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Senado: se formalizó la sesión para el viernes para tratar el Presupuesto e Inocencia Fiscal

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El Senado formalizó la sesión para el viernes al mediodía donde la Libertad Avanza buscará convertir en ley los proyectos de Inocencia Fiscal y de Presupuesto 2026, que fueron aprobados por diputados en la madrugada del jueves pasado.

La presidenta del Senado, Victoria Villarruel, motorizó la citación tras la emisión de los despachos en base al acuerdo alcanzado en la reunión de Labor Parlamentaria del 16 de diciembre.

De acuerdo al cronograma de citación, primero se debatirá el Presupuesto 2026 y posteriormente el proyecto sobre Inocencia Fiscal, que permite a los ahorristas poder incorporar al mercado los dólares comprados en el sistema informal.

Dictamen de comisión

El oficialismo decidió impulsar el dictamen de comisión sobre el presupuesto con los cambios introducidos por la Cámara de Diputados, donde se rechazó el capítulo XI que contemplaba en su artículo 75 la derogación de las leyes de discapacidad y Universidades.

Si bien el Gobierno había planteado el viernes pasado que quería volver a incluir ese capítulo, el rechazo de los radicales y provinciales fueron determinantes para que LLA propicie un despacho sin realizar ninguna reforma respecto del texto votado en diputados.

Incluso este domingo hubo un ultimo intento por seducir a los senadores aliados y lograr así introducir el Capítulo XI al Presupuesto 2026, pero también fracasó, con lo cual el Gobierno podrá tener la ley pero sin la inclusión de la derogación de las leyes de Discapacidad, Universidades, la restricción de la ley de Zona Fría y las deudas entre Cammesa y las distribuidoras eléctricas, además de la coparticipación federal para la ciudad de Buenos Aires.

Presupuesto construido sobre la base del déficit cero

La última negociación que fracasó se realizó este domingo en una reunión virtual que encabezó la jefa de la bancada de LLA, Patricia Bullrich, según Agencia Noticias Argentinas con fuentes parlamentarias. 

Por ese motivo, el presidente Javier Milei destacó en la noche del domingo que “logramos que se vote por capítulos y logramos media sanción, que me parece muy importante. Ese Presupuesto está construido sobre la base del déficit cero”, afirmó.

Dijo que, al no aprobarse la derogación de las leyes sobre discapacidad y Universidades, “lo que sí vamos a hacer es acomodar las partidas: lo vamos a corregir por la vía de la reasignación de gastos en el resto del presupuesto o de la reformulación de los recursos en las propias áreas”, en un reportaje con la señal La Nación+.

La decisión de mantener el texto votado en diputados le permitirá contar con el radicalismo que puede aportar una decena de votos, el PRO, los dos misioneros del Frente de la Concordia y las senadoras de Tucumán, de Salta y Neuquén.

Negociaciones de última hora

De esta manera, el oficialismo tendrá 21 votos propios, 10 de la UCR, dos del PRO y cinco provinciales a los cuales puede sumarse el correntino Carlos “Camau” Espínola, de Provincias Unidas, señalaron voceros parlamentarios.  

En tanto, el peronismo buscará plasmar reformas para anular el artículo 30, que establece la derogación de los artículos que establecen una inversión del 6% del PBI para el sistema educativo, del 1% del PBI para el sistema Nacional de Ciencia y del 0,2% de los gastos del Sector Público para los colegios técnicos.

Si bien votará en contra del Presupuesto, el interbloque peronista buscará incluir algunas reformas que fueron solicitados por sectores educativos para eliminar la anulación del financiamiento educativo, confiaron fuentes legislativas a la Agencia Noticias Argentinas.

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Por “una Navidad con Ciencia”: manifestación en el Polo Científico contra el ajuste

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Bajo la consigna de defender la soberanía tecnológica, la Red de Autoridades de Institutos de Ciencia y Tecnología inició este lunes por la tarde una movilización frente al Polo Científico Tecnológico en Palermo. 

La protesta, marcada por una fuerte carga simbólica, denuncia el ajuste presupuestario y la reciente baja de programas de financiamiento clave por parte del Gobierno de Javier Milei.

La concentración se desarrolla en Godoy Cruz 2320, donde investigadores, becarios y autoridades de organismos científicos se dieron cita con una propuesta particular: llevar cajas de regalo para armar un “árbol de proyectos y deseos”, visibilizando las investigaciones que hoy corren riesgo de quedar en la nada.

La movilización es la respuesta directa a un deterioro que el sector denuncia como crítico tras dos años de recortes sostenidos. 

En este marco, Anabella Srebrow, investigadora del CONICET especializada en Biología Molecular, describió la situación como un ataque multidimensional: reducción de puestos de trabajo y programas de becas para la formación de jóvenes profesionales; interrupción de fondos destinados a equipamiento, insumos básicos y mantenimiento de laboratorios; y el fin del “combustible” científico.

Pese al escenario de ajuste, la Red de Autoridades insiste en que la movilización busca “construir futuro” y resistir lo que consideran una destrucción impuesta del sistema de Ciencia y Técnica. 

En estos momentos, el Polo Científico se encuentra rodeado de manifestantes que, a través de sus “regalos” simbólicos, intentan explicarle a la sociedad que sin ciencia no hay desarrollo posible para la Argentina de 2026.

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Presupuesto 2026: el IDAA advierte que la meta de retenciones sería casi imposible de cumplir

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Mientras el Presupuesto 2026 transita su etapa final de debate en el Congreso Nacional, un análisis privado encendió señales de alerta sobre la factibilidad de cumplir las metas fiscales proyectadas, en particular la vinculada a la recaudación por derechos de exportación (DEx). Desde el Instituto para el Desarrollo Agroindustrial Argentino (IDAA) advirtieron que el cálculo oficial “no cierra” y que, bajo las condiciones actuales, el objetivo planteado resultaría prácticamente inalcanzable.

El foco del cuestionamiento está puesto en la proyección elaborada por el Ministerio de Economía, que estima que la recaudación por retenciones alcanzará los $9,97 billones en 2026, un crecimiento interanual del 22,8% respecto del monto previsto para 2025, calculado en $8,12 billones. El dato adquiere relevancia central si se considera que el sector agroindustrial aporta cerca del 80% de esos ingresos, lo que convierte a la política aplicada sobre el comercio exterior en un factor determinante para el equilibrio fiscal proyectado.

Un punto de partida cuestionado y una brecha fiscal creciente

El análisis del IDAA, elaborado por el ingeniero agrónomo Javier Patiño, sostuvo que el problema central radica en el punto de partida utilizado para la proyección, al considerar que la meta de recaudación de 2025 no se alcanzaría como consecuencia de la eliminación temporal de las retenciones y de la reciente reducción de las alícuotas de los DEx.

Según detalló el informe, entre enero y noviembre la recaudación por derechos de exportación alcanzó los $6,87 billones, mostrando una tendencia declinante luego del último esquema de Dólar Soja de septiembre. En ese período, se registraron 19 millones de toneladas de granos y subproductos con retenciones cero, lo que impactó de manera directa en los ingresos fiscales.

Bajo ese escenario, Patiño estimó que la recaudación final de 2025 cerraría en torno a los $7,17 billones, muy por debajo de los $8,12 billones tomados como base por el Gobierno. En consecuencia, alcanzar los $9,97 billones en 2026 implicaría un incremento cercano al 39% interanual, una cifra sensiblemente superior a la proyectada oficialmente.

Retenciones cero, baja de alícuotas y el impacto en el complejo soja

El informe también subrayó un aspecto clave del proceso legislativo: el Presupuesto fue girado al Congreso el 15 de septiembre, es decir, antes de la implementación de las retenciones cero y de la posterior reducción de las alícuotas. Esa rebaja alcanzó los dos puntos porcentuales para la soja y sus subproductos, así como para trigo, cebada y sorgo, y un punto para el maíz y el complejo girasol.

En este contexto, Patiño advirtió que “alcanzar la meta se torna más difícil o casi imposible”, especialmente en el caso del complejo soja, que constituye el principal aportante a la recaudación por retenciones debido a su elevada carga tributaria histórica.

Como ejemplo concreto, señaló que durante los dos días de vigencia de las retenciones cero se registraron exportaciones para embarcar en 2026 que implicaron US$340 millones menos para el fisco, equivalentes a $462.000 millones al tipo de cambio vigente en ese momento. Ese monto, remarcó, debería descontarse directamente de la recaudación proyectada para el próximo ejercicio.

A ello se suma el efecto estructural de la baja de alícuotas. Partiendo de una proyección de cosecha de soja de 48,5 millones de toneladas, estimada por el USDA, y descontando el consumo interno y las exportaciones ya registradas, quedarían 37,7 millones de toneladas disponibles para exportar como poroto o como subproductos industriales.

En términos fiscales, Patiño calculó que los dos puntos menos de DEx representan, a grandes rasgos, US$310 millones menos de recaudación, equivalentes a $446.000 millones. De este modo, advirtió que solo considerando la soja anotada durante las retenciones cero más la baja de alícuotas, el Estado estaría resignando cerca de un billón de pesos, sin computar lo dejado de percibir por el resto de los complejos exportadores.

Escenarios posibles y tensiones en el debate presupuestario

Frente a este panorama, desde el IDAA plantearon que las alternativas para compensar la pérdida de ingresos son limitadas. Según el análisis, solo dos escenarios podrían revertir parcialmente el desfasaje: una suba significativa de los precios internacionales de los commodities, considerada “muy improbable”, o una fuerte devaluación que mejore los números fiscales medidos en moneda local.

La advertencia introduce un elemento de tensión técnica y política en el tratamiento del Presupuesto 2026, al poner en discusión la consistencia de las proyecciones fiscales en un contexto de cambios en la política tributaria sobre el agro. Para el sector agroindustrial, principal aportante de los DEx, el debate también reabre interrogantes sobre la sustentabilidad de los ingresos del Estado y el impacto de las decisiones fiscales en la competitividad exportadora.

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Sendhil Mullainathan: El economista de IA

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Escribe Bob Simison / F&D FMI – La IA es demasiado importante para dejarla a los científicos informáticos. Así lo dice el economista conductual del MIT Sendhil Mullainathan, que lleva más de una década aplicando la inteligencia artificial a la investigación económica. Los algoritmos, dice, tienen el potencial de mejorar drásticamente la toma de decisiones humanas en aspectos importantes, desde buscar empleo hasta fijar fianzas en un tribunal o entender las señales de una prueba cardíaca.

“La economía está especialmente adaptada a este momento”, dijo en una entrevista. “Simplemente no es posible construir un algoritmo sin enfrentarse a la necesidad de tomar la extrañeza cursi y cualitativa de la vida y compararla con el formalismo rígido que se necesita.”

Mullainathan, nacido en la India, de 52 años, está “uniendo la economía entre lo que hicimos en el siglo pasado y lo que haremos en el próximo siglo”, dijo el economista David Laibson, uno de los profesores de Mullainathan en los años 90 en Harvard.

Mullainathan ha liderado investigaciones sobre la psicología de la memoria, la toma de decisiones por parte de los jueces y la economía de la escasez. Los juristas en la ciudad de Nueva York utilizan algoritmos basados en sus hallazgos para fijar fianzas. En 2002, con 29 años, ganó una subvención de 500.000 dólares de la Fundación MacArthur, en cuyo consejo formó parte durante 12 años hasta junio pasado.

“Su trabajo es tan citado como el de cualquiera” en un punto profesional comparable, dijo el economista de Harvard Lawrence Katz, presidente de la American Economic Association. “No se me ocurre nada más estimulante intelectualmente que una breve conversación con Sendhil sobre lo que sea que tenga en mente.”

Que podría ser casi cualquier cosa. Amigos y colegas citan su extensa investigación sobre helados y cafés. En una ocasión llevó a colegas en un recorrido de dos horas por las principales heladerías de bocadillos de Chicago. Mullainathan también ha realizado su propia investigación sobre nutrición y ejercicio.

“Sendhil se sumerge en todo tan a fondo”, dijo Bec Weeks, una científica del comportamiento australiana de la Universidad de Chicago que ha sido su colega de investigación y, más recientemente, su compañera de vida. “Siempre tiene un millón de buenas ideas. Entender cómo se comportan los humanos es el enigma central en torno al que gira su mente.”

Llegando a América

Eso surge de sus experiencias vitales. El camino de Mullainathan hacia la cima de su profesión comenzó en un pueblo con poca electricidad en el estado indio de Tamil Nadu, al sur de Chennai. Su familia poseía tierras, lo que la convertía en una de las familias más acomodadas de un pueblo pobre. Su padre, Mark, logró terminar la universidad y acceder a un programa de doctorado en ingeniería aeronáutica en Caltech. Se fue cuando Sendhil tenía 3 años. No había teléfonos en el pueblo, así que el padre de Sendhil enviaba grabaciones de audio con actualizaciones sobre lo que hacía.

Cuatro años después, el mayor de los Mullainathan obtuvo visados para traer a Sendhil y a su madre, Sheila, a Los Ángeles. Ese fue el final de los estudios doctorales de Mark, ya que empezó a trabajar para mantener a la familia como ingeniero aeroespacial en empresas del sur de California, incluyendo McDonnell Douglas y Boeing.

Cuando Sendhil tenía 10 años, el presidente Ronald Reagan emitió una orden exigiendo una autorización de seguridad para ese tipo de trabajo, despidiendo a Mark porque aún no era ciudadano estadounidense. Aunque Mark y Sheila construyeron una carrera como emprendedores en serie, poseyendo y gestionando videoclubes y vendiendo ordenadores, fue traumático para el joven Sendhil.

“Aprendí que el mundo no tiene fondo, y recuerdo ese momento tan distinto”, dijo Mullainathan. “Me obsesioné con lo del desempleo.” De alguna manera, eso le llevó a su carrera académica. “Recuerdo haber oído en el instituto que en el instituto lo académico se llama plaza fija”, dijo. “No puedes perder tu trabajo. Yo pensé: Ese es el trabajo que quiero.”

“No me fue muy bien en el instituto”, dijo Mullainathan, porque “mi mente no es muy buena con cosas como sustantivos y memorización.” Las matemáticas, en cambio, estaban “todas conectadas; es razonamiento.”

Tras realizar la prueba de preparación universitaria del PSAT, Mullainathan recibió un folleto de la Clarkson School en Potsdam, Nueva York, uno de los programas de early college más antiguos de Estados Unidos. Pudo terminar el instituto allí mientras cursaba cursos universitarios avanzados de matemáticas. Solicitó la solicitud, entró y contó a sus padres sobre su plan. Aunque se sorprendieron, estuvieron de acuerdo “porque una cosa que siempre hacían era priorizar cualquier gasto educativo”, dijo. Así que, con 16 años, se fue a 3.000 millas de distancia, a un lugar donde las temperaturas suelen bajar muy por debajo de cero.

Más tarde, trasladándose a Cornell, Mullainathan continuó centrándose en matemáticas pero añadió carreras en informática y economía. “Lo que hacía que la economía fuera diferente de las matemáticas y fantástica era que era un intento de intentar comprender las complejidades del mundo”, dijo. Le fascinaba intentar explicar anomalías económicas, como por qué los promotores de Los Ángeles vendían casas por sorteo en lugar de simplemente subir los precios.

Economía conductual

Para la escuela de posgrado, Mullainathan entró en el programa de doctorado en informática del MIT, pero aplazaron el inicio un año. Quería probar el programa de doctorado en economía de Harvard. Se mantuvo firme durante los siguientes cinco años y completó su doctorado en 1998.

En un campo donde el referente de la influencia de una publicación son 1.000 citas de otros académicos, el perfil de Google Scholar de Mullainathan lista más de una docena de obras con varias veces más. Su obra ha sido citada casi 100.000 veces, o casi tan a menudo como la de la laureada con el Nobel Esther Duflo. Mullainathan ha ocupado cargos académicos en Harvard, la Universidad de Chicago y el MIT.

La economía conductual puede parecer un enfoque anómalo para alguien obsesionado con las matemáticas y la informática. Pero durante sus estudios doctorales, dijo Mullainathan, llegó a la conclusión de que, como economista, debía desarrollar una comprensión de la psicología humana.

“¿Cómo se supone que vamos a tomar todas las rarezas, las rarezas, las debilidades, la riqueza y la inescrutabilidad de los seres humanos y, en última instancia, plasmarlas en nuestra comprensión de la economía?” preguntó. “Tenemos que reconocer que los seres humanos somos increíblemente complicados de formas incomprensibles.”

Mullainathan ha dedicado su carrera a profundizar en las complejidades del comportamiento humano, a veces con resultados inesperados. Durante mucho tiempo se aceptó que las empresas diseñaban paquetes salariales para recompensar a los CEOs por aumentar el valor de una empresa. Pero en 2001 Mullainathan y su frecuente colaboradora Marianne Bertrand, de la Universidad de Chicago, demostraron que “el salario de los CEOs responde significativamente a la suerte”, como los movimientos en los precios del petróleo.

Bertrand y Mullainathan enviaron posteriormente currículums ficticios en respuesta a anuncios de empleo en Chicago y Boston, asignando al azar nombres que creían que sonaban blancos o negros. Descubrieron que quienes tenían nombres que suenan a blanco recibían un 50 % más de llamadas de vuelta, según informaron en un artículo de 2004, “¿Son Emily y Greg más empleables que Lakisha y Jamal?”

Mullainathan y el psicólogo de Princeton Eldar Shafir pasaron casi una década realizando experimentos sobre la psicología y la economía de la escasez, ya sea de tiempo, dinero, alimentos u otros recursos. Esto dio lugar a su influyente libro de 2013 Escasez: La nueva ciencia de tener menos y cómo define nuestras vidas.

Hasta hoy, los autores dan charlas sobre el libro, dijo Shafir. Los investigadores descubrieron que la escasez afecta de forma drástica al funcionamiento del cerebro, haciendo que la gente se obsesione con lo que escase. Esto absorbe ancho de banda cognitivo, de modo que la mente no funciona a plena capacidad, y las personas quedan atrapadas en un ciclo de escasez, descubrieron los autores.

La finalización del libro hace 13 años despejó las cubiertas para que Mullainathan eligiera su próximo enfoque de investigación.

Enfoque en la IA

“Me desperté un martes por la mañana sin nada que hacer”, dijo. Su respuesta fue buscar una línea de investigación que estuviera muy alejada de los caminos habituales.

“Intento elegir cosas que estén muy, muy lejos de donde está la gente”, dijo. “Tengo un principio: si estás cerca de donde están las personas, no es tan eficiente, porque hay mucha gente inteligente en esta profesión.”

Ese enfoque hace que Mullainathan sea único, dijo el economista de Stanford Jann Spiess, colaborador de investigación y exalumno. “Cada pocos años, da un paso atrás y reevalúa lo que está haciendo”, dijo Spiess. Es parte de lo que hace de Mullainathan “una de las personas más inteligentes e innovadoras de la economía.”

En 2012, había poca expectación por la IA fuera de la informática, dijo Mullainathan. “No estaba en la lista de nadie”, dijo. “Quería trabajar en algo que pudiera doblar la curva de forma significativa.”

Mullainathan comenzó a aplicar el aprendizaje automático—un tipo de IA que despliega algoritmos diseñados para aprender a partir de datos—para estudiar la toma de decisiones humana. En 2017, él y cuatro colegas publicaron un artículo que examinaba si el aprendizaje automático podría mejorar las decisiones de fianza o cárcel por parte de los jueces. Utilizaron un algoritmo para analizar el riesgo de que los acusados huyeran o cometieran otro delito, aplicándolo a una base de datos con más de 700.000 personas detenidas entre 2008 y 2013 en la ciudad de Nueva York.

Descubrieron que los jueces tomaban rutinariamente la decisión equivocada, a menudo liberando a los acusados bajo fianza que el algoritmo incluía en la categoría de alto riesgo. “Los jueces están sujetos a la falacia del jugador”, dijo Jens Ludwig, de la Universidad de Chicago, uno de los investigadores. Es decir, como un jugador de ruleta que predice tras cuatro rojos que el siguiente resultado será negro, los juristas que ven a cuatro acusados de alto riesgo seguidos tienden a liberar al quinto bajo fianza, independientemente del perfil de riesgo objetivo.

Los investigadores estimaron que el uso de un algoritmo de evaluación de riesgos podría ayudar a reducir la delincuencia en un 25 por ciento, sin cambios en el número de personas detenidas, o disminuir la población carcelaria en un 42 por ciento sin aumentar la delincuencia. Los investigadores desarrollaron una herramienta de IA que los jueces de la ciudad de Nueva York utilizan hoy para facilitar su toma de decisiones, explicó Ludwig.

“Esto es una revolución en economía conductual”, dijo Ludwig. “Sendhil tiene el potencial de transformar nuestra comprensión de la toma de decisiones humana y crear herramientas para mejorarla. Es ese tipo de visionario.”

En un artículo de 2024, Ludwig y Mullainathan utilizan IA para demostrar que las fotos policiales de los acusados pueden predecir con fiabilidad las sentencias de los jueces sobre cárcel o fianza. Basándose en datos de Carolina del Norte, los investigadores descubrieron que las personas que parecen bien arregladas en sus fotos de arresto o que tienen rostros más anchos o redondeados tienen más probabilidades de ser liberadas bajo fianza que de ser retenidas hasta su juicio.

Aunque el hallazgo pueda parecer intuitivo, fue “una conexión que nadie notó”, incluidos los defensores públicos y los propios jueces, dijo Mullainathan.

Los algoritmos a veces detectan “conexiones poco plausibles” que la gente no detecta, dijo Mullainathan. “Es una escala a la que la mente humana no puede operar, y una tediosidad que la mente humana no puede manejar”, dijo.

Citó un experimento que utilizaba IA para comparar electrocardiogramas de personas que murieron por paro cardíaco súbito con ECGs similares a los de personas que no lo hicieron. El algoritmo detectó diferencias mínimas en las pruebas que los médicos no detectaron. Esto podría ayudar a identificar a las personas con más probabilidades de morir por paro cardíaco súbito que podrían ser candidatas a un marcapasos, dijo Mullainathan.

Bicicletas para la mente

Tras seis años en la Universidad de Chicago, Mullainathan regresó al MIT en 2024 como profesora en los departamentos de economía, ingeniería eléctrica e informática. Lidera una iniciativa llamada “The Bike Shop @ MIT”, utilizando algoritmos para construir “bicicletas para la mente”.

La imagen proviene de un gráfico publicado en el número de marzo de 1973 de Scientific American comparando la eficiencia de los animales en movimiento. “Hombre en bicicleta” fue, con diferencia, el más eficiente. El hallazgo, escribe Mullainathan, ofrecía “una visión de lo que deberían ser los ordenadores: bicicletas para la mente.”

Mullainathan y sus colegas están llevando a cabo un experimento con estudiantes de matemáticas en la India. “Enseñar es un gran salto de lectura”, dijo Ashesh Rambachan del MIT y colaborador en el proyecto. “Los profesores no entienden lo que los alumnos no entienden. Un algoritmo podría ayudarles con eso.”

Rambachan, Mullainathan y colaboradores de investigación en India están recopilando miles de ejemplos de trabajos de estudiantes sobre deberes de matemáticas. Planean usar IA para identificar en qué fallan los estudiantes, de modo que puedan crear un algoritmo que mapee la “cartografía de la confusión”. El objetivo es ayudar a los profesores a que los estudiantes encuentren su camino, dijo Mullainathan. Podría “cambiar la forma en que pensamos sobre la mente estudiantil.”

“La economía”, dijo Mullainathan, “necesita enfrentarse a la naturaleza fragmentada de nuestros modelos de economía y de por qué la gente se comporta y toma las decisiones que toma. Los algoritmos son la nueva planta de fábrica de la ciencia. Tienen la capacidad de ayudarnos a unir los modelos. Creo que nos ayudarán a transformar las cuestiones filosóficas en ciencia definitiva en los próximos 20 años.”

BOB SIMISON es un escritor freelance que anteriormente trabajó en el Wall Street Journal, el Detroit News y Bloomberg News.

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El precio oculto de los datos

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Escribe Laura Veldkamp / F&D FMI – Los datos son el combustible para los algoritmos de inteligencia artificial que han llevado los mercados bursátiles a máximos históricos gracias a la promesa de transformar economías. Pero, ¿cómo determinamos el valor de los datos? Los datos no se extraen de la tierra, ni se forjan en fábricas. Se acumula sin ser visto como un subproducto de la vida moderna: cada búsqueda, clic o paseo matutino con el móvil en el bolsillo deja un residuo de información que alguien, en algún lugar, puede usar.

Cuando un bien no tiene un precio observable—como un servicio público, por ejemplo—normalmente lo valoramos al coste. Pero los datos no tienen un coste explícito. Cuando un minorista registra ventas o una aplicación de mapas anota tu ubicación, eso es producción de datos. Por supuesto, las empresas gastan mucho en procesar, analizar y transformar datos. Contratan ejércitos de científicos de datos e invierten en infraestructura informática para extraer patrones del ruido. Pero los datos en bruto subyacentes son como los gases de escape de nuestro motor económico. ¿Cómo valoramos algo que simplemente aparece?

La verdad es que los datos no son gratuitos. Todos somos productores de datos remunerados. Una vez que comprendemos que los datos se producen a través de transacciones, surge una lógica económica más profunda. Si una empresa que maximiza el beneficio valora los datos que recibe de los clientes, tiene un incentivo para fomentar más transacciones, porque más transacciones significan más datos. Los clientes compran más cuando pagan menos. Las empresas que no ofrezcan descuentos verán cómo los clientes recurren a competidores que sí lo hacen. Por tanto, las empresas que maximizan el beneficio deben descontar sus bienes y servicios, no por equidad, sino para generar más ventas y más datos.

La mayor parte de la economía actual opera bajo este pacto oculto. Cada compra digital, cada descarga de una aplicación, cada clic es una transacción dual: los consumidores compran un bien o servicio y, al mismo tiempo, venden sus datos. El precio observable —la cantidad de dinero que cambia de manos— es realmente el precio neto de estos dos intercambios. Las empresas obtienen ingresos y datos; Los consumidores obtienen productos y comodidad.

Agrupación de precios

Aquí está el problema: como clientes, no sabemos qué precio ni qué descuento recibimos por los datos. Esto hace imposible saber si recibimos suficiente. Normalmente, los consumidores no tienen la opción de comprar un bien sin vender sus datos. Exigir dos transacciones al mismo tiempo—en este caso, una venta de datos y una compra de producto—es lo que los economistas llaman agrupamiento. Al ocultar el precio de los datos, el empaquetado garantiza que los clientes reciban menos.

Imagina llegar a un país extranjero con una moneda diferente. Al llegar, pagas el equivalente a 18 dólares por un almuerzo que debería costar 3 dólares. Tras unos días, aprendes cuándo regatear, cuándo marcharte y qué precio es justo. En la economía digital, somos perpetuamente ese turista de primer día. Vendemos nuestros datos cada vez que navegamos o compramos. Pero como la transacción está agrupada, nunca vemos el precio. No podemos aprender de la experiencia.

Las regulaciones que obliguen a las empresas a desagregar las transacciones —a publicar tanto el precio con derecho a usar los datos de la transacción como el precio de una transacción privada— arrojarían luz sobre el mercado de datos. Los consumidores podían aprovechar el descuento de datos. Algunos pueden decidir que merece la pena; otros pueden retener sus datos a menos que el descuento sea sustancial. Con el tiempo, los consumidores evolucionarían de turistas ingenuos a proveedores astutos de datos, exigiendo su parte de las ganancias de la economía de datos.

El reto para economistas y responsables políticos es convertir los datos—un activo ambiental e invisible—en algo que podamos contar, contener y valorar. Los economistas han comenzado a construir un kit de herramientas para la medición de datos. Cada enfoque ofrece una visión diferente del “valor” y será factible en distintas situaciones.

Cinco enfoques

Primero, la aproximación de precios de mercado. Algunos datos se negocian en mercados abiertos, en plataformas como Snowflake o Datarade, donde se compran y venden conjuntos de datos. Pero estos datos no constituyen una muestra representativa de datos económicamente importantes. La mayoría de las empresas no te venderán sus datos más valiosos, porque son fundamentales para su ventaja competitiva. Pero para el subconjunto de datos representado en estos mercados, el precio es una señal de valor probada y comprobada.

Segundo, el enfoque de ingresos. Esto trata los datos como cualquier otro activo productivo: vale cualquier ingreso extra que pueda generar. Este método plantea una pregunta contrafactual: ¿Cómo serían los beneficios si una empresa no tuviera algunos datos? Este enfoque requiere un modelo que pueda predecir cuáles habrían sido los beneficios sin los datos. En finanzas, esto es factible porque sabemos que los inversores utilizan datos para comprar más activos que generarán altos rendimientos. En otros contextos, los datos pueden tener múltiples usos que son más difíciles de medir y cuantificar.

Tercero, enfoque de entradas complementarias. Una forma de inferir el valor del stock de datos de una empresa es analizar los recursos que destina a gestionar y explotar esos datos. Los datos no producen valor por sí solos; solo se vuelven productivos cuando se combinan con personas y herramientas. Si sabes cuánta mano de obra y potencia de cálculo emplea una empresa para trabajar con datos, y cuánto cuesta, puedes inferir el valor implícito del stock de datos que hace que el gasto merezca la pena. Es indirecto, pero la señal más clara de que algo es valioso es que las empresas pagan dinero real por usarlo.

Cuarto, el enfoque de comportamiento correlacionado. Si los datos mejoran las decisiones, deberíamos verlo en la alineación entre lo que hacen las personas y la recompensa por esas decisiones. Los economistas pueden medir esas correlaciones entre acciones y beneficios para estimar cuánta información debieron tener los responsables de la toma de decisiones. En los mercados de consumo, eso puede significar rastrear cuán exactamente las recomendaciones coinciden con las compras, o cuán precisamente una empresa almacena bienes que se vendan bien. Una alta covarianza implica datos valiosos en acción. Este enfoque mide los datos por su huella conductual.

Por último, el enfoque de contabilidad de costes. Por instinto, los contables simplemente suman las facturas para obtener datos. En cierta medida, el nuevo Sistema de Cuentas Nacionales de las Naciones Unidas lo hace contando los conjuntos de datos adquiridos como activos. El problema es que la mayoría de los datos no se compran; se intercambian. Los consumidores “pagan” con información cuando compran bienes o utilizan servicios digitales. Esos descuentos implícitos rara vez aparecen en los registros. Un verdadero recuento del coste de los datos tendría que imputar el valor de los dólares o céntimos recortados en cada compra para fomentar más transacciones y más revelación de datos.

Es el enfoque más sencillo en teoría y el más difícil en la práctica, porque nos pide ver transacciones de datos que nunca han sido detalladas. Desagregar datos y transacciones de bienes exigiendo precios separados para las transacciones con y sin derechos de uso de los datos de las transacciones haría viable la contabilidad de costes.

Hacia la cuantificación

En conjunto, estos cinco enfoques describen una clase de activo invisible. Cada uno captura un aspecto del valor de los datos: trabajo dedicado, ingresos generados, precisión de las acciones, precio de mercado o coste implícito. Ninguna es infalible, factible en todos los casos ni holística en su medida. La medición siempre es imperfecta. Sin embargo, para tomar decisiones informadas y elaborar políticas sólidas, debemos trasladar los datos del ámbito de la intuición al ámbito de la cuantificación. Hasta entonces, la economía funciona con un recurso cuyo precio solo podemos adivinar, y cuyo valor Silicon Valley puede explotar libremente.

LAURA VELDKAMP es profesora Leon G. Cooperman de Finanzas y Economía en la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia y autora de The Data Economy: Tools and Applications.

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