ingresos de los trabajadores se vieron repercutidos por una insuficiente actualización de los mismos por sobre los niveles de inflación. En el sector privado, la remuneración mediana se incrementó de $12.308 en noviembre de 2015 (se toma noviembre debido a que el mes de diciembre se ve influenciado por el aguinaldo) a $18.923 a mayo de 2017, es decir un 53,7%. Si tomamos la inflación acumulada para dicho periodo (se optó por el IPC CABA), nos da 63,1%, es decir que los trabajadores del sector privado perdieron en promedio entre un 9% y 10% de salario en términos reales.
Comparando la evolución de los salarios con la inflación desde noviembre al primer trimestre completo de 2017, se puede desagregar el salario por rama de la actividad. Para este periodo, la inflación acumulada fue del 57%, mientras que los salarios en el sector privado en general se actualizaron un 44%, es decir el crecimiento de la inflación fue 9% mayor que el crecimiento de los salarios promedios del sector privado. Entre los sectores que menores actualizaciones de sueldos y por lo tanto mayor pérdida sufrieron frente a la inflación se encuentran la agricultura, caza, ganadería y silvicultura (12,1% de pérdida real), construcción (7,5%), comercio (6,1%), hoteles y restaurantes (12,1%), enseñanza (7,5%) y los servicios sociales y de salud (9%). El sector público tuvo un incremento salarial del 47% desde noviembre 2015 a marzo 2017, arrojando una pérdida contra la inflación del 6,8%.
Al indagar en la evolución del empleo privado registrado por Provincia, se cae en cuenta que, entre la totalidad de las 23 provincias y la Capital Federal, solo cuatro de ellas sumaron más trabajadores registrados en el sector privado entre diciembre de 2015 y 2016. La de deterioro más significativo fue Tierra del Fuego con el 9,65%, motorizado por la disminución de trabajadores del sector de la construcción (38% de disminución), los servicios inmobiliarios, empresariales y de alquiler (17%), hotelería y restaurantes (9%) y la explotación de minas y canteras (8%). En segundo lugar, se encuentra la provincia de San Luis con el 7,4%, con pérdidas importantes en los mismos sectores que Tierra del Fuego (a excepción de la explotación de minas y canteras), adicionando los servicios de actividad financiera (11%).
Formosa es la provincia que ocupa el tercer lugar con el 7,2%, debido a la disminución de empleos en sectores como la construcción (23%), hotelería (10%) y servicios inmobiliarios y empresariales (18%). A la lista le siguen Misiones (4,3%), Catamarca (4,27%), Santiago del Estero (3,64%), Chubut (3,58%), Río Negro (3,42%), San Juan (3,05%), entre otras. Si analizamos la Provincia de Buenos Aires dividida en los Partidos de GBA y en Resto de la Provincia de Bs As, obtenemos que en la primera (donde se ubica la mayor parte de la industria manufacturera) la caída fue del 1,37%, mientras que en la segunda del 0,26%. Las provincias que aumentaron sus trabajadores registrados del sector privado fueron Tucumán (2,67%), La Pampa (1,9%), Jujuy (1,46%) y Entre Ríos (0,38%). El siguiente mapa ilustra de manera sintética los números plasmados sobre la afectación al empleo privado registrado por provincia.
Pobres hubo siempre (Carlos Menem ex presidente de la Nación)
Escriben Guillermo Knass, y Martín Leiva Varela ECONEA, especial para Economis. …Y los sigue habiendo, según el último informe publicado por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos de la Argentina, más del 30 por ciento de la población (8.277.085 personas). Argentina se considera pobre, o sea que su ingreso promedio no llega a cubrir la canasta básica total. Ahora el dato significativo del informe es la situación de indigencia, donde siempre según el Indec, el 6,1 por ciento de los argentinos (1.657.221 personas) es considerado indigente o sea que no cubre sus necesidades alimentarias mínimas en el país donde se produce alimento para más 400 millones de personas.
La medición de ambos conceptos no es la ideal dado que se realiza por el método indirecto: o sea se determina el costo de una canasta básica total para la pobreza y una canasta básica alimentaria para la indigencia y se compara este valor con los ingresos de las familias tipo dividido el total de sus integrantes; si el ingreso promedio es menor que la canasta básica total las personas se consideran pobres, y dentro de este grupo si es menor que la canasta básica alimentaria se consideran indigentes.
Valores a junio de 2017
Línea de pobreza para una familia tipo (dos adultos y dos hijos menores) $ 14.811,08.
Línea de indigencia para una familia tipo (dos adultos y dos hijos menores) $ 6.045,34.
Si la familia tiene más miembros los ingresos deben aumentar en proporción a los integrantes.
Como dijimos, en el título “pobres hubo siempre” y en todos lados. De hecho, si colocamos a la población de acuerdo al grado de desarrollo nos encontramos con que el 80 por ciento de la población mundial vive en el subdesarrollo, con lo cual vivir en una economía desarrollada podría decirse que es la excepción a la regla.
La pobreza es la característica del subdesarrollo, y una pobreza estructural que no depende solo del ingreso de los habitantes sino de las condiciones generales de vida, como acceso a la educación, salud, servicios, etc.
De lo general a lo particular:
Para ubicar la magnitud de la pobreza argentina es útil compararla en principio a nivel mundial:
Según datos del Banco Mundial, que es el organismo multilateral encargado de medir y combatir la pobreza la situación es la siguiente:
Según las estimaciones del banco mundial el 9,6% de la población mundial vive en la pobreza, esta medida no es comparable linealmente con la medición que se realiza en la Argentina, pero podríamos decir que para el Banco Mundial es pobre la familia tipo (dos adultos dos mayores para comparar con los datos del Indec) que vive con menos de $ 4245 por mes.
O sea que para el Banco mundial el concepto de pobreza se asemeja más a nuestra línea de indigencia.
Lo que vemos en el cuadro, es que la tendencia es sumamente esperanzadora, la pobreza en el mundo hoy es poco más de un tercio de lo que era en 1990 y la tendencia es que siga disminuyendo.
Ahora veamos en nuestra región:
Estos 29,7 millones de personas equivalen al 5,6% de la población, si bien la indigencia en la Argentina da una tasa un poco mayor, recordemos que la medida es más exigente con lo cual podemos decir que nuestro país se encuentra en la media de la región.
La perspectiva regional también es alentadora ya que si bien en términos porcentuales la pobreza en la región no descendió tan rápido como la media mundial hoy tenemos menos de la mitad de pobres que en 1990.
¿Entonces estamos bien?
Aquí viene el dato no tan alentador para la Argentina:
De 33 países Argentina tiene el 6° lugar en PBI per cápita de la región, incluso salvo por Chile, los que superan a la Argentina son pequeños estados del Caribe con poca población gran actividad turística y financiera como Bahamas, Trinidad y Tobago, etc. Esto quiere decir que tenemos el ingreso de los más altos en la región pero la pobreza de la media de la región, esto solo puede deberse a una mayor desigualdad y malas políticas redistributivas, con mayores ingresos que la media deberíamos tener menos pobreza que la media.
El otro dato es la tendencia
Como vemos en el gráfico el descenso de la pobreza se estancó en el último tiempo a contramano de lo que viene ocurriendo en la región y el mundo, si a esto le sumamos falta de crecimiento, inflación y devaluación brusca de la moneda, puede incluso elevarse por la suba de precios que no sean acompañados por incrementos de ingresos de las personas en dólares.
Conclusión
La pobreza es un flagelo que no se soluciona únicamente con recursos, depende de generar una sociedad más equitativa que entre otras cosas garantice la movilidad social y las oportunidades de desarrollo de sus miembros. Lo que si es incuestionable es que, comparando con países de la región, con los ingresos que tenemos no deberíamos tener los índices de pobreza e indigencia que tenemos, siempre hubo pero cada vez hay menos, no seamos la excepción a la regla. El tema es sumamente amplio y no debería ser indiferente a nadie, recomendamos la lectura de los documentos del Observatorio de la Deuda social de la UCA para más información sobre la situación en nuestro país.




