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El dólar tocó un nuevo récord

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La cotización del dólar abrió la semana con nuevas subas y cerró la jornada con un récord de $ 17,89 en el promedio del segmento minorista y de $ 17,43 en el mayorista. 

En una rueda con tendencia alcista desde la apertura, en el mercado minorista la divisa cerró a $ 17,28 para la compra y $ 17,89 para la venta, según el promedio operado por las entidades que releva diariamente el Banco Central de la República Argentina. Con estos valores, el dólar minorista avanzó 23 centavos respecto al cierre del viernes.

En base a la información relevada por el Central en las principales entidades bancarias de la city porteña, el Banco Galicia registró el valor de cierre más alto en $ 17,95 para la venta, mientras que el Nación se ubicó en el extremo opuesto, con una cotización de $ 17,62 después de alcanzar un máximo intradiario de $ 17,80 alrededor de las 14.

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El FMI espera un crecimiento económico a medida que Argentina y Brasil se recuperen de la recesión

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  • El repunte del crecimiento mundial previsto en la edición de abril de Perspectivas de la economía mundial (informe WEO) continúa por buen camino, y se proyecta que el producto mundial aumentará 3,5% en 2017 y 3,6% en 2018. Las proyecciones del crecimiento mundial no han cambiado y ocultan contribuciones ligeramente diferentes de las economías nacionales. En el caso de Estados Unidos, las proyecciones de crecimiento son más bajas que en abril, principalmente porque se presume que la política fiscal será menos expansiva de lo previsto. Se han revisado al alza el crecimiento de Japón y, en particular, el de la zona del euro, donde una actividad sorpresivamente positiva a fines de 2016 e inicios de 2017 apunta a un fuerte ímpetu. Asimismo, se revisaron al alza las proyecciones de crecimiento de China, gracias al vigor del primer trimestre de 2017 y a la expectativa de que continúe el respaldo fiscal. En las economías avanzadas, la inflación se mantiene moderada y generalmente por debajo de las metas; en varias economías emergentes, como Brasil, India y Rusia, también ha estado retrocediendo.
  • Aunque los riesgos en torno a los pronósticos de crecimiento mundial parecen estar más bien equilibrados a corto plazo, a mediano plazo continúan inclinándose a la baja. Del lado positivo, la reactivación cíclica podría ser más vigorosa y más sostenida en Europa, donde se ha atenuado el riesgo político. Del lado negativo, las elevadas valuaciones de mercado y el hecho de que la volatilidad se encuentre a niveles muy bajos dentro de un entorno de marcada incertidumbre en cuanto a las políticas incrementan las probabilidades de una corrección de los mercados, lo cual podría empañar el crecimiento y la confianza. En China, el mayor respaldo que ha brindado la política económica —manifestada sobre todo en una vigorosa expansión del crédito— implica que ha aumentado el riesgo a la baja para el crecimiento a mediano plazo. La normalización de la política monetaria en algunas economías avanzadas, sobre todo en Estados Unidos, podría tensar las condiciones financieras internacionales más rápido de lo previsto. Por añadidura, otros riesgos analizados en la edición de abril último del informe WEO, como el giro hacia el aislacionismo y los riesgos geopolíticos, siguen siendo prominentes.
  • Aunque las tasas proyectadas de crecimiento mundial para 2017–18 superan el 3,2% estimado para 2016, son inferiores a los promedios anteriores a la crisis, en particular en la mayoría de las economías avanzadas y en las economías emergentes y en desarrollo exportadoras de materias primas. Dentro del primer grupo, muchas enfrentan un exceso de capacidad y obstáculos al crecimiento potencial derivados del envejecimiento de la población, la debilidad de la inversión y el lento avance de la productividad. Teniendo en cuenta la debilidad tanto de la inflación subyacente como de las presiones salariales, la política económica debería estar calibrada para reorientar al alza las expectativas inflacionarias, en consonancia con las metas; cerrar las brechas del producto; y, si corresponde, reequilibrar la posición externa. Las reformas encaminadas a incrementar el producto potencial revisten un carácter esencial en todas las economías, y la lentitud del crecimiento del producto agregado acentúa la importancia de lograr que todos los estratos de la distribución del ingreso se vean beneficiados. Los riesgos para la estabilidad financiera requieren una vigilancia estrecha en muchas economías. Los países exportadores de materias primas deberían continuar adaptándose a niveles de ingresos más bajos y, a su vez, deberían diversificar sus fuentes de crecimiento con el correr del tiempo.

La economía mundial mantiene el ímpetu

La recuperación cíclica continúa. Los niveles de crecimiento alcanzados en el primer trimestre de 2017 superaron los pronósticos de la edición de abril del informe WEO en economías emergentes y en desarrollo grandes como Brasil, China y México, y también en varias economías avanzadas como Alemania, Canadá, España, Francia e Italia. Los indicadores de alta frecuencia correspondientes al segundo trimestre apuntan al afianzamiento ininterrumpido de la actividad mundial. Concretamente, la expansión del comercio internacional y la producción industrial prosiguió muy por encima de las tasas de 2015–16, aunque no con el gran vigor observado a fines de 2016 e inicios de 2017. Los índices de gerentes de compras (índices PMI, por sus siglas en inglés) apuntan a una fortaleza sostenida en el sector de la manufactura y el de los servicios.

Materias primas e inflación. Los precios del petróleo han retrocedido, empujados por los elevados niveles de existencias de Estados Unidos y el repunte de la oferta. El nivel general de inflación también cedió, en términos generales, al desvanecerse el efecto del repunte que registraron los precios de las materias primas en el segundo semestre de 2016, y continúa muy por debajo de las metas de los bancos centrales de la mayoría de las economías avanzadas. La inflación subyacente se ha mantenido más bien estable, observándose lo mismo en las economías emergentes, algunas de las cuales —Brasil y Rusia, por ejemplo— experimentaron fuertes caídas.

Mercados de bonos y acciones. La rentabilidad a largo plazo de los bonos de las economías avanzadas, que había retrocedido desde marzo, recuperó terreno a fines de junio y comienzos de julio. En Estados Unidos, la Reserva Federal subió las tasas de interés a corto plazo en junio, pero los mercados todavía esperan una normalización muy paulatina de la política monetaria estadounidense. Los diferenciales respecto de los bonos alemanes se han comprimido drásticamente en Francia, Italia y España gracias a la moderación de la incertidumbre electoral y al afianzamiento de los indicios de reactivación. En cuanto a los mercados de acciones, los precios no han perdido fuerza en las economías avanzadas, lo cual demuestra el continuo optimismo de los mercados en torno a las utilidades empresariales. Este optimismo se extiende a las perspectivas de los mercados emergentes y se refleja en el fortalecimiento de los mercados de acciones y una cierta reducción adicional de los diferenciales de las tasas de interés. La excepción en esta coyuntura son los países exportadores de petróleo, debido al marcado descenso de los precios del petróleo desde marzo.

Tipos de cambio y flujos de capital. Entre marzo y fines de junio, el dólar de EE.UU. se depreció alrededor de 3½% en términos efectivos reales, en tanto que el euro se fortaleció en una magnitud parecida gracias a la mayor confianza en la recuperación de la zona del euro y a la atenuación del riesgo político. Durante el mismo período, la fluctuación de los tipos de cambio de los mercados emergentes fue relativamente ligera; el peso mexicano avanzó ligeramente gracias al endurecimiento de la política monetaria y al alivio de las inquietudes en torno a las fricciones comerciales con Estados Unidos, y el real brasileño se depreció por efecto de la reavivada incertidumbre política. Los flujos de capital hacia las economías emergentes dieron muestra de resiliencia en los primeros meses de 2017, con un notable repunte de las inversiones de cartera de no residentes.

El crecimiento mundial repuntaría en 2017 y 2018

Según las últimas estimaciones, la economía mundial creció 3,2% en 2016, es decir, algo más que lo pronosticado en abril; ese cálculo refleja más que nada revisiones de las cuentas nacionales que revelaron un crecimiento mucho más fuerte en Irán y una actividad más vigorosa en India. La actividad económica de las economías avanzadas y de las economías emergentes y en desarrollo se acelerará en 2017, de acuerdo con los pronósticos, para alcanzar 2% y 4,6%, respectivamente; por otra parte, el crecimiento mundial está proyectado en 3,5%, cifra que no ha variado desde la previsión de abril. El pronóstico de crecimiento para 2018 es de 1,9% en las economías avanzadas —o sea, 0,1 puntos porcentuales menos que lo previsto por el informe WEO de abril último— y 4,8% en las economías emergentes y en desarrollo, cifra igual a la de abril. La previsión de crecimiento mundial para el año próximo se mantiene en 3,6%. Como se explica a continuación, la principal causa de las revisiones son las implicaciones macroeconómicas de los nuevos supuestos en torno a las políticas de Estados Unidos y China, las dos economías más grandes del mundo.

Economías avanzadas

  • El pronóstico de crecimiento de Estados Unidos ha sido revisado a la baja de 2,3% a 2,1% en 2017 y de 2,5% a 2,1% en 2018. Si bien el cambio de perspectivas para 2017 refleja en parte la debilidad del crecimiento durante el primer trimestre del año, el principal factor de las revisiones, sobre todo la de 2018, es el supuesto de que la política fiscal no será tan expansiva como se había pensado, teniendo en cuenta la incertidumbre que rodea los plazos y la naturaleza de la recalibración de dicha política. Las expectativas del mercado con respecto al estímulo fiscal también se han moderado.
  • Asimismo, se revisó a la baja el pronóstico de crecimiento del Reino Unido en 2017, ya que la actividad defraudó las expectativas en el primer trimestre.
  • En contraposición, se revisaron al alza las proyecciones de crecimiento de muchos países de la zona del euro en 2017: en Alemania, España, Francia e Italia el crecimiento en el primer trimestre de 2017 superó las expectativas en términos generales. Ese hecho, sumado a las revisiones positivas del crecimiento registrado en el último trimestre de 2016 y a los indicadores de alta frecuencia del segundo trimestre of 2017, hace pensar que el ímpetu de la demanda interna es más pujante de lo previsto.
  • Se revisó también al alza el pronóstico de crecimiento de Canadá en 2017, ya que la vigorosa demanda interna empujó el crecimiento del primer trimestre a 3,7% y los indicadores apuntan a una actividad resiliente en el segundo trimestre. En Japón, donde el consumo privado, la inversión y las expectativas apuntalaron el crecimiento en el primer trimestre, la revisión al alza fue marginal.

Economías emergentes y en desarrollo

En el caso de las economías emergentes y en desarrollo, se pronostica un repunte sostenido de la actividad: el crecimiento aumentaría de 4,3% en 2016 a 4,6% en 2017 y 4,8% en 2018. Estos pronósticos reflejan revisiones al alza respecto de abril, de 0,2 puntos porcentuales en 2016 y 0,1 puntos porcentuales en 2017. Como fue el caso en las últimas ediciones del informe WEO, el crecimiento del grupo responde más que nada a la actividad de los países importadores de materias primas, pero su reactivación refleja en gran medida la mejora paulatina de las condiciones de los grandes exportadores de materias primas que sufrieron recesiones en 2015–16, en muchos casos provocadas o exacerbadas por el retroceso de los precios de las materias primas.

  • Se prevé que el crecimiento de China se mantendrá en 6,7% en 2017, el mismo nivel que en 2016, y que en 2018 experimentará un ligero retroceso, a 6,4%. Se añadieron 0,1 puntos porcentuales al pronóstico para 2017, gracias a una actividad más fuerte de lo esperado durante el primer trimestre del año, que estuvo respaldada por la distensión de la política y reformas del lado de la oferta (por ejemplo, esfuerzos por reducir el exceso de capacidad en el sector industrial). La revisión al alza de 0,2 puntos porcentuales en 2018 refleja más que nada la expectativa de que las autoridades postergarán el ajuste fiscal necesario (especialmente manteniendo una inversión pública elevada) para alcanzar la meta de duplicar el PIB real de 2010 llegado el año 2020. Sin embargo, el costo de esa demora son nuevamente fuertes alzas de la deuda, y eso significa que los riesgos a la baja en torno a este pronóstico de base también se han agudizado.
  • En India, el crecimiento repuntaría más en 2017 y 2018, tal como se previó en abril último. Aunque la actividad se enfrió luego de la iniciativa de canje de la moneda, el crecimiento registrado en 2016 ––7,1%–– superó las previsiones gracias al elevado gasto público y a las revisiones de datos, que muestran un ímpetu más fuerte en la primera parte del año. En vista de la expansión del comercio internacional y el fortalecimiento de la demanda interna, el crecimiento de las economías de la ASEAN-5 conservaría la pujanza, en torno a 5%; el desempeño generalmente sólido del primer trimestre condujo a una ligera revisión al alza para 2017 respecto de la edición de abril del informe WEO.
  • Para las economías emergentes y en desarrollo de Europa se prevé un repunte del crecimiento en 2017, principalmente gracias a la mejora del pronóstico de Turquía, cuyas exportaciones se recuperaron con fuerza en el último trimestre de 2016 y el primero de 2017 tras cuatro trimestres de contracción moderada; a la vez, se prevé que la demanda externa se afianzará, con mejores perspectivas para los socios comerciales de la zona del euro. La economía rusa se recuperaría paulatinamente en 2017 y 2018, tal como se pronosticó en abril último.
  • Tras contraerse en 2016, la actividad económica de América Latina irá recuperándose poco a poco en 2017–18, de acuerdo con las previsiones, a medida que países como Argentina y Brasil se recuperen de la recesión. En comparación con la edición de abril último del informe WEO, el crecimiento de Brasil que se pronostica actualmente para 2017 es más elevado, gracias al vigor del primer trimestre, pero la persistente debilidad de la demanda interna y la agudización de la incertidumbre en torno a la situación política y a la política económica se verán reflejadas en una recuperación más moderada y, por ende, en un crecimiento menor en 2018. El pronóstico de crecimiento de México en 2017 aumentó de 1,7% a 1,9%, empujado por la fortaleza de la actividad en el primer trimestre del año, en tanto que no ha habido cambios en el pronóstico para 2018. Las revisiones para el resto de la región son principalmente a la baja, incluido un nuevo deterioro de las condiciones en Venezuela.
  • En la región de Oriente Medio, Norte de África, Afganistán y Pakistán, el crecimiento se desaceleraría considerablemente en 2017, principalmente por efecto del enfriamiento de la actividad de los exportadores de petróleo, y luego repuntaría en 2018. El pronóstico para 2017–18 básicamente no ha cambiado desde la edición de abril del informe WEO, pero se estima que la cifra de 2016 es considerablemente más alta gracias al mayor crecimiento en Irán. Si la reciente caída de precios del petróleo sigue su curso, el panorama podría empañarse más para los exportadores de petróleo de la región.
  • En África subsahariana, las perspectivas siguen siendo poco halagüeñas. Las proyecciones apuntan a que el crecimiento aumentará en 2017 y 2018, pero regresando apenas al terreno positivo en términos per cápita en la región en su conjunto y manteniéndose con signo negativo en alrededor de un tercio de los países de la región. La ligera revisión al alza del crecimiento de 2017 respecto al informe WEO de abril refleja la leve mejora de las perspectivas de crecimiento de Sudáfrica, que está experimentando una cosecha abundante gracias al aumento de las precipitaciones y una expansión de la producción minera atribuible a la moderada recuperación de precios de las materias primas. Sin embargo, las perspectivas de Sudáfrica siguen siendo difíciles, ya que la incertidumbre política es elevada, y la confianza de los consumidores y las empresas, débil; por ende, se recortó el pronóstico de crecimiento del país para 2018.

Riesgos

En términos generales, los riesgos están equilibrados a corto plazo, pero a mediano plazo continúan inclinándose a la baja. Los riesgos para las perspectivas estadounidenses son dobles: la puesta en práctica de un estímulo fiscal (por ejemplo, una reforma tributaria que reduzca la recaudación) podría empujar el aumento del producto y la demanda por encima del pronóstico de base, y lo opuesto ocurriría si se llevara a cabo la consolidación basada en el gasto que propone el presupuesto del actual gobierno. Del lado positivo, la recuperación de la actividad en la zona del euro, donde el sentimiento de los mercados es optimista y los riesgos políticos se han atenuado, podría ser más vigorosa y más duradera de lo previsto actualmente. Del lado negativo, una incertidumbre dilatada en torno a las políticas u otros shocks podrían provocar una corrección de las elevadas valuaciones que registran los mercados —especialmente el de renta variable— y reavivar una volatilidad que en este momento es muy atenuada. Esa eventualidad, a su vez, podría desalentar el gasto y menoscabar la confianza a nivel más general, sobre todo en los países con vulnerabilidades financieras agudas. El retroceso de los precios de las materias primas exacerbaría más las tensiones macroeconómicas y complicaría las necesidades de ajuste en muchos exportadores de materias primas. Otros riesgos a la baja para la solidez y la perdurabilidad de la recuperación son los siguientes:

  • Un período más dilatado de incertidumbre en torno a las políticas. A pesar de que los riesgos relacionados con las elecciones se han atenuado, la incertidumbre en torno a las políticas se mantiene elevada y podría agravarse como consecuencia de la política fiscal y regulatoria de Estados Unidos, que son difíciles de predecir; las negociaciones sobre los planes post brexit; y los riesgos geopolíticos, entre otras cosas. Esto podría minar la confianza, desalentar la inversión privada y debilitar el crecimiento.
  • Tensiones financieras. En China, suspender la atención acordada últimamente a la solución de los riesgos del sector financiero y a la restricción de la excesiva expansión del crédito (principalmente a través de una aplicación más estricta de la política macroprudencial) podría provocar una abrupta desaceleración del crecimiento, con repercusiones negativas en otros países a través de los canales del comercio internacional, los precios de las materias primas y la confianza. Si la normalización de la política monetaria estadounidense se produce con más celeridad de lo esperado, las condiciones financieras internacionales podrían tensarse y provocar un vuelco de los flujos de capital destinados a las economías emergentes, junto con una apreciación del dólar de EE.UU., lo cual causaría tensiones en las economías emergentes muy apalancadas, con un vínculo cambiario al dólar o con descalces en los balances. Al mismo tiempo, en la medida en que el endurecimiento de la política monetaria refleja una mejora de las perspectivas estadounidenses, los socios comerciales de Estados Unidos se beneficiarían de un efecto de contagio positivo en la demanda. En algunos países de la zona del euro, la debilidad de los balances bancarios y las perspectivas poco halagüeñas de las utilidades empresariales podrían interactuar con el recrudecimiento de los riesgos políticos y reavivar las inquietudes que rodean a la estabilidad financiera, y el alza de las tasas de interés a largo plazo empeoraría la dinámica de la deuda pública. Por último, si el fortalecimiento de la supervisión y regulación financiera logrado desde la crisis se deteriorara en forma generalizada —tanto a escala nacional como internacional— podrían disminuir las reservas de capital y de liquidez o la supervisión podría perder eficacia, con repercusiones negativas para la estabilidad financiera mundial.
  • Políticas aislacionistas. A más largo plazo, el fracaso de los intentos por aumentar el crecimiento potencial y lograr que el crecimiento sea más inclusivo podría alimentar el proteccionismo y obstaculizar las reformas favorables a los mercados. Esa postura podría trastocar las cadenas internacionales de suministro, reducir la productividad mundial y encarecer los bienes de consumo transables, perjudicando desproporcionadamente a los hogares de bajo ingreso.
  • Entre los factores no económicos, las crecientes tensiones geopolíticas, las desavenencias políticas nacionales y los shocks generados por la falta de gobernanza y la corrupción podrían lastrar la actividad económica.

Estos riesgos están conectados y podrían terminar reforzándose mutuamente. Por ejemplo, un vuelco hacia el aislacionismo podría estar vinculado con el aumento de las tensiones geopolíticas así como con la creciente aversión mundial al riesgo; los shocks no económicos pueden asestar un golpe directo a la actividad económica y al mismo tiempo hacer trastabillar la confianza y el optimismo de los mercados; y en caso de que las condiciones financieras internacionales se estrechen con más celeridad de la prevista o que se produzca un cambio en las economías avanzadas hacia políticas proteccionistas, podrían reavivarse las presiones de salida de capitales de los mercados emergentes.

Políticas

Por lo tanto, las opciones de política tendrán una influencia crucial en la evolución de las perspectivas y la atenuación de los riesgos.

  • Reforzar el ímpetu. Como los países se encuentran en este momento en distintas etapas del ciclo, corresponde que mantengan diferentes orientaciones en la política monetaria y fiscal. En las economías avanzadas, donde la demanda aún no ha tomado cuerpo y la inflación es demasiado baja, debería continuar el estímulo monetario y (de ser factible) el fiscal; en los demás casos, la política monetaria debería normalizarse paulatinamente al ritmo de la evolución de la economía, y la política fiscal debería centrarse en apuntalar las reformas encaminadas a expandir el potencial de oferta de la economía. Los países que necesitan una consolidación fiscal deberían instrumentarla mediante medidas propicias para el crecimiento. Las economías de mercados emergentes deberían seguir permitiendo que los tipos de cambio amortigüen los shocks, siempre que sea posible.
  • Lograr un crecimiento resiliente y equilibrado. Los esfuerzos por sanear los balances del sector privado y afirmar la sostenibilidad de la deuda pública son los cimientos críticos de una recuperación resiliente. Lo mismo puede decirse de los esfuerzos por reducir los desequilibrios en cuenta corriente tanto en los países superavitarios como en los deficitarios.
  • Sustentar un crecimiento elevado e inclusivo a largo plazo. Este objetivo requiere reformas estructurales correctamente escalonadas y adaptadas a las circunstancias de cada caso para incrementar la productividad y la inversión, medidas que reduzcan las disparidades entre los sexos en términos de la participación en la fuerza laboral, y un respaldo activo para los damnificados por los cambios de la tecnología o el comercio internacional.
  • Entre los países en desarrollo de bajo ingreso, los exportadores de materias primas necesitan en términos generales ajustes considerables para corregir los desequilibrios macroeconómicos, un reto que sería aún más difícil para los exportadores de combustibles ante una caída persistente de los precios del petróleo. Las prioridades varían entre los países en desarrollo de bajo ingreso con una economía diversificada, dada la variedad de las circunstancias individuales, pero una meta general para este grupo debería ser la de afianzar la resiliencia ante posibles shocks reforzando las finanzas públicas y las reservas de divisas mientras el crecimiento sea pujante.
  • Un marco multilateral para las relaciones económicas internacionales que funcione en forma adecuada es otro componente crítico de un crecimiento fuerte, sostenible, equilibrado e inclusivo. La puesta en práctica de políticas de suma cero siempre termina perjudicando a todos los países, como lo demuestra la historia. Como las políticas nacionales inevitablemente interactúan y generan efectos de contagio en todos los países, la economía mundial funciona mucho mejor para todos cuando las autoridades dialogan regularmente y colaboran dentro de mecanismos convenidos para resolver los desacuerdos. Un sistema de comercio mundial abierto y basado en reglas es particularmente vital para la prosperidad internacional, pero debe estar apuntalado por políticas nacionales que faciliten la adaptación no solo al comercio internacional sino también al rápido cambio tecnológico.
  • Al mismo tiempo, la comunidad internacional debería continuar adaptando el sistema multilateral a la evolución de la economía mundial. Un diálogo y una cooperación activos ayudarán a mejorar y modernizar las reglas, al tiempo que contribuyen a atender las inquietudes válidas de los países. Este proceso ayudará a mantener la imparcialidad y cosechar beneficios mutuos. Sumado a políticas nacionales sólidas, también contribuirá a evitar un amplio repliegue del multilateralismo, que podría darse a través de un proteccionismo generalizado o de una carrera destructiva en la supervisión financiera y regulatoria, eventualidades de las cuales ningún país saldría indemne.
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Elecciones 2017: El relato electoral, un drama que vivimos los argentinos

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¿Por qué digo que es un drama?

Porque no ayuda mucho a tomar decisiones, ni de votos, ni de negocios, ni de inversiones, ni de relax. En el marco de la elección de medio término de este 2017, este tema no es menor, y ojalá desde algún medio, menos preocupado por quedarse con todo y más por el país, se adopte un debate serio, que no puede ser extremista. 

¿En qué sentido?

Los relatos que apuntan a la corrupción de unos pero no a la corrupción de otros, como si De Vido fuera distinto a Arribas, no ayudan a entender cómo juegan las políticas de gobierno en el escenario. Intereses de fracciones de clase: este gobierno defiende el interess de endeudadores, de bancos extranjeros, menos pero también nacionales, del agro exportador (que coloca en finanzas), de las multis de los servicos que exportan e importan más con la caída de la demanda, fugan con el dólar barato, y no juegan a favor del crecimiento argentino.

Los relatos suelen posicionarse en extremos, binarios, con muchas dificultades para expresar que un país, donde habitan distintos intereses, no se logra con medidas extremas (cepo absoluto, libertad total) que nunca pueden ser extremas en realidad, dentro del capitalismo. Sino que las medidas dan un horizonte en escala de grises con mayor o menor regulación y a favor de ciertos sectores, de ciertos negocios capitalistas y no de otros, nunca de ninguno. Por ejemplo, no es lo mismo favorecer con regulación comercial a sector textil, de calzado o marroquinería, que hacerlo, con otra regulación, a los bancos y a la fuga de divisas proveniente de la especulación.

Si podemos ponernos de acuerdo en que regulación siempre habrá, el tema es cuál, en qué sentido, para favorecer qué país, podríamos entender que un país se resuelve con coordinación. Y aquí surge un problema, ¿cómo evitamos la fuga de divisas sin control que perjudica sin lugar a dudas la verdadera inversión, si uno de los requisitos del JP Morgan para calificar mejor la deuda argentina es que no hay ninguna traba? ¿Cómo coordinar a todos los intereses si uno de los intereses exige la libertad absoluta para sentarse en la mesa? ¿Es posible una coordinación de intereses peleándose con alguno de estos recortes del capital? La respuesta es que al menos debe intentarse. No hay un camino al desarrollo (entendido como bajo desempleo, producción con pleno uso de los factores y bienestar social) si no se entiende que desde el lugar donde estamos al principio habrá que ser ineficientes en muchas producciones.

El drama de nuestro tiempo es que los relatos extremistas impiden la coordinación de intereses, pareciera que si no está el JP Morgan (el HSBC, el Citi, la BNP Paribas, el Santánder, el BBVA, etc) somos comunistas. Y no. Si queremos el desarrollo, se deben coordinar intereses, mostrando que la coordinación no es para que ganen los de afuera o lo amigos, sino las Pymes, los trabajadores, los que innoven, los que investiguen y los que inviertan en fierros. Y esta coordinación solo la puede ejercer el Estado, a favor del mercado y no contra él. Pensando en el futuro y no en la deuda.

Entonces de un lado, nos queda la gente que se siente agobiada por el Estado, pero por el otro emerge la que con esta idea de país está más ajustada, que ya no puede hacer lo mismo que antes, que perdió su empleo, o que tuvo que cerrar la empresa y echar gente. Entonces, esta gente lastimada por estas políticas neoliberales de la administración Macri tampoco será abierta a entender los grises del relato, comprará el otro relato, el que dice que la patria es el otro, creyéndose parte de ese otro, con una nueva expectativa que myu probablemente no será resuelta como lo espera, y será propensa a irse de nuevo al otro relato.

Si no salimos del relato, que es un problema de todos, no sólo de un partido, o de los partidos, no salimos del subdesarrollo, me parece. No digo que sea fácil, porque el modelo neoliberal de fuga reproduce el relato interventor, y al contrario, el modelo de intervención reproduce el de falsa libertad económica. Pero la utopía debe ser creer que se puede coordinar intereses por un país mejor. Sin utopías no vamos a avanzar. Y esa utopía sólo la pueden ejercer los que creen en lo nacional, en la producción local, jamás los que se entregan al extranjero para diseñar medidas. 

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Hablemos del Dólar (Otra vez)

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Escriben Guillermo Knass y Martín Leiva Varela, ECONEA, para Economis. Desde principios de julio la divisa norteamericana se está transformando nuevamente en motivo de histeria colectiva en nuestro país, ya que está superando sus máximos históricos. Por momentos más lentamente y por otros, de forma más acelerada, pero esta tendencia no parece detenerse.

Mala señal sobre la situación del país si el precio del dólar genera tanto revuelo, sobre todo si, como en la mayoría de las variables del sector financiero, se presta a las profecías autocumplidas: si creo que va a subir el precio, salimos todos corriendo a comprarlo antes de que suba y este incremento de demanda es lo que termina generando la suba.

¿Cuánto debería estar?

Decir cuanto tiene que valer el dólar es una pregunta compleja. Al haber distintas actividades productivas es distinto también el valor del dólar que le sirve a cada una de ellas, por ejemplo:

Los comerciantes de nuestra provincia necesitarían un dólar más alto para tener mayor competitividad con respecto a Brasil y Paraguay. Ver la cola del puente Posadas-Encarnación es una señal de que el dólar está muy barato.

Por otro lado, a los grandes productores agropecuarios del centro del país, un dólar más alto les generaría más ingresos en pesos por la exportación de trigo, soja, maíz etc. Pero este sector ya fue compensado con la disminución y quita de retenciones, que tiene el mismo efecto que una devaluación.

En cambio, como es un sector que importa insumos y maquinarias, estos son más baratos al estar el dólar bajo.

Además, si bien la inflación descendió todavía es alta y esto hace que el precio del dólar deba moverse continuamente ya que la primera regla en la que hay un consenso generalizado es que mínimamente el tipo de cambio debe acompañar a la inflación.

El gráfico muestra el índice de evolución de precios y de evolución del tipo de cambio desde que comenzó la actual gestión presidencial. Como se observa, el diferencial entre devaluación e inflación que se logró durante los primeros meses de la gestión de Macri, más específicamente cuando se liberó el cepo cambiario, se fue perdiendo gradualmente hasta que entre abril y mayo de este año, la inflación acumulada igualó a la devaluación acumulada lo que otra vez nos pone en el atraso cambiario.

Otra pauta importante es ver el respaldo de las reservas del Banco Central de la República Argentina.

A fecha de hoy, el tipo de cambio de conversión es de $ 17,23 (surge de dividir la cantidad de pesos por las reservas declaradas en el BCRA) por lo que nos da la pauta que se va acomodando a su valor de referencia.

En este caso vemos que centavos más, centavos menos, el dólar se ajusta al respaldo de las reservas. Pero el BCRA no es solo Reservas, y esta situación puede cambiar drásticamente en muy poco tiempo; sobre todo con el volumen de LEBACS que está manejando el Central que ya supera a la cantidad de dinero en circulación.

Ahora bien, el que consideramos el precio del dólar viable es el que permita que se desarrolle la actividad económica no solo del centro, sino de todo el país.

No es tan sencillo precisar un valor, pero es seguro que es mucho más alto que el actual. Un indicador de un buen tipo de cambio es que la cola para cruzar a Encarnación desaparezca o al menos disminuya a una longitud razonable de gente que va a buscar algo específico que no se encuentre de este lado de la frontera.

Pero no podemos tampoco pretender que el tipo de cambio de todo el país se ajuste a la realidad de Misiones. Nuestra realidad quizás es más grave por ser zona de frontera, pero no va a contramano del resto del país por los siguientes motivos: el desfasaje que tenemos con Paraguay también lo tiene el centro del país con Chile y cualquier destino de compras de los argentinos en el exterior como Miami para los más privilegiados.

Además, sabemos que la economía está estancada o que es muy reciente la pequeña recuperación. A pesar de esto, la balanza comercial muestra un déficit en los primeros cinco meses del año de más de 1.800 millones de dólares (el año pasado el mismo periodo arrojó un superávit superior a los 500 millones de dólares). Si la economía se recupera, lo primero que sube son las importaciones, mientras que las exportaciones no dependen de nuestra recuperación, esto quiere decir que el déficit comercial se agravaría más todavía, lo que terminaría, si no se devalúa, en pérdida de reservas o mayor endeudamiento: Cualquiera de los dos significan crisis nuevamente.

¿Entonces?

El Gobierno dice que el valor del dólar lo fija el mercado, o sea demanda y oferta de dólares. Este tipo de cambio libre es el más generalizado en el mundo y el más recomendable para que el precio del dólar se ajuste a la realidad del país. Hasta ahí vamos bien, pero el problema es que en el lado de la oferta el Gobierno está poniendo dólares ingresados por el endeudamiento externo y esto es lo que lo mantiene bajo, pero el problema crece. La oferta de dólares debería ser mayoritariamente de las exportaciones y de la inversión extranjera y ahí dejar que el mercado decida el precio. Cuando se suman dólares de deuda externa, el precio se distorsiona totalmente, queda más barato de lo que debería por exceso de oferta generando los problemas de atraso cambiario para después quedar más caro de lo que debería cuando se termine el financiamiento externo y haya que pagar la deuda.

Si el dólar lo fijaran las exportaciones y las importaciones (mercado) hoy el precio sería muy distinto.

 

 

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La inversión y el crecimiento siguen transitando en la incertidumbre

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Transcurridos 18 meses desde la asunción de la nueva administración encabezada por #MACRI, estos coinciden con la apertura de la campaña electoral correspondiente a los nuevos comicios legislativos a desarrollarse entre las PASO de Agosto y las elecciones generales de Octubre. Ello abre una nueva instancia para el gobierno ya que tendrá su primer test electoral para conocer en las urnas el termómetro de la calle y más importante aún, si el curso del programa económico que tiene en mente llevar a cabo, se sustenta en la legitimidad que reciba de los resultados.

En este año y medio de gobierno, los pros quedaron del lado del blanqueo, la salida del cepo, el arreglo con los fondos buitres y la inserción con el mundo. Por el lado de los contras, sin dudas el crecimiento y la inversión siguen transitando un camino de mucha incertidumbre aun en año impar y electoral, donde la inflación si bien bajará a la mitad respecto de 2016, todavía sigue lejos de haber sido domada. A ello debe sumarse que el gasto público se acerca a los 50 puntos del PBI y la presión tributaria no soporta más un solo aumento, lo que representa sin dudas el mayor de los escollos (hay otros más por supuesto) para que la Argentina resulte tentadora a la hora de poner un peso para inversión.

En ese contexto, sumado a la suba del dólar que tuvo un fuerte rally alcista durante el último mes posicionándose con un nuevo piso, el acuerdo final con los docentes en la provincia de Buenos Aires, los casos de corrupción por las coimas de la constructora brasilera Oderbrecht que salpican a toda la política y al de la ex presidente #CFK al decidir participar de las elecciones legislativas, es que llegamos a esta mitad del 2017 donde la campaña ya arranca y seguramente las decisiones más profundas como necesarias que le urgen al país serán pospuestas para después de noviembre o principios de 2018 como si el país pudiera darse el lujo de esperar semejante tiempo.

Situación actual

 Con la mirada más en lo coyuntural, y respecto al #DOLAR es importante comenzar explicando que a partir de la salida del cepo se determinó un nuevo mecanismo de flotación cambiaria donde la divisa es fijada libremente por el efecto de la oferta y la demanda aunque dentro de ciertos límites. Por consiguiente, los efectos internos y externos pasan a jugar un papel distinto en la cotización a diferencia de los que sucedía durante el cepo donde el efecto de una suba lo podíamos observar en la brusca caída de reservas para poder mantener el tipo de cambio. Por otro lado también es cierto que desde el último del cepo hasta las últimas 3/4 semanas, el dólar no había experimentado grandes fluctuaciones, excepto algunos chispazos que ocasionara el Brexit con una suba del 8%, como la victoria de Trump con un +4%. De hecho recién en mayo último el efecto Brasil cuando Temer parecía un presidente destituido, produjo un aumento del 3% e inclusive la sorpresa que significo que el MSCI el pasado 20 de Junio no elevara al país a la categoría de país emergente, también produjo un pequeño salto de la divisa. Pero con cada uno estos sucesos externos, a los pocos días apareció la oferta y la divisa retrocedió al mismo nivel anterior. Sin embargo, el cierre de listas del pasado 24 de Junio produjo un movimiento interno político donde la moneda experimentó una volatilidad inusual y luego de seis meses de cotizar en torno a los $16 pesos sumó varias ruedas de suba en las que acumuló un avance de casi el 8% en 10 días, encontrando inclusive un nuevo piso más cerca de $17.

Por otro lado, cabe recordar que durante este último año mucho se habló de que el dólar venía bastante atrasado producto en gran parte de la inflación, luego por la fuerte toma de deuda para financiar el déficit fiscal y también ayudado por las liquidaciones del campo. De hecho si tomáramos como base los $13,95 como valor del dólar desde la salida del cepo y el inicio de la flotación cambiaria, el mismo aumento hasta estos días solo un 25% cuando en el mismo periodo experimentamos una inflación de casi el 54%, es decir que de todos los bienes de la economía, el dólar fue de los que menos vio aumentar su precio desde la salida del cepo. Es cierto que la coyuntura electoral siempre plantea incertidumbres, ello se traduce en dolarización de carteras. Sin embargo, esta volatilidad con la ayuda de la oferta encontrará pronto un nuevo equilibrio, siempre y cuando se establezca dentro de los límites que el BCRA considere aceptable, de lo contrario tiene reservas suficientes (casi USD 48mil millones) para salir a contener cualquier suba extra. Pero es necesario comprender que el sistema de flotación que tenemos tiene estos vaivenes.

Otra situación para destacar es la creación del IPC Nacional que comenzó a regir con la publicación del Indec de la #INFLACION de junio, el cual pasara a ser la nueva brújula que el BCRA utilizará para tomar decisiones de política monetaria a partir de ahora. El mismo marcó un 1,2% de suba mensual, acumulando un aumento del 11.8% en lo que va del año lo cual muestra una inflación anualizada del 25%, todavía lejos de la meta del 17% propuesto, sobre todo porque el mes de julio será difícil en materia de precios de los bienes regulados con la última suba oficializada de combustibles, prepagas, cigarrillos, etc. Los índices de precios más altos en el mes se muestran tanto en el Gran Buenos Aires como en la región del NEA con 1,4%, los sigue el área patagónica con 1,1% y luego con 1% Cuyo y la región pampeana, siendo la región del NOA la menos afectada por los precios con 0,9%.

Por el lado de la inflación núcleo que excluye a los regulados y estacionales, dio un poco más arriba en la mensual con 1,3%, pero acumula un 10,7% en el semestre que anualizado llega al 22,5%. De todas formas la entidad monetaria se muestra optimista de cara al último semestre e inclusive espera un cuarto trimestre con subas de 1% en el índice general. En resumen, 22,4% es la tasa de inflación interanual registrada en el mes de junio para el promedio nacional. Y constituye la tasa de aumento de precios más baja desde febrero del año 2010, hace exactamente 7,4 años. Sin embargo, la meta anual sigue estando lejos y la inflación núcleo muestra una mayor resistencia a la baja por lo que el Banco Central permanece alerta y con una política monetaria que deberá endurecer, sobre todo porque sigue girando dinero emitido al tesoro y eso contrarresta el objetivo.

Respecto a la #ACTIVIDAD, se informó el primer cuarto del año y la economía ya acumula tres trimestres seguidos en alza. El crecimiento fue de +1,1% respecto al último trimestre de 2016 y la variación fue del +0,3% en relación al mismo periodo del año anterior, por encima de las estimaciones privadas. En la descomposición del análisis, por el lado de la Oferta Global hubo un aumento del 4,3% en las importaciones de bienes y servicios reales. En la Demanda global se observó un alza de 3% en la formación bruta de capital fijo. El consumo público registró una suba de 1%, mientras que el consumo privado creció 0,9%; y las exportaciones de bienes y servicios reales registraron una variación de -1,8%. El valor agregado más importante se dio en el sector de la pesca donde se observó un crecimiento interanual de 31,1% pero la construcción a través de la obra pública principalmente también viene mostrando buenos números durante todo 2017.

Perspectivas

A pocos meses de cumplirse la mitad del mandato de este gobierno, es ciertamente preocupante observar que las medidas más fundamentales que el país está necesitando hace ya demasiado tiempo, solo se comenten en conferencias de prensa o vía twitter, a la vez que no solo no se avanzan sobre ella sino que se deterioran con más impuestos y regulaciones. Este gobierno asumió con la firme convicción de volver al mundo, de comerciar con todos, de combatir el narcotráfico, de bajar la inflación y reflotar el mercado de créditos hipotecarios. Además, de reformar el sistema impositivo, fiscal, laboral y previsional, todas medidas necesarias para atraer inversiones, crecer y salir de un estancamiento que lleva casi 6 años sin generar empleo en el sector privado.

Sin embargo el único foco por el que se lo vio hasta el momento atacar con toda su artillería fue para terminar con el cepo cambiario, para generar un blanqueo de capitales que sin dudas fue tan exitoso como la salida del cepo, pero sobre todo cuando solucionó rápidamente el problema con los fondos buitres. El gobierno anterior, a quien los mercados internacionales le dieron la espalda, se encargó de vaciar al Banco Central y utilizó la maquinita como herramienta para financiar el déficit fiscal, generando una inflación feroz y por supuesto distorsionando todos los precios de la economía, lo que sin dudas en 2016 se pagó.

Ahora, este gobierno, si bien tomo las riendas decidido a eliminar la inflación, no ataco el déficit y encima lo aumentó, es decir mutamos de emisión monetaria a deuda externa como método adicional a la terrible presión impositiva para seguir financiando un gasto aún mayor. Por consiguiente, a través del BCRA comenzó un enorme trabajo de absorción de pesos a través de colocación de LEBACs a tasas sumamente elevadas a fin de generar una contracción monetaria tal como los libros lo indican para producir una desinflación y equiparar la cantidad de dinero con su demanda. Pero aquí el problema es que esta política en forma aislada jamás puede tener éxito si no es acompañada por una disminución del gasto público. Así, alternamos meses con una inflación del 3% o 4% a otros con 1% o menos y cuando pensamos que lo peor pasó y comenzamos a bajar la tasa, en seguida rebrotan los precios y mientras tanto la base de LEBACs se transformó en una peligrosa bola de nieve cortoplacista que tiene el mismo tamaño que la base monetaria y para colmo genera déficit cuasi fiscal a través de los intereses que se deben pagar por la colocación. No obstante ello, sin dudas la inflación bajará casi a la mitad este año respecto de 2016, pero a costa de permanecer demasiado tiempo sin palpar resultados reales.

Y tal como viene sucediendo con todos los gobiernos últimamente, se someten a un testeo de su gestión a través de las elecciones de medio término de octubre y por ende, las decisiones de mayor envergadura parecen quedar otra vez a la espera de los resultados de los comicios. El problema de esta metodología tan utilizada, es que también los inversores terminan dilatando proyectos a la espera de los resultados. Y el gobierno termina perdiendo tiempo preciado a cosas que urgen puesto que la presión impositiva y los costos laborales en el mientras tanto fulminan a las pymes, a las economías regionales y a todo el sector privado que soporta la carga de un gasto publico insostenible para lo que este país hoy produce. Es decir, no hay decisión política de atacar un problema del cual todos o casi todos estamos convencidos de que existe, pero por cobardía, falta de ideas, de un plan integral o simplemente por falta de convicción, no se llevan adelante mediante excusas como el costo social, como si los costos sociales de no hacerlo no fueran los suficientemente graves para el trabajador en su vida cotidiana o para el empresario a la hora de sostener fuentes de trabajo.

Conclusión

La economía creció sólo +0,4% en los primeros 4 meses del año, un pobre y magro rebote económico luego de la caída de -2,2% en 2016. Ahora bien, mirando sector por sector los datos permiten anticipar que durante mayo y junio la economía aceleró su tasa de crecimiento a no menos del +2,0% interanual. Se reactivó la construcción desde marzo y se sumó el repunte de la industria desde mayo. Además la recaudación tributaria al cierre del primer semestre acumuló una suba de +30,7% respecto a 2016, lo cual permite anticipar la reactivación del demorado consumo, el cual se verá reforzado sin dudas con el aguinaldo y el cierre de las paritarias pendientes.

Todos estos indicadores permiten prever que la economía llegará creciendo a un ritmo del +3% al momento de las elecciones. Sin embargo, dicho crecimiento no llegará ni en la magnitud, ni en los tiempos o en la calidad esperada por el gobierno. Por supuesto que el rebote económico es siempre bienvenido para una administración que a pesar de errores propios, desde que asumió apaga incendios macroeconómicos heredados, esquiva con deuda la calamitosa realidad de Santa Cruz, y quiere llegar creciendo a las elecciones. Pero Argentina es un país que fue potencia en los inicios del siglo XX, cayó a emergente ya para mediados del siglo pasado, y se hundió a la condición de frontera en la última década. En el camino, el país dejó de ser uno de los países que lideraba la globalización, para terminar encerrado y escondido detrás del INDEC. Por eso, la mirada del mundo no está en las cuentas públicas, aun cuando se heredó un desmadre fiscal. No está en el stock de reservas, pese a que este gobierno recibió un BCRA vaciado que vendió a futuro lo que ya no había. La mirada está puesta en un paso anterior. Está en saber si la sociedad con su voto ratifica o rectifica la decisión de una economía con mayores libertades y procurar un Estado compatible con una economía abierta.

Con demasiadas décadas de frustraciones a cuesta, es claro que mientras el mundo apostó a las libertades y a la globalización para el desarrollo de sus sociedades, la Argentina apostó a encerrarse y al Estado presente. Ahora resulta que para tocar los precios de economías globalizadas nos agolpamos mayormente en la frontera paraguaya o chilena para comprar todo tipo de productos baratos y variados, inclusive en el resto de los países limítrofes, los cuales están decididos a insertarse en el mundo. Las elecciones de octubre próximo le permitirán a la Inversión saber si los argentinos quieren ser parte del mundo o si todavía les tienta la idea del mito de Vivir con lo Nuestro e inventar sus propias reglas. Tengamos claro que el mundo apostará por el país, si antes nosotros apostamos a las ideas que antes nos hicieron potencia.

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